viernes, 7 de noviembre de 2014

CUENTOS DEL MARRUECOS ESPAÑOL (1): EL JUGLAR DE LOS ZOCOS de JACOBO BENTATA, CUENTOS MARROQUÍES de RODA GARRIDO y HASSAN ESCURI, FATMA de MARTÍN DE LA ESCALERA, EL INDIANO, EL CADÍ Y LA LUNA de ISAAC BENERROCH y ZOHORA LA NEGRA de BACAICOA

BENTATA SABAH, Jacobo: El juglar de los zocos (Madrid 1930. Compañía Iberoamericana de Publicaciones. 225 páginas y 3 hojas. Ilustraciones; La Cala del Moral, Málaga 2010. Editorial Aljaima. 113 páginas)
RODA GARRIDO, Enrique de y HASSAN ESCURI, Ahmed el: Cuentos marroquíes. (Larache 1941. Gráficas Boscá. 64 páginas y texto árabe. Ilustraciones de Bertuchi).
MARTÍN DE LA ESCALERA, Carmen: Fatma. Cuentos de las mujeres marroquíes (Madrid 1945. Instituto de Estudios Políticos. Publicaciones África. 250 páginas + 2 hojas. Prólogo de Tomás García Figueras. Ilustraciones de Bertuchi).
BENARROCH PINTO, Isaac: El indiano, el kadí y la luna (Tetuán 1955. Editora Marroquí. Instituto General Franco de Investigaciones Hispano-Árabes. 200 páginas)
BACAICOA, Dora: Zohora la negra y otros cuentos. (Tetuán 1955. Colección Manantial nº 1. 101 páginas + 3 hojas. Ilustraciones de Enrique Hierro).

    Jacobo Bentata era un judío de Tánger, animador de la vida cultural de la ciudad, fundador (con Alberto España) y redactor de El Mogrebí y escritor ocasional. Había nacido en 1895 y publicó, además de sus artículos periodísticos, algún texto breve como la conferencia Tánger y la política internacional (1932). Fue delegado español en la Asamblea Legislativa de Tánger. Y presidió el Rotary tango en Tánger como en Venezuela. Tras la independencia de Marruecos, como otros muchos de la comunidad hebrea, emigró a Venezuela. En 1930 publicó en la gran editorial CIAP su libro de cuentos El juglar de los zocos, un conjunto de narraciones anecdóticas contadas con gracia en un estilo sencillo y correcto. El libro llevaba unas buenas ilustraciones, es una pena que en esa época se olvidaran los editores de los nombres de los dibujantes.
Jacobo Bentata


Ilustración del libro de Bentata
  
 La Administración del protectorado organizó un concurso de cuentos para conmemorar el Día del libro hispano-árabe de 1941. La publicación de los relatos ganadores se hizo en una edición cuidada, con los imprescindibles dibujos de Mariano Bertuchi. El texto premiado en español correspondía a Enrique de Roda y se titulaba Ahmed. El cuento árabe lo firmaba  Ahmed el Hassan Escuri y llevaba por nombre Taha. Se publicaron los dos en español y árabe. La traducción al español de Taha la hizo Carlos Quirós, director del Centro de Estudios Marroquíes.

