viernes, 14 de junio de 2019

NOVELAS DEL FIN DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (2): LOS VERSOS DE ARABÍ de FRANCISCO DE PAZ TANTE


DE PAZ TANTE, Francisco: Los versos de Arabí. El Páramo/Diputación de Córdoba. Córdoba 2013. 169 páginas.



   Esta novela mereció el Premio de la Diputación de Córdoba y es un relato intimista que, con el trasfondo de la presencia española en Marruecos, quiere dedicarlo a la amistad entre personas de distinta nacionalidad, raza, religión y sometidas a un status diferente en la etapa del Protectorado. El tema es sugestivo, es plantear si es posible esa amistad (que implica siempre un plano de igualdad entre los amigos) en una situación histórica de segregación y estratificación. De Paz tanto aborda el asunto quizás de una manera idealizada, pero posible.
   La protagonista del libro, que había vivido en Larache hasta la adolescencia en que la independencia le hizo abandonar Marruecos, vuelve treinta años después a reencontrarse con sus recuerdos idealizados. Esta vez llega a Assilah –el autor escribe el nombre así, con dos s y no una sola-. Suele emplear los topónimos en español: Monte Arruit, Dar Drius, Tetuán. Pero en el caso de Arcila usa el francés, oficial, tal vez para distinguir el plano histórico del actual. Es el reencuentro con la juventud perdida, con los protagonistas de entonces señalados en Hisham que era un antiguo soldado de las tropas españolas que permaneció fiel en la hora trágica de Annual, o Ridwan que aparece como el recuerdo claro del primer amor.

   No es una novela colonial, pero tiene referencias coloniales en dos tiempos distintos. Los recuerdos de Hisham como soldado de Regulares y el final del Protectorado cuando el padre de la narradora abandonó Marruecos para no volver. Un aspecto más de la amplia sociedad del Marruecos colonial.


viernes, 7 de junio de 2019

NOVELA GRÁFICA HISPANOAFRICANA (1): 1921: EL RIF de JAVIER YUSTE y ANTONIO GIL.


GIL, Antonio  y  YUSTE, Javier: 1921: El Rif (Cascaborra ediciones. Madrid 2019. 56 páginas + 2 hojas. Prólogo de Augusto Ferrer Dalmau).

   La novela gráfica, el comic, ha dejado poco a poco de ser un modo de expresión para jóvenes, gente de poca formación o cultura underground y se ha convertido en una manera más de literatura. Con la especialidad de que al texto, menos elaborado que en una novela pero con una mayor necesidad de síntesis, hay que añadir dibujos que coloquen al lector en el lugar y el tiempo que sirve de marco a la acción. El comic histórico, y el colonial, tiene buenos autores en Europa (por ejemplo el francés Jacques Ferrandez y sus obras sobre Argelia; Durand y Ramaïoli con sus tomos sobre las guerras contra los zulúes; o el clásico Hugo Pratt sobre italianos en Libia y Abisinia). Ahora se está desarrollando también en España. Y la editorial Cascaborra ha creado una colección muy cuidada en los detalles (papel, color, dibujo, portadas) de comisc sobre historia de España. El nº 10 nos habla del desastre de Annual.

   1921: El Rif tiene un eficaz guion de Javier Yuste, una ficción sencilla sobre las jornadas de los caballeros de Alcántara en los días que siguieron a la rota de Annual. El enmarque histórico es preciso y ajustado, pero no es el relato de los hechos militares sino el esfuerzo de unos cuantos hombres de los escuadrones de caballería que trataban de proteger la retirada de las posiciones españolas hasta el error de abandonar Dar Drius. Los dibujos de Gil, realistas, bien definidos, tienen además la ventaja de haber estudiado los uniformes, armas, vehículos y otros detalles de la época. Sin abundar en lo escabroso, deja traslucir la magnitud de la tragedia.


viernes, 31 de mayo de 2019

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (23): BARAKA de JAVIER HERNÁNDEZ VELÁZQUEZ.


