lunes, 10 de agosto de 2026

NOSTALGIAS COLONIALES (14): SEÑOR DE SU ÁNIMO de JOSÉ MARÍA PEMÁN

 

Pemán fue un escritor de mucho éxito entre el público conservador. Quizás más en el teatro que en la novela. Sus planteamientos se desarrollaban entre las clases altas y medias, y eran de talante moralista y de seguimiento de las doctrinas de la Iglesia. Su obra es abundante y, por tanto, hay variaciones en los argumentos, aunque no en el pensamiento plasmado. Es un escritor académico y sencillo, no tiene veleidades vanguardistas ni excesos estilísticos. Y, con el tiempo, ha dejado de ser leído salvo por algunos incondicionales y por los que hacen arqueología literaria.





   Señor de su ánimo traslada su universo a África. No hay nada que motive la elección del Protectorado más que un deseo de cierta originalidad en el escenario, un cambio de sus localizaciones habituales. Un telón de foro. Ya lo intentó en el teatro con La danza de los velos, estrenada en 1936 y publicada en 1939, y que presenta similitud de decorados y del papel femenino en la primera postguerra.

   Por lo demás, es la historia convencional de una mujer, aparentemente rebelde, que busca y encuentra marido. Tras un primer fracaso amoroso, acude como enfermera a Marruecos, en plena etapa de desembarco de Alhucemas, retirada de Xauen y en las convulsiones que llevaron a la dictadura de Primo de Rivera. Era una de las pocas profesiones a las que podían acceder las solteras decentes de clase media o alta. Un poco forzado el destino, pero el autor lo explica con gracia: Usted ha venido a África como algunos van a Cestona: a veranear, jugando a que van a curarse (p 85 de la 2ª edición). Solo algo menos de la mitad de la novela (el primero de los tres libros) se desarrolla en Tetuán y, ocasionalmente, en Tánger. Luego los protagonistas y sus anhelos se marchan a España.

   La novela, de poca acción y mucho sentimiento, se va desarrollando en las fronteras de la novela rosa. Entre personas sin problemas económicos y con la vida resuelta desde el nacimiento a la muerte. Hay que reconocer que Pemán conocía bien la clase social que describe y sus personajes no resultan artificiales, sino minoría. Una novela que iba dedicada a un público determinado que aplaudía al escritor aun antes de empezar a leerlo.

 

 

 

 

 

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