Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XX. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de abril de 2016

LAS NOVELAS DE MALABO (1): TRES MODOS DE VIVIR y LOS QUE NO SE VAN de JOSÉ MARÍA VILÁ.

VILÁ, José María: - Tres modos de vivir (Autor. Barcelona 1958. 253 páginas).
-          Los que no se van (Autor. Barcelona 1967. 222 páginas).
   He de reconocer que a mí me gustan las dos novelas de José María Vilá sobre el final de la época española de Guinea. Aunque de la primera a la segunda hay una evolución, Vilá supone una visión distinta de la sociedad guineana. Quizás no sean novelas rotundas desde el punto de vista literario, en algunos momentos son flojas, pero resultan auténticas y se puede comprender mejor un modo de vida (o tres, si nos quedamos con la advertencia del título, o seis o siete, si nos fiamos del argumento). Vilá trata de reflejar la manera corriente de discurrir de los habitantes de Santa Isabel, sus relaciones entre ellos y con los naturales del país, las leyes y costumbres laborales, los motivos de la emigración colonial, etc. En sus novelas se puede entender mejor la mentalidad colonial de los españoles, henchida de paternalismo y superioridad hacia lo que se denominaba “el moreno”, en un intento hipócrita de superar la discriminación al “negro”.
   José María Vilá había publicado libros antes de volcarse en la realidad guineana, alternando el castellano y el catalán. Algunos ensayos como Los soviets (1927), Els primers moviments socials a Catalunya (1935) o Sistemas de organización y doctrinas (De los gremios al nacionalsindicalismo) (1940). Y un par de libros de ficción, uno de relatos Basea 1900 (1955) y la novela La ciutat malalta (1956). Como consecuencia de sus estancias en Guinea, publicó una serie de artículos en La Vanguardia de Barcelona en los que hablaba de costumbres locales.

   Vilá llegó a Guinea como visitante, aprovechando que su hijo trabajaba allí. De este primer contacto a finales de los 50 del siglo pasado, tuvo conocimiento de la mentalidad del trabajador español y de la vida de los empleados y finqueros. Pero su visión se amplió cuando el hijo se casó con una mujer guineana y sus nietos fueron mulatos. Esta singularidad no la tenían los otros novelistas españoles de la época y le abrió el concepto de sociedad colonial. Era una época de auge económico en la colonia y en la que, además, ya se presumía el final de la dependencia. Las relaciones con los guineanos se habían suavizado, sin que supusiera igualdad. Pero disminuyeron los malos tratos y el absoluto desprecio racial; aunque continuaron las creencias de supremacía y poder cultural y económico del europeo sobre el africano, y ciertas normas de segregación como el lugar a ocupar en los cines o la prohibición de entrada a sitios como el Casino de Santa Isabel para los naturales de la colonia.

   En Tres modos de vivir, primero de los dos libros guineanos de Vilá, se recogen algunos de los tópicos de la literatura colonial, aunque dulcificados. Aparece la colonia como lugar de redención o, al menos de oportunidad. Frente a las dificultades de ascenso en la metrópoli donde había poca permeabilidad entre clases sociales, la colonia significaba una ocasión de mejora para las clases bajas o económicamente menos pudientes. Esto dio lugar al mito del colono esforzado y triunfador tan propio de las novelas argelinas. Y observamos también el reflejo literario del trato al guineano en sus variantes: desde el despótico maltratador hasta el paternalista comprensivo, con la inclusión de un nuevo modelo de colonial que era el padre de hijo mulato reconocido (algo incomprensible unas décadas atrás).
    Esta novela comienza con ambiente de plantación, de manera similar a las de Liberata Masoliver, Bautista Velarde o López Izquierdo. Pero Vilá tiene el acierto de desviar la atención hacia el ambiente urbano de Malabo (la Santa Isabel colonial). Ya no era la época de los primeros concesionaros de terrenos públicos sino la de los españoles empleados, funcionarios, militares y los que buscaban abrirse paso en la vida mediante el esfuerzo personal. Alguno de ellos con la voluntad de prosperar con un negocio propio. Era el caso de Pedro Selvaclara, uno de los protagonistas. Es el prototipo de luchador, pero las cosas no son fáciles. Ganar dinero no es algo rápido, la mayoría de los empleados se conforman con el buen pasar colonial. Quiere montar un taller de carpintería (oficio al que se dedicó el hijo de Vilá, que murió asesinado), pero conseguir el capital para comprar la maquinaria era arduo. No había crédito como lo hubo en otros tiempos para los concesionarios de fincas. Notará el desarraigo que se convertirá en un doble desarraigo (en Guinea y en su pueblo cuando vuelve): - Te está resultando duro comprobar que ya no tienes familia, o la tienes a medias. A los coloniales nos pasa algo parecido a los pájaros. Los padres cuidan puntualmente a los hijos, pero cuando han aprendido a volar, los olvidan, y ellos se olvidan de los padres y de los hermanos que con ellos nacieron (página 93), le dice un personaje a otro. El colonial soltero no conoce mujeres europeas porque las que hay en la colonia están casi todas casadas. Se divierte con las naturales del país, pero aspira a casarse con una europea blanca. El racismo cotidiano se expresa con esas ideas. Muchas veces las bodas son precipitadas, aprovechando una licencia o haciéndolo por poderes, con mujeres a las que apenas conocen y llevan a un mundo ignoto para ellas y que pueden acabar en un conflicto matrimonial irremediable.
   Frente a Pedro Selvaclara está su amigo el Tigre, mecánico que prefiere vivir sin complicaciones, que no aspira a mejorar sino a llevar una vida parecida a la de los bubis. Personaje clave en la vida colonial que representa a lo que los españoles llamaban un “anegrado” de manera despectiva. Y la constante intervención de dos finqueros ejemplos de la vida mercantil y de la riqueza guineana. Uno de ellos padre mulato reconocido, figura clave del conflicto interracial permanente en toda colonia africana. El mulato Pascual representa la exclusión de las dos sociedades y tiene una visión mucho más crítica de las cosas. Lo dice el personaje:
-          Me dice el corazón que muchos europeos vuelan sobre Fernando Poo con los mismos sentimientos que esos cuervos.
   Y Selvaclara, imbuido ya de la característica mentalidad colonial, aprovechado de las ventajas que tiene n los coloniales, entre ellas el sexo fácil inimaginable en España, le responde:
-          Es la influencia del ambiente… Yo vine aquí sin pensar en nada de todo esto y pasé algunos meses sin ocuparme de las indígenas. Me parecían repelentes. Luego, el tiempo y el ambiente lo cambiaron todo. Comprendí que las mujeres negras no daban ninguna importancia  a estas cosas y, sin darme cuenta, hice lo mismo que los demás.
-          Los blancos tiene obligación de conceder a estas cosas su verdadera importancia –arguyó Pascual, sin levantar la mirada.
-          Es difícil hacerte comprender nuestra situación –replicó Pedro-. Como todos los blancos que venimos a Fernando Poo, yo encontré aquí un modo de vida que no podía cambiar por otro. Ya te he dicho que todo pasa por culpa del ambiente.
-          El que han creado los forasteros; blanco o negros. (páginas 126-127)
   Vilá va narrando situaciones con la riqueza de muchos personajes distintos pero representativos de las distintas clases de coloniales. Los personajes locales son secundarios, interesa la vida colonial de los españoles de Guinea. No hay una acción clara, un argumento bien marcado; es el lento discurrir de la vida del protagonista. Ni siquiera tenemos una conciencia clara del tiempo que ha transcurrido en cada capítulo.  Es un relato costumbrista de la vida colonial en el que no rechaza la crítica a cierta mentalidad generalizada, como la vertida en las páginas 182 y 183 que reproducimos. La vida es difícil incluso en Guinea. El esfuerzo es mucho y no todo se consigue. Culmina con un final trágico y con la idea de que el la pequeña sociedad colonial española de acaban reproduciendo los esquemas de la sociedad metropolitana. Lo que hace reflexionar a Pedro Selvaclara: Todos los blancos de Fernando Poo deben cumplir una función necesaria a la comunidad europea; la que mejor les cuadre (página 250) y resume los tres modos de vivir:… la que adoptó tu padre y que mosén Ángel llamaría “de a Dios rogando y con el mazo dando”, la de la mayoría de los europeos, que es la de ir tirando, como hacen don ramón y sus colaboradores, y la de los braceros (páginas 252-253).


