Pemán fue un escritor de mucho
éxito entre el público conservador. Quizás más en el teatro que en la novela.
Sus planteamientos se desarrollaban entre las clases altas y medias, y eran de
talante moralista y de seguimiento de las doctrinas de la Iglesia. Su obra es
abundante y, por tanto, hay variaciones en los argumentos, aunque no en el
pensamiento plasmado. Es un escritor académico y sencillo, no tiene veleidades
vanguardistas ni excesos estilísticos. Y, con el tiempo, ha dejado de ser leído
salvo por algunos incondicionales y por los que hacen arqueología literaria.
Señor de su ánimo traslada su universo a África. No hay nada que
motive la elección del Protectorado más que un deseo de cierta originalidad en
el escenario, un cambio de sus localizaciones habituales. Un telón de foro. Ya
lo intentó en el teatro con La danza de los velos, estrenada en 1936 y
publicada en 1939, y que presenta similitud de decorados y del papel femenino
en la primera postguerra.

La novela, de poca acción y mucho sentimiento, se va desarrollando en
las fronteras de la novela rosa. Entre personas sin problemas económicos y con
la vida resuelta desde el nacimiento a la muerte. Hay que reconocer que Pemán
conocía bien la clase social que describe y sus personajes no resultan
artificiales, sino minoría. Una novela que iba dedicada a un público
determinado que aplaudía al escritor aun antes de empezar a leerlo.


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