viernes, 24 de marzo de 2017

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (3): ZORAIDA de ANTONIO VERA SALAS.

VERA SALAS, Antonio: Zoraida (Novela mogrebina). La ciudad de las mil fuentes (Poema hispano-mogrebino) (Imprenta de Mario Anguiano. Madrid 1916. 146 + 49 páginas).

   Antonio Vera Salas fue un militar español de Infantería que tuvo destinos en Marruecos y Argelia, lo que le hizo conocer el país y sus habitantes. Hombre de inquietud intelectual y aficionado a escribir, es autor de varios artículos sobre el territorio marroquí publicados en la revista Memorial de Infantería, entre 1900 y 1919. Y de dos libros: Porvenir de España en Marruecos (1916) –que es una colección de carta sobre la guerra y la política colonial que se estaba practicando entonces-, y El Rif oriental (1918), que lo sitúan entre los militares africanistas ilustrados. Además, publicó dos obras de teatro Famma –ambientada en la guerra de 1911 en los alrededores de Melilla-  y El deber (estrenadas en el teatro Cervantes de Jaén en 1913), y dos relatos reunidos en un solo libro del que nos ocupamos ahora. Murió en campaña, en Kudia Rauda el 19 de junio de 1919, cuando era comandante y se luchaba contra El Raisuni cerca del Fondak de Ain Yedida. Su cadáver fue recuperado en 1922, cuando se reconquistó la posición.

   Vera trata de dar la imagen misteriosa de Marruecos que correspondía a lo que los españoles esperaban. País cerrado, cuna de leyendas sangrientas y de amores exaltados. Casi siempre detrás del gusto exotista hay una mentalidad colonial. Recrearse en describir sociedades desordenadas, violentas, injustas y, en paralelo, ofrecer el orden y la organización de un país europeo es una misma visión de las relaciones internacionales.


   Quizás hace cien años, cuando se publicó esta novela, fuera un libro novedoso y atractivo. De Marruecos se conocía poco y el exotismo modernista estaba en auge. Hoy nos puede parecer un libro poco original y con esa prosa recargada con la que los autores españoles describían los ambientes árabes: La noche reina. Las estrellas duermen en cielos impenetrables; la luna, aun vaga en otras regiones del éter; la negación de la luz es completa (página77). Otro ejemplo: La zambra seguía báquica; la alegría musulmana es como sus penas, odios y amores; grande, fuerte, intensa, salvaje y como sus ciclópeas montañas, desquiciada como sus cavernas y abismos, atrevida como las aristas de los cantiles de sus rifeas peñas, que entre brumas rompen los cielos; una zambra musulmana no tiene comparación con la bacanal parisién ni con la juerga andaluza, va más allá, mucho más lejos, y como todo pecado, los tules de su hipócrita ejecución son más tupidos que los más espesos que forje el engañador europeo (página 105). Y una intención de acentuar el misterio de oriente como una característica del país y, por ende, de este tipo de literatura. Ya sabemos el derrotero que siguen estas novelas: Raptos, musulmanes que tratan mal a sus mujeres y amores interraciales en los que el europeo redime a la bella musulmana. Y los consabidos tópicos antisemitas: … algunos hebreos, ora con negro fez, ora con el femenil y vejatorio pañuelo en sus cabezas, procuraban engañar y adueñarse del dinero, única patria que Dios les dejara… (página 84).
Tapiró. Belleza tangerina. Dahesh Museum of Art, Nueva York

   A día de hoy, los artículos y ensayos de este autor parecen más interesantes que su ficción, aunque ésta se encuadre en una mentalidad y gusto muy característico de la época en que se escribió.

jueves, 16 de marzo de 2017

NOVELAS DE SIDI-IFNI (3): COFRE NEGRO de JUAN BOTELLA.

BOTELLA, Juan: Cofre negro. Santa Cruz de la Mar Pequeña e Ifni de los siglos XV al XX (Editorial Y. Madrid 2016. 441 páginas).
   Juan Botella se propuso, al escribir esta novela, una empresa dificultosa y dura. Novelas la historia de los españoles en Ifni desde finales del siglo XV a finales del XX es algo que echaría para atrás a muchos, pero este autor ha tenido valentía. Pero no se trata de una novela puramente histórica, sino una fantasía sobre el pasado con algunos (pocos) hechos reales. Y fruto de ello es Cofre negro, una novela ambiciosa que publica la editorial Y en la que se ve la mano del catedrático de Historia Contemporánea de Cantabria Germán Rueda.

