martes, 25 de abril de 2017

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (9): ANNOBÓN de LUIS LEANTE

LEANTE, Luis: Annobón. (Harper Collins. Madrid 2017. 301 páginas).
   Luis Leante es un escritor original (cuya página web puede consultarse en https://www.luisleante.com/), autor de varias novelas, que ya se había acercado al África española en su obra Mira si yo te querré con la que ganó el premio Alfaguara y que merece un comentario más adelante. Ahora vierte su talento en Annbón, la isla más remota de los territorios guineanos. Aprovecha para ello uno de los crímenes más extraños de la historia de la colonia. Y construye un relato entretenido y con una eficaz mezcla de ficción y realidad en la que lo inventado parece histórico y viceversa.

   En la Guinea española se sucedieron muertes extrañas, todas ellas susceptibles de novelarse. La del comisario regio Pedro Jover y Tovar en 1900, la del gobernador Sostoa que es causa de la novela de Leante, la de Ësáasi Eweera (Sas Ebuera), la de Acacio Mañe o la de Atanasio Ndongo. Un filón, en fin, para novelistas que buscan argumentos.
Annobón en la época de la novela
   El gobernador Gustavo de Sostoa Sthamer, diplomático, fue uno de los pocos civiles que ejercieron el cargo en Guinea. Lo nombró la República con el fin de “desmilitarizar” la administración colonial. En su segundo viaje a Annobón fue asesinado por un sargento de la Guardia Civil llamado Restituto Castilla,  que ejercía el cargo de delegado gubernamental. Uno de los cinco españoles que habitaban el lugar, los otros eran un practicante y tres misioneros. Es un episodio desconocido, salvo por los muy interesados en la historia de Guinea en época española. Sostoa aparece, ridiculizado, en la novela de Eladio Antonio Rebollo Estupendos misterios de la Guinea casi española. La versión oficial es que el sargento perdió la cabeza y que dominaba “su territorio” como un déspota sin controles. Posiblemente, por las circunstancias del caso, algo de eso debía haber en el fondo del delito porque la acción no estaba proporcionada a ninguna humillación. Pero hay autores como Gustavo Nerín que nos presenta los hechos con ciertos aires de cambio social: https://es.scribd.com/doc/295479248/Restituto-Castilla.
Sostoa. Dibujo de Blanco y Negro de 1932
   Leante aprovecha los hechos para construir una novela bien  escrita y bien trazada, pero en la que el episodio colonial es solo una excusa y las escenas en Annobón una mínima parte. Lo demás es una triste historia de destinos cruzados y puntos de vista.


Annobón

viernes, 7 de abril de 2017

MARRUECOS EN LA NOVELA LEGIONARIA (4): LA LEGIÓN DESNUDA de ANTONIO MACIÁ SERRANO.

MACIÁ SERRANO, Antonio: La Legión desnuda (Luis de Caralt editor. Barcelona 1955. 320 páginas + 1 hoja; Vassallo de Mumbert editor. Madrid 1981. 339 páginas; Librería Hispania. Málaga 2011. 314 páginas).

   Antonio Maciá Serrano nació en Elche en 1910. Murió en 1985. Fue un militar de Infantería, combatió en la Guerra Civil y desde capitán estuvo ligado a La Legión aunque también pasó por otros destinos. En 1970 ascendió a general subinspector de La Legión. Fue un hombre aficionado a la escritura, autor de muchos artículos y de novelas como Las novelas de la Calahorra (1946) o Sombra en las manos (1968). Su pasión legionaria se reflejó, entre otros escritos, en un libro de poesía Romancero legionario (1940) y, sobre todo, en la novela La Legión desnuda (1955).

   La legión desnuda es una novela peculiar que ha sobrevivido (no hay más que ver las ediciones que lleva) más que por sus cualidades literarias por expresar como ninguna otra el espíritu legionario. Y lo hace de manera que le gusta al que lo ha sentido o es un apasionado de este cuerpo. La novela se publicó en 1955 pero narra los acontecimientos primeros de este cuerpo en 1921, hasta la pacificación en 1927. En la primera parte, encontramos los hechos desarrollados en Dar Riffien y en los aledaños de Xauen y Tazarut. Cuando iban a entrar en este lugar, sede de la pequeña corte de El Raisuni, acontece el desastre de Annual y dos de las tres banderas legionarias emprenden una marcha de cien kilómetros en dos días para llegar a Ceuta y embarcar a Melilla.

