viernes, 13 de julio de 2018

LAS NOVELAS DE TÁNGER (12): ÁNGEL VÁZQUEZ (1).


VÁZQUEZ, Ángel: La vida perra de Juanita Narboni (Planeta, Barcelona 1976, 268 páginas + 1 hoja; Seix Barral, Barcelona 1982, 267 páginas; Planeta-Clásicos contemporáneos, Barcelona 1996, 269 páginas; Cátedra, Madrid 2000, 387 páginas, edición de Virgina Trueba; Seix Barral-Biblioteca Breve, Barcelona 2017, 319 páginas).

   La vida perra de Juanita Narboni es una novela original en muchos aspectos. En la forma, en el estilo, en el argumento, en el escenario… Tal vez no fue muy bien comprendida en el momento de su publicación. No tuvo la repercusión que merecía. Con el tiempo, si ser un gran éxito de ventas, es un libro imprescindible en la literatura española contemporánea. Quedó encasillado en libro raro de autor maldito. A pesar de ser una referencia, no ha tenido tampoco muchas ediciones posteriores aunque mereció una edición crítica de Virginia Trueba. Se hicieron dos versiones cinematográficas: la primera de Javier Aguirre (en la que el propio Vázquez participó en el guion) pero que prescindió de Tánger; la segunda fue dirigida por Farida Benlyacid. La novela es un largo monólogo escrito como hablaban los españoles de Tánger: palabras propias, expresiones corrompidas de árabe, algo de jaquetía, modismos, localismos… Una mujer que habla de ella, de su vida, de la de los que le rodean en distintos momentos de su vida que van desde antes de la Guerra Civil hasta después de la independencia de Marruecos. Monólogo que se convierte en un diálogo imposible con la madre muerta. Una comunicación sin vuelta. La conversación continua sin interlocutor. El primer atisbo de la soledad que el autor quiere como motivo principal. Una vida vulgar, sin más intriga que el sentimiento ni más argumento que el paso del tiempo. Adornada de comentarios sobre los conocidos, sobre los que le rodean en la ciudad internacional con su propio estilo de vida en una sociedad multirracial, multicultural extraña y distinta. La monotonía del tono, la lenta continuidad de una existencia sin alicientes, va marcando el sentido amargo del relato. Una tristeza profunda que no tiene solución: ¿Es que yo no tengo derecho a ser feliz como los demás? Tampoco pido mucho, ¡qué caray! Lo justo para vivir decentemente, sin estos aprietos y estas angustias que van a acabar conmigo (página 147).



 La vida perra de Juanita Narboni describe magistralmente el sentimiento de soledad. Es la novela de la soledad, del aislamiento y del deterioro personal. De la desesperanza y la angustia que lleva al alcoholismo, a la depresión y al desesperado deseo de morir. La mujer sola, solterona, que ve mermados sus ingresos –solo una pensión de orfandad- por lo que la vida se le va haciendo cada vez más difícil y no tiene otra salida que aguantar y seguir tirando con lo poco que le va quedando. Su única familia es una hermana con la que no se relaciona, de la que no sabe nada desde años atrás. Repasa su existencia desde la época más acomodada, su falta de adaptación a la realidad, al mundo, que la hacen una mujer desvalida, triste. Medrosa, indefensa desde que desapareció su madre. La vida se le vuelve un continuo pesar, una amargura. Débil, solitaria, incomprendida. Viviré siempre acobardada… A veces pienso que no soy tan inconsciente como parezco. Lo que me ocurre es que pienso al revés…. No quiero a papá. Me da terror confesarlo, que Dios me perdona. Pero nunca lo quise. Me mira con lástima, que es lo que más me molesta. Me mira como si toda mi vida hubiera de ser terrible, como si de pronto yo me convirtiera en una huérfana de la tormenta (página 30).
A la vez, va viendo de manera paralela la decadencia de Tánger en los primeros años de independencia. Ha desaparecido la sociedad cosmopolita y se convierte en una ciudad provinciana. Los marroquíes, actores secundarios en la ciudad internacional, pasan a ser los protagonistas de la vida. Hay un menosprecio del famélico que se convierte en ascendente protagonista. Y todo esto está contado con el ritmo adecuado para el que lector vaya asumiendo poco a poco la situación penosa de la mujer. En las páginas del libro, en el discurso inconexo y alterado de Juanita, se deslizan muchas pistas sobre la vida cotidiana de Tánger, de la ciudad de las familias de clase media. Es una descripción auténtica de la vida real alejada de los tópicos novelísticos de contrabando, juego, cabarets y espías. En esos recuerdos anida la ternura que la mujer ha ido perdiendo con los años, con los fracasos, hasta convertirse en un ejemplo de amargura. Porque Juanita se siente indefensa ante los demás. Su mundo es interior, personal, asocial. Se refugia en su soledad, el pasado para no asumir que el problema de falta de autoestima y falta de coraje tiene un origen remoto que ya no puede remediar.


