miércoles, 15 de julio de 2026

NOVELAS DE LOS ESPAÑOLES EN ARGELIA (3): GENTES NUEVAS EN EL TELL de FÉLIX AYALA VIGUERA

 

AYALA VIGUERA, Félix: Gentes nuevas en el Tell (Ediciones Cronos. Zaragoza 1945. 333 páginas).

 


   La novela colonial francesa sobre Argelia es la verdadera novela colonial por varios motivos. Son novelas escritas por franceses de Argelia que hablan de los colonos y su modo de vida. Constituyó un subgénero y hubo algunos novelistas de calidad como Louis Bertrand, Robert Randau o los hermanos Tharaud. Era novelas costumbristas y, a la vez, un canto al esfuerzo de los franceses expatriados que ponían en valor las tierras casi abandonadas de los árabes. Es decir, unas obras que exaltaban los valores coloniales. En algunas de esas novelas se hablaba de los españoles que emigraron sobre todo al oeste de Argelia. Y no siempre bien porque la pretendida superioridad gala estaba por encima no solo de los árabes y bereberes sino también de malteses, italianos o españoles (que eran mayoría en las tierras del Oranesado y el Tell). Hay algunos ejemplos de ese desprecio que es mejor ignorar. Pero hubo españoles que colonizaron las regiones de Orán, Mostaganem o Sidi Bel Abbes, que luego fueron obligados a hacerse franceses por ley y que sufrieron las consecuencias de una dramática independencia. Esos emigrantes levantinos o murcianos empeñados en huir de la miseria y abrazar la prosperidad. Algo que María Dueñas ha hecho recientemente en Por si un día volvemos (2025), comentada aquí:

   Y hubo un novelista, el riojano Félix Ayala Viguera, nacido en 1908, que quiso reflejar esa epopeya a la manera de los franceses, pero dedicada a los españoles. Así escribió Gentes nuevas en el Tell, publicada en 1945 con dos ediciones de distintas portadas. Su intención es describir las peripecias de los españoles, su lucha contra el clima, la tierra dura, los árabes y los franceses: Los franceses que quisieron colonizar no pudieron luchar contra el clima, y sus columnas de emigrados se iban replegando hacia lo que ya empezaban a ser ciudades comerciales, mientras que las tierras de África, los poblados, se iban quedando en manos de los españoles y se obtenían concesiones de tierras a poca costa (p. 72). Podría escribir como Sartre: el infierno son los otros. Pero la novela, que comienza en esa línea de canto al esfuerzo de los colonos, pierde la línea inicial para centrarse más en las relaciones personales, incluso rozando el folletín.



   Hay muchos detalles de la vida colonial y de las peripecias de los españoles en la Argelia francesa, pero no llega a componer una visión general de esa vida. Son detalles, apuntes, noticias que seguramente concordaban con la realidad y que tal vez el autor escuchara de emigrantes o familiares. Fue una primera visión de estas situaciones que se desarrollaron desde mediados del siglo XIX hasta la independencia de Argelia. El autor desaprovecha las cualidades dramáticas de algunas situaciones sobre las que pasa descriptivamente despreciando la posible tensión. Pero tiene habilidad para situar el final en los sucesos históricos de Saida.

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