jueves, 29 de octubre de 2015

LAS NOVELAS DEL FIN DE SAHARA ESPAÑOL (4): SAHARA. LA ÚLTIMA MISIÓN de MIGUEL GILARANZ.

GILARANZ, Miguel: Sahara. La última misión (Éride ediciones. Madrid 2010. 184 páginas + 2 hojas).
  Gilaranz (Madrid 1964) es un hombre inquieto al que atraen muchas actividades diferentes. Ecologista, piloto, escritor… En la novela que comentamos conjuga dos historias diferentes y dos épocas diferentes. Por un lado, la misión de unos militares españoles en el Sahara en la etapa colonial; por el otro, la de un piloto español perteneciente a una ONG que trata de llevar, en la época actual, unas gafas a El Aaiún. Conseguir armar estos dos argumentos como dos historias dispares que confluyan en un final conjunto y sorprendente es la dificultad del relato al que se enfrenta el autor.

   Cuando se combinan estos dos argumentos puede caerse en el fallo de que los lectores se interesen solamente por uno u otro. Las peripecias de un piloto de avioneta, llena de consideraciones técnicas y detalles muy del gusto de los interesados en la aeronáutica pueden no ser del gusto de los lectores que aman las aventuras militares coloniales, y viceversa. Hay que decir, sin embargo, que la novela mantiene un ritmo y una intriga que puede servir para las dos categorías.
Dibujo del Sahara Español de Carlos Tauler
   El autor es muy minucioso en la narración de cada uno de los actos de los personajes. El lector no puede esperar una novela de trepidante acción militar. Hasta la página 100 se recreará en descripciones de técnica aérea, en costumbres del Sahara y rutinas de las patrullas de tropas nómadas. Va creando un ambiente en el que se espera el hecho determinante de la novela, pero que tarda en llegar.
Miguel Gilaranz (contraportada del libro)

   Con un final fantasioso, emotivo, donde el tiempo pasado y el actual se juntan el autor da fin a un entretenido relato.

viernes, 23 de octubre de 2015

NOVELAS DE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLES DEL GOLFO DE GUINEA (8): EL RÍO DE UNA SOLA ORILLA de JOSÉ ANTONIO LÓPEZ HIDALGO.

LÓPEZ HIDALGO, José Antonio: El río de una sola orilla. Guinea, del crimen del río Etumbe a la independencia (Girona 2015. Cal-lígraf. 161 páginas).

   López Hidalgo ya es un veterano de la novela sobre Guinea. El 1995 publicó La casa de la palabra y ahora vuelve a Bioko, donde residió entre 1988 y 1990, con El río de una sola orilla. En 2006 ganó el premio internacional de novela Juan Rulfo con El punto se desborda, que se sitúa también en Guinea Ecuatorial pero en la época actual, sin referencias coloniales.

   En El río de una sola orilla nos presenta a un restaurador de libros que llega a Luba para cuidar la biblioteca claretiana de la localidad. Por casualidad encuentra un documento sobre un padre cuya memoria ha sido borrada y siente la curiosidad de investigar acerca de él y de los sucesos que precedieron a la independencia del país. La técnica es la clásica de una novela de este tipo. El restaurador va entrevistando a los protagonistas vivos de aquel tiempo para reconstruir los hechos ocultados. Con esta intriga nos muestra un ambiente colonial y postcolonial suficientemente dibujado como para reconocer situaciones y personas. Aparecen los viejos coloniales, en sus dos categorías. Los añorantes del paraíso perdido: El profesor pertenecía a ese grupo de españoles que insisten en que los mejores años de sus vidas fueron los transcurridos en Guinea, lo que da una idea exacta de cómo vivían los blanco en la colonia (página 33). Y los que pasaron página como algo irremediablemente ido y superado: Los españoles que vivieron allí y no han sabido pasar página huelen a agua estancada. Se pudren en sus recuerdos y cierto aire de frustración. Fueron expulsados del paraíso y no se lo perdonan ni a sí mismos. Creen que no defendieron lo suyo suficientemente, que España les abandonó. No suelen ser buena compañía (páginas 34-35), como describe uno de los personajes. El indagador se ve impotente ante un muro de silencios, olvidos, ignorancia, se topa con los descendientes de los viejos caciques coloniales que quieren impedirle seguir en su investigación por miedo a que aparezcan las verdaderas personalidades de sus parientes. Así que decide, en vez de aclarar los hechos y mostrarlos, escribir una novela donde los cuente con nombres figurados. Así, en la página 59, comienza la segunda parte del libro que es la novela del protagonista.
López Hidalgo
   La verdad es que no entiendo muy bien esta larga introducción. La segunda parte de la novela, con sustantividad propia, no la necesitaba. Es un interesante relato sobre un tema tabú en la época colonial, el canibalismo. El autor lo aborda aprovechando la figura del padre Laínez, entiende que fue un tema exagerado a propósito o por desconocimiento y desmitifica la secta bwetí. Y tras ello hay algo que ahora parece evidente para los que nos interesamos por la colonia de Guinea: el profundo desconocimiento que los españoles tenían del mundo africano. Es posible que a la mayor parte de los funcionarios, militares, empleados y plantadores que fueron al territorio las cuestiones de antropología, historia o etnología no le importaban nada. Pero bien pudieron las autoridades hacer un esfuerzo mayor en esos campos que hubiera llevado a un mejor conocimiento de la población indígena, a la mejora de las políticas coloniales y del trato y a la superación de algunas cuestiones de convivencia. Posiblemente el indígena guineano tampoco entendía al blanco pero ellos no se movieron de su tierra.

