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viernes, 23 de octubre de 2015

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (8): EL RÍO DE UNA SOLA ORILLA de JOSÉ ANTONIO LÓPEZ HIDALGO.

LÓPEZ HIDALGO, José Antonio: El río de una sola orilla. Guinea, del crimen del río Etumbe a la independencia (Girona 2015. Cal-lígraf. 161 páginas).

   López Hidalgo ya es un veterano de la novela sobre Guinea. El 1995 publicó La casa de la palabra y ahora vuelve a Bioko, donde residió entre 1988 y 1990, con El río de una sola orilla. En 2006 ganó el premio internacional de novela Juan Rulfo con El punto se desborda, que se sitúa también en Guinea Ecuatorial pero en la época actual, sin referencias coloniales.

   En El río de una sola orilla nos presenta a un restaurador de libros que llega a Luba para cuidar la biblioteca claretiana de la localidad. Por casualidad encuentra un documento sobre un padre cuya memoria ha sido borrada y siente la curiosidad de investigar acerca de él y de los sucesos que precedieron a la independencia del país. La técnica es la clásica de una novela de este tipo. El restaurador va entrevistando a los protagonistas vivos de aquel tiempo para reconstruir los hechos ocultados. Con esta intriga nos muestra un ambiente colonial y postcolonial suficientemente dibujado como para reconocer situaciones y personas. Aparecen los viejos coloniales, en sus dos categorías. Los añorantes del paraíso perdido: El profesor pertenecía a ese grupo de españoles que insisten en que los mejores años de sus vidas fueron los transcurridos en Guinea, lo que da una idea exacta de cómo vivían los blanco en la colonia (página 33). Y los que pasaron página como algo irremediablemente ido y superado: Los españoles que vivieron allí y no han sabido pasar página huelen a agua estancada. Se pudren en sus recuerdos y cierto aire de frustración. Fueron expulsados del paraíso y no se lo perdonan ni a sí mismos. Creen que no defendieron lo suyo suficientemente, que España les abandonó. No suelen ser buena compañía (páginas 34-35), como describe uno de los personajes. El indagador se ve impotente ante un muro de silencios, olvidos, ignorancia, se topa con los descendientes de los viejos caciques coloniales que quieren impedirle seguir en su investigación por miedo a que aparezcan las verdaderas personalidades de sus parientes. Así que decide, en vez de aclarar los hechos y mostrarlos, escribir una novela donde los cuente con nombres figurados. Así, en la página 59, comienza la segunda parte del libro que es la novela del protagonista.
López Hidalgo
   La verdad es que no entiendo muy bien esta larga introducción. La segunda parte de la novela, con sustantividad propia, no la necesitaba. Es un interesante relato sobre un tema tabú en la época colonial, el canibalismo. El autor lo aborda aprovechando la figura del padre Laínez, entiende que fue un tema exagerado a propósito o por desconocimiento y desmitifica la secta bwetí. Y tras ello hay algo que ahora parece evidente para los que nos interesamos por la colonia de Guinea: el profundo desconocimiento que los españoles tenían del mundo africano. Es posible que a la mayor parte de los funcionarios, militares, empleados y plantadores que fueron al territorio las cuestiones de antropología, historia o etnología no le importaban nada. Pero bien pudieron las autoridades hacer un esfuerzo mayor en esos campos que hubiera llevado a un mejor conocimiento de la población indígena, a la mejora de las políticas coloniales y del trato y a la superación de algunas cuestiones de convivencia. Posiblemente el indígena guineano tampoco entendía al blanco pero ellos no se movieron de su tierra.