   Ahmed es una sencilla narración acerca de un pastor marroquí. De Roda interpreta una escena de la vida rural de marruecos, tal vez escuchara esta narración a algún habitante de la zona. Hassan Escuri, sin embargo, prefiere escribir sobre la relación entre españoles y marroquíes, también en un ambiente rural del Marruecos de la época. Comienza como una fábula del valor de los libros y acaba en un canto a la rebelión militar de 1936.
Ilustración de Bertuchi para Ahmed
   Carmen Martín de la Escalera era una africanista de estirpe cuya firma era habitual en las revistas africanistas españolas de los años 40, 50 y 60 del siglo XX, también en las que editaba el Instituto de Estudios Políticos con personas como Cordero Torres, Gil Benumeya o Julio Cola Alberich. Publicó en 1956 Argelia y su destino, libro en el que analizaba la historia del país y la perspectiva que se le abría. En 1945 hizo una aptortación a la ficción con una colección de once cuentos reunidos en el libro Fatma. Era hija del ingeniero militar Federico Martín de la Escalera y de una aristócrata francesa. Estudió en colegios franceses. Habitante del Protectorado, conocedora de sus ciudades, pretendió huir de la imagen folklórica, exotista o caricaturesca de la mujer musulmana para adentrarse en la intimidad de las casas moras y tratar de comprender una manera de vida. Esta intención de objetividad nunca se consigue porque el escritor está imbuido en su formación y cultura occidental. Hay un cariño por el país, pero no deja de ser una extranjera. En este caso, a la escritora le llaman la atención algunos aspectos de la vida marroquí que son extraños –o, al menos, muy diferentes- a la española. El cuento que inicia el libro (Fatma) es un relato sobre la superstición, la magia de las adivinadoras. En El juramento, nos muestra la forma de proceder de la justicia coránica. O la minuciosa descripción de la vida doméstica en Un asunto de familia. Cuidado libro de lectura sugerente que ha pasado, como tantos otros de esta época y temática, al baúl de los recuerdos.
Dibujo de Bertuchi para Fatma

Carmen M. de la Escalera. 

   Isaac Benarroch Pinto fue un judío de Tetuán que, como tantos otros sefarditas, acabó emigrando a Venezuela. En 1951 publicó su libro El indiano, el kadí y la luna, un conjunto de tres narraciones de distinta factura. Es un libro interesante, ameno y cuya lectura nos lleva a un modo de vida perdido: el de los judíos en Marruecos.  Se compone de tres narraciones. La primera Indianos tetuaníes, es una novela breve que comienza con la llegada de los españoles a Tetuán en 1860 y termina con la emigración del protagonista a Buenos Aires. Está llena de referencias a la vida de la comunidad hebrea, a costumbres perdidas, a la añoranza sefardí por lo español y apunta al camino que sería el que tomaron muchos de los judíos marroquíes: la emigración a  América. La segunda narración, ¡Sea yo el decimoséptimo!, cambia la comunidad judía por la musulmana para narrar un cuento fantástico sobre la justicia coránica y su modo de impartirla.  Como en el cuento anterior, el autor aprovecha para dar noticias folklóricas de las costumbres religiosas de la ciudad, de las cofradías, de las peregrinaciones… Adorna el relato principal con ilustraciones costumbristas. Abusa del adjetivo, tal vez, pero mantiene un pulso de interés en la narración. El libro culmina con ¿Qué hace Dios con la luna vieja cuando sale la nueva?, una breve leyenda. Benarroch ofrece un homenaje al Marruecos antiguo, al que iba cambiando y el autor lo sabía y quería dejar testimonio incluso de lo anterior a él. Hoy el libro ofrece una lectura que va más allá de lo puramente literario. Y, en todo caso, es una sentida evocación de lo pretérito.

   Dora Bacaicoa fue una de las animadoras del ambiente literario español en Tetuán, donde ejerció de bibliotecaria en los años 40 y 50 del pasado siglo. Había nacido en Buenos Aires, niñas pasó a Madrid y enseguida a Tetuán. Estudio Magisterio y Filosofía y Letras en Granada, Universidad a la que acudían los estudiantes del Protectorado mayoritariamente. Era habitual en el suplemento Ketama de poesía y literatura que dirigía Jacinto López Gorgé, que era también el director de la colección que inaugura este libro y que se caracterizaba por el mimo de edición.
Dora Bacaicoa
   En Zohora la negra y otros cuentos la autora reúne ocho relatos bien escritos, con un lenguaje poético, y despliega su visión de las gentes de Marruecos, la vida que llevaban, las luchas femeninas en una sociedad que marginaba  a las mujeres, la ternura y la crueldad, el amor y el odio, la vida y la muerte. La autora, al contrario que muchos de los autores de la época, no impone su visión europea en la narración, pretende ser sólo una observadora de la vida del país sin introducir moral ni justicia. Está claro que cada escritor, por el solo hecho de elegir el tema, ya está imponiendo un criterio pero, en este caso, la intención no parece ser pedagógica sino simplemente realista. La autora se eleva sobre sus personajes, no los dirige.

