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viernes, 18 de septiembre de 2026

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (9): PUÑO CERRADO, MADRE NEGRA de JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL

 

ÁVILA LAUREL, Juan Tomás: Puño cerrado, madre negra (Dos manos. Barcelona 2026. 247 páginas + 1 hoja).

 

   El autor guineano ha publicado este año su última obra, por el momento. La novela de Ávila Laurel es novedosa en la temática colonial guineana por varias razones que se pueden resumir en unas notas:

1.     El punto de vista del narrados es femenino, lo que supone un gran esfuerzo para un escritor masculino. Además, se trata de una niña que va descubriendo el mundo, pero sus circunstancias diferentes y se da cuenta de ello. Lo asume, lo aprovecha. Es una huérfana, que vive en un orfanato de Guinea cuando le abren las puertas y se enfrenta a una realidad nueva, no solo porque abandona el recinto cerrado, protegido, mandado por religiosas, sino porque va a cambiar de país. A diferencia de la mayoría de las novelas de colonizados, la niña no va a sufrir un cambio traumático, sino una transición de un modo de vida a otro.

2.     La protagonista es mestiza. Lleva sangre de colonos y colonizados, con la carga simbólica que esto supone. Hay unos personajes que siempre son secundarios en la novela sobre Guinea, pero que en esta ficción cobran más importancia. La hija de español y guineana que no es rechazada del todo por su padre, pero tampoco la acoge en su familia directa sino que la deja al cuidado de una tía sordomuda. El sino de muchos guineanos en una época en la que la investigación de la paternidad estaba prohibida y la reclamación de los derechos de descendiente no se contemplaba en la ley. Otros personajes que adquieren relieve en Puño cerrado, madre negra son los fernandinos, aquellos descendientes de africanos no guineanos que llegaron con los británicos, fueron educados, constituyeron en élite entre los indígenas y gozaron de los derechos de emancipación. En menos medida, se hace referencia a los annoboneses.

3.     Es la novela de una guineana, durante el periodo colonial, que acude a Barcelona. Es decir, que se desarrolla en la metrópoli. Y esto tampoco estaba novelado. Se hace ahora con los emigrantes, opero la peculiaridad de los residentes guineanos en España en la etapa colonial es una sombra. Es verdad que no fue un traslado masivo y que se limitó a pocas personas de nivel económico alto o relacionadas familiarmente con españoles.


    Batete

   No es nuevo decir que Ávila Laurel, por su evolución y su producción, es ahora uno de los referentes de la literatura guineana y de la literatura española asomada a una realidad pasada que se va olvidando. Un punto de vista distinto y necesario y una forma de narrar en la que se notan algunos guineanismos y peculiaridades sintácticas del país hispanófono. Hay un párrafo, el principio, muy significativo para entender el libro:

Además, ya dije que contaré la historia de mi padre oculto, un señor que vivió entiempo de los blancos. Menciono a estos porque todo el mundo sabe que ellos cuentan lo que les interesa. Y para ocultar esta práctica, te ponen el dulce en la boca y te dicen que lo hacen todo ordenado, como si vivieran doscientos años y hubieran sido testigos de cada una de las historias que cuentan, cosa que no parece posible. Así que utilizaré una forma africana de contar (pp. 11-12).

 

 

jueves, 30 de abril de 2026

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (21): CASTILLO MONTEALEGRE de CARMEN RÓDENAS.

 

RÓDENAS, Carmen: Castillo Montealegre (Edhasa. Barcelona 2026. 353 páginas).

   Carmen Ródenas es una novelista premiada, aunque su labor profesional está relacionada con la Universidad, es catedrática de Economía Aplicada en la de Alicante.

Esta es su segunda novela después de haber dedicado El talento (2024) al joven Blasco Ibáñez. Su afición a lo africano y un innegable instinto para elegir argumentos hacen que se fijara en la Guinea Española y en la II Guerra Mundial para escribir una novela de aventuras, a medio camino entre el thriller y la intención política.

   El problema principal de las novelas históricas es que la ficción debe encajar perfectamente en el marco real del pasado. Si el autor o autora se limita a contar lo que sucedió, corre el riesgo de redactar un documento académico o administrativo. Si se vuelva en los elementos ficticios, la novela pierde el carácter de histórica por falsear lo acontecido. Pero cualquier opción es lícita al tratarse de una novela.

    La novela da una hipótesis persona, atractiva desde el punto de vista novelesco, sobre el hundimiento del Castillo Montealegre por un submarino alemán en 1942, cerca de las costas de Liberia. Se nota que la autora se ha documentado bien sobre la Guinea española en los años 40 y muestra buenos conocimientos de náutica. Esto hace que el relato parezca más creíble y la lectura más atractiva.



   La parte menos ajustada a la realidad es la necesaria para novelar. El escenario es la parte continental de la antigua colonia española: una factoría maderera y en Río Benito. Parece que está ajustado a lo que fue en realidad ese paisaje. Es improbable una explotación minera aunque fuera a cielo abierto. Aunque tengo mis dudas sobre la disponibilidad de los personajes en él. Es decir, es difícil pensar que en Río Muni se pudieran mover con tanta facilidad algunos espías. También lo es describir a un personaje femenino con la libertad con la que aparece en el libro. Por otra parte, algunos personajes falangistas, en este caso los “malos” de la historia están un poco caricaturizados. La voluntad o los objetivos contrarios a los ideales pueden, y muchas veces ocurre, proceder de personas inteligentes y que saben ocultar las intenciones.