   Nueve años después de Tres modos de vivir, apareció su segunda novela guineana: Los que no se van. En 1967 ya todo el mundo sabía cuál iba a ser el destino del país y procuraban adaptarse al futuro inevitable. Quizás de ahí el título. La novela comienza con un hecho histórico, el incendio que destruyó el mercado indígena de Malabo y que originó una grave crisis en las familias de vendedores. El protagonista sigue siendo Pedro Selvaclara, convertido en un colonial de buena posición económica e integrado en la pequeña sociedad española de Guinea. Han pasado ocho años de la anterior y, aunque los personajes siguen, las cosas han cambiado mucho en la colonia. La crisis económica que supuso el incendio del mercado se unía a una crisis de seguridad en el futuro. Los guineanos eran conscientes de la independencia y se preparaban para ella. No imaginaban lo que iba a pasar con Macías. Los europeos desconfiaban de la capacidad de los nativos para asumir la carga del nuevo Estado sin tutela. Quizás Vilá no tuvo suficiente visión para comprender que en esto podía estar la originalidad de  su nueva novela y pasa sin mucha profundidad, centrándolo todo en el personaje Daniel que asume el papel de bubi sobradamente preparado y que es visto por Pedro –también por el autor- con escepticismo.

   La novela discurre, como la anterior, pero con una acción más marcada. Hay más argumentos paralelos, lo que otorga más matices a los personajes. Pero plantea novedades con respecto a la primera. Por un lado, se muestra una especie de revisión de la acción colonial en la vida de los españoles. Una reflexión sobre si valió la pena la aventura para los que la iniciaron. Como es natural, hay de todo. Pero, frente al triunfalismo, Vilá deja reflejado el fracaso de algunos; económico, o personal por la dificultad de las relaciones familiares, la deserción de mujeres europeas, la difícil convivencia con nativas y con los hijos extramatrimoniales. Santa Isabel y Bata no sientan a las esposas que uno trae de Europa. Se aburren. Sienten añoranza y una grave congoja por el porvenir de sus hijos. Aquí no pueden educarlos como en la Península (página 154), dice uno de los personajes. Por otra parte, surge con fuerza el orgullo nacional de los guineanos que se sacuden la humillación del colonialismo. Y por otro, los habitantes africanos de Nigeria, Camerún, etc. que llegaron a Fernando Poo y se establecieron en Malabo. Con una existencia donde la magia tenía todavía una importancia capital, de la que da cuenta la novela, y que hablan utilizando el pichinglis (broken english). Así el mosaico costumbrista iniciado en Tres modos de vivir se completa con nuevas visiones de las sociedades interpuestas.
   Pero el hecho diferencial en la narrativa de Vilá, que ya trató Cabanellas de manera muy diferente, es la posible boda de un europeo y una bubi. No estaba prohibido por la ley porque desde la provincialización todos eran iguales, pero seguía siendo visto por la sociedad colonial como algo negativo, impropio de un blanco normal, un signo de degeneración social. Algún valiente dio el primer paso para legalizar las relaciones que hasta entonces habían sido de abuso del hombre europeo sobre la mujer africana. Antes lo dio otro valiente que se atrevió a reconocer los hijos mulatos extramatrimoniales. La mentalidad iba cambiando, pero no tan deprisa. En el mundo de los coloniales existía una escala de valores raciales; un personaje lo explica: Si todavía me espera la que fue mi novia, estaré obligado a casarme, pero ella no tiene por qué admitir en nuestra casa a estos hijos multaos.  Yo pregunto, ¿es justo que la obligue a soportar la presencia constante de unos hijos míos que no son hijos suyos? ¿Es justo que tenga que cuidarlos? Puedo colocarlos en algún colegio, pero no de por vida. La disyuntiva es clara, o los abandono, o bien los sumo a la familia; no hay otro sendero y los dos son injustos. Y hay otra cosa peor, si me caso y los tenemos en el nuevo hogar, habrá dos clases de hijos….  (página 202). Y cuando Pedro Selvaclara le hace ver que es responsable por haber tenido hijos: Los hijos son antes que las novias (página 203), el interlocutor responde: Mi compromiso con la novia es anterior a mi venida a Fernando Poo, y no lo rompimos (página 203). En este conflicto habitual se resumen muchas de las diferencias y problemas del vivir colonial que surgen con mucha más fuerza cuando se vislumbra la independencia y los europeos tienen que optar por marcharse o por quedarse en la tierra que probablemente quieren pero a cambio de modificar sustancialmente su visión de las cosas. La novela acaba en ese momento, tal vez la faltara al autor completar su obra con otra sobre los primeros años de independencia.


