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domingo, 9 de febrero de 2020

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA: LA TIERRA DE BISILA de SARA NÚÑEZ TORRES.

NÚÑEZ TORRES, Sara: La tierra de Bisila. Memorias de Fernando Poo (Bioko-Guinea Ecuatorial) (1958-1969). (Autora. 2010. 320 páginas).

   A pesar de la modesta edición de este libro, hecho a través de una de las más conocidas páginas de autoedición, resulta una lectura agradable, llena de pequeñas emociones y de muchos detalles sobre la vida colonial. No sé quién es la autora, no he visto más novelas suyas; pudiera ser una profesora. Porque la redacción es buena, el ritmo suficiente y el interés del lector no decae. No sé si la autora-protagonista quiso escribir una novela. Tal vez no porque el libro lo subtitula como memorias. En todo caso, por su estructura narrativa puede considerarse una novela: unas memorias noveladas.

   Lo que cuenta es muy interesante porque es la visión de una protagonista de los últimos años coloniales y el nacimiento de la República de Guinea Ecuatorial. Es la plasmación del pensamiento común de los españoles de Guinea en los años previos a la independencia. Y, además, contemplados por la mirada inocente de una niña que se va haciendo mayor, pierde ingenuidad y gana capacidad de análisis. Lo escribe cuarenta años después tratando de conservar la mentalidad de aquella época. Y esto es muy importante porque trasmite un conocimiento de lo cotidiano que ayuda a comprender la complejidad de la vida colonial. Un tipo de libros de los que hay pocos ejemplos, aunque van apareciendo alguno más como En el corazón del cayuco. Memoria de Guinea Ecuatorial (2018) de Pelayo Suárez Alejandro.

   El libro narra la vida de unos colonos modestos, nada de grandes finqueros, que tratan de ganarse la vida con dificultad en la Santa Isabel del final de los españoles. Es una vida de luchadores, de los que tratan de abrirse camino en un lugar de oportunidades. Pero los tiempos iban cambiando muy deprisa. Ya no era lugar de pioneros que abrían camino sino de los últimos que los cerraban. Sin embargo, el país ofrecía su mejor cara después de muchos años de colonización. Mejores servicios, educación, transportes, etc y, sobre todo, una mejor relación entre europeos y africanos que, sin llegar a un trato igualitario, sí que era más respetuoso. A los ojos de una niña, el mundo maravilloso del trópico, la vida en la ciudad era una pequeña aventura. Y, con cierta inocencia corregida por los años, relata las historias de su familia como ejemplo de los que fue la sociedad santaisabelina.
   Los ojos de niña, revisados por los ojos de mujer, observaban inquietos los acontecimientos previos a la independencia. La niña no entendía muy bien lo que hablaban sus mayores, pero nos lo tramite la mujer para dejar constancia de las opiniones de los coloniales ante un futuro incierto que los llenaba de inquietud. La parte final del libro es una mezcla de situaciones domésticas, costumbres coloniales, relaciones entre razas marcadas todavía por la distancia y confusión política.
  El final triste son la expulsión, más o menos violenta, de los coloniales. La melancolía del desastre de los primeros tiempos de la independencia. La pérdida del territorio de la infancia en unos episodios todavía no aclarados. La expulsión de Edén se titula el último capítulo. La autora escribe al comienzo de éste: Ningún gobierno español ha reconocido que los blancos fueron perseguidos, expoliados y expulsados, pese a que Guinea era un rincón de España cuando la fortuna los condujo a ella (página 259). La autora pertenece a esa clase de expulsados y expone la visión de los que dejaron la tierra en la que vivían, la de nacimiento de muchos de ellos.
   La tierra de Bisila es un libro sencillo lleno de emociones, recuerdos vividos tamizados por la distancia del tiempo. Una lectura muy recomendable.
  

viernes, 9 de febrero de 2018

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (2): LOS CAMINOS DE LA MEMORIA de JUSTO BOLEKIA BOLEKÁ.


BOLEKIA BOLEKÁ, Justo: Los caminos de la memoria (Sial. Madrid 2016. 138 páginas). 
   Justo Bolekia es, usando la expresión Taiye Tuakli-Wosomu, un afropolitano. Los usa en la página 17 de su novela dedicado a un personaje. Es un africano que nace en su país pero estudia y vive en otro, habla varios idiomas, viste a la moda, trabaja fuera de su país de origen y muere también fuera. Bolekia, que ya tiene una larga bibliografía literaria y científica, es guineano y español, catedrático de la Universidad de Salamanca y académico correspondiente de la Real española. Escribe un bubi y en español, novela y poesía.

    Los caminos de la memoria (2016) es una novela original y diferente que sitúa al autor en lo más alto de la literatura guineana. Es una historia de bubis entre los colonos españoles, sin mitos coloniales ni heroísmo anticolonial. Es la vida de cada día contada desde la perspectiva de unos personajes que resultan singulares por la mezcla de realidad con fantasía al estilo de autores como Rulfo o García Márquez. La historia de Amalia Barleycorn, fernandina propietaria, Tyíramaka, Riita, Möhúu y otros bubis de Batete, de Baney, de Santa Isabel que vivían entre los colonos poderosos a los que evitaban tratando de eludir las imposiciones de párrocos, gobernadores o plantadores. Que convivían con los fernandinos y con el resto de una sociedad importada en tiempo de Clarence bajo el poder británico: fernandinos, factores, piratas, libertos, krumanes… En el centro los bubis señores de la isla:    porque llegaron otros amos que quieren borar todo lo que dejaron los primeros, los amos blancos, porque tenemos que vivir como lo que somos, unos negritos en tierras negras, oscuras y calamitosas,… (página 57). Un discurrir, desde el punto de vista local, con humor, poesía y escatología. Escrito sin desdeñar giros propios de la sintaxis guineana, con frases en bubi o en pichinglis y sin pararse a determinar exactamente el tiempo porque, en definitiva, el tiempo no importa, la vida se mezcla con la muerte y lo real con lo mágico. A los personajes de Bolekia, algunos podrán identificarlos con personas que vivieron los que conozcan bien el lugar y la época, viven una rebeldía interior, una libertad que no se domeña por normas o sermones. Entre el humor y la ternura, la novela deja una grata sensación de novedad y calidad.