   Maciá alude al combate y la manera de emprenderlo el Tercio: Desde que se crea la Legión y combate, cada sierra, arroyo o poblado se une íntimamente a la fibra legionaria; todo es a sangre y a fuego… España renace en África sencillamente porque antes del Tercio lo de Marruecos era “empresa”, compromiso; la Legión le dio color de gesta, lo cambió en una auténtica aventura de poesía que sangraba (página 135 de la 1ª edición). Pero es también una novela de legionarios y de ambiente de cuartel. El autor pretende mostrar el material humano de los Tercios. Los hombres que llegaban sin que nadie les pidiera documentación, que trataban de olvidar o de redimirse, que combatían fieramente hasta la muerte, que hacían del compañerismo una misión y volvían como hombres nuevos. Es un canto a las virtudes castrenses y al espíritu de lucha, al valor humano de lo militar. Con este propósito, es lógico que no se encuentren los aspectos más sanguinarios o escabrosos de La Legión; ni la crueldad con el enemigo ni el abuso con el amigo.

   En la segunda parte, la novela es más bélica aún.  El autor, que no vivió los hechos pero conoció testigos de los mismos, narra las primeras acciones heroicas de los legionarios: Casabona, el blocao de la muerte, la reconquista de Nador… En esta parte la novela es muy realista y posiblemente su éxito se deba a la fidelidad de la narración a lo acontecido, a la manera de luchar de esos primeros días. Dice: Así fue lo de Casabona. Más sal que táctica, menos sustancia que arrojo. Un combate rudo y empeñado de diez horas, en que la Legión se supo sacrificar, para que en tanto se realizaran las órdenes del mando (página 150). O: La Legión ya era un estilo (página 171).

   Asegurado el perímetro de Melilla, las banderas vuelven a la zona de Ceuta. El combate es lo primordial. El credo legionario se practica en cada acción y el libro se convierte en un canto al heroísmo militar, al espíritu legionario y al desprendimiento, incluso de la vida. La muerte, novia, amiga y compañera, hacía suyos a los legionarios. No se arredraron por ello y su signo los hizo más bravos (página 208). Estas páginas hay que situarlas en 1921 y en unos episodios de lucha a muerte, de combate continuo y de supervivencia. Y hay que situarlas, si se quieren comprender bien, en el ideario de unos regimientos de choque que estaban siempre en primera línea y que sufrían más bajas que otros. Fuerzas de voluntarios. El autor es un convencido de los valores legionarios que convierten a hombres sin destino en auténticos héroes, en sacrificados peones de la sociedad. Por esto, la novela sigue siendo una novela de culto para los que comparten estos ideales y en un ejemplo de un tipo de literatura militar, de campaña y cuartel, que no abunda en España.

   Es una novela cruda en los episodios sangrientos. Curiosamente, con muy pocas referencias al enemigo. Y sin ahorro en heridos y muertos.
   En la tercera parte, una vez alcanzados los últimos reductos de la resistencia rifeña, la novela se vuelve más melodramática y cae en la tentación del amor casi imposible.




viernes, 31 de marzo de 2017

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (14): ONCE OFICIALES EN TORNO A UNA MESA de VICENTE MARTORELL y EL HILO PÚRPURA de RAFAEL GIL MATÍES

MARTORELL OTZET, Vicente: Once oficiales en torno a una mesa (Ediciones Jover. Barcelona 1965. 149 páginas + 1 hoja).
GIL MATÍES, Rafael: El hilo púrpura (S.e. Imprenta Soler. Palma de Mallorca 1968. 342 páginas + 1 hoja; Ediciones Cort. Palma de Mallorca 1972. 337 páginas).
   Vicente Martorell fue un ingeniero militar catalán, hijo de otro ingeniero militar –Vicente Martorell Portas- , parte de cuya vida se desarrolló en el Protectorado. Fue autor de algunos artículos sobre obras públicas y urbanismo en Guinea y Marruecos. Pasó después a Barcelona y allí ejerció de presidente de la comisión de urbanismo. Junto a su padre fue autor del proyecto del cuartel del Bruch y autor de una historia del urbanismo en esa ciudad. Su actividad novelística empieza al final de su vida con Once oficiales en torno a una mesa (1965) y con su precuela: Once cadetes de Guadalajara (1968) en la que narraba las peripecias de los cadetes de la Academia de Ingenieros.

Cuartel del Bruch. Barcelona

   Once oficiales en torno a una mesa discurre en Marruecos en el verano de 1923, en Ifaran, y está basada en las vivencias personales del autor. Las páginas, a veces en contradicción, nos hablan de 1924. Es una novela de difícil calificación puesto que no es más que un puñado de anécdotas cuarteleras y otras de campaña contadas por los protagonistas, los once oficiales del título. La relación con la guerra de reconquista del territorio tras el Desastre de Annual, también es escasa. Pero se dan algunas noticias de la vida en una posición y del efecto de la artillería. Sin más pretensiones que loar la vida militar.