Ilustración de Zohora la negra






miércoles, 15 de octubre de 2014

LA LITERATURA DE LOS BUBIS (1): RECUERDOS DEL ABUELO BAYEBÉ Y OTROS RELATOS BUBIS de JUSTO BOLEKIA BOLEKÁ

BOLEKIA BOLEKÁ, Justo: Recuerdos del abuelo Bayebé y otros relatos bubis (SIAL. Madrid 2014. 151 páginas + 2 hojas).
Justo Bolekia es un catedrático de la Universidad de Salamanca de origen guineano. Es un hombre culto que ha sabido conservar sus conocimientos africanos.  Lo dice: …mi despacho de profesor universitario, todo un privilegio y un gran premio para un inmigrante ya integrado, asimilado, vinculado doblemente deculturado y también obligado a vivir las desventajas del inmigrante, como visitar alguna vez que otra celdas de comisaría, ser cacheado, nadar en el asfalto de una ciudad peninsular….. (página 76). En la ironía está su ser. Y añade otra nota a su condición de escritor: Hace muchos años que presumo de ser un artista de la palabra, un manipulador del lenguaje, un maestro de la oratoria popular y no popular (p. 78). A su obra en español añade una interesante muestra de escritos en bubi que ha ido publicando en ediciones bilingües. A sus méritos puramente literarios, hay que añadir otros filológicos como su empeño en fijar las normas gramaticales y ortográficas de su idioma materno. Muestra de ello son sus libros de poesía: Löbëla (1999), Poesía en lengua bubi (2007), Las reposadas imágenes de antaño (2008) o Los callados anhelos de una vida (2012);  además de sus diccionarios y gramáticas bubis como Aprender el bubi (1999); o libros de historia tal que Aproximación a la historia de Guinea Ecuatorial (2003). Bolekia es ya una de los nombres fundamentales de la literatura de Guinea Ecuatorial.


   Recuerdos del abuelo Bayebé y otros relatos bubis es una colección de siete relatos de inspiración bubi, mezcla de presente y pasado, pero que encierran todos ellos un intento de mostrar una manera de vivir o una mentalidad propia y, a veces, incomprensible para los europeos. En ellos vuelca su visión de los bubis en diferente momentos, coloniales y actuales.




   Nos interesan los que tienen un trasfondo colonial: Recuerdos del abuelo Bayebé y El bötúkku y sastre Arataka. Hay muy pocos escritores guineanos que narren la vida colonial con conocimiento. En la época porque había una especie de censura y porque eran muy pocos los guineanos que escribían y éstos lo hacían asumiendo los paradigmas coloniales. Ahora porque la nueva generación nació en la independencia del país y sólo conocen la época anterior por lo que les cuentan los mayores. Así que los que vivieron la situación y la narran se cuentan con los dedos de la mano. Comenzó Donato N’Dongo, aunque  optó por contar las vivencias del exilio. Bolekia se centra en estos dos relatos en la vida colonial bajo el punto de vista indígena.
   Los europeos en general y los españoles en particular no entendieron a  los africanos y, salvo muy pocas excepciones de estudiosos o antropólogos, tampoco tenían interés en llegar al fondo de la manera de vida de los pueblos que colonizaban. Unos confraternizaban más y otros menos, unos ofrecían mejor trato que otros, existieron situaciones de abuso y de amistad… Sin embargo, sobre todo en el siglo XIX, los europeos despreciaban las culturas de los que denominaban salvajes y trataron de imponer, con buena o mala fe, la civilización que era, claro está, la europea. Además, los europeos no entendían culturas orales al tener la escrita como la más avanzada y segura. Fueron antropólogos, y no juristas, los que fueron desenmarañando esa manera de entender la existencia y fueron señalando que, con sus características propias, los africanos se regían por reglas consuetudinarias que los europeos rompían inmisericordemente y, muchas veces, sin necesidad ni provecho. Ahí están, por ejemplo, las obras de Malinowski o de Margaret Mead.