   La novela abandona pronto el territorio español, se embarca en el océano y acaba en las colonias francesas y británicas. La autora quiere enmarcar los personajes en unos lugares que ya no existen, pero que tienen un indudable atractivo para la acción casi cinematográfica y el ambiente perdido de las colonias. La mezcla de situaciones históricas y pura ficción es la esencia de la novela.

 

 

 

martes, 5 de diciembre de 2023

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (17): LA SELVA QUE SIEMPRE FUISTE de CARLOS EFE

 

EFE, Carlos: La selva que siempre fuiste (Verbum. Madrid 2023. 353 páginas).

 

            La literatura colonial, dejando aparte sus posibles valores literarios, tiene una importante función histórica que es la de dar a conocer la manera de vivir en los territorios ultramarinos, la organización informal de la sociedad y las relaciones sociales entre colonos y entre estos y los colonizados. Esta literatura, en forma de ficción, es muy escasa entre los españoles que habitaron Guinea. Solo se dio al final de la colonización y, en la mayoría de los casos, por personas que no eran coloniales sino visitantes ocasionales o por escritores (Liberata Masoliver o Corín Tellado), que nunca pisaron Guinea. Para tener un conocimiento más amplio, nos faltaría el testimonio literario de los nativos. Tampoco en la novela española hay muchos ejemplos. Posiblemente, al pasar los años y desaparecidos los coloniales, vaya a haber muchos más.



            Una notable excepción es esta novela: La selva que siempre fuiste. El autor firma como Carlos Efe, aunque bien pudiera ser un seudónimo. Curiosamente, la novela es autobiográfica en gran medida, el primer blanco nacido en Nsork. Es un emotivo y entretenido relato de la vida de un practicante que acude a Guinea, como otros muchos, movido por su noble afán de ganar algo más de dinero para sacar la familia adelante. Posiblemente no supiera nada de lugar antes de llegar. Y, casi toda seguridad porque el autor no entra en esos detalles, se había representado la colonia y su trabajo con mejores condiciones de vida. El caso es que no lo destinan a algunos de los dos grandes hospitales, sino que empieza en el pequeño y mal suministrado hospital de Kogo, donde tiene que sustituir al médico jefe, pasando por Mongomo, Nsork y Akurenam. Puestos sanitarios atendidos por practicantes, perdidos en la selva, sin casi población europea y con muchas incomodidades y dificultades de adaptación. Hospitales y viviendas de barro seco en las paredes, techo de nipa y suelo de tierra apisonada. En Akurenam, al fin, ven que las obras de un hospital y una vivienda de obra ya habían comenzado, pero se sentían aún más aislados por la falta de una carretera permanente. Treinta europeos vivían en la zona que dirigía un teniente de la Guardia Colonial y donde existía también una misión protestante con un matrimonio y tres religiosas canadienses.

            Lo que parecía que iba a ser una novela colonial de europeos en la que los personajes nativos fueran simples comparsas, se convierten un completo relato de la vida en los confines de la región y de la vida entrelazada de europeos y guineano. De su jerarquía social y diferenciación en la relación. Por su relación familiar, la novela es muy detallada en lo que se refiere a la asistencia médica y a la evolución de la mentalidad de los fang respecto a la medicina y a quienes estaban encargados de cuidarlos. Original porque no hay apenas testimonios de la vida en las pequeñas poblaciones nacidas tras la expansión de la Guardia Colonial, como Akureman, en las que la civilización occidental llegó lentamente transformando un modo de vida secular. Hay, como es lógico, un homenaje a las personas como el padre del autor que dejaron allí sus años de juventud. El autor tiene una visión singular del país: Aquel niño ntang, blanco, era guineano, nacido en Nsork. Con dieciocho meses de edad su familia lo trasladó a Akureman, en donde encadenó la mayor parte de sus recuerdos infantiles. Guinea no era su país de adopción: era su país sin más, su tierra, su patria si patria es la infancia como alguien dijo: o mejor, su “matria”, refiriéndose al lugar donde nació y al sentimiento que con él lo vincula… (página 89). Esa condición genera una manera distinta de ver las cosas del país.

            Esta intención narrativa de evocación hace que la novela no tenga una intriga definida. Es la sucesión de recuerdos que va formando la vida en los primeros años y en un ambiente distinto. No por ello deja de ser interesante, porque hay mucha originalidad en la existencia del niño colonial. De manera paralela a la familia del practicante Rubio, se va contando la vida de Mitogo Eyama, un niño al que llevan pronto al seminario de Banapá. Su rebeldía hacia el trabajo en las fincas de los padres claretianos lo lleva a participar en la huelga liderada por Atanasio Ndongo y Enrique Gori, a huir de la disciplina y volver a su aldea. El contraste entre ambas historias simboliza la vida guineana. Y no faltan las referencias a los misioneros que trataban de servir de enlace a las dos comunidades, a la vez que buscaban acabar con creencias mágicas y sustituirlas por las religiosas. Muchas veces no llegaban a entender el valor económico de instituciones como la poligamia, que la consideraban simple y llanamente como algo inmoral.