   López Hidalgo ofrece una interpretación sugestiva sobre las sectas secretas indígenas. Amparándose en una ficción, desentraña algunas cuestiones desmitificando la importancia que dicen que llegó a tener, la crueldad de sus métodos y la creencia de que la antropofagia estaba muy extendida. Quizás la secta bwetí, y otras similares, no fuera más que un juego. Nunca se sabrá del todo. A lo mejor fue utilizado por los servicios coloniales para someter aún más a los guineanos. Ya decimos que los españoles dieron poca importancia a la antropología. Las referencias a esta práctica en la época colonial son escasas, a pesar de que los franceses ya hablaban de ella en el siglo XIX (desde Chaillu en 1863). En la década de los cuarenta del siglo XX el antropólogo González de Pablo publicó dos artículos en Actas y Memorias de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria (1944) y en los Cuadernos de Estudios Africanos (1946). Y el presidente del Tribunal Colonial José Antonio Moreno dio una curiosa interpretación (después de unos juicios) en la Revista de Antropología y Etnología (1949). Más tarde aparecería el estudio de Antonio de Veciana: La secta del bwiti en la Guinea Española (1958) y un amplio reportaje del periodista José Manuel Novoa: Iboga. La sociedad secreta del bueti (1998), que además realizó algunos documentales cinematográficos.


   Como resumen, El río de una sola orilla no es simplemente una novela negra, aunque esté editada en una colección de este género, sino un brillante, original y bien trazado relato de lo vivido (en parte imaginado) en el bosque de Río Muni al finalizar el periodo español. De la convivencia real (o ficticia pero posible) entre fangs, pigmeos, autoridades coloniales y claretianos.


viernes, 16 de octubre de 2015

LAS NOVELAS DE TÁNGER (2): UN LARGO SUEÑO EN TÁNGER de ANTONIO LOZANO.