viernes, 20 de febrero de 2015

FRANCO EN MARRUECOS Y LA NOVELA: CAPITÁN FRANCO de PEDRO HERRASTI

HERRASTI, Pedro: Capitán Franco (Edhasa. Barcelona 2014. 411 páginas)

   Francisco Franco era un militar atípico entre los africanistas del primer tercio del siglo XX. No tenía un buen expediente académico. Era un hombre de escasa presencia física. No bebía, ni jugaba, ni acudía burdeles. Pero era un hombre de gran valentía y arriesga en las acciones en las que intervenía. Tuvo suerte (su famosa baraka) y salió vivo de todas. Gracias a ello tuvo una meteórica carrera de ascensos que le llevó a ser el capitán más joven del Ejército Español y, más tarde, el general más joven de Europa. En el Marruecos de principios de siglo, Franco pasó por las tropas de élite. Primero en Regulares y luego en el Tercio. Como capitán de Regulares fue herido de gravedad en junio de 1916 cerca de Ceuta, en El Biutz. Siempre creyó que no le dieron la Laureada de San Fernando de manera injusta, aunque se le otorgó la Cruz de María Cristina y fue ascendido a comandante por méritos contraídos en esa acción. Posteriormente su labor fue destacada en la defensa de Melilla tras el Desastre de Annual y en el Desembarco de Alhucemas.

   Herrasti comienza su novela con el episodio de El Biutz. A pesar del título, que tiene mucho de reclamo comercial justificado, el personaje principal de la novela no es el futuro dictador, que es sólo uno más de los muchos secundarios de existencia real, sino el segundo teniente Jorge Blanco que escribe sus memorias. Este personaje puede ser el protagonista de una larga serie porque el autor nos indica al principio que luchó en Marruecos, Guerra Civil, División Azul…, aunque ignoro cuál es la intención de Herrasti. Es un antihéroe divertido: Cobarde, juerguista, mujeriego, jugador y favorecido por la suerte de tal manera que no sólo sale bien de las peripecias sino que, además, es condecorado. Este perfil recuerda mucho a Harry Flashman, el personaje de las novelas de George MacDonald Fraser. Entiendo que Herrasti debe cuidar este aspecto para diferenciar a uno y otro porque cae en el error de crear un trasunto español de Flashman tanto en su faceta de cobarde al que la suerte le hace aparecer como héroe, como de conocido de todas las celebridades del momento y testigo de los más importantes acontecimientos de la época.
EL BIUTZ

   La novela pasa por dos fases distintas. La primera es la estrictamente colonial desarrollada en el frente, el hospital y Ceuta y en la que el autor va creando la intriga de un argumento de misterio policial. Después el protagonista pasa a Madrid donde, con la escusa de seguir las indagaciones, se nos muestra la ciudad de los años veinte del siglo XX, el ambiente canalla de la literatura y la política. Un recorrido por los pordioseros de la gloria literaria que ya había descrito Juan Manuel de Prada en Las máscaras del héroe. Herrasti conoce bien los distintos escenarios de la novela y sus pobladores. Su relato es entretenido, sin pesadez y con un discreto sentido del humor que ayuda al lector a no perder el hilo que, por otro lado, no tiene muchas vueltas. Luego viajará a Oviedo. A pesar de la primera apariencia, la novela no es una mera sucesión de episodios aventureros. El argumento misterioso parece más bien una excusa para que el personaje se vaya desenvolviendo en los distintos escenario y entre los personajes famosos. La trama aparece y desaparece, se marcha y vuelve, se esconde y casi olvida y, en el recorrido guadianesco, surge al final para concluir la novela. El autor no quiere desaprovechar la ocasión de reflejar el ambiente social y las intrigas políticas, tiene la voluntad de no caer en la simple novela de aventuras. Es un modo de escribir. Y no puede decirse que el libro no sea entretenido y curioso porque Herrasti habla con perfecto conocimiento de los hechos y los protagonistas. Para ayudar a la lectura, añade unos apéndices con someras biografías, fotografías y datos históricos.

martes, 30 de diciembre de 2014

EL SAHARA ESPAÑOL ENMASCARADO: TRÓPICO DE AUSENCIA de ANTONIO SEGADO DEL OLMO

SEGADO DEL OLMO, Antonio: Trópico de ausencia (Editora Nacional. Madrid 1973. 219 páginas).
Segado del Olmo fue un periodista y escritor nacido en Murcia en 1943 y muerto prematuramente en 1987. Dedicado sobre todo a la radio, es autor de novelas como El palmeral (1969), La última arena (1969), La ruptura, en colaboración con Carmelo M. Lozano, (1974), Ceremonial de ahogados (1977), Largo trayecto (1977) y El día que llegó el mar (1981). Además de ensayo y cuentos.