   No sólo trata de explicar el presente como consecuencia de un pasado de inactividad, sino que siente rencor hacia la única hermana que sí supo hacer frente al destino. Una crítica que es envidia. Unos reproches que se hacen a la hermana por no hacérselos a ella misma.
  Ángel Vázquez describe magistralmente el pequeño mundo de su niñez y juventud. El mundo del autor. El Tánger internacional que vivió en primera persona. El autor era una persona especial, muy sensible, de gran inteligencia pero con trabajos secundarios. Tal vez inseguro, no creyó nunca del todo en su obra a pesar de haber dejado una novela muy importante. Tímido, introvertido. Emilio Sanz de Soto, que lo trató desde joven, da algunas claves muy precisas en el libro que se dedicó a la película de Javier Aguirre. Vázquez creció en la pobreza con una madre alcoholizada que conoció tiempos prósperos pero que acabó en la miseria. Probablemente ella fue un referente al crear a Juanita. Al llegar la independencia, Vázquez abandona Marruecos acogiéndose a una ayuda del Estado español. En Madrid, a dónde va a parar, la vida no le sonrió y nunca asumió su importancia literaria. Su retraimiento, timidez o carencia de estima lo llevó a una existencia de Narboni. Y, sin embargo, su recuerdo literario perdura en una de las mejores novelas españolas del siglo XX.






miércoles, 27 de junio de 2018

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (4): LA REPÚBLICA FANTÁSTICA DE ANNOBÓN de FRANCISCO ZAMORA LOBOCH


ZAMORA LOBOCH, Francisco: La república fantástica de Annobón (Sial. Madrid 2017. 251 páginas).

   El 15 de noviembre de 1932 tuvo lugar un hecho sorprendente en la remota isla de Annobón. El sargento Castilla, gobernador del lugar, mataba al gobernador de la colonia española Gustavo de Sostoa. El suceso, ya de por sí extraordinario, adquiere mayor complejidad si analizamos la personalidad de ambos, el apartado lugar y las circunstancias en que se produjo. Para comprenderlo mejor es imprescindible leer el trabajo de Gustau Nerín ¿Socialismo utópico en Annobón? La aventura revolucionaria del sargento Restituto Castilla (1931-1932), presentado en una Conferencia Internacional en la Universidad de Hofstra en abril de 2009. Tuvo el acierto Nerín de investigar en el archivo de la Audiencia de Las Palmas para encontrar en sumario de la causa seguida contra el sargento con los manuscritos de los diarios que éste fue redactando durante su estancia en la isla.

   Castilla era un hombre de ideas utópicas que se vio como emperador de Annobón y trató de organizar a su manera la sociedad local. Se enfrentó a los misioneros, dueños y señores del lugar, y adoptó algunas medidas interesantes como el cambio de ubicación de la pequeña ciudad de Palé. Los misioneros ejercían de gobernadores porque eran los únicos españoles en la isla, se usaban de agentes coloniales por su presencia en los rincones más apartados de la colonia y por su coste moderado (cobraban las cantidades estipuladas en los presupuestos coloniales). Era una manera cómoda de mantener autoridad permanente en el territorio, como se exigía tras la Conferencia de Berlín para colonizar África, y el padre Juanola al tremolar la bandera nacional impidió que Annobón acabara en manos alemanas en 1875. Pero Castilla, hombre que al parecer tenía tendencias depresivas, acabó en un estado de trastorno acentuado por la soledad y la malaria, impuso un régimen tan coactivo y abusivo como el de los misioneros y estableció una pequeña tiranía. Cuando el gobernador Sostoa -un diplomático de ideas avanzadas que puso la República para mejorar el trato a la población local y controlar los abusos de los coloniales- fue a cesarlo, Castilla lo mató.

   La historia tiene tintes novelescos, aunque quizás menores de lo que pueda parecer a primera vista. Así lo vio Luis Leante que en 2017 publicó una buena novela: Annobón (http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/search/label/Leante). Relato en el que eligió la fantasía, seguramente porque la realidad era poco para una novela. Y ahora Francisco Zamora, nacido en la isla en la última etapa colonial, retoma los hechos para su novela La república fantástica de Annobón.

