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martes, 22 de noviembre de 2016

MARRUECOS EN LA NOVELA LEGIONARIA (3): LOS DEL TERCIO EN TÁNGER de FRANCISCO TRIVIÑO VALDIVIA.

TRIVIÑO VALDIVIA, Francisco: Los del Tercio en Tánger (Editorial Artes y Letras. Valencia 1926. 269 páginas).

   Triviño Valdivia (1861-1934) fue un médico militar nacido en Adra (Almería) que estuvo destinado en Marruecos en varias etapas. A finales de la década de los 80 del siglo XIX en Melilla y en 1909 lo encontramos en Tánger. Cuando ocurrió la derrota de Annual, era coronel jefe de Sanidad en Melilla. Fue procesado y absuelto por su comportamiento en estos hechos. Más datos sobre su vida se pueden leer en el blog http://desastredeannual.blogspot.com.es/2014/01/la-sanidad-militar-durante-el-desastre.html gracias a una entrada firmada por Javier Sánchez Regaña.

   Tenía afición a la escritura, como otros médicos de la época, y de su relación con el Magreb surgieron varios artículos y, al menos, los libros y folletos siguientes: Apuntes del Magreb (Larache 1900), Cinco años en Marruecos (Madrid 1903), Del Marruecos español (Melilla 1920) y la novela Los del Tercio en Tánger (Valencia 1926). De su actividad como médico colonial se puede saber más buscando en libros como Intimidades de Marruecos (Madrid 2009) de Francisco J. Martínez Antonio, que analiza la visión de algunos médicos españoles (Ovilo –de quien toma el título-, Ladrón de Guevara y Triviño) sobre el Marruecos del finales del XIX y principios del XX.

Portada del libro de Martínez Antonio
   La novela Los del Tercio en Tánger narra las aventuras de unos legionarios españoles en la ciudad marroquí en una época en la que algunos ilusos todavía soñaban con hacerla capital del Protectorado español, y en donde se situaba el centro de actividad de la información internacional y desde donde se podían obtener buenas noticias sobre el Raisuni. El autor no es novelista y traza un relato lento, aburrido y discursivo, con una larga primera parte introductoria y unos personajes burdos. Cuatro fanfarrones similares, que encajan en el tipo de legionario desesperado, como dice el autor: …esa hueste de hombres venidos de todas partes, cada uno con su historia buena o mala escondida en la conciencia, pero todos dispuestos a morir no solo por amor a la causa que servimos, sino porque la muerte es la redención, el olvido, el descanso (páginas 56-57). Y un quinto elevado de posición, seductor y encargado de coordinar los trabajos de “inteligencia” de los cuatro legionarios rasos. Todo ello enmarcado en el consabido ambiente tangerino de juego, juerga y corrupción.

   Tarda mucho en llegar la acción, la intriga, el juego de contrabandistas y el contacto a través de tanguistas. Y cuando llega, es decepcionante. Situaciones previsibles, tópicos y fácil desenlace. Al final, los legionarios se convierten en héroes en una escenas de guerra que ganan en intensidad narrativa.
Óleo de Mohammed Sarghini
   Triviño es un personaje interesante en la historia de España en Marruecos, pero la novela no era lo suyo.


jueves, 30 de junio de 2016

LAS NOVELAS DE TÁNGER (5): ME QUEDÉ EN TÁNGER de LUIS MOLINOS y EL BESO DE HERMES…TÁNGER de DOLORES ABATI.

MOLINOS, Luis: Me quedé en Tánger (Autoedición. Impresión bajo demanda en Amazón. 2013. 317 páginas).
ABATI, Dolores: El beso de Hermes… Tánger (Autoedición. Impreso bajo demanda en Polonia 2013. 72 páginas).

   La fascinación por lo que fue Tánger en la época internacional lleva a algunos de sus antiguos habitantes a desgranar recuerdos de manera novelada. Dentro de la abundante literatura memorialística colonial, este es un apartado de creciente importancia. De los hechos narrados se pueden deducir los detalles de la vida ciudadana. Aunque gran parte de este tipo de novelas sean sólo recuerdos domésticos, sucesos familiares y anécdotas enlazadas.

   Molinos construye una novela con la sucesión de episodios que van desde finales del siglo XIX hasta después de la independencia de Marruecos. Escrita en primera persona, quiere transmitir la evolución de la ciudad según la evolución del protagonista. Algo común entre los escritores fascinados por lo que vivieron. Libro ameno aunque no profundiza mucho en las situaciones para que se compliquen con las páginas. Pasa por los sucesos cronológicamente y los unen los personajes que se repiten en distintas edades. Puede entenderse que algunos personajes son reales según los recuerdos del autor, otros ficticios y otros una mezcla de ambos. En los hechos, también intuimos algo parecido. Algunas son anécdotas familiares, otras sirven para presentar personajes históricos como Raisuni, Silvestre, Bu Hamara o Abd el Krim. Memorias en ocasiones; en otras se intuye el préstamo literario como la narración del Desastre de Annual y la huida del protagonista que recuerda relatos conocidos. La ciudad cobra su internacionalidad y la pierde. Llega la independencia y el autor permanece. La ciudad tiene su propia biografía y tal vez Molinos quiso ser uno de sus biógrafos.

   Dolores Abati ha utilizado el mismo sistema de autoedición para presentar un relato más intimista en el que la ciudad es sólo el marco de las relaciones personales. Sólo el escenario de la primera parte y el recuerdo persistente en los dos protagonistas.



miércoles, 15 de julio de 2015

MARRUECOS EN LAS NOVELAS DE RAFAEL LÓPEZ RIENDA

Al hablar de Marruecos en la colección Los contemporáneos, ya hicimos referencia a dos novelas de López Rienda. Ahora completamos su bibliografía colonial con sus otras aportaciones.