   En 1973 publicó sui novela más celebrada, ambientada en el Sahara Español que conoció: Trópico de ausencia. Novela muy elogiada por Castillo Puche o por Joaquín Marco (ver http://www.regmurcia.com/docs/murgetana/N076/N076_007.pdf).
   Segado es minucioso en la descripción de gentes y paisajes, de ambiente y de sentimientos. Tiene algún paralelismo con los novelistas andaluces de su época, barrocos y con inquietudes sociales. La acción es débil, se recrea en la tensión del momento, en espera de un acontecimiento, que el lector va asumiendo.
   El autor esconde, bajo nombres extranjeros o supuestos, la realidad de una ciudad llamada Nûr y que bien podría ser El Aaiún, o quizá Villa Cisneros por la referencia que hace a un antiguo fuerte colonial. O una mezcla de las dos. Con ello pretende describir la vida en la misma sin que falta una crítica al hastío, aburrimiento y desazón de los europeos alejados de su ambiente vital: …cuando vino al desierto, alguien habló de su prestigio como médico en Europa; pero aquí arribó en el estado del hombre para el que la vida ha perdido todo interés, y solo se complace en lenta, no muy lentamente –una vez clausurada la posibilidad de sufrir más, ¿pero cuál era su sufrimiento?-, ir completando su proceso de abandono, de autodestrucción (página 45).  Algo muy común en la novela colonial, el cafard de los franceses. Hay una sensación de final de una etapa en los europeos y una esperanza de nueva vida en los saharauis. La novela enmascara, quizás por tratarse de la etapa final del franquismo en la que ser más explícito le hubiera impedido publicar, los últimos meses del Sahara Español en una trama de vidas privadas y situaciones típicas del ambiente colonial.

   Incide en las diferencias entre colonos y colonizados. En el sentimiento de superioridad europeo. Pero también en el cambio que se opera en la vida tradicional por influencia de los que llegaron del otro lado del mundo. Y ya vislumbra un atisbo de conflicto, como los habitantes del territorio que conocían la inquietud social: Hay peligro en todas partes. Es una revuelta lo que se está fraguando. Están aguijoneando a algunas tribus. Y sabemos que incluso en Nûr hay algunos individuos con misiones concretas que… (página 56).
   El narrador, que se coloca con cierta distancia de los hechos, sin embargo asume –por conocerlo bien- el estado de desazón de los expatriados que no encontraron un paraíso en la tierra sino una especie de purgatorio del buen sueldo: Viene uno aquí creyendo que en muy poco tiempo se va a ganar bastante dinero para regresar a Europa. Pero estás aquí, ¿y qué? Las cosas resultan muy diferentes. Es cierto que como empleado del Gobierno ganas bastante más que lo que podrías conseguir allá, pero los ahorros de un año no te dan sino para unas espléndidas vacaciones. Para regresar durante unos meses y llenarte de la vida que tanto ansías mientras andamos metidos en este agujero (página 93). Una vida provisional que se va haciendo permanente sin querer que sea definitiva. Al narrador no le gusta la aventura, no le apasiona la vida en el desierto. Es un mercenario.
   Con esta visión de desarraigo, es natural que el escritor vea en los europeos más ganas de riqueza que de ética. Parecen más auténticos los personajes indígenas, los que pertenecen a la tierra y van a continuar en ella. Los que no añoran regresar ricos para iniciar la vida que quieren y que les satisfará. En la novela hay más pesimismo que esperanza. Les salva el amor y la acción constante cuando la guerrilla se organiza y amenaza. El final de la novela se desarrolla en un fuerte aislado en el interior del desierto. El relato se hace más vivo, más emotivo. Los personajes se caracterizan mejor que en la lenta etapa de la ciudad. El libro acaba con la incertidumbre del final de una colonia imaginaria uqe se parece mucho al Sahara Español.


miércoles, 15 de octubre de 2014

LA LITERATURA DE LOS BUBIS (1): RECUERDOS DEL ABUELO BAYEBÉ Y OTROS RELATOS BUBIS de JUSTO BOLEKIA BOLEKÁ

BOLEKIA BOLEKÁ, Justo: Recuerdos del abuelo Bayebé y otros relatos bubis (SIAL. Madrid 2014. 151 páginas + 2 hojas).
Justo Bolekia es un catedrático de la Universidad de Salamanca de origen guineano. Es un hombre culto que ha sabido conservar sus conocimientos africanos.  Lo dice: …mi despacho de profesor universitario, todo un privilegio y un gran premio para un inmigrante ya integrado, asimilado, vinculado doblemente deculturado y también obligado a vivir las desventajas del inmigrante, como visitar alguna vez que otra celdas de comisaría, ser cacheado, nadar en el asfalto de una ciudad peninsular….. (página 76). En la ironía está su ser. Y añade otra nota a su condición de escritor: Hace muchos años que presumo de ser un artista de la palabra, un manipulador del lenguaje, un maestro de la oratoria popular y no popular (p. 78). A su obra en español añade una interesante muestra de escritos en bubi que ha ido publicando en ediciones bilingües. A sus méritos puramente literarios, hay que añadir otros filológicos como su empeño en fijar las normas gramaticales y ortográficas de su idioma materno. Muestra de ello son sus libros de poesía: Löbëla (1999), Poesía en lengua bubi (2007), Las reposadas imágenes de antaño (2008) o Los callados anhelos de una vida (2012);  además de sus diccionarios y gramáticas bubis como Aprender el bubi (1999); o libros de historia tal que Aproximación a la historia de Guinea Ecuatorial (2003). Bolekia es ya una de los nombres fundamentales de la literatura de Guinea Ecuatorial.


   Recuerdos del abuelo Bayebé y otros relatos bubis es una colección de siete relatos de inspiración bubi, mezcla de presente y pasado, pero que encierran todos ellos un intento de mostrar una manera de vivir o una mentalidad propia y, a veces, incomprensible para los europeos. En ellos vuelca su visión de los bubis en diferente momentos, coloniales y actuales.




