viernes, 4 de julio de 2014

VISIONES FEMENINAS DEL ÁFRICA ESPAÑOLA (II): TEBIB de ROSA MARÍA ARANDA y ZOCO GRANDE de CARMEN NONELL

ARANDA, Rosa María: Tebib (Artes Gráficas Berdejo Cabañal. Zaragoza 1945. 244 páginas. Portada de Bayo).
NONELL, Carmen: Zoco grande (Editorial Colenda. Madrid 1956. 294 páginas).
   Hay dos novelistas españolas que dedicaron algunas páginas a Marruecos y que presentan algunas características comunes. No son novelistas rosas aunque se aproximan a la novela popular femenina. Tiene una manera de ver la vida más liberal sin que estén fuera de los cánones de moral y costumbres de la España de la época. Y plantean algunos argumentos que resultaría tabúes para la novela femenina usual. En sus relatos la mujer aporta la sensatez y la capacidad de regeneración que le faltan a unos hombres egoístas y con una ambición maligna. Sus protagonistas formaban parte de una nueva generación de mujeres que tenían cierta independencia, trabajaban pero que, al final, siempre estaban supeditadas al matrimonio. Tal vez por ello, su búsqueda de la felicidad estaba condicionada y las volvía frágiles. Nonell describía a su personaje protagonista: Era una muchacha independiente, a la que un temprano desengaño amoroso, sin demasiadas raíces, había vuelto escéptica e indiferente, tal vez porque la costumbre de la camaradería asexuada de sus compañeros y experimentada en los ejemplos de sus amigas casadas había llegado a la conclusión de que el hombre español  no está hecho para la igualdad y el compañerismo con la mujer propia. Y ella, con su capacidad, con su personalidad consciente y definida, no podía aceptar la injusticia de ser un objeto de posesión (página 14).
   Rosa María Aranda es una autora nacida en Zaragoza en 1920 y muerta en 2005. Los datos biográficos pueden verse en la página de Javier Ortega: http://escritoras-aragonesas.blogia.com/2006/120603-rosa-maria-aranda-vista-por-javier-ortega.php o en la de Antón Castro: http://antoncastro.blogia.com/2005/101201-acta-de-un-encuentro-con-rosa-maria-aranda-.php  .  De estas notas se deduce que no era una mujer convencional sino que tuvo contactos artísticos y actividades deportivas desde muy joven. Publicó algunas novelas en colecciones femeninas de postguerra aunque luego evolucionara hacia otras temáticas.  A Marruecos dedicó la novela Tebib. Aunque la autora no vivió en Marruecos, es posible que su marido –militar de profesión- le contara algo sobre la vida de los españoles en el Rif. La originalidad del relato, y en esto es una verdadera pionera, resulta de su voluntad de hablar de la vida civil en el Protectorado, sin guerras coloniales ni militares en campaña.




Dibujo de Aranda publicado en el diario ABC de Madrid el 19 de mayo de 1946

   Aranda escribe una novela de ideales en la que contrapone a dos personajes que representan dos posturas antagónicas ante la vida. Ambos son médicos del Servicio de Intervenciones que desarrollan su profesión en el Rif Centra, en Ketama y alrededores. Uno de ellos ha tenido que dejar su próspera consulta de Madrid, en la que practicaba abortos clandestinos, y llega a Marruecos esperando que su falta se olvide y pueda volver a la ciudad que añora. No le gusta ejercer en las kabilas, se aburre extraordinariamente y cae en el alcohol. El otro médico está allí por un ideal humanitario. Pronto chocan los dos. Pero, como era normal en la mentalidad de la época, el bien vence al mal. Marruecos era tierra de redención en la épica colonial y para ello no será ajena la intervención femenina.

   Carmen Nonell es una escritora y periodista nacida en 1913 en Barcelona. Novelista que gozó de reconocimiento en los años 40 y 50 del siglo pasado, es además ensayista y autora de libros de literatura juvenil. Huye de la simple literatura femenina de la época y aborda temas más complejos, más arriesgados y más valientes en sus planteamientos, pero sin llegar a romper la moralidad al uso en la sociedad española. Si lo hubiera hecho, no habría podido editar. En 1954 ganó el premio Fémina con la novela Zoco grande. Era un premio creado por la pequeña editorial Colenda de Madrid, para llenar un hueco en el mundo boyante de los premios literarios. Se exigía que las novelas fueran escritas por mujeres y tuvieran un contenido femenino. Las novelas premiadas las publicaba la editorial en su colección Grandes novelistas de nuestro tiempo.
Noticia en el diario ABC de Madrid de 10 de mayo de 1965