   López Rienda es un personaje singular en el Marruecos de la época, incluso ha sido personaje en alguna novela de Cazorla Pietro. Huérfano de padre, se alista como voluntario en el Ejército como manera de subsistencia. Pero su inteligencia y su facilidad en las letras hacen que, unido a los méritos de guerra, ascienda a sargento. Pero en él subyace una vocación literaria y periodística que le empuja a la escritura más que a las armas. Seguramente, de no morir tan joven (16 de septiembre de 1928), hubiera acabado dejando el Ejército español. Había nacido en Granada en mayo de 1897 y a los dieciséis años ya estaba en la Caballería de Larache.

   Pronto empezó a colaborar en El Sol como corresponsal, y en los diarios de Marruecos y Melilla. Fue director de Ecos de Arcila, Diario Marroquí de Larache y El Eco de Tetuán. Es autor de algunos de los libros de actualidad marroquí más consultados: El escándalo del millón de Larache (1922), en el que desentraña la corrupción militar de la época aprovechando un célebre caso; Frente al fracaso, Raisuni. De Silvestre a Burguete (1923), criticando la vacilante política española con El Raisuni que, según el autor, llevó a la catástrofe y  Del Uarga a Alhucemas. Abd el Krim contra Francia (1925), recopilación de crónicas periodísticas sobre el final de la campaña.


   
   De su amistad con el escritor Benjamín Jarnés, al que conoció cuando hacía la mili en Larache resultó la obra de teatro El héroe de la Legión (1925). Posiblemente Jarnés influyera mucho en la manera de escribir de López Rienda.

   Además fue uno de los pioneros del cine colonial español como guionista, productor y director. Participó en el rodaje de Alma rifeña de Buchs en 1922, adaptó su novela Águilas de acero o Los misterios de Tánger (1926) dirigida por Florían Rey, y dirigió Los héroes de la Legión (1927).
Resumen del argumento de la película
   Una buena noticia biográfica es la que escriben Juan Domínguez Lasierra y José Marqués López en el nº 68-69 de la revista Turia.
   Rafael López Rienda publicó las siguientes novelas breves de tema marroquí:
-          Águilas de acero. Novela de la guerra (La novela de hoy nº 226. Madrid 10 de septiembre de 1926. 64 páginas. Ilustraciones de Quintanilla). Una sencilla historia de aviadores militares, Tánger, misterio, espionaje y atracción femenina.

-          Juan León, legionario (Los héroes de La legión). (Imprenta de Zoila Ascasíbar. Madrid 1927. 60 páginas. Ilustraciones de Garran). Que podía pasar por una novela de tópicos legionarios pero que es, en realidad, la biografía escondida de su amigo el poeta granadino Juan Jesús León.

-          Luna en el desierto (La novela de hoy nº 334. Madrid 5 de octubre de 1928. 62 páginas. Ilustraciones de Quintanilla). Aventuras de legionarios franceses.

-          Bajo el sol africano (La novela regional nº 1. Granada 1925. 28 páginas).


   Además de las dos novelas cortas que ya mencionamos en el comentario sobre Marruecos en Los Contemporáneos:
-          Tánger, pequeño Montecarlo (Madrid 22 de mayo de 1924. Los Contemporáneos nº 800).

-          Mi legionario (Madrid 25 de septiembre de 1924. Los Contemporáneos nº 818).


   López Rienda presenta la singularidad de que casi toda su obra se desarrolla en el Protectorado, algo que sólo ocurre en el caso de Luis A. de Vega. Sin embargo, debido quizás a su prematura muerte, lo que escribió era sólo el inicio de una carrera. Le falta una novela larga donde desarrollar situaciones y personajes con mayor intensidad, donde combinar los aspectos militares con la vida civil que él conocía como habitante de Larache. Hoy nos queda la curiosidad de ser un escritor vinculado al africanismo español y a la visión idealista de una situación controvertida.

viernes, 10 de abril de 2015

LAS NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (5): LAS SEMILLAS DE ANNUAL de CAZORLA PRIETO

CARZORLA PRIETO, Luis María: Las semillas de Annual (Almuzara. Córdoba 2015. 471 páginas + mapas).

   Cazorla culmina aquí su trilogía sobre los inicios del Protectorado español en Marruecos. Le ha dedicado casi mil quinientas páginas en tres abultados libros. Y ha conseguido interesar y entretener, lo cual es ya un mérito teniendo en cuenta la dimensión del proyecto. Los dos primeros títulos ya tienen una entrada en este blog. En el tercero, el autor nos apunta al desastre de Annual. ¿Se puede escribir una novela sobre este tema y que interese? ¿No se ha agotado ya el filón? A la primera pregunta responderé que sí y a la segunda que no. En esto, como en todo, el valor estriba en la calidad y en la originalidad. Cazorla no escribe sobre el desastre sino sobre la génesis del mismo, sobre algunos acontecimientos previos que levarían a la derrota frente a Abd el Krim.
Luis María Cazorla Prieto
   Cazorla escribe una novela histórica en el estricto sentido del término. No encuadra un argumento en la historia, ni inventa misterios, tesoros o conspiraciones. Se centra en la narración de los hechos acaecidos entre 1920 y 1921. En ocasiones parece una novela-reportaje, como al principio, porque se ve obligado a poner al lector en antecedentes y hace un resumen de la situación política y militar. Pero el argumento se enriquece con la aparición de personajes ficticios y con el toque policiaco que le da a algunos de sus sucesos, recuperando al capitán Pozo de la Guardia Civil que ya aparecía en la novela anterior resolviendo el asesinato de la Cuesta Colorada. La novela, como toda la trilogía, gira en torno a la figura del general Silvestre, su contrario El Raisuni y su rivalidad con el general Berenguer.
   El autor, muy documentado en los que ocurrió, y con un conocimiento familiar de la vida cotidiana, establece tres grandes líneas argumentales que llevarán a una consecuencia lógica: el desastre.
   La primera la rivalidad militar entre los generales Berenguer y Silvestre. El segundo ascendió antes al generalato pero el primero era alto comisario en Marruecos. Esto causaba conflictos personales y profesionales puesto que Berenguer, cuando fue ministro, suprimió la consideración de que el alto comisario fuera jefe del ejército en Marruecos. Esto trató de corregirlo y se dictó un decreto para asegurarle la primacía. No obstante, no se atrevió a ejercer ese mando supremo con la energía requerida y dejó actuar a Silvestre con demasiada autonomía. Berenguer, que dirigía las acciones en el frente occidental del Protectorado, se compensaba adjudicándose más tropas y medios que los destinados a la Comandancia de Melilla a cuyo frente se encontraba Silvestre. La rota de Annual supuso también el retroceso de lo que se había hecho desde Tetuán durante años.
Larache, calle de Canalejas. Escenario de la novela por hallarse situados allí el hotel España y el cine España
   La segunda se centra en la figura de El Raisuni, como en sus dos novelas anteriores.  La opción por el enfrentamiento con el cabecilla frente a una política de entendimiento. Y que la guerra en las montañas de Beni Arós se desarrollara al mismo tiempo que la lucha contra Abd el Krim, en vez de ordenar una prioridad entre uno y otro frente.
   La tercera es el consabido clima de corrupción que afectaba al Ejército español en Marruecos y que mermaba considerable la Equipación de la tropa. Cazorla lo ejemplifica en el escándalo del millón de Larache, un caso sonado en la época y que dio lugar a un libro del escritor López Rienda (personaje de la novela). Resumidamente se trata de una sustracción mensual de esa cantidad de dinero de Intendencia que acababa en los bolsillos de los militares correspondientes según un turno de reparto que habías establecido. Como suele ocurrir en España, el tema se sustanció con el procesamiento de dos mandos intermedios: el capitán Jordán y el paisano José Gargallo (reflejado indirectamente en otro personaje de la novela).
Portada del libro de López Rienda de 1922