   Nos interesan los que tienen un trasfondo colonial: Recuerdos del abuelo Bayebé y El bötúkku y sastre Arataka. Hay muy pocos escritores guineanos que narren la vida colonial con conocimiento. En la época porque había una especie de censura y porque eran muy pocos los guineanos que escribían y éstos lo hacían asumiendo los paradigmas coloniales. Ahora porque la nueva generación nació en la independencia del país y sólo conocen la época anterior por lo que les cuentan los mayores. Así que los que vivieron la situación y la narran se cuentan con los dedos de la mano. Comenzó Donato N’Dongo, aunque  optó por contar las vivencias del exilio. Bolekia se centra en estos dos relatos en la vida colonial bajo el punto de vista indígena.
   Los europeos en general y los españoles en particular no entendieron a  los africanos y, salvo muy pocas excepciones de estudiosos o antropólogos, tampoco tenían interés en llegar al fondo de la manera de vida de los pueblos que colonizaban. Unos confraternizaban más y otros menos, unos ofrecían mejor trato que otros, existieron situaciones de abuso y de amistad… Sin embargo, sobre todo en el siglo XIX, los europeos despreciaban las culturas de los que denominaban salvajes y trataron de imponer, con buena o mala fe, la civilización que era, claro está, la europea. Además, los europeos no entendían culturas orales al tener la escrita como la más avanzada y segura. Fueron antropólogos, y no juristas, los que fueron desenmarañando esa manera de entender la existencia y fueron señalando que, con sus características propias, los africanos se regían por reglas consuetudinarias que los europeos rompían inmisericordemente y, muchas veces, sin necesidad ni provecho. Ahí están, por ejemplo, las obras de Malinowski o de Margaret Mead.


  La originalidad en la narrativa de Bolekia es mostrar la colonización desde el punto de vista del colonizado, aparentemente sumiso al poder colonial pero que desarrollaba una serie de mecanismos de rebeldía en su vida doméstica y en el vivir cotidiano de sus aldeas de tal manera que ni los colonos, que no se preocupaban por aprender las lenguas locales,  se enteraban. Si en Recuerdos del abuelo Bayebé es un relato intimista en la que el adulto rememora un episodio infantil que le causó una profunda impresión, El bötúkku y sastre Arataka es un divertido relato de un supuesto episodio entre el Gobernador y los aldeanos de Baney.


   Bolekia utiliza el castellano para este libro, pero sus historias no pueden escapar a frases en bubi o en pigdin english y a diálogos en los que reproduce la singular sintaxis de los malabeños, tal vez debería haber incidido más en este aspecto tan escaso en la literatura en español y que el autor domina perfectamente. Como nos ha anunciado la continuación de sus relatos, quedamos a la espera.

miércoles, 1 de octubre de 2014

NOSTALGIAS COLONIALES (6): AL SAHEL (OESTE) DEL SÁHARA de AGRIPÍN MONTILLA MESA

MONTILLA MESA, Agripín: Al sahel (oeste) del Sáhara (Edición Autor. Imprenta Litopress. Córdoba 2000. 590 páginas).
   Es frecuente que los militares españoles que estuvieron destinados en los territorios africanos quieran contar sus vivencias, marcadas por un fuerte sentimiento nostálgico. En estos relatos hay siempre una fuerte caga emocional. En el caso del Sahara observamos casi siempre una sensación de fracaso motivado por la marcha repentina, una culpa por el abandono de los habitantes y una frustración por no haber disputado la prolongación de la presencia. Y a estos sentimientos no escapa Agripín Montilla en su libro que, como también suele ser característica de las obras de este tipo, acumula un gran número de anécdotas sobre las que se puede establecer una idea general de cómo se desarrollaba la convivencia en los territorios aunque la visión esté siempre influenciada por un exceso de optimismo y una excesiva valoración de la obra española en África y del trato afectuoso que los españoles dispensaban a los africanos. No obstante, para establecer los patronos de esa convivencia que se perdió y que casi se olvida, este tipo de obra son imprescindibles.

   El sargento Montilla llegó a El Aaiún en 1960, tras cuatro años de permanencia en Marruecos. Era como un sueño cumplido para él. Llegaba a la tierra que deseó habitar. Novela sus recuerdos, los sucesos cuarteleros, el compañerismo, las relaciones con la población civil. Muy minucioso, el libro se alarga. Los hechos históricos, una  época muy tranquila, son sólo el marco de la vida privada. Retratos de militares y sucesión de los hechos que constituían la vida ordinaria de un soldado en el desierto.


   Un libro para los aficionados al Sahara español, curioso para el resto y raro de ver en las librerías.

jueves, 11 de septiembre de 2014

NOVELAS DEL BOSQUE DE RÍO MUNI (1): LA SELVA HUMILLADA de BARTOLOMÉ SOLER y EN EL BOSQUE FANG DE ÍÑIGO DE ARANZADI

SOLER, Bartolomé: La selva humillada (Hispano Americana de Ediciones S. A. Barcelona 1951. 371 páginas; Editorial Planeta. Barcelona 1957. 373 páginas;  Ediciones G.P. Barcelna1958. 189 páginas. Portada de Chaco).
ARANZADI, Íñigo de: En el bosque fang (Plaza y Janés. Barcelona 1962. 250 páginas y 3 hojas. Prólogo de Alberto María Ndongo Obama. Vocabulario; Nueva Athenas. Madrid 1981. 151 páginas y 2 hojas; Apadena. Madrid 2008. 196 páginas)


   Bartolomé Soler nació en Sabadell en 1894 y murió en 1975. A los dieciocho años tuvo que abandonar España cuando emigró a América en busca de trabajo. La casa del padre no daba para más. Y encontró manera de sobrevivir en Chile y Argentina, regresando en 1922. Había empezado a publicar en catalán pero lo abandonó por el español a raíz de la publicación exitosa de su novela Marcos Villorí (1927). No obstante publicaría más tarde en catalán las novelas Anna Maria y El marques y la seva filla  ambas de 1932. Seguirían otras muchas de ambiente americano y español. El 1930 volvió a América como profesor, después probó suerte con el teatro y estrenó Adversarios en Buenos Aires, que se titularía en España Guillermo Roldán. Ejerció de director y actor en su propia compañía. Fue un escritor falangista y defensor de la obra de Franco. Redactó sus memorias en tres volúmenes: Mis primeros caminos (1963), La cara y la cruz del camino (1965) y Mis últimos caminos (1965). De un viaje a Guinea y Camerún volvió enfermo y estuvo casi diez años sin escribir, lo cuenta en su primer volumen de memorias. Luego apareció La selva humillada.