   En Zoco Grande se asoma a Tánger e integra los elementos típicos de la novelística de la ciudad: cosmopolitismo, mezcla de razas, el submundo del contrabando, el exotismo de un lugar realmente distinto del resto del país por su carácter internacional, etc. En la novela Nonell se atreve a plantear un tema aún tabú en la época, el posible matrimonio entre una mujer española y un hombre musulmán. No era algo infrecuente en el Protectorado pero solía darse entre mujeres de clases bajas o trabajadoras nunca en la burguesía. Se  caía en un problema religioso más que racial: … los españoles somos así. Estamos tan seguros de nuestro catolicismo, tratamos a Dios con tanta confianza, que hemos acabado por convencernos de que somos los únicos que podemos interpretar su pensamiento (páginas 174-175). Frente a la oposición familia, a la mujer sólo le cabía la rebeldía o el desistimiento. La protagonista opta inicialmente por la rebeldía. Pero la autora ahonda en el conflicto que se va a convertir en el eje de la segunda parte de la novela. La familia musulmana del novio también se opone: … los europeos, que desprecian nuestra cultura y la llaman anacrónica y retrasada, nos reprocharían este prejuicio como un atraso más. Pero ¿en qué fundamentan, entonces, el suyo? Ya ves que es algo por encima de culturas y de ideas (página 182). Pero la autora buscó una salida convencional y no se atrevió a romper moldes, quizás porque la situación novelada no se daba todavía en la sociedad de la época. Es una novela amena de trama fácil y salidas sin complicaciones.

miércoles, 25 de junio de 2014

LAS NOVELAS DE LOS PIONEROS DE MELILLA: MELILLA LA CODICIADA de JUAN BERENGUER y LA HIJA DE MARTE de FRANCISCO CARCAÑO

BERENGUER: Juan: Melilla la codiciada: los buscadores del  pan. (Imprenta de Zoila Ascasíbar. Madrid 1930. 294 páginas. Portada de José María Burgos; Ciudad Autónoma. Melilla 1989 (2ª edición 1997. 255 páginas y cuadernillo fotográfico. Apunte biográfico de Aida y José Berenguer Díaz. Notas introductorias de Francisco Saro Gandarillas. Estudio preliminar y edición de Vicente Moga Romero).
CARCAÑO MÁS, Francisco: La hija de Marte (Renacimiento. Málaga 1930.311 páginas. Prólogo de José María Acosta; Biblioteca Pública. Melilla 1988. LXXXVIII + 298 páginas. Edición de Vicente Moga Romero y notas introductorias de Francisco Saro Gandarillas; La Biblioteca de Melilla. Ciudad Autónoma. Melilla 1997. 349 páginas. Edición de Vicente Moga Romero. Notas introductorias de Francisco Saro Gandarillas)
  Hay una épica colonial civil muy al gusto de determinados novelistas franceses en Argelia. Se trata de ensalzar el esfuerzo de los primeros colonos que llegaron a explotar las tierras o abrir pequeños comercios o industrias artesanales. Los novelistas consideran a éstos expatriados como el germen del desarrollo colonial, el sentido verdadero de la aventura colonial y el resumen de la puesta en valor del territorio. Claro ejemplo de estos son Les colons (1907) y Les algérianistes (1911) de Robert Randau, Le miracle de la race (1914) de Marius-Ary Leblond o  Le roman de la conquête (1930) de Louis Bertarnd. Pues bien, en las novelas que comentamos a continuación hay un espíritu parecido aunque no profundizan mucho en este sentimiento.




   









   Juan Berenguer Rodríguez fue un maestro y periodista nacido en Córdoba en 1899 y muerto en Badajoz en 1936. Había estudiado Magisterio en la ciudad extremeña y allí publicó Flores Perversas (1919). Pero se dedicó al periodismo en Melilla –a donde llegó como tantos otros para hacer el servicio militar-, Madrid o Badajoz. Más tarde una crónica de la guerra: El camino de Alhucemas (Melilla 1923).   Su sensibilidad social le llevó a publicar El ejército es el pueblo, nuestras glorias por los campos de África (Melilla 1925?). Al iniciarse la guerra civil, fue apresado en Sevilla, donde ejercía de maestro, y fusilado. Una muerte absurda de las tantas que hubo. No había militado en ningún partido, y a pesar de sus simpatías izquierdistas, tampoco tuvo una especial significación en el conflicto. En 1930 publicó Melilla la codiciada, un fresco de la ciudad en 1921, en plena campaña guerrera que culminaría con la rota de Annual, la época en la que la ciudad hispanoafricana seguí su expansión iniciada en 1909. Allí llegaban los buscadores del pan, gente de toda ralea que trataban de ganarse la vida según su criterio, unos honrados y otros no. Y llegaban algunos padres que buscaban a los hijos desaparecidos en el frente. Este panorama da una imagen de primera mano y bastante cercana a la realidad de lo que fue la vida en la localidad.