HERNÁNDEZ VELÁZQUEZ, Javier: Baraka. MAR editores. Madrid 2019. 259 Páginas.
   A veces pienso que la narrativa sobre Annual quedó casi agotada tras Imán (1930) de Ramón J. Sender, una novela que abordó de manera magistral los distintos aspectos del drama militar desde lo puramente bélico al drama individual del soldado. Algunas aportaciones periodísticas – como el libro Annual (1922) de Eduardo Ortega y Gasset- incluyeron aspectos tomados de la realidad como la huida de un soldado superviviente. Eso no significa que no se pueda volver a escribir sobre el tema. Hay otras novelas posteriores de calidad notable. Pero es necesario, sobre todo con la proliferación de esta temática en la narrativa más reciente, añadir algún elemento que dote de originalidad o sorpresa al relato, que lo enfoque desde un ángulo distinto o que llegue a conclusiones novedosas. No es habitual. Entre otras razones porque algunos novelistas no creen que el argumento y el escenario estén gastados. Ni conocen lo que se ha escrito con ese tema. Dicho esto sin despreciar ninguna aportación, ninguna novela y a ningún novelista.

   Hernández Velázquez denota que se ha documentado en los libros clásicos sobre el desastre. Pero gasta muchas páginas en narrar lo conocido, la historia. Su personaje no es nuevo, aunque trata de enriquecerlo con la compañía de un moro, real o fantasma, que lo conduce con previsión de los hechos. Su protagonista es un soldado de reemplazo que no puede eludir su suerte en quintas. Es canario, como el autor. Sueña solo con volver a Canarias. Más de cien páginas para contar la huida de Annual a Melilla, el paso por las posiciones que se iban perdiendo, la visión general del derrumbamiento de la comandancia de Melilla. No es muy original y eso le hace perder el favor del lector que ya conoce la historia.

    La desaparición del protagonista hace entrar en juego al hermano, que también acude a la guerra. Hay una intriga basada en esa desaparición. Identidades prestadas, búsqueda, nuevas compañías…  Y pone en relación el escenario marroquí con el canario de origen y otros personajes relacionados con los soldados. Pero es una novela en la que predomina, al menos en la primera parte, la narración de los hechos históricos sobre la ficción tenue que ha imaginado el escritor. La segunda parte es la vuelta a Canarias y el reencuentro con la vida anterior. Un relato sencillo.


lunes, 20 de mayo de 2019

NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (10): EL CRIADOR DE GORILAS de ROBERTO ARLT.



ARLT, Roberto: El criador de gorilas (Revista Aventura. Santiago de Chile 1941. 112 páginas; Eudeba. Buenos Aires 1964. 127 páginas; Editorial Futuro. Buenos Aires 1951; 156 páginas; Compañía General Fabril. Buenos Aires 1969. 189 páginas; Losada. Buenos Aires 1982. 164 páginas; Alborada. Madrid 1991. 172 páginas; Alianza editorial. Madrid 1994. 225 páginas; Ediciones del Viento. A Coruña 2012. 140 páginas; Terramar. Buenos Aires 2013. 159 páginas; Eneida. Robledo de Chavela (Madrid); 181 páginas)

   Roberto Arlt es una figura imprescindible de la literatura argentina. Buen novelista es, además, creador de los aguafuertes porteños que nos dan una visión muy personal de la vida en Buenos Aires fruto de una perspicacia singular y de un conocimiento profundo de la calle. Ese estilo lo transportó también a España, pero con menos conocimiento de la vida española que de la argentina. Como narrador es autor de unos cuentos, después publicados en libro, sobre el Marruecos español. A principios de 1935 hizo un viaje por España que le llevó a Ceuta, Tetuán y Tánger. Parece que el cambio de sociedad le fascinó y consideró con originalidad propia como para escribir una serie de artículos que se publicaron en la prensa argentina.


   Arlt no es un explorador, es un periodista que va a escribir unos reportajes. No cuenta con más información que la que pudiera tener un turista inquieto. Posiblemente nunca antes se interesó por el Magreb, ni sabía nada de la colonización hispano francesa de Marruecos. Es casi seguro que nada de esa política colonial le interesara. Pero le fascinó un mundo que, tan próximo a Europa, era tan diferente. Y más diferente aún de la Buenos Aires cosmopolita de esos años. El escritor siente la tentación de relatar esas emociones. Como era también su oficio, ese escenario nuevo tendría la novedad suficiente como para que sus lectores no vieran agotada su inspiración. Pero no deja de ser un escritor exotista que acababa de descubrir el Oriente de los viajes sin riesgo. Fruto de esa inquietud es El criador de gorilas, colección de quince cuentos publicados en periódicos y recopilados después un en volumen.