   Cazorla escribe con un estilo sobrio, con la precisión de un jurista pero sin adornos literarios más allá de lo imprescindible. La precisión que evita interpretaciones dispares. A pesar de no ser un novelista de oficio, no cae en los errores de los ocasionales como la adjetivación excesiva, el uso de imágenes de segunda mano o la minuciosidad en lo nimio. La lectura es grata pero tal vez da por hecho que el lector conoce los entresijos de la historia.  El autor es un experto en los hechos, en la figura de El Raisuni y la política española en Marruecos alrededor de 1920. Ha tenido el acierto de llenar un hueco en la novelística española sobre el Protectorado: La zona occidental y la vida civil. La trilogía de Cazorla es ya imprescindible en esta materia a la que dedicamos el presente blog.

jueves, 5 de diciembre de 2013

MOHAMED SIBARI

SIBARI, Mohamed:  - El caballo (Éditions Marocaines et Internationales. Tánger/ Rabat 1993. 163 páginas. Prólogo de Abdelaziz Chahbar).
-          Regulares de Larache (Éditions Marocaines et Internationales. Tánger 1994. 94 páginas. Prólogo de Josechu Bengoa Barrenechea).
-          Judería de Tetuán (Éditions Marocaines et Internationales. Tánger 1995. 82 páginas. Prólogo de Omar Benabud).
-          Relatos de las Hespérides (Editorial La La Menana. Tánger 1995. 85 páginas. Prólogo de Rafael Aguilera).
-          La rosa de Xauen (Éditions Marocaines et Internationales. Tánger 1996. 84 páginas. Prólogo de Rafael Carratalá Ballester).
-          Cuentos de Larache
-          Sidi Baba (Editorial La La Menana. Tánger 1999. 94 páginas).
-          El babuchazo (AEMLE. AECI. Tanger 2005. 101 páginas. Prólogo de Sergio Barce).
-          De Larache al cielo (Editorial La La Menana. Tánger 2006. 98 páginas).

Ha llegado la noticia de la muerte de Mohamed Sibari. Su amena conversación en los salones de la Casa de España de su ciudad natal, Larache, se apaga para siempre. Se extingue una de las voces más importante de la literatura en lengua española en Marruecos, una empresa romántica de autores marroquíes que se empeñan en que nuestro idioma no se pierda en el norte de aquél país. Sibari fue uno de los pioneros de la empresa y el autor más prolífico. De este grupo de autores se puede saber más consultando los libros que hablan de ellos y que son, además, antología de sus obras:
 CHAKOR, Mohamed y MACÍAS, Sergio: Literatura marroquí en lengua castellana (Magalia. Madrid 1996)
CEREZALES, Marta; MORETA, Miguel Ángel y SILVA, Lorenzo: La puerta de los vientos. Narradores marroquíes contemporáneos. (Destino. Barcelona 2004).
PÉREZ BELTRÁN, Carmelo: Entre las dos orillas (Universidad de Granada 2007)
GAHETE, Manuel; LIMANI, Abdellatif; MGARA, Ahmed M.; SARIÁ, José y TAZI, Aziz: Calle de agua (Sial. Madrid 2008).














Sibari fue funcionario de la Administración española en el Protectorado, y después del gobierno marroquí tras la independencia. En su página web podemos encontrar detalles de su historia personal: http://mohamed-sibari.fr-bb.com/ .Su obra está llena de referencias coloniales y de conceptos españoles dentro de lo castizo marroquí. Son relatos sencillos llenos de ternura y humor, en un ambiente costumbrista de una época pasada. Tienen un poso autobiográfico porque sus escenas recuerdan la época que vivió. En 1993 publicó El caballo, una historia de amor triple de un empleado de la Compañía Agrícola del Lucus. En 1994 dio a la luz la novela cortas: Regulares de Larache, quizás la de más clara significación colonial por su descripción de la vida entre Beni Arós y Larache los últimos tiempos del Protectorado. Seguirían Judería de Tetuán (1995) donde las relaciones hispano-marroquíes se trasladan a la capital de la zona, La rosa de Xauen (1996) en la que abandona la etapa colonial y se centra en el problema de la emigración y que fue traducida al francés. Siguió Sidi Baba (1999) en la que ya no aparece la etapa colonial.  Los encuentros y desencuentros entre Raisuni y Silvestre los recogió en De Larache al cielo (2006). También escribió cuentos: Relatos de las Hespérides (1995), Cuentos de Larache (1998), Relatos del hamman (2001), Pinchitos y divorcios (2002) y El babuchazo (2005). Y es autor de algunos poemarios.





