jueves, 12 de marzo de 2015

GUINEA ESPAÑOLA EN LA II GUERRA MUNDIAL: LECLERC, BRISEUR DE FERS de CHRISTIAN LAIGRET.

LAIGRET, Christian: Leclerc, briseur de fers. Le coup de Fernando Po (Paris 1963. Les Éditions Francex. 261 páginas + 1 hoja).
   Los europeos colonizadores de África había llegado a un acuerdo de caballeros que consistía en no enfrentarse entre ellos con las armas en el territorio del continente. Querían mostrar una ejemplaridad que reflejara la superioridad de su civilización frente a los indígenas y, en consecuencia, justificar su presencia por el bien del africano al que ayudarían a progresar. Esto se cumplió más o menos bien, incluso en momentos difíciles como el incidente de Fachoda, hasta que llegaron las Guerras Mundiales. Hubo enfrentamientos entre franceses de uno y otro bando en Dakar y Argel. Las luchas europeas se trasladaron al continente y  los alemanes combatieron a los ingleses, franceses o belgas en los territorios colonizados. La I Guerra Mundial tuvo un episodio en Fernando Poo (Bioko) por el internamiento del ejército alemán de Camerún. Y la II Guerra mundial también salpicó a la colonia española.
   Las colonias francesas en África estuvieron al principio bajo el control del Régimen de Vichy. Los gaullista insistieron en cambiar esa situación, en un primer momento en Camerún. Los defensores de la Francia Libre contactaron con sus aliados para poner los territorios africanos, y sus tropas, al servicio de De Gaulle. Esto presentaba situaciones de tensión después de que la flota británica destruyera a la francesa en Mers el Kebir (el Mazalquivir de los españoles), ocasionando más de mil muertos. Pero el interés superior se impuso.

   Christina Laigret fue un militar y gobernador colonial francés, nacido en 1903,  que se puso desde el primer momento en el bando de De Gaulle. Estuvo en Camerún cuando se actuó para poner la colonia en el bando aliado. Buen conocedor de los sucesos, decidió novelarlos en Leclerc, briseur de fers (1963), libro dedicado al artífice del cambio en el territorio. Laigret ya había escriyto otros libros de temática africana colonial como Sur les chemins de l’Union Française (1949),  Casque blanc (1957) o Adieu foulards! (1958).



  La novela Leclerc, briseur de fers, es una novela político militar que cuenta en detalle las maniobras de los militares gaullistas para poner el Camerún francés del lado de la Francia Libre. Es una historia de intrigas cuarteleras y no una novela bélica. Un relato apasionado de unos de los participantes, detallista, eficaz. El mundo de los colonos en conflicto con otros colonos en un escenario tropical que presentaba características diferenciadoras como la dificultad de comunicaciones, etc.

   ¿Cómo afectaban estas operaciones a la ex colonia española de Guinea? Ramírez Copeiro del Villar lo explica muy bien en su libro Objetivo África. Crónica de la Guinea Española en la II Guerra Mundial (Huelva 2004). Nos relata cómo funcionaban los servicios secretos de ambos bandos en la isla de Fernando Poo y detalla las operaciones llevadas a cabo contra barcos alemanes e italianos, con la complicidad de algunos españoles. Y, en concreto, el espectacular apresamiento del Duchessa d’Aosta y las lanchas alemanas Likomba y Bibundi, en 1942, mientras la oficialidad de estos buques asistía a un banquete en su honor en el casino de Santa Isabel.

   Este episodio es el que cuenta Laigret en la tercera parte de su novela, una de las pocas muestras de interés por el África ecuatorial española en la literatura francesa. Entendían los franceses que los alemanes de Fernando Poo, que el autor cuantifica exageradamente en unos 400 (página 19), algunos de los cuales eran los internados de la I Guerra Mundial, eran una amenaza para los franceses de la zona. Los franceses del Camerún no se fiaban de la libertad de que gozaban los alemanes en Fernando Poo y sospechaban de la presencia de barcos suyos en la bahía de Santa Isabel. Pensaban que tenían previsto atacar y tomar posiciones en las colonias francesas, recuperar para Alemania la colonia de Camerún. Por eso idearon un plan que golpeara a los alemanes de la zona. Y esto pasaba por una acción de comandos en Santa Isabel, aprovechando que los españoles eran neutrales, tenían pocas fuerzas terrestres y navales y carecían de aviación militar en la colonia.

   Una novela detallista en los entresijos políticos de los militares coloniales francesas, idealizada en el incidente de Fernando Poo y que constituye una muestra de los hechos secundarios de la Guerra Mundial.

viernes, 27 de febrero de 2015

LAS NOVELAS DE TÁNGER (1): LUNA DE SANGRE de SALVADOR GONZÁLEZ ANAYA.

GONZÁLEZ ANAYA, Salvador: Luna de sangre. Novela crónica. (Obras completas volumen XI. Biblioteca Nueva.  Madrid 1942. 310 páginas).

  
   Málaga fue una de las ciudades donde la población civil más sufrió la Guerra Civil española. Primero por la persecución de las gentes de derecha a manos de los que tomaron el poder en nombre del Frente Popular en julio de 1936. Después por la terrible represión franquista que provocó la huida, consejos de guerra y muerte de los partidarios del bando republicano. González Anaya va a novelar una de las visiones del conflicto.

