viernes, 21 de septiembre de 2018

NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (6): HERMANOS MAYORES de JOSÉ IGNACIO NÁJERA NIETO


NÁJERA NIETO, José Ignacio: Hermanos mayores (Desclée de Brouwer-Mensajero. Bilbao 1987. 137 páginas).

   En 1987, cuando se publicó esta novela, el tema marroquí estaba muy poco tratado en la novela española. El autor tuvo el olfato de volver a retomarlo y lo hizo con una novela galardonada con una mención especial en el Premio Pío Baroja de novela de 1986.  El autor había nacido en Xauen en 1952 –tal vez de ahí le venga su inclinación a escribir sobre Marruecos-  y fue  profesor de Instituto en Murcia.

   El relato se divide en dos partes situadas en dos etapas históricas de la guerra en África.
   La primera se desarrolla en 1909. Los soldados que llegan a Melilla para participar en la guerra y que el autor aprovecha para presentar caracteres diferentes. Alguno viene de Barcelona y es el elemento necesario para hablar de las cuestiones candentes en ese momento en la sociedad española relacionadas con Marruecos: la Semana Trágica y la importancia del krausismo y el anarquismo como ideologías determinantes en la vida política a comienzos del siglo XX. Pero no es una novela que se vaya a desarrollar con historias de trinchera y cuartel. El autor conoce bien lo que pasó y rompe la acción para hacer largas reflexiones, con estilo culto y cuidado, sobre la presencia colonial y la existencia de personajes tan singulares como El Rogui Bu Hamara. La segunda parte se desarrolla antes y después de Annual y llega casi hasta el momento de la publicación.

   Pero no es una novela bélica, ni una novela de aventuras o historial coloniales. Es algo más que eso. El autor construye el relato en un triple plano. La familia protagonista, llena de secretos y de aspectos oscuros, sórdidos en ocasiones, cuyo patriarca  originariamente vive en Barcelona y se marcha a trabajar a Marruecos donde amplia la familia. Un segundo plano que sirve de fondo son los sucesos de la España peninsular convulsa, especialmente la crisis de 1909 y la situación política de permanente intranquilidad en la que los protagonistas viven como el resto del país. El tercer plano es el propiamente marroquí. La vida en Medik, donde se traslada el protagonista desde Melilla al licenciarse y encontrar trabajo, y el ambiente de intranquilidad por la acción de El Raisuni y los enfrentamientos con tropas españolas, la revuelta larvada en el Rif y el estallido final tras Annual.

   La novela es una larga reflexión intelectual sobre estas cuestiones, una reflexión sobre la vida privada centrada en la familia protagonista y sobre la vida social que se desarrolla en las acotaciones sociales y militares. No es una novela de acción en la que la trama envuelva al lector. Es un relato bien escrito con ritmo desigual en el que prima el intento de comprensión de los acontecimientos sobre los acontecimientos mismos. No es una novela muy comentada en la bibliografía sobre la ficción acerca de Marruecos, pero creo que merece la pena su lectura.
  


miércoles, 29 de agosto de 2018

GUINEA Y LA NOVELA MISIONERA (1): EL ÚLTIMO NEGRERO de TOMÁS LUIS PUJADAS.


PUJADAS, Tomás Luis: El último negrero (Coculsa. Madrid 1954. 124 páginas + 1 hoja. Portada de Segu. Ilustraciones de Julio Giménez).

   El Padre Tomás Luis Pujadas Roca nació en Sabadell (Barcelona) el 24 de mayo de 1904 y  murió en Vic (Barcelona) el 12 de noviembre de 1994. Fue misionero claretiano, músico y escritor. Recibió el sacerdocio en 1931 en Vic, comunidad en la que vivía cuando los sangrientos sucesos de 1936. También estudió música en España y en Roma  con el maestro Casimiro Casimiri. Compuso más de un centenar de obras musicales: misas, himnos, motetes y cantos marianos...  Dirigió publicaciones religiosas como la revista Iris de Paz.  Este veterano misionero claretiano tuvo una labor literaria relacionada con Guinea en la época colonial. Fue autor de una notable historia eclesiástica guineana en dos tomos: La iglesia en Guinea Ecuatorial (1968 y 1983). Publicó otras obras de historia eclesiástica como El vicario apostólico de Fernando Poo (1967) la biografía del catequista guineano José Si Esono Un santo en la selva (1967), un libro de texto Geografía e historia de la Guinea Ecuatorial (1969), una obra de teatro Héroes de la jungla (1955). Y la novela El último negrero (1954) que se incluye en el género de novela misionera en el que también podemos encontrar obras de otros claretianos como Francisco Onetti, Carlos E. Mesa o Augusto Olangua.