  La originalidad en la narrativa de Bolekia es mostrar la colonización desde el punto de vista del colonizado, aparentemente sumiso al poder colonial pero que desarrollaba una serie de mecanismos de rebeldía en su vida doméstica y en el vivir cotidiano de sus aldeas de tal manera que ni los colonos, que no se preocupaban por aprender las lenguas locales,  se enteraban. Si en Recuerdos del abuelo Bayebé es un relato intimista en la que el adulto rememora un episodio infantil que le causó una profunda impresión, El bötúkku y sastre Arataka es un divertido relato de un supuesto episodio entre el Gobernador y los aldeanos de Baney.


   Bolekia utiliza el castellano para este libro, pero sus historias no pueden escapar a frases en bubi o en pigdin english y a diálogos en los que reproduce la singular sintaxis de los malabeños, tal vez debería haber incidido más en este aspecto tan escaso en la literatura en español y que el autor domina perfectamente. Como nos ha anunciado la continuación de sus relatos, quedamos a la espera.

miércoles, 8 de octubre de 2014

LA LITERATURA DEL SAHARA ESPAÑOL: EL DESIERTO IMAGINADO de PABLO IGNACIO DE DALMASES

DALMASES, Pablo Ignacio de: El desierto imaginado. África Occidental española en la literatura (Ediciones Carena. Barcelona 2014. 301 páginas + 3 hojas).
P. I. DALMASES
   Pablo I. de Dalmases es una de esas personas extraordinarias en la historia del África española que conserva la memoria de las cosas, la capacidad crítica y la habilidad para contarlo bien. Periodista de toda la vida, su vinculación con el Sahara español comenzó cuando fue nombrado director de los servicios territoriales de RNE y TVE en el territorio. Más tarde sería director del diario La Realidad de El Aaiún, un intento de hacer  prensa bilingüe en los albores de lo que iba a ser la independencia.

   Su experiencia africana ha quedado reflejada en unos libros de gran interés: Quiero ser Ali Bey (2006), Los últimos de África (2007) Huracán sobre el Sahara (2010) en el que refleja su aventura con La Realidad entre otras cosas de la etapa final de los españoles en el desierto, o La esclavitud en el Sahara (2012).



   Su tesis doctoral sobre la literatura relacionada con el Sahara Español le ha servido para publicar sus dos últimos libros, en los que hace un recorrido sobre el reflejo de la esclavitud y sobre la presencia de la colonia en la literatura en español.
   El desierto imaginado es pues un resumen de lo que se ha escrito sobre el territorio. Podemos decir que es un panorama asequible para cualquier lector, desprovisto del aparato bibliográfico y de las exhaustivas notas a pie de página que tendría su texto académico, y donde el autor demuestra su condición de periodista. Sobre el Sahara Español hay poca literatura de ficción y no es de gran calidad, hasta en esto fue casi un desierto. Pero haciendo arqueología bibliográfica se pueden encontrar algunos, pocos, ejemplos. Dalmases hace una breve introducción histórica para comenzar el libro con los primeros escritos relacionados con la adquisición de la porción de desierto.  Pasa después a las obras relacionadas con el desarrollo de la aviación y de las bases que se instalaron en Cabo Juby y Villa Cisneros. Y continúa con esa literatura de contenido militar tan específica de la situación. Acaba con un repaso a las novelas posteriores a la entrega del Sahara a Marruecos y que se fijan en la situación histórica anterior.