  Era un escritor popular en la época, nacido en Málaga en 1879 y muerto en la misma ciudad en 1955. Fue académico de la Real de la Lengua. Fue alcalde de su ciudad natal en dos ocasiones 1916-1918 y 1935. Y se caracterizó por una literatura regionalista con mucho de costumbrismo andaluz en novelas como Los naranjos de la Mequita (1935). Hombre tradicional tanto en el pensamiento como en la manera de escribir, defensor de valores católicos y en una idea estética y de pensamiento parecida a la de autores como José María Pemán o Ricardo León.

   Tras la Guerra Civil da a la luz Luna de Sangre (1942) que es la continuación de Luna de Plata (1941), que terminó con la protagonista en Tánger. Luna de Sangre, en la parte africana, relata las peripecias de una mujer en Tánger que no puede volver a Málaga porque su vida correría peligro. La ciudad se convierte así en refugio de los nacionales cuando más tarde lo será de los republicanos. Es una novela epistolar donde se dan y se reciben noticias de Málaga y Marruecos. En realidad, el grueso del relato se refiere a los primeros momentos de la guerra en Málaga donde está escondido el corresponsal a la espera afanosa de que el ilustre don Gonzalo Queipo de Llano entre con sus tropas (página 13). Las noticias de Tánger no interesan, apenas hay algunas descripciones turísticas de la ciudad y la playa unas someras notas de la vida en ella. Es una novela en la que uno de los escenarios es Tánger pero que está referida casi por completo a Málaga. Las menciones tangerinas son las de una sociedad de ricos residentes extranjeros y, como suele ser habitual en este tipo de relatos, parecen que vivían en una burbuja al margen del resto del mundo, incluidos los habitantes marroquíes de la ciudad. La mayoría de los españoles de Tánger simpatizaban con los republicanos, y diarios como La Democracia o El Provenir. Franco crearía en 1937 el periódico Presente para contrarrestar la propaganda contraria. Las noticias del bando franquista venía de Tetuán, población enteramente nacional: Se van al París de tertulia a recoger informes de la campaña., que allí los sueltan a porrillo, porque en Tetuán se sabe todo, y hay muchos españoles que van y vienen (p. 160).

   En definitiva, una muestra de la novela española sobre Marruecos aunque con poco Marruecos.

viernes, 20 de febrero de 2015

FRANCO EN MARRUECOS Y LA NOVELA: CAPITÁN FRANCO de PEDRO HERRASTI

HERRASTI, Pedro: Capitán Franco (Edhasa. Barcelona 2014. 411 páginas)

   Francisco Franco era un militar atípico entre los africanistas del primer tercio del siglo XX. No tenía un buen expediente académico. Era un hombre de escasa presencia física. No bebía, ni jugaba, ni acudía burdeles. Pero era un hombre de gran valentía y arriesga en las acciones en las que intervenía. Tuvo suerte (su famosa baraka) y salió vivo de todas. Gracias a ello tuvo una meteórica carrera de ascensos que le llevó a ser el capitán más joven del Ejército Español y, más tarde, el general más joven de Europa. En el Marruecos de principios de siglo, Franco pasó por las tropas de élite. Primero en Regulares y luego en el Tercio. Como capitán de Regulares fue herido de gravedad en junio de 1916 cerca de Ceuta, en El Biutz. Siempre creyó que no le dieron la Laureada de San Fernando de manera injusta, aunque se le otorgó la Cruz de María Cristina y fue ascendido a comandante por méritos contraídos en esa acción. Posteriormente su labor fue destacada en la defensa de Melilla tras el Desastre de Annual y en el Desembarco de Alhucemas.

   Herrasti comienza su novela con el episodio de El Biutz. A pesar del título, que tiene mucho de reclamo comercial justificado, el personaje principal de la novela no es el futuro dictador, que es sólo uno más de los muchos secundarios de existencia real, sino el segundo teniente Jorge Blanco que escribe sus memorias. Este personaje puede ser el protagonista de una larga serie porque el autor nos indica al principio que luchó en Marruecos, Guerra Civil, División Azul…, aunque ignoro cuál es la intención de Herrasti. Es un antihéroe divertido: Cobarde, juerguista, mujeriego, jugador y favorecido por la suerte de tal manera que no sólo sale bien de las peripecias sino que, además, es condecorado. Este perfil recuerda mucho a Harry Flashman, el personaje de las novelas de George MacDonald Fraser. Entiendo que Herrasti debe cuidar este aspecto para diferenciar a uno y otro porque cae en el error de crear un trasunto español de Flashman tanto en su faceta de cobarde al que la suerte le hace aparecer como héroe, como de conocido de todas las celebridades del momento y testigo de los más importantes acontecimientos de la época.
EL BIUTZ