    Bolekia sigue publicando su poesía en bubi y castellano en la editorial Sial. Su último libro es A Bépátto (2017).
  

Óleo de Ferrer Carbonell

viernes, 22 de diciembre de 2017

LAS NOVELAS DE MALABO (5): LOS DE GUINEA de ANTONIO GARRIDO CARRIÓN

GARRIDO CARRIÓN, Antonio: Los de Guinea (Ápeiron ediciones. Madrid 2017. 163 páginas).
   Según la confesión que ofrece la solapa, el autor es médico especialista en neurología y escribe esta novela basado en las conversaciones que tuvo con personas que vivieron en la colonia española, a la que añade lecturas referenciadas en la bibliografía final.

   Después de un primer capítulo introductorio sobre el personaje personal, sus peripecias vitales que le llevan a Guinea y una información sumaria de lo que fue la colonia española, a bordo del Dómine, la novela pasa a narrar los hechos principales de la acción.

   Durante la II Guerra Mundial, la colonia española se vio envuelta en las intrigas de los dos bandos. Los alemanes poseían algunas fincas, propiedad de algunos de los internados del Camerún en 1915, y sucursales de casas comerciales. Y los británicos tenían, también desde antiguo consecuencia del viejo establecimiento de Clarence, algunas factorías y corresponsalías de firmas de comercio colonial. No era extraño que unos y otros realizaran labores de información para sus países. Y, en el caso alemán, dado que el país ya no tenía colonias pero necesitaba suministros y alimentos, se sospechaba que barcos y submarinos se proveían en los territorios españoles o en las aguas adyacentes. El asunto es atractivo para una novela y Garrido lo aprovecha, hilando la trama a través de un español que llega a trabajar en una finca y se va dando cuenta de los manejos de unos y otros.
   Hasta el episodio final, la novela es una ficción descriptiva que trata de reproducir la vida colonia. Lo que es habitual: Guinea como lugar de redención o de nueva vida, el trabajo en las plantaciones, la reducida vida social en la capital y el tráfico entre factorías y fincas, entre el puerto y el interior.
   La historia discurre bien trabada hasta el episodio final, la operación Postmaster en las que los británicos tomas un buque italiano y dos lanchones alemanes del puerto español. Se trata de un hecho real que ya ha sido contado en la novela por el francés Christian Laigret:
Y de una manera más fantasiosa por Fernando Gamboa en Tinieblas:


   Los de Guinea es un sencillo relato con episodios de vida colonial, pero ameno y que gustará a los aficionados a los recuerdos guineanos. Sin aportar grandes sorpresas al lector que no queda sumergido en una narración de suspense, logra orientar la escritura hacia el objetivo final. Por otra parte, y a pesar de ser un escritor novel, su lenguaje es sencillo pero adecuado, sin necesidad de abusar de artificios ni barroquismos propios de la bisoñez. Y el ambiente colonial que presenta es creíble.


miércoles, 11 de octubre de 2017

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (10): CINCO SEGUNDOS de JAVIER GONZÁLEZ.

GONZÁLEZ, Javier: Cinco segundos (Madrid 2012. Evohé. 455 páginas)
   La novela de Javier González no suele citarse en la bibliografía sobre novelas acerca de la colonia de Guinea española. Es extraño que haya pasado tan desapercibida para los africanistas porque se trata de una novela que mantiene la atención del lector, resulta amena e interesante y es la cuarta de un autor que ya había tenido cierto éxito en la novela de ambiente histórico y que ha sido traducido, según confiesa la solapa, a diecisiete idiomas.

   Cinco segundos es una novela de intriga, más imaginativa que histórica. El protagonista, un estudiante de Derecho, acaba contactando con un grupo de militares en la reserva que tienen su sede en el Casino Militar. Personajes a los que se les coge cariño por su idealismo desfasado y su modo de vida pintoresco. Quieren ir a Guinea en una expedición como las del siglo XIX y toman como patrón la que hicieron el marino Manterola y el cónsul Guillemard de Aragón en 1845.
   La novela es muy compleja de trama puesto que reúne varias acciones en diferentes etapas históricas. El comienzo no tiene nada que ver con la continuación en la que el protagonista acaba viajando a Guinea pero con otra compañía. La acción derivará en un thriller político que recuerda a algún proyecto de golpe de estado contra el presidente Obiang utilizando mercenarios. Entrelazada con esta historia, el autor rompe el ritmo con una narración sobre la etapa de tráfico negrero en la isla de Bioko. La ausencia de autoridad en el territorio entre 1778 y 1845, fue aprovechada por negreros árabes y europeos y Javier González cree conveniente introducir aquí algunos capítulos sobre la vida de un bubi apresado y vendido, su paso por Etiopía y su llegada a Jerusalén, el arca de la alianza y su desaparición.

   Son argumentos desiguales que confluyen al final en una única explicación que, por respeto al autor, no voy a desvelar.
   La conexión del relato con la etapa colonial de Guinea Ecuatorial es la figura de Nicolás Manterola. Desde 1778, cuan los restos de la expedición del conde de Argelejo abandonó la isla de Fernando Poo, hasta 1843 cuando el marino Lerena llegó de nuevo, las posesiones españolas del golfo de Guinea habían quedado abandonadas. Esa desidia o negligencia política hizo que el lugar fuera tomado por traficantes de esclavos y gente sin escrúpulos. Ante la falta de autoridad española, los ingleses organizaron expediciones a partir de 1827 y fundaron una pequeña ciudad donde acoger a sus militares, comerciantes y empleados que llamarían Clarence, luego sería Santa Isabel y hoy Malabo. Cuando los ingleses quisieron comprar las islas españolas, hubo una fuerte reacción política en contra y la reina se vio obligada a considerar la colonización de los territorios. Para ellos se mandaron varias expediciones: Lerena (1843), Manterola y Guillemard de Aragón (1845) y Chacón (1858).
Caldera de Luba
   Javier González aprovecha la figura del marino Nicolás Manterola para un relato lleno fantasioso y movido en el que está presente de manera principal la trata de esclavos, a la que se dedicaron algunos de los principales habitantes (blancos y negros) de esa ciudad en el momento.

   

martes, 27 de junio de 2017

LAS NOVELAS DE MALABO (4): TINIEBLAS de FERNANDO GAMBOA.