            Los desarrollos paralelos de indígenas y coloniales, cada grupo con sus cuitas internas y una relación entre ellos de jerarquía racial, expresan de manera muy clara el mundo de la colonia. En cierta manera es un ejemplo clásico de novela colonial, entendida como la escrita por uno de los colonos narrando la vida en el lugar. Pero, a diferencia de las que se escribieron en la época que estaban llenas de prejuicios sociales y políticos propios de la mentalidad, La selva que siempre fuiste ha superado estas limitaciones. Está escrita por un colonial, sí; pero que solo vivió allí de niño. Y tiene la perspectiva de alejamiento temporal y espacial. Es una novela escrita más de cincuenta años después de los hechos contados, con una manera de pensar distinta y con la ventaja de conocer los que ha ocurrido después. Esto la hace diferente. Y es, sin duda, una de las mejores novelas escritas sobre Guinea en la etapa colonial por su atención a todos los aspectos de la selva que se trataba de dominar. Una etapa en la que la influencia blanca había logrado influir en la idiosincrasia local, imponiendo algunos criterios científicos a la hora de tratar las enfermedades, metiendo a los nativos en el mundo del comercio, pero introduciendo la cultura que llevó a las élites a abrazar las ideas de independencia: la igualdad y el poder de decisión sobre los asuntos que les interesaban como pueblo. Un proceso que Carlos Efe narra muy bien. No faltan en este recorrido colonial algunos nombres de personas reales, los políticos, funcionarios y eclesiásticos que ocupaban los puestos directores. En la nómina de personajes de menos relevancia, en la de los protagonistas de las historias del libro, seguramente haya también algunas personas reales enmascaradas en nombres supuestos.

            No quiere el autor descuidar el otro aspecto singular de la novela colonial como es la narración del bosque, sus habitantes y sus circunstancias. Aprovecha para narrar sobre la secta bwetí, que en tiempos españoles fue muy perseguida por acusarla de canibalismo. No se ponen de acuerdo los que defienden que este existió en toda su crudeza y los que sostienen que solo comían muertos desenterrados en algunas circunstancias rituales. El autor da su versión, hay que leerla. Interesante la descripción del ritual de iniciación. Un tema muy poco tratado y que Efe quizás tomara de Veciana o Novoa.

            Por último, la novela discurre hacia la independencia con noticias de lo que pasó.

            Novela imprescindible en la literatura colonial española.

 

 

miércoles, 8 de febrero de 2023

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (16): HISTORIAS DE GUINEA de MARINA YRAYZOZ LEYVA

 

 

YRAYZOZ LEYVA, Marina: Historias de Guinea (2021. Universo de Letras/Autoedición. 262 páginas + 1 hoja + fotografías).

 

   Historias de Guinea tiene un título que lo dice todo. Es un libro sencillo en su escritura y en su argumento. La autora lo llama novela, y los es pues el autor es soberano al novelar. Se trata de los recuerdos familiares, una de esas historias de nostalgia colonial que nos trasladan a otra época, otro mundo y otra sociedad que ya no existen y no volverán a existir porque, en vez de evolucionar como otras sociedades, se extinguieron. Me refiero a la vida colonial. Y este libro tiene un gran valor porque en la literatura colonial española hay muy pocos ejemplos de testimonios de antiguos coloniales sobre la vida ordinaria, familiar o laboral de aquella pequeña comunidad. Por eso, libros como éste nos enseñan situaciones y relaciones que no podemos encontrar en los libros de historia colonial, política colonial o ensayos sobre la materia.

   Una familia colonial en un lugar apartado de la Guinea continental española: Río Benito. Apenas un puñado de españoles entre militares, misioneros, funcionarios y algunos finqueros. Una pequeña aldea que hace de centro de reunión a los habitantes de las fincas próximas y de las concesiones madereras. Esa pequeñez, la inmediatez diaria, hace que los habitantes tengan una relación muy estrecha en la que la solidaridad entre ellos es la manera de hacer frente a las contingencias. Están en los años 60 del siglo XX, la época en la que la colonia vivía más avanzada y tenía mejores comunicaciones y transportes. Aún así, era un sitio extraordinario, distinto y atractivo pero peligroso. Los niños se enfrentaban a enfermedades como la malaria o a una simple picadura de insecto o mordedura de serpiente que podría tener resultados terribles. Pero había un contacto directo con una naturaleza que los europeos no concebían. Y la vida tenía una relación de convivencia, y a la vez separación, con los guineanos.

   Es cierto que son recuerdos de juventud, cuando todo parece ir bien y se es feliz. Pero los recuerdos de Yrayzoz son emociones que llegan al lector y un dibujo amable de la vida colonial.

   La intención de la autora la describe ella misma: Solo he contado la verdad, así era como vivíamos. Parece que a nadie le importe lo que sucedía en aquel trozo de España. la gente da más importancia a las historias de otros países que a la de sus propias gentes. Éramos un grupo de españoles viviendo en una tierra muy diferente, a veces muy dura, yo explico mi historia desde el punto de vista de una niña, pero la realidad es que la vida de mis padres como la de otros adultos no era nada fácil… (página 227). Las cosas cambian y ya hay muchas personas interesadas en las colonias africanas de España.