   Zamora construye una novela desigual que comienza por describir la llegada del sargento Castilla a Annobón, las primeras medidas que toma como principal autoridad, su encuentro con una sociedad que desconocía y que quería reformar. Incluye, aunque de manera suavizada, la relación que mantuvo con una mujer annobonesa. Y se detiene en largas evocaciones de cómo la enseña a leer que alterna con las conversaciones que mantiene el militar con el practicante acerca de la situación política española, el advenimiento de la República como esperanza de reformas, el anarquismo o la política colonial de España. El autor aprovecha para dejar constancias de noticias sobre el modo de vida de Annobón que conoce bien por ser su lugar de origen. Poco se había escrito sobre esto hasta ahora. Apenas los artículos de los misioneros en La Guinea Española, poco científicos y muy mediatizados por la moral que querían imponer. El libro Noticia de Annobón (1962) de Miguel Zamora (que creo que es el padre del novelista) y últimamente las investigaciones de Valerie de Wulf Histoire d l’île d’Annobón et de ses habitants (2914) o Pedro Bodipo Annobón. Su tradición, usos y costumbres (2015).

   La novela discurre después por historias de annoboneses, modos de vida precoloniales, costumbres y leyendas. Esa parte que descubre el lector lo que fue la isla en otros tiempos, constituye lo más original del libro pero rompe el ritmo narrativo y se desvía, durante la mitad de las páginas, del argumento principal sin conectar uno con lo otro. Repito que la historia de Castilla y Sostoa posiblemente no dé para una novela sino se la adereza de imaginación y ficción. En esto el autor es soberano y puede completar su obra con lo que quiera. Pero corre el riesgo de menoscabar el interés del lector.  El recorrido etnográfico, lleno de emociones, resulta largo y desconectado de la trama que parecía ser la principal. Cuando el autor regresa al sargento Castilla, la novela vuelve a la intriga que nunca debió abandonar. Zamora narra detalles que conoce seguramente porque se lo han transmitido. La documentación colonial no abarca todo lo que pasó en Guinea en la época española y que no se reflejó por falta de interés o, precisamente, porque no se quiso dejar constancia de determinados asuntos. Es cierto que la memoria oral adolece de muchas falsedades, de lagunas irreparables y de interpretaciones interesadas. Pero deja un poso que el autor aprovecha para concluir la historia del pobre sargento loco y el desgraciado gobernador. Y añade un poco más de bibliografía a la isla de Annobón


viernes, 8 de junio de 2018

NOSTALGIAS COLONIALES (11): COSMOPOLITA de FEDERICO GARCÍA SANCHIZ


GARCÍA SANCHIZ, Federico: Cosmopolita. Novelerías de Francia, Cuba, Marruecos. Los Estados Unidos y el Japón (Biblioteca Nueva. Madrid 19??. 236 páginas + 1 hoja).
   García Sanchiz es un escritor que tuvo gran éxito de lectores en su época y que hoy está olvidado, salvo como curiosidad extravagante o como arqueología literaria para investigadores. Había nacido en Valencia en 1887 donde estudió hasta el tercer curso de Medicina. Después se trasladó a Madrid, acabó la carrera de Filosofía y Letras y empezó a colaborar en publicaciones como El Imparcial o Blanco y Negro. Vivió en París un año y a su regreso entró en la redacción de ABC. Viajó mucho y reflejó sus impresiones en libros y artículos. Se sumó al bando franquista en la Guerra Civil, colaborando en prensa y propaganda. Su único hijo falleció en la contienda, en el hundimiento del Baleares. Murió en Madrid en 1964.

   Aunque es autor de varias novelas y libros de viajes o crónicas, su fama se debe a su actividad de charlista, como él mismo se definía. Es decir, como autor de charlas en las que le público pagaba la entrada y que le dieron notable fama y buenos ingresos. Presumía de esta actividad. Al parecer tenía un verbo fácil, rotundo de imágenes, sonoro y una voz adecuada para llegar al público. Cuando ingresó en la Real Academia, su discurso versó sobre la charla y se puede leer en: http://www.rae.es/sites/default/files/Discurso_de_ingreso_Federico_Garcia_Sanchiz.pdf
Federico García Sanchiz
   Como escritor, García Sanchiz tenía el mismo estilo ampuloso de sus charlas. Un hombre barroco que llenaba las páginas de descripciones y de imágenes retóricas, quizás era lo apropiado para un público que desconocía cómo eran los países lejanos y las culturas extrañas. Un mundo aun no globalizado y en el que las revistas ilustradas suplían apenas la falta de referencias visuales. Un estilo un poco huero que pretendía la belleza de la palabra más que la de la historia. Argumentos débiles pero muy revirados. Adjetivos y metáforas. Agustín G. de Amezúa, que contestó su discurso de ingreso en la Academia, definía el estilo de García Sanchiz con estas frases: “La retina hecha palabra”, “flor de una hora”, “resplandor que ciega”, etc.

