DELGADO, Julián: Morir
por el Sahara (Sepha. Málaga 2009. 321 páginas).
Julián Delgado escribió una novela en la que hay que distinguir dos
aspectos y dos narraciones unidas en un intento de hacer ficción sobre los
hechos reales y dar forma de novela en vez de ensayo a un relato que, seguramente,
tiene mucho de experiencia personal. Esta voluntad narrativa afecta al la
estructura de novela y hace, que en ocasiones, pierda el ritmo de la intriga.
El autor es militar y estuvo en el Sahara desde 1957 a 1966, lo que le da un
conocimiento de primera mano del territorio y sus gentes. Pasó luego a la
Policía Urbana de Barcelona, estudió Psicología y Derecho y evolucionó
personalmente hasta desembocar en la UMD. Estos datos hacen que el personaje
principal de Morir por el Sahara, tenga algunos puntos en común con el
autor.
La novela nos cuenta los últimos tiempos del Sahara español en primera
persona. El narrador es un militar -Gerardo Alburquerque- destinado en el
territorio en labores del información. Los tiempos eran confusos. Lo que fue un
lugar de total tranquilidad se estaba enrareciendo. La ONU exigió una
descolonización rápida, ignorando los problemas que causaría la ausencia de una
transición suficiente. Apareció un movimiento independentista que no renunció a
la violencia, el POLISARIO, financiando por Argelia y Libia. Marruecos resucitó
su política de Gran Magreb, apoyado por Francia y Estados Unidos que no querían
un país de influencia comunista en el Atlántico y España, al menos en un primer
momento, estaba dispuesta a obedecer a la ONU y conceder la independencia a lo
que ya era provincia tras un referéndum.
Cuando el protagonista llega al Sahara se va dando cuenta de que nada
era lo que parecía. En este punto, el autor opta por darle mayor aire de
ficción mezclando la política con las aventuras amorosas. Por cierto, pobres
mujeres las que amaban a Gerardo ya que acababan todas en la tragedia. Es en
ese punto donde el libro pierde unidad porque la extensión de lo privado es
excesiva.
La parte en que la novela se convierte en documento es mucho más
interesante. Es notorio que cae en algunos errores en cuando a detalles sobre
la vida en la ciudad y la política colonial, pero la intención del autor es mostrar
la transformación del militar del ejército franquista, obediente, cumplidor con
el mando que nunca se cuestionaba la política de Franco, hacia un sujeto
consciente de que la manera de gobernar España estaba caducando y era necesario
un cambio. Gerardo se da cuenta de que no es el único que ve la situación así y
que, incluso entre los compañeros de armas, se está produciendo un cambio en la
mentalidad del ciudadano medio. Esto no es el tema principal, que es el Sahara,
pero ayuda a entender que la situación de la colonia/provincia también debe
cambiar. Ese camino de transformación es ayudado por el juego político
internacional y nacional que ha convertido en farsa lo que iba a ser una
empresa importante. Mientras de cara a la galería se expresaban fórmulas de
compromiso con la independencia, de apoyo al pueblo saharaui y de defensa de la posición de España en el
territorio, en los entresijos del poder se negociaba una cosa muy distinta: la
entrega del Sahara español a Marruecos. Algo que, con el tiempo, ha quedado
como verdad incuestionable. La novela se adentra en esos nebulosos campos.
A finales de 1975 Franco agonizaba. Era el único que podían haber dado
la orden de mantener el Sahara aun a costa de usar las armas. El gobierno de
Arias Navarro era débil y sin objetivos claros. Los políticos nacionales
estaban tratando de buscar su camino en la nueva situación. Se había pactado
con el rey Hassan, con USA, con Francia, la entrega del Sahara y la salida
vergonzosa. Algunos lo vieron como inevitable, entre ellos algunos ministros a
sueldo del rey de Marruecos, otros (como los militares del Alto Estado Mayor)
trataban de impedir una guerra que no sabían como manejar aunque fueran
militares profesionales (algunos veteranos de la Guerra Civil). La decepción de
los profesionales que, desde El Aaiún y otras posiciones, estaban dispuestos a
mantener el tipo y el honor, cumplir con los acuerdos de Naciones Unidas sobre
descolonización y mantener el apoyo al pueblo que se administró, sufrieron la
terrible decepción que es el contenido, y moraleja, de esta interesante novela. Un cambio de posicionamiento en el poder que luego harán los socialistas. Trampas que se resumen en un diálogo:
- Alguien será víctima de los engaños, mentiras, trampas y traiciones que convengan a las personas que rigen este régimen que agoniza. Incluso el dinero servirá para que los que hoy piensan de una manera, mañana lo hagan de la forma contraria, porque aquí está a punto de sonar el grito de sálvese quien pueda (página 196).
Es la novela de la decepción de los idealistas ante la conformidad y cobardía de los que tratan de aprovechar los momentos sin que los frenen los valores y el compromiso. Escribe Delgado: Los hombres nos forjamos de acuerdo con el mundo que creamos. En el mundo de hoy buscamos sacar el mayor provecho de las circunstancias que se nos presentan, nuestro valor está en función del precio que los demás ponen a nuestros servicios.... Nuestro triunfo está sujeto al parecer de los otros, por lo tanto hay que ponerse donde más caliente el sol (página 266).