LOZANO, Antonio: Un largo sueño en Tánger (Editorial Almuzara. Córdoba 2015. 172 páginas + 1 hoja).
   Los escritores nacidos en Tánger, y que se marcharon, suelen sentir una nostalgia remanente que es natural en los que tuvieron la suerte de vivir en un lugar extraordinario por el hecho de ser una ciudad internacional. Pero Antonio Lozano, que quizás también tenga esa nostalgia, también sabe que la ciudad extraordinaria estaba sustentada en muchas trampas. De estos recuerdos –reales o imaginados, ¡qué más da!- surge una novela intimista: Un largo sueño en Tánger en la que el autor aprovecha el coma de la protagonista para que los personajes que se desenvuelven a su alrededor en el hospital hablen y actúen como si no les viera, ni escuchara nada. Pero la enferma escucha y lo narra en un diálogo interior. Y así aprovecha para trazar una pintura de la sociedad de los españoles en Tánger, con todas sus miserias y sus incapacidades que sintetiza en un largo párrafo: Tienes lo que te mereces porque has preferido seguir a su lado para no perder tu vida acomodada de señora con criada, campo de golf, merienda en el salón de té Porte y playa privada. Porque has preferido ocupar tu puesto en el hipócrita y mediocre clan de burgueses advenedizos que sois los europeos de Tánger. Os creéis superiores porque os ha sido dad una vida con la que ni podríais soñar en Europa. Si vivierais allí no tendríais ni criada, ni clubes privados, y habríais de cargar vosotras mismas con el peso del cesto de la compra. Os creéis superiores porque sois europeos y ellos son marroquíes, y vivís con la estúpida convicción de que sois mil veces mejores que ellos, que ellos deben estaros agradecidos porque le dais lustre a su país con vuestra simple presencia. Os creéis gente de mucha clase pero no sois más que una antigualla caduca, pura morralla residual de la peste colonial que ha podrido la vida de este pueblo y de tantos otros. Si no fuera por lo dañino que sois, daríais pena y risa (página 21). Este párrafo pronunciado por la hija de la protagonista da entrada a lo que el autor va a mostrar que es, fundamentalmente y en lo que se refiere a la vida colonial, una sociedad clasista y racista donde los europeos se impusieron sobre los marroquíes. Era la manera de llevar una buena vida. Y los marroquíes se sometieron: los marroquíes teníamos parte de la culpa de la superioridad con que nos trataban los europeos, tantos años después de la independencia. Que nuestra meta era parecernos a ellos, que buscábamos en ellos un espejo en que mirarnos (páginas 59-60). Y el despertar a una conciencia de igualdad, de poder nacional, está en la base de este relato que se desenvuelve entre conversaciones familiares. Insiste: Vivíais vosotros, españoles de Tánger, europeos de Tánger, en una telaraña tejida con mentiras en la que ejercíais ora de araña ora de insecto atrapado. Os apuntasteis por snobismo al ritual tangerino, ayudados por el marroquí, a quien la sumisión y la necesidad habían puesto a vuestros pies (página 62).

   Las situaciones, familiar y social, de la novela son tristes, a veces sórdidas, injustas. Isabel, la protagonista postrada en la cama del hospital, es una mujer maltratada que repasa su vida, sus errores, su mala suerte. Se da cuenta de que su existencia estaba basada en cimientos falsos: su matrimonio fracasado y doloroso y una sociedad artificial. De los dos planos –social y familiar- cae a la vez en una reflexión larga y profunda. Odia al marido y comprueba que la vida colonial acabada era solo un espejismo aunque la descolonización de las mentes es infinitamente más lenta que la de los Estados (página 88).
Antonio Lozano

   La esperanza que el autor vislumbra la determina la verdad de las relaciones personales, más allá de nacionalidades, raza so religiones. La verdadera amistad, cariño o amor que está ajeno al corsé de las sociedades superpuestas. La protagonista lo comprende escuchando cuando creen que no puede oír: no hay nada tan aleccionador como escuchar a alguien que te cree ausente (página 162). Por su carácter intimista, por la universalidad de los sentimientos humanos esta no es una novela sólo para amantes de Tánger. Aunque, por las condiciones específicas de la ciudad, solo podría escribirse sobre Tánger.
Tánger. Av. de España

viernes, 9 de octubre de 2015

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (7): EL DESASTRE DE ANNUAL de RICARDO FERNÁNDEZ DE LA REGUERA y SUSANA MARCH.

FERNÁNDEZ DE LA REGUERA, Ricardo  y  MARCH, Susana: El desastre de Annual (Planeta. Barcelona 1968. 502 páginas; Planeta. Barcelona 1975. Dos tomos de 252 y 503 páginas; Planeta Serie Antología literaria. Barcelona 1985. 440 páginas; Planeta. Barcelona 1999. 449 páginas).

   La profusión de ediciones de esta novela en la editorial Planeta indica que fue uno de los grandes éxitos de la novela española y que continúa vendiéndose y leyéndose. El matrimonio de autores se había propuesto continuar los Episodios de Galdós, que algunos consideran un género, como hicieron otros anteriormente (por ejemplo Francisco Camba), aunque con técnica y visión diferentes.  Toman la empresa donde la dejó Pérez Galdós y en 1963 publican la primera novela de la serie: Héroes de Cuba. La muerte de March impidió que la serie continuara y quedó interrumpida en el primer tomo de La República (1988). En total diez episodios en once novelas. Cuando comenzaron ya eran autores conocidos, leídos y traducidos. Ricardo Fernández de la Reguera nació en Cantabria en 1912 y murió en 2000 era un autor famoso por novelas como Cuando voy a morir (1953), Perdimos el paraíso (1955) o Cuerpo a tierra (1957). Ganador de varios premios fue, además, profesor universitario en Barcelona. Susana March nació en Barcelona en 1918 y murió en esa misma ciudad en 1991. Fue autora de varios libros de poesía desde Rutas (1938) hasta Poemas de la Plaza Real (1987), y de cuatro novelas en solitario.