   En 2020 Aser Queipo publicó el libro Yo también viví en Río Benito. Con estas dos publicaciones tenemos una buena visión de lo cotidiano en la Guinea Española en un rincón de Río Muni llamado Río Benito (Mbini).

jueves, 15 de septiembre de 2022

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (8): LAS TINIEBLAS DE TU MEMORIA NEGRA de DONATO NDONGO BIDYOGO.

 

NDONGO BIDYOGO, Donato: Las tinieblas de tu memoria negra (Fundamentos. Madrid 1987. 166 páginas; Ediciones del Bronce. Barcelona 2000. 166 páginas; Sequitur. Madrid 2022. 164 páginas).

 

   Donato Ndongo es un intelectual nacido en Guinea Ecuatorial en 1950. Un hombre entre dos países que no renunció nunca a ninguno de los dos. Conoció los últimos tiempos de la colonización y vivió en un sistema social de choque cultural entre lo llevado por los españoles y la manera tradicional de vida de los habitantes locales. Fue uno de los primeros autores en dar una nueva visión de las cosas guineanas tras la transición y en ese sentido es autor de dos libros fundamentales de la bibliografía guineana: Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial (1977) y Antología de la literatura guineana (1984), a los que seguirían otros. Como periodista, su labor muy muy importante a la hora de desenmascarar a algunos personajes que trataron de sacar partido con la independencia de su país.

   Dentro de su actividad polifacética, Donato Ndongo destaca como narrador. Es el iniciados, con María Nsue, de la novela guineoecuatoriana y, sin tener una obra de ficción muy abundante, se aprecia la calidad en su forma de escribir y la sensibilidad al tratar los temas que aborda desde su doble visión española y africana.



  

En 1984 quedó finalista del Premio Sésamo con Las tinieblas de tu memoria negra, que se publicó en 1987. Era una novela rara en la época. El franquismo había decretado el secreto oficial para los asuntos de Guinea y los españoles no sabían nada de aquel país. En plena transición los temas que interesaban eran otros y la literatura bebía en la Guerra Civil y el franquismo. Las consideraciones de un guineano no llegaban al público. Pero fue un hito. Es una novela vanguardista, en la manera de estar escrita y en el contenido, que debió esperar hasta ser valorada. El reconocimiento llegó y la prueba es que ha sido reeditada y traducida al francés y al inglés. Aunque siga siendo una novela minoritaria por su especial contenido, en un momento de auge de la novela histórica fantasiosa y la novela negra de narradores artesanos del enredo y la trama. En una época que comienza a ser revisada por los historiadores como Iñaki Tofiño, autor de Guinea, el delirio colonial de España (2022).



   En esta novela Ndongo trata de reflejar las contradicciones internas de un adolescente que vive entre la cultura tradicional fang y la religiosidad de los misioneros católicos. Vivía en una familia con dos modos diferentes de entender la colonización. El padre, asimilado a la sociedad colonial, emancipado pleno y ferviente católico por una parte; y el tío Abeso opuesto a las novedades europeas y aferrado a la tradición y la cultura de los antepasados por la otra. El niño-adolescente quiere seguir el camino de la educación católica aunque siente una fascinación irremediable por la figura incorruptible del tío pero desear progresar según los nuevos cánones. Poco a poco va entendiendo las dos cosas. Y, por voluntad o por influencias irrechazables, decide entrar en el seminario con gran alegría de los padres frustrada al abandonarlo: El cura, para ellos, es el compendio de toda la sabiduría humana y divina, y no entienden que quiera ser abogado, que me haya matriculado en la Facultad de Derecho. ¿Qué es eso? (página 70 de la edición de 2000).




   No es necesariamente una novela autobiográfica pero tampoco deja de serlo. Es la novela de una generación de jóvenes guineanos nacidos en la década de los años 50 del pasado siglo. Los que vivieron el final de la colonia y el principio de Guinea independiente, el máximo desarrollo económico de la región y la aspiración lógica de las nuevas generaciones al progreso cultural, profesional y personal. Es una novela de fangs en la que los españoles solo aparecen en segundo plano, casi limitados al misionero y al comerciante con lo que el padre del chico tiene relaciones de amistad. Es una novela africana influenciada por lo español. Realista. Bien escrita, con algunas incursiones al modo de hablar español de los guineanos. Una visión distinta en la que el otro es el europeo, pero sin caer en el exceso de victimismo ni la exageración de los hechos históricos. Por tanto, es una novela original, profunda y sentimental.



   Ndongo es autor también de otras dos novelas: Los poderes de la tempestad (1997) y El metro (2007). Y del libro de relatos El sueño y otros relatos (2017).




viernes, 14 de agosto de 2020

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (6): CUANDO A GUINEA SE IBA POR MAR de JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL

 




ÁVILA LAUREL, Juan Tomás: Cuando a Guinea se iba por mar (Editado por Thenesoya Vidina Martín de la Nuez. Ediciones Carena. Barcelona 2019. 236 páginas + 2 hojas).