   El último negrero es una novela de estilo simplón que recuerda la literatura de kiosko.  Con mucha acción para resultar entretenida. Pero el padre Pujadas no intentaba escribir una novela para pasar a la historia de la literatura; su finalidad era claramente misionera y apostólica. Trató de escribir una novela que defendiera los valores que transmitían los misioneros. Por esto, el estilo y estructura tiene un valor secundario. El autor no fecha los hechos de su ficción, podemos entender que transcurre en la segunda mitad del siglo XIX, tras el viaje de Chacón,  por la importancia que tenía entonces Elobey en la Administración colonial española y por la existencia de barcos negreros.
El padre Pujadas en Basupú
(Foto tomada de la página web de los claretianos, fondo padre Canals)
    Se pueden apreciar dos planos narrativos.
   El padre Alonso es un  misionero que recorre el sur de Río Muni, la zona que entonces era española alrededor de Cabo San Juan y que se vinculaban a Elobey Grande donde residía la autoridad colonial. La novela es de 1954, la visión que se tenía entonces del colonialismo no es la de ahora; posiblemente tampoco la de la misión católica. Pero el misionero tenía un conocimiento directo de las costumbres indígenas. Y por otra parte, la persistencia del comercio de esclavos y la aparición de barcos negreros que aprovechaban la escasa vigilancia para hacer los cargamentos en connivencia con algunos jefes locales.
(Ilustración de Julio Giménez)
   Pujadas se atreve con un tema tabú en la historiografía y en la novela española de la época sobre Guinea: la esclavitud. En la novela, solo Manfredi en Tierra negra (1957) hace mención. Es cierto que los territorios españoles se adquirieron en 1777 con la finalidad de favorecer una estación en el viaje a Filipinas y para obtener esclavos para la América española. Pero, como los territorios quedaron abandonados, la autoridad española no hizo nada. Los gobiernos españoles prefirieron, o se vieron obligados, a conceder el monopolio del comercio de esclavos a compañías extranjeras desde el tratado de Utrecht. Cuando se volvieron a ocupar, la trata estaba prohibida y perseguida. No obstante, algunos españoles siguieron comerciando con seres humanos y aprovecharon el vacío de poder en Guinea para poner bases en Elobey o Corisco. Algunos traficantes catalanes y el famoso Pedro Blanco estuvieron por aquellas tierras. La Armada inglesa destruyó factorías negreras en Elobey, que estaba bajo soberanía española, y fue una de las causas que provocó las expediciones de Lerena (1843) y de Chacón (1858). Si los españoles no ocupaban las islas y ponían autoridad, otros países europeos iban a hacerlo. Y la autoridad debía perseguir la trata. Es difícil saber si los españoles de Guinea tenían medios suficientes y si se volcaron en la persecución de los traficantes. Oficialmente, Guinea quedó fuera de este comercio. Pero en la memoria de los guineanos están las historias de traficantes y de esclavos apresados en las tierras de los que hoy es la República de Guinea Ecuatorial.
   España había suscrito los tratados de prohibición de la trata y su persecución, pero la esclavitud seguía siendo legal en Cuba. Esto dio lugar a un tráfico que resultó muy provechoso para algunos. Se efectuaron algunas presas, pero siguieron llegando barcos con negros bozales (como se denominaba despectivamente en la época a los que todavía hablaban su lengua materna exclusivamente). La relación de Guinea en la época en que hubo ya autoridad española con el comercio humano –represión o tolerancia- es un asunto que todavía merece una investigación amplia.


   Por supuesto, el padre Pujadas opta por la visión de combate al traficante por parte de los misioneros y los militares españoles. No quiero decir que esto no sucediera así. Además añade un elemento redentor, en todos los sentidos, para los africanos que era el cristianismo. Es una novela ingenua, de clara intención ejemplarizante y con detalles interesante porque el misionero conocía bien el territorio del que hablaba y algunas de las costumbres de sus habitantes.


jueves, 23 de agosto de 2018

LAS NOVELAS DE TÁNGER (13): ÁNGEL VÁZQUEZ (y 2).


-         El cuarto de los niños (Planeta. Barcelona 1958. Páginas 183-285 del volumen No quiero quedarme solo de Vicente Carredano; Pre-Textos. Madrid 2008. 258 páginas).
-         El cuarto de los niños y otros cuentos (Pre-Textos. Valencia 2008. 258 páginas + 7 hojas. Edición de Virginia Trueba Mira. Con unas palabras de Emilio Sanz de Soto).
-         Se enciende y se apaga una luz (Planeta. Barcelona 1962. 294 páginas. 32 ediciones hasta el momento con distintas portadas y en distintas colecciones; Planeta. Col. Populares Planeta. Barcelona 1977. 220 páginas; Planeta-De Agostini; Barcelona 1998. 259 páginas. Varias ediciones).
-         Fiesta para una mujer sola (Planeta. Barcelona 1964. 301 páginas; Rey Lear. Madrid 2009. 252 páginas. Edición de Sonia García Soubriet).


Ángel Vázquez (foto de la Editorial Planeta en la contraportada)

   Ángel Vázquez no fue un autor muy fecundo tal vez por su falta de confianza en sí mismo. Pero su obra publicada no se limita a La vida perra de Juanita Narboni, aunque esta novela ensombrece –por su extraordinaria calidad- el resto de la producción. Publicó dos novelas más y un puñado de cuentos.