   En la novela se refiere a los dos caminos. La vida de los esforzados y honrados trabajadores que ven culminada con éxito la empresa y el mundo sucio de los vividores, de la corrupción y el ventajismo que parece imponerse sobre los otros. La moraleja del autor está clara y la crítica a la España que permití injusticias sin fin también. La novela es desigual, las diferentes intrigas se mezclan con desigual fortuna. Algunos personajes aparecen muy bien dibujados, otros sólo son bocetos. Nos falta también conocer las claves de algunos de esos personajes y de alguna de las situaciones que, sin duda, están basadas más o menos aproximadas en hechos que sucedieron.


   Francisco Carcaño Mas fue un militar nacido en Torrevieja en 1886 y muerto al empezar la Guerra Civil en Mahón a manos de los republicanos. Durante algún tiempo, como correspondía a los militares de la época, tuvo destino en Marruecos y conoció la ciudad de Melilla tanto por su profesión y destino como por ser la ciudad de residencia familiar. Le gustaba escribir y colaboraba en El Telegrama del Rif, además de publicar algún ensayo colonialista como Labor civilizadora de España en Marruecos: medios de fomentar el turismo en las poblaciones del norte de África (Melilla 1929). Las crónicas Melilla: Rifeñerías (1920) y Las plazas menores de África (1921). Y obras de ficción de modesta calidad literaria tales como las novelas cortas Hieles heroicas e Intacta (ambas de Melilla 1926) o la comedia Proyectos de bodas (Melilla 1928) y, sobre todo, la novela La hija de Marte (Málaga 1930). Ésta última no es una gran novela, se trata más bien de apuntes costumbristas sobre la ciudad que se expandía y albergaba a gentes de aluvión, singulares, diversas. Un relato ensimismado en el que el protagonista discurre con monotonía y cotidianeidad hasta un exagerado secuestro que pone esta novela en relación con los exotistas del siglo XIX. Las notas sobre la vida en la ciudad, que no son muchas, es lo más interesante ya que los personajes son estereotipos dibujados con poca profundidad.
Francisco Carcaño Más
   Ambas novelas tuvieron ediciones en los años ochenta y noventa del siglo XX en Melilla con nuevas aportaciones de Moga Romero y Saro Gandarillas que son autores solventes y garantizados tratándose de historia de la ciudad.







lunes, 9 de junio de 2014

NOSTALGIAS COLONIALES (5): I DEMÀ EL PARADÍS de ANTONI VIVES

VIVES, Antoni: I demà, el paradis (RBA-LA MAGRANA. Barcelona 2014. 394 páginas).
   Hay una vitalidad en la literatura en catalán envidiable.  Y el tema guineano también es aprovechado. Es cierto que en la Guinea española habitaron cientos de catalanes y esto ha dejado una memoria familiar que es aprovechable. También hay un buen plantel de historiadores catalanes que investigan sobre la colonia guineana, incluso para mencionar sólo lo más oscuro de la etapa española como el nacionalista Gustau Nerin. Y en el caso de narrativa podemos encontrar muestras importantes.
   Uno de los autores que han aprovechado Guinea para argumentar su historia es Antoni Vives. Escritor prolífico y político nacionalista. He de reconocer que me cuesta mucho esfuerzo leer en catalán y que posiblemente se me escapen detalles importantes. Pienso que Vives escribe bien y ha publicado una novela atractiva. Echo de menos una traducción.

   En I demà, el paradis está escrita en dos escenarios distantes. Por un lado el ambiente de Cadaqués, entre el costumbrismo y la novedad de la llegada de artistas, entre la vida cotidiana y sus interrupciones extraordinarias. Por otro lado, y es el que nos interesa en este blog, la vida de unos colonos catalanes en Fernando Poo y, en general, el ambiente colonial de la época. Alguno soñó que Guinea era un paraíso aunque la realidad lo desmiente. El autor opta por criticar los excesos coloniales, el abuso, la dominación. No parece que haya conocido de primera mano la situación, se basa más bien en testimonios leídos o escuchados. Por eso no se detiene tanto en la descripción como en los sentimientos de los personajes. Actualmente el novelista huye de las descripciones exóticas o domésticas que tanto gustaba en la literatura  decimonónica; es lógico porque cualquier imagen obtenida en internet coloca al lector en el lugar de la narración mejor que la más exquisita escritura. Pero lo que no logra la imagen es hacer llegar la creíble relación entre los personajes en ese lugar. Creo que ese es el esfuerzo fundamental de un escritor que trata de recrear un tiempo pasado en un lugar que ya no existe. Pero esto no le impide buscar la belleza de las palabras.

