lunes, 11 de abril de 2016

LAS NOVELAS DE TÁNGER (4): LA EMPERATRIZ DE TÁNGER de SERGIO BARCE

BARCE, Sergio: La emperatriz de Tánger (Málaga 2015. Ediciones del Genal. 174 páginas + 2 hojas).

   Sergio Barce nació en Larache, donde pasó sus primeros años. Vive en Málaga y mantiene una actividad literaria fecunda y muy relacionada con Marruecos. Es autor de El jardín de las Hespérides (2000), Últimas noticias de Larache (2004), Una sirena se ahogó en Larache (2011) o Paseando por el Zoco Chico (2014), entre otras. Mantiene su propio blog: https://sergiobarce.wordpress.com/ . Su última novela, por el momento, es La emperatriz de Tánger (2015). En la que cambia su escenario larachense por el tangerino, y la época actual de sus otras novelas por la colonial.

   El Tánger literario es una ciudad inventada. Más recreada que real y en mayor medida que otras ciudades de gran atracción para los narradores. El Tánger literario que reflejan las novelas es una ciudad fantástica, fuera del tiempo, llena de personajes límite: escritores, borrachos, prostitutas, artistas al por menor, tramposos y tahúres, banqueros, contrabandistas… Como si no hubiera nadie normal en un decorado de lujo, corrupción y servidumbre. Como si en Tánger no hubiera existido una mayoría de población convencional compuesta por diligentes padres de familia, camareros anodinos, taxistas con apuros económicos, empleados y funcionarios, peluqueros, guardias municipales o músicos de orquesta que se levantaban y acostaban cada día con la misma rutina. Pero estas personas normales no dan para literatura, son aburridos seres que aparecen como figurantes o secundarios en las escenas de la vida tangerina según la literatura. La ciudad en sí misma, por su singularidad internacional, suela acabar siendo la protagonista de la acción más que los personajes. Si, además, se trata de una novela negra según los cánones americanos del género la inclusión de seres marginales o extraordinarios está más justificada. Y la novela de Barce va por esos derroteros.

    Pero no significa que sea una mala novela Tampoco es de ésas que ya parece que hayamos leído, ni el conjunto de tópicos ordenados. Al contrario, resulta una novela interesante y bien medida en ritmo y extensión. Bien escrita. Sin renunciar al uso de lo anteriormente dicho, construye una historia de perdedores situados en la ciudad de los desterrados con habilidad y atracción. Un retablo de personajes desvalidos, débiles o de baja autoestima como el protagonista Augusto Cobos, escritor, que deambula por las páginas en un continuo estado de embriaguez lo que no obsta para que lleve una promiscua vida sexual con mujeres igual de desvalidas. Esos personajes inseguros generan, en las páginas de la novela de Barce, un sentimiento de cariño. Como en toda novela negra, hay un muerto y una situación extraña en la que Cobos se ve implicado. El alcohol sin embargo sí le afecta a la memoria, le hizo olvidar unos hechos y la recuperación de ese tiempo en blanco es el eje del argumento. Aunque, insisto, lo más importante de la novela es el escenario y los personajes.
Barce, de la solapa de la novela.
   La intriga se va desenvolviendo sin grandes sorpresas, en relaciones de decadencia humana, pero sin que pierda la fuerza narrativa. El desenlace sostiene la atención y deja un buen sabor de boca.


   

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