 

   Juan Tomás Ávila Laurel está construyendo una obra literaria de sumo interés y de calidad creciente. Posiblemente comparta con Donato Ndongo el honor de ser los mejores novelistas de su país. Ambos mantienen una postura intelectual admirable, un compromiso que les ha llevado al exilio y una visión crítica tanto de la colonización como de la descolonización y la situación actual. Pero Ávila Laurel es el único de los novelistas guineanos  que aborda el hecho colonial en sí mismo y no solo episodios aislados.

   Cuando a Guinea se iba por mar es la mejor muestra de esta aproximación a la colonización. El escritor nació en 1966, dos años antes de la independencia por lo que dudo de que tenga recuerdos personales nítidos de esa etapa. Pero seguramente tiene muchas referencias familiares y de personas próximas. Es una novela escrita con la ironía que caracteriza al autor, con un distanciamiento ácido y con un estilo en el que aparecen personajes que hablan con la peculiar sintaxis de Guinea, que usan las lenguas propias o el pichinglis. Hay también una clara contraposición entro los personajes procedentes de España y los guineanos pues esa distinta idiosincrasia en una de los sustentos del relato.

    La novela se divide en cuatro partes. La primera se titula Voces en Santa Isabel y es un largo y rápido diálogo entre el recién llegado Panes del Palacio y el misionero padre Agustín. Un repaso a las contradicciones del régimen colonial, a lo absurdo de algunas situaciones. A la separación racial en la que cada grupo tenía su espacio. Y solo a un blanco recién llegado como Panes se le ocurría presentarse sin invitación en el club de los fernandinos, que da lugar a un brillante diálogo sobre estos temas y en concreto sobre la naturaleza política del emancipado. En el fondo subyace la presentación que hace el cura al recién llegado de la realidad de Guinea a sus ojos, de un poco de historia, del uso del indígena como mano de obra, de las tensiones que ya se vivían en época colonial entre los diferentes pueblos del país y que eran aprovechadas por los colonos, etc. Y es lo que el autor presenta al lector.

   La segunda parte ¿En Río Muni no hay nadie? Es un breve recorrido por la parte continental del ignorante en asuntos coloniales Panes que, para completar, hace una visita a Corisco. Si hubiera sido la novela de un exotista colonialista, estaríamos ante un recorrido pintoresco lleno de referencias folklóricas y cacerías de animales. Pero es la novela de un guineano, la reflexión sobre un modo de vida perdido. Da noticia sobre la ignorancia que los colonos tenían sobre la vida de los pueblos continentales y la alegría mestiza de la isla de Corisco, centro del comercio en la zona a finales del siglo XIX.

   Pero Panes del Palacio no tiene destino en estos lugares. La tercera parte Oh, estaban a descubierto es un viaje en barco desde bata a Santa Isabel en la que la ironía cobra más importancia para narrar las diferentes maneras de viajar de blancos y negros, las incomodidades de la población local en sus desplazamientos y el trato desigual. Una síntesis de la vida colonial en un ejemplo. Y la consideración de la colonización para los fang o pamues y los bobês o bubis que, en el fondo, es la distinta concepción de la sociedad guineana de ambos pueblos. Detrás de una inquina tribal siempre hay una causa, sustentada sobre prejuicios interesados o en verdades a medias (página 151).

   Panes comprueba que casi todo está por hacer. Que la colonización es un proceso lento, poco fructífero: La realidad de la colonia es que no hay nada sembrado (página 158). O poco, pero que desaparecerá con facilidad.

   El autor (de la solapa del libro)

La cuarta parte es el destino final del protagonista, Annobón también tiene historia. También es el destino del autor en este libro porque Ávila Laurel nació en esa alejada y, en cierta manera, misteriosa isla. Siempre fue un territorio peculiar dentro de las Posesiones Españolas del Golfo de Guinea, desconocida, alejada, mal comunicada y con poca presencia colonial. Durante muchos años el superior de la misión era también el jefe político de la isla. Este alejamiento dotó a sus habitantes de unas costumbres peculiares y un modo de vida distinto. En la época de Macías estuvo prohibido entrar o salir de la isla, en una desquiciada medida propia de aquel dictador. Es lógico que Ávila Laurel quiere reflejar esta originalidad en una novela y dejar constancia de la singularidad de sus habitantes. Esa característica que hacía de la isla un lugar extraordinario, se veía sin embargo como una molestia para los funcionarios coloniales que se resume en un breve diálogo:

-          Bonito pueblo, gente tranquila. ¿cómo están las cosas aquí? El sitio está lejos, pero no creo que tenga muchos problemas con los habitantes.

-          El sitio está lejos, no hay nada más lejos que esto. Y eso es un problema.

-          Pero es el delegado, sabrá buscar soluciones a los problemas.

-          Si hubiera soluciones… Aquí no hay más que problemas.   (página 183).

   Lo que el delegado representa es el racismo cotidiano, el menosprecio a una forma de ser, a la adaptación del hombre a las condiciones y carencias. La falta de iniciativas para mejorar esas cosas. A eso respondían los colonizados con una aparente sumisión a las normas coloniales y una rebeldía doméstica usando sus propias costumbres privadas. Con esto se evitaba una mayor violencia en la imposición y se contentaban unos y otros. El remate de la novela, con escenas entre los tres blancos de Annobón que resumen una mentalidad, es la reflexión de Ávila sobre cuestiones coloniales que inspiran la novela. Para dar fin con una revelación entre la fantasía y la realidad que explica definitivamente el viaje de Panes del Palacio.