   Volviendo a Vives. La parte guineana de su novela es una destrucción del mito del paraíso colonial (se entiende que para los colonos). La fidelidad histórica es relativa. Es posible que los colonos no tuvieran la mentalidad tan abierta que nos ofrece Vives de algunos de sus personajes, pero la intención del autor necesita de estas licencias. Això no és el paradís terrenal, nena, no per a tothom! I tu no ets l’angel de la guarda de ningú. És el mon, el mon de debó, amb persones a sobre i persones a sota! Com a tot arreu, collons! (p. 145). Los colonos no han creado las desigualdades, se aprovechan de ellas pero tenían la conciencia de que iban mejorando poco a poco la vida de los africanos y que en sus relaciones de dominio no había maldad. Quien no entraba en esa categoría, como la protagonista que sufrí por lo que veía y por lo que vivía en su relación personal, no estaba en el paraíso: Una cosa és escapar de l’illa, que sempre hi ets a temps, L’altra és pensar que ho pots fer sense fugir. Això mai, amiga meva… (p. 158). 

   Una novela polémica que seguramente no gustará a los antiguos residentes.

martes, 3 de junio de 2014

MARRUECOS EN LAS NOVELAS LEGIONARIAS (2): : BARCALA LEGIONARIO de ROQUE SANZ

SANZ, Roque: Barcala legionario (Imprenta de Juan Pueyo. Madrid 1922. 80 páginas).



   Aprovechando la actualidad de los sucesos del Rif, Roque Sanz publicó una novelita legionaria con todos los ingredientes típicos de este género. Tras el desastre, los jóvenes de cuota son obligados a acudir a la guerra. Y algunos señoritos se alistaban en el Tercio por aventura, por patriotismo o por desesperación.  La historia de uno de ellos, periodista, es el argumento del relato en cuestión. El legionario Barcala, después de largas despedidas llega a Ceuta y Dar Riffien. No tiene nada de destacable el desarrollo de la acción. Pinceladas de la vida en el campamento y de las acciones de guerra entre Ceuta, Larache y Beni Arós. Una novela oportunista sin especial interés.

miércoles, 21 de mayo de 2014

LA LEGIÓN EN EL SÁHARA: EL LEGIONARIO de AURELIO RAFAEL MUÑOZ RIVAS

MUÑOZ RIVAS, Aurelio Rafael: El legionario (Ed. Alhulia. Salobreña 2011. 116 páginas).




   El escritor, empresario en el siglo, redacta un relato breve sobre peripecias legionarias en Ifni. Es una novela legionaria más, pero con matices porque toda novela tiene su signo de distinción. El autor en el prólogo nos advierte de que está inspirado en su primo Manolo, y dice: Sentí el deseo de escribir “El Legionario”, posiblemente inducido por el difunto Manolo que me ha permitido inspirarme en forma de denuncia pública, de las atrocidades que posiblemente tuvo que vivir acompañado de otros en el Sáhara español. El relato, que se adorna de cierta sordidez, es el flash back de un antiguo legionario convertido en gerente de prostíbulo. Su difícil infancia lo levó al cuartel de La Legión en el Sahara española donde conoció la dureza de la vida de combate en los último 60 y primeros 70 del siglo XX. Es la parte silenciada de la historia española en el desierto. Los ataques de bandas pro marroquíes, el nacimiento de nacionalismo saharaui y la aparición del Polisario. Pero para un legionario era sólo una sucesión de emboscadas, asaltos, luchas desiguales y alerta continua. Hay un canto al compañerismo, al sacrificio. Pero también resalta la amargura de esfuerzos vanos, de abandonos indecentes y de empresas estériles. La novela es una narración intimista, un esfuerzo introspectivo de sinceridad de un legionario que sólo conocía su obligación de luchar.
El Aaiún

martes, 13 de mayo de 2014

LAS NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (2): LA COLINA AMARILLA de ANTONIO ZAMORA y ANNUAL, UN CEMENTERIO SIN TUMBAS de LUIS MIGUEL GUERRA

ZAMORA, Antonio: La colina amarilla (Editorial Hipalage. Osuna 2010. 259 páginas + 1 hoja).
GUERRA, Luis Miguel: Annual. Un cementerio sin tumbas (Edhasa. Barcelona 2014. 446 páginas).         


   El ciclo de Annual es inagotable, la narrativa hispana rebusca entre lo sucedido de tal modo que no habrá campamento, posición o blocao que no tenga su novela. Ya he dicho que el argumento está casi agotado y que hay que ser muy innovador o muy imaginativo para poder ofrecer algo distinto sobre los episodios que vivió el ejército español en Marruecos alrededor de 1921. Esto no significa que la novelas que incidan sobre estos hechos sean malas o aburridas, sólo significa que tiene más difícil el conseguir la originalidad. Podemos asistir, en su caso, a una literatura para especialistas en las guerras africanas.
   Antonio Zamora presenta una historia de perdedor en campaña. Es frecuente describir al soldado español en Marruecos como un desgraciado que es condenado a los puestos más peligrosos de la primera línea del frente, donde comprende la magnitud del sacrificio y la muerte, la falta de medios y la desigualdad en el reparto de las cargas sociales. Es una novela militar de blocao, de guerra y de muerte. Es una lectura entretenida pero no añade nada original a la larga serie de relatos sobre el asunto.