   El autor fue un gran viajero por el mundo. Como periodista recorrió países y continentes y sus impresiones las plasmaba en crónicas y libros, entre ellos Color (Madrid 1919) que estaba dedicado a Marruecos con capítulos para Tánger y Tetuán y de donde salió la idea de Noches de Tánger, una novela breve que incluyó en su libro Cosmopolita. Es un relato fantasioso, exotista y un poco aburrido. Lleno de largos  párrafos descriptivos y de personajes fantásticos o extraordinarios que, con su rareza, tratan de enriquecer una historia simple. Es verdad que en las colonias había un buen número de expatriados singulares,  pero no tanto como para que solo sus caracteres llenen una novela. Noches de Tánger es un cuento lleno de tópicos de viajero, de los que una persona absorbe en una semana de visita sin profundizar en más, de exotismo al uso. Y de una singular nostalgia que es la nostalgia por lo que no se ha vivido pero que hubiera gustado vivir. Sentimiento al que accedían los que llegaban a escenarios coloniales e intuían una forma distinta de vida que los atraía. Como resumen, un escrito de los que no quedarán en la historia de la literatura colonial.

Biografía de García Sanchiz escrita por el periodista Gómez Santos

viernes, 1 de junio de 2018

LAS NOVELAS DE TÁNGER (11): UN JARDÍN AL NORTE de BORIS IZAGUIRRE


IZAGUIRRE, Boris: Un jardín al norte (Planeta. Barcelona 2014. 444 páginas + 1 hoja; Booket. Barcelona 2015. 443 páginas; Círculo de Lectores. Barcelona 2015. 443 páginas).
   Boris Izaguirre es un personaje popular en la televisión española, famoso, apreciado por su público y que también escribe novelas. Una de ellas –Un jardín al norte- tiene algunos pasajes en Tánger y el Marruecos español.

   El autor quiso novelar la biografía de Rosalinda Fox porque la consideraba atractiva para un relato y de interés para un buen número de lectores, como así sucedió. Escribir sobre Fox después del enorme éxito de El tiempo entre costuras de María Dueñas era algo arriesgado. Izaguirre lo sabía y no lo disimuló y lo reconoce en la Nota final del libro. Pero la vida del personaje le fascinó hasta el punto de reinterpretarla.
   Si María Dueñas la usó como personaje secundario y solo en un aspecto de su vida, el paso por Marruecos y su relación con el coronel Beigbeder, Izaguirre la aborda desde la infancia y la sigue en Inglaterra, la India, Suiza, Portugal, España y Marruecos. Es un periodo de tiempo muy amplio, muchos escenarios diferentes con hechos distintos y acabados en cada parte. Es una novela en la que se cuentan muchas cosas pero sin espacio para profundizar. Y, como le achacó la crítica, sin dibujar con la atención que requería la psicología de los personajes, especialmente de Rosalinda Fox. Tampoco acierta a la hora de mantener la intriga en la acción de espionaje. Fox es una espía demasiado ingenua y los hechos se narran sin emoción.

   Lo importante de la novela, en la parte africana, es la pasión de Fox y Beigbeder que se desarrolla en Tánger y Tetuán. Izaguirre no es un experto en la historia del protectorado ni es un profundo conocedor del norte de Marruecos y por eso optó por situar la acción en ciudades de las que apenas se dice nada. Marruecos es el fondo de una historia pero no afecta a la historia. Si buscamos detalles coloniales, apenas los hay. Es una novela sobre Tánger pero con muy poco Tánger.

viernes, 18 de mayo de 2018

NOVELAS DE LA GUERRA DE IFNI-SAHARA (9): IFNI de MERCEDES ANTÓN CORTÉS


ANTÓN CORTÉS, Mercedes: Ifni (Incipit editores. Toledo 1996. 62 páginas).

   A pesar del título, este libro no es una novela sobre la guerra de Ifni aunque la guerra subyace durante el transcurso de la acción narrada. Se trata de una novela corta, bien escrita, intimista, en la que la autora aprovecha sus conocimiento de médico y seguramente las referencias militares familiares sobre los sucesos.

   Se trata de una introspección sobre el sentimiento de culpa que atormenta a un militar y que traía causa en un hecho acaecido en la guerra. Un hecho del que intuye una responsabilidad que se aclarará al fina y que, por respeto al libro y al autor, no desvelo.