   El cuarto de los niños es una novela corta finalista del premio Sésamo de 1958. Se publicó, junto a la ganadora y a la otra finalista, en un libro en cuya portada solo se hacía mención a No quiero quedarme solo de Vicente Carredano. Domingo del Pino, en el prólogo al libro homenaje publicado por Alfar en Sevilla en 2011, señalaba que Vázquez publicó dos obras geniales: La vida perra de Juanita Narboni –en lo que hay un amplio acuerdo- y El cuarto de los niños por su elegancia, su sensibilidad y su ritmo narrativo. En El cuarto de los niños se describe el mundo según un niño, la relación con la madre y el estrecho universo que le rodea. Un ambiente y una visión propia del modo de entender la novela de Ángel Vázquez. Es una novela que se desarrolla en Tánger, pero la ciudad no es protagonista. Apenas se la menciona, solo por referencias indirectas.

   El cuarto de los niños ha tenido una edición reciente, debida a Virginia Trueba Mira,  y ya indispensable para conocer bien a Ángel Vázquez. En este libro se recopilan todos los cuentos publicados por el autor en varias revistas y un inédito (en realidad ya publicado por Domingo del Pino en su blog y en el libro homenaje).

   Se enciende y se apaga una luz ganó el premio planeta en 1962 y esto le facilitó un éxito de ventas que no tendría La vida perra de Juanita Narboni. Se convirtió en una novela popular y el gran número de ediciones que la Editorial Planeta –en sus diferentes colecciones- lanzó, hace que sea el libro más conocido de Ángel Vázquez. Ganó dinero que le sirvió para pagar deudas puesto que la vida bohemia, descuidada, ajena a lo cotidiano del autor le llevó a una existencia de saltos. Dice Rocío Rojas-Marcos en Tánger, segunda patria (2018) que es una novela-retrato. Vázquez analiza y despieza la sociedad tangerina que tan bien conoce. Como en toda la obra de Vázquez, su universo personal se impone en la narración. Parece que al autor le atraía, como Unamuno, el sentimiento trágico de la vida. El sufrimiento de la soledad, la incomprensión, la diferencia. Añade Rojas-Marcos: Parece que podemos rastrear a Vázquez por cada uno de sus párrafos. Deja su impronta en todos sus personajes, los carga de matices propios y marcados por temas capitales que lo obsesionaban, tales como la soledad, el paso del tiempo, la incomunicación, la infelicidad, el pesimismo existencial, la abulia o la ambigüedad sexual.





   












   Vuelve a escribir con la visión del niño del mundo incomprensible de los mayores, como en El cuarto de los niños. Es la mirada inocente que observa, y a veces juzga, las relaciones llenas de falsedad, hipocresía, tabúes y rechazos de los adultos. El niño que nunca dejó de ser el narrador y que aprovecha para retratar una sociedad de imposturas.

   Se enciende y se apaga una luz es una novela esencialmente tangerina porque, además de las situaciones universales que podría haber situado en cualquier otra parte, hay elementos fundamentales de la narración que no podrían suceder en una ciudad distinta. La sociedad internacional bien situada gracias a los negocios propiciados por el Estatuto, las relaciones estamentales entre las distintas razas y religiones, y el asumir esa diferencia estamental de sociedad como algo natural. Vázquez hace transcurrir la novela entre 1915 y 1958, con saltos en el tiempo que ayudan a entender la situación familiar. Es una novela muy ágil en la narración, con ritmo vivo a pesar de la sucesión de escenas familiares. La niña que asiste a las diferencias insalvables entre el padre y la madre, se va haciendo mayor. Su manera de entender los hechos ha cambiado. Las personas de su ámbito domésticos, familiares y criados, también. El narrador permanece neutral, no interfiere con comentarios el actuar de sus personajes. Son una creación convincente. Tiene mucha habilidad para componer diálogos creíbles,  diálogos muy bien construidos, que ayudan a fraguar su mundo en dos círculos concéntricos (familia y sociedad tangerina),  conectados pero cerrados, a veces asfixiantes, en los que los personajes más atractivos son los más inadaptados. Es un ambiente triste, de vidas sin relieve, de decadencia sin sobresaltos. No hay grandes tragedias sino pequeñas miserias y decaimiento que deja traslucir el pesimismo vital del autor.