   Como Zamora, Guerra también contrapone los hechos de guerra con apuntes sobre la existencia de los soldados antes de ser soldados. Es la manera de incidir en el origen humilde, a veces miserable, de la carne de cañón. No le faltan conocimientos históricos a este profesor de Instituto, ni maneras para narrar manteniendo el interés en la intriga. Es un autor de novela histórica al gusto actual: Reconstrucción fidedigna junto con una sucesión de peripecias ficticias que hacen que la intriga no decaiga. Presenta como nota diferenciadora una visión de la ciudad de Melilla en plena expansión a través de las conversaciones de uno de los protagonistas arquitecto con el también arquitecto Enrique Nieto y un duro dibujo de la corrupción militar de la época en las conversaciones que mantiene con su hermano capitán y que dan lugar a una trama paralela. Usa la conjunción de dos novelas en una: Annual Un cementerio sin tumbas es una espléndida narración de los hechos que sucedieron en el verano de 1921, ágil y ajustada, con personajes bien trazados y diálogos creíbles. Pero por eso mismo es una novela-reportaje más adecuada para lectores que no conocen los sucesos que para aquéllos familiarizados con la rota de Annual. En este supuesto, esta novela es una muy buena manera de acercarse a los sucesos de Marruecos. Sin embargo, la segunda novela siamesa es un thriller que comienza con una acción muy rápida, muy dialogada, y que mantiene una tensión interesante pero con un final simple porque el autor, en su modo de unir los dos argumentos tras llegar a Monte Arruit, hace prevalecer lo histórico sobre lo ficticio y eso le sujeta como un corsé en su libertad narrativa.


   Las novelas sobre la guerra de Marruecos, desde las primeras cronológicamente, se dividen en las que ponen el acento en el patriotismo, es decir el sacrificio desinteresado de unos hombres por el bien común nacional,  y las que prefieren resaltar los aspectos negativos de corrupción, negocios sucios, desigualdad en el trato e injusticia que sufrían los pobres conscriptos españoles en la campaña. Guerra tiende a la segunda categoría. 

martes, 29 de abril de 2014

LOS PRIMEROS NOVELISTAS GUINEANOS: LEONCIO EVITA y DANIEL JONES MATHAMA

EVITA, Leoncio: Cuando los combes luchaban (CSIC-IDEA. Madrid 1953. 101 páginas. Introducción de Carlos González Echegaray. Dibujos del autor; AECI. Madrid 1996. 124 páginas. Estudios introductorios de Carlos González Echegaray, Augusto Iyanga Pendi y Donato Ndongo-Bidyogo; SIAL. Madrid 2016. 104 páginas. Prólogo de Augusto Iyanga Pendi. Edición e introducción de José ramon Trujillo).
JONES MATHAMA, Daniel: Una lanza por el Boabí (Tip. Cat. Casals S. L. Barcelona 1962. 310 páginas).
   Los primeros guineanos que vieron publicada una novela merecen un comentario. En ellos concurría la doble condición de guineanos y de españoles, ya que nacieron en la etapa colonial. Y dieron a la luz dos libros escritos en español ya que sus idiomas maternos eran ágrafos. Tiene la importancia de ser pioneros en una literatura nacional que hoy se va desarrollando convenientemente.
   El primero de ellos fue Leoncio Evita, nacido en 1929 cerca de Bata y muerto en 1996. Fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Bata dadas sus condiciones para el dibujo. Empezó colaborando en la revista Poto-Poto. Durante algún tiempo residió en Camerún. Y su afición por la lectura y escritura le llevó a inaugurar la novela guineoecuatoriana en español. Es un personaje controvertido. Unos lo ven como el claro ejemplo de aculturización, de demostración de que el colono destruyó la cultura local. Tal vez como un ejemplo de dominio colonial perfecto o de sometimiento voluntario. Otros entienden que es ejemplo de superación cultural, de asimilación de nuevos modos de conocimiento, entre ellos el uso de la escritura, de progreso o evolución desde su tradición (algo viejo desde los romanos). En este segundo aspecto se encuadra el prologo a la 1ª edición de Carlos González Echegaray que fue seguramente el que corrigió ortográfica y sintacticamente el manuscrito originario. En la novela leemos: “Los blancos –decía en varias ocasiones- han sido enviados por Rambé (Dios) para que nos traigan civilización”, palabras que algunas veces fueron mal consideradas, especialmente por su consejero. Los cierto es que, aunque el salvaje no sabía atribuir a los blancos la precisa calificación, éstos, a pesar de su interés por traficar, habían traído la más sana intención de civilizar (página 43 de la 2ª edición). Hoy ningún africano escribiría así, y muy pocos europeos. Es inevitable hablar de estas contradicciones cuando se trata de colonización.