   Tampoco se olvida Dalmases de los escritores saharauis que continúan escribiendo en español. Ni de a literatura que produjo el enclave de Ifni. Un libro, en definitiva, imprescindible para tener una idea de lo que se escribió sobre la tierra perdida.

miércoles, 1 de octubre de 2014

NOSTALGIAS COLONIALES (6): AL SAHEL (OESTE) DEL SÁHARA de AGRIPÍN MONTILLA MESA

MONTILLA MESA, Agripín: Al sahel (oeste) del Sáhara (Edición Autor. Imprenta Litopress. Córdoba 2000. 590 páginas).
   Es frecuente que los militares españoles que estuvieron destinados en los territorios africanos quieran contar sus vivencias, marcadas por un fuerte sentimiento nostálgico. En estos relatos hay siempre una fuerte caga emocional. En el caso del Sahara observamos casi siempre una sensación de fracaso motivado por la marcha repentina, una culpa por el abandono de los habitantes y una frustración por no haber disputado la prolongación de la presencia. Y a estos sentimientos no escapa Agripín Montilla en su libro que, como también suele ser característica de las obras de este tipo, acumula un gran número de anécdotas sobre las que se puede establecer una idea general de cómo se desarrollaba la convivencia en los territorios aunque la visión esté siempre influenciada por un exceso de optimismo y una excesiva valoración de la obra española en África y del trato afectuoso que los españoles dispensaban a los africanos. No obstante, para establecer los patronos de esa convivencia que se perdió y que casi se olvida, este tipo de obra son imprescindibles.

   El sargento Montilla llegó a El Aaiún en 1960, tras cuatro años de permanencia en Marruecos. Era como un sueño cumplido para él. Llegaba a la tierra que deseó habitar. Novela sus recuerdos, los sucesos cuarteleros, el compañerismo, las relaciones con la población civil. Muy minucioso, el libro se alarga. Los hechos históricos, una  época muy tranquila, son sólo el marco de la vida privada. Retratos de militares y sucesión de los hechos que constituían la vida ordinaria de un soldado en el desierto.


   Un libro para los aficionados al Sahara español, curioso para el resto y raro de ver en las librerías.

jueves, 11 de septiembre de 2014

NOVELAS DEL BOSQUE DE RÍO MUNI (1): LA SELVA HUMILLADA de BARTOLOMÉ SOLER y EN EL BOSQUE FANG DE ÍÑIGO DE ARANZADI

SOLER, Bartolomé: La selva humillada (Hispano Americana de Ediciones S. A. Barcelona 1951. 371 páginas; Editorial Planeta. Barcelona 1957. 373 páginas;  Ediciones G.P. Barcelna1958. 189 páginas. Portada de Chaco).
ARANZADI, Íñigo de: En el bosque fang (Plaza y Janés. Barcelona 1962. 250 páginas y 3 hojas. Prólogo de Alberto María Ndongo Obama. Vocabulario; Nueva Athenas. Madrid 1981. 151 páginas y 2 hojas; Apadena. Madrid 2008. 196 páginas)


   Bartolomé Soler nació en Sabadell en 1894 y murió en 1975. A los dieciocho años tuvo que abandonar España cuando emigró a América en busca de trabajo. La casa del padre no daba para más. Y encontró manera de sobrevivir en Chile y Argentina, regresando en 1922. Había empezado a publicar en catalán pero lo abandonó por el español a raíz de la publicación exitosa de su novela Marcos Villorí (1927). No obstante publicaría más tarde en catalán las novelas Anna Maria y El marques y la seva filla  ambas de 1932. Seguirían otras muchas de ambiente americano y español. El 1930 volvió a América como profesor, después probó suerte con el teatro y estrenó Adversarios en Buenos Aires, que se titularía en España Guillermo Roldán. Ejerció de director y actor en su propia compañía. Fue un escritor falangista y defensor de la obra de Franco. Redactó sus memorias en tres volúmenes: Mis primeros caminos (1963), La cara y la cruz del camino (1965) y Mis últimos caminos (1965). De un viaje a Guinea y Camerún volvió enfermo y estuvo casi diez años sin escribir, lo cuenta en su primer volumen de memorias. Luego apareció La selva humillada.