viernes, 17 de mayo de 2013

EL RAISUNI EN LA NOVELA ESPAÑOLA


GARCÍA FIGUERAS, Tomás: Del Marruecos feudal. (Episodios de la vida del cherif Raisuni). (CIAP. Madrid 1930. 241 páginas y 3 hojas).
LÓPEZ GARCÍA, David: Raisuni. (Alfaguara. Madrid 1991. 152 páginas).
   A pesar del atractivo de la figura del Raisuni, personaje controvertido donde los haya y de una personalidad extraordinaria, no hay muchas novelas españolas que lo traten como protagonista. Hay referencias en algunas de las novelas sobre guerra en Marruecos, pero casi ninguna profundizó en su pensamiento y en el sentido de los episodios de su vida. Hasta que Cazorla publicó  El general Silvestre y la sombra del Raisuni (2013), apenas hay dos referencias anteriores.
   Don Tomás García Figueras fue una de las figuras señeras del Protectorado español. Había combatido en la guerra como oficial de caballería pero decidió dedicarse a las labores políticas y administrativas dentro de la estructura hispano jalifiana. Entre los varios cargos que ocupo destaca, por su importancia, el de delegado de Asuntos Indígenas, verdadero muñidor de la política española en la zona. Era un hombre que, como resulta lógico de su curriculum, asumía plenamente las doctrinas coloniales al uso y se encuadraba dentro de la ortodoxia franquista. Pero, a diferencia de otros funcionarios, mostró una inagotable curiosidad por los asuntos de Marruecos. Fue autor de diversas obras que figuran aún hoy entre la bibliografía imprescindible para el estudio de la época: La acción de España en Marruecos (1929) escrito en colaboración con Carlos Hernández de Herrera que es una magnífica síntesis de las acciones militares españolas en el país, el clásico Marruecos (la acción de España en el norte de África) (1939) que tuvo varias ediciones posteriores, Santa Cruz de Mar Pequeña-Ifni-Sahara: la acción de España en la costa occidental de África (1941), Presencia de España en Berbería central y oriental: Tremecén, Argel, Túnez, Trípoli (1943), Recuerdos centenarios de una guerra romántica: la guerra de África de nuestros abuelos (1859-60) (1961), La acción africana de España en torno al 98 (1860-1912) (1966) o La ocupación carlista de Melilla (1971) entre otros libros y numeroso artículos y textos breves. Fue además un excelente coleccionista de todo lo relacionado con la colonización africana y al final de su vida, en su retiro de Jerez de la Frontera donde llegó a ser alcalde, hizo donación de una excelente colección de libros, documentos originales, fotografías, mapas, etc., a la Biblioteca Nacional que la conserva para uso de investigadores.
 Artículo de García Figueras sobre El Raisuni aparecido en África, marzo-abril de 1945.

   Entre los papeles donados se encuentra una buena recopilación de documentos y fotografías relacionados con El Raisuni. De éstos sacó García Figueras la información necesaria para publicar una excelente serie de artículos en la revista África en los que desarrolló su visión de los acontecimientos que llevaron al auge y caída del líder de Yebala. Los artículos comenzaron a publicarse en el número de octubre de 1943 y concluyeron casi diez años después, en 1952. Constituyen una buena fuente de información para investigadores. Con todo el material acumulado, y la información verbal que tuvo de los testigos de los sucesos, García Figueras compuso una novela sobre el cherif: Del Marruecos feudal (1930). Creo que mejor hubiera hecho si a los artículos publicados, debidamente pulidos y añadidos, le hubiera dado forma de monografía histórica. Porque el autor, como novelista no es bueno. Volvería a intentar la novela con Ramadán de paz (1946), en la que reivindicaba la labor de los moros en la Guerra Civil y su supuesta intervención desinteresada o ideológica. Pero resultan textos poco novelescos, muy inflados en su redacción y con poco pulso para ser ficción. Del Marruecos feudal es la novela de un historiador fascinado por el personaje. Es, por tanto, una novela que está excesivamente atada a la fidelidad histórica y que prescinde de los pequeños detalles que usan los escritores para señalar las personalidades de los protagonistas o enmarcarlas en los hechos de la época. El autor se confiesa en el prólogo: La historia del cherif Muley Ahmed Raisuni, que llena por sí sola un período importante de la vida contemporánea de Marruecos, está aún por escribir. Y, comprendiendo la complejidad de la actuación del caudillo, sigue escribiendo: Emitir un juicio del Raisuni entra en la categoría de lo temerario: su complejísima política, su reserva, la falta de documentación que merezca el título de seria, la necesidad en que se encontraba de jugar a la vez partidas tan diversas, la altura de sus combinaciones políticas, todo ello dificulta la cuestión de modo extraordinario.


   Pero la novela es entretenida, contempla los episodios fundamentales de la actuación pública de Raisuni, los que luego novelarán Cazorla y Mounir, y la lectura es fácil y grata. Fue la primera aportación novelesca al personaje y no desmerece de las posteriores.