   Se trata de un relato ingenuo pero que tiene el interés de revelar algunos datos sobre la vida de los ndowés a finales del siglo XIX, cuando empezaban a aparecer los primeros blancos y cuando los primeros fang llegaban a la costa continental. El autor era católico y la influencia de los misioneros españoles se nota en la visión que da de los protestantes y de las sectas tradicionales, los bwetí, que eran mucho más inofensivas de lo que señala aunque siempre quede la sospecha de canibalismo, y en el entusiasmo que demuestras por la presencia española. Los aspectos relativos a la vida en el bosque, los peligros de la selva y la descripción costumbrista de sus habitantes resultan todavía atractivos.
Dibujo de Leoncio Evita para su novela
    El fernandino Jones escribió una novela más larga, tal vez demasiado. Pero no fue una empresa de los colonos para mostrar el progreso de los indígenas sino que fue publicada modestamente en Barcelona por el autor. Es mejor escritor que Evita y tiene algunos puntos en común con él. En primer lugar, la época en que se desarrollan los hechos, a finales del siglo XIX y principios del XX. En segundo lugar, el ambiente de guineanos integrados en la nueva sociedad colonial (todavía incipiente) a través de la influencia de los misioneros católicos y protestantes. En tercer lugar, la aceptación de ambos autores de la nueva sociedad y de sus enseñanzas. No se muestran rebeldes al poder colonial sino agradecidos a lo que les aportaron. Los misioneros católicos y protestantes, escribía Jones, cumplían su cometido de buena fe y acertado criterio (página 24). Quizás ahora se prefiera al africano rebelde contra los colonos y crítico absolutamente con todo lo que llevaron los europeos, incluido lo que les aprovecha. Se sospecha de la sinceridad de estos sentimientos. Pero el autor se justifica: ¿Acaso existe alguna nación europea que no haya sido oprimida o no haya estado bajo la tutela de otra nación más poderosa? ¿No ha sacado gran provecho de aquella opresión? (página 48). Es admitir que el progreso requiere imposición dolorosa. Y en cuarto lugar, ambas novelas describen un ambiente que podríamos llamar de costumbrismo indígena que nos da muchas pistas de cómo era la vida en ese lugar y esa época. Hay muy pocas fuentes directas sobre la vida en Guinea en esos años y estas aportaciones, aunque sean dentro de novelas, son  de gran valor.


   Jones, perteneciente a la élite fernandina, narra sobre los bubis con un cierto alejamiento, como si no fueran iguales y como si se sintiera más próximo a los misioneros blancos. Los fernandinos no eran indígenas de Guinea sino descendientes de esclavos liberados por la marina británica o de hombres libres de color establecidos en la isla de Fernando Poo. Su modo de vida estaba más occidentalizado y su nivel económico era alto. Solían hablar español e inglés y eran emancipados, es decir que tenían la plena capacidad jurídica en contraposición con los bubis. Jones acepta la influencia europea para subir el nivel cultural y para terminar con situaciones de dominio basadas en la magia o la superstición. En su novela hay mucho de esto aunque no renuncie a la sabiduría tradicional. Hay una crítica a la posición machista secular del africano. La novela plantea, en su escenario de San Carlos, el choque entre dos modos de vida y la atracción que para los bubis ofrecía la nueva ciudad de Santa Isabel y, en menor medida, San Carlos.

