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domingo, 28 de junio de 2026

NOVELAS DEL FIN DEL SAHARA ESPAÑOL (11): 1975 EL AÑO DE LA TORMENTA de NIKO ROA

 

ROA, Niko: 1975 el año de la tormenta (SND editores. Madrid 2024. 478 páginas).

 

   1975 fue un año trascendental en la historia contemporánea de España. La muerte de Franco marcó el devenir del país y condicionó algunas de las situaciones políticas que estaban pendientes de resolver. Una de ellas, de especial importancia, fue la descolonización del Sahara Occidental. Ya había iniciado España el proceso cuando la agonía del dictador, la urgencia por atender a cuestiones puramente nacionales, la habilidad del rey Hassan II con la ayuda que Francia y Estados Unidos, y la torpeza de los lideres locales, torcieron el proceso de tal manera que aún hoy, más de cincuenta años después, el asunto no se ha resuelto.



   Aprovechando la cascada de acontecimientos de aquel año, Niko Roa publicó su segunda novela de ambiente africano. La primera fue La Mehal-la, ya comentada aquí:

https://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/search/label/Roa

 

   El autor quiere dar una visión completa de los últimos días del Sahara español. Para ello utiliza una técnica de retablo, una novela coral donde se va sucediendo personajes, unos reales y otros ficticios, y escenarios, unos dentro del territorio y otros fuera. Es valiente Roa al hablar de los hechos. Es importante el contrate entre lo público y lo privado para dejar constancia de que la angustia no fue solo política, sino que alcanzó a las familias de los residentes y los nativos. Da una visión personal de los últimos días del régimen y un relato del ambiente en El Aaiún y los puestos del interior que se puede corresponder a la realidad. A eso añade algunos episodios particulares de los personajes ficticios y reseñas de los hechos reales sucedidos en Madrid. El tema es complejo y, por mucho que se quiera abordar y el autor lo hace en casi 500 páginas, todavía hay muchas nubes en la memoria y opiniones diversas, incluso divergentes de aquellos días que comenzaron con la muerte de Carrero Blanco dos años antes.

  Es complejo acertar con el tiempo y el espacio dedicado a cada una de las parcelas que componen la novela. Difícil mantener el ritmo y que el lector no sienta la tentación de saltarse páginas que considera de menor interés porque, centrado en los hechos históricos, le interesan menos los acontecimientos meramente familiares de los personajes ficticios. Pueden parecer varias novelas en una. En conjunto la lectura es sencilla.

   No puede eludir el autor su simpatía por los militares españoles que, pasado el tiempo, parece que fueron las víctimas de las negociaciones políticas en las que no intervinieron, que cumplieron su misión, pero no les dejaron llegar hasta el final y salieron tristes y decepcionados. Su negativo recuerdo de las primeras acciones del Polisario. Y su recurso a la fatalidad para explicar lo difícil de entender. Hay emoción en el relato del abandono.

   El relato se desliza hacia el final conocido en los últimos meses de 1975. Las explicaciones que se extraen de las conversaciones de los personajes militares, reales, del entonces príncipe Juan Carlos con el embajador americano, de las charlas de casino, etc, parecen ajustarse bien a lo que fue la historia de aquellos días. Y la consecuencia cruel que todo el mundo conoce, la matanza de saharauis huyendo por los caminos de su país y posiblemente ordenada por el coronel Dlimi, el hombre fuerte de la ocupación. El tema ocultado y sin responsabilidades declaradas por tribunales internacionales, la página oscura de lo que el autor califica como fracaso colectivo.

viernes, 15 de enero de 2016

UNA NOVELA SOBRE LOS PRIMEROS TIEMPOS EN CABO JUBY: LA MEHAL-LA de NIKO ROA CILLA.

ROA CILLA, Niko: La Mehal-la (De Librum Tremens. Madrid 2015. 679 páginas).

   Roa ha tenido el olfato de recuperar para la novela un asunto muy olvidado en la historia de España en África: la ocupación de Ifni por Capaz en 1933. Y aprovecha el argumento principal para narrar las peripecias de la Mehal-la que lo acompañó y su estancia en Cabo Juby. La cesión a España del territorio de la antigua Santa Cruz de Mar Pequeña estaba reconocido por el sultán en el Tratado de Wad Ras de 1860. Pero el tratado no situaba el lugar, lo dejó a un acto convenido posterior. El sultán fue retrasando la resolución, Francia no quería que españa ocupara una porción de su Protectorado y en españa no había mucho interés por posesiones africanas. Al final, el momento propicio fue en los años 1933 y 1934, cuando los franceses (que representaban al Estado de Marruecos protegido) y los españoles optaron por Sidi Ifni y su hinterland. Como se trataba de concretar una cesión de soberanía, no podía hacer por un acto violento equivalente a la conquista, y hubo que pactar con los habitantes del lugar. Y, para culminar el procedimiento paccionado y con intervención del sultán, se utilizaron las tropas jalifianas representadas en la Mehal-la tetuaní. La narración de algunos de estos hechos se basa en el informe del general Asensio Torrado que el autor encontró entre los papeles de García Figueras. Después se documento bien y largo sobre los hechos. Y, por último, creó personajes de ficción para contraponerlos a los reales. El resultado es una larga novela-reportaje, muy minuciosa en detalles en detrimento de la acción, perfectamente válida para conocer cómo se vivió en el desierto español, entretenida y llena de sorpresas. No es una novela de acción, de aventuras o de intriga bélica; es una novela de situaciones militares que el autor conoce bien. No sólo por la investigación previa, sino que al ser hijo de militar –y haber llegado a cabo de La legión en la mili- conoce el vocabulario, la mecánica cuartelera y los entresijos de la vida castrense.

    Los hechos históricos son reales aunque los detalles sean ficticios. Tampoco son reales los principales personajes. El teniente Fabián Gálvez, que al comienzo de la novela era general y visitó a Asensio en Nueva York, es una mezcla de Capaz, Gándara, Río de Oro, Bullón, Guarner, Clemente Mulero y otros pioneros de las Tropas Nómadas españolas. De todos toma el novelista. Pero su contraprotagonista, el neurótico y arbitrario capitán Canle también tiene algo de todos ellos cuando su parte negativa no aflora.

   Según se avanza en la lectura, la ficción elimina a lo histórico. El autor continúa con su importante labor de reconstrucción de la vida colonial en Cabo Juby, y recrea con especial detalle las circunstancias de la vida militar en la reducida guarnición africana. Pero la locura (tal vez producido por el cafard tan querido por los escritores africanistas franceses) de Canle, locura obsesiva provocada también por los celos y que le lleva a un duro castigo a los miembros de la mehal-la olvidada. Esta parte ficticia, conclusión del viaje que se inició en Tetuán, es lo que hace al libro más novela y donde el autor demuestra su habilidad para describir el cambio en la personalidad del militar. Concluye con un final bien resuelto.
Niko Roa

   En todo caso, el libro merece ser recomendado por su investigación de la situación en un lugar y una época casi olvidada.