   A los escritores franquistas les gustaba la idea de imperio, del pequeño imperio africano. A veces aceptaban invitaciones oficiales, o encargos,  para viajar a las colonias y narrar lo que veían. Lo hacía con más o menos acierto político y calidad literaria. Dependía mucho de la sinceridad de sus convicciones y de su gusto por lo exótico, siempre original pero difícil de comprender. Soler escribió La selva humillada que tiene algo de libro de viajes y algo de narración fantástica. Quiere transmitir sensaciones a los lectores que no conocen el país del Muni de la misma manera que él lo fue descubriendo partiendo de la más absoluta ignorancia. En sus correrías los fang lo conectaban con el lugar y le iba iniciando en cada aspecto de la vida guineana. Esta relación es lo que le da al libro su faceta más literaria.  Se da cuenta de la extraña relación: …sé que es él quien se mueve en su mundo normal. Lo único anormal soy yo. Como en muchas de mis andanzas, sé que camino al revés (p. 137). Hoy hubiera hecho una película, un vídeo documental. Entonces, a pesar de que también existía el cine, era la palabra la manera de comunicar al público lo que vivió en Guinea. El escritor ignora lo desconocido, lo nuevo, aunque trata de comprenderlo torpemente. Huye de la descripción de las costumbres y vida de los coloniales, trata de plasmar su sentimiento de viajero: Aquí se está bien, entre estos pobladores de Guinea cuya cordialidad me abruma y en cuyos modos, estilo y manera encuentro un calco singular y sorprendente de todos los coloniales que van saliendo a mi paso. A través de ellos, me parece como si los viera a todos, como si cristalizara de nuevo el mismo sentimiento acogedor, llano, cálido y leal que viene confundiéndome y espoleándome desde  el instante en que pisé el primer umbral de Santa Isabel (página 42 de la 1ª edición). Tal vez por ese exceso de introspección el libro se hace de lectura ardua. Los españoles del bosque no le interesan, los ve como aldeanos de la selva. El lector no sabe por dónde camina el escritor, que sendas recorre, que río navega o que poblado visita. No sabe el día ni el mes. El escritor llena las páginas de un sentimiento largo y ondulante. Se distancia voluntariamente de lo que ve, como si estuviera en el espacio como observador.
Bartolomé Soler. Caricatura de Córdoba en ABC de 2 de marzo de 1961
   Su visión de la selva es imprecisa y la de sus gentes está contaminada por el racismo dominante: Mezcla de niñez y salvajismo, sé, sin embargo que la infantilidad supera sus instintos, y que éstos se sofrenan ante la idea que todo negro abriga acerca del poder, rayano en lo sobrenatural, que le concede al hombre blanco (p. 78).










   








 
   Íñigo de Arandazi (Pamplona 1922-Madrid 2003) es uno de los antiguos coloniales más interesante por la curiosidad con que se tomó la vida guineana. Este antiguo oficial de Caballería había estado destinado en Marruecos. Su afición a la escritura se tradujo en algunos poemarios de ambiente magrebí como Mientras despierta la noche. Poemas de Marruecos (1950). Pasó después a Guinea como perito agrícola y periodista, en Bata dirigió la revista Potopoto y la emisora Radio Ecuatorial. Ante todo, fue un hombre que se interesó por lo indígena. Se internó en el bosque, habló con sus habitantes, aprendió su lengua y observó sus costumbres. No era el colonial al uso para los que los habitantes de Guinea eran ajenos. Y en esto se diferencia fundamentalmente de Bartolomé Soler. Aranzadi conocía bien el ambiente que narraba, Soler era un turista ocasional. Además, Aranzadi fue coleccionando una de las mejores colecciones de arte étnico sobre los fang que existen en el mundo y que mostró en alguna ocasión como la exposición celebrada en Madrid en 1998. En el catálogo recopiló viejos textos guineanos leídos en la emisora de radio de Bata, las Cartas de las cosas del bosque. Allí se pudo ver una joya. El ngú o escudo de oreja de elefante pieza excepcional. En su novela hablaba de él: Etó Mebimi era muy viejo, intensamente viejo. Había sido un hombre valiente en todas las guerra y se decía con matices de leyenda que Etó, padre Etó, como lo llamaban, llevó en muchas ocasiones el ngú, el escudo de piel de oreja de elefante que solo a los elegidos les era dado ostentar en vanguardia de los guerreros, sin más armas que su cuchillo, uno tras otro, en medio cuando desplegados (página 40 de la 1ª edición).
Íñigo de Aranzadi

  

















 
   Siempre me quedé con pena de no haber hablado más con él porque llevaba la sabiduría de la vida guineana cotidiana, esa que se pierde cuando desparecen los protagonistas. Una vez le pregunté por el lugar donde estaba el tesoro que  los alemanes escondieron en 1915 y que él presumía conocer; eso escribió. Me respondí riendo que lo había olvidado.



   Todo ese bagaje personal lo trasladó a la novela En el bosque fang que se publicó en 1962. Empleó la palabra fang, la propia de ellos, en vez de pámue que era la que usaban los españoles de entonces. Es la novela de un blanco inmerso en la selva, habitando entre los fang esatop, ntumu, esandon…, compartiendo un modo de vida. Los protagonistas son los fang, no los españoles. Unos no comprenden a los otros y viceversa, es la tónica colonial. Ochos historias del bosque con un final y un vocabulario. El autor discurre poético, con una visión más de novelista que de antropólogo, por la existencia de los hombres del bosque en Río Muni. Intenta, y esto es lo más difícil,  narrar como si él fuera uno más, sin distanciarse como observador ajeno. Pero Aranzadi se acercaba a un viejo Etó que pertenecía a una generación que se perdía y, con él, una forma de vida. Era consciente, los blancos no sabían de esa manera de vivir pero los jóvenes fang, muy influidos ya por la colonización, tampoco: Tú estás demasiado alejado de los tuyos, Gabriel. A tu generación le pasa lo mismo, que no sabe ni de blancos ni de negros, y que tanto de unos como de otros aprende lo peor (página 86), le decía un personaje a otro. La vida urbana que trajo la colonia atraía a los jóvenes, los nuevos trabajos alejados de la dureza del bosque, las diversiones europeas trasladadas, etc., llevaban a la aculturización de una manera pacífica. Gabriel Ondo Ndongo es el ejemplo del joven fang que aborrece el poblado y se siente llamado por la ciudad. El ejemplo del cambio que no suponía la pérdida total de la vieja identidad. El final del joven, adepto al buetí, es la prueba de la confusión. 