   De todas maneras, creo conveniente mencionar este libro en el blog.


viernes, 11 de mayo de 2018

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (21)


Asistimos a una nueva primavera florida de novelas sobre la guerra de Marruecos. Los hechos del pasado siglo son una fuente inagotable de relatos. Los autores tratan de buscar una novedad, de contar la historia con elementos originales para que las novelas no sean todas parecidas: el relato circunstanciado de la rota de la Comandancia de Melilla y la huida, captura y martirio de las tropas españolas. He aquí algunas novedades relativas al ciclo de Annual.

IGLESIA, Juan Antonio de la: La daga de las lágrimas (De Librum Tremens. Madrid 2015. 467 páginas).
   El militar retirado Juan Antonio de la Iglesia coloca la derrota española en 1921 dentro de una novela de argumentos cosidos, entre lo histórico y la leyenda, entre el siglo XX y el Califato de Córdoba. Aunque la parte marroquí no es la más importante de la novela, juega su papel en la historia.


GÓMEZ GUTIÉRREZ, Juan Luis: En el cieno de la tierra (Círculo Rojo. 2017. 688 páginas + 1 hoja).
   La voluminosa novela de Juan Luis Gómez Gutiérrez cuenta la tragedia de Annual desde el punto de vista de uno de los soldados anónimos que la sufrieron pero siendo fiel a los hechos históricos.


VELASCO, Mariano: Morir en Marruecos. La Mancha-Annual, 1909-1923 (Autor. s.l.  s.a. 205 páginas. Portada de Miguel Lizcano).
   La novela de Mariano Velasco sobre Annual empieza en la guerra de 1859-60. Más que una novela histórica, es un repaso a la historia con episodios de novela en la que un soldado manchego sirve para exponer la tragedia.


CAPARRÓS MADUEÑO, José Miguel: Más allá del honor y el valor (Autor. s.l. s.a. 302 páginas).
   En la misma línea de las tres anteriores, la novela de Caparrós es la historia de un humilde  soldado española que se ve envuelto en los acontecimientos trágicos. Siguiendo los episodios cronológicamente, y con un sentido crítico hacia los errores del mando, el lector vuelve a recorrer los escenarios sangrientos desde Annual a Melilla.








viernes, 27 de abril de 2018

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (6): NEIMA, LA SULTANA DE ALCAZARQUIVIR de JOSÉ MARÍA LÓPEZ


LÓPEZ, José María: Neima, la sultana de Alcazarquivir (Editorial Marineda. Madrid 1935. 356 páginas + 1 hoja).
   El padre López Queizán fue un franciscano que llegó a la misión de Tánger y realizó una meritoria labor bibliográfica, con  publicaciones pedagógica como El maestro en la vida social o Educación completa del niño. Algunas sobre las misiones como la Memoria del Vicariato Apostólico (1935) o el Catálogo bibliográfico y el Catálogo de la Exposición de la Misión, todos publicados en Tánger. O su obra más extensa: El padre Lerchundi. Biografía documentada (Madrid 1927). Otras: Las misiones franciscanas en Marruecos (1931) La Asociación de Damas de la Caridad de Tánger (1935), La obra misionera en Marruecos (1945), La Orden franciscana en la asistencia  a cristianos cautivos en Marruecos (1945) y otras.

   En 1935 apareció la novela Neima, la sultana de Alcazarquivir, un relato larguísimo de poca estructura novelesca y lleno de exotismos y figuraciones. Es, como otras muchas novelas de la época, una historia de amores irreales, incomprensibles y absurdos. El capitán Olivares se enamora de una mujer marroquí a la que solo ha visto una vez, de la que no entiende el idioma y de la que desconoce todo menos la forma de su cara. Como ambos son ejemplos de bondad y sencillez, la historia acaba en boda. Con la premisa, propia de un fraile, de la conversión de la mujer al catolicismo.


   Uno de los lugares comunes del exotismo son los amores interraciales. En la novela de colonos y turistas ocasionales, abundan las historias en las que la mujer mora acaba rendida a los encantos del mozo español, normalmente militar. En realidad era enmascarar uno de los atractivos de las colonias para los colonos, el sexo fácil basado en el dinero o en la prevalencia del colono. Los españoles de aquellos años estaban acostumbrados a las prostitutas antes de contraer matrimonio con mujeres honestas, virtuosas, que llegaban vírgenes al altar. Marruecos suponía un desahogo para sus deseos. Cuando los franceses quisieron imponer en Argelia un Código Civil que comprendiera también familia y sucesiones, fracasaron. Entre otras cosas, porque los argelinos no estaban dispuestos a renunciar a la poligamia. Y les achacaban a los franceses que tuvieran la mujer legítima en Francia o en Argel y convivieran con una argelina en la posición o la ciudad de guarnición. Mentiras e hipocresías.