   La novela pasa por dos fases distintas. La primera es la estrictamente colonial desarrollada en el frente, el hospital y Ceuta y en la que el autor va creando la intriga de un argumento de misterio policial. Después el protagonista pasa a Madrid donde, con la escusa de seguir las indagaciones, se nos muestra la ciudad de los años veinte del siglo XX, el ambiente canalla de la literatura y la política. Un recorrido por los pordioseros de la gloria literaria que ya había descrito Juan Manuel de Prada en Las máscaras del héroe. Herrasti conoce bien los distintos escenarios de la novela y sus pobladores. Su relato es entretenido, sin pesadez y con un discreto sentido del humor que ayuda al lector a no perder el hilo que, por otro lado, no tiene muchas vueltas. Luego viajará a Oviedo. A pesar de la primera apariencia, la novela no es una mera sucesión de episodios aventureros. El argumento misterioso parece más bien una excusa para que el personaje se vaya desenvolviendo en los distintos escenario y entre los personajes famosos. La trama aparece y desaparece, se marcha y vuelve, se esconde y casi olvida y, en el recorrido guadianesco, surge al final para concluir la novela. El autor no quiere desaprovechar la ocasión de reflejar el ambiente social y las intrigas políticas, tiene la voluntad de no caer en la simple novela de aventuras. Es un modo de escribir. Y no puede decirse que el libro no sea entretenido y curioso porque Herrasti habla con perfecto conocimiento de los hechos y los protagonistas. Para ayudar a la lectura, añade unos apéndices con someras biografías, fotografías y datos históricos.

viernes, 6 de febrero de 2015

NOSTALGIAS COLONIALES (9): IFNI CAFARD de LUIS JÁTIVA GARCÍA.

JÁTIVA GARCÍA, Luis: Ifni cafard (Autor. Asturias 2010. 653 páginas).

Luis Játiva

   Y nos ocupamos de Játiva García al hablar de su novela sobre Chafarinas, posterior a ésta. El autor relata sus recuerdos de médico militar y la vida en el pequeño reducto de Ifni en los años sesenta del siglo pasado. Llegó destinado en los últimos meses de presencia española. Confiesa que hay mucho hechos reales enmascarados con personajes ficticios. Pero en el libro hay más de recuerdos o memorias que de verdadera novela. Parece que enseñara al lector la ciudad que fue, que lo acompañara por sus calles y le mostrara los edificios. Como suele ocurrir en este tipo de libros, los recuerdos se seleccionan. Hay escritores que sólo toman lo malo, como una venganza, y van dando un repaso a las personas con las que le quedaron cuentas pendientes. Otros, como es el caso de Játiva, prefieren contar sólo lo agradable y pasar por alto las situaciones malas y los lugares sórdidos o inconvenientes según la mentalidad de la época. Pero hubo de todo.

   Ifni cafard es una mezcla de evocaciones familiares, recuerdos del ejercicio de la profesión y noticias dispersas sobre la vida colonial en sus últimos tiempos. Quizás le falta una revisión final (se nota, por ejemplo, la falta de acentos). Y, tal vez, una cierta empatía con el lector. El libro es muy largo, muy minucioso en lo personal, pero al lector le hubiera gustado más que se llenara de estampas cotidianas de los que vivían y cómo vivían en Sidi Ifni. Pero hay páginas interesantes como la historia de Capaz y la toma del territorio contada por un testigo, los sucesos del zoco antes de la entrega a Marruecos, el ambiente tenso entre españoles e ifneños, la situación sanitaria…. Es una de las escasas lecturas acerca de la vida en la ciudad, más allá de la guerra, de los quehaceres cotidianos y quizás la única que da datos de los poblados abandonados en 1958 y que se quedaron como una especie de tierra de nadie hasta 1968.

   El libro gana en emoción al final, cuando el autor, entre sus quehaceres médicos, va visitando a los protagonistas de la guerra de 1957-58 y nos trasmite noticias directas de lo que aconteció.


    En resumen, un conjunto de noticias de los últimos días del territorio escritos por un testigo. El libro se completa con fotografías de la época y dibujos (algunos de los cuales reproducimos aquí).



domingo, 1 de febrero de 2015

NOSTALGIAS COLONIALES (8): RELATOS DE JOSÉ MENÉNDEZ HERNÁNDEZ.

MENÉNDEZ HERNÁNDEZ, José: Los últimos de Guinea. El fracaso de la descolonización (Madrid 2008. SIAL. 427 páginas).
-         Quiero besar tu sonrisa (Madrid 2012. SIAL. 181 páginas + 2 hojas).

-         Bubi de Rebola y otros relatos (Madrid 2014. SIAL. 178 páginas + 1 hojas).
José Menéndez
   José Menéndez Hernández es un hombre polifacético y de amplio curriculum. Licenciado en Ciencias de la Información y doctor en Derecho. Ingresó por oposición en el Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado, y después en el de Registradores de la Propiedad. Fue Magistrado del Tribunal Supremo. Estuvo trabajando en Guinea y Honduras. Colaborador de ABC  y, entre 1972 y 1975, columnista de Nuevo Diario. Es autor de quince libros y de más de doscientos trabajos sobre temas jurídicos, especialmente de derecho fiscal. Profesor de la Universidad Complutense durante ocho años, también ha sido docente en la Universidad de Tegucigalpa en Honduras y en la de las Islas Baleares durante dos años.

    Su vinculación con Guinea deriva de dos estancias en el país. Primero, como registrador de la propiedad en la etapa de la Autonomía; después, como asesor del presidente Macías en los primeros tiempos de la independencia. Tuvo que abandonar la república precipitadamente. Es autor de un libro imprescindible para entender la configuración jurídica de la colonia española y el desarrollo posterior de los derechos de adquisición, transmisión, extinción y registro de la propiedad inmobiliaria: Estudio de la legislación hipotecaria de Guinea. Su único procedimiento inmatriculador (Madrid 1970. Editora Nacional. 357 páginas).

