ÁVILA
LAUREL, Juan Tomás: Puño cerrado, madre negra (Dos manos.
Barcelona 2026. 247 páginas + 1 hoja).
El autor guineano ha publicado este año su última obra, por el momento. La
novela de Ávila Laurel es novedosa en la temática colonial guineana por varias
razones que se pueden resumir en unas notas:
1. El
punto de vista del narrados es femenino, lo que supone un gran esfuerzo para un
escritor masculino. Además, se trata de una niña que va descubriendo el mundo,
pero sus circunstancias diferentes y se da cuenta de ello. Lo asume, lo
aprovecha. Es una huérfana, que vive en un orfanato de Guinea cuando le abren
las puertas y se enfrenta a una realidad nueva, no solo porque abandona el
recinto cerrado, protegido, mandado por religiosas, sino porque va a cambiar de
país. A diferencia de la mayoría de las novelas de colonizados, la niña no va a
sufrir un cambio traumático, sino una transición de un modo de vida a otro.
2. La
protagonista es mestiza. Lleva sangre de colonos y colonizados, con la carga
simbólica que esto supone. Hay unos personajes que siempre son secundarios en
la novela sobre Guinea, pero que en esta ficción cobran más importancia. La
hija de español y guineana que no es rechazada del todo por su padre, pero
tampoco la acoge en su familia directa sino que la deja al cuidado de una tía
sordomuda. El sino de muchos guineanos en una época en la que la investigación
de la paternidad estaba prohibida y la reclamación de los derechos de
descendiente no se contemplaba en la ley. Otros personajes que adquieren
relieve en Puño cerrado,
madre negra son los fernandinos, aquellos descendientes de
africanos no guineanos que llegaron con los británicos, fueron educados,
constituyeron en élite entre los indígenas y gozaron de los derechos de
emancipación. En menos medida, se hace referencia a los annoboneses.
3. Es
la novela de una guineana, durante el periodo colonial, que acude a Barcelona.
Es decir, que se desarrolla en la metrópoli. Y esto tampoco estaba novelado. Se
hace ahora con los emigrantes, opero la peculiaridad de los residentes
guineanos en España en la etapa colonial es una sombra. Es verdad que no fue un
traslado masivo y que se limitó a pocas personas de nivel económico alto o
relacionadas familiarmente con españoles.
Batete
No es nuevo decir que Ávila Laurel, por su evolución y su producción, es
ahora uno de los referentes de la literatura guineana y de la literatura
española asomada a una realidad pasada que se va olvidando. Un punto de vista
distinto y necesario y una forma de narrar en la que se notan algunos
guineanismos y peculiaridades sintácticas del país hispanófono. Hay un párrafo,
el principio, muy significativo para entender el libro:
Además, ya
dije que contaré la historia de mi padre oculto, un señor que vivió entiempo de
los blancos. Menciono a estos porque todo el mundo sabe que ellos cuentan lo
que les interesa. Y para ocultar esta práctica, te ponen el dulce en la boca y
te dicen que lo hacen todo ordenado, como si vivieran doscientos años y
hubieran sido testigos de cada una de las historias que cuentan, cosa que no
parece posible. Así que utilizaré una forma africana de contar (pp. 11-12).

