  La novela se divide en tres partes. La primera se sitúa en Canarias y la costa opuesta de África a finales del siglo XV. Los adelantados de Castilla han decidido establecer una fortaleza en el continente que llaman Santa Cruz de Mar Pequeña. Tanto Diego de Herrera como Alonso de Lugo invierten en la empresa. La fidelidad histórica es solo parcial. El autor incluye algunos anacronismos como hablar de la ciudad de Smara (que fue fundada en 1898) o bautizar a un barco portugués con el nombre de Virgen de Fátima (que no apareció hasta los primeros años del siglo XX). Deja correr la fantasía para que el hijo adoptivo de Herrera se case con una princesa “mora” e incurra en fantasías novelescas aunque un tanto inverosímiles. El autor sitúa la fortaleza en Puerto Cansado, como ya lo hiciera Rumeu de Armas, y no en Sidi Ifni (porque esto es muy improbable). Y señala que su construcción se hizo en connivencia con el sultán de Bir Taoulekt, lo que puede resultar factible. Lo demás es novela.


   La segunda parte, con la torre ya construida, se dedica a la vida en la fortaleza. El autor fantasea sobre las cabalgadas de los castellanos destacados contra las caravanas de los árabes. Sigue con evocaciones imaginativas, anacronismos e imaginación. Y termina con la destrucción de la construcción militar para siempre.


   La tercera parte es más suelta de escritura y menos extensa. Después de que Capaz ocupe Ifni en 1934, el gobierno de Lerroux manda una expedición científica a examinar el territorio, al frente va el profesor Hernández Pacheco. Conocen que Sidi Ifni no es el lugar donde se edificó Santa Cruz de Mar Pequeña, pero la diplomacia ha obligado a aceptar esta ubicación señalada por Fernández Duro. Botella aprovecha esta expedición para desviar algunos personajes arqueólogos a Puerto Cansado y descubrir la torre tal y como fue dejada y el cofre enterrado.

jueves, 9 de marzo de 2017

NOVELAS DE LA GUERRA DE ÁFRICA DE 1859-60 (2): AITA TETTAUEN y CARLOS VI EN LA RÁPITA de BENITO PÉREZ GALDÓS.

PÉREZ GALDÓS, Benito: - Aita Tettauen (1ª edición: Imprenta de la viuda e hijos de Tello. Madrid 1905. 335 páginas).
-    Carlos VI en La Rápita (1ª edición: Imprenta de la viuda e hijos de Tello. Madrid 1905. 303 páginas).

   Cuando Galdós publicó Aita Tettauen ya habían pasado cuarenta y cinco años desde la paz de Wad Ras que puso fin a la Guerra de África. Tenía la suficiente perspectiva histórica como para distanciarse de la pasión momentánea de los hechos. Además, se habían vivido los trágicos episodios del 98 y el fin del Imperio español. La Restauración empezaba a hacer crisis y la situación española pasaba por momentos de pesimismo nacional. La empresa que el escritor había concebido con los Episodios Nacionales tampoco pasaba por su mejor momento; la tercera serie había sido más floja, aunque todavía gozara del favor de los lectores. Con esta novela comienza la cuarta serie y alcanza una calidad literaria comparable a la primera. Galdós concibe su obra desde un patriotismo que nada tiene que ver con el rancio patriotismo casi deportivo, aunque sangriento, de guerras y enfrentamientos con otras naciones (que, por cierto, solo se sustenta cuando se gana), sino que opta por un concepto de patria basado en la justicia, la igualdad y el respeto que va dejando caer en las páginas de sus libros. Por ejemplo en éste cuando escribe: La civilización consiste en ser buenos, humanos y tolerantes, en hacer buenas leyes y cumplirlas… (pp 35-36, siempre de la 1ª edición).