martes, 22 de abril de 2014

CUENTOS DE IFNI de ÁNGEL DOMENECH LAFUENTE

   El territorio de Ifni fue la colonia más rara de las que España tuvo en África. Respondía a una vieja reivindicación secular, alegando que hubo una fortaleza castellana perteneciente a los señores canarios en un lugar llamado Santa Cruz de Mar Pequeña, en el siglo XVI, desde donde se dirigían correrías contra las tribus locales y se comerciaba con algunos productos. Nunca se supo exactamente el sitio de su localización. En el tratado de paz de 1860 que puso fin a la guerra contra Marruecos, el sultán reconoció el derecho español a una posesión en la costa occidental del sur del imperio. Pero nunca estuvo Marruecos muy dispuesto al cumplimiento de la cláusula ni Francia a que se España se le adelantara en el dominio de Marruecos. Se fue dejando hasta bien entrado en siglo XX. Hubo un primer intento del coronel Bens desde el gobierno de Río de Oro, frustrado por el gobierno español, y por fin en 1934 el coronel Capaz tomó posesión de la región tras el pacto con los líderes locales. Tras la independencia de Marruecos en 1956, el territorio y el Sahara español fueron objeto de  los ataques de tropas irregulares de obediencia marroquí. El territorio de Ifni, en el que los españoles sólo tenían algunos puestos militares sin importancia, se abandonó y sólo se conservo la capital Sidi-Ifni hasta la retirada definitiva en 1969. Se puede decir que fue una colonia militar, una gran base militar en el hinterland transmarino de las islas Canarias. Poca historia tiene esta colonia. Mucha población militar flotante y algunos civiles que les daban servicios.
   Precisamente por su carácter militar, el territorio dio muy poca literatura. Sólo el episodio de la guerra de 1957 tiene abundante bibliografía. No obstante, existen algunos ejemplos de libros sobre Ifni. Desde el estudio Memoria sobre la ubicación de Santa Cruz de Mar Pequeña en la costa noroeste de África (1878) de Pelayo Alcalá Galiano, que tuvo una cierta continuación en el folleto Isla de Peregil y Santa Cruz de Mar Pequeña (1908) de García Pérez. En la Biblioteca Digital se puede encontrar de texto de Beltrán y Rózpide de 1927, El territorio español de Ifní: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000108443&page=1. Algunos estudios geográficos como La exploración de Ifni (1945) de Eduardo Hernández Pacheco o Notas sobre geografía humana de los territorios de Ifni y Sáhara (1945) de Galo Bullón. Tesis como Estudios para una antropología del territorio de Ifni (1946) de Antonio Linares Maza. Libros de viajes como Ifni-Smara (1935) de J. Antonio López Garro o De Ifni a Cabo Blanco (1949) de Luis Diego Cuscoy. Pasando por el clásico de García Figueras Santa Cruz de Mar Pequeña Ifni-Sáhara (1941). O los artículos publicados por Chaves Nogales sobre la ocupación del territorio por el coronel Capaz y recientemente publicados con el título de Ifni, La última aventura colonial española (2012).







   Ángel Domenech Lafuente fue un militar africanista ilustrado. Fue Delegado de Asuntos Indígenas en la Alta Comisaría de España en Marruecos. Fruto de esa etapa son sus libros  El habt. Notas sobre la Garbía (Ceuta 1935) que fue la conferencia que dio en el Curso de perfeccionamiento de interventores de ese año, Apuntes sobre geografía de la zona norte del Protectorado de España en Marruecos (Ceuta 1940) libro que sirvió para preparar las oposiciones al Cuerpo General Administrativo del Protectorado, Un oficial entre moros (Larache 1948) o Del islam (Madrid 1950). Después pasó a Ifni como Secretario General del Gobierno del África Occidental Española y también contribuyó a la literatura africanista del territorio con libros como Algo sobre Río de Oro (Madrid 1946), Del territorio de Ifni (Madrid 1946) y Cuentos de Ifni (Tetuán 1953). Es autor también de muchos artículos en las revistas africanistas de la época en las que recogió sus impresiones sobre etnografía, folklore o costumbres de los territorios en los que sirvió como oficial.




   Cuentos de Ifni no es un libro de ficción original, sino una recopilación de cuentos tradicionales que el autor escuchó de sus colaboradores y de algunas personas a las que conoció. Recopilación de 49 cuentos y siete poesías que dividió en varias secciones: Cuentos de animales, cuentos graciosos, cuentos ¿orientales?, cuentos maravillosos y cuentos hagiográficos. Algunos los había publicado ya en revistas. Para tener un valor etnográfico mayor le faltan algunas referencias sobre el lugar dónde los escuchó, las variaciones que pudieran existir, etc.


   En todo caso, es un buen ejemplo de interés por los pueblos del sur de Marruecos en la mitad del siglo XX. Como señala en una de las canciones recopiladas, el dotado de inteligencia no necesita que se le expliquen las palabras.

jueves, 10 de abril de 2014

LAS NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (1): CARNE DE GALLINA DE LUIS DE LOS LLANOS ÁVAREZ y EL MORISCO DE ANNUAL de JOSÉ JIMÉNEZ GÓMEZ-CHOSLY.

DE LOS LLANOS ÁLVAREZ, Luis: Carne de gallina (Editorial De Librum Tremens. Madrid 2012. 435 páginas).
JIMÉNEZ GÓMEZ-CHOSLY, José: El morisco de Annual (GEEPP Ediciones. Melilla 2013. 371 páginas y 1 hoja).
   Y
a he dedicado en este blog varias entradas a novelas sobre el desastre de Annual y, en general, la campaña de 1921 a 1927. Pero siguen apareciendo novedades con esta temática por lo que he decidió agruparlas, junto a otras novelas publicadas desde la fecha de los hechos, en una categoría que englobe este ciclo narrativo que se va haciendo tan extenso.
   Luis de los Llanos ha escrito una novela desigual pero interesante. Con una técnica usual en la novela histórica, sitúa a los personajes en el contexto español, europeo y marroquí que va desde 1909 a 1927. En su mayor parte se trata de una novela sobre el Marruecos español, pero no es necesariamente una novela bélica puesto que los personajes deambulan por otros cometidos. Es desigual porque el autor se empeña en explicar la historia, lo que ocurrió en Barcelona en la Semana Trágica, cómo se inició la I Guerra Mundial o las campañas de Marruecos.  Parece no fiarse de los conocimientos de historia del lector o de su capacidad para informarse si lo estimara necesario. Pero estas ilustraciones rompen el ritmo del relato y de las aventuras de los protagonistas y, en definitiva,  hacen más pesada la lectura. Es cierto que enmarcar a los personajes en la historia en la gran dificultad de este tipo de libro, ni siquiera un maestro como Galdós lo resolvió correctamente en todos sus Episodios.