   Lo que hace el padre López es derivar el erotismo magrebí tan del agrado del militar europeo hacia la moral católica. Lo que normalmente era una aventura sin más consecuencias, lo convierte en un amor cristiano, una llamada a la religión cristiana y una boda canónica en toda regla. Usando el amor humano para aludir la prohibición de apostolado que tenían los misioneros católicos en el Magreb musulmán.

   La historia es absurda, incomprensible y poco atractiva desde el punto de vista literario. Excesiva en capítulos y carente de observaciones sociales que contrarresten la rancia moral de otra época.

jueves, 19 de abril de 2018

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (20): EL NOMBRE DE LOS NUESTROS de LORENZO SILVA


SILVA, Lorenzo: El nombre de los nuestros (Destino. Barcelona 2001. 285 páginas + 1 hoja; Booket. Barcelona 2002. 284 pp; Planeta-De Agostini. Barcelona 2004. 284 pp; Somadil; Casablanca 2012. 247 pp.).
-          Carta blanca (Espasa. Madrid 2004.346 páginas; Booket. Madrid 2005. 346 páginas).

   Cuando Silva Publicó El nombre de los nuestros en 2001 ya era un autor conocido y ganador del premio Nadal del año anterior con El alquimista impaciente. Pero la novela que comentamos supuso un cambio en la temática de su narrativa, dejó el presente  y volvió la mirada literaria a la guerra de Marruecos. Por su manera original de abordarla, se puede considerar un hito en el ciclo narrativo de Annual que tiene un largo y discontinuo recorrido, autores dispares, visiones contrapuestas y grandes diferencias de calidad.

   Lorenzo Silva, que conoce los hechos y la bibliografía, aborda el argumemnto con dos características. Primero, sitúa la acción no en el campamento principal, sino en las posiciones avanzadas cercanas a la costa: Afrau, Sidi-Driss y Talilit. Los hechos principales sucedidos en Abarrán, Igueriben, Annual, Dar Drius, Monte Arruit, etc., solo se mencionan incidentalmente en la narración. Segundo, que se centra en la vida de los soldados en una posición apartada y no en los grandes jefes militares, los hombres sometidos a los rigores propios y a las situaciones más penosas como el blocao, la avanzada, la aguada diaria bajo el fuego enemigo, la sed y el hambre, la herida y la muerte. Esa guerra extraña a la que se veían sometidos: el maldito terreno forzaba esa guerra mínima y cruel, tan distinta de la que el teniente había estudiado en la academia de artillería. Era una guerra chapucera y fastidiosa, por la que no sentía ninguna curiosidad intelectual (página 105). El autor se ha informado de las peculiaridades de la convivencia cotidiana en una posición; ha consultado relatos y ha escuchado a los familiares de los que sufrieron la pesadilla, ha oído en su casa las historias del abuelo. Y lo reproduce con una fidelidad remarcable porque no lo que nos es auténtico al cien por cien, lo parece sin impostura. Aunque pule los diálogos y no cae en la recreación del habla de la época, como reconoce en el prólogo, he renunciado a imitar con absoluta fidelidad el habla probable de aquellos soldados, que para mi gusto habría lastrado el texto de un excesivo casticismo (página 7). Lo que es de agradecer después de haber leído relatos perjudicados por un habla pretendidamente cruda que posiblemente no fuera la que se utilizara.


    El sargento Molina es uno de los que ocupan Afrau. Un hombre recio, honrado, que procura mandar con justicia y sin distinciones. Que comprende la filosofía del cabo Amador, socialista, aunque no comparta ideología. Y que trata de adaptarse a las circunstancias para conservar la vida y proteger la de los subordinados. Aunque no entienda la guerra que libran: Venimos, conquistamos sus pueblos, y después de todo eso ellos siguen siendo tan pobres como antes, pero tiene que soportar que los que mandamos seamos nosotros (página 77). Una postura muy extendida entre los soldados, más ajenos a las componendas políticas que al instinto de supervivencia. Mientras en España se discutía con apasionamiento la situación en Marruecos: Uno compra el periódico y lo leen catorce. Y los catorce tienen opinión, cual si fueran generales desaprovechados (Página 70).