   La labor narrativa de Menéndez sobre la antigua colonia comienza en Los últimos de Guinea (2008), libro de recuerdos amables sobre su etapa en África en la que desgrana vivencias y se olvida de otras que pudieran ser más interesantes desde el punto de vista político. Algunas de sus páginas tienen el carácter novelesco suficiente como para traerlas aquí. Su siguiente libro, Leyendas y relatos de Guinea Ecuatorial (2009), lo dejamos para otro comentario posterior. Y confiesa ya abiertamente su intención literaria en Quiero besar tu sonrisa (2012). Aquí vuelve a abrir la memoria para rescatar experiencias, leyendas, recuerdos más o menos ficticios y narraciones de una Guinea idílica donde vivía feliz. La parte guineana del libro es sólo la final, muy pocas páginas en relación con el total. Y añade las poesías escritas en aquellos años. Menéndez es muy claro en su manera de contar las cosas y en la visión que tiene de los hechos coloniales. Así escribe: Me gusta recordar los Juegos Florales de Santa Isabel del año 1963 para demostrar la grata convivencia existente entre blancos y negros, cuando otros países africanos se debatían en convulsos incidentes independentistas y en los mismos tiempos en que el Ku Kus Klan hacía de las suyas en Estados Unidos, mientras que en Guinea no nos inquietaban las vibraciones políticas de nuestros vecinos (página 136).


   En su último libro de relatos hasta la fecha, Bubi de Rebola y otros relatos (2014), el autor vuelve a usar la misma técnica narrativa para su retrospección guineana, mezcla de recuerdo familiar, memoria política y fino humor con mucha nostalgia pero sin esa carga melancólica de los que viven atrapados en el pasado. La presencia del paisaje que configura la actuación de los personajes. Y los personajes mismos que se integran en el paisaje porque nadie es igual en dos lugares diferentes. Menéndez es la síntesis del sentimiento o pensamiento de una estirpe que se agota, la de los antiguos residentes en la colonia perdida.





viernes, 23 de enero de 2015

NOVELAS SOBRE MARRUECOS EN “LOS CONTEMPORÁNEOS”