GAMBOA, Fernando: Tinieblas (Autoedición 2016. Impreso en Polonia para Amazon. 514 páginas)

   Fernando Gamboa es un escritor nacido en Barcelona en 1970 que prefiere la edición independiente, no sé si por desencuentros y hartura de las editoriales o por decisión voluntaria. En 2008 publicó (en la editorial El Andén) la novela Guinea que, por no tener un argumento de época colonial, no ha sido mencionada en este blog. Después se ha dedicado al género de aventuras, creando relatos entretenidos, llenos de acción, con personajes bien creados dentro del género y con capacidad para enganchar al lector. Uno de sus héroes es el capitán Riley, protagonista de esta novela. Tiene una página web para el que quiera ampliar información: http://www.gamboaescritor.com/
   La novela Tinieblas se desarrolla parcialmente en la antigua Guinea española. El autor toma como argumento un hecho real que luego derivará en una historia de espionaje, acción y misterio imaginada. Durante la II Guerra Mundial, se refugiaron en el puerto de Santa Isabel un barco italiano y dos alemanes, huyendo de los aliados que dominaban los mares de África. A principios de 1942 los británicos, en una audaz operación se hacen con el barco italiano Duchessa d’Aosta e inutilizan los dos alemanes aprovechando la celebración de una fiesta en la ciudad colonial española. Los detalles de la operación se pueden leer en alguna página web como 

El Duchessa d'Aosta en Guinea

   El asunto es suficientemente atractivo para un novelista y Gamboa lo sabía al escribir la novela. Es una situación histórica compleja llena de acontecimientos. El autor utiliza sus personajes de la serie narrativa, con caracteres bien definidos y personalidades que dan juego en las situaciones complicadas. La novela comienza en Estados Unidos y lentamente va metiendo al lector en el juego de complicidades y rivalidades, amistades y enemistades que surgen en una situación bélica. Aunque no es un relato de acción trepidante como los que se escriben ahora, no le falta habilidad al escritor para ir introduciendo elementos nuevos en el desarrollo de la trama que mantengan al lector en la atención necesaria para una novela de aventuras. Poco antes de la mitad de la novela, resuelto el negocio que los llevó a Fernando Poo, la novela se marcha al Congo.



   En algunas páginas se dan pinceladas de lo que pudo haber sido la vida sin entrar en mucho detalle ni detenerse en aspectos puramente coloniales. No es el asunto del libro. En definitiva, un libro para los amantes de las lecturas amenas y de las novelas clásicas de aventuras.

martes, 23 de agosto de 2016

LAS NOVELAS DE MALABO (2): EL INFIERNO ESMERALDA de J. FERNANDO ORTEGA MUÑOZ.

ORTEGA MUÑOZ, J. FERNANDO: El infierno esmeralda (Ateneo. Málaga 2010. 172 páginas + 1 hoja. Fotografías).
   Ortega Muñoz fue profesor del Instituto cardenal Cisneros de Santa Isabel (Malabo) desde octubre de 1967 hasta los primeros meses de la independencia. Sus recuerdos los reúne en un libro al que da forma de novela, aunque tenga más de recuerdos que de novela. Los momentos vividos son suficientemente interesantes como para que sean contados. Los testigos presenciales de los días de la independencia de Guinea no abundan y sus relatos ayudan a comprender el momento histórico.

   El autor-protagonista es un profesor de instituto que llega a Santa Isabel (Malabo) en un momento histórico crucial. Es verdad que la Guinea de 1968 no es la de 2010 –fecha de la publicación del libro-, ni es como la actual. Las cosas han cambiado mucho. Pero el autor ha tenido la honradez de no reescribir sus recuerdos de la época y nos presenta la situación, y la manera de entenderla, como lo hicieron los funcionarios españoles a los que se refiere el relato. En eso estriba el valor de la novela. En la descripción de la mentalidad de un puñado de españoles en Guinea que, sin ser colonos arraigados en el país y depender del cambio de destino que se produciría antes o después, asumen los valores de la colonización con convencimiento o ingenuidad y observan los acontecimientos con preocupación y pesimismo.
  La tesis que se transmite, la de los españoles que vivían entonces en la colonia, es que la independencia fue prematura, que el pueblo guineano no estaba preparado para una desvinculación colonial tan rápida, que se eligió a un presidente nefasto y que al poco tiempo el paraíso se convirtió en un infierno. Un infierno, eso sí, para españoles y guineanos y que quedó silenciado –especialmente los hechos más graves- por la censura a que fue sometida la situación.  En esto, como en los libros de Ramón García Domínguez,  el autor muestra una visión especialmente negra. Entiende que los actos contra los españoles fueron de una crueldad alta y que la salida precipitada se debió al terror que originaron.


   Los funcionarios españoles, que vivieron felices y privilegiados, se sienten rehenes del nuevo presidente ante el gobierno español. Sienten miedo al salir a la calle, al hacer su trabajo… El autor se detiene en los discursos de Macías, en su política de desvaríos y en la incapacidad para encabezar un Estado; la novela se convierte en un gran reportaje periodístico de las primeras intervenciones públicas del presidente. Y un recuerdo de la situación tensa y el deterioro de la convivencia en los primeros tiempos. La crisis de las banderas de Bata, el golpe de Atanasio Ndongo, la locura de Macías… La novela se hace más amarga cuando el protagonista, que trata de salir del país con los otros profesores del instituto, comprueba que está en una lista negra por una venganza de ex alumnos. Toda la tensión que falta en los primeros capítulos, se desborda en los últimos a pesar de la parquedad del escritor en la novela. Y se resuelve con emoción.

viernes, 29 de abril de 2016

LAS NOVELAS DE MALABO (1): TRES MODOS DE VIVIR y LOS QUE NO SE VAN de JOSÉ MARÍA VILÁ.