   A los escritores franquistas les gustaba la idea de imperio, del pequeño imperio africano. A veces aceptaban invitaciones oficiales, o encargos,  para viajar a las colonias y narrar lo que veían. Lo hacía con más o menos acierto político y calidad literaria. Dependía mucho de la sinceridad de sus convicciones y de su gusto por lo exótico, siempre original pero difícil de comprender. Soler escribió La selva humillada que tiene algo de libro de viajes y algo de narración fantástica. Quiere transmitir sensaciones a los lectores que no conocen el país del Muni de la misma manera que él lo fue descubriendo partiendo de la más absoluta ignorancia. En sus correrías los fang lo conectaban con el lugar y le iba iniciando en cada aspecto de la vida guineana. Esta relación es lo que le da al libro su faceta más literaria.  Se da cuenta de la extraña relación: …sé que es él quien se mueve en su mundo normal. Lo único anormal soy yo. Como en muchas de mis andanzas, sé que camino al revés (p. 137). Hoy hubiera hecho una película, un vídeo documental. Entonces, a pesar de que también existía el cine, era la palabra la manera de comunicar al público lo que vivió en Guinea. El escritor ignora lo desconocido, lo nuevo, aunque trata de comprenderlo torpemente. Huye de la descripción de las costumbres y vida de los coloniales, trata de plasmar su sentimiento de viajero: Aquí se está bien, entre estos pobladores de Guinea cuya cordialidad me abruma y en cuyos modos, estilo y manera encuentro un calco singular y sorprendente de todos los coloniales que van saliendo a mi paso. A través de ellos, me parece como si los viera a todos, como si cristalizara de nuevo el mismo sentimiento acogedor, llano, cálido y leal que viene confundiéndome y espoleándome desde  el instante en que pisé el primer umbral de Santa Isabel (página 42 de la 1ª edición). Tal vez por ese exceso de introspección el libro se hace de lectura ardua. Los españoles del bosque no le interesan, los ve como aldeanos de la selva. El lector no sabe por dónde camina el escritor, que sendas recorre, que río navega o que poblado visita. No sabe el día ni el mes. El escritor llena las páginas de un sentimiento largo y ondulante. Se distancia voluntariamente de lo que ve, como si estuviera en el espacio como observador.
Bartolomé Soler. Caricatura de Córdoba en ABC de 2 de marzo de 1961
   Su visión de la selva es imprecisa y la de sus gentes está contaminada por el racismo dominante: Mezcla de niñez y salvajismo, sé, sin embargo que la infantilidad supera sus instintos, y que éstos se sofrenan ante la idea que todo negro abriga acerca del poder, rayano en lo sobrenatural, que le concede al hombre blanco (p. 78).










   








 
   Íñigo de Arandazi (Pamplona 1922-Madrid 2003) es uno de los antiguos coloniales más interesante por la curiosidad con que se tomó la vida guineana. Este antiguo oficial de Caballería había estado destinado en Marruecos. Su afición a la escritura se tradujo en algunos poemarios de ambiente magrebí como Mientras despierta la noche. Poemas de Marruecos (1950). Pasó después a Guinea como perito agrícola y periodista, en Bata dirigió la revista Potopoto y la emisora Radio Ecuatorial. Ante todo, fue un hombre que se interesó por lo indígena. Se internó en el bosque, habló con sus habitantes, aprendió su lengua y observó sus costumbres. No era el colonial al uso para los que los habitantes de Guinea eran ajenos. Y en esto se diferencia fundamentalmente de Bartolomé Soler. Aranzadi conocía bien el ambiente que narraba, Soler era un turista ocasional. Además, Aranzadi fue coleccionando una de las mejores colecciones de arte étnico sobre los fang que existen en el mundo y que mostró en alguna ocasión como la exposición celebrada en Madrid en 1998. En el catálogo recopiló viejos textos guineanos leídos en la emisora de radio de Bata, las Cartas de las cosas del bosque. Allí se pudo ver una joya. El ngú o escudo de oreja de elefante pieza excepcional. En su novela hablaba de él: Etó Mebimi era muy viejo, intensamente viejo. Había sido un hombre valiente en todas las guerra y se decía con matices de leyenda que Etó, padre Etó, como lo llamaban, llevó en muchas ocasiones el ngú, el escudo de piel de oreja de elefante que solo a los elegidos les era dado ostentar en vanguardia de los guerreros, sin más armas que su cuchillo, uno tras otro, en medio cuando desplegados (página 40 de la 1ª edición).
Íñigo de Aranzadi

  

















 
   Siempre me quedé con pena de no haber hablado más con él porque llevaba la sabiduría de la vida guineana cotidiana, esa que se pierde cuando desparecen los protagonistas. Una vez le pregunté por el lugar donde estaba el tesoro que  los alemanes escondieron en 1915 y que él presumía conocer; eso escribió. Me respondí riendo que lo había olvidado.