La colección Los Contemporáneos, fue una de las dedicadas a la novela corta que más popularidad tuvo en españa. Empezó en 1909 y acabó en 1926 (en total 897 números). Como otras colecciones similares, se caracterizaba por publicar semanalmente unas entregas coleccionables muy bien ilustradas. La lectura era la distracción habitual de la burguesía. Fue una forma de editar común en muchos países europeos. Era la época de las grandes revistas ilustradas y de las colecciones literarias semanales o quincenales, y existía una nómina de escritores de oficio que imaginaban historias, mejor o peor trazadas y escritas, para llenar la demanda de las familias. En general eran folletos de buena factura editorial, encuadernables,  baratos y de calidad aceptable. Los Contemporáneos aparece dos años después que El Cuento Semanal, la otra gran colección. El escritor Eduardo Zamacois, habitual de la segunda, es el fundador de la primera. Pero el éxito le llegó cuando la vendió a Manuel Alhama que ya era fundador y propietario de la revista ilustrada Alrededor del Mundo.
   La colección incluyó algunas obras de teatro y traducciones de autores extranjeros (pocas). Y, en la primera época, se acompañaban los libros de excelentes ilustraciones. La colección pasó por diversas etapas, en las que se fue modificando tanto el tamaño como la calidad del papel. Esta manera de llegar al público, al que le gustaban las historias cortas pero bien trazadas –nada de vanguardias-, moduló una manera de escribir en la que era necesario saber contar bien los episodios para que el lector mantuviera la atención. En fin, una buena investigación sobre la colección es la que dedicó Alberto Sánchez Álvarez-Insúa: La colección literaria Los Contemporáneos., que se publicó en MONTEAGUDO 3ª época, nº 12, 2007, páginas 91-120. Y que se puede leer en: file:///C:/Users/supervisor/Downloads/Dialnet-LaColeccionLiterariaLosContemporaneos-2898801.pdf.
   Claro está que esa manera de narrar, en las que los autores trataban siempre de encontrar un argumento que no siempre llegaba de su imaginación y debían atender a los sucesos de actualidad, tenía sus vicios. José Díaz-Fernández publicaba una crónica titulada Literatura de guerra en el diario Noroeste de Gijón el 17 de marzo de 1922. Escribía: Hace pensar con detención esta literatura de la guerra que nació con los primeros episodios de la campaña y parece prolongarse según la campaña se prolonga. Los escritores madrileños –los de oficio, o por decirlo así, comerciantes de la actualidad literaria- han encontrado un tema mitad folletinesco y mitad teatral para urdir fantasías deplorables y acariciar las imaginaciones un poco ingenuas de esos lectores de novelas baratas que se encuentran en todas las clases de nuestra vida social…    Pero lo que me mueve a escribir esta crónica –comentario nada más- es señalar, aunque no sea más que de pasada, algunas viciosidades de esta literatura, porque con las letras sucede como con las bellas mujeres: han de ser utilizadas noblemente para el placer con el fin de que no dejen nunca de ser honradas. La literatura de esta guerra ha creado un tipo fantástico: el Terciario, dándole un carácter romántico de que carece. Quien ha conocido muchos legionarios y los ha visto luchar y descansar puede hablar de ellos; son los mismos soldados que nutren las filas de otros Cuerpos, iguales  en valentía y en ideal que saben morir como cualquier otro soldado español… falso, de toda falsedad, ese ambiente sentimental de los hospitales donde hay damitas de ojos claros y dulces que enloquecen con los guerreros de una gesta vulgar; falsos, de toda falsedad, esos fracasos de las vidas de unos cuantos hombres que esconden en el anónimo su pasado de infortunio; falsas, de toda falsedad, esas rehabilitaciones de conciencias en el fragor de la batalla.
   La guerra de Marruecos dio contenido a algunas de las novelas de la colección. Dos de ellas, Moros y Cristianos de Pedro Antonio de Alarcón y Cuando se perdió el Regente de Vicente Diéz de Tejada, ya la comentamos en su momento. El resto vamos a repasarlas. La campaña de 1909-13 en el Rif Oriental sirve de escenario a las novelas de Arpe y Olmet, el primero con un relato común en la novela legionaria de delito y huída y el segundo con una obra en la línea patriótica. Olmet, hombre prolífico en lo literario y poco escrupuloso y exagerado en su vida, que acabó muerto por un disparo del escritor Vidal y Planas. Olmet ya había dedicado a Marruecos  una biografía del general Marina y el libro Catecismo de la raza
   Con distinto formato, más pequeño, y ya sin ilustraciones la colección se hizo rentable en manos de Alhama. Nombró director a Mariano García (después de haberlo sido Augusto Martínez Olmedilla) y redactor jefe al granadino Rodolfo Viñas, que había sido redactor de El Sol y que es el autor de La mujer del héroe. Es una novela legionaria, típico relato de amor imposible y refugio en la guerra. Rafael López Rienda es un ejemplo de escritor colonial, dentro de la escasa acepción que tiene ese término en español. En todo caso, es un buen conocedor de lo que pasaba en Marruecos aunque casi siempre sea un defensor de las posturas oficialistas. Soldado de Regulares en las campañas, continuó luego como redactor de diversas publicaciones del Protectorado, escritos de novelas, teatro y guiones cinematográficos hasta su muerte en accidente. Tendremos que dedicarle alguna entrada más extensa. En Los Contemporáneos publicó una obra de teatro en colaboración con Jarnés basada en una de sus novelas y dos relatos: Tánger, pequeño Montecarlo en la que se centraba en el juego y el comportamiento de determinados oficiales con acceso a las cajas regimentales; y Mi legionario, en la que se asoma a la novela legionaria con un cuento de gitanos, amor y milicia. El naturalista y paleontólogo español, aunque se trasladara a Argentina en 1925, Ángel Cabrera estuvo estudiando la fauna en Marruecos en distintos viajes entre 1919 y 1923 cuando trabajaba en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Debió fascinarle el país y sus habitantes a los que dedicó artículos en revistas  y una novela El clavo de la herradura en la que describe la pasión irrefrenable de un cadí por una española. Novela escrita con menos tópicos y más soltura de lo que era habitual en el género. También es pasión lo que siente un marroquí por una monja española en Pasión de moro de Astray Reguera, relato folletinesco de trágico final lleno de moral estricta y poca realidad.

ARPE, C. José de: Carne y Alma (27 de mayo de 1910. Nº 74. Ilustraciones de Cabrera).  
Ilustración de Cabrera para Cuerpo y alma

ANTÓN DEL OLMET, Luis: Un sol bárbaro, muere. (7 de julio de 1911. Nº 132. Ilustraciones de Banda).
Ilustración de Banda

VIÑAS, Rodolfo: La mujer del héroe (20 de marzo de 1924. Nº 791).
Rodolfo Viñas
LÓPEZ RIENDA, Rafael: Tánger, pequeño Montecarlo (22 de mayo de 1924. Nº 800).

Mi legionario (25 de septiembre de 1924. Nº 818).
Rafael López Rienda

CABRERA, Ángel: El clavo de la herradura (29 de enero de 1925.nº 836. Ilustraciones del autor).
 Ángel Cabrera

Dibujo de Cabrera para su novela.
ASTRAY REGUERA, Margarita: Pasión de moro (26 de noviembre de 1925.nº 879).

   Para terminar, Los Contemporáneos publicaron un relato que no es ficción propiamente dicha sino más bien un reportaje costumbrista firmado por Vicente Almela.

ALMELA MENGOT, Vicente: Una boda en Yebala (Crónica marroquí). (19 de mayo de 1921.nº 643).

viernes, 16 de enero de 2015

LAS NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (4): EL BLOCAO de JOSÉ DÍAZ-FERNÁNDEZ

DÍAZ-FERNÁNDEZ, José: El blocao (Editorial Historia Nueva. Madrid 1928. 201 páginas; Turner. Madrid 1976. 133 páginas. Prólogo de Víctor Fuentes; Viamonte. Madrid 1998. 122 páginas. Prólogo de José Esteban;  Ediciones del Viento. Madrid 2013. 110 páginas. Prólogo de José Esteban. Fotografías del Archivo ABC).