    Cuando a Guinea se iba por mar es una novela singular donde se consolida el estilo personal del autor, se abren las visiones de la época colonial en la vida cotidiana y es, además, una novela esencial en la literatura guineoecuatoriana.

viernes, 15 de mayo de 2020

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (14): TRES RELATOS


AYALA, Francisco: Historia de macacos (Revista de Occidente. Madrid 1955. 155 páginas; Los libros del mirasol. Buenos Aires 1964. 145 páginas; Seix Barral. Barcelona 1972. 128 páginas; Compañía Europea de Comunicación e Información El Sol. Madrid 1991. 93 páginas; Castalia. Madrid 1995. 194 páginas;  Alianza. Madrid 2001. 121 páginas; SIC Idea y Creación Editorial. Barcelona 2004. 197 páginas; Diario Público. Madrid 2010. 127 páginas). 

MORÁN, Fernando: El día en que… (Alfaguara. Madrid 1997. 386 páginas).

PÉREZ-REVERTE, Arturo: Obra breve 1. (Alfaguara. Madrid 1995. 384 páginas).


   Hay tres relatos breves sobre Guinea en dos etapas diferentes que tienen importancia en la literatura colonial hispanoafricana.



   El primero de ellos se titula …No volaron los murciélagos y está comprendido en el libro El día en qué…(páginas 135 a 198) de Fernando Morán que fue diplomático y ministro de Asuntos Exteriores de España en el gobierno de Felipe González. El libro es una recopilación de experiencias diplomáticas en diversos países narrados por un escritor, no por un diplomático aficionado. Tiene estilo propio, maneras de narrador. El que dedica a Guinea es fruto de su experiencia como negociador en la independencia del país, cuando trabajaba en el Ministerio a las órdenes de Fernando María de Castiella. No es propiamente colonial, pues trata de los primeros años de descolonización, pero subyace todo el fin de la etapa español. Un grupo de negociadores españoles acude a Malabo y Bata para tratar de establecer las bases de la cooperación entre los dos países. Todo real y comprobable. Si alguien tiene la paciencia, puede ver detrás de los personajes de ficción a algunos de los funcionarios españoles que acudieron a esas sesiones. Y con mucho menos esfuerzo, se entrevé la identidad de los políticos guineanos.

   Morán aprovecha el relato, lleno de matrices y de situaciones que en ocasiones parecen confusas pero que quizás lo hizo así el autor para no ser muy explícito, para dejar caer su versión de los sucesos que siguieron a la independencia: el pánico de los españoles, la paranoia del dictador, los personajes de dudosa índole que trataban de aprovechar la situación para su beneficio personal, etc.



Francisco Ayala publicó Historia de macacos por primera vez en 1955. Es una colección de cuentos que ha tenido muchas ediciones y que permanece viva entre los lectores. El primero de ellos, que da título al libro (aunque Seix Barral lo publicó en 1982 con el título De raptos, violaciones, macacos y demás inconveniencias), es una historia festiva que sucedió en Guinea en la época española. Pero Ayala no menciona el nombre del escenario y parece querer difuminar el relato para que no se puede ubicar geográficamente. Sin embargo, se nota claramente donde tuvo lugar el episodio narrado. Lo que cuenta Ayala es lo mismo que luego contará Pérez-Reverte en El día en que..., un pícaro que hace creer a los coloniales que se acuestan con su mujer porque son grande seductores cuando es solo y fraude: no era su mujer sino solo una prostituta con el negocio a medias.




   La pasajera del San Carlos es un relato breve que ocupa las páginas 189 a 205 del volumen primero de la Obra Breve de Pérez Reverte. Fue publicado en la revista Lucanor en mayo de 1992. Es un cuento ingenioso acerca de una pareja de pícaros que llegaron a Santa Isabel al final del tiempo colonial, él funcionario y ella ama de casa. Montaron un fraude a medias, un engaño en el que cayeron los coloniales que iban de listos y poderosos y se marcharon revelando la burla.

   La anécdota la cuenta muy bien Pérez-Reverte. Se trata de una vieja leyenda urbana colonial que circulaba por la ciudad de la isla de Fernando Poo y no dudo de que fueran hechos ciertos. Una historia de vida colonial llena de ironía y de exageraciones que tratan de darle un tono grotesco: En la monótona existencia local, que sólo se animaba cuando algún plantador se volvía majara y le pegaba un tiro a su mujer, o cuando los pamues el interior violaban a una monja antes de hacerla filetes a machetazos… (página 197). Una escritura sarcástica para acentúan lo grotesco del cuento.


Pérez-Reverte explicaba en un artículo de 21 de enero de 2024 en XLSemanal, el suplemento de ABC, que los dos habían escuchado la historia de tíos suyos. El de Pérez-Reverte era marino y lo oyó en uno de sus viajes, el de Ayala era funcionario colonial. Los dos agregaron algo a la sencilla ficción, pero el fondo de la historia es real.

miércoles, 29 de agosto de 2018

GUINEA Y LA NOVELA MISIONERA (1): EL ÚLTIMO NEGRERO de TOMÁS LUIS PUJADAS.