   Lorenzo Silva va creando una atmósfera de angustia, que es la que sintieron los soldados españoles atrapados en una posición y sin noticias del resto. Quiere reproducir la situación de  miedo, incertidumbre, desesperanza. Lo que parecía ser una posición tranquila, Afrau, con un blocao más peligroso, se va convirtiendo en una ratonera. Los españoles empiezan a tener noticias confusas, inconexas, de la caída de las posiciones avanzadas como Igueriben. Sienten después la presión insostenible de la harka rifeña. Les obligan a replegarse a Sidi Dris, otra posición más en la línea de costa, y en el camino los compañeros caen abatidos, los supervivientes sufren un fuego continuo que no pueden hacer cesar. La muerte es una compañera más. El lector entre en la tensión de la desesperación que los infantes españoles padecen. El autor transmite esa sensación con una redacción paciente pero eficaz. Los españoles sitiados son auxiliados desde los barcos de la Armada que procuran mantener al enemigo alejado. Pero todos saben que el asalto final se producirá.
   La incertidumbre, unida al hambre y sed, al calor insoportable, al pavor ante un final desastroso va mermando la condición humana de los hombres: A aquellos hombres ya ni siquiera les imponían los muertos. Llevaban tres días apartándoselos de encima, y el aroma macabro de su corrupción era el aire mismo que respiraban. De pronto caía un hombre, y cuando sus compañeros comprobaban que había dejado de alentar,  miraban primero si había agua en su cantimplora y después le quitaban el fusil y los cartuchos que le quedaban. Alguien lo arrastraba bajo el fuego hasta el depósito improvisado al otro extremo del parapeto y allí se quedaba olvidado. Con inconfesable crueldad, todos preferían eso, que el que cayera lo hiciera muerto y no herido grave. Un herido grave, como un muerto, significaba un fusil silenciado y un defensor menos, pero tenía sobre el muerto el inconveniente de exigir cuidados y estorbar a los combatientes que debían contener la hemorragia y llevarle a la enfermería. Allí le tumbaban donde cupiera y le hacían lo que podían, en pésimas condiciones. Ya no quedaban vendas, ni desinfectantes, ni anestésicos (página 170).
Posición de Afrau en la costa del Rif
   La historia es conocida y se puede adelantar sin miedo a boicotear la novela. Afrau es evacuado por la Armada, pero Sidi-Dris perece. Silva detalla los hechos, nos pone en la situación del soldado cuyo único objetivo es salvar la vida. El final es la supervivencia, no cabe ya más disquisición política, humanitaria o filosófica. El enemigo es cruel y no atiende a criterios de piedad. La descripción del momento es brillante.

   Podía haber acabado la novela en ese momento histórico, pero el autor prefiere añadir dos capítulos sobre el cautiverio de lo algunos supervivientes, y el rescate final casi dieciocho meses después. La novela no da nombre auténticos, aunque es fácil reconocer a algunos personajes. Prefiere el anonimato para que la situación quede despojada de la crítica de los hechos verdaderamente sucedidos y de la responsabilidad de algunos militares. Pero la descarnada descripción de los mismos, incluso más suave que la pura realidad, es la que le da a la novela la fuerza que necesita el autor para convencer al lector.

   Tres años después Lorenzo Silva volvió a novelar sobre el Rif en la primera parte de la novela Carta blanca (2004). También tras la derrota de Annual, el escenario es en este caso la zona próxima a Melilla, Zeluán y Segangan. Pero ya no se centra en la campaña sino en el deseo de venganza que mueve a unos legionarios y que acabará en Badajoz en 1936. Los héroes del Rif acabarán siendo los villanos de la Guerra Civil. Los legionarios de la primera parte del libro se parecen mucho a los abnegados soldados de El nombre de los nuestros, pero la vida es larga y el sufrimiento mucho. Carta blanca es una novela que recupera un género de aventuras bélicas que ha sido muy poco usado en España, donde las novelas bélicas tienden a la crítica social o política. La lucha por la supervivencia, hace que el soldado tenga que elegir entre matar o morir y deja aparcadas para otro momento las consideraciones intelectuales. Las aventuras bélicas en el norte de África tiene algunos –pocos- antecedentes en la literatura contemporánea española; podemos citar El fuerte de los vencidos (1953) de Gloria de Gaspar, Las últimas fronteras (1962) de Luis López-Nuño o La montaña de los guerrilleros (1967)  de Luis Monreal Agustí.




jueves, 5 de abril de 2018

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (3): LA CARGA de JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL


ÁVILA LAUREL, Juan Tomás: La carga (Palmart/Cooperación Española/Centro Cultural Hispano-Guineano. Valencia 1999. 79 páginas).