   Otra novela que trata parcialmente los acontecimientos de Annual, cronológicamente muy próxima a la anterior, es El hilo púrpura del escritor castellonense Rafael Gil Matíes. La novela forma parte de una trilogía en la que el autor dedicó a Castellón en los siglos XIX y XX. Las otras dos son Compartir el sudor (1970) y Un bastón de mariscal (1971). También es una novela que hace referencia a Marruecos solo parcialmente. Es la narración de la vida de un cabo del Regimiento Tetuán 45, de guarnición en Castellón, que tiene que acudir a Melilla tras el derrumbamiento de su Comandancia para sostener el territorio de la ciudad y comenzar la reconquista. Hay más de Melilla que de Marruecos, aunque relacionado. El autor no profundiza mucho en los hechos que conoce de referencias. Pero trata de plasmar el ambiente militar: Podréis reconquistar muchas cosas, pero hay una que no creo que consigáis haceros con ella: la vergüenza del hundimiento de la Comandancia de Melilla (página 66 de la 2ª edición). Y la situación anímica de los pobres soldados de quinta que, sin preparación ni ánimo, se vieron en primera línea de fuego. Lucas, el protagonista, se ve defendiendo la posición de Tizza. La defensa heroica y las penalidades de los sitiados es uno de los temas cásicos del argumentario novelístico colonial. Gil Matíes no profundiza mucho en el asunto, es muy descriptivo. La novela es muy larga y tiene que pasar por los hechos con cierta rapidez para dar la visión general de la vida del protagonista. Es la historia sencilla de una persona normal. No quiere el autor hacer un relato excesivamente descarnado de la situación, ni crear una novela política. Tampoco es un canto patriótico. Es una aportación más a lo que pasó, que se puede considerar desde muchos puntos de vista.

viernes, 24 de marzo de 2017

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (3): ZORAIDA de ANTONIO VERA SALAS.

VERA SALAS, Antonio: Zoraida (Novela mogrebina). La ciudad de las mil fuentes (Poema hispano-mogrebino) (Imprenta de Mario Anguiano. Madrid 1916. 146 + 49 páginas).

   Antonio Vera Salas fue un militar español de Infantería que tuvo destinos en Marruecos y Argelia, lo que le hizo conocer el país y sus habitantes. Hombre de inquietud intelectual y aficionado a escribir, es autor de varios artículos sobre el territorio marroquí publicados en la revista Memorial de Infantería, entre 1900 y 1919. Y de dos libros: Porvenir de España en Marruecos (1916) –que es una colección de carta sobre la guerra y la política colonial que se estaba practicando entonces-, y El Rif oriental (1918), que lo sitúan entre los militares africanistas ilustrados. Además, publicó dos obras de teatro Famma –ambientada en la guerra de 1911 en los alrededores de Melilla-  y El deber (estrenadas en el teatro Cervantes de Jaén en 1913), y dos relatos reunidos en un solo libro del que nos ocupamos ahora. Murió en campaña, en Kudia Rauda el 19 de junio de 1919, cuando era comandante y se luchaba contra El Raisuni cerca del Fondak de Ain Yedida. Su cadáver fue recuperado en 1922, cuando se reconquistó la posición.

   Vera trata de dar la imagen misteriosa de Marruecos que correspondía a lo que los españoles esperaban. País cerrado, cuna de leyendas sangrientas y de amores exaltados. Casi siempre detrás del gusto exotista hay una mentalidad colonial. Recrearse en describir sociedades desordenadas, violentas, injustas y, en paralelo, ofrecer el orden y la organización de un país europeo es una misma visión de las relaciones internacionales.


   Quizás hace cien años, cuando se publicó esta novela, fuera un libro novedoso y atractivo. De Marruecos se conocía poco y el exotismo modernista estaba en auge. Hoy nos puede parecer un libro poco original y con esa prosa recargada con la que los autores españoles describían los ambientes árabes: La noche reina. Las estrellas duermen en cielos impenetrables; la luna, aun vaga en otras regiones del éter; la negación de la luz es completa (página77). Otro ejemplo: La zambra seguía báquica; la alegría musulmana es como sus penas, odios y amores; grande, fuerte, intensa, salvaje y como sus ciclópeas montañas, desquiciada como sus cavernas y abismos, atrevida como las aristas de los cantiles de sus rifeas peñas, que entre brumas rompen los cielos; una zambra musulmana no tiene comparación con la bacanal parisién ni con la juerga andaluza, va más allá, mucho más lejos, y como todo pecado, los tules de su hipócrita ejecución son más tupidos que los más espesos que forje el engañador europeo (página 105). Y una intención de acentuar el misterio de oriente como una característica del país y, por ende, de este tipo de literatura. Ya sabemos el derrotero que siguen estas novelas: Raptos, musulmanes que tratan mal a sus mujeres y amores interraciales en los que el europeo redime a la bella musulmana. Y los consabidos tópicos antisemitas: … algunos hebreos, ora con negro fez, ora con el femenil y vejatorio pañuelo en sus cabezas, procuraban engañar y adueñarse del dinero, única patria que Dios les dejara… (página 84).
Tapiró. Belleza tangerina. Dahesh Museum of Art, Nueva York