   A Galdós no se le escapaba que la guerra tenía varias motivaciones. La respuesta a agresiones sucesivas de las kabilas fronterizas, exagerada y desmedida. Un intento de recobrar importancia en Europa, donde ya se debatía el futuro de África. Y un intento claro de superar las heridas de la Guerra Carlista. Por eso, el presidente del Consejo en persona  que era el general O’Donnell se puso al mando del ejército expedicionario, en una maniobra tan política como militar. Don Benito escribe: …se acredita con esta guerra de político muy ladino, de los de vista larga, pues levantando al país para la guerra y encendiendo el patriotismo, consigue que todos los españoles, sin faltar uno, piensen una misma cosa, y sientan lo mismo, como si un solo corazón existiera para tantos pechos y con una sola idea se alumbraran todos los caletres (pp. 31-32). Y, más adelante: Fueron los españoles a la guerra, porque necesitaban gallear un poquito ante Europa, y dar al sentimiento público, en el interior, un alimento sano y reconstituyente. Demostró el general O’Donnell gran sagacidad política, inventando aquel ingenioso saneamiento de la psicología española. Imitador de napoleón III, buscaba en la gloria militar un medio de integración de la nacionalidad, un dogmatismo patrio que disciplinara las almas y las hiciera más dóciles a la acción política. (p. 45).
La batalla de tetuán. Óleo de Dionisio Fierros Álvarez
   El autor prepara la historia mediante unos episodios de una familia normal del Madrid de entonces. En las conversaciones domésticas se va plasmando el ambiente de los españoles ante la situación, es la técnica habitual de los Episodios. El entusiasmo desbordado que realmente se vivió en esos días. Pero Galdós quiere contraponer esta postura, que personaliza en su personaje Halconero, con la visión de un español amoriscado que vivía en el país del sur –Ansúrez- y que sostenía que entre españoles y moros no había diferencias. El primero, más representativo de lo que sentía la mayoría, queda calificado: No podía someterse el buen señor a este criterio, porque las glorias de su patria le importaban más que la vida, y prefería morir de un reventón de gusto, a vivir en la indiferencia de estas glorias ahora refrescadas (página 14). El tercer personaje del comienzo es Juanito Santiuste, que marcha con la imprenta del Ejército a África. A pesar de las apariencias no es Pedro Antonio de Alarcón, en cuya obra bebió Galdós para ilustrarse. El granadino aparece mencionado en la novela, incluso en conversaciones con Santiuste. El personaje Santiuste se dirige al personaje Alarcón en estos términos: Verdad que encuentras el lenguaje muy acomodado a la expresión épica del velos castellano, y al impío desprecio con que se mira a los pobres moros. Nuestra lengua es una hoja bien afilada para cortar cabezas y un instrumento sonoro y retumbante para dar al viento las fatuidades y jactancias históricas… Pero tú has descubierto y has empleado antes que ningún escritor el arte de suavizar ese instrumento, tocándolo con gracia inaudita. Tu sabes quitar a los sonidos épicos su vana hinchazón, dándoles una elegancia incomparable, haciéndolos simpáticos a nuestros oídos y acomodándolos a los nuevos modos del lenguaje (página 111). Es Juanito el pacifista, el hombre que no entiende la guerra, el que tiene un hermano que vive en Marruecos como un moro más; el personaje que contrasta con las ilusiones patrióticas exaltadas. El que se interna en el territorio enemigo disfrazado para comprender lo que ocurre allí.
Benito Pérez Galdós. Óleo de Sorolla
   En la página 69 la novela llega a África, lo que el autor aprovecha para afilar su sentido crítico y examinar –bien es verdad que a toro pasado- los hechos con su carga de errores. Tenía Galdós la sospecha de que la guerra no respondía a una agresión importante sino que fue la excusa para la política de los gobernantes de entonces. Con éxito, eso sí, dada la explosión entusiástica de patriotismo elemental y sentido de superioridad racial y religioso. Santiuste, escéptico, lo expresaba ante un personaje eclesiástico: ¿Cree usted, amigo don Toribio, que existe el llamado Dios de las batallas? ¿Cree usted en esa confusión del Marte pagano con nuestro Cristo Redentor, que jamás cogió una espada? ¿Qué piensa usted de la Virgen, como dispensadora del triunfo en las guerras, al modo de aquellas diosas que tomaban partido por los griegos o por los troyanos? ¿Al Apóstol Santiago lo tiene usted por verdadero general de los españoles y matador de moros? ¿Dónde está el texto de Cristo en que dijera a sus discípulos: montad a caballo y cortadme cabezas de los hijos de Agar? (página 86). Pero la novela se hace más bélica. Sin perder de vista las opiniones de los personajes, Galdós narra  los episodios cruciales de la guerra desde el hecho llamado del boquete de Anyera y la batalla de Castillejos.

   En la Tercera Parte, cuando los españoles ha llegado a la vega del río Martín cerca de Tetuán, aparece otro de los personajes importantes de la novela: El Nasiry. Es el cronista, el escritor que –de la misma manera que Alarcón- va narrando los episodios que se suceden en el campo de batalla, pero con la visión marroquí. Otro elemento de contraste que Galdós impone al lector para que no caiga en una simple novela bélica. El autor, fiel a su manera de narrar, enriquece el relato principal con argumentos paralelos. Santiuste, disfrazado de moro, aprovecha su estancia clandestina en Tetuán para visitar a la comunidad sefardita. El tema judío es un clásico en la literatura sobre Marruecos, especialmente en las novelas que se refieren a este periodo histórico. A los autores españoles les interesaba el modo de vida de estas gentes que conservaban un idioma español arcaico y cuya fidelidad a los españoles que llegaban con O’Donnell era motivo de suspicacia. Su vida en las mellahs de Marruecos, las relaciones con los marroquíes y esa línea confusa entre la exclusión y la prosperidad (de algunos) en los negocios. Este atractivo asunto novelesco no lo deja escapar Galdós, aunque para el lector actual las noticias etnográficas son las que tienen menos interés.

