FERRER, Salvador: Uno de
tantos (Imprenta A. Porta. Barcelona 1930. 236 páginas + 2 hojas).
Uno de tantos es una novela
que se desarrolla en la zona occidental del Protectorado, en 1924. No es
exactamente una novela sobre el Desastre de Annual sino sobre sus
consecuencias. Está escrita por uno de los protagonistas, un soldado que vivió
los acontecimientos.
Rafael Marquina hizo la crítica del libro en el nº 88 (15 de agosto de
1930) de La Gaceta Literaria de
Madrid. Decía:
He aquí un buen libro sin arte. He
aquí un buen libro mal escrito. No sé hasta qué punto habrá deliberado
propósito o irremediable torpeza en el desaliño literario, en el desgastado
atuendo con que se nos ofrece este libro. Pero, desde luego, a su joven autor
no parece haberle preocupado de modo especial y dominante la literatura.
…tiene noblemente, implacablemente, el vigor generoso y humano de una
gran sensibilidad y el relieve inolvidable y profundo de una revelación
cumplida con fervor y con ansia de un racional resurgimiento de la conciencia
humana.
Estas palabras hay que ponerlas en relación con la advertencia que hace el autor al comienzo:
De esto deducimos que es un libro fruto de una amarga y fuerte
impresión, nacido de la crítica a la situación y tal vez del rencor por haberse
sentido utilizado para la guerra en la que no creía. Salvador Ferrer –en su alter
ego protagonista llamado Ricardo- era un soldado de cuota. Vivía su servicio
militar, a cambio de un pago hecho por el padre, cómodamente en su ciudad y
durmiendo en casa, estudiando la carrera. La caída de Annual obligó a llamar a
los cuotas para completar los regimientos llenos de bajas en los combates y a
Ricardo lo mandan a una de las posiciones establecidas en el camino de Xauen.
Es una novela típica de posición, con todo lo que ello conlleva: miedo,
hacinamiento, condiciones de vida, hambre y sed, muerte… Y es una novela de
venganza, un testimonio contra la mala suerte, contra la obligación de pelear
en una guerra que les resultaba tan ajena como inútil pero en la que podían
quedar para siempre como cadáveres del camino.
El autor tiene una escritura culta. No es un escritor de oficio pero
tampoco es un simple turista. Podría haber leído Sin novedad en el frente de Erich María Remarque, que se publicó en
español en 1929 con gran éxito. Hay un poso antibelicista, una rebeldía ante la
guerra de soldados de reemplazo. Pero, evidentemente, es una novela sin
armazón. Muchas reflexiones. Algo de lucha bélica. Bastante de la absurda vida
en el campamento. Pero le falta una acción principal más allá de las meras
descripciones. Y, sin embargo, como decía Rafael Marquina en su crítica, es un
relato de una sinceridad absoluta que muestra mejor que otras no solo la vida
de campaña sino el sentir del soldado en ella, sin que haya un exceso de
patriotismo que tape el sufrimiento ni el pudor pacato que oculta los hechos
menos heroicos. El soldado de cuota, por tener estudios, es mucho más crítico
con la situación que el desgraciado arrancado de la España rural. No soporta el
paso del tiempo con la muerte como amenaza cierta. Se va agotando la paciencia,
la resistencia. El cuota siente la ansiedad de la situación sin el conformismo
del que estaba acostumbrado a los pesares de la vida, las carencias y el
sufrimiento. Cada vez obedecían más a
regañadientes. Las maldiciones menudeaban entre las frases y al regresar de las
caminatas, mientras los labios se torcían, asustados de la maldición,
incitábanse unos a otros para decidirse, para iniciar su huelga de brazos
caídos (página 128). Al final, su condición le salva de los parapetos y
obtiene una plaza de cartero que lo lleva a Ben Karrich y Tetuán, lejos de la
bala perdida y el asalto.
En esta novela el enemigo es una sombra, apenas tiene protagonismo. Siendo la causa de la tragedia, permanece en un último plano como una amenaza que no se concreta. Un fondo de temor que apenas tiene participación. No era necesario para describir la angustia del combatiente, la ansiedad, el miedo depresivo.
No hay en la literatura española muchas novelas sobre el servicio
militar a pesar de ser una situación por la que han pasado casi todos los
hombres de varias generaciones. Éste es una de ellas aunque se trata de un
servicio en la guerra y no en la paz. Un libro del sentimiento del conscripto
más que cualquier otra cosa. Ha sido injusta
esta guerra, porque nos ha hecho enemigos de nosotros mismo. Los que como yo no
hemos tenido quien nos haya ayudado en las vicisitudes de esta campaña, hemos
pasado entre esta zona y la de Melilla treinta y seis meses (página 214).
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