   Arlt es un escritor difícil de clasificar porque es original, curioso e imaginativo. Desde una visión orientalista, va creando un mundo personal que recuerda al Bagdad de las mil y una noches recreado a su modo en Tetuán o Tánger. Recuerda un poco a las viejas películas de Hollywood que aprovechaban los decorados de Persia para rodar películas de ambiente marroquí. Son relatos fantásticos de historias extraordinarias con personajes singulares. Se deja llevar por el misterio de lo oculto, el fraude del pícaro, lo irreal y lo imposible. A veces se aleja hasta el lejano Oriente. Pero trata de no perder el contacto con el lugar y así incluye cuentos como Ejercicio de artillería sobre las deudas de unos tenientes españoles. Y no rechaza los tópicos tangerinos en La cadena del ancla, que comienza con una confesión: Cuando a finales de 1935 visité Marruecos, el tema general de las conversaciones giraba en torno a las actividades de los espías de las potencias extranjeras. Tánger se había convertido en una especie de cuartel general de los diversos Servicios Secretos. En Algeciras comenzaba ya esa atmósfera de turbia vigilancia y contravigilancia que se extiende por toda África costera al Mediterráneo (página 94 de la edición de Alianza).



   No todas las narraciones del libro discurren en Marruecos –real o imaginado-. Pero todas las narraciones del libro desbordan imaginación, fantasía, técnica narrativa y emoción.





martes, 30 de abril de 2019

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (9): LA PARED DE TELA DE ARAÑA de TOMÁS BORRÁS.


BORRÁS, Tomás: La pared de tela de araña (Editorial Marineda. Madrid 1924. 305 páginas + 1 hoja; CIAP. Madrid 1931. 305 páginas; Editorial Bullón. Madrid 1963. 277 páginas + 2 hojas; Círculo de Lectores. Barcelona 1977. 218 páginas + 2 hojas.  Además se publicó en Las mejores novelas contemporáneas, tomo VI, 1920-1924 de Editorial Planeta en 1965 y en sus Obras selectas, tomo I, de la editorial AHR en 1974).


Tomás Borrás Bermejo (10 de febrero de 1891 – 27 de julio de 1976) fue un escritor conocido y un periodista que alcanzó éxito. Vocacional de la escritura, abandonó los estudios de Derecho y en 1911 ya colaboraba con el diario La Mañana. Fue fundador de La Tribuna y su firma era habitual en diarios como el ABC. Sobre 1928 empezó a posicionarse en una derecha radical, escribía en La Nación y, más tarde, pasó a ser militante de las JONS. Propagandista del franquismo y activista político. Famoso por haber creado unos documentos con los que justificar algunas acciones nacionales en Badajoz, falsificador eficaz que llegó a engañar a algunos historiadores.  Nunca dejó de escribir en los periódicos que era su verdadera pasión. Estuvo casado con la tonadillera La Goya.

   Fue autor de varias novelas como La mujer de sal (1925) o Checas de Madrid (1940), poesías, cuentos, obras de teatro. No fue muy prolífico pero sí que tuvo un estilo personal y una manera de narrar propia.
Tomás Borrás

   Su relación con Marruecos comenzó en 1920 como enviado del diario El Sol a la guerra. Le gustó el ambiente, la situación, la experiencia. Fundó El Eco de Chefchauen y llegó a dirigir el diario España de Tánger. Una biografía breve se puede consultar en http://dbe.rah.es/biografias/9011/tomas-borras-bermejo
   A Marruecos dedicó una de sus mejores obras, La pared de tela de araña (1924). A pesar de conocer el país y ser testigo de una guerra cruel, Borrás prefiere la imaginación para recrear un país entre la ficción y la realidad, un Marruecos auténtico e imaginado a la vez, un lugar exótico. En esa época, sin tanta imagen ni información como ahora, el lector podía ser engañado o, el menos, confundido en su ingenuo deseo de novedades.