   El éxito de Se enciende y se apaga una luz propició que la editorial encargara una nueva novela a Vázquez y así surgió Fiesta para una mujer sola (1964). Una novela de transición según Nathalie Sagnes Alem en Ángel Vázquez romancier (1999). Efectivamente, el autor ha establecido ya su manera de narrar aunque ahora lo hacer cronológicamente y sin saltos en el tiempo, pero no ha encontrado todavía el argumento y el personaje de su genial Juanita Narboni. En esta novela se van narrando paralelamente dos vidas, una mujer tangerina y un joven madrileño que va a trabajar a Tánger. Se ha producido ya la independencia, pero la ciudad conserva algo de su vieja etapa internacional. En su tiempo tuvo algo de novela maldita, que no fue censurada pero se dificultó la promoción. Es una novela sobre decadencia, como toda la obra de Vázquez, centrada en el final de la ciudad internacional. El tránsito de la etapa colonial a la independencia y la desaparición de unos habitantes que gozaron de privilegios y de un modo de vida extraordinarios. El final de los que Sanz de Soto llamó una ciudad de mentira. Muestra esta etapa tangerina mejor que cualquier otra novela porque no describe solo la historia de un personaje sino la de varios que se mezclan y cruzan. Paula es una mujer madura, tangerina, insatisfecha. Y Damián un joven madrileño que acude a trabajar a Tánger. Quizás no tenga el ritmo y la tensión de sus otras dos novelas. Tal vez el escribirla deprisa y sin una idea bien definida de antemano, le restó intensidad. Aunque trata temas como el adulterio o la homosexualidad, ya no es una novela escandalosa ni maldita. Lo peor de esta novela es compararla con las otras dos; es entonces cuando sale perdiendo.


viernes, 13 de julio de 2018

LAS NOVELAS DE TÁNGER (12): ÁNGEL VÁZQUEZ (1).


VÁZQUEZ, Ángel: La vida perra de Juanita Narboni (Planeta, Barcelona 1976, 268 páginas + 1 hoja; Seix Barral, Barcelona 1982, 267 páginas; Planeta-Clásicos contemporáneos, Barcelona 1996, 269 páginas; Cátedra, Madrid 2000, 387 páginas, edición de Virgina Trueba; Seix Barral-Biblioteca Breve, Barcelona 2017, 319 páginas).

   La vida perra de Juanita Narboni es una novela original en muchos aspectos. En la forma, en el estilo, en el argumento, en el escenario… Tal vez no fue muy bien comprendida en el momento de su publicación. No tuvo la repercusión que merecía. Con el tiempo, si ser un gran éxito de ventas, es un libro imprescindible en la literatura española contemporánea. Quedó encasillado en libro raro de autor maldito. A pesar de ser una referencia, no ha tenido tampoco muchas ediciones posteriores aunque mereció una edición crítica de Virginia Trueba. Se hicieron dos versiones cinematográficas: la primera de Javier Aguirre (en la que el propio Vázquez participó en el guion) pero que prescindió de Tánger; la segunda fue dirigida por Farida Benlyacid. La novela es un largo monólogo escrito como hablaban los españoles de Tánger: palabras propias, expresiones corrompidas de árabe, algo de jaquetía, modismos, localismos… Una mujer que habla de ella, de su vida, de la de los que le rodean en distintos momentos de su vida que van desde antes de la Guerra Civil hasta después de la independencia de Marruecos. Monólogo que se convierte en un diálogo imposible con la madre muerta. Una comunicación sin vuelta. La conversación continua sin interlocutor. El primer atisbo de la soledad que el autor quiere como motivo principal. Una vida vulgar, sin más intriga que el sentimiento ni más argumento que el paso del tiempo. Adornada de comentarios sobre los conocidos, sobre los que le rodean en la ciudad internacional con su propio estilo de vida en una sociedad multirracial, multicultural extraña y distinta. La monotonía del tono, la lenta continuidad de una existencia sin alicientes, va marcando el sentido amargo del relato. Una tristeza profunda que no tiene solución: ¿Es que yo no tengo derecho a ser feliz como los demás? Tampoco pido mucho, ¡qué caray! Lo justo para vivir decentemente, sin estos aprietos y estas angustias que van a acabar conmigo (página 147).



 La vida perra de Juanita Narboni describe magistralmente el sentimiento de soledad. Es la novela de la soledad, del aislamiento y del deterioro personal. De la desesperanza y la angustia que lleva al alcoholismo, a la depresión y al desesperado deseo de morir. La mujer sola, solterona, que ve mermados sus ingresos –solo una pensión de orfandad- por lo que la vida se le va haciendo cada vez más difícil y no tiene otra salida que aguantar y seguir tirando con lo poco que le va quedando. Su única familia es una hermana con la que no se relaciona, de la que no sabe nada desde años atrás. Repasa su existencia desde la época más acomodada, su falta de adaptación a la realidad, al mundo, que la hacen una mujer desvalida, triste. Medrosa, indefensa desde que desapareció su madre. La vida se le vuelve un continuo pesar, una amargura. Débil, solitaria, incomprendida. Viviré siempre acobardada… A veces pienso que no soy tan inconsciente como parezco. Lo que me ocurre es que pienso al revés…. No quiero a papá. Me da terror confesarlo, que Dios me perdona. Pero nunca lo quise. Me mira con lástima, que es lo que más me molesta. Me mira como si toda mi vida hubiera de ser terrible, como si de pronto yo me convirtiera en una huérfana de la tormenta (página 30).
A la vez, va viendo de manera paralela la decadencia de Tánger en los primeros años de independencia. Ha desaparecido la sociedad cosmopolita y se convierte en una ciudad provinciana. Los marroquíes, actores secundarios en la ciudad internacional, pasan a ser los protagonistas de la vida. Hay un menosprecio del famélico que se convierte en ascendente protagonista. Y todo esto está contado con el ritmo adecuado para el que lector vaya asumiendo poco a poco la situación penosa de la mujer. En las páginas del libro, en el discurso inconexo y alterado de Juanita, se deslizan muchas pistas sobre la vida cotidiana de Tánger, de la ciudad de las familias de clase media. Es una descripción auténtica de la vida real alejada de los tópicos novelísticos de contrabando, juego, cabarets y espías. En esos recuerdos anida la ternura que la mujer ha ido perdiendo con los años, con los fracasos, hasta convertirse en un ejemplo de amargura. Porque Juanita se siente indefensa ante los demás. Su mundo es interior, personal, asocial. Se refugia en su soledad, el pasado para no asumir que el problema de falta de autoestima y falta de coraje tiene un origen remoto que ya no puede remediar.