   David López García es un buen conocedor de la literatura sobre el protectorado. Fruto de sus estudios sobre la materia es el libro El blocao y el oriente (1994). Quizás inspirado en ese conocimiento, dedicó a El Raisuni una novela juvenil.  Como ocurre con la mayoría de las novelas dedicadas a este público, puede ser leída perfectamente por el adulto sin que se sienta mentalmente minusvalorado. Pero López García no recrea los hechos históricos sino que, sin huir  de las cadenas de los hechos reales, imagina la historia de un niño que se aventura a la búsqueda de su padre prisionero en Marruecos. La excusa está un poco forzada pero el intento de hacer llegar la historia de los españoles en aquel país y la representación del cabecilla resultan loables. Sorprendéntemente, Raisuni aparece sin los caracteres de crueldad y tiranía con los que los españoles gustaban de adornarlo. Sus excesos merecen una explicación para el novelista y la presencia del niño saca de él buenos sentimientos y actitud noble. En general, Raisuni ha sido mejor tratado en la ficción que en las monografías que se le dedicaron en su momento. Con la distancia, va primando más en su recuerdo la calidad de líder nacionalista que la de bandido. Con todos sus excesos y la desproporción de castigos y venganzas. No hay que olvidar cual era la mentalidad marroquí de la época, aunque este argumento es un arma de doble filo porque con igual indulgencia habría que juzgar la mentalidad colonizadora propia de ese mismo pasado. Aunque siempre quedó la duda de si el concierto con el jefe marroquí, en vez del enfrentamiento propiciado por Silvestre, no hubiera dado mejores resultados a España y hubiera evitado campañas interminables y muertos excesivos.

martes, 14 de mayo de 2013

OMAR MOUNIR Y EL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS


MOUNIR, Omar:  Bou Hmara. (Marsam. Rabat 2007. 270 páginas y 1 hoja).
-          Raïssouni  le magnifique. (Marsam. Rabat 2012. 237 páginas).

   Aunque quiero hacer un blog sobre novela española relacionada con las colonias africanas, no está de más realizar algunos comentarios sobre otras novelas sobre el mismo asunto. En este caso se trata de dos novelas que el autor marroquí Omar  Mounir ha dedicado a los dos personajes más relevantes en la rebeldía que precedió y actuó durante el Protectorado español en la zona. Ambos tienen en común la insumisión y la disidencia, aunque presentan notables diferencias. La descomposición del estado marroquí en tiempos del sultán Abdelaziz, en el cambio del siglo XIX al XX, produjo el fortalecimiento de caudillos casi feudales que camparon a sus anchas e impusieron sus reales en zonas del territorio del imperio. ¡Pobre sultán al que, además, en mayo de 1907 se le enfrentó su propio hermano Mulay Hafid apoyado por El Glaoui Madani en Marrakech. Y esa decadencia la aprovecharon las potencias europeas para imponer sus condiciones en la Conferencia de Algeciras primero, e imponiendo el protectorado después.  Nunca fue tan clara la diferencia entre el territorio del Majzen y el siba, el territorio controlado por el estado y el que permanecía, en mayor o menor grado, al margen de la autoridad del sultán. Mounir ha visto en estos personajes los elementos suficientes para novelar. Y es que la personalidad de ambos y la riqueza de los acontecimientos que provocaron y vivieron dan para una y varias novelas. Además, el autor se ha documentado extensamente y añade bibliografía al final de ambas obras. Ya he dicho varias veces que la inclusión de bibliografía en una novela no es procedente porque no añade autoridad a la ficción, y no justifica siquiera la fidelidad total de la obra a los hechos. Por otra parte el autor no necesita justificar la interpretación que haga en su libro porque se trata de una ficción. Mounir maneja la bibliografía marroquí y extranjera y conoce suficientemente la española. Sobre Bu Hamara, hay una extensa monografía del interventor Eduardo Maldonado titulada El Rogui (Instituto General Franco. Tetuán 1949). Y poco más. Tal vez debió consultar el libro de Enrique Arqués Tres sultanes a la porfía de un reino (Editora Marroquí. Tetuán 1953), ya que este autor vivió con el personaje en Zeluán durante su infancia, y quizás el libro de José Antonio Caro Martín Bu Hamara y Melilla (Marfe. Melilla 1989). Curiosamente, un hombre de vida tan novelesca y tan relacionado con España no ha atraído a ninguno de los novelistas españoles aunque sí fue sujeto de atención  de uno de los mejores novelistas coloniales franceses, Maurice Le Glay, que le dedicó La mort du Rogui (1928). También en la novela sobre Raisuni demuestra conocimiento de las fuentes españolas, citando El Raisuni (1917) de Manuel L. Ortega, El Raisuni, caudillo de Yebala (1921) de Bermudo Soriano,  Campañas del Rif y Yebala  (1923) del general Berenguer y  Del Marruecos feudal (1930) de García Figueras. Aunque, por el contrario no menciona un clásico como Frente al  fracaso: Raisuni. De Silvestre a Burguete (1923) de Rafael López Rienda, ni hace mención a un estudio completo y actual que es El Raisuni aliado y enemigo de España (1998) de  Carlos Federico Tessainer y Tomasich y, en menor medida, El Raisuni (Pesadilla de España en las campañas de África) (2001) de Antonio Santiago González Villena.
 El rogui Bu Hamara 