   A día de hoy, los artículos y ensayos de este autor parecen más interesantes que su ficción, aunque ésta se encuadre en una mentalidad y gusto muy característico de la época en que se escribió.

jueves, 16 de marzo de 2017

NOVELAS DE SIDI-IFNI (3): COFRE NEGRO de JUAN BOTELLA.

BOTELLA, Juan: Cofre negro. Santa Cruz de la Mar Pequeña e Ifni de los siglos XV al XX (Editorial Y. Madrid 2016. 441 páginas).
   Juan Botella se propuso, al escribir esta novela, una empresa dificultosa y dura. Novelas la historia de los españoles en Ifni desde finales del siglo XV a finales del XX es algo que echaría para atrás a muchos, pero este autor ha tenido valentía. Pero no se trata de una novela puramente histórica, sino una fantasía sobre el pasado con algunos (pocos) hechos reales. Y fruto de ello es Cofre negro, una novela ambiciosa que publica la editorial Y en la que se ve la mano del catedrático de Historia Contemporánea de Cantabria Germán Rueda.

  La novela se divide en tres partes. La primera se sitúa en Canarias y la costa opuesta de África a finales del siglo XV. Los adelantados de Castilla han decidido establecer una fortaleza en el continente que llaman Santa Cruz de Mar Pequeña. Tanto Diego de Herrera como Alonso de Lugo invierten en la empresa. La fidelidad histórica es solo parcial. El autor incluye algunos anacronismos como hablar de la ciudad de Smara (que fue fundada en 1898) o bautizar a un barco portugués con el nombre de Virgen de Fátima (que no apareció hasta los primeros años del siglo XX). Deja correr la fantasía para que el hijo adoptivo de Herrera se case con una princesa “mora” e incurra en fantasías novelescas aunque un tanto inverosímiles. El autor sitúa la fortaleza en Puerto Cansado, como ya lo hiciera Rumeu de Armas, y no en Sidi Ifni (porque esto es muy improbable). Y señala que su construcción se hizo en connivencia con el sultán de Bir Taoulekt, lo que puede resultar factible. Lo demás es novela.


   La segunda parte, con la torre ya construida, se dedica a la vida en la fortaleza. El autor fantasea sobre las cabalgadas de los castellanos destacados contra las caravanas de los árabes. Sigue con evocaciones imaginativas, anacronismos e imaginación. Y termina con la destrucción de la construcción militar para siempre.


   La tercera parte es más suelta de escritura y menos extensa. Después de que Capaz ocupe Ifni en 1934, el gobierno de Lerroux manda una expedición científica a examinar el territorio, al frente va el profesor Hernández Pacheco. Conocen que Sidi Ifni no es el lugar donde se edificó Santa Cruz de Mar Pequeña, pero la diplomacia ha obligado a aceptar esta ubicación señalada por Fernández Duro. Botella aprovecha esta expedición para desviar algunos personajes arqueólogos a Puerto Cansado y descubrir la torre tal y como fue dejada y el cofre enterrado.

jueves, 9 de marzo de 2017

NOVELAS DE LA GUERRA DE ÁFRICA DE 1859-60 (2): AITA TETTAUEN y CARLOS VI EN LA RÁPITA de BENITO PÉREZ GALDÓS.

PÉREZ GALDÓS, Benito: - Aita Tettauen (1ª edición: Imprenta de la viuda e hijos de Tello. Madrid 1905. 335 páginas).
-    Carlos VI en La Rápita (1ª edición: Imprenta de la viuda e hijos de Tello. Madrid 1905. 303 páginas).

