JIMÉNEZ DELGADO, Manuel: Negra
sangre del Sáhara (Almuzara. Córdoba 2025. 302 páginas).
Jiménez delgado continua en esta novela el camino iniciado en Sirocco
1957, comentada en
https://novela-colonial-ispanoafricana.blogspot.com/search/label/El%20Aai%C3%BAn
Es decir, una novela policiaca, a veces thriller, que se desarrolla en
El Aaiún en 1961. En la contraportada la editorial la anuncia como una
novela histórica cargada de suspense y tensión, que nos traslada a una época de
intrigas políticas y sociales en un entorno tan fascinante como implacable.
Lo que es solo cierto en parte. Desde luego no es una novela histórica, aunque
se desarrolle en el pasado.
En la novela hay una historia entretenida, bien llevada en lo que se
refiere al ritmo y la intriga, con personajes propios de novela negra y
situaciones que se encadenan creando un clima que invita a seguir leyendo. Al
final, este tipo de relato es siempre el camino que lleva al descubrimiento del
autor del delito. En este aspecto, nada que objetar. No hacemos crítica
literaria.
Pero en lo que respecta al ambiente colonial, el autor no ha resuelto
los desajustes de su primera novela sahariana. No es, como indica la
contraportada, una novela histórica. Primero porque, aunque comienza por el
secuestro del Santa María por el DRIL, hecho cierto y sorprendente, la vida en
el Sahara no está reflejada con exactitud y no coincide con lo que fue la
realidad de la ciudad colonial. El escenario es una ciudad imaginada adaptada a
una cierta idea de lo que fue El Aaiún. Los lugares no coinciden y los que
nombra no se asemejan a lo que existía. Es cierto que el autor puede escribir
lo que quiera o lo que le venga bien al relato sin que nadie se lo reproche
porque se trata de una ficción. Pero en este blog nos fijamos en lo colonial.
Hay dos errores de bulto, esenciales en el libro. En el Sahara no había no
Policía Nacional, ni Guardia Civil. Las labores de policía se encomendaban a la
Policía Territorial encuadrada en mandos peninsulares, algunos de los cuales
eran guardias civiles. Había una pequeña comisaría de Policía Nacional con
labores burocráticas, tal como expedir pasaportes. No se encargaban de la
investigación de delitos. Por otra parte, en una ciudad militarizada era muy
improbable que hubiera asesinatos como los narrados. Aunque, repito, el autor
es soberano para contar lo que quiera. También se observan otros pequeños
fallos de escasa importancia, pero que una novela histórica debería tener en
cuenta.
En definitiva, el autor busca la originalidad en el escenario para un
argumento policiaco.

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