   No sólo trata de explicar el presente como consecuencia de un pasado de inactividad, sino que siente rencor hacia la única hermana que sí supo hacer frente al destino. Una crítica que es envidia. Unos reproches que se hacen a la hermana por no hacérselos a ella misma.
  Ángel Vázquez describe magistralmente el pequeño mundo de su niñez y juventud. El mundo del autor. El Tánger internacional que vivió en primera persona. El autor era una persona especial, muy sensible, de gran inteligencia pero con trabajos secundarios. Tal vez inseguro, no creyó nunca del todo en su obra a pesar de haber dejado una novela muy importante. Tímido, introvertido. Emilio Sanz de Soto, que lo trató desde joven, da algunas claves muy precisas en el libro que se dedicó a la película de Javier Aguirre. Vázquez creció en la pobreza con una madre alcoholizada que conoció tiempos prósperos pero que acabó en la miseria. Probablemente ella fue un referente al crear a Juanita. Al llegar la independencia, Vázquez abandona Marruecos acogiéndose a una ayuda del Estado español. En Madrid, a dónde va a parar, la vida no le sonrió y nunca asumió su importancia literaria. Su retraimiento, timidez o carencia de estima lo llevó a una existencia de Narboni. Y, sin embargo, su recuerdo literario perdura en una de las mejores novelas españolas del siglo XX.






miércoles, 27 de junio de 2018

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (4): LA REPÚBLICA FANTÁSTICA DE ANNOBÓN de FRANCISCO ZAMORA LOBOCH


ZAMORA LOBOCH, Francisco: La república fantástica de Annobón (Sial. Madrid 2017. 251 páginas).

   El 15 de noviembre de 1932 tuvo lugar un hecho sorprendente en la remota isla de Annobón. El sargento Castilla, gobernador del lugar, mataba al gobernador de la colonia española Gustavo de Sostoa. El suceso, ya de por sí extraordinario, adquiere mayor complejidad si analizamos la personalidad de ambos, el apartado lugar y las circunstancias en que se produjo. Para comprenderlo mejor es imprescindible leer el trabajo de Gustau Nerín ¿Socialismo utópico en Annobón? La aventura revolucionaria del sargento Restituto Castilla (1931-1932), presentado en una Conferencia Internacional en la Universidad de Hofstra en abril de 2009. Tuvo el acierto Nerín de investigar en el archivo de la Audiencia de Las Palmas para encontrar en sumario de la causa seguida contra el sargento con los manuscritos de los diarios que éste fue redactando durante su estancia en la isla.

   Castilla era un hombre de ideas utópicas que se vio como emperador de Annobón y trató de organizar a su manera la sociedad local. Se enfrentó a los misioneros, dueños y señores del lugar, y adoptó algunas medidas interesantes como el cambio de ubicación de la pequeña ciudad de Palé. Los misioneros ejercían de gobernadores porque eran los únicos españoles en la isla, se usaban de agentes coloniales por su presencia en los rincones más apartados de la colonia y por su coste moderado (cobraban las cantidades estipuladas en los presupuestos coloniales). Era una manera cómoda de mantener autoridad permanente en el territorio, como se exigía tras la Conferencia de Berlín para colonizar África, y el padre Juanola al tremolar la bandera nacional impidió que Annobón acabara en manos alemanas en 1875. Pero Castilla, hombre que al parecer tenía tendencias depresivas, acabó en un estado de trastorno acentuado por la soledad y la malaria, impuso un régimen tan coactivo y abusivo como el de los misioneros y estableció una pequeña tiranía. Cuando el gobernador Sostoa -un diplomático de ideas avanzadas que puso la República para mejorar el trato a la población local y controlar los abusos de los coloniales- fue a cesarlo, Castilla lo mató.