miércoles, 13 de agosto de 2014

LAS NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (3): HISTORIA DEL CAUTIVO de JUAN ANTONIO GAYA NUÑO

GAYA NUÑO, Juan Antonio: Historia del cautivo (S.e. Imprenta Venecia. Mexico 1966. 280 páginas: En Obras completas Tomo I. Fundación José Antonio de Castro. Madrid 1999)
   Juan Antonio Gaya Nuño fue una persona singular, de gran cultura e inquietudes intelectuales diversas. Había nacido en el pueblo soriano de Tardelcuende en 1913. En su infancia y juventud conoció las noticias de la guerra de Marruecos y ello debió dejarle una fuerte impresión a la que daría salida en forma de relato. La Guerra Civil truncó su carrera académica y no pudo ser catedrático. Pasó por la cárcel tras haber combatido en el Ejército Republicano. Pero su vocación se encauzó dirigiendo galerías de arte, proyectos editoriales y –sobre todo- publicaciones sobre arte. Murió en Madrid en 1976. La página web de su fundación - http://www.gayanuno.es/ - ofrece más noticias sobre su vida y obra.

   También cultivó el relato y la novela, aunque no fue muy prolífico en la ficción. Pero en esta faceta resalta su Historia del cautivo, dedicada a los hechos de 1921 en el Marruecos español. La novela tuvo que ser publicada en México en 1966 para eludir la censura franquista y nunca más se reeditó hasta que se incluyó en sus obras completas de 1999.

   Se reconoce seguidor de Pérez Galdós en una manera de narrar que denomina género, el episodio nacional. Y toma la acción de Annual porque de ese año arranca toda la posterior historia de España, como reconoce en el prólogo. Ya antes Francisco Camba había tomado la idea de episodio nacional para su Annual (1946) y posteriormente lo llamaron así Fernández de la Reguera y Susana March en su El desastre de Annual (1968).
   Gaya Nuño, como ya lo hizo Sender, va a contar las peripecias de un aragonés pobre que acaba con sus huesos en el Marruecos de la guerra. Gente con pocas esperanzas en la vida y condenado a la miseria se va a topar de frente con el horror bélico y la tragedia personal de estar en el lugar equivocado en el momento preciso. La única manera de salir del pueblo que tenían en la época era cumplir el servicio militar y, en este caso, mejor le hubiera ido en el terruño.

   En 1966 la guerra de Marruecos estaba casi olvidada y si se recordaba era en publicaciones oficiales o próximas al franquismo que acentuaban la falsa visión patriótica de los hechos. Pero gaya Nuño tenía otro interés al escribir, para él los hechos supusieron el final de la Restauración y el origen del cambio brusco que fue la II República española. Era un símbolo de una manera corrupta y caduca de dirigir el país, la muestra última de la incapacidad de gobierno y de dirección social. El autor, republicano depurado, soltaba así una visión distinta de la de los vencedores. Por eso no pudo publicarse en España. Después de tantos años, y después de lo mucho que se ha escrito posteriormente sobre el tema, cabe preguntarse si leer esta novela tiene todavía el interés de la época de su publicación. Hay que concluir que sí sin reparos.
   Gaya escribe una historia bien trazada. Con muy pocas páginas liquida toda la rota de la Comandancia de Melilla, no se detiene en explicaciones extensas que son más de historia que de novela, ni compone un relato coral de muchos personajes secundario actuando todos del mismo modo, como es habitual en las novelas del ciclo de Annual. Es sobrio, pero contundente y tiene un castellano exquisito. Suficiente para volver a leer el libro.
Axdir, lugar del cautiverio
   La novela es un retablo que lleva como hilo conductor a un soldado que perteneció a la escolta del general Silvestre. Él y sus compañeros tienen la clave de la muerte del general, pero es un secreto inconfesable. Acaban prisioneros en el campo de Axdir y el autor aprovecha para relatar algunas de las maquinaciones, peripecias y políticas españolas y rifeñas. La novela cambia de orientación a lo largo de sus páginas. Comienza con una dura crítica a la política española de la época cuya conclusión fue el desastre en Marruecos. En esa censura puede parecer en ocasiones una comprensión  excesiva a la postura del “otro”. Pasar de un fuerte sentimiento de alteridad a lo contrario fue una técnica narrativa para compensar los excesos del patrioterismo. Pero en Gaya no hay tal.  En él hay más de crítica social, de dibujo de la situación vital de las clases desfavorecidas que eran las que sufrieron en carne propia el grueso de la tragedia, sin comerlo ni beberlo, sólo como soldados bisoños, mal tratados y obligados al sacrificio. Era la síntesis de lo que ocurría en la sociedad española en general. Pero además, el autor aprovecha para repasar algunas de las situaciones grotescas de lo que ocurrió en la “corte” de Abd el Krim en Axdir. La sucesión de visitas, la aparición de oportunistas internacionales a la busca de un negocio o la larga cuestión del rescate.
   En la evolución de la historia, dentro del cautiverio y con un intento de evasión, el autor cambia el objetivo y poner el acento en el esfuerzo individual, la lucha contra la adversidad y la insumisión frente al derrotismo. Un esfuerzo ímprobo, sin duda, que recuerda al Viance de Imán de Sender. La lucha por la supervivencia en situaciones límites, la angustia de desconocer lo que se desarrollaba fuera del ámbito de su encierro. Pero, frente al pesimismo o nihilismo de Sender, en el final de Historia del cautivo hay esperanza.
Libro del sargento Basallo, uno de los protagonistas reales de la novela.

