viernes, 5 de agosto de 2016

LAS NOVELAS DEL MARRUECOS IMAGINADO: LUIS ANTONIO DE VEGA. I – NOVELAS LARGAS.

VEGA RUBIO, Luis Antonio de:
-          L’Busbir. El pozo de los besos (Prensa Moderna. Madrid 1931. 238 páginas).
-          Como las algas muertas (Editorial Española S.A. San Sebastián 1938. 238 páginas).
-          Sirena de pólvora (Biblioteca Patria. Córdoba sa ¿1941? 178 páginas).
-          Los que no descienden de Eva (Ediciones Patria. Madrid 1941. 230 páginas + 1 hoja; Ediciones Patria Hispana. Madrid 1941 2ª edición. 228 páginas; Colección Las Gemelas. Madrid 1956. 179 páginas).
-          Amor entró en la judería (Espasa-Calpe. Madrid 1944. 204 páginas + 1 hoja).
-          La disparatada vida de Elisabeth (Afrodisio Aguado. Madrid 1944. 153 páginas + 2 hojas).
-          Los hijos del novio (Dirección General de Marruecos y Colonias. Publicaciones África. Madrid 1946. 246 páginas. Ilustraciones de Julián Nadal).
-          Yo robé el arca de Noé (Escélicer. Madrid 1950. 218 páginas).
-          Yo le di mis ojos (Editorial Tesoro. Madrid 1952. 226 páginas).
-          El barrio de las bocas pintadas (Luis de Caralt editor. Barcelona 1954. 200 páginas y 2 hojas).




   Luis Antonio de Vega Rubio fue un escritor singular. Nació en Bilbao en 1900 y murió en Madrid en 1977. Fue maestro y periodista que comenzó como redactor de diarios de su ciudad natal El Nervión y El Pueblo Vasco. Como enseñante fue destinado a Tetuán en 1926 y allí descubre su universo particular, el mundo marroquí bajo protectorado. Al comenzar la Guerra Civil toma partido por los franquistas. Fue a Burgos a la oficina de Prensa, a Roma como corresponsal de Informaciones y acabó en San Sebastián como redactor jefe de la revista Domingo, en la que escribía asiduamente. Su actividad como novelista comienza con novelas de ambiente vasco: Las milloneras (1925), Pirineo romántico (1929), La casa de las rosas amarillas (1943) y Chiquita de Bilbao (1944). Otras novelas son La tragedia de las Hurdes (1922), María de las Hurdes (1950, Elvira recibe una carta (1952), El crimen inútil (1953), El amor de la sota de espadas (1955),

   Es autor también de las biografías Frascuelo (1932), Almanzor (1946), Amilcar Barca fundador de España (1960) y San Juan de la Cruz (1961). Como especialista en gastronomía escribió la Guía vinícola de España (1958), Guía gastronómica de España (1959), Viajes por las cocinas de España (1960). Algunos ensayos como Nosotros los Vascos (1962) o Nosotros, los flamencos (1965).
   Además publicó los libros de poesía Timonel (1925) Romancero colonial (1934) y Luna morena (1950). La poesía de Luis A. de Vega es facilona, a veces ripiosa, de versos simples y sonoros a la manera de Fernando Villalón pero sin mucho acierto. Quiso dar lirismo a su ideología colonial.  Camino de Ksar el Kebir es un poema del libro Luna Morena, dice así en una estrofa:
Antes que Silvestre llegue
con los marinos de España,
quiere la luna marrueca
entrar en la casa del bacha,
pregonar en las mezquitas
pregonar la guerra santa,
dar a los moritos moros
el caballo y la espingarda,
ser alarido en el cielo
y el grito azul en el agua.


   La llegada de Luis A. de Vega a Tetuán debió ser una experiencia cautivadora que marcó la manera de ser del escritor y su estética literaria. Fue a dirigir las escuelas Árabes de Larache y, más tarde Tetuán. Se familiarizó con el ambiente, asumió la doctrina colonial sin problemas morales, construyó una sociedad ideal de dos mundos superpuestos, pero fue capaz de aprender árabe y hablar con los habitantes del país en su propio idioma. Marruecos era un mundo fácil para el funcionario colonial: mejor pagado que en la península, más considerado y con un acceso fácil a placeres mundanos. La vocación literaria del autor se va a volcar en un universo fascinante y, a la vez, falseado. Vega inventa un Marruecos inexistente, tal vez idealizado, imaginado en el que las razas y religiones convivían en una jerarquía sin conflictos, donde el misterio aventurero era posible y lo mágico era un elemento más del mundo real. Imaginado porque la convivencia subordinada sin conflictos no era verdadera, porque el paternalismo colonialista del autor no era justo y porque la autoridad moral de la civilización española sólo se sostenía por la fuerza del poder impuesto. El autor es aficionado a los ambientes de burdel, al fetichismo israelita, al folklore árabe, a la vida perdida de los aduares remotos y los oasis inencontrables. Pero sus ambientes novelescos son falsos; unas veces exotistas; otras pura fantasía. Algunas veces como imágenes disimuladas de realidades que quiere enmascarar. El novelista crea un lugar imaginado sobre el paisaje real. Cuando Marruecos alcanzó la independencia, De Vega no volvió a escribir novelas.    Es un escritor desigual. Ameno, divertido en mucha ocasiones, ocurrente, con facilidad para entretener.