   El esquema de este tipo de novela es sencillo y consiste en contraponer al europeo y al marroquí. El español que se ve sorprendido por la vida de los marroquíes como protagonista externo del relato.  Borrás divide la novela en tres partes. La primera, Tetuán, a los ojos de un español intrigado con la vida de su vecino, al que poco a poco va conociendo. El moro, abandonado por su mujer por tomar una segunda esposa más joven, queda atrapado en un hechizo: la pared de tela de araña. Y con esto va desarrollando el argumento de situaciones extrañas para el europeo, entre la magia y la credulidad inconcebible. Es minucioso en detalles de ritos y costumbres, seguramente tomadas de su experiencia marroquí, pero adornados hasta tocar la falsificación. Muy descriptivo, lento en el desarrollo de la acción que no deja de ser un cuento oriental. El amor imposible de culminar de un viejo por una joven casi niña que Borrás describe con artificios: Mas el don divino, el que promete el Enviado por la eternidad al buen creyente, el don del amor logrado y satisfecho, Abdala no le tenía. El fuego de su imaginación era como una brasa enterrada que no da ni humo. Su deseo, tan solo pensamiento (página 46 de la 1ª edición). Se recrea en las expresiones, en las palabras, en las descripciones largas. No escribe mal, pero es un estilo que se ha quedado antiguo para el lector actual. Pero Borrás trataba de transmitir un ambiente distinto, un modo de vida diferente, una sensación de diferencia para el lector español de entonces. Aunque la ficción envolviera el paisaje y el decorado y fuera todo irreal por efecto de la soberanía creadora. En eso estriba la esencia del exotismo. El autor enriquece el simple relato del amor incumplido con sortilegios, engaños, juegos y trampas. Un poco en la tradición de las mil y una noches, otro poco en el costumbrismo marroquí a la manera de ver de los españoles.

   En la segunda parte el protagonista español se traslada a Xauen siguiendo el rastro de la historia. Los primeros capítulos de esta parte son los más realistas, lo que el autor conoce como testigo presencial. La guerra en las cumbres peladas de las montañas, las escenas de combate, de posición de blocao; el sentir del soldado de reemplazo convertido a la fuerza en guerrero. Pero la novela pierde el hilo argumental y se convierte en un gran reportaje sobre la vida en la ciudad conquistada. Y lo hace al estilo de los escritores coloniales españoles de esa etapa, deteniéndose en tres o cuatro asuntos que les llamaban la atención. La situación de la mujer (focalizándolo en la joven esposa raptada), la vida religiosa musulmana con sus morabitos y tradiciones, los judíos relegados que conservaban el idioma castellano arcaico y cantaban romances de cuando estaban en España y la vida en campaña del soldado español idealizando el mando y la disciplina.
   En la tercera parte, que se desarrolla en Yebala, el autor vuelve sobre la historia principal. La joven esposa, divorciada ya del viejo incapaz, es raptada y llevada a las montañas. La llevan a algún lugar escondido para destinarla a bailarina. Es una prosa lenta, llena de detalles, barroca y poco efectiva. Comentarios para un lector de hace cien años, con pocos conocimientos de lo que se trataba y con menos distracciones que ahora para llenar el tiempo libre. La novela se alarga innecesariamente, pero Borrás escribía así: con mucha descripción y la acción justa para tener un argumento. Quiere mostrar el atraso local, el abuso, el delito impune. No solo muestra el exotismo del oriente vecino sino que establece una especie de moraleja en la que la justicia la llevaban los españoles, sentido último del mensaje colonial.



viernes, 5 de abril de 2019

LAS NOVELAS DE TÁNGER (15): TRAS ESA PÁLIDA MÁSCARA de ENRIQUE BLANQUE-BEL.


BLANQUE-BEL, Enrique: Tras esa pálida máscara (Tánger 1964. Editions Marocaines et Internationales. 207 páginas. Portada e ilustraciones de J. G. Mantel).
   Enrique Emilio Blanque Tripiana, que usaba el seudónimo de Blanque-Bel, nació en Serón (Almería) y vivió en Granada. Estudió en la Universidad de Sevilla y vivió en Marruecos ejerciendo de profesor en varios centros, entre ellos el Instituto Español de Tánger. Fue periodista y falleció en Marbella en 2007. Entre otros libros, fue autor de dos novelas sobre Tánger: Tras esa pálida máscara y Antes que el verano se cabe, de la que ya nos ocupamos: http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/search/label/Blanque%20Bel


   Tras esa pálida máscara es una  novela de iniciación en la que se notan los defectos propios del escritor bisoño. Pero es una novela de escritor, bien narrada, con diálogos creíbles y personajes construidos. En toda ella hay un tono costumbrista y en la parte final añade una intriga que deja en el aire, en un final mal resuelto. Por lo demás es la comedia de la vida ordinaria de los profesores de un instituto de Tánger, ambiente que conocía bien y que, si el comentarista lo hubiera conocido también, quizás descubriera rasgos de personas que existieron. Hay un tono sarcástico, exagerado, que tiende a la caricatura porque el deseo crítico del autor es marcar algunos defectos propios de la época, del tipo de enseñanza y del nivel general en España.
Ilustración de Mantel
   Porque se trata de un relato sobre un Tánger vivido, frente a las sorprendentes historias del Tánger inventado. Aunque es el Tánger de los extranjeros, sin apenas participación de la población local. Por eso, a pesar de que se trata de un escenario marroquí -colonial- resulta todo muy similar al ambiente de un centro educativo de España en los años 60 del pasado siglo. Novela amena, de fácil lectura y reflejo de un aspecto más de la vida de la ciudad internacional.