   Jilali ben Mulay Abdeslam Al-Yussufi Azzarhuni “Bu Hamara”, es decir el hombre de la burra, fue un rogui o pretendiente al trono que apareció por la zona de Melilla a principios del siglo XX. Podía ser sólo un pícaro que se aprovechó de la especie extendida de que era mulay Mohamed, el hermano del sultán privado injustamente del trono y de ahí el uso de la palabra rogui, aunque el rumor era falso y él lo sabía. En realidad era un hombre de cierta cultura, al que los españoles le atribuían el uso de la magia, que supo aprovechar el descontento de ciertas zonas de Marruecos en las que la autoridad del majzén no existía de facto. Tenía formación religiosa y practicaba un islam próximo al sufismo. Para desarrollar su autoridad fáctica eligió las ciudades alejadas de la corte imperial, aprovechó los descontentos tribales y la debilidad militar del Estado en esas regiones. Había sido funcionario del sultán y cayó en desgracia, cosa nada rara en Marruecos. Así que tomó el camino del ostracismo y consiguió un gran éxito haciéndose dueño de Taza, derrotando a la mehalla cherifiana, capturándole armas de todo tipo y llegando a las puertas de Fez con su tropa irregular. No era tan iluso como para intentar entrar en la capital imperial sabiendo que guardaba un buen número de tropas y artillería. Cuando vio que el enemigo era poderoso, y sintió el dolor de la traición de alguno de los cabecillas de Taza, dejó la ciudad y se refugió en Uxda primero y en la zona que rodea Melilla después. Los sucesivos intentos de las tropas del sultán para controlar al cabecilla eran rechazados por las cabilas rebeldes. Las zonas montañosas, la falta de caminos practicables, la rebeldía de las cabilas y la falta de medios de las tropas sultánicas favorecían la disidencia. Y Bu Hamara adquiría prestigio y poder en la zona, llegando a negociar las concesiones mineras de Uixan con las compañías europeas. Acabó retirándose a la alcazaba de Zeluán, a unos doce kilómetros de Melilla, donde estableció su pequeña corte. Pero su aventura llegó demasiado lejos porque no franceses, ni británicos ni españoles podían permitir tal desafío a la autoridad imperial que decían proteger. Bu Hamara ejercía una autoridad real aunque ilegítima, mantenida por la fuerza,  impuso impuestos y exacciones a los habitantes de la zona que dominaba y ejerció un control sobre las tribus. Su ejército, compuesto por muchos oportunistas y bandidos, se lanzó al robo y el pillaje. Los españoles dejaron hacer al principio, incluso propiciaron acuerdos con el caudillo para explotar las minas del sur de Melilla. Pero la situación no podía prolongarse eternamente cuando se estaba poniendo en solfa la soberanía del sultán que. Ya se había celebrado la Conferencia de Algeciras aunque todavía no el tratado del protectorado y los europeos apoyaban, al menos formal y diplomáticamente, la independencia marroquí. Precisamente, la debilidad del sultán y el desorden en el imperio propició que los franceses fueran ocupando zonas del territorio, y los españoles les secundaron tímidamente. No tenían más título que la dudosa obligación de policía impuesta en Algeciras y que se tomó en sentido extensivo o, mejor dicho, abusivo. Estas actuaciones provocaron una reacción nacionalista entre los marroquíes que los líderes insumisos trataron de aprovechar a su favor, presentándose como garantes de la independencia que el sultán no sabía o no podía defender.
El Raisuni
   Abdelaziz, que no pudo atender a todos los frentes abiertos durante su reinado, es derrocado por su hermano Hafid en 1907. Al mismo tiempo Bu Hamara derrota a la mehalla sultanesca en la Mar Chica, teniendo que refugiarse en Melilla los derrotados para poder salvar la vida. Es entonces cuando Francia y, en menor medida, España reaccionan y deciden apoyar al sultán frente al rebelde con el deseo, cada vez más evidente, de acabar ocupando todo el territorio mediante la fórmula de protectorado. Pero el rogui fue perdiendo fuerza porque mantener a la tropa le resultaba muy caro. Por otra parte, los franceses que han ocupado Uxda ofrecen trabajo y seguridad. Están abriendo caminos, construyendo edificios, etc. Y, como gran contradicción nacionalista, los milicianos de Bu Hamara se marchaban para trabajar con los colonos. Las cabilas fronterizas a Melilla, con Ameziane a la cabeza,  se le enfrentan a causa de las concesiones mineras que otorgó y se origina la guerra contra los españoles en 1909. El falso sultán va perdiendo fuerza y, al final es derrotado y apresado. Fue llevado en una jaula a Fez donde lo ejecutan después de haber sido torturado. La venganza del sultán, como escribe Mounir.
   Mulay Ahmed ben Mohamed el Raisuni fue un cherife de origen idrissi que cobró notable fama entre los españoles en los años de instauración del Protectorado en Marruecos. Era un hombre de personalidad compleja y de gran ambición. Aunque en nuestra literatura se ha acentuado mucho su faceta de bandido feudal y de hombre cruel e implacable, tuvo indudablemente un aspecto político de gran importancia. Esto es lo que ha novelado recientemente Luis María Cazorla en nuestro país. Seguimos en el mismo ambiente de descomposición del imperio marroquí que culminó en el reinado del sultán Abdelaziz, hombre poco preparado para el mando pero que heredó unas finanzas arruinadas y un país en permanente estado de desorden social. Se podía decir que la disidencia era tan grande como la adhesión. Raisuni era un hombre letrado y religioso, por lo tanto no era un simple jefe de banda de ladrones. Su vida no fue fácil. Al morir su padre, los bandidos de Yebala atacaron las propiedades, se llevaron lo que pudieron incluido el ganado y maltrataron a la madre. Más tarde fue nombrado gobernador de Arcila y, poco después, destituido y encerrado en la prisión de Mogador donde sufrió años de malos tratos. Había sido víctima de una de las intrigas palaciegas tan al uso en Marruecos. Esto le produjo un enorme rencor hacia el sultán Abdelaziz y su corte. Le habían confiscado sus bienes y tuvo que echarse al monte para sobrevivir. Eran años donde los delincuentes campaban a sus anchas por el país, donde los caminos no eran seguros, los zocos no ofrecían garantías de paz y las bandas de bandidos atracaban a unos y otros sin que la autoridad y sus agentes pudieran imponerse salvo en las grandes ciudades. La disidencia era total y casi todo el país de había convertido en siba, en anarquía. Cuando aparecían los funcionarios del Majzen era casi peor porque ejercían las autoridad arbitrariamente, se enriquecían con los impuestos e imponías castigos tan salvajes o más que los de los bandoleros. El Raisuni formó su propia banda, pero se justificó diciendo que él ofrecía seguridad y protección a las caravanas y a los comerciantes y viajeros frente a los asaltantes. Era cierto, pero cobraba por ellos y castigaba duramente, incluso con la muerte, a los que no pagaban. Además, ejerció la lucrativa actividad del secuestro. El caso de los Perdicaris llegó provocar un intento de intervención americana. El suceso dio lugar a una película: El viento y el león (1975) de John Milius. Su creciente poder fue causa de su caída.