VILÁ, José María: - Tres modos de vivir (Autor. Barcelona 1958. 253 páginas).
-          Los que no se van (Autor. Barcelona 1967. 222 páginas).
   He de reconocer que a mí me gustan las dos novelas de José María Vilá sobre el final de la época española de Guinea. Aunque de la primera a la segunda hay una evolución, Vilá supone una visión distinta de la sociedad guineana. Quizás no sean novelas rotundas desde el punto de vista literario, en algunos momentos son flojas, pero resultan auténticas y se puede comprender mejor un modo de vida (o tres, si nos quedamos con la advertencia del título, o seis o siete, si nos fiamos del argumento). Vilá trata de reflejar la manera corriente de discurrir de los habitantes de Santa Isabel, sus relaciones entre ellos y con los naturales del país, las leyes y costumbres laborales, los motivos de la emigración colonial, etc. En sus novelas se puede entender mejor la mentalidad colonial de los españoles, henchida de paternalismo y superioridad hacia lo que se denominaba “el moreno”, en un intento hipócrita de superar la discriminación al “negro”.
   José María Vilá había publicado libros antes de volcarse en la realidad guineana, alternando el castellano y el catalán. Algunos ensayos como Los soviets (1927), Els primers moviments socials a Catalunya (1935) o Sistemas de organización y doctrinas (De los gremios al nacionalsindicalismo) (1940). Y un par de libros de ficción, uno de relatos Basea 1900 (1955) y la novela La ciutat malalta (1956). Como consecuencia de sus estancias en Guinea, publicó una serie de artículos en La Vanguardia de Barcelona en los que hablaba de costumbres locales.

   Vilá llegó a Guinea como visitante, aprovechando que su hijo trabajaba allí. De este primer contacto a finales de los 50 del siglo pasado, tuvo conocimiento de la mentalidad del trabajador español y de la vida de los empleados y finqueros. Pero su visión se amplió cuando el hijo se casó con una mujer guineana y sus nietos fueron mulatos. Esta singularidad no la tenían los otros novelistas españoles de la época y le abrió el concepto de sociedad colonial. Era una época de auge económico en la colonia y en la que, además, ya se presumía el final de la dependencia. Las relaciones con los guineanos se habían suavizado, sin que supusiera igualdad. Pero disminuyeron los malos tratos y el absoluto desprecio racial; aunque continuaron las creencias de supremacía y poder cultural y económico del europeo sobre el africano, y ciertas normas de segregación como el lugar a ocupar en los cines o la prohibición de entrada a sitios como el Casino de Santa Isabel para los naturales de la colonia.

   En Tres modos de vivir, primero de los dos libros guineanos de Vilá, se recogen algunos de los tópicos de la literatura colonial, aunque dulcificados. Aparece la colonia como lugar de redención o, al menos de oportunidad. Frente a las dificultades de ascenso en la metrópoli donde había poca permeabilidad entre clases sociales, la colonia significaba una ocasión de mejora para las clases bajas o económicamente menos pudientes. Esto dio lugar al mito del colono esforzado y triunfador tan propio de las novelas argelinas. Y observamos también el reflejo literario del trato al guineano en sus variantes: desde el despótico maltratador hasta el paternalista comprensivo, con la inclusión de un nuevo modelo de colonial que era el padre de hijo mulato reconocido (algo incomprensible unas décadas atrás).
    Esta novela comienza con ambiente de plantación, de manera similar a las de Liberata Masoliver, Bautista Velarde o López Izquierdo. Pero Vilá tiene el acierto de desviar la atención hacia el ambiente urbano de Malabo (la Santa Isabel colonial). Ya no era la época de los primeros concesionaros de terrenos públicos sino la de los españoles empleados, funcionarios, militares y los que buscaban abrirse paso en la vida mediante el esfuerzo personal. Alguno de ellos con la voluntad de prosperar con un negocio propio. Era el caso de Pedro Selvaclara, uno de los protagonistas. Es el prototipo de luchador, pero las cosas no son fáciles. Ganar dinero no es algo rápido, la mayoría de los empleados se conforman con el buen pasar colonial. Quiere montar un taller de carpintería (oficio al que se dedicó el hijo de Vilá, que murió asesinado), pero conseguir el capital para comprar la maquinaria era arduo. No había crédito como lo hubo en otros tiempos para los concesionarios de fincas. Notará el desarraigo que se convertirá en un doble desarraigo (en Guinea y en su pueblo cuando vuelve): - Te está resultando duro comprobar que ya no tienes familia, o la tienes a medias. A los coloniales nos pasa algo parecido a los pájaros. Los padres cuidan puntualmente a los hijos, pero cuando han aprendido a volar, los olvidan, y ellos se olvidan de los padres y de los hermanos que con ellos nacieron (página 93), le dice un personaje a otro. El colonial soltero no conoce mujeres europeas porque las que hay en la colonia están casi todas casadas. Se divierte con las naturales del país, pero aspira a casarse con una europea blanca. El racismo cotidiano se expresa con esas ideas. Muchas veces las bodas son precipitadas, aprovechando una licencia o haciéndolo por poderes, con mujeres a las que apenas conocen y llevan a un mundo ignoto para ellas y que pueden acabar en un conflicto matrimonial irremediable.
   Frente a Pedro Selvaclara está su amigo el Tigre, mecánico que prefiere vivir sin complicaciones, que no aspira a mejorar sino a llevar una vida parecida a la de los bubis. Personaje clave en la vida colonial que representa a lo que los españoles llamaban un “anegrado” de manera despectiva. Y la constante intervención de dos finqueros ejemplos de la vida mercantil y de la riqueza guineana. Uno de ellos padre mulato reconocido, figura clave del conflicto interracial permanente en toda colonia africana. El mulato Pascual representa la exclusión de las dos sociedades y tiene una visión mucho más crítica de las cosas. Lo dice el personaje:
-          Me dice el corazón que muchos europeos vuelan sobre Fernando Poo con los mismos sentimientos que esos cuervos.
   Y Selvaclara, imbuido ya de la característica mentalidad colonial, aprovechado de las ventajas que tiene n los coloniales, entre ellas el sexo fácil inimaginable en España, le responde:
-          Es la influencia del ambiente… Yo vine aquí sin pensar en nada de todo esto y pasé algunos meses sin ocuparme de las indígenas. Me parecían repelentes. Luego, el tiempo y el ambiente lo cambiaron todo. Comprendí que las mujeres negras no daban ninguna importancia  a estas cosas y, sin darme cuenta, hice lo mismo que los demás.
-          Los blancos tiene obligación de conceder a estas cosas su verdadera importancia –arguyó Pascual, sin levantar la mirada.
-          Es difícil hacerte comprender nuestra situación –replicó Pedro-. Como todos los blancos que venimos a Fernando Poo, yo encontré aquí un modo de vida que no podía cambiar por otro. Ya te he dicho que todo pasa por culpa del ambiente.
-          El que han creado los forasteros; blanco o negros. (páginas 126-127)
   Vilá va narrando situaciones con la riqueza de muchos personajes distintos pero representativos de las distintas clases de coloniales. Los personajes locales son secundarios, interesa la vida colonial de los españoles de Guinea. No hay una acción clara, un argumento bien marcado; es el lento discurrir de la vida del protagonista. Ni siquiera tenemos una conciencia clara del tiempo que ha transcurrido en cada capítulo.  Es un relato costumbrista de la vida colonial en el que no rechaza la crítica a cierta mentalidad generalizada, como la vertida en las páginas 182 y 183 que reproducimos. La vida es difícil incluso en Guinea. El esfuerzo es mucho y no todo se consigue. Culmina con un final trágico y con la idea de que el la pequeña sociedad colonial española de acaban reproduciendo los esquemas de la sociedad metropolitana. Lo que hace reflexionar a Pedro Selvaclara: Todos los blancos de Fernando Poo deben cumplir una función necesaria a la comunidad europea; la que mejor les cuadre (página 250) y resume los tres modos de vivir:… la que adoptó tu padre y que mosén Ángel llamaría “de a Dios rogando y con el mazo dando”, la de la mayoría de los europeos, que es la de ir tirando, como hacen don ramón y sus colaboradores, y la de los braceros (páginas 252-253).


