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martes, 7 de mayo de 2024

LAS NOVELAS DE TÁNGER (23): UN PLANETA LLAMADO TÁNGER

 

VV.AA.: Un planeta llamado Tánger (Bubok editorial. S.l., s.a. 331 páginas).

 

            Hay una corriente editorial de publicar libros de relatos o poemas de varios autores unidos por el lugar de referencia en las narraciones. En este caso es Tánger la ciudad que enmarca el volumen, ciudad de muchas referencias en la literatura. A diferencia de otras novelas y cuentos, los autores aquí recogidos tienen una buena relación con la ciudad. La conocen de sobra, algunos han nacido allí, han escrito sobre ella y tratan de huir de los tópicos que les resultan extraños. Diecinueve relatos de diecinueve autores biografiados al final.



            La variedad temática y temporal desbarata la unidad del libro, pero lo enriquece. No todas las partes hacen referencia a la época colonial, hay narraciones sobre el Tánger contemporáneo.

            La ciudad internacional es abordada por algunos escritores. Juan Vega recuerda a un judío pobre en La adafina de Freja, que evocará los rodajes cinematográficos en Escala en Tánger. La historia antigua recordada en Anteo de José María Cuadro. Paquita Saavedra habla de una familia española en Jack. La nostalgia de la urbe anterior la relata Rocío Rojas Marcos en …Y nos tomamos juntos una copa. El pícaro que sobrevive en el ambiente mundano lo recoge Carlos Sanz en Carygrant el chivato y en Driss. La vida del zoco tiene cabida en Al Hakawati y la de la ciudad nueva en La noche en que el bulevar Pasteur apagó sus luces de Francisco Vega. Los reencuentros en Un verano particular de David Bendayam. El humor lo usa Lydia Sanz en La caja fuerte y El guía, para cambiar por la tristeza del judío huido en Josef. Paz Amselem recrea una estancia en la ciudad de Rimski-Korsakov en el cuento Tánger, musa eterna. Una luz singular de Pedro Zacarías Sánchez Téllez es un guiño al misterio. Aventuras adolescentes es lo que narra Teresa López-Aguilar en To dream the imposible dream. Más aventuras en El levante de John Romero. Amor romántico se nota en Noche de fiesta en la colina del Charf de Maribel Ferrero.



            Tal vez se exagere al hablar de Tánger como planeta, pero la singularidad de esta ciudad en el pasado sí que la determina como universo. Las pinceladas recogidas en este libro contribuyen a recordar unas características de lugar irrepetible

 

 

miércoles, 9 de marzo de 2022

LAS NOVELAS DE TÁNGER (21): NIÑOS EN TÁNGER de PEDRO ZACARÍAS SÁNCHEZ TÉLLEZ

 

SÁNCHEZ TÉLLEZ, Pedro Zacarías: Niños en Tánger (Aljaima. Málaga 2003. 203 páginas).

 

   El autor vivió en Tánger pero después de la independencia, en los prósperos días de la Carta Real que sustituyó al Estatuto. Era un niño en un país extranjero que vivía el final de una etapa extraordinaria pero imposible de mantener. Conoció una ciudad rara que salía de un estatus internacional poco explicado y entraba en la soberanía ordinaria del nuevo país. Pero era todavía una época de situaciones mezcladas, de una realidad singular, en un final de época fascinante por irrepetible.


   La extraordinaria situación se representaba ante los ojos de los niños como una vivencia distinta a las que conocían los otros niños españoles. Si la infancia nos deja un gusto a felicidad, cuando se vive en un sitio tan especial como Tánger en aquellos días los recuerdos son aún más felices.



   La novela no tiene más intriga que el desarrollo de la vida de esos niños en Marruecos. Y tiene el atractivo de contar lo peculiar de esa vida. Por eso la novela lo mismo pudo tener cien páginas más o cien páginas menos. Es un relato entre la fascinación de un mundo singular a los ojos de un niño y la nostalgia colonial que se produce en personas que tienen alguna sensación de paraíso perdido. El autor lo explica:

   La magia de Tánger residía en el hecho de que, aun siendo culturalmente puerta de África (de distinto ritmo y tiempo vital) había, arraigadas en ella, en perfecta convivencia, otras culturas. Las colonias francesas, española e inglesa, junto con la marroquí, en esta ciudad blanca y portuaria de inconfundible luz, creó un ambiente, una forma de vivir, haciendo de Tánger lo que fue. Sus contrastes, su condición amable, sus claroscuros y particularmente su condición de ciudad internacional, crearon la magia de esta ciudad diferente, nocturna y clara a un tiempo.  La blanca Tánger, tan cercana a la luz, barrida por el levante, ciudad de calles pequeñas, laberinto de la gracia, populoso balcón… atribuciones, en fin, prontas a mostrar las excelencias de un tiempo que aún perdura en la nostalgia (página 65).




   Los autores insisten mucho en la convivencia y en la internacionalidad de la ciudad pero no suelen caer en otra de las características: Tánger no sufrió nunca la guerra desde que los europeos pusieron sus ojos en Marruecos. Sánchez Téllez se centra en las correrías de unos niños, la felicidad de una infancia en una ciudad especial, la vida ordinaria que allí era distinta. Un aspecto parcial de un mundo perdido.