   La historia tiene tintes novelescos, aunque quizás menores de lo que pueda parecer a primera vista. Así lo vio Luis Leante que en 2017 publicó una buena novela: Annobón (http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/search/label/Leante). Relato en el que eligió la fantasía, seguramente porque la realidad era poco para una novela. Y ahora Francisco Zamora, nacido en la isla en la última etapa colonial, retoma los hechos para su novela La república fantástica de Annobón.

   Zamora construye una novela desigual que comienza por describir la llegada del sargento Castilla a Annobón, las primeras medidas que toma como principal autoridad, su encuentro con una sociedad que desconocía y que quería reformar. Incluye, aunque de manera suavizada, la relación que mantuvo con una mujer annobonesa. Y se detiene en largas evocaciones de cómo la enseña a leer que alterna con las conversaciones que mantiene el militar con el practicante acerca de la situación política española, el advenimiento de la República como esperanza de reformas, el anarquismo o la política colonial de España. El autor aprovecha para dejar constancias de noticias sobre el modo de vida de Annobón que conoce bien por ser su lugar de origen. Poco se había escrito sobre esto hasta ahora. Apenas los artículos de los misioneros en La Guinea Española, poco científicos y muy mediatizados por la moral que querían imponer. El libro Noticia de Annobón (1962) de Miguel Zamora (que creo que es el padre del novelista) y últimamente las investigaciones de Valerie de Wulf Histoire d l’île d’Annobón et de ses habitants (2914) o Pedro Bodipo Annobón. Su tradición, usos y costumbres (2015).

   La novela discurre después por historias de annoboneses, modos de vida precoloniales, costumbres y leyendas. Esa parte que descubre el lector lo que fue la isla en otros tiempos, constituye lo más original del libro pero rompe el ritmo narrativo y se desvía, durante la mitad de las páginas, del argumento principal sin conectar uno con lo otro. Repito que la historia de Castilla y Sostoa posiblemente no dé para una novela sino se la adereza de imaginación y ficción. En esto el autor es soberano y puede completar su obra con lo que quiera. Pero corre el riesgo de menoscabar el interés del lector.  El recorrido etnográfico, lleno de emociones, resulta largo y desconectado de la trama que parecía ser la principal. Cuando el autor regresa al sargento Castilla, la novela vuelve a la intriga que nunca debió abandonar. Zamora narra detalles que conoce seguramente porque se lo han transmitido. La documentación colonial no abarca todo lo que pasó en Guinea en la época española y que no se reflejó por falta de interés o, precisamente, porque no se quiso dejar constancia de determinados asuntos. Es cierto que la memoria oral adolece de muchas falsedades, de lagunas irreparables y de interpretaciones interesadas. Pero deja un poso que el autor aprovecha para concluir la historia del pobre sargento loco y el desgraciado gobernador. Y añade un poco más de bibliografía a la isla de Annobón


viernes, 8 de junio de 2018

NOSTALGIAS COLONIALES (11): COSMOPOLITA de FEDERICO GARCÍA SANCHIZ


GARCÍA SANCHIZ, Federico: Cosmopolita. Novelerías de Francia, Cuba, Marruecos. Los Estados Unidos y el Japón (Biblioteca Nueva. Madrid 19??. 236 páginas + 1 hoja).
   García Sanchiz es un escritor que tuvo gran éxito de lectores en su época y que hoy está olvidado, salvo como curiosidad extravagante o como arqueología literaria para investigadores. Había nacido en Valencia en 1887 donde estudió hasta el tercer curso de Medicina. Después se trasladó a Madrid, acabó la carrera de Filosofía y Letras y empezó a colaborar en publicaciones como El Imparcial o Blanco y Negro. Vivió en París un año y a su regreso entró en la redacción de ABC. Viajó mucho y reflejó sus impresiones en libros y artículos. Se sumó al bando franquista en la Guerra Civil, colaborando en prensa y propaganda. Su único hijo falleció en la contienda, en el hundimiento del Baleares. Murió en Madrid en 1964.

   Aunque es autor de varias novelas y libros de viajes o crónicas, su fama se debe a su actividad de charlista, como él mismo se definía. Es decir, como autor de charlas en las que le público pagaba la entrada y que le dieron notable fama y buenos ingresos. Presumía de esta actividad. Al parecer tenía un verbo fácil, rotundo de imágenes, sonoro y una voz adecuada para llegar al público. Cuando ingresó en la Real Academia, su discurso versó sobre la charla y se puede leer en: http://www.rae.es/sites/default/files/Discurso_de_ingreso_Federico_Garcia_Sanchiz.pdf
Federico García Sanchiz
   Como escritor, García Sanchiz tenía el mismo estilo ampuloso de sus charlas. Un hombre barroco que llenaba las páginas de descripciones y de imágenes retóricas, quizás era lo apropiado para un público que desconocía cómo eran los países lejanos y las culturas extrañas. Un mundo aun no globalizado y en el que las revistas ilustradas suplían apenas la falta de referencias visuales. Un estilo un poco huero que pretendía la belleza de la palabra más que la de la historia. Argumentos débiles pero muy revirados. Adjetivos y metáforas. Agustín G. de Amezúa, que contestó su discurso de ingreso en la Academia, definía el estilo de García Sanchiz con estas frases: “La retina hecha palabra”, “flor de una hora”, “resplandor que ciega”, etc.