   Nueve años después de Tres modos de vivir, apareció su segunda novela guineana: Los que no se van. En 1967 ya todo el mundo sabía cuál iba a ser el destino del país y procuraban adaptarse al futuro inevitable. Quizás de ahí el título. La novela comienza con un hecho histórico, el incendio que destruyó el mercado indígena de Malabo y que originó una grave crisis en las familias de vendedores. El protagonista sigue siendo Pedro Selvaclara, convertido en un colonial de buena posición económica e integrado en la pequeña sociedad española de Guinea. Han pasado ocho años de la anterior y, aunque los personajes siguen, las cosas han cambiado mucho en la colonia. La crisis económica que supuso el incendio del mercado se unía a una crisis de seguridad en el futuro. Los guineanos eran conscientes de la independencia y se preparaban para ella. No imaginaban lo que iba a pasar con Macías. Los europeos desconfiaban de la capacidad de los nativos para asumir la carga del nuevo Estado sin tutela. Quizás Vilá no tuvo suficiente visión para comprender que en esto podía estar la originalidad de  su nueva novela y pasa sin mucha profundidad, centrándolo todo en el personaje Daniel que asume el papel de bubi sobradamente preparado y que es visto por Pedro –también por el autor- con escepticismo.

   La novela discurre, como la anterior, pero con una acción más marcada. Hay más argumentos paralelos, lo que otorga más matices a los personajes. Pero plantea novedades con respecto a la primera. Por un lado, se muestra una especie de revisión de la acción colonial en la vida de los españoles. Una reflexión sobre si valió la pena la aventura para los que la iniciaron. Como es natural, hay de todo. Pero, frente al triunfalismo, Vilá deja reflejado el fracaso de algunos; económico, o personal por la dificultad de las relaciones familiares, la deserción de mujeres europeas, la difícil convivencia con nativas y con los hijos extramatrimoniales. Santa Isabel y Bata no sientan a las esposas que uno trae de Europa. Se aburren. Sienten añoranza y una grave congoja por el porvenir de sus hijos. Aquí no pueden educarlos como en la Península (página 154), dice uno de los personajes. Por otra parte, surge con fuerza el orgullo nacional de los guineanos que se sacuden la humillación del colonialismo. Y por otro, los habitantes africanos de Nigeria, Camerún, etc. que llegaron a Fernando Poo y se establecieron en Malabo. Con una existencia donde la magia tenía todavía una importancia capital, de la que da cuenta la novela, y que hablan utilizando el pichinglis (broken english). Así el mosaico costumbrista iniciado en Tres modos de vivir se completa con nuevas visiones de las sociedades interpuestas.
   Pero el hecho diferencial en la narrativa de Vilá, que ya trató Cabanellas de manera muy diferente, es la posible boda de un europeo y una bubi. No estaba prohibido por la ley porque desde la provincialización todos eran iguales, pero seguía siendo visto por la sociedad colonial como algo negativo, impropio de un blanco normal, un signo de degeneración social. Algún valiente dio el primer paso para legalizar las relaciones que hasta entonces habían sido de abuso del hombre europeo sobre la mujer africana. Antes lo dio otro valiente que se atrevió a reconocer los hijos mulatos extramatrimoniales. La mentalidad iba cambiando, pero no tan deprisa. En el mundo de los coloniales existía una escala de valores raciales; un personaje lo explica: Si todavía me espera la que fue mi novia, estaré obligado a casarme, pero ella no tiene por qué admitir en nuestra casa a estos hijos multaos.  Yo pregunto, ¿es justo que la obligue a soportar la presencia constante de unos hijos míos que no son hijos suyos? ¿Es justo que tenga que cuidarlos? Puedo colocarlos en algún colegio, pero no de por vida. La disyuntiva es clara, o los abandono, o bien los sumo a la familia; no hay otro sendero y los dos son injustos. Y hay otra cosa peor, si me caso y los tenemos en el nuevo hogar, habrá dos clases de hijos….  (página 202). Y cuando Pedro Selvaclara le hace ver que es responsable por haber tenido hijos: Los hijos son antes que las novias (página 203), el interlocutor responde: Mi compromiso con la novia es anterior a mi venida a Fernando Poo, y no lo rompimos (página 203). En este conflicto habitual se resumen muchas de las diferencias y problemas del vivir colonial que surgen con mucha más fuerza cuando se vislumbra la independencia y los europeos tienen que optar por marcharse o por quedarse en la tierra que probablemente quieren pero a cambio de modificar sustancialmente su visión de las cosas. La novela acaba en ese momento, tal vez la faltara al autor completar su obra con otra sobre los primeros años de independencia.