lunes, 25 de marzo de 2019

NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (9): LUCHA DE AMORES de EL CAPITÁN EDOVITA


EL CAPITÁN EDOVITA: Lucha de amores (Ediciones Betis. Barcelona 1943. 262 páginas).



   No sé si Edovita es realmente el apellido del autor o si se trata de un pseudónimo. Lo que sí parece es que el autor fue un militar que vivió los hechos que narra o algunas situaciones muy similares. Lucha de amores tampoco es una novela que se desarrolle en Marruecos, sino en España durante la Guerra Civil. Pero tiene mucho que ver con los moros que combatieron en el bando franquista y, por ende, con el Protectorado español.  No se puede decir que sea una gran novela, le falta tensión y argumento para ser una novela de guerra y conflicto para ser una novela de amor. Es un relato de recuerdos, de emociones, de sentimiento bélico. En cierta manera, la novela es un homenaje a estos soldados encuadrados en Regulares. Hay varios ejemplos, no muchos. Sirena de pólvora (1941) de Luis Antonio de Vega o Ramadán de paz (1946) de Tomás García Figueras; también un relato breve del interventor militar Gabriel Castro titulado Marhabá, publicado en 1941 en Tetuán. O sea, autores del bando franquista que estaban relacionados con Marruecos. Con otra visión está la novela Moros, cristianos y Guerra Civil española (2018) de Manuel Navarro. Deduzco que Edovita también respondía a este perfil. Este cariño a los caídos, esta ansia de glorificarlos, hizo germinar en mí el deseo de la presente novela, que, aunque sencilla en la forma como mi pluma, fuera grande en el fondo, como el ideal… Veréis en él escenas verídicas de guerra… (página 8), confiesa en el prólogo. Desde el punto de vista de literatura colonial, es interesante indagar, aunque sea someramente, sobre el distinto plano de los personajes españoles y marroquíes aunque ambos fueran conmilitones del mismo bando.



   El tema ha sido tratado en la historiografía reciente de manera más científica. Algunos ejemplos: Los moros que trajo Franco (2002) de María Rosa de Madariaga, Marroquíes en la Guerra Civil española (2003) de José Antonio González Alcantud o Los moros de la Guerra Civil española (2004) de José Luis de Mesa. Tema también tratado en el documental Los perdedores de Driss Deiback.
   Es una novela de exaltación de la Guerra Civil desde el bando vencedor. Y respecto a esta posición, hay que destacar dos características:
1.        El autor, implicados directamente en los hechos, declaran gratitud a los moros de Franco. Los describen como valientes, austeros, buenos tiradores, fieles y obedientes en las acciones guerreras. Hay cierta camaradería y comparten los ratos de asueto durante la guerra. Es el relato contrario a la imagen del moro mercenario, asesino, violador y rapiñero.
2.        Que los combatientes moros en el bando franquista juega un papel subalterno que las novelas no disimulan. Toda la sociedad estaba clara y fuertemente estratificada y los regulares marroquíes observaban el papel que tenían asignado por sus jefes. Había camaradería, pero dentro de un orden.
   Una novela que entra en la categoría de curiosidad pero con un fondo ideológico muy característico de la época.



viernes, 8 de marzo de 2019

LAS NOVELAS DE MELILLA (7): EL ROSARIO DE MAHOMA de GERARDO MUÑOZ LORENTE.


MUÑOZ LORENTE, Gerardo: El rosario de Mahoma (Equipo Sirius. Madrid 2003. 449 páginas. Cubierta e ilustraciones de Manuel Calderón).