   Galdós se había hecho traducir un capítulo de la obra de Ahmen ben Jaled en-Nasiri es-Selaui, publicada en El Cairo en 1895. Posiblemente lo hizo Rinaldi, el hijo de Aníbal Rinaldi que fue el intérprete de O’Donnell (personaje principal de las negociaciones y que aparece en las obras de Alarcón, del que fue amigo y compañero de redacción de El Eco de Tetuán, y del propio Galdós). Es su fuente principal para cambiar de narrador, para ofrecer el punto de vista marroquí. En este libro están los relatos aprovechados por Galdós para configurar su personaje moro y algunos judíos. Un capítulo fue publicado en Madrid en 1917 gracias a la traducción de Clemente Cerdeira.
   La cuarta parte del Episodio es la más amarga porque vemos a un autor escéptico y desilusionado. Más poético, evoca profecías. Santiuste aparece como el pacificador que no tuvo éxito: sus palabras no interesaban. Pero tuvo éxito en el amor y raptó a una judía. Se le abría la posibilidad de volver a España como poeta fracasado o quedarse en Marruecos como renegado. El Nasiry –que hacía suya la ironía del autor- le alababa las ventajas del país: ensalzó el beneficio grande que resulta de existir allí muy pocas leyes, simplificación legislativa que compensaba el bárbaro despotismo del Sultán (p. 326). Ninguno de los dos porvenires era halagüeño, como la historia de la guerra de España en África.



   En Carlos VI en La Rápita, el comienzo es todavía más escéptico sobre el valor de la guerra y sus frutos. Santiuste, que ha llegado a una fusión de las tres religiones, ha perdido su capacidad para elegir bando y para ver las bondades de una sola opción. Se ha convertido en Confusio (con s). Los españoles han conquistado Tetuán y Confusio reflexiona sobre el acto de cambiar de nombre a las calles españolizándolas: Bautizando calles, nada conseguiréis. En las poblaciones marroquíes no habría calles si no fuera indispensable un poco de suelo común para ir de un edificio a otro. Dejaos de callejear, y buscad la vía por donde penetrar en los corazones (página 9). Pero no eran en los corazones donde se pretendía penetrar sino en el país y su dominio. En este segunda novela, Galdós empieza más intimista en torno a los amores judíos del desgraciado Santiuste, su enmascaramiento moruno, y continúa por un camino novedoso al tratar de expresar el punto de vista del marroquí, su situación ante la derrota, la explicación que dan a los hechos y las penurias que les acarreó la guerra. No se había llegado a la paz: los españoles luchaban en los alrededores del Fondak en el camino de Tánger. Santiuste es una confusión, una mezcla: No te olvides, Juan, que tus amigos españoles te llaman Confusio, con lo que indican que está en tu naturaleza confundir las cosas, sin que sepas remediarlo… Puede suceder que un día te levantes con los sentidos trastornados, y sin darte cuenta confundas lo cristiano con lo moro…, y recaigas en la gran confusión española, que es respetar lo ajeno si se trata de dinero o alhajas, y no respetarlo si se llama mujer (página 83). La confusión que se produce cuando se encuentran dos mentalidades sociales. Un Galdós distante de las verdaderas motivaciones políticas, de la guerra como solución y de las consecuencias.
Iglesia de San Joaquín en Iloilo (Filipinas). En el frontón hay un relieve con la batalla de Tetuán.


viernes, 10 de febrero de 2017

LAS NOVELAS DE MELILLA (4): ULAD MLILIA y AIT AIXA de JUAN ANTONIO MIRANDA.

MIRANDA, Juan Antonio: Ulad Mlilia (Ciudad Autónoma de Melilla. Málaga 1998. 318 páginas; Autoedición-Amazón. 356 páginas)).
-                   Ait Aixa (Autoedición- Amazón. 2015. 430 páginas)


   Miranda concibe las dos novelas como una sola empresa narrativa que encuadra en el título genérico de Bajo la sombra del Gurugú. Ulad Mlilia narra las aventuras y desventuras de un liberal español en la época de Fernando VII. Con mala fortuna, sus andanzas políticas acaban en el presido de Melilla en 1830 y la novela tiene que discurrir por la pequeña plaza fuerte que anhela ser ciudad.