viernes, 26 de febrero de 2016

NOVELAS DEL BOSQUE DE RÍO MUNI (2): AYÚDAME TÚ de CORÍN TELLADO

TELLADO, Corín: Ayúdame tú. (Rollán. Madrid 1966. 128 páginas; Selecciones Rollán. Madrid 1972. 128 páginas; Barcelona 1977. Editorial Bruguera. Colección Corinto nº 571. 96 páginas).
   Esta novela podía haber tenido encaje en las entradas dedicadas a novela popular o novela femenina, pero la personalidad de la escritora y su significado en la España de los años sesenta y setenta del siglo XX, merecen una atención especial. La autora nació en Asturias en 1927 y allí murió en 2009. Empezó a escribir en 1949 y es autora de más de cinco mil novelas. Se le puede aplicar el verso de Lope de Vega: más de cien en horas veinticuatro. Traducida a  treinta idiomas, es el escritor español más leído después de Cervantes. Empezó a escribir por necesidad económica, pero ya era una lectora voraz de novela y una persona con capacidad para crear literatura. Su éxito fue tal, que además de novelas, se hicieron fotonovelas, seriales radiofónicos y guiones cinematográficos basados en sus relatos. La técnica narrativa es sencilla: libros de unas cien páginas, fáciles de  leer, con mucho diálogo y párrafos cortos para rellenar más hojas (cobraban por obra entregada) y llenas de acción. Novelas para leer en una siesta, en los ratos muertos, sin complicaciones. Las novelas románticas, de las que Tellado era la reina, estaban dirigidas al público femenino y las del oeste, donde destacó marcial Lafuente Estefanía, al lector masculino. Eran baratas y, además, se cambiaban en los kioskos (los libros leídos por nuevos más una pequeña cantidad de dinero). Esto, y la falta de otras distracciones, hicieron que el género fuera enormemente popular en España y la América hispana.

   Tellado sabe crear los personajes y las situaciones con pocas líneas pero, por la abundancia de producción, aunque el esquema era parecido, necesitaba darles originalidad mediante paisajes, situaciones o personajes distintos. Por eso en 1966 decide situar la acción de una de sus novelas en la Guinea Española, en algún lugar de la selva de Río Muni, en una serrería. Un joven médico español acepta el trabajo en la colonia con el objetivo de ahorrar dinero para luego establecerse en Madrid. Tellado nunca estuvo en Guinea y sus referencias a la zona son vagas, pero cae en algunos errores propios del desconocimiento del lugar.
Foto de Corín Tellado tomada de su página web
   Corín Tellado era una mujer de moral conservadora. Tenía la costumbre de colocar personajes extranjeros para los que tenían dudosa moralidad, eran malos o tenía cierta permisividad sexual. En esta novela el dueño de la serrería es extranjero, como lo es la joven huérfana del médico anterior sobre la que se construye la historia desde el punto de vista femenino. Con un médico joven y una huérfana que aún no llega a los veinte años, ya pueden suponer como se va a desarrollar la historia a pesar de los contratiempos y las dificultades impuestas por el empresario amargado y duro.
Portada de Pitarch para la revista África de septiembre de 1929
  Aunque la relación entre ambos discurre por caminos castos y absurdos, el final –como era de esperar- es feliz. El trasunto colonial es tratado con ligereza y las apariciones de indígenas son descritas con la mentalidad colonial habitual. 

   La novela es como cualquier otra novela de la autora, sin especial relevancia. Una curiosidad en la literatura colonial.


martes, 29 de abril de 2014

LOS PRIMEROS NOVELISTAS GUINEANOS: LEONCIO EVITA y DANIEL JONES MATHAMA

EVITA, Leoncio: Cuando los combes luchaban (CSIC-IDEA. Madrid 1953. 101 páginas. Introducción de Carlos González Echegaray. Dibujos del autor; AECI. Madrid 1996. 124 páginas. Estudios introductorios de Carlos González Echegaray, Augusto Iyanga Pendi y Donato Ndongo-Bidyogo; SIAL. Madrid 2016. 104 páginas. Prólogo de Augusto Iyanga Pendi. Edición e introducción de José ramon Trujillo).
JONES MATHAMA, Daniel: Una lanza por el Boabí (Tip. Cat. Casals S. L. Barcelona 1962. 310 páginas).
   Los primeros guineanos que vieron publicada una novela merecen un comentario. En ellos concurría la doble condición de guineanos y de españoles, ya que nacieron en la etapa colonial. Y dieron a la luz dos libros escritos en español ya que sus idiomas maternos eran ágrafos. Tiene la importancia de ser pioneros en una literatura nacional que hoy se va desarrollando convenientemente.
   El primero de ellos fue Leoncio Evita, nacido en 1929 cerca de Bata y muerto en 1996. Fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Bata dadas sus condiciones para el dibujo. Empezó colaborando en la revista Poto-Poto. Durante algún tiempo residió en Camerún. Y su afición por la lectura y escritura le llevó a inaugurar la novela guineoecuatoriana en español. Es un personaje controvertido. Unos lo ven como el claro ejemplo de aculturización, de demostración de que el colono destruyó la cultura local. Tal vez como un ejemplo de dominio colonial perfecto o de sometimiento voluntario. Otros entienden que es ejemplo de superación cultural, de asimilación de nuevos modos de conocimiento, entre ellos el uso de la escritura, de progreso o evolución desde su tradición (algo viejo desde los romanos). En este segundo aspecto se encuadra el prologo a la 1ª edición de Carlos González Echegaray que fue seguramente el que corrigió ortográfica y sintacticamente el manuscrito originario. En la novela leemos: “Los blancos –decía en varias ocasiones- han sido enviados por Rambé (Dios) para que nos traigan civilización”, palabras que algunas veces fueron mal consideradas, especialmente por su consejero. Los cierto es que, aunque el salvaje no sabía atribuir a los blancos la precisa calificación, éstos, a pesar de su interés por traficar, habían traído la más sana intención de civilizar (página 43 de la 2ª edición). Hoy ningún africano escribiría así, y muy pocos europeos. Es inevitable hablar de estas contradicciones cuando se trata de colonización.