       La subida al trono del sultán Hafid cambió su suerte. Supo tomar partido y fue nombrado gobernador del Fahs. Se construyó un enorme palacio en Arcila, que luego le confiscaría el general Silvestre. Los españoles, representados por Silvestre como comandante general de Larache, pactaron con él al principio como una manera de garantizarse la paz y el control del territorio. Es cierto que el acurdo con Raisuni permitió la ocupación de Larache, Alcazarquivir y parte importante del territorio. Después le volvieron la espalda cuando comprendieron que se había convertido en causa del desorden. Esto llevó a un fuerte enfrentamiento entre Silvestre y una cierta aproximación a  Burguete o Jordana, que es el argumento de las novelas de Cazorla Prieto que ya comentamos. El Raisuni, que se sintió traicionado por los españoles cuando no lo propusieron para jalifa, declaró la guerra abierta a las tropas del Protectorado. En su desgracia contribuyó también su proximidad a los alemanes en la I Guerra Mundial, que los franceses juzgaron como traición. Raisuni era, además, un hombre de insaciable codicia y exigía permanentemente a los españoles dinero y más dinero. Estaba casi derrotado cuando surge la rebelión de Abd el Krim, que le dio nuevos bríos. Pero Abd el Krim quería también dominar Yebala y se enfrentó a Raisuni provocando la debilidad de ambos y, en definitiva, su final. En cierta manera, Raisuni veía estas acciones como una manera de oponerse a los extranjeros que se repartían su país, era parte de su nacionalismo combatiente.

   Mounir relata con estilo de historiador. Por eso hay muy pocos diálogos y muy pocos detalles intrascendentes. Mounir va al grano y se centra en los acontecimientos. Sin embargo, parece mucho más objetivo al tratar a Bu Hamara que a El Raisuni, por el que siente una simpatía que no puede disimular. Si el primero aparece como un oportunista que supo jugar bien sus bazas, el segundo cobra la dimensión de héroe nacionalista. No hay que olvidar que Mounir es un anticolonialista exacerbado,  como lo demuestra su ensayo Les colonialistes (2010). Se nota también en que la novela sobre Raisuni está escrita en primera persona. Si para Bu Hamara incide en su carácter de insumiso ilegítimo, para Raisuni recoge toda clase de justificaciones y de excusas ante sus acciones desproporcionadas y crueles. Lo presenta como un hombre del Majzen,  un garante del orden y la seguridad y un apoyo a la autoridad del sultán en el norte del país. Silencia su corrupción y su autoridad desmedida y sin freno hasta que llegaron los españoles y trataron de controlarlo. No profundiza en algunas cuestiones importantes como el enfrentamiento a los españoles en Beni Arós y su batalla final con Abd el Krim. Creo, ya que hace menciones en sus dos novelas al personaje, que Mounir puede estar preparando una novela sobre And el Krim y por eso deja algunos cabos sueltos. Y cae en exageraciones propias de una nacionalista marroquí: Considerar batalla a la vergonzante retirada de Annual, exagerar la cifra de muertos españoles en esas jornadas hasta los quince mil cuando no llegarían ni a la mitad, y la mitad de ellos fueron masacrados en Monte Arruit después de rendirse y entregar las armas, y algunas otras cuestiones menores.

   Mounir profundiza bien en la personalidad de ambos caudillos pero no narra por igual las diferentes etapas de sus existencias. En concreto, y a pesar de la bibliografía mencionada, pasa sin detenerse lo suficiente por las relaciones entre ambos jefes y los españoles que, en ambos casos, fueron claves de sus caídas y parte muy importante de sus vicisitudes. Esta carencia es el principal defecto de las dos novelas desde el punto de vista histórico. Si en la novela sobre Bu Hamara Mounir se distancia del personaje, en la dedicada a Raisuni asume mucho más la personalidad del protagonista. Es cierto que Raisuni es un personaje más complejo porque en su actuación hay una importante motivación política que Bu Hamara, aunque lo disfrazase, no tenía. Eso lleva al novelista a tratar de explicar algunas de las actuaciones más oscuras. Sobre Raisuni se fue tejiendo una tela de araña de ficciones extrañas y de explicaciones interesadas. Los españoles lo veían como un enemigo y acentuaban su faceta más cruel, los franceses no lo consideraban como un problema colonial para ellos y algunos escritores anglosajones lo aprovecharon para sus descripciones pintorescas tan del gusto de sus lectores. Así, Walter Harris lo usó para completar su dibujo de un país caótico, ingobernable, lleno de bandidos y bandas de salteadores donde el orden y la ley eran entelequias y los españoles no estaban preparados para instaurarlos. Pero Harris era sospechoso de parcialidad. Su calidad de corresponsal del Times era sólo la tapadera de un agente especial, cercano al sultán, que además se enriqueció con negocios no todos explicables a la luz de las leyes de comercio. Ese gusto por lo pintoresco y por narrar sólo la cara singular, distinta o bárbara del país lo sintió Rosita Forbes. Había que darle al lector lo que quería. 

jueves, 18 de abril de 2013

EL RAISUNI Y LARACHE EN LAS NOVELAS de Luis María Cazorla Prieto


CAZORLA, Luis María: La ciudad del Lucus. Editorial Almuzara.  Jaén 2011. 668 pp. y  cuadernillo de fotografías.
-          El general Silvestre y la sombra del Raisuni. Editorial Almuzara. Jaén 2013. 338 pp., un mapa y cuadernillo de fotografías.