   Después de dedicar dos novelas breves a Marruecos, en 1931 publica L’Busbir, título que hace referencia a la famosa ciudadela prostibularia de Casablanca. Es habitual que De Vega escriba en primera persona, le gustaba simular ser el protagonista de aventuras y amoríos por las tierras de Marruecos. Siempre hace alusiones a las ciudades que conoció bien, o en la que vivió, sobre todo Tetuán y Larache aunque también otras como Xauen, Alcazarquivir o Río Martín. L’Busbir comienza como un canto a la vida de la mujer musulmana. Es característica del escritor exotista imaginar un erotismo fácil y placentero en la mujer de las colonias. De Vega no escapa a esta fascinación, se deja llevar por ella y llega a una conclusión fácil: los hombres árabes son brutos con sus mujeres, las maltratan, no las respetan ni las halagan. La novela parece justificar la huida de la protagonista al burdel como una forma de liberación. La misoginia del autor, presente en muchos de sus relatos, toma aquí esa forma. Es moderado; nos narra los bailes y las músicas. Su erotismo, incluso su manera de escribir esta novela, recuerda a Isaac Muñoz sin la carga trágica y perversa de éste. El argumento es leve, apenas una excusa para las evocaciones. La volvería a publicar en 1954 pero con el título de El barrio de las bocas pintadas. Seguramente en 1931 fue una manera distinta de escribir sobre el Protectorado. Años después, cuando el autor ya era más famoso y se le abrieron las puertas de editoriales importantes, volvió a publicar esta novela pero cambiándola de título. Por esta época, el periodista César González Ruano le dedicó un artículo en Heraldo de Madrid titulado Sobre el enmorecido vizcaíno Luis Antonio de Vega. En enero de 1934, Ruano fue enviado por ABC al sur de Marruecos para buscar posibles cautivos españoles tras el desastre de Annual (crónicas que se recogieron y publicaron en 1996 por la Fundación Mapfrecon prólogo de Carlos G. Santa Cecilia), y De Vega le hizo de traductor. Por la personalidad de ambos, es posible que visitaran el Busbir y que esas experiencias sirvieran para escritos posteriores de Luis A. de Vega y de González Ruano (en concreto la novela Circe).

   La Guerra Civil, en la que De Vega fue un ferviente partidario de los sublevados, le sirvió para ambientar dos novelas donde la relación con Marruecos es importante. En plena contienda -1938- publicó Como las algas muertas. En ésta, la hermana del protagonista llega a Marruecos y se deja invadir por el sentimiento del propio autor hacia el país: Marruecos la saturaba con su gracia, afinaba sus perfiles mientras adquiría ese sentir poético que confieren las ciudades moras, ese deseo confuso de ser flor y no ave, la capacidad para el ensueño (página 64).  Lo que denominaba el mal de Marruecos y describía un tanto ampuloso: … ese dulce mal que, si a nadie mata, deja encadenado el espíritu a los mástiles de las banderas verdes (página 65). El protagonista –aviador militar- se deja atrapar por ese Marruecos ficticio de sensaciones nuevas y buenas. Viaja a Ifni recién ocupado, conoce el territorio. Pero al estallar la guerra se pone al lado de Franco y vuelve a España para participar en ella. Si esta novela es un canto a los militares españoles africanistas que combatieron para Franco, la siguiente es un homenaje a los moros que vinieron de Marruecos en el mismo bando. Sirena de pólvora es otra novela de Guerra Civil en la que el protagonista musulmán muere heroicamente en el combate peninsular.


   En 1941 había publicado una curiosa novela Los que no descienden de Eva. Aprovechando el mito platónico de la Atlántida, tan del gusto colonial, elabora una crítica ácida hacia el nacionalismo vencido en la Guerra Civil. Es una novela original, la de más intención política del autor.

   En 1944 publicó una novela histórica: Amor entró en la judería. Historia de judíos, de los españoles de Prim en el Tetuán de 1860, de los primeros asentamientos hispanos en el país. Evocaciones nostálgicas. Descripciones de lo que pudo haber sido.

   En 1946 retoma el argumento de la novela breve Fifí en Beni Arós para extenderlo hasta darle forma de novela larga con el título de Los hijos del novio. Con ésta obtuvo el premio África del año anterior, premio con el que se reconocía a los africanistas ortodoxos.  Su visión paternalista, a veces ingenua, pero supremacista del colono en Marruecos se concreta en las descripciones folklóricas y costumbristas. Al autor le gustaba vivir en un mundo distinto, antiguo, atrasado en el que él podía gozar de una posición más elevada. Un África que nosotros habíamos encontrado cubierta de harapos en el campo duro, en la montaña esquinada de flacas reses y, en las noches, levemente sacudida por el paso taimado de las hienas; un África sometida a la voracidad de las langostas, con su poesía y su profecía, pero que no era el África fastuosa de los leones, de los elefantes, de los príncipes negros, de las princesas oscuras, de la goma y la esmeralda y la carrera rápida de los avestruces (página 23). Pero, admitiendo ese orden de valores, que ama, se siente a gusto, contempla con ojos curiosos y disfruta de su vida. La novela transcurre como un viaje pintoresco por el Protectorado español. Es el más aburrido De Vega. La historia de amor interracial, muy usada en la novela colonial, quedaba mejor como novela corta. Los elementos nuevos no le bastan al autor para mejorar el primer texto.


   Luis Antonio de Vega también escribió otras novelas de ambiente africano colonial aunque no se desarrollen en el Marruecos español. Siempre hay alguna referencia a sus ciudades queridas: Tetuán, Larache, Alcazarquivir…. La primera de ellas es La disparatad vida de Elisabeth (1941), una sátira irónica sobre las aventuras de Isabelle (Elisabeth) Eberhardt en Argelia y Túnez. Novela de tono humorístico, pero de trasfondo misógino, dedicada a desmitificar a la famosa viajera.

   En Yo robé el arca de Noé (1950) viaja a Egipto y sucede el segundo diluvio universal. En Yo de di mis ojos (1952) se traslada a Argelia para narrar las peripecias de un  mozabita en la ciudad de Argel. Tal vez en estas dos demuestra una mayor capacidad narrativa y una mejor estructura novelística.



  Luis Antonio de Vega es ya un escritor olvidado, arrinconado en el polvo de las bibliotecas. No fue una primera figura literaria, pero era un escritor ameno, con sentido del humor, fantasioso y creador de ambientes imaginados con materiales reales. No nos habla de guerras del Rif, de blocaos, de heroísmos y recompensas. Su originalidad estriba de mostrar los aspectos civiles de la sociedad colonial. Su visión anticuada de las relaciones coloniales y su concepto político de dominación en África lo colocan fuera del interés actual. Su recreación personal de las situaciones, más imaginadas que coincidentes con lo que pasaba, no sirve de mucho para interpretar la vida cotidiana. Pero creo que es un  escritor imprescindible para la literatura colonial española.

viernes, 15 de julio de 2016

MÁS SOBRE MARRUECOS EN LA NOVELA BREVE (3): ESTAMPAS MARROQUÍES de JOSÉ MORALES DÍAZ, MARHABÁ de GABRIEL CASTRO y OJOS DE OLIVO Y LAS ADELFAS DE ANNUAL de FEDERICO VILLALOBOS.


VIDAL, Buenaventura L.: El sacrificio de toda una vida (Nuestra Novela nº 10. Madrid 1925. 61 páginas)
   Novela en la que algunas páginas discurren en Marruecos, protagonizadas por un legionario, aunque el asunto central sea otro

MORALES DÍAZ, José: Estampas marroquíes (Vida Médica. Madrid 1933. 64 páginas).
   Morales Díaz publicó un librito en el que recogía dos narraciones orales, de las que los juglares recitaban en los zocos y tanto admiraron a los curiosos españoles como ahora a los turistas de viaje organizado. A las que añadió un prólogo-evocación de estas actuaciones populares marroquíes. La introducción que titula Alef lila u lila (Mil y una noches), la fecha en Mallorca en 1921. Los dos relatos transcritos se titulan La romería de Sidi Mbarec a la que pone fecha en el mismo año y lugar que el prólogo. Y Iama Thassiats. Leyenda poemática cuya redacción sitúa en Tetuán en 1916. El librito es una curiosidad para los interesados en la tradición oral marroquí, aunque desconocemos el grado de fidelidad de lo escrito hacia lo escuchado.

CASTRO ENRÍQUEZ, Gabriel: Marhabá (Editora Marroquí. Tetuán 1941. 14 páginas).
   Marhabá (Bienvenido) es un relato de exaltación del moro combatiente que el militar interventor Gabriel Castro publicó en Tetuán poco después de acabada la Guerra Civil. Una evocación de la vida rural de Marruecos y sus gentes y un canto agradecido a los que contribuyeron a la victoria de Franco.

VILLALOBOS GOYARROLA, Federico Alonso: Ojos de olivo y las adelfas de Annual (Universidad. Granada 1995. Páginas 9-20).
   Relato con el que el autor ganó el Premio García Lorca en 1994. El autor nació en 1966 en León y se dedica al periodismo y la escritura. A pesar del título, las referencias a Annual son circunstanciales. Es autor también de El sueño colonial. Las guerras de España en África (2004).


miércoles, 13 de julio de 2016

MÁS SOBRE MARRUECOS EN LA NOVELA BREVE (2): EN LA GUERRA de COLOMBINE, LOS HOMBRES DE HIERRO de CRISTÓBAL DE CASTRO, MEMORIAS DE UN LEGIONARIO de JUAN FERRAGUT y POR ENCIMA DEL ODIO de ÁNGEL VERGEL.

“COLOMBINE”  BURGOS, Carmen de: En la guerra (El Cuento Semanal nº 148. Madrid 1909. 20 páginas. Ilustraciones de Agustín; “Cuentos” Sempere y cía. Valencia  1918; “La flor de la playa y otras novelas cortas” Castalia-Instituto de la Mujer. Madrid 1989. Edición de Concepción Núñez Rey).
   Carmen de Burgos (1867-19312) firmaba, entre otros, con el seudónimo de Colombine. Fue una mujer libre, avanzada. Separada legalmente de su primer marido, compartió vida con ramón Gómez de la Serna. Maestra, prefirió la escritura y el periodismo. Viajó mucho, algo inusual para una mujer en la época y su gusto por la aventura la llevó a Melilla en 1909 para seguir la guerra para Heraldo de Madrid. Fue muy criticada por sus compañeros, no sin algo de machismo, que la tildaban de llevar una vida festiva alejada del frente. Lo cual, que a lo mejor es cierto, no la distinguía del resto de los periodistas que tomaron Melilla, sin acercarse al campo de batalla y tomando las noticias de los cafés y los mentideros oficiales. La llamada “harka de los murmuradores”. Esto tampoco es extraño. Las noticias completas de las campañas se obtenían de los oficiales de estado mayor de la Comandancia de la plaza. En el frente apenas se podía seguir una acción determinada. En la guerra es una de las pocas novelas sobre la campaña de 1909. Es un relato sobre la vida en Melilla durante la guerra. Quizás no sea una escritora de primera fila, desde el punto de vista literario, pero este relato es mejor que la mayoría de los que se publicó en la época y tiene una visión más amplia de los conflictos.
Ilustración de Agustín para En la guerra



CASTRO, Cristóbal de: Los hombres de hierro (La Novela Mundial nº 91. Madrid 1923. 60 páginas. Ilustraciones de Barbero).
   De Castsro ofrece algunas originalidades en su relato. En encuentro de un veterano de la guerra de 1893 con el novato que acude a la de 1921, y que desaparece en combate. El padre que acude a Melilla en busca del hijo personalizando el drama de los familiares de los combatientes.

Dibujo de Barbero
   FERRAGUT, Juan: Memorias de un legionario (La Novela de Noche nº 41. Madrid 1921 y reimpresión de 1925; S.p.).
   Julián Fernández Piñero fue un legionario aventurero que dejó la Legión cuando la guerra se encauzó a favor de las tropas españolas en Marruecos. Usó el seudónimo de Juan Ferragut para no descubrir su verdadera identidad y su situación militar, pero los hechos que contaba demostraban claramente que estaba describiendo situaciones reales vividas por el autor. Publicó sus memorias del momento en Nuevo Mundo, después como novela breve y más tarde amplió a novela larga (que ya reseñaremos). Fue también autor de La misma sangre publicada en 1921 en La Novela Semanal también sobre los hechos sangrientos de Annual. Una vez que dejó La legión, siguió escribiendo novelas cortas con el mismo seudónimo.

VERGEL, Ángel: Por encima del odio (La Novela Levantina nº 8. La Unión 1921. 20 páginas).
  Típica novela legionaria de  amor y guerra, heroísmo y recompensa, que poco aporta  a la historia del género.


martes, 12 de julio de 2016

MÁS SOBRE MARRUECOS EN LA NOVELA BREVE (1): EL CAMILLERO DE LA LEGIÓN de CARLOS MICÓ, EL SARGENTO CARADURA de S. MONTES VALENTÍN, LAS ÁGUILAS DEL TERCIO de DOMINGO DE ABRIL ALEGRE, VENCER O MORIR de XULÍN DE LLUZA y CUANDO VOLVIÓ EL PRISIONERO de JOSÉ ANDRÉS VÁZQUEZ.

   La atracción del Protectorado sobre el escritor español del primer cuarto del siglo XX fue muy grande. Y continuó algunos años después, perdiendo fuerza después de la independencia del país. El lugar, y el singular estatuto político, proporcionaron a los autores temas de renovación argumental y estética. La guerra les dio un sinfín de posibilidades narrativas, incluso a los menos imaginativos. Los personajes diferentes, la mezcla de costumbres, las razas distintas que era un argumento recurrente, las religiones comparadas y el persistente gusto exotista que trataban de trasladar al lector como una esencia del misterio o la intriga. Uno de los vehículos más populares fue la novela corta que llegaba a los lectores periódicamente y se leía por hábito semanal o quincenalmente. Vamos a dar un breve repaso a algunos de los relatos que no hemos mencionado en otras entradas.

MICÓ, Carlos: El camillero de La legión (Madrid 1922. La Novela de Hoy nº 22. Sucesores de Rivadeneyra. 61 páginas. Ilustraciones de Varela de Seijas).
                         - La sed (Madrid 1923. Editorial Gráfica. La Novela Gráfica nº 30. sp).
   Micó (Filipinas 1886- Madrid 1982) era un personaje curioso, suboficial de La Legión y miembro de la sociedad teosófica. Fue director del semanario Los Aliados, publicación aliadófila que apareció durante la I Guerra Mundial.  Noveló algo de su historia personal y de sus inquietudes espirituales en dos novelas breves, Lupo, sargento y El camillero de La Legión. La novela comienza con una entrevista que Artemio Precioso, director de la colección, hace al autor y que nos sitúa en su trayectoria vital. Es una típica novela legionaria, centrada en la vida de un soldado en el cuartel y en el frente, elogio de la bravura y la camaradería. Fue autor de un libro de recuerdos legionarios, Los caballeros de La Legión (1922). La sed (1923) es una incursión en el exotismo y el amor irrefrenable por la mujer mora.

Dibujo de Varela de Seijas para El camillero de La legión.

ABRIL ALEGRE, Domingo de: Las águilas del Tercio (Madrid 1923. El Libro del Día nº 8. 32 páginas).
-          En Xauen se ha puesto el sol o la retirada de Jenofonte. (Madrid 1923? El libro del Día nº 12 . 30 páginas).
   Domingo de Alegre publicó en su colección El Libro del día dos relatos breves sobre el Marruecos español. Las dos llevan como subtítulo El drama de Marruecos entre bastidores y el autor confiesa que solo es responsable de la recopilación de los recuerdos auténticos de legionarios que, además, son autores de las ilustraciones.

VÁZQUEZ, José Andrés: Cuando volvió el prisionero (Sevilla 1923. La Novela del día. 30 páginas. Ilustraciones de Martínez de León).
   En esta novela el escritor sevillano aprovecha la guerra marroquí para desarrollas una historia de fatalidad en un pueblo andaluz. Sin mucha originalidad, aprovecha como otros el asunto bélico de ultramar.
MONTES VALENTÍN, S.: El sargento caradura (Madrid 1928. La Novela Nueva nº 4. Tipografía Colón.59 páginas. Ilustraciones de Santaballa).
   El sargento caradura es otra novela más de costumbres militares –Larache 1926, final de la campaña-, posiblemente de recuerdos de un militar destinado en Marruecos. Y aderezados por el inevitable amor de cristiano y mora.

Dibujo de Santaballa para El sargento caradura
LLUZA, Xulín de: Vencer o morir. Relatos de los novios de la muerte (Oviedo 1970. La Nueva España. s.p.).
   El seudónimo encubre la personalidad de Julio Gómez, antiguo legionario que se dedicó a escribir en bable o asturianu relatos y teatro costumbristas. En 1970 utilizó el castellano para novelar brevemente el episodio del blocao de la muerte, hecho conocido que marcó el inicio de la leyenda de los legionarios como mártires de la patria.

viernes, 8 de julio de 2016

GUINEA ESPAÑOLA Y LA ESCUELA: HISTORIA DE UNA MAESTRA de JOSEFINA R. ALDECOA.



ALDECOA, Josefina R.: Historia de una maestra (Anagrama. Barcelona 1990. 232 páginas; Círculo de Lectores. Barcelona 1991. 205 páginas; Compactos Anagrama. Barcelona 1996. 129 páginas; Aguilar. Crisol. Madrid 2004. 498 páginas; Alfaguara. Barcelona 2006. 225 páginas; Punto de Lectura. Madrid 2007. 237 páginas; Debolsillo. Barcelona 2016. 236 páginas).


   Josefina Rodríguez Álvarez, que firmaba Aldecoa por el que fue su marido Ignacio Aldecoa, fallecido prematuramente, publicó en 1990 una novela de éxito que tiene una parte dedicada a la colonia de Guinea: Historia de una maestra. La novela, primera de una trilogía, se continuaría con las novelas Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997). Está escrita como homenaje a la labor callada, insistente y poco reconocida de las maestras rurales desde los años de la II República. Puede ser la historia de la madre de la autora y de otras muchas maestras más. La historia de una generación de pedagogas que creyeron en la labor de enseñar a los niños españoles de las zonas más deprimidas. Desde los montes de León –donde la autora nació en 1926- hasta los confines coloniales. Creyendo que la labor callada y persistente de enseñar las primeras letras y reglas debía estar imbuida de un ejercicio vocacional de transformación de personas, de transmitir valores y sentimientos de estima que hiciera a las personas –desde pequeñas, más críticas, más exigentes y más suficientes. Se enseñaba el valor de la dignidad humana.
Josefina R. Aldecoa
   Es cierto que la autora no conocía Guinea (murió en 2011 a los 85 años de edad), y que el relato  está inspirado en conversaciones y lecturas. En el recuerdo de su madre. Si se examina detalladamente se pueden observar algunos errores y situaciones anacrónicas. No es una novela histórica, ni busca la fidelidad de los hechos de manera absoluta, sino la visión de una maestra en la Guinea de finales de los años 20 del siglo XX. Por esto, la novela merece un comentario especial. Porque supo romper la tradición de las novelas sobre Guinea, novelas de bosque y plantación, pintoresquistas, relatos de un mundo de hombres y de relaciones interraciales. Ya Liberata Masoliver puso el protagonismo en la mujer, pero era una mujer en una situación provisional, sustituta del marido. Aldecoa  pone el punto de vista en una mujer sola, joven e independiente. En esos años, las únicas mujeres solas que podían acudir a la colonia eran, precisamente, las maestras. Lo que las colocaba en una situación muy especial y podían observar el mundo alrededor con una mirada distinta. La maestra llega a una población del continente que puede ser Bata, aunque no diga el nombre. Era el centro de curiosidad. Su sensibilidad y su manera de ver la colonia eran distintas. No era una colonial pura, ni un funcionario con poder en el gobierno y sobre los colonizados. Era una maestra cuya ocupación consistía en formar a los niños guineanos, intentar hacerlos adultos exigentes.

   La escuela en la colonia había pasado de los misioneros protestantes, los primeros que las crearon, a los misioneros católicos españoles. Los jesuitas primero, y los claretianos después tuvieron el monopolio de la enseñanza. Eran buenos agentes de colonización, imprescindibles incluso antes que los militares. Llegaban a todas partes y enseñaban el idioma y el respeto a la madre patria y sus instituciones según el criterio de orden público colonial. Facilitaban el gobierno y el control. En cierta manera, eran órganos del Estado y como tales cobraban de los presupuestos. Daban y exigían. Tenían conflictos de intereses con los gobernadores. En algunas épocas (por ejemplo, tras la revolución de 1868) el Estado creó escuelas no religiosas en consonancia con la laicidad oficial. En otras, como la época de Franco, la educación de los religiosos convivía con la estatal aunque el Estado fuera confesional. Estos temas fueron estudiados en época colonial por Heriberto Ramón Álvarez Historia de la acción cultural en Guinea Española (1948), que fue el inspector de educación en la etapa del gobernador Bonelli. Ambos creyeron que era la hora de formar a los guineanos para la inevitable independencia y se esforzaron en crear una estructura de educación pensada para la formación de las nuevas clases dirigentes. Tuvieron muchos problemas al chocar con la mentalidad colonial tradicional. Posteriormente ha sido objetos de libros del catedrático Olegario Negrín Fajardo en Historia de la educación en Guinea Ecuatorial (1993).


   









   Josefina Aldecoa dedica pocas páginas a Guinea, unas treinta. Son recuerdos desperdigados de una mujer que sufre la soledad, la incomprensión y hasta los intentos de abuso. No son los recuerdos de la autora, sino lo que oyó contar. Son memorias familiares transmitidas y recogidas desde el cariño. Retrato de una mujer de hace mucho tiempo que vivió en una situación insólita y difícil. Seguramente muy difícil en esa época: El tiempo que pasé en Guinea fue un tiempo de soledad. Era un mundo de hombres, la mayoría también solitarios. Un mundo duro de lucha y sacrificio para conseguir el único fin que parecía tener claro: el dinero. Plantadores, comerciantes, funcionarios, negociantes, todos llegaban a la Colonia dispuestos a regresar con dinero. Esta meta no implicaba necesariamente que los blancos coloniales fueran unos malvados. Pero sí suponía en ellos un comportamiento áspero, poco dado a valorar matices y a aceptar sensiblerías (página 69 de la 1ª edición). Su visión de las cosas contrastaba con la dominante en el territorio. Su concepto de la enseñanza no era el que usaba: La Misión tenía unas cincuenta internas adultas que vivían con tres monjas y una hermosa iglesia atendida por un sacerdote. Me cuesta trabajo identificarme con la innegable labor de las monjas. Las internas aprenden oficios; salen de su condición de analfabetas desnutridas y son educadas en la religión católica. Es verdad. Pero ya entonces creía yo más en la justicia que en la caridad. Respetaba la labor de las monjas pero no era mi labor. Educación, cultura, libertad de acción, de elección, de decisión. Y lo primero de todo, condiciones de vida dignas, alimentos, higiene, sanidad (página 70).


   La mujer trató de adaptarse al medio, pero no lo comprendía. No le gustaba el sistema social impuesto. Las diferencias marcadas por los coloniales, sobre todo frente a los indígenas aunque no solo, no son comprendidas por la joven idealista. Una mirada crítica, a pesar de la brevedad. Es cierto que Historia de una maestra no es una novela sobre Guinea porque las páginas ultramarinas son apenas un episodio. Pero es cierto que la autora exploró otro camino en la forma de contar las cosas coloniales.




jueves, 30 de junio de 2016

LAS NOVELAS DE TÁNGER (5): ME QUEDÉ EN TÁNGER de LUIS MOLINOS y EL BESO DE HERMES…TÁNGER de DOLORES ABATI.

MOLINOS, Luis: Me quedé en Tánger (Autoedición. Impresión bajo demanda en Amazón. 2013. 317 páginas).
ABATI, Dolores: El beso de Hermes… Tánger (Autoedición. Impreso bajo demanda en Polonia 2013. 72 páginas).

   La fascinación por lo que fue Tánger en la época internacional lleva a algunos de sus antiguos habitantes a desgranar recuerdos de manera novelada. Dentro de la abundante literatura memorialística colonial, este es un apartado de creciente importancia. De los hechos narrados se pueden deducir los detalles de la vida ciudadana. Aunque gran parte de este tipo de novelas sean sólo recuerdos domésticos, sucesos familiares y anécdotas enlazadas.

   Molinos construye una novela con la sucesión de episodios que van desde finales del siglo XIX hasta después de la independencia de Marruecos. Escrita en primera persona, quiere transmitir la evolución de la ciudad según la evolución del protagonista. Algo común entre los escritores fascinados por lo que vivieron. Libro ameno aunque no profundiza mucho en las situaciones para que se compliquen con las páginas. Pasa por los sucesos cronológicamente y los unen los personajes que se repiten en distintas edades. Puede entenderse que algunos personajes son reales según los recuerdos del autor, otros ficticios y otros una mezcla de ambos. En los hechos, también intuimos algo parecido. Algunas son anécdotas familiares, otras sirven para presentar personajes históricos como Raisuni, Silvestre, Bu Hamara o Abd el Krim. Memorias en ocasiones; en otras se intuye el préstamo literario como la narración del Desastre de Annual y la huida del protagonista que recuerda relatos conocidos. La ciudad cobra su internacionalidad y la pierde. Llega la independencia y el autor permanece. La ciudad tiene su propia biografía y tal vez Molinos quiso ser uno de sus biógrafos.

   Dolores Abati ha utilizado el mismo sistema de autoedición para presentar un relato más intimista en el que la ciudad es sólo el marco de las relaciones personales. Sólo el escenario de la primera parte y el recuerdo persistente en los dos protagonistas.



martes, 21 de junio de 2016

CONGRESO SOBRE HISTORIA MILITAR Y NOVELA HISTÓRICA

Actas de II Congreso Internacional de Historia Militar (Ministerio de Defensa. Madrid 2016. Libro electrónico. Impresión bajo demanda).



   Entre el 27 y el 29 de mayo de 2015 se celebró en la Universidad de La Rioja el II Congreso de Historia Militar. Esta vez dedicado a la novela histórica. Ahora se han publicado las actas que pueden adquirirse a través de la página web del Ministerio de Defensa:
    Como dice Enrique Martínez Ruiz en la Introducción: estoy convencido de que la lectura de este volumen será gratificante para todo aquel que decida dedicarle unas horas, pues no solo va a encontrar una variada exposición de temas, enfoques y perspectivas que en muchos casos le resultarán de gran novedad, sino que también tendrá suficientes argumentos para que él mismo pueda hacer sus propias ponderaciones sobre la utilidad de la novela histórica de temática militar y su relación con la Historia.
  Las Actas están divididas en cuatro secciones: 1 Historia Antigua y Medieval, 2 Historia Moderna, 3 Historia Contemporánea y 4 Historia del Presente. Y en las dos últimas hay aportaciones relacionadas con la novela colonial hispanoafricana. Son las siguientes:
·        Lucas Canteras Zubieta: Un esbozo del imaginario colonial marroquí a través de la literatura: de Alarcón a Sender.
·         Rocío Velasco de Castro:  Las campañas de Marruecos en la novela La Ruta de Arturo Barea. 
·        María Gajate Bajo:  Manuel Fernández Silvestre: luces y sombras de un militar muy novelesco. 
·        Enrique Gudín de la Lama: La aviación en la narrativa de la guerra del Rif.  
·        José Luis Rodríguez Jiménez:  La respuesta española a la Marcha Verde marroquí sobre el Sahara Occidental.  

·        Julián Delgado Aguado: El sueño del desierto del Sahara en la literatura española.   

jueves, 9 de junio de 2016

NOVELAS DE LA GUERRA DE IFNI-SAHARA (3): SMARA. HISTORIA DE UNA ILUSIÓN de FERNANDO MATA.

MATA, Fernando: Smara. Historia de una ilusión (Simancas ediciones. Valladolid 1997. 377 páginas. Fotografías).

   Mata fue uno de esos militares que eligieron un destino difícil al salir de la Academia. La vocación militar y el deseo lógico de hacer carrera brillante, llevaba a buscar destino en las unidades más laboriosas, entre las que se encontraban las unidades de Tropas Nómadas del Sahara español. Teniente inexperto, se vio sirviendo en una compañía de guarnición en Smara que en esos años era un lugar remoto y de difícil acceso y comunicación. La experiencia es rica y el autor, que luego dejó el Ejército por alguna decepción no explicada en el libro, entendió que era novelable. Aunque calificar Smara de novela es arriesgado aunque no disparatado. Es un libro a medio camino entre los recuerdos y la ficción, recuerdos novelados y novela testimonio. Con más valor en el primero de los campos que en el segundo. Tampoco es propiamente una novela sobre la guerra; pero por las noticias que da de ella y por la visión de lo que ocurrió después, sin que el territorio estuviera totalmente pacificado, la incluimos en este apartado.

   El libro es un ameno relato de la vida cuartelera en Smara y de las misiones de la Tropas Nómadas de la época en el desierto. Las conversaciones del teniente bisoño (el propio autor) con los militares veteranos (auténticos aunque con los nombres cambiados, seguramente identificables para los militares) sirven para introducir al lector en sucesos históricos como la guerra de 1957 y las acciones armadas posteriores, organizadas por el yeich taharir desde Marruecos. El autor no da fechas exactas de la acción, pero teniendo en cuenta que se trataba de un teniente de la XIV promoción de la Academia de Zaragoza como confiesa en el prólogo, los hechos suceden en 1959 ó 1960. Era los años en los que aparecían expediciones científicas en el territorio, buscando el petróleo que se sospechaba existía en el subsuelo. Los trabajos de investigación eran presa fácil para los revoltosos y obligaba a una constante labor de protección de los militares españoles. Las tropas nómadas vigilaban las fronteras, perseguían las bandas marroquíes y trataban de controlar un espacio inmenso con pocos medios.

   La novela gana en intensidad a medida que pasan los capítulos. Las escenas de vida militar en el desierto están llenas de noticias curiosas, interesante, sobre el modo de vida, las costumbres, las relaciones. El lector tendrá que familiarizarse con el nombre de las tribus saharauis, con sus rivalidades. Pero está contado con sencilla amenidad.




jueves, 2 de junio de 2016

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (10): LA TRAGEDIA DEL CUOTA de FRANCISCO HERNÁNDEZ MIR.

HERNÁNDEZ MIR, Francisco: La tragedia del cuota (Una escuela de ciudadanos). (Pueyo. Madrid 1922. 181 paginas; CIAP. Madrid 1923. 181 páginas + 2 hojas. Prólogo de Manuel Machado).
   Francisco Hernández Mir fue lo que se denominaba un periodista de raza. Uno de los pioneros de la crónica bélica en España y un atento seguidor de todo lo relacionado con Marruecos. Había nacido en Sevilla en 1871 y murió en Madrid en 1956. Muy joven empezó a escribir. En 1893 acude a Melilla para seguir la guerra de Margallo, quizás sea esta ocasión la que señala el nacimiento del reporterismo de guerra español. Entonces era enviado de El Porvenir sevillano y sus crónicas las recogió en un libro: Farrucos y gallinas (1894) http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000089918&page=1 .


Fue director de varios diarios sevillanos: El Noticiero Sevillano a finales del siglo XIX, El Progreso hasta 1907, y en 1908 se convierte en editor de El Combate que sólo duró un año. En 1919 está en Madrid trabajando para El Liberal, pero vuelve a Sevilla para dirigir La Monarquía en 1920. Acudió también a la guerra de 1909 y publicó las correspondientes crónicas, aunque no las recopiló en libro. Al estallar la guerra del Rif en 1921, es enviado por el periódico madrileño La Libertad para seguir los hechos. De esta experiencia surgieron decenas de crónicas que recopiló en varios libros: Del desastre al fracaso: un mando funesto (1922); y los cuatro volúmenes de Del desastre a la victoria (1922-1926) I Ante las hordas del Rif; II Del Rif a Yebala; III Alianza contra el Rif; IV El Rif por España (1926). Más tarde completaría su obra marroquí con La dictadura en Marruecos: al margen de una farsa (1930).  Durante la II República se afilió al Partido Republicano Radical y fue gobernador civil de Albacete y Almería durante la etapa lerrouxista.

   Sus vivencias africanas lo empujaron a escribir una novela ambientada en Marruecos durante la guerra contra Abd el Krim. Su protagonista es un soldado de cuota en la versión de aquella época. Es decir, no el que se libraba del servicio militar mediante una redención a metálico sino el que, mediante pago, podía reducir el tiempo de permanencia en filas y elegir el destino. Sistema vigente hasta la Guerra Civil. La incorporación el Ejército de estos hombres, provenientes de familias acomodadas, produjo algunos efectos intangibles que Hernández Mir quiere reflejar. En primer lugar, los oficiales y –sobre todo- los suboficiales iban a moderar el maltrato y el abuso en presencia de hijos de familias influyentes. En segundo lugar, la universalización de la prestación hizo convivir a conscriptos de distintas extracciones sociales y procedencias geográficas, lo que permitió un conocimiento mejor de la realidad del país. Aunque esto, como está claro, dependía de la sensibilidad de cada quién. Estas ideas, propias de un reformista republicano moderado, son las que subyacen en la novela de Hernández Mir. No se trata de una gran obra literaria, sino de una obra pedagógica. El autor aprovecha la difusión popular de la novela para lanzar su visión del asunto. No era un anticolonialista, ni un antimilitarista furibundo; pero entendió que muchos de los peores aspectos de la tragedia se debieron a la improvisación, la negligencia y el abuso. El ejército igualaba a todos en el nivel de miseria de los campamentos del frente y el autor subtitula su novela: Una escuela de ciudadanos.

   El cuota protagonista -Pepín Gómez de la Riva- es un pollo bien hijo de senador vitalicio de los que hizo fortuna con la corrupción de las contratas. Su padre le paga el dinero correspondiente y accede a un regimiento de guarnición en Madrid que le permitía seguir llevando la vida muelle que acostumbraba. Los sucesos de Melilla obligan a que el regimiento se una a la fuerza expedicionaria y el conscripto, como todos los demás, se ve embarcado rumbo a la guerra: …faltaba gente para completar los cuadros y hubo que apelar a todos los que en la lista figuraban, nutriendo así con retazos de un regimiento un batallón incompleto, sin acémilas, sin ametralladoras, casi sin fusiles, y desde luego con gentes que apenas sabían disponerse a recibir instrucción para manejarlos. Fue un crimen enviar a la guerra soldados sin noción de lo más elemental para hacer frente a enemigo tan duro; pero como lo esencial era dar al país la sensación de que se hacía un esfuerzo proporcionando a la cuantía del agravio, se cometió ese delito de lesa patria y se hizo una vez más la comedia lamentable (páginas 23-24).
 Ante las hordas del Rif
Del Rif a Yebala
   Escrita con la facilidad de cronista, rápido en los detalles y sin mucho fondo, el libro es ante todo un alegato moralista. Unas escenas de cuartel, blocao y campamento en las que se combina la crítica de la imprecisión y el abandono con la esperanza regeneradora del sufrimiento del soldado. Los regimientos se agrupan en Tetuán antes de salir al frente; los soldados conocen los rigores de la escasez y el sufrimiento de la falta de preparación. La batalla descrita sin emoción, sin protagonismos. Los personajes adocenados como anónimos figurantes. El cuota es herido en el campo de batalla, nada grave. Pero la herida le llevará a conocer el sufrimiento de los hospitales de sangre y la recuperación se complica con infecciones y parásitos adquiridos en los centros sanitarios. Lo que no mataba el moro, lo remataba el contagio hospitalario. La regeneración la impone las rudas condiciones de la milicia; tanto a los hombres si esperanza que llegaban al Tercio como a los señoritos ajenos a la realidad social que son obligados a acudir a la guerra a pesar de su condición de cuotas. El final es una moraleja, la apertura del cuota a la vida real. Una novela simple y literariamente decepcionante pero que muestra una manera de pensar de ciertos autores reformistas.
Alianza contra el Rif


El Rif por España

miércoles, 11 de mayo de 2016

LAS NOVELAS DEL FIN DE SAHARA ESPAÑOL (5): LLORA LA HIENA EN EL SÁHARA de FRANCISCO BAUTISTA GUTIÉRREZ

BAUTISTA GUTIÉRREZ, Francisco: Llora la hiena en el Sáhara. (Ed. United PC. Usa 2014. 169 pp).
        - Despertar en las dunas del Sahara (Autor/Amazon. 2018. s.p.)


   Francisco Bautista es un escritor que publica habitualmente en formato digital. Algunos de sus libros pueden ser adquiridos en papel en las páginas de venta de libros on line.

   Llora la hiena en el Sáhara es un relato intimista de uno de los últimos soldados españoles que hacía la mili en la colonia y es testigo de la lucha primera de los guerrilleros saharauis. Unas veces patrullando con las tropas españolas, otras viajando con su amigo Alej, nos muestra algunas características de la vida nómada y de las dificultades del desierto. Son sensaciones que se desgranan sin que lleve un hilo argumental claro, sin que el lector tenga noticia del momento exacto en que se produjeron, ni siquiera si existe un relato cronológicamente ordenado o no.
   El contraste entre dos maneras de ver el mundo, entre la visión idealista de los independentistas y  es escepticismo de los últimos españoles. La Marcha verde, el Polisario; la sociedad colonial que se deshace. Un relato de la confusión y la guerra.
Mora, óleo de Genaro Lahuerta

   Pero el contraste con los españoles es menor que con los nuevos invasores marroquíes que se ejemplifica en una sórdida historia de violaciones, torturas y muertes. El relato se va decantando hacia el homenaje a los resistentes saharauis de primera hora frente al ejército invasor procedente del Norte. Con desgarro, dureza, a veces ternura y sin ocultar las simpatías.
   De igual época trata Despertar en las dunas del Sahara, esta vez los acontecimientos se narran a través de un joven.