   Díaz-Fernández es uno de los grandes clásicos de la literatura sobre Marruecos a pesar de que sólo escribió una colección de cuentos. Había nacido en la frontera española con Portugal, en Aldea del Obispo en la provincia de Salamanca en 1898. Poco tiempo pasó allí. Siguiendo a   su padre, que era carabinero, fue a parar a Asturias (Castropol, Oviedo, Gijón). Comenzó a estudiar Derecho pero lo abandonó por su pasión por la literatura y el periodismo. Y fue enviado a luchar a Marruecos desde donde mandó sus crónicas al diario El Noroeste de Gijón. Era un “soldado de cuota”, es decir de los que pagaban por no hacer el servicio militar pero que, tras el desastre de Annual, sólo obtenían una reducción de tiempo de servicio y mejores destinos. Hombre de ideas progresista fue diputado en dos ocasiones durante la República. Sus convicciones literarias lo llevan a propugnar un vanguardismo en su obra El nuevo romanticismo. Es autor también de la novela  La Venus mecánica (1929) y de una biografía novelada Vida de Fermín Galán (1930) en colaboración con Joaquín Arderíus. Murió en el exilio en Toulouse en 1941.

   Díaz Fernández mandó crónicas de la campaña al diario Noroeste desde septiembre de 1921 a agosto de 1922. En febrero y marzo de 1922 estuvo destinado al blocao de Amegur, en la zona de Tetuán. De esas sensaciones y experiencias puedo sacar el argumento de su libro. En 2004 el Ateneo Obrero de Gijón publicó una antología de esos artículos en edición de José Ramón González: Crónicas de la Guerra de Marruecos (1921-1922). Antología. De ahí extraemos un fragmente de la crónica fechada el 22 de febrero y publicada el 3 de marzo de 1921, muy expresiva del sentimiento del combatiente: Van cerca de quince días sin recibir correo. Estamos aquí como ensordecidos, como si no llegasen a nuestros oídos las sonoridades exteriores, y nadie puede imaginarse el tormento que constituye para un alma curiosa esta cerrazón del horizonte espiritual. Días vacíos, plúmbeos, indiferentes como si esta vecindad del cielo y monte no tuviera más fin que encerrar al espíritu en una soledad poco amiga; la pasión por el silencio parece que se ha muerto en nuestra alma y he aquí cómo aquella verdad de Alfredo de Vigny, “el aislamiento trae a veces dolor a nuestro espíritu”, resuena incesantemente en nuestro corazón como una música sombría.
   El blocao es una obra admirada y criticada. Algunos ven un claro ejemplo de sobrevaloración literaria. Otros entienden que se trata de un libro original y adelantado: rechaza los módulos de la novela tradicional y busca nuevas técnicas narrativas en consonancia con la vida “sintética y veloz, maquinista y demócrata” moderna (Víctor Fuentes).   Está impregnada de la visión social del autor, antimilitarista y pacifista. Para Víctor Fuentes no tiene ni argumento ni anécdota porque narra el tiempo muerto del colonialismo. En definitiva, Díaz-Fernández, como tantos escritores de su generación, se plantea el papel del intelectual pequeño burgués en las luchas sociales (José Esteban). Pero son opiniones forzadas, a posteriori. La realidad es que el cuento que da título al libro ganó un concurso del diario El Imparcial, aunque no se publicó por problemas con la censura. El editor José Venegas vio que podía ampliarse hasta alcanzar la extensión de una novela, pero el autor no lo vio así y prefirió añadir algunos relatos para llegar al número de páginas apto para publicar como libro (Juan José LÓPEZ BARANCO: El Rif en armas, páginas 159 y ss).

   El blocao es una colección de siete narraciones ambientadas en la guerra en Marruecos. No deja muy clara la localización exacta pero es fácil adivinar que se trata de los lugares dónde el autor estuvo como soldado, los que conocía de primera mano, en la parte occidental del Protectorado, tal vez en Beni Arós. Aunque se trata de un libro de cuentos, son muchos los estudiosos (entre ellos los prologuistas de las sucesivas ediciones) que contemplan los relatos como piezas separadas de una misma historia. El libro se llamaba novela de Marruecos, y el autor –en el prólogo a la segunda edición- confesaba: Yo quise hacer una novela sin otra unidad que la atmósfera que sostiene a los episodios. El argumento clásico está sustituido por la dramática trayectoria de la guerra, así como el personaje, por su misma impersonalidad, quiere ser el soldado español… El autor quiso hacer una novela en la que se sintetice un modo de actuar frente a la adversidad, que refleje la naturaleza humana sometida a situaciones extremas.
Traducción al árabe hecha en Tánger

  La primera narración se titula El blocao, que es la españolización del término block house y hacía referencia a un típico refugio o pequeño fuerte militar en el Rif, una fortificación escueta de madera, sacos terreros, chapa y alambrada que guarnecía a un pelotón –a veces una sección- que controlaba un lugar estratégico como un cruce de caminos, un vado o una elevación. Algunas obras se han detenido en el estudio de estas construcciones efímeras. Por ejemplo, Blocao. Arquitecturas de la Era de la Violencia (2000) de Fernando R. de la Flor –centrándose en aspectos arquitectónicos- o Blocaos. Vida y muerte en Marruecos (2009) de Juan García del Río Fernández y Carlos González Rosado, un excelente estudio sobre los blocaos españoles en Marruecos. El blocao, por su aislamiento y su debilidad producía una sensación de desconfianza a los que lo tenían que habitar durante semanas y meses: Algo así como estar vivo y  metido en una caja de muerto (página 29, siempre de la edición de 1976). Era un lugar tedioso donde se esperaba a la muerte. Al enemigo invisible pero presente que va a utilizar todas las astucias posibles para acabar con los soldados españoles.