   Los condenados llegan a Melilla y son alojados en el presidio. Las escenas de penados recuerdan vagamente a Tomás Salvador y, con seguridad porque el autor lo reconoce en la bibliografía, a los datos tomados del libro de Laguna Azorín El presidio de Melilla visto por dentro (Valencia 1907). La vida en presidio era sórdida y dolorosa, no se puede esperar otra cosa de las narraciones que lo ponen de manifiesto. El protagonista principal, don Indalecio Páez, tiene que sufrir al llegar los combates contra los moros fronterizos. Su preparación le facilita pasar a servicio de un capitán y con esto se integra más en la vida de la ciudad africana más allá de la estrecha existencia de los presidiarios. Y es en este punto donde el autor, mediada la novela, comienza a dar noticias de Melilla en el siglo XIX. Don Indalecio es el conductor del lector en un fresco de la Melilla de mediados del siglo XIX. Cuando los condenados por motivos políticos son indultados, el protagonista no puede aprovecharse de la medida de gracia y se queda en la ciudad africana hasta que escapa al moro y se convierte en un renegado para salvar el pellejo y la libertad. Es escenario cambia, pero no el ambiente porque la relación entre Melilla y las kabilas fronterizas es la propia historia de la ciudad. La novela acaba en 1862 cuando los límites exteriores de Melilla se ensanchan como consecuencia de lo pactado en el Tratado de Wad Ras.

   Miranda tiene un estilo poco habitual en la literatura actual. Muy parsimonioso en la redacción, con gusto por el lenguaje a costa de la acción. Describe prolijamente los detalles de las cosas y las personas. Pero es descuidado en situar cronológicamente los hechos para que el lector se ubique en el tiempo.

   Ait Aixa comienza en el siglo XX. La Conferencia de Algeciras ha abierto la puerta a la explotación minera de Marruecos por extranjeros. Melilla va a vivir una expansión por la actividad industrial, comercial y militar. Pero la zona marroquí próxima a la ciudad española vive momentos alterados con el dominio de El Rogui Bu Hamara que, desde su corte de opereta en la alcazaba de Zeluán, mantiene el dominio sobre las kabilas fronterizas y se permite el gesto soberano de conceder las explotaciones mineras a las empresas españolas y francesas que anhelan el hierro de Uixan en Beni Bu Ifrur. Es extraño que un  personaje tan novelesco tenga tan poca literatura. Miranda trata de atender esta carencia en la primera parte de su segunda novela melillense. Ahora son los hijos y nietos de don Indalecio Páez los que protagonizan las historias del libro. Miranda ha ganado en fluidez narrativa y en frescura. La caída de Bu Hamara propiciará, pasado el tiempo, el ascenso de Abd el Krim –un viejo conocido de la ciudad- y la guerra del Rif. La novela es rápida y está llena de episodios que muestran lo que pudo haber sido la vida melillense a comienzos del XX hasta 1925 tras el desembarco de Alhucemas.
   Lo bueno que tienen estas dos novelas es que el autor, con amenidad y sentido del humor, da una entretenida visión de lo que fue la ciudad de Melilla, su crecimiento, su profunda relación con las campañas militares y la gran incomprensión entre fronterizos. La guerra provocaba más víctimas entre los más débiles y las personas que, por su condición económica sin importar la nacionalidad, estaban más próximas en situación en la vida se convertían en enemigos encarnizados. Por  motivos ajenos a su existencia, que iban desde los intereses mineros a los geopolíticos, el sueño de una convivencia pacífica acababa en guerra y destrucción.


jueves, 26 de enero de 2017

LAS NOVELAS DE MALABO (3). LA LITERATURA DE LOS BUBIS (2): LA ÚLTIMA CACICA y EL VALLE DE LOS BUBIS de MARÍA PAZ DÍAZ.

DÍAZ, María Paz: La última cacica (Editorial Fundamentos. Madrid 1990. 253 páginas).
-         El valle de los bubis (Huerga y Fierro editores. Madrid 1998. 140 páginas + 2 hojas).
   Díaz es una escritora sevillana nacida en 1930 que pasó su niñez y adolescencia en Guinea. Publicó su primera novela en 1975 Ultimátum a Sevilla, a la que siguieron otras como Adiós a Sevilla en 1985 y Amor en Florencia en 2002. Su paso por Guinea le dejó el sustrato emocional suficiente como para escribir dos novelas de ambientación colonial: La última cacica y El valle de los bubis.

