ROA, Niko: 1975 el año de la tormenta (SND
editores. Madrid 2024. 478 páginas).
1975 fue un año trascendental en la historia contemporánea de España. La
muerte de Franco marcó el devenir del país y condicionó algunas de las
situaciones políticas que estaban pendientes de resolver. Una de ellas, de
especial importancia, fue la descolonización del Sahara Occidental. Ya había
iniciado España el proceso cuando la agonía del dictador, la urgencia por
atender a cuestiones puramente nacionales, la habilidad del rey Hassan II con
la ayuda que Francia y Estados Unidos, y la torpeza de los lideres locales,
torcieron el proceso de tal manera que aún hoy, más de cincuenta años después,
el asunto no se ha resuelto.
Aprovechando la cascada de acontecimientos de aquel año, Niko Roa
publicó su segunda novela de ambiente africano. La primera fue La Mehal-la, ya
comentada aquí:
https://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/search/label/Roa
El autor quiere dar una visión completa de los últimos días del Sahara
español. Para ello utiliza una técnica de retablo, una novela coral donde se va
sucediendo personajes, unos reales y otros ficticios, y escenarios, unos dentro
del territorio y otros fuera. Es valiente Roa al hablar de los hechos. Es
importante el contrate entre lo público y lo privado para dejar constancia de
que la angustia no fue solo política, sino que alcanzó a las familias de los
residentes y los nativos. Da una visión personal de los últimos días del
régimen y un relato del ambiente en El Aaiún y los puestos del interior que se
puede corresponder a la realidad. A eso añade algunos episodios particulares de
los personajes ficticios y reseñas de los hechos reales sucedidos en Madrid. El
tema es complejo y, por mucho que se quiera abordar y el autor lo hace en casi
500 páginas, todavía hay muchas nubes en la memoria y opiniones diversas,
incluso divergentes de aquellos días que comenzaron con la muerte de Carrero
Blanco dos años antes.
Es complejo acertar con el tiempo y el espacio dedicado a cada una de
las parcelas que componen la novela. Difícil mantener el ritmo y que el lector
no sienta la tentación de saltarse páginas que considera de menor interés
porque, centrado en los hechos históricos, le interesan menos los
acontecimientos meramente familiares de los personajes ficticios. Pueden
parecer varias novelas en una. En conjunto la lectura es sencilla.
No puede eludir el autor su simpatía por los militares españoles que,
pasado el tiempo, parece que fueron las víctimas de las negociaciones políticas
en las que no intervinieron, que cumplieron su misión, pero no les dejaron
llegar hasta el final y salieron tristes y decepcionados. Su negativo recuerdo
de las primeras acciones del Polisario. Y su recurso a la fatalidad para
explicar lo difícil de entender. Hay emoción en el relato del abandono.
El relato se desliza hacia el final conocido en los últimos meses de
1975. Las explicaciones que se extraen de las conversaciones de los personajes
militares, reales, del entonces príncipe Juan Carlos con el embajador
americano, de las charlas de casino, etc, parecen ajustarse bien a lo que fue
la historia de aquellos días. Y la consecuencia cruel que todo el mundo conoce,
la matanza de saharauis huyendo por los caminos de su país y posiblemente
ordenada por el coronel Dlimi, el hombre fuerte de la ocupación. El tema
ocultado y sin responsabilidades declaradas por tribunales internacionales, la
página oscura de lo que el autor califica como fracaso colectivo.