   Cuando Galdós publicó Aita Tettauen ya habían pasado cuarenta y cinco años desde la paz de Wad Ras que puso fin a la Guerra de África. Tenía la suficiente perspectiva histórica como para distanciarse de la pasión momentánea de los hechos. Además, se habían vivido los trágicos episodios del 98 y el fin del Imperio español. La Restauración empezaba a hacer crisis y la situación española pasaba por momentos de pesimismo nacional. La empresa que el escritor había concebido con los Episodios Nacionales tampoco pasaba por su mejor momento; la tercera serie había sido más floja, aunque todavía gozara del favor de los lectores. Con esta novela comienza la cuarta serie y alcanza una calidad literaria comparable a la primera. Galdós concibe su obra desde un patriotismo que nada tiene que ver con el rancio patriotismo casi deportivo, aunque sangriento, de guerras y enfrentamientos con otras naciones (que, por cierto, solo se sustenta cuando se gana), sino que opta por un concepto de patria basado en la justicia, la igualdad y el respeto que va dejando caer en las páginas de sus libros. Por ejemplo en éste cuando escribe: La civilización consiste en ser buenos, humanos y tolerantes, en hacer buenas leyes y cumplirlas… (pp 35-36, siempre de la 1ª edición).





   A Galdós no se le escapaba que la guerra tenía varias motivaciones. La respuesta a agresiones sucesivas de las kabilas fronterizas, exagerada y desmedida. Un intento de recobrar importancia en Europa, donde ya se debatía el futuro de África. Y un intento claro de superar las heridas de la Guerra Carlista. Por eso, el presidente del Consejo en persona  que era el general O’Donnell se puso al mando del ejército expedicionario, en una maniobra tan política como militar. Don Benito escribe: …se acredita con esta guerra de político muy ladino, de los de vista larga, pues levantando al país para la guerra y encendiendo el patriotismo, consigue que todos los españoles, sin faltar uno, piensen una misma cosa, y sientan lo mismo, como si un solo corazón existiera para tantos pechos y con una sola idea se alumbraran todos los caletres (pp. 31-32). Y, más adelante: Fueron los españoles a la guerra, porque necesitaban gallear un poquito ante Europa, y dar al sentimiento público, en el interior, un alimento sano y reconstituyente. Demostró el general O’Donnell gran sagacidad política, inventando aquel ingenioso saneamiento de la psicología española. Imitador de napoleón III, buscaba en la gloria militar un medio de integración de la nacionalidad, un dogmatismo patrio que disciplinara las almas y las hiciera más dóciles a la acción política. (p. 45).
La batalla de tetuán. Óleo de Dionisio Fierros Álvarez
   El autor prepara la historia mediante unos episodios de una familia normal del Madrid de entonces. En las conversaciones domésticas se va plasmando el ambiente de los españoles ante la situación, es la técnica habitual de los Episodios. El entusiasmo desbordado que realmente se vivió en esos días. Pero Galdós quiere contraponer esta postura, que personaliza en su personaje Halconero, con la visión de un español amoriscado que vivía en el país del sur –Ansúrez- y que sostenía que entre españoles y moros no había diferencias. El primero, más representativo de lo que sentía la mayoría, queda calificado: No podía someterse el buen señor a este criterio, porque las glorias de su patria le importaban más que la vida, y prefería morir de un reventón de gusto, a vivir en la indiferencia de estas glorias ahora refrescadas (página 14). El tercer personaje del comienzo es Juanito Santiuste, que marcha con la imprenta del Ejército a África. A pesar de las apariencias no es Pedro Antonio de Alarcón, en cuya obra bebió Galdós para ilustrarse. El granadino aparece mencionado en la novela, incluso en conversaciones con Santiuste. El personaje Santiuste se dirige al personaje Alarcón en estos términos: Verdad que encuentras el lenguaje muy acomodado a la expresión épica del velos castellano, y al impío desprecio con que se mira a los pobres moros. Nuestra lengua es una hoja bien afilada para cortar cabezas y un instrumento sonoro y retumbante para dar al viento las fatuidades y jactancias históricas… Pero tú has descubierto y has empleado antes que ningún escritor el arte de suavizar ese instrumento, tocándolo con gracia inaudita. Tu sabes quitar a los sonidos épicos su vana hinchazón, dándoles una elegancia incomparable, haciéndolos simpáticos a nuestros oídos y acomodándolos a los nuevos modos del lenguaje (página 111). Es Juanito el pacifista, el hombre que no entiende la guerra, el que tiene un hermano que vive en Marruecos como un moro más; el personaje que contrasta con las ilusiones patrióticas exaltadas. El que se interna en el territorio enemigo disfrazado para comprender lo que ocurre allí.
Benito Pérez Galdós. Óleo de Sorolla
   En la página 69 la novela llega a África, lo que el autor aprovecha para afilar su sentido crítico y examinar –bien es verdad que a toro pasado- los hechos con su carga de errores. Tenía Galdós la sospecha de que la guerra no respondía a una agresión importante sino que fue la excusa para la política de los gobernantes de entonces. Con éxito, eso sí, dada la explosión entusiástica de patriotismo elemental y sentido de superioridad racial y religioso. Santiuste, escéptico, lo expresaba ante un personaje eclesiástico: ¿Cree usted, amigo don Toribio, que existe el llamado Dios de las batallas? ¿Cree usted en esa confusión del Marte pagano con nuestro Cristo Redentor, que jamás cogió una espada? ¿Qué piensa usted de la Virgen, como dispensadora del triunfo en las guerras, al modo de aquellas diosas que tomaban partido por los griegos o por los troyanos? ¿Al Apóstol Santiago lo tiene usted por verdadero general de los españoles y matador de moros? ¿Dónde está el texto de Cristo en que dijera a sus discípulos: montad a caballo y cortadme cabezas de los hijos de Agar? (página 86). Pero la novela se hace más bélica. Sin perder de vista las opiniones de los personajes, Galdós narra  los episodios cruciales de la guerra desde el hecho llamado del boquete de Anyera y la batalla de Castillejos.