   Todo ese bagaje personal lo trasladó a la novela En el bosque fang que se publicó en 1962. Empleó la palabra fang, la propia de ellos, en vez de pámue que era la que usaban los españoles de entonces. Es la novela de un blanco inmerso en la selva, habitando entre los fang esatop, ntumu, esandon…, compartiendo un modo de vida. Los protagonistas son los fang, no los españoles. Unos no comprenden a los otros y viceversa, es la tónica colonial. Ochos historias del bosque con un final y un vocabulario. El autor discurre poético, con una visión más de novelista que de antropólogo, por la existencia de los hombres del bosque en Río Muni. Intenta, y esto es lo más difícil,  narrar como si él fuera uno más, sin distanciarse como observador ajeno. Pero Aranzadi se acercaba a un viejo Etó que pertenecía a una generación que se perdía y, con él, una forma de vida. Era consciente, los blancos no sabían de esa manera de vivir pero los jóvenes fang, muy influidos ya por la colonización, tampoco: Tú estás demasiado alejado de los tuyos, Gabriel. A tu generación le pasa lo mismo, que no sabe ni de blancos ni de negros, y que tanto de unos como de otros aprende lo peor (página 86), le decía un personaje a otro. La vida urbana que trajo la colonia atraía a los jóvenes, los nuevos trabajos alejados de la dureza del bosque, las diversiones europeas trasladadas, etc., llevaban a la aculturización de una manera pacífica. Gabriel Ondo Ndongo es el ejemplo del joven fang que aborrece el poblado y se siente llamado por la ciudad. El ejemplo del cambio que no suponía la pérdida total de la vieja identidad. El final del joven, adepto al buetí, es la prueba de la confusión. 


miércoles, 13 de agosto de 2014

LAS NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (3): HISTORIA DEL CAUTIVO de JUAN ANTONIO GAYA NUÑO

GAYA NUÑO, Juan Antonio: Historia del cautivo (S.e. Imprenta Venecia. Mexico 1966. 280 páginas: En Obras completas Tomo I. Fundación José Antonio de Castro. Madrid 1999)
   Juan Antonio Gaya Nuño fue una persona singular, de gran cultura e inquietudes intelectuales diversas. Había nacido en el pueblo soriano de Tardelcuende en 1913. En su infancia y juventud conoció las noticias de la guerra de Marruecos y ello debió dejarle una fuerte impresión a la que daría salida en forma de relato. La Guerra Civil truncó su carrera académica y no pudo ser catedrático. Pasó por la cárcel tras haber combatido en el Ejército Republicano. Pero su vocación se encauzó dirigiendo galerías de arte, proyectos editoriales y –sobre todo- publicaciones sobre arte. Murió en Madrid en 1976. La página web de su fundación - http://www.gayanuno.es/ - ofrece más noticias sobre su vida y obra.

   También cultivó el relato y la novela, aunque no fue muy prolífico en la ficción. Pero en esta faceta resalta su Historia del cautivo, dedicada a los hechos de 1921 en el Marruecos español. La novela tuvo que ser publicada en México en 1966 para eludir la censura franquista y nunca más se reeditó hasta que se incluyó en sus obras completas de 1999.