   El autor fue un gran viajero por el mundo. Como periodista recorrió países y continentes y sus impresiones las plasmaba en crónicas y libros, entre ellos Color (Madrid 1919) que estaba dedicado a Marruecos con capítulos para Tánger y Tetuán y de donde salió la idea de Noches de Tánger, una novela breve que incluyó en su libro Cosmopolita. Es un relato fantasioso, exotista y un poco aburrido. Lleno de largos  párrafos descriptivos y de personajes fantásticos o extraordinarios que, con su rareza, tratan de enriquecer una historia simple. Es verdad que en las colonias había un buen número de expatriados singulares,  pero no tanto como para que solo sus caracteres llenen una novela. Noches de Tánger es un cuento lleno de tópicos de viajero, de los que una persona absorbe en una semana de visita sin profundizar en más, de exotismo al uso. Y de una singular nostalgia que es la nostalgia por lo que no se ha vivido pero que hubiera gustado vivir. Sentimiento al que accedían los que llegaban a escenarios coloniales e intuían una forma distinta de vida que los atraía. Como resumen, un escrito de los que no quedarán en la historia de la literatura colonial.

Biografía de García Sanchiz escrita por el periodista Gómez Santos

viernes, 1 de junio de 2018

LAS NOVELAS DE TÁNGER (11): UN JARDÍN AL NORTE de BORIS IZAGUIRRE


IZAGUIRRE, Boris: Un jardín al norte (Planeta. Barcelona 2014. 444 páginas + 1 hoja; Booket. Barcelona 2015. 443 páginas; Círculo de Lectores. Barcelona 2015. 443 páginas).
   Boris Izaguirre es un personaje popular en la televisión española, famoso, apreciado por su público y que también escribe novelas. Una de ellas –Un jardín al norte- tiene algunos pasajes en Tánger y el Marruecos español.

   El autor quiso novelar la biografía de Rosalinda Fox porque la consideraba atractiva para un relato y de interés para un buen número de lectores, como así sucedió. Escribir sobre Fox después del enorme éxito de El tiempo entre costuras de María Dueñas era algo arriesgado. Izaguirre lo sabía y no lo disimuló y lo reconoce en la Nota final del libro. Pero la vida del personaje le fascinó hasta el punto de reinterpretarla.
   Si María Dueñas la usó como personaje secundario y solo en un aspecto de su vida, el paso por Marruecos y su relación con el coronel Beigbeder, Izaguirre la aborda desde la infancia y la sigue en Inglaterra, la India, Suiza, Portugal, España y Marruecos. Es un periodo de tiempo muy amplio, muchos escenarios diferentes con hechos distintos y acabados en cada parte. Es una novela en la que se cuentan muchas cosas pero sin espacio para profundizar. Y, como le achacó la crítica, sin dibujar con la atención que requería la psicología de los personajes, especialmente de Rosalinda Fox. Tampoco acierta a la hora de mantener la intriga en la acción de espionaje. Fox es una espía demasiado ingenua y los hechos se narran sin emoción.

   Lo importante de la novela, en la parte africana, es la pasión de Fox y Beigbeder que se desarrolla en Tánger y Tetuán. Izaguirre no es un experto en la historia del protectorado ni es un profundo conocedor del norte de Marruecos y por eso optó por situar la acción en ciudades de las que apenas se dice nada. Marruecos es el fondo de una historia pero no afecta a la historia. Si buscamos detalles coloniales, apenas los hay. Es una novela sobre Tánger pero con muy poco Tánger.

viernes, 18 de mayo de 2018

NOVELAS DE LA GUERRA DE IFNI-SAHARA (9): IFNI de MERCEDES ANTÓN CORTÉS


ANTÓN CORTÉS, Mercedes: Ifni (Incipit editores. Toledo 1996. 62 páginas).

   A pesar del título, este libro no es una novela sobre la guerra de Ifni aunque la guerra subyace durante el transcurso de la acción narrada. Se trata de una novela corta, bien escrita, intimista, en la que la autora aprovecha sus conocimiento de médico y seguramente las referencias militares familiares sobre los sucesos.

   Se trata de una introspección sobre el sentimiento de culpa que atormenta a un militar y que traía causa en un hecho acaecido en la guerra. Un hecho del que intuye una responsabilidad que se aclarará al fina y que, por respeto al libro y al autor, no desvelo.

   De todas maneras, creo conveniente mencionar este libro en el blog.


viernes, 11 de mayo de 2018

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (21)


Asistimos a una nueva primavera florida de novelas sobre la guerra de Marruecos. Los hechos del pasado siglo son una fuente inagotable de relatos. Los autores tratan de buscar una novedad, de contar la historia con elementos originales para que las novelas no sean todas parecidas: el relato circunstanciado de la rota de la Comandancia de Melilla y la huida, captura y martirio de las tropas españolas. He aquí algunas novedades relativas al ciclo de Annual.