   La última cacica (1990) es una novela de emociones familiares una historia de parientes en el Condado, entre Sevilla y Huelva, un pueblo que la autora llama Remuñana y que puede ser Bollullos Par del Condado. Una familia de caciques, propietarios, ricos en la Andalucía de siempre. Y la herencia de una de las tías solteronas entre las que se halla un cuaderno que la protagonista comienza a leer y que constituye el grueso de la historia. La vieja tía no fue una solterona irredenta sino una mujer que guardó siempre el recuerdo de un amor juvenil que no pudo superar con otro. No sé hasta dónde la historia que cuenta Díaz tiene que ver con su propia familia, pero lo narra con la naturalidad de lo conocido de sobra, con amenidad y soltura. Se acerca a la vida colonial con ojos de niña, con recuerdos de colegio, con la inconsciencia de la edad sin saber muy bien qué era una colonia y porqué vivían allí los españoles. La niña que veía escenas que no se daban en España, personas distintas y relaciones ajenas a la costumbre de los españoles. Y su despertar al mundo adulto al comprender algunos sucesos de la Guerra Civil al tiempo que nacía el conocimiento del hombre. Todo compuesto con nostálgica ternura, el final de dos modos de vida de antes. La vida de algunas familias andaluzas en contrapunto con el final de una etapa colonial en una novela amena.


   María Paz Díaz publicó su segunda novela de ambiente guineano en 1998: El valle de los bubis. Es un libro arriesgado, valiente y difícil. Se atreve con una historia antropológica y escribe sobre la vida de los bubis en los últimos años de la colonización. A pesar de parecer una historia íntima, la vida de la mujer y madre, quiere recrear el ambiente de los bubis y sus creencias, los ritos religiosos o mortuorios; la maternidad y el poder. Parece inspirada en una mitad por sus recuerdos y en otra por lecturas como los libros que el claretiano Martín del Molino dedicó a esta etnia. Es muy difícil para un escritor español introducirse en la complejidad de las creencias y normas de los bubis. En general, los autores huyen de este tipo de relato por el miedo a no saber reflejar una sociedad tan ajena. La incursión en la espiritualidad bubi, en la religión, en la figura del abbá… La autora tuvo la honradez intelectual de mostrar un mundo distinto y adentrarse en los sentimientos más que la acción. Asumió dos riesgos: Uno, que el lector español (al que va dirigida la novela) no se interesara por esos temas tan minoritarios y otro, que el lector guineano (si alguno hubiere) criticara las faltas normales de comprensión de la autora acerca de la religión de los bubis. Frente a la proliferación de narraciones fáciles que buscan lectores complacientes y los tópicos coloniales, nos encontramos con dos muestras arriesgadas y originales.



Riabba

martes, 17 de enero de 2017

VISIONES FEMENINAS DEL AFRICA ESPAÑOLA (4): LA DESERTORA de HALMA ANGÉLICO y NOCHE NUPCIAL SIN NOVIA de BLANCA IBÁÑEZ BLANCO.

ANGÉLICO, Halma: La desertora (Librería Beltrán. Tomo 2º de la Biblioteca de Pasión y de Ideas. Madrid 1932. 236 páginas + 2 hojas. Dibujos en madera de R. Manchón).
IBÁÑEZ BLANCO, Blanca: Noche nupcial sin novia (BIB. Granada 1956. 289 páginas).


   Halma Angélico es uno de los dos pseudónimos usados por la escritora María Francisca Clar Margarit (1888-1952). Escritora de ideas avanzadas con respecto a la situación legal y real de la mujer española de la época, aunque de ideas políticas más bien conservadoras y católicas, no renunció a combatir la discriminación. Forma parte de una generación de autoras feministas, comprometidas, que usaban la prensa y el teatro para exponer sus inquietudes y que el tiempo ha superado tal vez porque no lograron la originalidad suficiente como para permanecer en los libros de texto. Angélico es menos progresista que otras como Magda Donato, por ejemplo, pero con un sentido estético de la escritura que merece ser recordado. Mayor información en la web Escritoras en la prensa, gracias al artículo de la investigadora italiana Ivana Rota: http://www.escritorasenlaprensa.es/halma-angelico/
Dibujo de R. Manchón
   Uno de sus relatos hace referencia a la guerra de Marruecos: La desertora, recogido junto a otros tres en el libro del mismo título publicado en 1932. Narra la angustia de una mujer que queda viuda de un militar muerto en la guerra de Marruecos. La penuria económica, el acoso de pretendientes que no quiere, la tristeza de la soledad. Ella misma había sido prisionera de un jefe rifeño que la raptó y la forzó. Y, a pesar del esfuerzo de la autora por la dignidad femenina, la mujer tiene al raptor: - No fui manceba del Caid- respondió radiante de indignación María Peregrina, cuando al llegar a su patria hirió sus oídos la impostora venganza -¡Fui su señora, su reina y la imagen que adoraba! Lo que ninguno de los míos fue capaz de otorgarme… (página 48). Y en estas contradicciones del amor está la esencia del cuento.
Halma Angélico
   No sé quién fue Blanca Ibáñez Blanco, ni he logrado obtener información sobre la autora de la novela Noche nupcial sin novia que su publicó en Granada en 1956. Por lo que se desprende de la lectura del libro, debió tener un conocimiento directo de Marruecos. Tal vez fuera una residente en el Protectorado.