   En realidad, no es una novela colonial. Primero porque trata de Melilla, segundo porque los hechos se desarrollan en una época anterior a la intervención europea en África. Pero por la relación fronteriza previa a la colonización de Marruecos, por la especialidad estratégica de la plaza y por las relaciones entre pueblos, hay que hablar de ella en este blog.
   Que conste que me parece una buena novela y bien escrita. Pero es una no
vela minoritaria. El sitio de Melilla de diciembre de 1774 a marzo de 1775 es un hecho de por sí novelesco. Todos los sitios los son por la peculiar situación que viven las ciudades sitiadas. Éste, además, por la posición geográfica de la ciudad española. Fue una situación dura que se solventó favorablemente, pero con dificultad. Y fue recogido en diarios o libros como el que le dedicó Francisco de Miranda, testigo de los hechos, que luego sería uno de los padres de la independencia americana. Cuando se escribe una novela histórica hay que tener en cuenta varias consideraciones. Si se quiere ser muy fiel a los hechos reales, puede convertirse en una narración historiográfica. Entonces el autor puede optar por introducir elementos de ficción con personajes reales o no: pasiones, incertidumbres, traiciones, amores…. etc, que pudieron o no suceder pero que tratan de enganchar al lector en la trama. No le falta de esto a El rosario de Mahoma, aunque es una novela muy fiel con el relato cronológico de los sucesos.

   La novela es un detallado recorrido histórico por el sitio de la ciudad, muy descriptivo, muy fiel a pesar de que el argumento se adorne con las historias personales de los personajes que son inevitables en una novela. Muy minucioso como si fuera la novela de un historiador. Por esto, tal vez, no llegue a un público mayoritario.

   El autor, periodista alicantino, tiene una página web: http://www.gerardomunoz.com/


viernes, 22 de febrero de 2019

GUINEA Y LA NOVELA MISIONERA (2): OPERARIOS DE ÚLTIMA HORA de AUGUSTO OLANGUA.


OLANGUA, Augusto: Operarios de última hora (Coculsa. Madrid 1955. 161 páginas + 1 hoja).

   El padre Olangua fue un misionero claretiano que vivió algunos años de su vida en Guinea, donde fue profesor como atestigua una foto que he tomado del Fondo Claretiano. Como otros muchos misioneros, dedicó algún tiempo a la escritura con artículos sobre historia misional y con libros que tenían una intención apostólica entre los que se encuentran dos novelas publicadas en 1955 e íntimamente relacionadas con la Guinea entonces española: Operarios de última hora y Una cruz en la selva.

   Operarios de última hora es una floja novelita de historias familiares y de contraposición entre las carreras de dos sacerdotes, uno de los cuales elige las misiones en África. Olangua no da sitúa la acción en sitios conocidos, pero no cabe duda de que se trata de un misionero claretiano en Guinea Ecuatorial. No nombra ningún lugar, pero los detalles descubren el país que, por otra parte, era el que el autor conocía bien. Evidentemente, el padre Olangua no quería pasar a la historia de la novela sino escribir un relato que tuviera un valor de propaganda apostólica. Pero dudo de que lo consiguiera porque es una larga redacción de hechos sin transcendencia. Su escritura –como su vida- estaba destinada a ser como una de esas semillas que el viento traslada a sitios lejanos, donde, al fin, arraiga y produce nuevas semillas (página 73). La esencia de la misión. Los misioneros eran unos agentes muy especiales de la colonización. El Estado colonial dejaba en sus manos parcelas tan importantes como la educación. Estado e Iglesia compartían los mismos ideales colonizadores, no había contradicción. Y el misionero, con mejor o peor fortuna y talente según la persona, se empeñaba en predicar la religión y enseñar las primeras letras. El guineano animista podía aceptar sin contradicción los principios generales de los mandamientos católicos, pero era mucho más reacio a las normas de moral familiar o sexual que los misioneros trataban de implantar en la sociedad indígena aunque con paciencia.
El padre Olangua con sus alumnos en Guinea
   Está claro que fueron los primeros en abrir caminos en la selva, fundar misiones alejadas de las que surgirían poblados y en tener un contacto real con los pobladores. Por eso, en muchos escritos de los misioneros hay importantes noticias de la vida en Guinea en esos años. Notas etnográficas, sociológicas, etc. Aunque no es el caso de Olangua, que apenas describe situaciones. Las escenas europeas, de novela rosa, quitan protagonismo a las situaciones africanas del libro. Sí que habla del negro con ese cariño paternalista de quien los considera en una especie de infantilidad prorrogada. El misionero se arrogaba también una labor de convertirlos no solo en católicos sino en ciudadanos tal y como se entendía. Y escribía: El P. Fermín no se inmuta; está acostumbrado a tratar con negros y sabe muy bien que son muy buenos, muy serviciales, pero…negros (página 75). Estas líneas hoy no las hubiera escrito porque hay una apariencia de racismo aunque quizás haya más una señal de diferente grado de civilización que afectaba al sentido de la responsabilidad.
Dibujo de Ledesma para la portada de la Memoria de la Delegación de Asuntos Indígenas de 1954
   Inmediatamente después de Operarios de última hora, el padre Olangua publicó Una cruz en la selva. Novela de similares características, de iguales motivaciones y con la misma finalidad. Quizás más construida, con mayor intriga. Esta vez el autor la sitúa en el alto Níger y los protagonistas son exploradores ingleses o de otra nacionalidad, pero no españoles. Sin embargo, tal y como pasaba en un otra novela, el sustrato de conocimiento nos lleva a Guinea Ecuatorial en esos años.