IGLESIA, Juan Antonio de la: La daga de las lágrimas (De Librum Tremens. Madrid 2015. 467 páginas).
   El militar retirado Juan Antonio de la Iglesia coloca la derrota española en 1921 dentro de una novela de argumentos cosidos, entre lo histórico y la leyenda, entre el siglo XX y el Califato de Córdoba. Aunque la parte marroquí no es la más importante de la novela, juega su papel en la historia.


GÓMEZ GUTIÉRREZ, Juan Luis: En el cieno de la tierra (Círculo Rojo. 2017. 688 páginas + 1 hoja).
   La voluminosa novela de Juan Luis Gómez Gutiérrez cuenta la tragedia de Annual desde el punto de vista de uno de los soldados anónimos que la sufrieron pero siendo fiel a los hechos históricos.


VELASCO, Mariano: Morir en Marruecos. La Mancha-Annual, 1909-1923 (Autor. s.l.  s.a. 205 páginas. Portada de Miguel Lizcano).
   La novela de Mariano Velasco sobre Annual empieza en la guerra de 1859-60. Más que una novela histórica, es un repaso a la historia con episodios de novela en la que un soldado manchego sirve para exponer la tragedia.


CAPARRÓS MADUEÑO, José Miguel: Más allá del honor y el valor (Autor. s.l. s.a. 302 páginas).
   En la misma línea de las tres anteriores, la novela de Caparrós es la historia de un humilde  soldado española que se ve envuelto en los acontecimientos trágicos. Siguiendo los episodios cronológicamente, y con un sentido crítico hacia los errores del mando, el lector vuelve a recorrer los escenarios sangrientos desde Annual a Melilla.








viernes, 27 de abril de 2018

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (6): NEIMA, LA SULTANA DE ALCAZARQUIVIR de JOSÉ MARÍA LÓPEZ


LÓPEZ, José María: Neima, la sultana de Alcazarquivir (Editorial Marineda. Madrid 1935. 356 páginas + 1 hoja).
   El padre López Queizán fue un franciscano que llegó a la misión de Tánger y realizó una meritoria labor bibliográfica, con  publicaciones pedagógica como El maestro en la vida social o Educación completa del niño. Algunas sobre las misiones como la Memoria del Vicariato Apostólico (1935) o el Catálogo bibliográfico y el Catálogo de la Exposición de la Misión, todos publicados en Tánger. O su obra más extensa: El padre Lerchundi. Biografía documentada (Madrid 1927). Otras: Las misiones franciscanas en Marruecos (1931) La Asociación de Damas de la Caridad de Tánger (1935), La obra misionera en Marruecos (1945), La Orden franciscana en la asistencia  a cristianos cautivos en Marruecos (1945) y otras.

   En 1935 apareció la novela Neima, la sultana de Alcazarquivir, un relato larguísimo de poca estructura novelesca y lleno de exotismos y figuraciones. Es, como otras muchas novelas de la época, una historia de amores irreales, incomprensibles y absurdos. El capitán Olivares se enamora de una mujer marroquí a la que solo ha visto una vez, de la que no entiende el idioma y de la que desconoce todo menos la forma de su cara. Como ambos son ejemplos de bondad y sencillez, la historia acaba en boda. Con la premisa, propia de un fraile, de la conversión de la mujer al catolicismo.


   Uno de los lugares comunes del exotismo son los amores interraciales. En la novela de colonos y turistas ocasionales, abundan las historias en las que la mujer mora acaba rendida a los encantos del mozo español, normalmente militar. En realidad era enmascarar uno de los atractivos de las colonias para los colonos, el sexo fácil basado en el dinero o en la prevalencia del colono. Los españoles de aquellos años estaban acostumbrados a las prostitutas antes de contraer matrimonio con mujeres honestas, virtuosas, que llegaban vírgenes al altar. Marruecos suponía un desahogo para sus deseos. Cuando los franceses quisieron imponer en Argelia un Código Civil que comprendiera también familia y sucesiones, fracasaron. Entre otras cosas, porque los argelinos no estaban dispuestos a renunciar a la poligamia. Y les achacaban a los franceses que tuvieran la mujer legítima en Francia o en Argel y convivieran con una argelina en la posición o la ciudad de guarnición. Mentiras e hipocresías.

   Lo que hace el padre López es derivar el erotismo magrebí tan del agrado del militar europeo hacia la moral católica. Lo que normalmente era una aventura sin más consecuencias, lo convierte en un amor cristiano, una llamada a la religión cristiana y una boda canónica en toda regla. Usando el amor humano para aludir la prohibición de apostolado que tenían los misioneros católicos en el Magreb musulmán.

   La historia es absurda, incomprensible y poco atractiva desde el punto de vista literario. Excesiva en capítulos y carente de observaciones sociales que contrarresten la rancia moral de otra época.