AYALA VIGUERA, Félix: Gentes
nuevas en el Tell (Ediciones Cronos. Zaragoza 1945. 333 páginas).
La novela colonial francesa sobre Argelia es la verdadera novela
colonial por varios motivos. Son novelas escritas por franceses de Argelia que
hablan de los colonos y su modo de vida. Constituyó un subgénero y hubo algunos
novelistas de calidad como Louis Bertrand, Robert Randau o los hermanos
Tharaud. Era novelas costumbristas y, a la vez, un canto al esfuerzo de los
franceses expatriados que ponían en valor las tierras casi abandonadas de los
árabes. Es decir, unas obras que exaltaban los valores coloniales. En algunas
de esas novelas se hablaba de los españoles que emigraron sobre todo al oeste
de Argelia. Y no siempre bien porque la pretendida superioridad gala estaba por
encima no solo de los árabes y bereberes sino también de malteses, italianos o
españoles (que eran mayoría en las tierras del Oranesado y el Tell). Hay
algunos ejemplos de ese desprecio que es mejor ignorar. Pero hubo españoles que
colonizaron las regiones de Orán, Mostaganem o Sidi Bel Abbes, que luego fueron
obligados a hacerse franceses por ley y que sufrieron las consecuencias de una
dramática independencia. Esos emigrantes levantinos o murcianos empeñados en
huir de la miseria y abrazar la prosperidad. Algo que María Dueñas ha hecho
recientemente en Por si un día volvemos (2025), comentada aquí:
Y hubo un novelista, el riojano Félix Ayala Viguera, nacido en 1908, que
quiso reflejar esa epopeya a la manera de los franceses, pero dedicada a los
españoles. Así escribió Gentes nuevas en el Tell, publicada en 1945 con
dos ediciones de distintas portadas. Su intención es describir las peripecias
de los españoles, su lucha contra el clima, la tierra dura, los árabes y los
franceses: Los franceses que quisieron colonizar no pudieron luchar contra
el clima, y sus columnas de emigrados se iban replegando hacia lo que ya
empezaban a ser ciudades comerciales, mientras que las tierras de África, los
poblados, se iban quedando en manos de los españoles y se obtenían concesiones
de tierras a poca costa (p. 72). Podría escribir como Sartre: el
infierno son los otros. Pero la novela, que comienza en esa línea de canto
al esfuerzo de los colonos, pierde la línea inicial para centrarse más en las
relaciones personales, incluso rozando el folletín.
Hay muchos detalles de la vida colonial y de las peripecias de los
españoles en la Argelia francesa, pero no llega a componer una visión general
de esa vida. Son detalles, apuntes, noticias que seguramente concordaban con la
realidad y que tal vez el autor escuchara de emigrantes o familiares. Fue una
primera visión de estas situaciones que se desarrollaron desde mediados del
siglo XIX hasta la independencia de Argelia. El autor desaprovecha las
cualidades dramáticas de algunas situaciones sobre las que pasa
descriptivamente despreciando la posible tensión. Pero tiene habilidad para
situar el final en los sucesos históricos de Saida.


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