  Le siguen los relatos El reloj y Cita en la huerta. El lector no sigue los acontecimientos bélicos, los hechos de batalla ni el resultado de las campañas. Ni siquiera sabe si van ganando o perdiendo los personajes. El autor está interesado en mostrar la vida pausada y arriesgada de unos soldados transportados de su mundo a uno extraño e incomprensible en el que deberán sobrevivir frente al enemigo, con lo que eso supone de peligro y crueldad. Al autor le interesa los sentimientos de pesadumbre, tedio, miedo o violencia de los pobres soldados de la infantería española. Mi espíritu era ya un espíritu adaptado y cotidiano, incapaz de apresar el mundo con un ademán de rebeldía. Como los discípulos de San Ignacio, que dejan hecha trizas la voluntad en el cepo de los “Ejercicios”, mi voluntad civil había quedado desgarrada y rota entre los alicates de la disciplina (página 81). Magdalena roja es el relato más largo, en el que sale el oficio de escritor de novelas breves que practicó. Aprovecha para presentar el mundo de los activistas obreros, el sindicalismo radical que acaba mezclándose con la guerra del Rif. Tal vez sea el mejor construido del libro, una historia más trazada y su estilo limpio, efectivo y directo que llega al lector como si estuviera escuchando del autor una historia de fuego de chimenea. Díaz Fernández tiene la brillantez suficiente como para que su prosa parezca fácil por ser atractiva. Como decía Alberto Insúa: Sin vocablos parásitos, sin metáforas mercenarias.
Portada de una edición de impresión bajo demanda

   África a sus pies evoca el compañerismo tan necesario en tiempos de guerra. Y le queda espacio literario para la ternura sentimental en Reo de muerte o para el erotismo urgente del soldado en Convoy de amor, tal vez el relato menos conseguido de la serie.  A pesar de narrar sobre la sumisión del soldado al medio, la derrota de la voluntad, en Díaz-Fernández siempre hay un espíritu abierto, un ánimo de progreso como esperanza en el futuro. En parte está narrando sobre las condiciones que deplora, las que quiere cambiar. Y añade unas gotas de erotismo exótico. Quizás por eso sea un libro imprescindible para entender la vida del soldado en campaña.

   

martes, 30 de diciembre de 2014

EL SAHARA ESPAÑOL ENMASCARADO: TRÓPICO DE AUSENCIA de ANTONIO SEGADO DEL OLMO

SEGADO DEL OLMO, Antonio: Trópico de ausencia (Editora Nacional. Madrid 1973. 219 páginas).
Segado del Olmo fue un periodista y escritor nacido en Murcia en 1943 y muerto prematuramente en 1987. Dedicado sobre todo a la radio, es autor de novelas como El palmeral (1969), La última arena (1969), La ruptura, en colaboración con Carmelo M. Lozano, (1974), Ceremonial de ahogados (1977), Largo trayecto (1977) y El día que llegó el mar (1981). Además de ensayo y cuentos.

   En 1973 publicó sui novela más celebrada, ambientada en el Sahara Español que conoció: Trópico de ausencia. Novela muy elogiada por Castillo Puche o por Joaquín Marco (ver http://www.regmurcia.com/docs/murgetana/N076/N076_007.pdf).
   Segado es minucioso en la descripción de gentes y paisajes, de ambiente y de sentimientos. Tiene algún paralelismo con los novelistas andaluces de su época, barrocos y con inquietudes sociales. La acción es débil, se recrea en la tensión del momento, en espera de un acontecimiento, que el lector va asumiendo.
   El autor esconde, bajo nombres extranjeros o supuestos, la realidad de una ciudad llamada Nûr y que bien podría ser El Aaiún, o quizá Villa Cisneros por la referencia que hace a un antiguo fuerte colonial. O una mezcla de las dos. Con ello pretende describir la vida en la misma sin que falta una crítica al hastío, aburrimiento y desazón de los europeos alejados de su ambiente vital: …cuando vino al desierto, alguien habló de su prestigio como médico en Europa; pero aquí arribó en el estado del hombre para el que la vida ha perdido todo interés, y solo se complace en lenta, no muy lentamente –una vez clausurada la posibilidad de sufrir más, ¿pero cuál era su sufrimiento?-, ir completando su proceso de abandono, de autodestrucción (página 45).  Algo muy común en la novela colonial, el cafard de los franceses. Hay una sensación de final de una etapa en los europeos y una esperanza de nueva vida en los saharauis. La novela enmascara, quizás por tratarse de la etapa final del franquismo en la que ser más explícito le hubiera impedido publicar, los últimos meses del Sahara Español en una trama de vidas privadas y situaciones típicas del ambiente colonial.