   En la Tercera Parte, cuando los españoles ha llegado a la vega del río Martín cerca de Tetuán, aparece otro de los personajes importantes de la novela: El Nasiry. Es el cronista, el escritor que –de la misma manera que Alarcón- va narrando los episodios que se suceden en el campo de batalla, pero con la visión marroquí. Otro elemento de contraste que Galdós impone al lector para que no caiga en una simple novela bélica. El autor, fiel a su manera de narrar, enriquece el relato principal con argumentos paralelos. Santiuste, disfrazado de moro, aprovecha su estancia clandestina en Tetuán para visitar a la comunidad sefardita. El tema judío es un clásico en la literatura sobre Marruecos, especialmente en las novelas que se refieren a este periodo histórico. A los autores españoles les interesaba el modo de vida de estas gentes que conservaban un idioma español arcaico y cuya fidelidad a los españoles que llegaban con O’Donnell era motivo de suspicacia. Su vida en las mellahs de Marruecos, las relaciones con los marroquíes y esa línea confusa entre la exclusión y la prosperidad (de algunos) en los negocios. Este atractivo asunto novelesco no lo deja escapar Galdós, aunque para el lector actual las noticias etnográficas son las que tienen menos interés.

   Galdós se había hecho traducir un capítulo de la obra de Ahmen ben Jaled en-Nasiri es-Selaui, publicada en El Cairo en 1895. Posiblemente lo hizo Rinaldi, el hijo de Aníbal Rinaldi que fue el intérprete de O’Donnell (personaje principal de las negociaciones y que aparece en las obras de Alarcón, del que fue amigo y compañero de redacción de El Eco de Tetuán, y del propio Galdós). Es su fuente principal para cambiar de narrador, para ofrecer el punto de vista marroquí. En este libro están los relatos aprovechados por Galdós para configurar su personaje moro y algunos judíos. Un capítulo fue publicado en Madrid en 1917 gracias a la traducción de Clemente Cerdeira.
   La cuarta parte del Episodio es la más amarga porque vemos a un autor escéptico y desilusionado. Más poético, evoca profecías. Santiuste aparece como el pacificador que no tuvo éxito: sus palabras no interesaban. Pero tuvo éxito en el amor y raptó a una judía. Se le abría la posibilidad de volver a España como poeta fracasado o quedarse en Marruecos como renegado. El Nasiry –que hacía suya la ironía del autor- le alababa las ventajas del país: ensalzó el beneficio grande que resulta de existir allí muy pocas leyes, simplificación legislativa que compensaba el bárbaro despotismo del Sultán (p. 326). Ninguno de los dos porvenires era halagüeño, como la historia de la guerra de España en África.