   Se trata de un relato ingenuo pero que tiene el interés de revelar algunos datos sobre la vida de los ndowés a finales del siglo XIX, cuando empezaban a aparecer los primeros blancos y cuando los primeros fang llegaban a la costa continental. El autor era católico y la influencia de los misioneros españoles se nota en la visión que da de los protestantes y de las sectas tradicionales, los bwetí, que eran mucho más inofensivas de lo que señala aunque siempre quede la sospecha de canibalismo, y en el entusiasmo que demuestras por la presencia española. Los aspectos relativos a la vida en el bosque, los peligros de la selva y la descripción costumbrista de sus habitantes resultan todavía atractivos.
Dibujo de Leoncio Evita para su novela
    El fernandino Jones escribió una novela más larga, tal vez demasiado. Pero no fue una empresa de los colonos para mostrar el progreso de los indígenas sino que fue publicada modestamente en Barcelona por el autor. Es mejor escritor que Evita y tiene algunos puntos en común con él. En primer lugar, la época en que se desarrollan los hechos, a finales del siglo XIX y principios del XX. En segundo lugar, el ambiente de guineanos integrados en la nueva sociedad colonial (todavía incipiente) a través de la influencia de los misioneros católicos y protestantes. En tercer lugar, la aceptación de ambos autores de la nueva sociedad y de sus enseñanzas. No se muestran rebeldes al poder colonial sino agradecidos a lo que les aportaron. Los misioneros católicos y protestantes, escribía Jones, cumplían su cometido de buena fe y acertado criterio (página 24). Quizás ahora se prefiera al africano rebelde contra los colonos y crítico absolutamente con todo lo que llevaron los europeos, incluido lo que les aprovecha. Se sospecha de la sinceridad de estos sentimientos. Pero el autor se justifica: ¿Acaso existe alguna nación europea que no haya sido oprimida o no haya estado bajo la tutela de otra nación más poderosa? ¿No ha sacado gran provecho de aquella opresión? (página 48). Es admitir que el progreso requiere imposición dolorosa. Y en cuarto lugar, ambas novelas describen un ambiente que podríamos llamar de costumbrismo indígena que nos da muchas pistas de cómo era la vida en ese lugar y esa época. Hay muy pocas fuentes directas sobre la vida en Guinea en esos años y estas aportaciones, aunque sean dentro de novelas, son  de gran valor.


   Jones, perteneciente a la élite fernandina, narra sobre los bubis con un cierto alejamiento, como si no fueran iguales y como si se sintiera más próximo a los misioneros blancos. Los fernandinos no eran indígenas de Guinea sino descendientes de esclavos liberados por la marina británica o de hombres libres de color establecidos en la isla de Fernando Poo. Su modo de vida estaba más occidentalizado y su nivel económico era alto. Solían hablar español e inglés y eran emancipados, es decir que tenían la plena capacidad jurídica en contraposición con los bubis. Jones acepta la influencia europea para subir el nivel cultural y para terminar con situaciones de dominio basadas en la magia o la superstición. En su novela hay mucho de esto aunque no renuncie a la sabiduría tradicional. Hay una crítica a la posición machista secular del africano. La novela plantea, en su escenario de San Carlos, el choque entre dos modos de vida y la atracción que para los bubis ofrecía la nueva ciudad de Santa Isabel y, en menor medida, San Carlos.

lunes, 20 de enero de 2014

NOSTALGIAS COLONIALES (3). CASINO DE SANTA ISABEL de GEMMA FREIXAS

FREIXAS, Gemma: Casino de Santa Isabel (Editorial Proa. Barcelona 2013. 201 páginas).
   Dentro de la literatura nostálgica, con mayor o menor carga crítica, hay una línea de libros de memorias o recuerdos de antiguos coloniales. No son novelas propiamente dichas, sino las emociones pasadas de los que vivieron allí y comprenden que en su historia hay algo de singular, de diferente: El mundo perdido de las colonias. En este aspecto, hay algo de novelesco aunque correspondan a las vivencias reales. Y mucho de nostalgia. Todos ellos escritos después de la independencia de Guinea, tras haber reposado las emociones y filtrado la memoria. Recuperando estos relatos, nos encontramos con Apuntes en el camino (Sevilla 1977) de Enrique Soria Medina, parcialmente dedicado a Guinea. López Vicario recopiló su experiencia colonial en el libro En Guinea Ecuatorial, historiando sus venturas y desventuras (Valencia 1988). Y Carlos Fleitas Alonso hizo lo propio en Guinea. Episodios de la vida colonial  (Madrid 1989). Fernando García Gimeno, un antiguo colonial que ya es imprescindible en este tipo de literatura y que compagina los libros con las web, publicó su primera colección de andanzas en El paraíso verde perdido (1999).

   Especial interés tiene la parte de memorias referidas a Guinea del que fue el primer embajador español y vivió los acontecimientos narrados en la novela de Freixas. Juan Durán-Lóriga: Memorias diplomáticas (Madrid 1999).

   
   Más recuerdos guineanos los encontramos en Guinea en mi corazón (2002) de María del Carmen Lorenzo Delgado antigua residente en Batanga y Cacariaca,  Así en Guinea como en el cielo (2013) de Pedro Sanz Lallana y De Cieza a Fernando Poo (2013) de Amelia Pedreño emotivo libro en el que la autora cuenta la vida de su suegro en las tierras tropicales.

   También hay varias aportaciones catalanas a esta nostalgia guineana. Dieciocho años pasó en Río Muni Agustí Lorenzo Gacia que dio a la luz pública Vivències de Guinea (Barcelona 2001). Y seis fueron los pasados en Fernando Poo como funcionario por Joan M. Rubiés Trias, que nos deja el libro Històries de la Guinea Espanyola (Barcelona 2013). Estas aportaciones, y la novela de Freixas, nos dejan ver que la colonia catalana en el dominio español fue numerosa.


   Dentro de este panorama la única autentica novela es Casino de Santa Isabel. Está escrita en catalán y, por ahora, no ha sido traducida. Gemma Freixas conoce la colonia porque sus padres residieron allí y puede construir un ambiente basado en las experiencias familiares y las referencias escuchadas. Pero prefiere adornar estos recuerdos heredados dándoles un argumento de ficción que le permita desentrañas algunas de los vicios coloniales. Así construye una novela casi negra a través del asesinato de uno de los jefes del sindicato del cacao fernandino. Pero no hay que engañarse, no es una novela de crimen e investigador, sino que con ello trata de mostrar la sociedad española en Guinea en el último instante de la colonización, es decir en el primero del nuevo país independiente. La Guinea de Macías ya tenía un precedente en la literatura catalana con el raro libro de Miquel Ferrá Crònica de Guinea (1988) pero que, aunque tiene constantes referencias a la historia guineana, se trata de una novela post colonial y barcelonesa.