PUJADAS, Tomás Luis: El último negrero (Coculsa. Madrid 1954. 124 páginas + 1 hoja. Portada de Segu. Ilustraciones de Julio Giménez).

   El Padre Tomás Luis Pujadas Roca nació en Sabadell (Barcelona) el 24 de mayo de 1904 y  murió en Vic (Barcelona) el 12 de noviembre de 1994. Fue misionero claretiano, músico y escritor. Recibió el sacerdocio en 1931 en Vic, comunidad en la que vivía cuando los sangrientos sucesos de 1936. También estudió música en España y en Roma  con el maestro Casimiro Casimiri. Compuso más de un centenar de obras musicales: misas, himnos, motetes y cantos marianos...  Dirigió publicaciones religiosas como la revista Iris de Paz.  Este veterano misionero claretiano tuvo una labor literaria relacionada con Guinea en la época colonial. Fue autor de una notable historia eclesiástica guineana en dos tomos: La iglesia en Guinea Ecuatorial (1968 y 1983). Publicó otras obras de historia eclesiástica como El vicario apostólico de Fernando Poo (1967) la biografía del catequista guineano José Si Esono Un santo en la selva (1967), un libro de texto Geografía e historia de la Guinea Ecuatorial (1969), una obra de teatro Héroes de la jungla (1955). Y la novela El último negrero (1954) que se incluye en el género de novela misionera en el que también podemos encontrar obras de otros claretianos como Francisco Onetti, Carlos E. Mesa o Augusto Olangua.

   El último negrero es una novela de estilo simplón que recuerda la literatura de kiosko.  Con mucha acción para resultar entretenida. Pero el padre Pujadas no intentaba escribir una novela para pasar a la historia de la literatura; su finalidad era claramente misionera y apostólica. Trató de escribir una novela que defendiera los valores que transmitían los misioneros. Por esto, el estilo y estructura tiene un valor secundario. El autor no fecha los hechos de su ficción, podemos entender que transcurre en la segunda mitad del siglo XIX, tras el viaje de Chacón,  por la importancia que tenía entonces Elobey en la Administración colonial española y por la existencia de barcos negreros.
El padre Pujadas en Basupú
(Foto tomada de la página web de los claretianos, fondo padre Canals)
    Se pueden apreciar dos planos narrativos.
   El padre Alonso es un  misionero que recorre el sur de Río Muni, la zona que entonces era española alrededor de Cabo San Juan y que se vinculaban a Elobey Grande donde residía la autoridad colonial. La novela es de 1954, la visión que se tenía entonces del colonialismo no es la de ahora; posiblemente tampoco la de la misión católica. Pero el misionero tenía un conocimiento directo de las costumbres indígenas. Y por otra parte, la persistencia del comercio de esclavos y la aparición de barcos negreros que aprovechaban la escasa vigilancia para hacer los cargamentos en connivencia con algunos jefes locales.
(Ilustración de Julio Giménez)
   Pujadas se atreve con un tema tabú en la historiografía y en la novela española de la época sobre Guinea: la esclavitud. En la novela, solo Manfredi en Tierra negra (1957) hace mención. Es cierto que los territorios españoles se adquirieron en 1777 con la finalidad de favorecer una estación en el viaje a Filipinas y para obtener esclavos para la América española. Pero, como los territorios quedaron abandonados, la autoridad española no hizo nada. Los gobiernos españoles prefirieron, o se vieron obligados, a conceder el monopolio del comercio de esclavos a compañías extranjeras desde el tratado de Utrecht. Cuando se volvieron a ocupar, la trata estaba prohibida y perseguida. No obstante, algunos españoles siguieron comerciando con seres humanos y aprovecharon el vacío de poder en Guinea para poner bases en Elobey o Corisco. Algunos traficantes catalanes y el famoso Pedro Blanco estuvieron por aquellas tierras. La Armada inglesa destruyó factorías negreras en Elobey, que estaba bajo soberanía española, y fue una de las causas que provocó las expediciones de Lerena (1843) y de Chacón (1858). Si los españoles no ocupaban las islas y ponían autoridad, otros países europeos iban a hacerlo. Y la autoridad debía perseguir la trata. Es difícil saber si los españoles de Guinea tenían medios suficientes y si se volcaron en la persecución de los traficantes. Oficialmente, Guinea quedó fuera de este comercio. Pero en la memoria de los guineanos están las historias de traficantes y de esclavos apresados en las tierras de los que hoy es la República de Guinea Ecuatorial.
   España había suscrito los tratados de prohibición de la trata y su persecución, pero la esclavitud seguía siendo legal en Cuba. Esto dio lugar a un tráfico que resultó muy provechoso para algunos. Se efectuaron algunas presas, pero siguieron llegando barcos con negros bozales (como se denominaba despectivamente en la época a los que todavía hablaban su lengua materna exclusivamente). La relación de Guinea en la época en que hubo ya autoridad española con el comercio humano –represión o tolerancia- es un asunto que todavía merece una investigación amplia.