   Se reconoce seguidor de Pérez Galdós en una manera de narrar que denomina género, el episodio nacional. Y toma la acción de Annual porque de ese año arranca toda la posterior historia de España, como reconoce en el prólogo. Ya antes Francisco Camba había tomado la idea de episodio nacional para su Annual (1946) y posteriormente lo llamaron así Fernández de la Reguera y Susana March en su El desastre de Annual (1968).
   Gaya Nuño, como ya lo hizo Sender, va a contar las peripecias de un aragonés pobre que acaba con sus huesos en el Marruecos de la guerra. Gente con pocas esperanzas en la vida y condenado a la miseria se va a topar de frente con el horror bélico y la tragedia personal de estar en el lugar equivocado en el momento preciso. La única manera de salir del pueblo que tenían en la época era cumplir el servicio militar y, en este caso, mejor le hubiera ido en el terruño.

   En 1966 la guerra de Marruecos estaba casi olvidada y si se recordaba era en publicaciones oficiales o próximas al franquismo que acentuaban la falsa visión patriótica de los hechos. Pero gaya Nuño tenía otro interés al escribir, para él los hechos supusieron el final de la Restauración y el origen del cambio brusco que fue la II República española. Era un símbolo de una manera corrupta y caduca de dirigir el país, la muestra última de la incapacidad de gobierno y de dirección social. El autor, republicano depurado, soltaba así una visión distinta de la de los vencedores. Por eso no pudo publicarse en España. Después de tantos años, y después de lo mucho que se ha escrito posteriormente sobre el tema, cabe preguntarse si leer esta novela tiene todavía el interés de la época de su publicación. Hay que concluir que sí sin reparos.
   Gaya escribe una historia bien trazada. Con muy pocas páginas liquida toda la rota de la Comandancia de Melilla, no se detiene en explicaciones extensas que son más de historia que de novela, ni compone un relato coral de muchos personajes secundario actuando todos del mismo modo, como es habitual en las novelas del ciclo de Annual. Es sobrio, pero contundente y tiene un castellano exquisito. Suficiente para volver a leer el libro.
Axdir, lugar del cautiverio
   La novela es un retablo que lleva como hilo conductor a un soldado que perteneció a la escolta del general Silvestre. Él y sus compañeros tienen la clave de la muerte del general, pero es un secreto inconfesable. Acaban prisioneros en el campo de Axdir y el autor aprovecha para relatar algunas de las maquinaciones, peripecias y políticas españolas y rifeñas. La novela cambia de orientación a lo largo de sus páginas. Comienza con una dura crítica a la política española de la época cuya conclusión fue el desastre en Marruecos. En esa censura puede parecer en ocasiones una comprensión  excesiva a la postura del “otro”. Pasar de un fuerte sentimiento de alteridad a lo contrario fue una técnica narrativa para compensar los excesos del patrioterismo. Pero en Gaya no hay tal.  En él hay más de crítica social, de dibujo de la situación vital de las clases desfavorecidas que eran las que sufrieron en carne propia el grueso de la tragedia, sin comerlo ni beberlo, sólo como soldados bisoños, mal tratados y obligados al sacrificio. Era la síntesis de lo que ocurría en la sociedad española en general. Pero además, el autor aprovecha para repasar algunas de las situaciones grotescas de lo que ocurrió en la “corte” de Abd el Krim en Axdir. La sucesión de visitas, la aparición de oportunistas internacionales a la busca de un negocio o la larga cuestión del rescate.
   En la evolución de la historia, dentro del cautiverio y con un intento de evasión, el autor cambia el objetivo y poner el acento en el esfuerzo individual, la lucha contra la adversidad y la insumisión frente al derrotismo. Un esfuerzo ímprobo, sin duda, que recuerda al Viance de Imán de Sender. La lucha por la supervivencia en situaciones límites, la angustia de desconocer lo que se desarrollaba fuera del ámbito de su encierro. Pero, frente al pesimismo o nihilismo de Sender, en el final de Historia del cautivo hay esperanza.
Libro del sargento Basallo, uno de los protagonistas reales de la novela.

   Una buena novela que en su tiempo cambió la manera de narrar los episodios marroquíes. Fue difícil de obtener en aquellos años y sigue siendo difícil porque es muy raro verla a la venta y no está en casi ninguna biblioteca pública.  Esto se ha paliado un tanto al publicarse en ya las obras completas editadas por la Fundación Castro.