   López Hidalgo ofrece una interpretación sugestiva sobre las sectas secretas indígenas. Amparándose en una ficción, desentraña algunas cuestiones desmitificando la importancia que dicen que llegó a tener, la crueldad de sus métodos y la creencia de que la antropofagia estaba muy extendida. Quizás la secta bwetí, y otras similares, no fuera más que un juego. Nunca se sabrá del todo. A lo mejor fue utilizado por los servicios coloniales para someter aún más a los guineanos. Ya decimos que los españoles dieron poca importancia a la antropología. Las referencias a esta práctica en la época colonial son escasas, a pesar de que los franceses ya hablaban de ella en el siglo XIX (desde Chaillu en 1863). En la década de los cuarenta del siglo XX el antropólogo González de Pablo publicó dos artículos en Actas y Memorias de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria (1944) y en los Cuadernos de Estudios Africanos (1946). Y el presidente del Tribunal Colonial José Antonio Moreno dio una curiosa interpretación (después de unos juicios) en la Revista de Antropología y Etnología (1949). Más tarde aparecería el estudio de Antonio de Veciana: La secta del bwiti en la Guinea Española (1958) y un amplio reportaje del periodista José Manuel Novoa: Iboga. La sociedad secreta del bueti (1998), que además realizó algunos documentales cinematográficos.


   Como resumen, El río de una sola orilla no es simplemente una novela negra, aunque esté editada en una colección de este género, sino un brillante, original y bien trazado relato de lo vivido (en parte imaginado) en el bosque de Río Muni al finalizar el periodo español. De la convivencia real (o ficticia pero posible) entre fangs, pigmeos, autoridades coloniales y claretianos.


viernes, 26 de abril de 2013

GUINEA ESPAÑOLA EN LA NOVELA JUVENIL

Guinea es un escenario atractivo también para los autores de novelas dedicadas a los jóvenes. El exotismo del paisaje, de las costumbres, de los habitantes. Las aventuras que pueden surgir del alejamiento y la soledad de los que decidían adentrarse en las selvas tropicales. La vida dura y atractiva de hombres que se decidían a dejar su tierra para dedicarse a negocios o empresas en sitios desconocidos y peligrosos, y todos los demás ingredientes que pueda añadir la imaginación del escritor, favorecen esta literatura. No hay muchos ejemplos, pero sí los suficientes como para comentarlos en una categoría aparte. Quizás el asunto dé para más y, teniendo en cuenta una cierta tendencia actual a volver sobre lo colonial, podamos ver más ejemplos próximamente. He aquí una muestra:
GABARRAS, J.: En las selvas de África. Editorial Dalmau Carles Pla. Gerona 1964. 43 páginas y 1 hoja. Ilustrado.
LORMAN, José: Rumbo a Elobey. Editorial La Gaya Ciencia. Barcelona 1974. 209 páginas. Ilustraciones de J. M. Bea.
LORMAN, José: Manuel Iradier Bulfy explorador del África negra. La Gaya Ciencia. Barcelona 1976. 149 páginas y 2 hojas. Ilustraciones de Lluís Laporta.
NOVOA, José Manuel: A través de la magia bubi. Por las selvas de Guinea. Edelvives. Zaragoca 1991. 119 páginas. Con fotografías del autor.
CLIMENT, Paco: El aprendiz de Stanley. Ediciones del Bronce. Barcelona 1999. 131 páginas.
                               Mi amigo Iradier. Edelvives. Zaragoza 2004. 158 páginas + 1 hoja.
LORMAN, Josep: El cofre del negrer. Editorial Cruïlla. Barcelona, 2000. 156 pág. Ilustraciones: Tha.
LORMAN, Josep: Pamue! Editorial Cruïlla. Barcelona 2000. 221 páginas. Ilustraciones de August Tharrats (Tha). En catalán.
BOIX, Armando: Aprendiz de marinero. Edebé. Barcelona 2000. 189 páginas. Ilustraciones de Jordi Vilá Delclòs.

   La primera aportación se debe a Gabarras en una colección llamada La vuelta al mundo. Eran unos libritos breves, con unos apreciables dibujos de Narmas, en los que había una intención pedagógica clara: se pretendía enseñar geografía universal a los niños mediantes historias desarrolladas en los diversos lugares del mundo. En el que nos ocupa la acción comienza en Villa Cisneros, sigue por las costas africanas y acaba en la colonia española donde se desarrollan las previsibles peripecias de selva, cacería, animales peligrosos y descripciones de indígenas y paisajes.