   La novela sigue la línea exotista de contar las costumbres marroquíes con los ojos del europeo. Algo del folklore mal interpretado y de tópicos al gusto del lector español, aunque existe un fondo de comprensión. El tema de la mujer árabe gusta al español de Marruecos, la compara con la española y se indigna con la situación de la magrebí. Aunque la mujer española de los años cuarenta tuviera mil limitaciones. Y si en algo se substancia esa indignación es en el matrimonio convenido y en la poligamia. Incluso en la paradoja de que queriendo casarse con el hijo se casa engañada con el padre compartido con la madre del hijo. Pero en el concepto estético que se tenía del mundo marroquí, se abusa de la parsimonia y del ritmo lento como una melopea. Es como si pensaran que los marroquíes lo hicieran todo despacio y alargando los detalles de las labores cotidianas. Cuando eso se plasma en la literatura, el relato pierde vigor, se hace interminable y aburrido. … posiblemente porque, siendo el reloj un lindo artículo de lujo que se usa como exorno, no guía nuestros momentos con sus dictadores latidos (página 91). En definitiva una muestra de literatura pasada de moda, de costumbres interpretadas por ojos ajenos y personajes que proyectan los deseos liberadores de la autora más que la realidad de su tiempo.


 Óleo de Amadeo Freixas


viernes, 30 de diciembre de 2016

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (13): OPERACIÓN QUILATES de FFERNANDO SANJUÁN BERTET, LUNA AMARILLA de JOXEMARI ITURRALDE y EL HÉROE DE NADOR de RAMÓN FERNÁNDEZ PALMERAL.

SANJUÁN BERTET, Fernando: Operación Quilates (De Librum Tremens. Madrid 2014. 260 páginas).
ITURRALDE, Joxemari: Luna amarilla (Pamiela etxea. Arre –Navarra- 2014. 142).
FERNÁNDEZ PALMERAL, Ramón: El héroe de Nador (Autoedición. Lulu. Esados Unidos 2014. 156 páginas)


   Fernando Sanjuán aborda el argumento de Annual desde un punto de vista original, lo que agradece el lector acostumbrado a un mismo esquema de novela sobre el desastre español en el Rif. Pero tiene un principio poco brillante, se enreda en contar la historia de los sucesos. El lector, que puede informarse con un clic de ordenador, no necesita que le narren los antecedentes reales. Y tarda en llegar la acción con unos diálogos en los que los personajes cuentan lo que pasa.

   La originalidad es que escribe una novela más imaginativa. Una conspiración de militares republicanos y anarquistas con los hermanos Abd el Krim para propiciar el desastre y acabar con la restauración. Si el autor se hubiera centrado en esta trama y no se perdiera por disquisiciones meramente históricas, la novela hubiera ganado mucho.
Fernando Sanjuán (de la solapa del libro)
    Luna amarilla de Joxemari Iturralde es una novela que discurre en dos tiempos y cuatro partes. El protagonista es un viajante de comercio que visita Melilla y parte del Protectorado en los últimos años de éste y los primeros de independencia. Unos marroquíes contactan con él y va rescatando del olvido una vieja historia familiar de padre y tíos. Sus parientes se vieron obligados a combatir en Marruecos como soldados de quinta, sufrieron el calvario de Annual y resolvieron su situación personal de distinto modo: uno como héroe patrio y el otro como renegado.