   Incide en las diferencias entre colonos y colonizados. En el sentimiento de superioridad europeo. Pero también en el cambio que se opera en la vida tradicional por influencia de los que llegaron del otro lado del mundo. Y ya vislumbra un atisbo de conflicto, como los habitantes del territorio que conocían la inquietud social: Hay peligro en todas partes. Es una revuelta lo que se está fraguando. Están aguijoneando a algunas tribus. Y sabemos que incluso en Nûr hay algunos individuos con misiones concretas que… (página 56).
   El narrador, que se coloca con cierta distancia de los hechos, sin embargo asume –por conocerlo bien- el estado de desazón de los expatriados que no encontraron un paraíso en la tierra sino una especie de purgatorio del buen sueldo: Viene uno aquí creyendo que en muy poco tiempo se va a ganar bastante dinero para regresar a Europa. Pero estás aquí, ¿y qué? Las cosas resultan muy diferentes. Es cierto que como empleado del Gobierno ganas bastante más que lo que podrías conseguir allá, pero los ahorros de un año no te dan sino para unas espléndidas vacaciones. Para regresar durante unos meses y llenarte de la vida que tanto ansías mientras andamos metidos en este agujero (página 93). Una vida provisional que se va haciendo permanente sin querer que sea definitiva. Al narrador no le gusta la aventura, no le apasiona la vida en el desierto. Es un mercenario.
   Con esta visión de desarraigo, es natural que el escritor vea en los europeos más ganas de riqueza que de ética. Parecen más auténticos los personajes indígenas, los que pertenecen a la tierra y van a continuar en ella. Los que no añoran regresar ricos para iniciar la vida que quieren y que les satisfará. En la novela hay más pesimismo que esperanza. Les salva el amor y la acción constante cuando la guerrilla se organiza y amenaza. El final de la novela se desarrolla en un fuerte aislado en el interior del desierto. El relato se hace más vivo, más emotivo. Los personajes se caracterizan mejor que en la lenta etapa de la ciudad. El libro acaba con la incertidumbre del final de una colonia imaginaria uqe se parece mucho al Sahara Español.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

NOSTALGIAS COLONIALES (7): LA CASA DE LA PALABRA de JOSÉ ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

LÓPEZ HIDALGO, José Antonio: La casa de la palabra (Debate. Madrid 1994. 188 páginas; Ideas. Santa Cruz de Tenerife/Las Palmas de Gran Canaria 2007. 255 páginas).
   La revista Debats, publicada por la Diputación de Valencia, ha dedicado su nº 123 a la literatura de Guinea. En este número aparece un artículo de J. F. Siale Djangany titulado “Hilvanando derechos en la literatura colonial sobre Guinea Ecuatorial”. Me llamó la atención, al leerlo, que el autor se refiriera a La casa de la palabra como ejemplo de la literatura de apología colonial. Lo mismo hizo con otra novela mía. No recordaba yo eso y volví a leer el libro de López Hidalgo. Me parece que Siale, para apoyar su victimismo colonial, coge el rábano por las hojas y hace decir a algunos autores cosas que no dicen, solo para que coincidan con la tesis prevista al escribir el artículo. Para criticar la colonización no hace falta recurrir a este método porque hay ya abundante literatura apologista y justificadora a la que se puede recurrir para subrayar argumentos y doctrinas. Los abusos coloniales (la colonización fue en sí misma un abuso en términos absolutos) deben ser criticados sin tergiversar las fuentes.

   La casa de la palabra no es una justificación de la colonización, más bien al contrario. Eso no significa que el autor no pueda colocar personajes o situaciones que representen un anacronismo y traten de explicar mentalidades pasadas. No se trata de justificar esa mentalidad, solo de reflejarla. La novela aborda formas distintas de entender el hecho. La vieja guineana que no disimula la añoranza del pasado, la joven española que busca sus raíces sin entender muy bien lo que pasa en el nuevo país, y un complejo conjunto de personajes distintos y opuestos diseminados entre los dos tiempos del libro, el pasado colonial y el presente de la época en la que el autor vivió en Guinea Ecuatorial (principios de los 90 del siglo XX). Cada uno en su esfera de mundo, en su percepción personal.  Una anciana que, frente a los problemas que ve en la sociedad que la rodea, se imagina una falsa solución en el pasado español. Y la joven cooperante, buscando su camino, de la que escribe el novelista: Carolina pensaba que se había hecho enfermera por esa estrategia supuestamente altruista de quienes se buscan a sí mismos aliviando los padecimientos de los demás, o reconociendo su propia salud en la enfermedad de los otros. De ningún modo se hubiera atrevido a identificar en su vocación una huida, la necesidad de apartarse de cierto aire de indiferencia hacia todo que se arrie4sgaba a heredar de su madre y de cuya proximidad sólo se podía escapar sabiéndose requerida por alguien que sufriera más que ella (páginas 14-15).


    En la novela los personajes tienen todos alguna deuda con el pasado o con ellos mismos. Se entrelazan en una historia de frustraciones  o de insatisfacciones. Se buscan en Basilé. Y creen que en el pasado están las claves para remontar su  estado de espíritu. Por eso la historia colonial es tan importante en el relato aunque el autor indaga más en lo íntimo que el lo histórico. Es una pena el comentario de Siale porque La casa de la palabra es una de las mejores novelas que se han escrito sobre Guinea Ecuatorial.


   Una crítica al libro puede verse en: