viernes, 22 de febrero de 2019

GUINEA Y LA NOVELA MISIONERA (2): OPERARIOS DE ÚLTIMA HORA de AUGUSTO OLANGUA.


OLANGUA, Augusto: Operarios de última hora (Coculsa. Madrid 1955. 161 páginas + 1 hoja).

   El padre Olangua fue un misionero claretiano que vivió algunos años de su vida en Guinea, donde fue profesor como atestigua una foto que he tomado del Fondo Claretiano. Como otros muchos misioneros, dedicó algún tiempo a la escritura con artículos sobre historia misional y con libros que tenían una intención apostólica entre los que se encuentran dos novelas publicadas en 1955 e íntimamente relacionadas con la Guinea entonces española: Operarios de última hora y Una cruz en la selva.

   Operarios de última hora es una floja novelita de historias familiares y de contraposición entre las carreras de dos sacerdotes, uno de los cuales elige las misiones en África. Olangua no da sitúa la acción en sitios conocidos, pero no cabe duda de que se trata de un misionero claretiano en Guinea Ecuatorial. No nombra ningún lugar, pero los detalles descubren el país que, por otra parte, era el que el autor conocía bien. Evidentemente, el padre Olangua no quería pasar a la historia de la novela sino escribir un relato que tuviera un valor de propaganda apostólica. Pero dudo de que lo consiguiera porque es una larga redacción de hechos sin transcendencia. Su escritura –como su vida- estaba destinada a ser como una de esas semillas que el viento traslada a sitios lejanos, donde, al fin, arraiga y produce nuevas semillas (página 73). La esencia de la misión. Los misioneros eran unos agentes muy especiales de la colonización. El Estado colonial dejaba en sus manos parcelas tan importantes como la educación. Estado e Iglesia compartían los mismos ideales colonizadores, no había contradicción. Y el misionero, con mejor o peor fortuna y talente según la persona, se empeñaba en predicar la religión y enseñar las primeras letras. El guineano animista podía aceptar sin contradicción los principios generales de los mandamientos católicos, pero era mucho más reacio a las normas de moral familiar o sexual que los misioneros trataban de implantar en la sociedad indígena aunque con paciencia.
El padre Olangua con sus alumnos en Guinea
   Está claro que fueron los primeros en abrir caminos en la selva, fundar misiones alejadas de las que surgirían poblados y en tener un contacto real con los pobladores. Por eso, en muchos escritos de los misioneros hay importantes noticias de la vida en Guinea en esos años. Notas etnográficas, sociológicas, etc. Aunque no es el caso de Olangua, que apenas describe situaciones. Las escenas europeas, de novela rosa, quitan protagonismo a las situaciones africanas del libro. Sí que habla del negro con ese cariño paternalista de quien los considera en una especie de infantilidad prorrogada. El misionero se arrogaba también una labor de convertirlos no solo en católicos sino en ciudadanos tal y como se entendía. Y escribía: El P. Fermín no se inmuta; está acostumbrado a tratar con negros y sabe muy bien que son muy buenos, muy serviciales, pero…negros (página 75). Estas líneas hoy no las hubiera escrito porque hay una apariencia de racismo aunque quizás haya más una señal de diferente grado de civilización que afectaba al sentido de la responsabilidad.
Dibujo de Ledesma para la portada de la Memoria de la Delegación de Asuntos Indígenas de 1954
   Inmediatamente después de Operarios de última hora, el padre Olangua publicó Una cruz en la selva. Novela de similares características, de iguales motivaciones y con la misma finalidad. Quizás más construida, con mayor intriga. Esta vez el autor la sitúa en el alto Níger y los protagonistas son exploradores ingleses o de otra nacionalidad, pero no españoles. Sin embargo, tal y como pasaba en un otra novela, el sustrato de conocimiento nos lleva a Guinea Ecuatorial en esos años.


viernes, 8 de febrero de 2019

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (22): LA RUTA de ARTURO BAREA.


BAREA, Arturo: La forja de un rebelde II: La ruta (Editorial Losada. Buenos Aires 1951. 248 páginas; Turner. Madrid 1984; Plaza y Janés. Barcelona 1986. 259 páginas; Biblioteca de El Mundo. Barcelona 2001; Debolsillo. Barcelona 2006. 344 páginas. Varias ediciones en cada editorial, a veces en colecciones diferentes y con distintas portadas.).




   Arturo Barea Ogazón  nació en Badajoz el  20 de septiembre de 1897. Quedó huérfano muy joven y se trasladó con su madre y hermanos a Madrid . Vivían en una buhardilla en Lavapiés. Unos tíos de Arturo le procuraron estudios en los Escolapios hasta los trece años en que se pudo a trabajar  de aprendiz en un comercio y en un banco. Llamado a filas en 1920, tuvo que ir a Marruecos como soldado de reemplazo, donde vivió la derrota de Annual. Allí ascendió a sargento (que entonces era clase de tropa) por su preparación: …era un sargento, es decir, una vértebra de la espina dorsal de cualquier ejército del mundo. La pared donde se estrellan los golpes de arriba –la oficialidad- y los de abajo –los soldados (página 13, siempre de la edición de Losada de 1951). Para un joven de pocos recursos, el sueldo y las corruptelas de sargento eran una buena paga que hacía atractivo el cargo. El trato que diera a los subordinados era una cuestión personal y derivaba de su formación intelectual y su sentido de la vida. Durante la República militó en la UGT y estuvo en el bando republicano realizando diversas misiones de carácter cultural y propagandístico. En 1938 se casó por segunda vez con la periodista austriaca Ilse Kulcsar, que sería la principal traductora de la versión inglesa de sus libros. Al finalizar la contienda se exilió a Inglaterra, donde consiguió la nacionalidad británica en 1948. Barea falleció en Faringdon, un pueblo del condado de Oxford, el 24 de diciembre de 1957. ​
   En Inglaterra comenzó a redactar unas memorias noveladas –La forja de un rebelde- en las que vislumbra su vida desde la distancia física y cronológica. Es un escritor claro, con un gran sentido social, que se ha desprendido de la radicalidad de la Guerra Civil pero sin renunciar a su modo de entender la literatura, es decir la denuncia de las situaciones injustas. La segunda parte de esas memorias –La ruta- tiene una mitad que se desarrolla en Marruecos, durante la guerra del Rif. Se publicó originalmente en inglés, en 1947.


   En Marruecos comprendió pronto la envergadura del desastre. Al ascender a sargento le mandan a una posición como encargado de unas obras y aprende que la corrupción está a la orden del día. Participó de ella en un sistema que favorecía el despilfarro y las ganancias ilícitas. Y con una filosofía que se reconoce hoy con la misma claridad que cuando la expresaba su personaje: …robar es quitar el dinero a alguien. Pero esto no es robar. ¿Quién es el Estado? Si robamos a alguien es al Estado, y bastante nos roba él a nosotros (p. 17).    Barea es sincero; aunque nunca sabremos lo que no contó. Relata el mecanismo de la trampa y su parte en ella. Empieza en junio de 1920, una época relativamente tranquila en la que las obras públicas gozaban de seguridad. Su narración es lenta, detallada, muy minuciosa en hechos, personajes y escenarios. Pero con una prosa y un ritmo que atrae al lector en la lectura y le conmina a seguir. Tiene alma de escritor, es observador y va a recordar los detalles de su vida militar para escribir estas memorias treinta años después. Los personajes están firmemente marcados y se hacen reales. Se puede considerar La forja de un rebelde como unas memorias o como una novela. Son las dos cosas pero la estructura que le da al relato, la abundancia de diálogos, la narración de los hechos permiten tratarla como novela autobiográfica. No son largas reflexiones sino que del repaso de su vida se comprende el pensamiento del autor.







   El aspecto que nos interesa, su vida militar en Marruecos, es clarificador. Es un hombre muy crítico. No nos presenta un Marruecos heroico o aventurero sino lugar de dolor y podredumbre: Durante los primeros veinticinco años de este siglo Marruecos no fue más que un campo de batalla, un burdel y una taberna inmensos (p 32). Es cierto que su visión está afectada por la derrota en la guerra civil y el exilio, pero su criterio literario es escribir para denunciar. Mostrar situaciones contrarias a su ideal. Con sinceridad: le repugnaba la corrupción pero participó de ella; no le gustaban los burdeles, pero los visitaba. Es un reformista que quiere que cambie la sociedad española de su época, su política, el sistema de gobierno. Todos los vicios patrios se recrudecían en Marruecos ante sus ojos,  los señala con ánimo de influir, de poder  marcar las cosas que debían cambiarse. Seguro que en Marruecos había gentes honradas, trabajadores normales y hasta héroes. Pero se centra en lo que estaba mal. Señala que el delito de uno puede afectar a todos: me puedo imaginar cuántos soldados han caído enfermos por no tener la manta que él había robado (p. 52). Pero hay un desánimo general, la impotencia frente a un sistema: Aquí o comes o te comen; no hay otra solución. Naturalmente ha habido gentes que han querido enderezar las cosas, pero todos han fracasado. Y lo peor es que si no robas, es lo mismo, te lo dan por hecho (p.52). No solo porque a su juicio el sistema estaba corrupto, sino porque los que más sufrían las carencias eran los soldados de reemplazo que procedían de las clases más bajas de la sociedad como el mismo Barea. Y lo cuenta con un ligero pesimismo.
   El escritor no era un guerrero ni le entusiasmaba la batalla. Por eso su relato se recrudece en los capítulos dedicados a la guerra. Se asombra ante personajes como Millán Astray y el modo de operar de la recién fundada Legión, el Tercio. No comparte el entusiasmo de conmilitones frente al enemigo, le repugna la violencia bélica que veía. Pero su contacto con la guerra, sargento de Ingenieros, era circunstancial. No había visto de cerca el horror del combate, solo cuando montaban un blocao o fortificaban alguna pequeña posición. Hasta que le tocó ir a Melilla tras la rota de Annual y, construyendo las defensas exteriores de la ciudad sitiada, comprendió lo que se estaba viviendo al ver los cadáveres insepultos, los muertos que aparecían por doquier y la desolación general. Escribía: Yo no puedo contar la historia de Melilla de julio de 1921. Estuve allí, pero no sé dónde; en alguna parte, en medio de tiros de fusil, cañonazos, rociadas de ametralladoras, sudando, gritando corriendo durmiendo sobre piedra o sobre arena, pero sobre todo vomitando sin cesar,  oliendo a cadáver, encontrando a cada nuevo paso un nuevo muerto, más horrible que todos los vistos hasta el momento antes (p. 90). Palabras clarificadoras sobre el estado emocional del soldado que llegó a recuperar el territorio perdido.
   Pero Barea se coloca en un plano distanciado de la realidad. Está en los hechos pero los describe como si no le afectaran. Está en la guerra pero no sufre el ardor guerrero ni asume su posición de soldado de una de las partes. Habla de la corrupción, de la que él participó, como si le fuera circunstancial, sin especial arrepentimiento. Era el sistema el que ponía a las personas en las situaciones sin que lo pudieran evitar, salvo los máximos responsables que, en vez de combatirlas, las impulsaban. No pone más énfasis en describir la guerra que la enfermedad –tifus-que padeció. También porque Barea sufrió más de tifus que de guerra. El que escribe es el escritor, no es el soldado.
   Sin duda es una de las novelas claves de la literatura de la guerra de Marruecos, a pesar de que solo le dedica algo más de cien páginas y que se limita a narrar algunos episodios de los que fue testigo y no la situación general. Pero los detalles están plasmados de tal manera que se puede comprender de manera amplia lo que podía estar pasando.
   En 1990 Mario Camus dirigió una serie para Televisión Española basada en la trilogía de Barea.




viernes, 18 de enero de 2019

LAS NOVELAS DE TÁNGER (14): ÚLTIMO VERANO EN TÁNGER y CUENTOS de JUAN VEGA MONTOYA


VEGA MONTOYA, Juan: Último verano en Tánger (Editorial Club Universitario. Alicante 1999. 257 páginas + 2 hojas).
-            Cuentos de Tánger (Les Editions du Paquebot. Paris-Murcia 2011. 127 páginas. Ilustraciones de Antonio Guerrero “Pinín”. Introducción de José Manuel Goñi Pérez. Prólogo de Sonia García Soubriet).

   El último verano en Tánger es un episodio del apéndice casi colonial de la ciudad, tras la independencia y mientras estuvo vigente el Estatuto Real hasta el verano de 1959. Fue un breve paréntesis en el que la ciudad conservó algunos privilegios fiscales y administrativos. Gran parte de la población europea permaneció en la ciudad y siguió viviendo con algunos de los privilegios de siempre. En este momento final de la situación, Vega sitúa a unos personajes que resumen todas las nostalgias alegres de un viejo tangerino. Escribe de un Tánger real, alejado de ese otro fantaseado que aparece en la decoración de muchas novelas actuales. Podrían ser las aventuras de un grupo de jóvenes en cualquier ciudad española si no fuera porque el ambiente distinto de la ciudad lo impregna todo, hasta lo más sencillo y cotidiano. No es una novela de argumento elaborado, no tiene mayor intriga que el recuerdo del escritor, pero en esos hechos habituales está la esencia de un modo de vivir.

   El argumento es sencillo como la personalidad de sus protagonistas. Un grupo de jóvenes tangerinos-españoles viven un verano de actividades corrientes, diversión, iniciación, apertura a la vida. Viven en un lugar idóneo para la libertad de la que carecerían en España, con una sociedad plural y rica en matices. Pero en el ambiente está el final de una época, de un modo de organización política y social que ya no se repetirá. El final de un modesto paraíso. Esto sirve para desgranar los recuerdos vividos y dar una visión del Tánger real de esta comunidad hispana expatriada. Las historias de los protagonistas se salpican con imágenes de lo que fue la ciudad internacional, escenas costumbristas, episodios singulares. Antonio Pau escribe en su libro Tánger entonces (Granada 2017) sobre quienes conocieron el Tánger internacional: hayamos tenido a lo largo de nuestras vidas la sensación de haber vivido en una ciudad irreal. Zoubeir Ben Bouchta ha escrito: “Tánger no es una ciudad sino un espíritu y ese espíritu de Tánger habita en mí; y por eso Tánger es mío, lo vivo segundo a segundo, momento a momento, día a día, mes a mes, año a año; y ese Tánger lo busco por todas partes entre lo irreal”… Pero aquella es una ciudad irrepetible, y los que la vivimos somos conscientes de pertenecer a una especie a extinguir, y quizás por eso todos tratamos de contar cómo fue y cuánta felicidad sentimos en ella (página 104).

   Después de habernos dejado un buen sabor de boca con la novela, Vega publicó una colección de cuentos en un libro muy cuidado con excelentes dibujos de otro tangerino, Pinín. Se publicó también una edición en francés.Volvemos al Tánger normal que es el Tánger vivido. El autor asistió a una cita con la memoria amable que es el poso que los hechos pasados dejan en el recuerdo de las personas y, en este caso, el recuerdo en la ciudad de la infancia y la adolescencia.  Vega nació en Utrera en 1932 pero llegó a Tánger con cuatro años, donde residió hasta 1973. Volvió veintidós años después y escribió: Volver a Tánger es para mí como un renacer, una peregrinación, una fuente de juventud. Allí me encuentro con los amigos que se han ido y a los que desgraciadamente ya no volveré a ver. Pero en mi vuelta al pasado, al torcer una esquina, a lo largo de un paseo o en la terraza de un café, los veo de nuevo, les abrazo y charlo con ellos. Nos contamos cosas. Por supuesto, cosas de Tánger… (Cuentos, páginas 119-120). Esa facilidad evocadora y transmisora del ambiente de una ciudad, hace que incluso los que no las vivimos sintamos nostalgia. Señala José Manuel Goñi, en el prólogo, que los cuentos son un juego con el tiempo y el sinsabor de la pérdida del “locus mater”.
   Efectivamente es un repaso al territorio de la infancia, a la época feliz de la vida, al paraíso perdido que se tocaba con las manos. Once cuentos dedicados a once personajes que, seguramente, los tangerinos de cierta edad podrán reconocer en alguno o algunos de los que vivieron la ciudad internacional y su epílogo marcado por el Estatuto Real. Once historias de todas las clases que, en su unión, representan a la ciudad porque están representadas las clases sociales, las religiones y los modos de vida.
   





  Los Cuentos de Tánger están literariamente más elaborados que su primera novela y discurren, bien escritos, sobre la cotidianeidad de un tiempo pasado en la ciudad querida. Evidentemente, la literatura sobre Tánger colonial no puede prescindir de Juan Vega Montoya.
                                                              Boulevard Pasteur de Tánger

 Vega Montoya es también autor de una novela publicada originalmente en francés: Il était une fois Tánger (2012).

viernes, 28 de diciembre de 2018

VALDUEZA AYALA, Saturnino (NIDUEYA): Los tres caminos (Editora Marroquí. Larache 1949. 305 páginas).


   La novela Tres caminos es una simple curiosidad en la literatura colonial hispanoafricana. Su autor la firmó con seudónimo pero sin ocultar su verdadero nombre en la misma portada. Era un funcionario del Cuerpo General Administrativo de África que trabajó en Larache. Había sido voluntario en la División Azul. Y, tras la independencia de Marruecos, lo situamos en Santa Cruz de Tenerife trabajando en Radio Juventud.

   La novela es una muestra trágica del género rosa. Las relaciones de un oficial con tres mujeres marcadas por el sentido de responsabilidad  y la determinación rígida del destino que hoy son ideales o costumbres desaparecidas. Es una novela que se desarrolla en Larache y en el Rif, pero en la que no vemos literatura de contenido colonial. Es una novela íntima de poca trascendencia.
   El único interés para referenciarla aquí, es porque demuestra que en que en los primeros años de la posguerra española, las rancias relaciones de noviazgo y casamiento de los españoles se trasladaron sin  cambios a los españoles de Marruecos. Que los códigos morales y religiosos se reprodujeron sin variación. Y que en la literatura de estos autores aficionados de ideología franquista, se consideraban tabúes algunos comportamientos corrientes y generalizados como el uso de la prostitución con las naturales del país.
   Tres caminos que se explican en una frase: ¡Malditas seáis todas y maldito sea yo! Tres mujeres… ¡Tres caminos que únicamente han servido para conducirme a la desesperación, al remordimiento y al dolor…! (página 178), que resumen el argumento: la palabra dada como ley moral que había que cumplir (la promesa de matrimonio) por encima de la felicidad y el amor.

viernes, 14 de diciembre de 2018

CABO JUBY, SAHARA Y LA AERONÁUTICA EN LA NOVELA ESPAÑOLA (2): A CIELO ABIERTO de ANTONIO ITURBE


ITURBE, Antonio: A cielo abierto (Seix Barral. Barcelona 2017. 622 páginas).
   La larga novela de Iturbe, que fue merecedora del premio Biblioteca Breve 2017, tiene como argumento los orígenes de la aviación comercial y el papel de los primeros pilotos que con gran riesgo, una voluntad romántica y mucho esfuerzo fueron abriendo las rutas aéreas al correo y el comercio. El personaje clave es un hombre cuya vida resultó novelesca: el piloto y escritor Antoine de Saint-Exupéry. Pero no es el único. Junto a él aparecen las contingencias vitales de otros pioneros de la aviación alrededor de la compañía Latecoère que enlazaba Francia con África y América, como Didier Daurat, Henri Guillaumet o Jean Mermoz. Todos ellos reales, héroes de la aviación francesa que comenzaron dentro de la organización militar y alguno de ellos sucumbieron en la II Guerra Mundial, en el aire, dejando un aurea de leyenda que ahora aprovecha Iturbe para novelar, como un gran reportaje, estas historias.

   Los aviones necesitaban repostaje, paradas intermedias que venían obligadas también por tratarse de líneas de carga y de correo. Ello implicaba la necesidad de tener bases permanentes en tierra, algunas en territorio español. Por eso, esta novela tiene algunos capítulos que se desarrollan en Cabo Juby o Villa Cisneros. No es una novela sobre colonias españolas aunque tangencialmente aparezcan. Por tanto, no se pueden hacer muchos comentarios sobre la narrativa colonial, que es el objeto de este blog.
   Lo peor que les podía pasar a los aviadores es que una avería les obligara a tomar tierra en alguna parte del desierto alejada de las bases europeas. Significaba el secuestro para obtener un rescate o, en el peor de los casos, la muerte. En la literatura española hay varios casos narrados; ya lo comentamos en  https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=6343002946348658841#editor/target=post;postID=2793920015755147848;onPublishedMenu=template;onClosedMenu=template;postNum=187;src=postname
Iturbe conoce estos pormenores, es una novela minuciosa en los detalles y a la que ha precedido una buena labor de documentación. Tal vez sea demasiado descriptiva y le falte algo de intriga en los hechos, pero se trata de una novela muy larga y no se podía detener en más argumentos.

   Cabo Juby era la Zona Sur de Protectorado de España en Marruecos, una franja limítrofe con el Sahara Español. Tenía un pequeño asentamiento con un fuerte y un aeródromo. Escasa actividad comercial, solo el intercambio o compraventa de productos con los autóctonos, una pesquería y poco más. Era una instalación militar estratégica entre Sidi Ifni y El Aaiún y frente a las islas Canarias. Esta posición se amplió llegando a ser una pequeña ciudad que los españoles la llamaron Villa Bens y hoy se llama Tarfaya:
   … la presencia española se limita a unos cuantos fuertes minúsculos desperdigados en miles de kilómetros de un desierto que les es ajeno. Al atardecer, se baja bandera, se cierran los portones de las fortificaciones y se abren las cantinas para que los soldados beban vino malo, jueguen al dominó o al guiñote y arreglen el mundo. Raramente pasean fuera del recinto en esa tierra que dicen española. Las tribus hostiles acechan, también las tormentas de arena y ese pedregal áspero que se abre ante ellos.  La región en que se hallan desde ahí hacia el sur, hasta cabo Blanco, es un área desértica que se empeñan en llamar Río de Oro con esa afición por lo grandilocuente de los españoles: allí ni hay río ni hay oro.
   Cabo Juby es un recodo entre dos desiertos, uno de secano y otro de agua. En ese filo de África las olas se desperezan en la orilla de una playa vacía de cinco mil kilómetros cuadrados. En medio de una soledad abofeteada por el viento se alza el acuartelamiento del ejército español que, visto desde el aire, parece una fortaleza. Mirando más cerca, no resulta tan imponente: los muros desconchados, las ventanas desportilladas, la corrosión pudriendo los remates de metal (página 216).
   Quizás Iturbe peque de la visión excesivamente negativa, por otro lado general, que los escritores españoles tienen sobre las posesiones africanas de España. El fuerte era un edificio que no estaba en tan mal estado y que cumplía sobradamente su misión. El autor entiende que Río de Oro era todo el Sahara español, cuando la mitad norte se llamaba Saquia el Hamra. Y hubo oro, mucho oro, que transportaban las caravanas que llegaban desde el interior y que propició el nombre que le dieron los navegantes portugueses. Tampoco es muy favorable a los militares españoles destinados en el fuerte, los pinta soberbios y un tanto mezquinos frente a la noble personalidad de Saint-Exupéry que tiene que negociar por ellos con los cheijs locales.

   En 1929 Saint-Exupéry empieza a publicar sus primeros relatos basados en sus experiencias en el aire. Frecuenta los aeródromos de Cabo Juby y de Villa Cisneros. Es un hombre distante, no muy simpático aunque correcto con los españoles. Tiene sus dudas literarias. Busca un estilo, un argumento fuerte. Y vuela en las mismas condiciones precarias que sus compañeros. Su paso por los aeródromos españoles es circunstancial, aunque lo recuerda en algunas de sus novelas pero sin que la presencia española en la zona fuera un asunto especialmente importante para él.
   La novela de Iturbe gustará más a los aficionados a la aviación que a los de las colonias africanas.

lunes, 26 de noviembre de 2018

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (5): RELATOS de MARÍA NSUE


NSUE ANGÜE, María:
-          Relatos (Centro Cultural Hispano-Guineano. Malabo 1999. 164 páginas. Dibujos de Virginia Ubalde).
-          Cuentos y relatos (SIAL. Madrid 2016. 306 páginas. Prólogo de Gloria Nistal).

   En 1999 apareció en Malabo un libro de modesta apariencia pero de gran importancia para la historia de la literatura guineana. María Nsue ya había publicado la novela Ekomo en 1985. La autora era una excelente narradora oral, una mujer de una gran capacidad de ficción que combina la imaginación con la tradición mágica del pueblo fang. Este libro titulado Relatos contaba además, con unos notables dibujos de Virgina Ubalde. Eran dieciséis cuentos de distinta temática y extensión. En 2016, la editorial Sial retoma la obra de esta autora y publica de nuevo los relatos añadiendo otros nuevos como ya había hecho con Ekomo, publicada nuevamente en 2008.

   María Nsue nación en Ebebiyín en 1945 y murió en Malabo en 2017. Vivió en España desde niña, donde hizo sus estudos. Al volver a Guinea Ecuatorial, trabajó en el Ministerio de Información y en prensa y radio. Fue académica correspondiente de la Real Academia  Española de la Lengua.
Dibujo de Virginia Ubalde
   Los cuentos de Nsue son variados en factura, extensión y temática. Y entre ellos, como no puede resultar extraño para una mujer nacida bajo la colonización, hay algunos de argumento colonial o en los que la colonización está subyacente. Como el titulado Keoma que rememora la enseñanza que los españoles daban a los niños guineanos, llena de referencias a un país que no conocían. Las relaciones entre colonos y guineanos en los años previos a la independencia en la que los blancos señalaban el precio de venta y de compra y las ilusiones de los agricultores locales de desvanecían al comprobar que sus productos no alcanzaban el valor que pensaban da para un relato como Los negocios del ángel, que acaba transformándose en un canto a la ternura y la inocencia infantil. Porque María Nsue escribe sobre los niños y las mujeres como tema redundante para dar una visión más suave de la vida áspera. La ingenuidad con la que los guineanos admitían el trato de los blancos, el sometimiento ante la imposibilidad de oponerse: Una a una las cestas se fueron tasando. Y, a medida que la concurrencia veía sus importes, las expresiones se nublaban. El precio apenas llegaba a la mitad con que habían soñado y, poco a poco, los sueños se fueron alejando entre las nubes. Pues no habían sido más que sueños. Ninguna de las cestas más grandes llegó a cobrar un billete. Todas eran monedas que había que aceptar simulando alegría porque, de lo contrario, el blanco podía darse cuenta y rebajar o, lo que era peor, rechazar la mercancía (página 61). En el fondo, la aceptación fatalista de los hechos como inmodificables. Más que entre colonos y colonizados, entre pobres y ricos o entre poderosos y desvalidos. A pesar de estas referencias, la colonización no es uno de los argumentos principales de la autora.

   Los relatos de Nsue son de diferentes épocas y se nota en  la manera de narrar. En conjunto, la escritora crea un mundo especial, algo que en una época se llamó realismo mágico y que es una mezcla de imaginación y de la recreación de las leyendas de un mundo exuberante y fantástico como es la selva. Los cuentos de María Nsue nos llevan siempre a su novela Ekomo (Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid 1985. 194 páginas. Prólogo de Vicente Granados; SIAL. Madrid 2008. 249 páginas), cuya publicación fue un hito en la historia literaria de su país, y sigue siendo un referente por varios motivos: la primera novela de una mujer guineoecutoriana, la primera desde la independencia, la primera que se tradujo al francés… Ekomo está mejor escrita que los relatos, más corregida (no sé si intervinieron personas distintas de la autora) y más detallada. Es la síntesis de una manera de ver el universo del bosque guineano, de la vida femenina en la aldea, del misterio y el poder, del lento transcurrir de la tradición que envuelve la sociedad tribal y su ruptura inicial mediante la influencia misionera. Novela imprescindible para la historia literaria de su país.


lunes, 22 de octubre de 2018

NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (7): AMOR AFRICANO de JAVIER MAQUA


MAQUA, Javier: Amor africano (Algaida. Sevilla 1999. 275 páginas).
   Maqua se aproxima al Protectorado español en Marruecos de una manera original. Primero porque no es una novela de guerra o en la que la guerra sea el asunto principal o el fondo del relato. Es una novela colonial de paz, de Protectorado sin lucha aunque se refleja una sociedad dividida en dos bandos tras la Guerra Civil, como la sociedad peninsular. En segundo lugar porque elige la ciudad de Alcazarquivir como marco a su narración, ciudad con muy poca literatura. Por último, porque es una novela intimista, de sentimientos y relaciones personales más que de hechos históricos o de acontecimientos sociales.

   Aunque la novela no tiene sorpresas ni trata de asombrar al lector, no decae el ritmo. El autor tiene el mérito de escribir con sabiduría para que la acción sin sobresaltos interese, a lo que contribuye un dibujo de los caracteres bien realizado. Novela de lectura ágil, con ritmo cinematográfico en algunas partes. Una historia triste armada en dos argumentos con una protagonista. El dolor del padre fusilado y la madre presa y la alegría del amor, sin vericuetos escabrosos a pesar de tratarse del amor de un señor mayor y una lolita, con mucha sugerencias ambientales y personales que dejan un sabor agradable al lector al concluir el libro a pesar de la desolación final.
(Dibujo de Montaldo. Blanco y Negro 1915).
   Señalaba el autor, en una entrevista a El País cuando se presentó la novela en 1999, que tiene algo de historia familiar. Tal vez la inspiración en parientes sin concretar hasta donde era real y hasta donde imaginado. Pero está claro que el autor conocía bien la vida de Alcazarquivir en la postguerra y cómo mover a los personajes en el escenario.






jueves, 11 de octubre de 2018

NOVEDADES EN NOVELA HISPANOAFRICANA (1):


LLADÓ CASAS, Ruth: Crímenes en el estrecho (Alfar. Sevilla 2018. 591 páginas).
   Esta es la primera novela de la autora, un largo relato en el que va encajando la vida de una familia en una localidad que puede ser Algeciras, emigrantes italianos que se han ido mezclando con españoles y otros extranjeros, y con un crimen como argumento central. La intriga y la resolución policíaca se enmarcan en la Conferencia de Algeciras que supuso una extraordinaria ocasión en la vida local. Algunas páginas se desarrollan en Tánger, pero con una acción dedicada a la investigación principal y en las que la vida colonial es incidental.


OROZCO GUERRERO, Antonio: Indomable. El condenado del Rif (Autoedición/Amazón. 2016. 254 páginas).
   El coronel retirado Antonio Orozco presenta en forma de novela las peripecias de Fermín Salvochea en el Rif. Este republicano federal, que llegó a ser alcalde de Cádiz en la I República, fue condenado por sus actividades políticas y cumplió en los presidios de Chafarinas, Vélez de la Gomera y el monte Hacho en Ceuta. La persona, por su interés histórico y de pensamiento, se ha convertido en personaje. El autor lo explica en su blog: http://antonioorozcoguerrero.blogspot.com/
   Trata Orozco de contar el recorrido del condenado Salvochea por los presidios norteafricanos, su postura intelectual y su posición ante la vida. Por ello, es una novela más de ideas que de acción. Desde el punto de vista africanista, las descripciones del peñón de Vélez de la Gomera y la vida militar en el mismo resultan muy interesantes.


ZULET, Ignacio: Un capitán español en el África Korps (Autoedición/Amazon. 2017. 126 páginas + 2 hojas).
   Zulet, doctor en Derecho y funcionario navarro, escribe una historia con tintes aventurescos en la que un capitán español –recién salido de la Guerra Civil- se ve inmerso en la II Guerra Mundial. Antes de llegar a las arenas de Argelia, Túnez y Libia, el capitán es destino a las Tropas Nómadas del Sahara español y la novela discurre por El Aaiún. Pero la misión del capitán tiene más que ver con Argelia, las tribus saharianas de la parte francesa y la II Guerra Mundial que con la colonia española.


MIRANDA, Juan Antonio: Salam aleikum (Autoedición/Amazon. 2015. 253 páginas + 1 hoja).
   Juan Antonio Miranda emprendió la laboriosa tarea de escribir una trilogía con residencia en Melilla y el Norte de Marruecos. Bajo la sombra del Gurugú, la llamó. Los dos primeros libros los comentamos en una entrada de este blog: http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/search/label/Miranda
El tercero es Salam aleikum, que empieza con la proclamación de la República en Melilla y termina en la época actual, en la que la acción se centra en guerras religiosas, intolerancia y una llamada a la sensatez y a la reflexión alejada de prejuicios e imposiciones (como señala la contraportada).



viernes, 21 de septiembre de 2018

NOVELAS DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (6): HERMANOS MAYORES de JOSÉ IGNACIO NÁJERA NIETO


NÁJERA NIETO, José Ignacio: Hermanos mayores (Desclée de Brouwer-Mensajero. Bilbao 1987. 137 páginas).

   En 1987, cuando se publicó esta novela, el tema marroquí estaba muy poco tratado en la novela española. El autor tuvo el olfato de volver a retomarlo y lo hizo con una novela galardonada con una mención especial en el Premio Pío Baroja de novela de 1986.  El autor había nacido en Xauen en 1952 –tal vez de ahí le venga su inclinación a escribir sobre Marruecos-  y fue  profesor de Instituto en Murcia.

   El relato se divide en dos partes situadas en dos etapas históricas de la guerra en África.
   La primera se desarrolla en 1909. Los soldados que llegan a Melilla para participar en la guerra y que el autor aprovecha para presentar caracteres diferentes. Alguno viene de Barcelona y es el elemento necesario para hablar de las cuestiones candentes en ese momento en la sociedad española relacionadas con Marruecos: la Semana Trágica y la importancia del krausismo y el anarquismo como ideologías determinantes en la vida política a comienzos del siglo XX. Pero no es una novela que se vaya a desarrollar con historias de trinchera y cuartel. El autor conoce bien lo que pasó y rompe la acción para hacer largas reflexiones, con estilo culto y cuidado, sobre la presencia colonial y la existencia de personajes tan singulares como El Rogui Bu Hamara. La segunda parte se desarrolla antes y después de Annual y llega casi hasta el momento de la publicación.

   Pero no es una novela bélica, ni una novela de aventuras o historial coloniales. Es algo más que eso. El autor construye el relato en un triple plano. La familia protagonista, llena de secretos y de aspectos oscuros, sórdidos en ocasiones, cuyo patriarca  originariamente vive en Barcelona y se marcha a trabajar a Marruecos donde amplia la familia. Un segundo plano que sirve de fondo son los sucesos de la España peninsular convulsa, especialmente la crisis de 1909 y la situación política de permanente intranquilidad en la que los protagonistas viven como el resto del país. El tercer plano es el propiamente marroquí. La vida en Medik, donde se traslada el protagonista desde Melilla al licenciarse y encontrar trabajo, y el ambiente de intranquilidad por la acción de El Raisuni y los enfrentamientos con tropas españolas, la revuelta larvada en el Rif y el estallido final tras Annual.

   La novela es una larga reflexión intelectual sobre estas cuestiones, una reflexión sobre la vida privada centrada en la familia protagonista y sobre la vida social que se desarrolla en las acotaciones sociales y militares. No es una novela de acción en la que la trama envuelva al lector. Es un relato bien escrito con ritmo desigual en el que prima el intento de comprensión de los acontecimientos sobre los acontecimientos mismos. No es una novela muy comentada en la bibliografía sobre la ficción acerca de Marruecos, pero creo que merece la pena su lectura.
  


miércoles, 29 de agosto de 2018

GUINEA Y LA NOVELA MISIONERA (1): EL ÚLTIMO NEGRERO de TOMÁS LUIS PUJADAS.


PUJADAS, Tomás Luis: El último negrero (Coculsa. Madrid 1954. 124 páginas + 1 hoja. Portada de Segu. Ilustraciones de Julio Giménez).

   El Padre Tomás Luis Pujadas Roca nació en Sabadell (Barcelona) el 24 de mayo de 1904 y  murió en Vic (Barcelona) el 12 de noviembre de 1994. Fue misionero claretiano, músico y escritor. Recibió el sacerdocio en 1931 en Vic, comunidad en la que vivía cuando los sangrientos sucesos de 1936. También estudió música en España y en Roma  con el maestro Casimiro Casimiri. Compuso más de un centenar de obras musicales: misas, himnos, motetes y cantos marianos...  Dirigió publicaciones religiosas como la revista Iris de Paz.  Este veterano misionero claretiano tuvo una labor literaria relacionada con Guinea en la época colonial. Fue autor de una notable historia eclesiástica guineana en dos tomos: La iglesia en Guinea Ecuatorial (1968 y 1983). Publicó otras obras de historia eclesiástica como El vicario apostólico de Fernando Poo (1967) la biografía del catequista guineano José Si Esono Un santo en la selva (1967), un libro de texto Geografía e historia de la Guinea Ecuatorial (1969), una obra de teatro Héroes de la jungla (1955). Y la novela El último negrero (1954) que se incluye en el género de novela misionera en el que también podemos encontrar obras de otros claretianos como Francisco Onetti, Carlos E. Mesa o Augusto Olangua.

   El último negrero es una novela de estilo simplón que recuerda la literatura de kiosko.  Con mucha acción para resultar entretenida. Pero el padre Pujadas no intentaba escribir una novela para pasar a la historia de la literatura; su finalidad era claramente misionera y apostólica. Trató de escribir una novela que defendiera los valores que transmitían los misioneros. Por esto, el estilo y estructura tiene un valor secundario. El autor no fecha los hechos de su ficción, podemos entender que transcurre en la segunda mitad del siglo XIX, tras el viaje de Chacón,  por la importancia que tenía entonces Elobey en la Administración colonial española y por la existencia de barcos negreros.
El padre Pujadas en Basupú
(Foto tomada de la página web de los claretianos, fondo padre Canals)
    Se pueden apreciar dos planos narrativos.
   El padre Alonso es un  misionero que recorre el sur de Río Muni, la zona que entonces era española alrededor de Cabo San Juan y que se vinculaban a Elobey Grande donde residía la autoridad colonial. La novela es de 1954, la visión que se tenía entonces del colonialismo no es la de ahora; posiblemente tampoco la de la misión católica. Pero el misionero tenía un conocimiento directo de las costumbres indígenas. Y por otra parte, la persistencia del comercio de esclavos y la aparición de barcos negreros que aprovechaban la escasa vigilancia para hacer los cargamentos en connivencia con algunos jefes locales.
(Ilustración de Julio Giménez)
   Pujadas se atreve con un tema tabú en la historiografía y en la novela española de la época sobre Guinea: la esclavitud. En la novela, solo Manfredi en Tierra negra (1957) hace mención. Es cierto que los territorios españoles se adquirieron en 1777 con la finalidad de favorecer una estación en el viaje a Filipinas y para obtener esclavos para la América española. Pero, como los territorios quedaron abandonados, la autoridad española no hizo nada. Los gobiernos españoles prefirieron, o se vieron obligados, a conceder el monopolio del comercio de esclavos a compañías extranjeras desde el tratado de Utrecht. Cuando se volvieron a ocupar, la trata estaba prohibida y perseguida. No obstante, algunos españoles siguieron comerciando con seres humanos y aprovecharon el vacío de poder en Guinea para poner bases en Elobey o Corisco. Algunos traficantes catalanes y el famoso Pedro Blanco estuvieron por aquellas tierras. La Armada inglesa destruyó factorías negreras en Elobey, que estaba bajo soberanía española, y fue una de las causas que provocó las expediciones de Lerena (1843) y de Chacón (1858). Si los españoles no ocupaban las islas y ponían autoridad, otros países europeos iban a hacerlo. Y la autoridad debía perseguir la trata. Es difícil saber si los españoles de Guinea tenían medios suficientes y si se volcaron en la persecución de los traficantes. Oficialmente, Guinea quedó fuera de este comercio. Pero en la memoria de los guineanos están las historias de traficantes y de esclavos apresados en las tierras de los que hoy es la República de Guinea Ecuatorial.
   España había suscrito los tratados de prohibición de la trata y su persecución, pero la esclavitud seguía siendo legal en Cuba. Esto dio lugar a un tráfico que resultó muy provechoso para algunos. Se efectuaron algunas presas, pero siguieron llegando barcos con negros bozales (como se denominaba despectivamente en la época a los que todavía hablaban su lengua materna exclusivamente). La relación de Guinea en la época en que hubo ya autoridad española con el comercio humano –represión o tolerancia- es un asunto que todavía merece una investigación amplia.


   Por supuesto, el padre Pujadas opta por la visión de combate al traficante por parte de los misioneros y los militares españoles. No quiero decir que esto no sucediera así. Además añade un elemento redentor, en todos los sentidos, para los africanos que era el cristianismo. Es una novela ingenua, de clara intención ejemplarizante y con detalles interesante porque el misionero conocía bien el territorio del que hablaba y algunas de las costumbres de sus habitantes.