viernes, 8 de febrero de 2019

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (22): LA RUTA de ARTURO BAREA.


BAREA, Arturo: La forja de un rebelde II: La ruta (Editorial Losada. Buenos Aires 1951. 248 páginas; Turner. Madrid 1984; Plaza y Janés. Barcelona 1986. 259 páginas; Biblioteca de El Mundo. Barcelona 2001; Debolsillo. Barcelona 2006. 344 páginas. Varias ediciones en cada editorial, a veces en colecciones diferentes y con distintas portadas.).




   Arturo Barea Ogazón  nació en Badajoz el  20 de septiembre de 1897. Quedó huérfano muy joven y se trasladó con su madre y hermanos a Madrid . Vivían en una buhardilla en Lavapiés. Unos tíos de Arturo le procuraron estudios en los Escolapios hasta los trece años en que se pudo a trabajar  de aprendiz en un comercio y en un banco. Llamado a filas en 1920, tuvo que ir a Marruecos como soldado de reemplazo, donde vivió la derrota de Annual. Allí ascendió a sargento (que entonces era clase de tropa) por su preparación: …era un sargento, es decir, una vértebra de la espina dorsal de cualquier ejército del mundo. La pared donde se estrellan los golpes de arriba –la oficialidad- y los de abajo –los soldados (página 13, siempre de la edición de Losada de 1951). Para un joven de pocos recursos, el sueldo y las corruptelas de sargento eran una buena paga que hacía atractivo el cargo. El trato que diera a los subordinados era una cuestión personal y derivaba de su formación intelectual y su sentido de la vida. Durante la República militó en la UGT y estuvo en el bando republicano realizando diversas misiones de carácter cultural y propagandístico. En 1938 se casó por segunda vez con la periodista austriaca Ilse Kulcsar, que sería la principal traductora de la versión inglesa de sus libros. Al finalizar la contienda se exilió a Inglaterra, donde consiguió la nacionalidad británica en 1948. Barea falleció en Faringdon, un pueblo del condado de Oxford, el 24 de diciembre de 1957. ​
   En Inglaterra comenzó a redactar unas memorias noveladas –La forja de un rebelde- en las que vislumbra su vida desde la distancia física y cronológica. Es un escritor claro, con un gran sentido social, que se ha desprendido de la radicalidad de la Guerra Civil pero sin renunciar a su modo de entender la literatura, es decir la denuncia de las situaciones injustas. La segunda parte de esas memorias –La ruta- tiene una mitad que se desarrolla en Marruecos, durante la guerra del Rif. Se publicó originalmente en inglés, en 1947.


   En Marruecos comprendió pronto la envergadura del desastre. Al ascender a sargento le mandan a una posición como encargado de unas obras y aprende que la corrupción está a la orden del día. Participó de ella en un sistema que favorecía el despilfarro y las ganancias ilícitas. Y con una filosofía que se reconoce hoy con la misma claridad que cuando la expresaba su personaje: …robar es quitar el dinero a alguien. Pero esto no es robar. ¿Quién es el Estado? Si robamos a alguien es al Estado, y bastante nos roba él a nosotros (p. 17).    Barea es sincero; aunque nunca sabremos lo que no contó. Relata el mecanismo de la trampa y su parte en ella. Empieza en junio de 1920, una época relativamente tranquila en la que las obras públicas gozaban de seguridad. Su narración es lenta, detallada, muy minuciosa en hechos, personajes y escenarios. Pero con una prosa y un ritmo que atrae al lector en la lectura y le conmina a seguir. Tiene alma de escritor, es observador y va a recordar los detalles de su vida militar para escribir estas memorias treinta años después. Los personajes están firmemente marcados y se hacen reales. Se puede considerar La forja de un rebelde como unas memorias o como una novela. Son las dos cosas pero la estructura que le da al relato, la abundancia de diálogos, la narración de los hechos permiten tratarla como novela autobiográfica. No son largas reflexiones sino que del repaso de su vida se comprende el pensamiento del autor.