   Por supuesto, el padre Pujadas opta por la visión de combate al traficante por parte de los misioneros y los militares españoles. No quiero decir que esto no sucediera así. Además añade un elemento redentor, en todos los sentidos, para los africanos que era el cristianismo. Es una novela ingenua, de clara intención ejemplarizante y con detalles interesante porque el misionero conocía bien el territorio del que hablaba y algunas de las costumbres de sus habitantes.


jueves, 5 de abril de 2018

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (3): LA CARGA de JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL


ÁVILA LAUREL, Juan Tomás: La carga (Palmart/Cooperación Española/Centro Cultural Hispano-Guineano. Valencia 1999. 79 páginas).

   Ávila Laurel es ya uno de los escritores guineanoecuatoriales más importantes. Tiene una producción amplia y ha sido traducido a varios idiomas. Nació en Malabo en 1966, dos años antes de la independencia, y vive en España. Empezó publicando en ediciones modestas del Centro Cultural Hispano-Guineano de su ciudad natal, que fue el germen de algunos de los escritores del país. Primero poesía: Poemas. Ramblas (1994), Historia íntima de la humanidad (1999) y teatro: Pretérito imperfecto (1991) y otras. Se inicia con el relato con Rusia se va a Asamse (1998) y con otras obras posteriores de mayor madurez: Avión de ricos, ladrón de ceros (2009), Arde el monte de noche (2009), etc. Y cultivó el ensayo en El derecho de pernada (2000) o Guinea Ecuatorial: Vísceras (2006). Se le puede seguir en su blog http://www.fronterad.com/?q=blog/18  Y, para conocer mejor su vida y obra:  http://www.guineanos.org/index.htm

   La novela colonial está llena de mitos coloniales y mitos anticoloniales. Es lógico porque son los símbolos en los que se sustentan los argumentos según el proyecto intelectual y estético del autor. Estos arquetipos no responden a creencias exactas sino que se trata de recursos sobre los que desarrollar un argumento. Ávila Laurel los usa aunque su novela no abunda en esto. La simpleza del relato del buen colonizador queda sintetizado así: Siempre se creyó que la vida de un blanco en tierras africanas se sujetaba al patrón descrito y pregonado por los curas y maestros de la primera época de las incursiones coloniales: trabajo, casa, misa de los domingos y festivos, y algún paseo por campos y playas, pero mientras abrimos los ojos nos vamos dando cuenta de que las diferentes maneras en que las circunstancias del mundo influían en aquella, forjaban su carácter y hasta muchas veces los despojaban de este aire de seres distintos con que siempre los han visto los nativos (página 14). Queda claro que el colono se engrandece en la colonia, que un peninsular podía llegar a ocupar un estatus alto en Guinea. Pero no rehúye la imagen del guineano sumiso: …bastaba en aquella época ser visitado o saludado en público por tan alta autoridad para sentirse protegido, amado y valorado. Una mano que se va, otra que se extiende para gestar una amistad privilegiada, aunque siempre hay voces que afirman que la pobreza nunca se casará con la abundancia (página 34). Los escritores africanos, al trabajar los relatos con caracteres generales pueden caer en un vicio muy comercial que es  construir novelas exóticas para el divertimento de lectores occidentales con ganas de descubrir paisajes originales.


   La carga es un relato fresco de la vida en Mbini (río Benito para los españoles) a principio de la década de los 40 del siglo XX. De la convivencia pacífica, aunque estratificada verticalmente, entre los europeos y los originarios del lugar. Los españoles siempre consideraron mejor a los pueblos playeros (usando la terminología colonial) que a los fang del interior. Las etnias de la franja litoral de Río Muni no sostuvieron guerras contra los colonizadores como hicieron los fang, posiblemente las sufrieran al igual que los españoles. En cambio, no fueron sometidos a la recluta forzosa, una de los episodios más denigrantes de la Guinea española. El fang fue el guineano menos querido por los españoles, al que consideraban mejor para el trabajo de bracero pero menos fiable.

   La novela es un relato cotidiano de la vida en el pequeño poblado. Los españoles que trataban de adaptarse como podían a la vida africana, sufriendo molestias hasta entonces desconocidas como las niguas. Y los guineanos que procuraban aprovechar las ventajas de la presencia española. Tiene humor, ironía sobre la reducida sociedad benita: Pero, ¿existía filosofía en Río Benito? Si comer, beber y trabajar para que los niños tengan un buen futuro es la esencia o la razón de ser de la filosofía, nadie puede dudar de que los habitantes de este lugar ejercían tan alto saber  (página 50). Una sociedad de las pequeñas cosas cotidianas, de la lucha por la existencia. Una novela sin un argumento principal claro, pequeñas historias que se cruzan para dar una imagen  global: … si los escritores no dispusieran del libre albedrío para circular libremente por la senda de la creación literaria (página 55). Y que termina con un sustancioso diálogo entre españoles sobre la idea común de colonización y la razón de la presencia española, resumida en una frase: Venimos principalmente porque ya no queda nada sin dueño en Europa y lo que hay aquí, aunque es de estos negros, todavía podemos cogerlo sin que ellos se den cuenta y se enfaden. Así las cosas, lo menos que podemos hacer es agradecer que todavía son ciegos; por eso, no entenderé nunca como os asquea su ignorancia cuando es gracias a ella que os llaman señor y jefe (página 75).