   En Carlos VI en La Rápita, el comienzo es todavía más escéptico sobre el valor de la guerra y sus frutos. Santiuste, que ha llegado a una fusión de las tres religiones, ha perdido su capacidad para elegir bando y para ver las bondades de una sola opción. Se ha convertido en Confusio (con s). Los españoles han conquistado Tetuán y Confusio reflexiona sobre el acto de cambiar de nombre a las calles españolizándolas: Bautizando calles, nada conseguiréis. En las poblaciones marroquíes no habría calles si no fuera indispensable un poco de suelo común para ir de un edificio a otro. Dejaos de callejear, y buscad la vía por donde penetrar en los corazones (página 9). Pero no eran en los corazones donde se pretendía penetrar sino en el país y su dominio. En este segunda novela, Galdós empieza más intimista en torno a los amores judíos del desgraciado Santiuste, su enmascaramiento moruno, y continúa por un camino novedoso al tratar de expresar el punto de vista del marroquí, su situación ante la derrota, la explicación que dan a los hechos y las penurias que les acarreó la guerra. No se había llegado a la paz: los españoles luchaban en los alrededores del Fondak en el camino de Tánger. Santiuste es una confusión, una mezcla: No te olvides, Juan, que tus amigos españoles te llaman Confusio, con lo que indican que está en tu naturaleza confundir las cosas, sin que sepas remediarlo… Puede suceder que un día te levantes con los sentidos trastornados, y sin darte cuenta confundas lo cristiano con lo moro…, y recaigas en la gran confusión española, que es respetar lo ajeno si se trata de dinero o alhajas, y no respetarlo si se llama mujer (página 83). La confusión que se produce cuando se encuentran dos mentalidades sociales. Un Galdós distante de las verdaderas motivaciones políticas, de la guerra como solución y de las consecuencias.
Iglesia de San Joaquín en Iloilo (Filipinas). En el frontón hay un relieve con la batalla de Tetuán.


viernes, 10 de febrero de 2017

LAS NOVELAS DE MELILLA (4): ULAD MLILIA y AIT AIXA de JUAN ANTONIO MIRANDA.

MIRANDA, Juan Antonio: Ulad Mlilia (Ciudad Autónoma de Melilla. Málaga 1998. 318 páginas; Autoedición-Amazón. 356 páginas)).
-                   Ait Aixa (Autoedición- Amazón. 2015. 430 páginas)


   Miranda concibe las dos novelas como una sola empresa narrativa que encuadra en el título genérico de Bajo la sombra del Gurugú. Ulad Mlilia narra las aventuras y desventuras de un liberal español en la época de Fernando VII. Con mala fortuna, sus andanzas políticas acaban en el presido de Melilla en 1830 y la novela tiene que discurrir por la pequeña plaza fuerte que anhela ser ciudad.

   Los condenados llegan a Melilla y son alojados en el presidio. Las escenas de penados recuerdan vagamente a Tomás Salvador y, con seguridad porque el autor lo reconoce en la bibliografía, a los datos tomados del libro de Laguna Azorín El presidio de Melilla visto por dentro (Valencia 1907). La vida en presidio era sórdida y dolorosa, no se puede esperar otra cosa de las narraciones que lo ponen de manifiesto. El protagonista principal, don Indalecio Páez, tiene que sufrir al llegar los combates contra los moros fronterizos. Su preparación le facilita pasar a servicio de un capitán y con esto se integra más en la vida de la ciudad africana más allá de la estrecha existencia de los presidiarios. Y es en este punto donde el autor, mediada la novela, comienza a dar noticias de Melilla en el siglo XIX. Don Indalecio es el conductor del lector en un fresco de la Melilla de mediados del siglo XIX. Cuando los condenados por motivos políticos son indultados, el protagonista no puede aprovecharse de la medida de gracia y se queda en la ciudad africana hasta que escapa al moro y se convierte en un renegado para salvar el pellejo y la libertad. Es escenario cambia, pero no el ambiente porque la relación entre Melilla y las kabilas fronterizas es la propia historia de la ciudad. La novela acaba en 1862 cuando los límites exteriores de Melilla se ensanchan como consecuencia de lo pactado en el Tratado de Wad Ras.

   Miranda tiene un estilo poco habitual en la literatura actual. Muy parsimonioso en la redacción, con gusto por el lenguaje a costa de la acción. Describe prolijamente los detalles de las cosas y las personas. Pero es descuidado en situar cronológicamente los hechos para que el lector se ubique en el tiempo.