Ilustración de En las selvas de África

  Después de la independencia el autor que más novelas ha dedicado a Guinea española es Josep Lorman. Es un hombre que ha estado dedicado a la literatura, la edición y el cine y cuyos datos, tanto biográficos como bibliográficos, pueden consultarse en su página web: http://www.joseplorman.com. Sus primeras novelas las escribió en castellano para pasarse después al catalán. Comenzó en 1974 con un relato titulado Rumbo a Elobey en el que, además de demostrar conocimientos geográficos y de navegación a vela, ofrece una buena aproximación a la vida colonial en las islas españolas del golfo de Guinea (Corisco, Elobey) en 1900. La intriga está suficientemente elaborada como para atrapar al lector joven. Está características, que son también de sus otras novelas, hace que los relatos tengan los elementos suficientes para haberse convertido, si el autor lo hubiese deseado, en novelas para adultos. Esta novela la amplió posteriormente, publicándola sólo en catalán con el título de El cofre del negrer. El personaje principal, un muchacho llamado Marcos, tiene muchas similitudes con el Daniel de Pamue! El primero era grumete de un barco y el segundo, conocedor del territorio continental de la colonia, guía de la expedición. Pero Marcos se mueve en un mundo de marineros, de personajes de características muy marcadas que le dan perfecto contrapunto al joven aventurero. En Pamue! Daniel es el sentido común y la inteligencia frente a un militar español en una expedición que tiene por objeto rescatar a unos comerciantes perdidos en el bosque. En este caso el antagonista es un militar español bruto y prepotente. Es habitual que el personaje estúpido siempre sea el militar, es un tic repetido. En todo caso es una buena novela, con una nueva edición en 2010, y lamentamos, los que no somos catalanoparlantes y tenemos que hacer un gran esfuerzo por leer en catalán, que no se haya traducido al español. 

Su novela sobre Iradier no tiene la frescura ni la gracia de las otras porque se trata más bien de una biografía rellenada de datos históricos para situar al personaje. Demasiado fiel a los diarios del explorador vasco, no permite a Lorman desarrollar acciones más imaginativas.

   Esto le ocurre también a Paco Climent en su novela El aprendiz de Stanley. También muy fiel a los hechos históricos, narra las aventuras de Iradier desde su temprana afición a la exploración, pasando por su encuentro con Stanley y el consejo que le da éste para viajar al Muni y su viaje a la selva. El relato incorpora personajes que ayudan al joven a desentrañar los sucesos y a enmarcar la importancia de la aventura del protagonista. En 2004 aparecería una reescritura de esta novela con el título de Mi amigo Iradier.


   José Manuel Novoa es un periodista que ha trabajado mucho en Guinea y es autor de libros como Guinea Ecuatorial: Historia, costumbres y tradiciones (1984) e Iboga, la sociedad secreta del bueti (1989). Además es realizar de varios documentales y series de televisión. En su libro A través de la magia bubi apenas hay unas pocas referencias coloniales, se desarrolla después de la independencia y aproxima a una de las pasiones del autor, los ritos mágicos y religiosos de las sectas indígenas.

   Por último citaré a Armando Boix, autor de varias novelas y de muchos relatos cortos. Aprendiz de marinero recuerda algo  a Rumbo a Elobey porque el protagonista vuelve a ser un polizón en un barco de vela en el siglo XIX. Pero esta vez el rumbo es a Fernando Poo. El joven, en compañía de un tío suyo que vivía en la colonia, descubre el mundo nuevo de la isla africana, la reducida sociedad de europeos y el contacto con los pobladores bubis que el autor, seguramente por el público al que va dirigido el libro, dulcifica y adapta.