   Una buena novela que en su tiempo cambió la manera de narrar los episodios marroquíes. Fue difícil de obtener en aquellos años y sigue siendo difícil porque es muy raro verla a la venta y no está en casi ninguna biblioteca pública.  Esto se ha paliado un tanto al publicarse en ya las obras completas editadas por la Fundación Castro.

martes, 22 de julio de 2014

CHAFARINAS: UNA ALDEA EN LA MAR de LUIS JÁTIVA GARCÍA

JÁTIVA GARCÍA, Luis: Chafarinas, una aldea en la mar. (Edición del autor. Oviedo 2008. 545 páginas).

  
   Las islas Chafarinas son una pequeña posesión española cerca de la costa norteafricana. Son una posesión reciente ya que fueron ocupadas por el capitán general de Granada, Serrano, en 1848, horas antes de que llegaran los barcos franceses enviados desde Argelia con la misma finalidad. Había sido refugio de corsarios y de pescadores. Y constituía un punto estratégico para control Cabo de Agua y la frontera entre Marruecos y Argelia. En estas islas, que carecen de agua potable y son unas hectáreas peladas azotadas por el viento, hay una guarnición militar. Pero hasta los años setenta del siglo XX hubo población civil. De esa época queda una pequeña iglesia, una escuela y las casas que ahora usan los soldados. También contó con oficina de correos y se llegó a levantar una pequeña fábrica de conservas. Las islas fueron unidas por unos diques que un temporal destruyó en 1914, aunque aún quedan restos. La existencia de población civil –que también la hubo en los otros peñones o posesiones españolas en Alhucemas y Vélez de la Gomera- es un episodio que puede ser novelesco, pero que nunca se aprovechó en la literatura. Incluso es bastante escasa la información en ensayos o libros de divulgación. Hay algún ejemplo como las obras de Rafael Pezzi: Los presidios menores de África y la influencia española en el Rif (1893) o Las plazas menores de África (1921) de Francisco Carcaño Mas.


   Játiva (Melilla 1934) es un médico afincado en Asturias que conoció bien el Protectorado en Marruecos y Melilla. Aficionado a la escritura, algunas de sus novelas están ambientadas en el África española: Marruecos, Chafarinas o Ifni. Como médico militar estuvo destinado en las islas Chafarinas en 1961 y la novela parece ser una colección de recuerdos autobiográficos aderezados de datos históricos y observaciones. Por tanto, es una novela con poca acción, mucha melancolía y recuerdos cariñosos. No nos habla de la época dorada de las islas sino de la etapa decadente en la que todavía había escuela, capellán y algunos pocos civiles. Pero es un retablo de la vida local, del fin de una época en un lugar: Le cuesta trabajo comprender como el personal civil, “faristas”, panaderos, carteros, maestros, pueden aguantar estoicamente este aislamiento durante años. Es como volver a un pasado donde faltaba lo más elemental. En este lugar cosas tan esenciales como el agua, la comida y otras mil cosas dependen de un pequeño barco, de una climatología más o menos benigna, donde la vida y la muerte es una “ruleta rusa” (página 122). Por la época y la temática no es una novela de contenido colonial, pero estas posesiones próximas a Marruecos tiene siempre una fuerte relación con el Protectorado y las referencias en el relato son muchas. Como suele ocurrirle a los escritores ocasionales, adolece de exceso de páginas.


   Este relato continúa el testimonio novelesco iniciado por el autor en Sidi tebib (2006) y que culminará en Ifni cafard (2010) de la que ya nos ocuparemos. Sidi tebib es un libro de recuerdos, no es exactamente una novela, en el que se ocupa de la etapa en que ejerció de médico en la zona de ras Kebdana en los años 60 del siglo pasado. Por tanto, se trata de la primera etapa de la recién recuperada independencia marroquí. El autor describe las dificultades con las que se encontraba un médico en la zona, pocos medios y mucho trabajo. Y en algunos capítulos narra peripecias curiosas como la vida de un “renegado” español que huyó tras el desastre de Annual o algunas historias de la guerra entre Argelia y Marruecos –Guerra de las Arenas- que tuvo lugar en 1963.

martes, 15 de julio de 2014

NOVELA POPULAR Y GUINEA ESPAÑOLA: LAS AVENTURAS DEL PEQUEÑO TARZÁN.

POLO BARBERO, José: El pequeño Tarzán (el niño mono). Extraordinarias aventuras de un boy-scout en la Guinea Española. (12 cuadernillos de 8 páginas cada uno. Editorial Sanxo. Imprenta Layetana. Barcelona hacia 1930. Ilustraciones de Alberto Mestre Moragas).



   La novela popular por entregas tuvo mucho éxito en España al igual que en otros países. Dentro de este género había diferentes calidades. Algunas novelas tenían una buena técnica narrativa y un gran conocimiento de los lugares y hechos que describía, otras no. Eran, en gran medida, herederas del folletín y de la novela histórica post romántica. El interés del lector se mantenía, de una semana a otra, dejando cada capítulo en una situación arriesgada, peligrosa o difícil que luego se resolvía con sencillez. Dentro de este pulp hispano hubo, como ya vimos en otra entrada, un buen número de publicaciones dedicadas a Marruecos y las guerras contra los moros. Pero también hay un ejemplo de contenido guineano.

   Las aventuras del pequeño Tarzán fue una serie de novelas por entregas que tenía todas las características del género: Portadas llamativas que llamaban la atención del lector y aventuras inverosímiles pero llenas de emoción para un lector ingenuo y de escasa formación. Las editaba Sanxo en Barcelona, editorial dedicada a esta materia y que se ha convertido ya en un clásico de la literatura popular en España. La serie comprendió varias aventuras (La India, Far West, Marruecos, África…) de pocas páginas y muchos hechos.


   El autor no se paraba nunca a explicar que hacía un  menor viajando solo por el mundo, ni cómo llegaba a situaciones irreales, ni siquiera cómo podía salir de ellas sin resultar increíbles. Era la manera de contar que gustaba y eso era suficiente. En fin, una curiosidad.