   El protagonista lo descubre a través de un manuscrito que le entregan. Aquí empieza la segunda parte del libro, una historia de blocao, de huida, de cautiverio y de sufrimiento que recuerda a cualquier otra novela del ciclo de Annual. Este manuscrito se lo atribuye a un periodista de ficción apellidado Garcés y de origen aragonés. Apellido que coincide con el segundo de Ramón J. Sender, al que el autor rinde homenaje incluyendo escenas que el escritor de Imán había incluido en su novela como el escondite en el vientre de un caballo. La prosa de Iturralde recuerda el estilo de Sender. Aparentemente sencillo pero de gran eficacia en el lector que sigue la lectura con atención debido al buen ritmo y al sostenimiento de la atención mediante la dosificación de los hechos. Podríamos ver también influencias de Fernández Díaz en los episodios que se suceden dentro del blocao.

   El protagonista, leído el manuscrito, comprende sus orígenes pero, como en esto está el misterio de la ficción, no lo voy a desvelar. La mezcla del momento actual de la novela y su pasado parece desigual, tal vez el autor ha dedicado muchas páginas al manuscrito encontrado. Puede ser que lo hiciera para que la novela no le quedara demasiado corta. Porque, por fin, encontramos una novela que no se llena de páginas y páginas dedicadas a lo intrascendente argumental. Medida en la relación entre la historia contada y el volumen del libro.


   Fernández Palmeral escribe un libro diverso dedicado a la memoria de su padre, guardia civil nacido en la aldea de Acebuchal (Málaga), hoy abandonada, y que tuvo la mala suerte de estar en Nador en los momentos del desastre. El libro consta de una introducción del autor y una tercera parte del padre (dedicada a la aldea). En el medio hay una historia sobre Marruecos que podemos considerar novela. Dice Fernández Palmeral que es de autor anónimo. Puede ser, aunque también podría ser de él mismo ya que el relato es la vida de su padre. Un testimonio novelado que guarda el interés de la autenticidad. Son 92 páginas de trágicos recuerdos, los primeros referidos a la odisea vivida por los guardias civiles que se hicieron fuertes en la fábrica de harinas de Nador y que fueron los únicos combatientes españoles a los que se respetó la vida después de rendirse.

viernes, 16 de diciembre de 2016

LAS NOVELAS DEL FIN DE SAHARA ESPAÑOL (6): MEKTUB (ESTABA ESCRITO…) de OLEGARIO MORENO RODRÍGUEZ.

MORENO RODRÍGUEZ, Olegario: Mektub (Estaba escrito…) (Editorial @becedario. Badajoz 2003. 246 páginas).
   Es una técnica habitual utilizar la novela para desgranar recuerdos. Así surgen libros, como el que nos ocupa ahora, que están a mitad de camino entre el relato histórico y las memorias. Los hechos ocurridos en 1975, cuando España se vio compelida a abandonar el Sahara Occidental, constituyen una experiencia extraordinaria para los que estaban en el lugar. Si además se trataba de un militar profesional que vio desarrollarse acontecimientos políticos y hechos de armas, es lógico pensar que los recuerdos puedan interesar a los lectores. Y esta es la causa de la novela Mektub.

   El autor narra con mucha parsimonia sus sentimientos del desierto, la vida de campaña y la guerra. La primera acción que cuenta sucede en  Echdeiría, recuerdo ingrato de 1958. La muerte es descubierta por soldados de reemplazo que sienten el miedo, la incertidumbre y la lejanía en un territorio extraño y apartado de sus pueblos. La novela discurre sobre los tenues recuerdos del autor, con pocos sobresaltos. Los comentarios sobre la agonía de Franco en las salas de bandera, en las reuniones de militares; la marcha verde vista desde el otro lado de la frontera por soldados de oficio. Olegario Moreno trata de mostrar el asombro de los protagonistas ante los hechos, la rabia por el abandono. Como es un periodista –Pérez Reverte- el que informa a los militares reunidos en el casino del abandono de los puestos del interior (Mahbes, Echdeiria, Hausa,Tifariti…). La incredulidad o estupefacción de aquéllos ante los acontecimientos.
El autor en la solapa del libro
   Pero la novela no tiene un argumento definido ni una época específica. Cada capítulo es una estampa de la vida colonial, unas amables y otras duras. Un recorrido discontinuo entre 1975 y el pasado anterior que marcó la evolución de la vida en el desierto para los militares españoles. Los caminos de Hagunía, Daora, Guelta…
   Un libro más para comprender lo que fue ese modo de vida. La literatura memorialística sobre el Sahara español va ofreciendo nuevas aportaciones que ayudarán a comprender la sociedad colonial, como los libros de Aser Queipo –Yo también viví en Villa Cisneros (2016)- o de Sainz de la Peña –Sáhara-Ifni, recuerdos de un tirador (2016)- que se han publicado recientemente. La novela Mektub se puede inscribir en esta corriente.