   La vida revuelta de los últimos españoles cuando se está desmontando la administración interpuesta. Es interesante rescatar el fraude que existió con las subvenciones. El cacao de la Guinea española era de mucha calidad, pero muy caro. En parte se debió a la política franquista de pagar salarios más altos que otros países competidores. Eso atrajo a los braceros de otras colonias, pero hizo muy poco competitivo el producto. Para evitarlo, se subvencionó. Con esto se consiguieron efectos perversos. Unos, que el chocolate español se hiciera con menos porcentaje de caco que el de otros países, sustituyéndolo por manteca o harina. Era ese chocolate tan malo que comíamos los niños españoles que ahora tenemos una edad. Por otro lado, algunos productores se dieron cuenta del negocio que era comprar cacao en Cabo Verde, por ejemplo y cobrar la subvención como si lo produjeran sus fincas. Una vez exportado, se recuperaba con creces el precio de compra. Si a este turbio asunto añadimos los ingredientes típicos de la trama colonial: Sexo con indígenas, abuso de poder, racismo…, tenemos un punto de partida para hacer interesante un relato. Pero este tipo de libros tienen una dificultad: Que narrar el ambiente descuide la tensión del argumento policial y viceversa. Tal vez en esa dificultad está la debilidad de la novela.


   La novela cobra intensidad según discurre un argumento al que le falta un poco de intriga inicial. Y la autora aprovecha para introducir un hecho determinante en la historia guinea, una serie de sucesos que comenzaron con una guerra de banderas, siguieron con la extraña muerte de Atanasio Ndongo, continuaron con la salida de la Guardia Civil por las calles de Santa Isabel y acabaron con la salida masiva de españoles y el desastre consiguiente de la nueva república. Unos hechos que fueron clasificados enseguida como materia reservada y que quedan pendientes de un estudio en profundidad. Tal vez la autora da por sabidos los acontecimientos y no los explica –con algún párrafo más- a los lectores no familiarizados con esta historia. La resolución de la novela es simple, podía haber imaginado al más retorcido pero es una solución ajustada a lo que pudo pasar en un momento de choque de intereses en un país sin autoridad efectiva. Algunas suposiciones sobre un posible apartheid parecen fuera de la lógica histórica pero dentro de la soberanía del narrador.

viernes, 12 de julio de 2013

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (7): BEATRIZ de MANUEL GARCÍA CUENCA

GARCÍA CUENCA, Manuel: Beatriz (Diputación Provincial. Albacete 2002. 277 páginas).
   Los libros editados por organismos oficiales suele ocurrir que no son distribuidos, que acaban en los almacenes y los lectores que tratan de conseguirlos se las ven y se las desean para atrapar un ejemplar. Es discutible que las diputaciones provinciales editen novelas. Pero si lo hacen, que las pongan en disposición de ser adquiridas.
   García Cuenca vivió en la Guinea española veinte años. Colaboró con algunos de los periódicos coloniales de la época: Ébano y Potopoto. Y, como es lógico, recordará esos años de adolescencia y juventud como una época maravillosa llena de recuerdos distintos a las otras personas de su generación que no salieron de la provincia castellana. En la novela Beatriz, se mezclan los sentimientos personales con la ficción. Es habitual en los escritores eventuales que nos regalan sus vivencias el mezclar la historia principal con muchos datos históricos, geográficos o antropológicos. Se convierte en casi un género: la novela-reportaje.

   El autor quiere resaltar el contraste entre el mundo de los indígenas y el de los blancos expatriados. No es una novela sobre la épica colonial. Trata de reflejar también las deficiencias de los colonos: Los españoles eran personas toscas y poco instruidas. Emigraron a Guinea antes de la Guerra Civil porque seguramente, la vida en sus respectivos pueblos sería muy difícil y la pobreza, evidente. Pero es de justicia reconocer que su diálogo, aunque limitado, tenía el contrapeso del corazón: lo que cuenta en la vida del trópico es un carácter resuelto y un corazón desprovisto de flaquezas (p.43). El protagonista blanco es un niño de doce años, de mirada ingenua y limpia, que va descubriendo el mundo de los africanos de San Carlos –hoy Luba-, al suroeste de la capital Malabo. Frente a él Beatriz, una joven combe de quince años. Y una sociedad de pescadores de la misma tribu, emigrados de las orillas del río Benito en la parte continental.
Vista de San Carlos, actual Luba
   Los jóvenes se hacen mayores y la vida les depara caminos distintos. La novela se centra más en las sensaciones íntimas que en la vida política o social. El descubrimiento del sexo y del amor, en un ambiente colonial donde el blanco necesitaba la compañía de la mujer negra con todo lo que llevaba de menosprecio o subordinación, la tragedia de los mulatos no reconocidos y la humillación de las miningas que actuaban de queridas de los funcionarios y finqueros sin acceder nunca al matrimonio ni a una posición social equivalente. En estas situaciones García Cuenca, que conocía perfectamente la vida de plantación, va desarrollando una historia apasionada. Como la historia principal no da para casi trescientas páginas, el autor completa la narración con una visión muy ecológica de la existencia en Fernando Poo y de la población indígena. Estas incursiones descriptivas rompen el hilo de la historia. En ese tipo de relatos melancólicos sobre la vida pasada e irrecuperable hay una cierta tendencia a rehabilitar el mito del buen salvaje, entendido como un canto a las excelencias de la vida tranquila tradicional de los pueblos africanos que fue interrumpida por la llegada de los europeos. Y una visión negativa de la sociedad europea en Santa Isabel (Malabo): … la ciudad de los almirantes, de la policía gubernativa, de la iglesia católica y de una sociedad blanca altiva y deshumanizada (p. 168).

   En general, la novela agrupa recuerdos y vivencias que aparecen desconectados, no guarda una línea argumental sólida. El hilo va y viene, se pierde y se retoma. Es, en resumen, aspectos de la vida de un colonial joven. Un modo de existencia desaparecido pero que sólo se recordará dentro de poco gracias a los testimonios como éste.