   Ait Aixa comienza en el siglo XX. La Conferencia de Algeciras ha abierto la puerta a la explotación minera de Marruecos por extranjeros. Melilla va a vivir una expansión por la actividad industrial, comercial y militar. Pero la zona marroquí próxima a la ciudad española vive momentos alterados con el dominio de El Rogui Bu Hamara que, desde su corte de opereta en la alcazaba de Zeluán, mantiene el dominio sobre las kabilas fronterizas y se permite el gesto soberano de conceder las explotaciones mineras a las empresas españolas y francesas que anhelan el hierro de Uixan en Beni Bu Ifrur. Es extraño que un  personaje tan novelesco tenga tan poca literatura. Miranda trata de atender esta carencia en la primera parte de su segunda novela melillense. Ahora son los hijos y nietos de don Indalecio Páez los que protagonizan las historias del libro. Miranda ha ganado en fluidez narrativa y en frescura. La caída de Bu Hamara propiciará, pasado el tiempo, el ascenso de Abd el Krim –un viejo conocido de la ciudad- y la guerra del Rif. La novela es rápida y está llena de episodios que muestran lo que pudo haber sido la vida melillense a comienzos del XX hasta 1925 tras el desembarco de Alhucemas.
   Lo bueno que tienen estas dos novelas es que el autor, con amenidad y sentido del humor, da una entretenida visión de lo que fue la ciudad de Melilla, su crecimiento, su profunda relación con las campañas militares y la gran incomprensión entre fronterizos. La guerra provocaba más víctimas entre los más débiles y las personas que, por su condición económica sin importar la nacionalidad, estaban más próximas en situación en la vida se convertían en enemigos encarnizados. Por  motivos ajenos a su existencia, que iban desde los intereses mineros a los geopolíticos, el sueño de una convivencia pacífica acababa en guerra y destrucción.


jueves, 26 de enero de 2017

LAS NOVELAS DE MALABO (3). LA LITERATURA DE LOS BUBIS (2): LA ÚLTIMA CACICA y EL VALLE DE LOS BUBIS de MARÍA PAZ DÍAZ.

DÍAZ, María Paz: La última cacica (Editorial Fundamentos. Madrid 1990. 253 páginas).
-         El valle de los bubis (Huerga y Fierro editores. Madrid 1998. 140 páginas + 2 hojas).
   Díaz es una escritora sevillana nacida en 1930 que pasó su niñez y adolescencia en Guinea. Publicó su primera novela en 1975 Ultimátum a Sevilla, a la que siguieron otras como Adiós a Sevilla en 1985 y Amor en Florencia en 2002. Su paso por Guinea le dejó el sustrato emocional suficiente como para escribir dos novelas de ambientación colonial: La última cacica y El valle de los bubis.

   La última cacica (1990) es una novela de emociones familiares una historia de parientes en el Condado, entre Sevilla y Huelva, un pueblo que la autora llama Remuñana y que puede ser Bollullos Par del Condado. Una familia de caciques, propietarios, ricos en la Andalucía de siempre. Y la herencia de una de las tías solteronas entre las que se halla un cuaderno que la protagonista comienza a leer y que constituye el grueso de la historia. La vieja tía no fue una solterona irredenta sino una mujer que guardó siempre el recuerdo de un amor juvenil que no pudo superar con otro. No sé hasta dónde la historia que cuenta Díaz tiene que ver con su propia familia, pero lo narra con la naturalidad de lo conocido de sobra, con amenidad y soltura. Se acerca a la vida colonial con ojos de niña, con recuerdos de colegio, con la inconsciencia de la edad sin saber muy bien qué era una colonia y porqué vivían allí los españoles. La niña que veía escenas que no se daban en España, personas distintas y relaciones ajenas a la costumbre de los españoles. Y su despertar al mundo adulto al comprender algunos sucesos de la Guerra Civil al tiempo que nacía el conocimiento del hombre. Todo compuesto con nostálgica ternura, el final de dos modos de vida de antes. La vida de algunas familias andaluzas en contrapunto con el final de una etapa colonial en una novela amena.


   María Paz Díaz publicó su segunda novela de ambiente guineano en 1998: El valle de los bubis. Es un libro arriesgado, valiente y difícil. Se atreve con una historia antropológica y escribe sobre la vida de los bubis en los últimos años de la colonización. A pesar de parecer una historia íntima, la vida de la mujer y madre, quiere recrear el ambiente de los bubis y sus creencias, los ritos religiosos o mortuorios; la maternidad y el poder. Parece inspirada en una mitad por sus recuerdos y en otra por lecturas como los libros que el claretiano Martín del Molino dedicó a esta etnia. Es muy difícil para un escritor español introducirse en la complejidad de las creencias y normas de los bubis. En general, los autores huyen de este tipo de relato por el miedo a no saber reflejar una sociedad tan ajena. La incursión en la espiritualidad bubi, en la religión, en la figura del abbá… La autora tuvo la honradez intelectual de mostrar un mundo distinto y adentrarse en los sentimientos más que la acción. Asumió dos riesgos: Uno, que el lector español (al que va dirigida la novela) no se interesara por esos temas tan minoritarios y otro, que el lector guineano (si alguno hubiere) criticara las faltas normales de comprensión de la autora acerca de la religión de los bubis. Frente a la proliferación de narraciones fáciles que buscan lectores complacientes y los tópicos coloniales, nos encontramos con dos muestras arriesgadas y originales.



Riabba