   El aspecto que nos interesa, su vida militar en Marruecos, es clarificador. Es un hombre muy crítico. No nos presenta un Marruecos heroico o aventurero sino lugar de dolor y podredumbre: Durante los primeros veinticinco años de este siglo Marruecos no fue más que un campo de batalla, un burdel y una taberna inmensos (p 32). Es cierto que su visión está afectada por la derrota en la guerra civil y el exilio, pero su criterio literario es escribir para denunciar. Mostrar situaciones contrarias a su ideal. Con sinceridad: le repugnaba la corrupción pero participó de ella; no le gustaban los burdeles, pero los visitaba. Es un reformista que quiere que cambie la sociedad española de su época, su política, el sistema de gobierno. Todos los vicios patrios se recrudecían en Marruecos ante sus ojos,  los señala con ánimo de influir, de poder  marcar las cosas que debían cambiarse. Seguro que en Marruecos había gentes honradas, trabajadores normales y hasta héroes. Pero se centra en lo que estaba mal. Señala que el delito de uno puede afectar a todos: me puedo imaginar cuántos soldados han caído enfermos por no tener la manta que él había robado (p. 52). Pero hay un desánimo general, la impotencia frente a un sistema: Aquí o comes o te comen; no hay otra solución. Naturalmente ha habido gentes que han querido enderezar las cosas, pero todos han fracasado. Y lo peor es que si no robas, es lo mismo, te lo dan por hecho (p.52). No solo porque a su juicio el sistema estaba corrupto, sino porque los que más sufrían las carencias eran los soldados de reemplazo que procedían de las clases más bajas de la sociedad como el mismo Barea. Y lo cuenta con un ligero pesimismo.
   El escritor no era un guerrero ni le entusiasmaba la batalla. Por eso su relato se recrudece en los capítulos dedicados a la guerra. Se asombra ante personajes como Millán Astray y el modo de operar de la recién fundada Legión, el Tercio. No comparte el entusiasmo de conmilitones frente al enemigo, le repugna la violencia bélica que veía. Pero su contacto con la guerra, sargento de Ingenieros, era circunstancial. No había visto de cerca el horror del combate, solo cuando montaban un blocao o fortificaban alguna pequeña posición. Hasta que le tocó ir a Melilla tras la rota de Annual y, construyendo las defensas exteriores de la ciudad sitiada, comprendió lo que se estaba viviendo al ver los cadáveres insepultos, los muertos que aparecían por doquier y la desolación general. Escribía: Yo no puedo contar la historia de Melilla de julio de 1921. Estuve allí, pero no sé dónde; en alguna parte, en medio de tiros de fusil, cañonazos, rociadas de ametralladoras, sudando, gritando corriendo durmiendo sobre piedra o sobre arena, pero sobre todo vomitando sin cesar,  oliendo a cadáver, encontrando a cada nuevo paso un nuevo muerto, más horrible que todos los vistos hasta el momento antes (p. 90). Palabras clarificadoras sobre el estado emocional del soldado que llegó a recuperar el territorio perdido.
   Pero Barea se coloca en un plano distanciado de la realidad. Está en los hechos pero los describe como si no le afectaran. Está en la guerra pero no sufre el ardor guerrero ni asume su posición de soldado de una de las partes. Habla de la corrupción, de la que él participó, como si le fuera circunstancial, sin especial arrepentimiento. Era el sistema el que ponía a las personas en las situaciones sin que lo pudieran evitar, salvo los máximos responsables que, en vez de combatirlas, las impulsaban. No pone más énfasis en describir la guerra que la enfermedad –tifus-que padeció. También porque Barea sufrió más de tifus que de guerra. El que escribe es el escritor, no es el soldado.
   Sin duda es una de las novelas claves de la literatura de la guerra de Marruecos, a pesar de que solo le dedica algo más de cien páginas y que se limita a narrar algunos episodios de los que fue testigo y no la situación general. Pero los detalles están plasmados de tal manera que se puede comprender de manera amplia lo que podía estar pasando.
   En 1990 Mario Camus dirigió una serie para Televisión Española basada en la trilogía de Barea.