 Cazorla es un hombre culto que lleva toda la vida escribiendo, aunque no precisamente novela. Es catedrático, abogado del Estado, letrado de las Cortes, etc. Por lo tanto, escribir no le era nada ajeno y eso es importante cuando se quieren expresar sentimientos o se quieren relatar hechos. Además es descendientes de pioneros españoles en Marruecos, de uno de aquellos comerciantes que se abrieron camino en el Marruecos que se ofrecía tímidamente a los extranjeros entre la guerra de 1860 y la instauración del Protectorado. Esto se nota porque muchas de los detalles históricos de sus novelas no están extraídos de la abundante bibliografía –aunque nunca completa- sino del conocimiento familiar. Esa pequeña historia de la vida cotidiana tan difícil de encontrar en los archivos pero imprescindible para conocer realmente como se vivía en la zona. Para los que nos gusta la historia colonial española en África, los relatos de Cazorla son una excelente muestra de lo que la ficción puede aportar a este asunto.
   La ciudad del Lucus presenta enlazadas la historia de la ocupación española de Larache y Alcazaquivir con la historia familiar de unos comerciantes establecidos en la primera de esas ciudades. Este ámbito doméstico recuerda a Melilla, la codiciada de Juan Berenguer. Es el canto al esfuerzo y el sacrificio de los que se aventuraron a lo nuevo, ignoto e incierto, buscando un futuro mejor con el único capital del esfuerzo. La parte que podíamos llamar política es una excelente reconstrucción de la llegada del general Silvestre a Larache, la ocupación de la ciudad antes del tratado que instauró el Protectorado y la subsiguiente de Alcazarquivir. Movimientos que efectuaron los españoles para evitar la llegada de los franceses. Todo ello en base a un derecho de garantizar el orden que se dibujó confusamente en la Conferencia de Algeciras. Muy acertadas son las descripciones de las operaciones de información, de las maniobras militares, de la vida en las ciudades y los zocos, de las intrigas diplomáticas, de los movimientos de los franceses y de El Raisuni y de la capacidad operativa de Silvestre. Cazorla ha estudiado la bibliografía existente y ha hablado con personas que vivieron en la zona.  Sólo así se puede describir las andanzas de Zugasti, de Ovilo y de otros personajes importantes en la historia menor de la zona. Y sólo así se puede situar geográficamente la acción en el teatro marroquí.  Sin embargo, la novela es demasiado larga. Es cierto que hay una tendencia a extender en exceso los relatos, quizás porque es lo que pide ahora el lector que se encariña con los personajes y disfruta con la intriga. Pero con tanta extensión los asuntos domésticos de las familias Ninet y Tenoll cobran una importancia exagerada que puede hacer perder el ritmo por momentos. Por lo demás, ninguna novela española relata con tanta precisión unos hechos referentes al Protectorado. En este aspecto es una magnífica reconstrucción histórica.
   La segunda novela - El general Silvestre y la sombra del Raisuni- se puede considerar la continuación de la primera. El autor se ha desprendido de algunas de las rigideces de La ciudad del Lucus y ha rebajado considerablemente el número de páginas. Aunque todavía adolece de largos diálogos innecesarios y un poco retóricos que rompen el ritmo de la acción. Una vez tomadas Larache y Alcázarquivir, la acción se sitúa en 1914 y vuelve a enlazar las historias domésticas y los episodios históricos, en una técnica de contrapunto, mezclando personajes reales y de ficción como lo hiciera Galdós para acentuar el carácter novelesco del relato. El conflicto latente entre Raisuni y Silvestre acaba por estallar. Al general español se le achaca un carácter impetuoso, la soberbia propia de ser protegido del monarca y una falta de preparación paralela a su arrogancia. Posiblemente se exagera en todo eso. La bibliografía contemporánea al desastre de Annual  (Gómez Hidalgo, Vivero, López-Rienda, Hernández Mir, etc) carga las tintas más contra Berenguer por culpa in vigilando y una distribución desigual de efectivos entre las dos zonas, con prioridad a la que el mandaba directamente, y trata de justificar las decisiones últimas de Silvestre. Todos menos  Ruiz Albéniz, amigo y defensor del alto comisario. Pero esto es otro tema. La verdad es que Silvestre se enfrentó a Raisuni porque éste último ejercía una autoridad que no le correspondía, entendía el mando como una arbitrariedad feudal y desconocía el poder español. Pero para combatir a un ser arbitrario cayó en el mismo vicio. Algunos españoles entendieron que el pacto con el caudillo marroquí era la garantía de la ocupación pacífica, y esto tiene algo de cierto. Pero el precio a pagar era el respeto eterno a la voluntad caprichosa del cherif. La instauración del Protectorado exigía el sometimiento del país al orden y la autoridad de las potencias protectoras como representantes del sultán y en esto Silvestre actuaba correctamente. Aunque con nula diplomacia y a costa de iniciar unas hostilidades que, por otra parte, hubieran sido inevitables antes o después.


  En la novela aparecen, además de los personajes principales, otros que jugaron un papel en la historia del África española como el escritor Rafael López Rienda que, además, fue suboficial de Regulares el teniente coronel Valdés Cabanillas, el comandante Orgaz que con el tiempo llegaría  a alto comisario, Navarro, Morales…
   El ambiente de la ciudad se dibuja trenzado tres intrigas: la político-militar, que compone la parte histórica del relato, la comercial, que muestra la manera de vida en la ciudad, y la policíaca a través de las andanzas del teniente Pozo de la Guardia Civil. Principalmente el enfrentamiento de Silvestre con el alto comisario Marian y el cónsul Zugasti sobre el modo de enfrentarse a el Raisuni que, en el fondo, es la vieja polémica entre penetración armada o penetración pacífica. Silvestre pretendía la vía armada para acabar con el cherife y los otros trataban de apaciguarlo mediante el pacto. Esta controversia, y la falta de un dibujo competencial en el protectorado claro a pesar del carácter militar del alto comisario, dio lugar a una sucesión de intrigas, enmascaramientos y maniobras por parte de unos y otros que Cazorla explica con claridad y con preferencia sin disimulo.
   Las dos novelas, juntas o por separado, son una magnífica muestra de la literatura colonial  con la virtud de unir los hechos históricos con la reconstrucción aproximada de la vida cotidiana. Son, por tanto, una buena manera de acercarse a la historia del Marruecos español.