   Ávila Laurel es ya uno de los escritores guineanoecuatoriales más importantes. Tiene una producción amplia y ha sido traducido a varios idiomas. Nació en Malabo en 1966, dos años antes de la independencia, y vive en España. Empezó publicando en ediciones modestas del Centro Cultural Hispano-Guineano de su ciudad natal, que fue el germen de algunos de los escritores del país. Primero poesía: Poemas. Ramblas (1994), Historia íntima de la humanidad (1999) y teatro: Pretérito imperfecto (1991) y otras. Se inicia con el relato con Rusia se va a Asamse (1998) y con otras obras posteriores de mayor madurez: Avión de ricos, ladrón de ceros (2009), Arde el monte de noche (2009), etc. Y cultivó el ensayo en El derecho de pernada (2000) o Guinea Ecuatorial: Vísceras (2006). Se le puede seguir en su blog http://www.fronterad.com/?q=blog/18  Y, para conocer mejor su vida y obra:  http://www.guineanos.org/index.htm

   La novela colonial está llena de mitos coloniales y mitos anticoloniales. Es lógico porque son los símbolos en los que se sustentan los argumentos según el proyecto intelectual y estético del autor. Estos arquetipos no responden a creencias exactas sino que se trata de recursos sobre los que desarrollar un argumento. Ávila Laurel los usa aunque su novela no abunda en esto. La simpleza del relato del buen colonizador queda sintetizado así: Siempre se creyó que la vida de un blanco en tierras africanas se sujetaba al patrón descrito y pregonado por los curas y maestros de la primera época de las incursiones coloniales: trabajo, casa, misa de los domingos y festivos, y algún paseo por campos y playas, pero mientras abrimos los ojos nos vamos dando cuenta de que las diferentes maneras en que las circunstancias del mundo influían en aquella, forjaban su carácter y hasta muchas veces los despojaban de este aire de seres distintos con que siempre los han visto los nativos (página 14). Queda claro que el colono se engrandece en la colonia, que un peninsular podía llegar a ocupar un estatus alto en Guinea. Pero no rehúye la imagen del guineano sumiso: …bastaba en aquella época ser visitado o saludado en público por tan alta autoridad para sentirse protegido, amado y valorado. Una mano que se va, otra que se extiende para gestar una amistad privilegiada, aunque siempre hay voces que afirman que la pobreza nunca se casará con la abundancia (página 34). Los escritores africanos, al trabajar los relatos con caracteres generales pueden caer en un vicio muy comercial que es  construir novelas exóticas para el divertimento de lectores occidentales con ganas de descubrir paisajes originales.


   La carga es un relato fresco de la vida en Mbini (río Benito para los españoles) a principio de la década de los 40 del siglo XX. De la convivencia pacífica, aunque estratificada verticalmente, entre los europeos y los originarios del lugar. Los españoles siempre consideraron mejor a los pueblos playeros (usando la terminología colonial) que a los fang del interior. Las etnias de la franja litoral de Río Muni no sostuvieron guerras contra los colonizadores como hicieron los fang, posiblemente las sufrieran al igual que los españoles. En cambio, no fueron sometidos a la recluta forzosa, una de los episodios más denigrantes de la Guinea española. El fang fue el guineano menos querido por los españoles, al que consideraban mejor para el trabajo de bracero pero menos fiable.

   La novela es un relato cotidiano de la vida en el pequeño poblado. Los españoles que trataban de adaptarse como podían a la vida africana, sufriendo molestias hasta entonces desconocidas como las niguas. Y los guineanos que procuraban aprovechar las ventajas de la presencia española. Tiene humor, ironía sobre la reducida sociedad benita: Pero, ¿existía filosofía en Río Benito? Si comer, beber y trabajar para que los niños tengan un buen futuro es la esencia o la razón de ser de la filosofía, nadie puede dudar de que los habitantes de este lugar ejercían tan alto saber  (página 50). Una sociedad de las pequeñas cosas cotidianas, de la lucha por la existencia. Una novela sin un argumento principal claro, pequeñas historias que se cruzan para dar una imagen  global: … si los escritores no dispusieran del libre albedrío para circular libremente por la senda de la creación literaria (página 55). Y que termina con un sustancioso diálogo entre españoles sobre la idea común de colonización y la razón de la presencia española, resumida en una frase: Venimos principalmente porque ya no queda nada sin dueño en Europa y lo que hay aquí, aunque es de estos negros, todavía podemos cogerlo sin que ellos se den cuenta y se enfaden. Así las cosas, lo menos que podemos hacer es agradecer que todavía son ciegos; por eso, no entenderé nunca como os asquea su ignorancia cuando es gracias a ella que os llaman señor y jefe (página 75).