   No se puede decir que sea una novela militar, es más bien una novela de aventuras. Entiendo que aventuras son los episodios de un grupo de desgraciados que tratan de sobrevivir en una España pobre y cerrada. Que le sirven al autor para criticar severamente la sociedad de la época, la injusticia y la dificultad de las clases bajas para progresa. Dentro de los sucesos, los protagonistas acaban en los alrededores de Melilla cuando se derrumba la Comandancia en 1921 y, por circunstancias que no se deben revelar para no estropear la lectura, acaban en La Legión. No faltan escenas de guerra, ataques, defensa de blocaos… El carácter crítico se ve también en la parte militar: la corrupción de los mandos, la corrupción en los servicios, la desigualdad entre española y, sobre todo, la crueldad de una guerra sangrienta en la que la venganza es un elemento importante y el terror se tolera en ambos bandos. Los personajes saltan con facilidad de un escenario a otro, actúan con total amoralidad porque son unos pícaros en las lindes de la delincuencia buscando su mejor futuro. Son muy interesantes las descripciones de la vida de campaña y la de los escenarios reales en los que se desarrollan los capítulos. Porque los desgraciados que protagonizan la historia pasan de las Minas de Uixan (San Juan de las Minas) a los campamentos del frente y van recorriendo la costa hasta Melilla huyendo de los rifeños que acababan de derrotar a Silvestre. No hay falsa realidad ni imposturas de imaginación.



   La novela llegará hasta el desembarco de Alhucemas. Es la lucha por la vida entre dos bandos de desarrapados que perderán siempre y que sólo se benefician de los acontecimientos en tanto en cuando arramblen con el fruto del pillaje, el hurto o la violencia. Pero que arriesgan la vida cada día. Llanos escribe: Los soldados peninsulares, valiente chusma, han escoltado a una numerosa brigada de obreros que van a poner en funcionamiento el aeródromo cuanto antes, junto con el pelotón de castigo y los pocos cabileños que acuden en busca de trabajo, cualquier trabajo. Cabe decir que, tal y como avanzamos en la reconquista, no es que los poblados vayan cambiando de bando; sencillamente, tras liberarlos del “colonialismo infiel”, el harca rebelde no les proporciona un medio de subsistencia más allá del inmediato pillaje, y de la libertad no se vive. En cambio, el escuálido jornal del colonizador da para comer varias veces a la semana. Y la alternativa al mísero salario es el trabajo de sol a sol en los predios se los señores de la cabila, los mismos que los arrojan en pos de la batalla para abandonarlos luego a las feroces represalias de los legionarios cuando, con todo perdido, hacen las paces con las autoridades coloniales.  Mientras cabía la posibilidad de obtener botín, estaba bien esto de hacer la guerra, pero estos soldados del Tercio no se andan con chiquitas ni se dejan mutar como los reclutas (p.239).
   El final de la novela es pobre. Vuelve a primar la lección de historia sobre la acción que enganchó al lector.
   José Jiménez, guardia civil con destino en Melilla, también se atreve a asomarse al pozo sin fondo del desastre de Annual. Como es habitual en este tipo de narrativa, aprovecha al soldado de reemplazo para dar su visión de lo ocurrido. En este caso un morisco: Soy morisco, mi coronel. Llaman así a la gente de Almogía, provincia de Málaga (página 39). Pero tiene un elemento de originalidad que lo aparta del simple relato militar, el soldado es un experto en caballos que adorna la narración con un conocimiento profundo de estos animales y de su papel en la campaña. También, como es normal en un autor bisoño, el hilo argumental es demasiado lineal, no rompe la acción principal con otras paralelas de intensidad y es excesivamente minucioso en lo intrascendente. Casi toda la primera parte, salvo los capítulos iniciales que sirven de presentación de los personajes, es el ágil relato de la huída desde Annual tras la caída de la posición. Ya hemos visto otras novelas de la huida de un soldado, empezando por Imán de Sender. La segunda parte se desarrolla durante la Guerra Civil en la provincia de Málaga y el regreso del que fue soldado colonial a Marruecos para reencontrarse con el amor y la venganza.

   Jiménez opta por una novela donde los valores como el compañerismo, la amistad, la solidaridad o el amor se imponen al odio y la venganza. El amor entre español y rifeña es el símbolo de esta esperanza en la gente sin distinguir naciones. Es un relato sencillo y pulcro.