   En 1968 apareció El Desastre de Annual. Los autores vuelven a poner en actualidad la guerra de Marruecos que permanecía olvidada en la novela, se inicia así la segunda fase del Ciclo de Annual. Es una novela escrita con estilo directo, sin artificios y sin poesía. Cuenta los hechos cronológicamente pero desde varios puntos de vista que se van superponiendo. La inician con un extenso prólogo en el que ponen al lector al corriente de los hechos y añaden una pequeña bibliografía final. Los autores tuvieron, como decimos, el acierto de volver a poner de actualidad el desastre de Annual. Si en los años veinte la literatura sobre Marruecos se dividía entre críticos y patriotas, en 1968 (cuando la censura franquista se abría un poco y los lectores buscaban ya otros puntos de vista) era posible publicar una novela que, aunque a grandes rasgos sigue la doctrina ortodoxa de lo que pasó, ya se permitía algunas críticas. Por ejemplo, el trato al soldado, la deficiencia en la instrucción, material y comida, algunos errores de bulto de los militares a la hora de diseñas y efectuar la campaña, etc.

   La novela comienza con la toma y pérdida de Abarrán, la tragedia de Igueriben y los episodios de Sidi Dris y Afrau. Es decir, con la sucesión de hechos inmediatamente anteriores al abandono de la posición principal. Son descritos con detalle, muy fieles a lo que pasó, imaginando diálogos de mandos y soldados. Tal vez lo peor de la novela es el lenguaje falso de la tropa, coloquial pero sin excesos que hubieran sido normales en el frente (tales como insultos, blasfemias y otras palabras gruesas). El hecho crucial de no haber tomado permanentemente la llamada Loma de los Árboles, que precipitó la caída de Igueriben, se narra de forma creíble. Está claro que la caída de Igueriben precipitó todo lo que vino después y, por eso, los autores se detienen a describir minuciosamente lo acontecido. Empieza a dibujarse la tragedia que se traducirá en las desgracias individuales de miles de soldados, cuya cruda descripción es una de las características de esta novela y uno de los motivos de su éxito. El hambre, la sed, el calos, las enfermedades, la falta de auxilios, el abandono, la desesperación… La retirada continúa hasta dar Drius, Batel y Monte Arruit, con cuya caída termina el relato.  Los autores han podido documentarse bien en la bibliografía de la época, basta con leer el resumen del expediente Picasso publicado por el editor Javier Morata en 193. La huída ciega de los pobres soldados está bien relatada en el libro Annual (1922) de Eduardo Ortega y Gasset, que confesaba haber reproducido las experiencias que le contaron.


Susana March                                            R. Fernández de la Reguera
   Lo distinto de esta novela, frente a otras del mismo ciclo, es que la narración se centra en la vida del soldado en el frente. A través de ellas, porque son varios narradores de tropa, se describen los hechos militares y los sucesos del desastre. Los autores dejan escapar las intencionalidades políticas de la intervención en Marruecos, la posible intervención real, las diferencias entre Silvestre y Berenguer, las responsabilidades de ambos o el error del general Navarro al dejar Dar Drius y resistir en Monte Arruit. Los autores son conscientes de que la dureza de la condición de soldado daba suficiente para mostrar la tragedia y en eso tenían razón porque la crudeza de los episodios descritos han llegado muy bien a los lectores de las sucesivas ediciones. No sabemos si porque no era su intención al escribir la novela, porque no querían ser demasiado críticos con el Ejército o porque la censura les hubiera impedido otra visión. A los autores les interesa solo el punto de vista del soldado en la trinchera, en la posición, en la huida, en el cautiverio…. Son ellos los protagonistas que se relacionan con los mandos y que combaten al moro. No obstante, salvan de la general incompetencia militar a algunos mandos como los tenientes coroneles Primo de Rivera, de la Caballería de Alcántara, o Pérez Ortiz de la Infantería de San Fernando -cuyo libro De Annual a Monte Arruit (1923) es también fuente de la novela-. El soldado de reemplazo, con sus miedos y esperanzas, nos conduce por los caminos rifeños llenando al lector de la terrible angustia del momento. El hombre joven que quiere evitar la muerte que le acecha de manera injusta.


   Pero Fernández de la Reguera y March caen en algunos errores históricos. El episodio del pozo nº 2 no fu un acto de heroísmo sino de cobardía. La conducta del general Navarro tratando de ganar Monte Arruit para que fueran salvados desde Melilla quizás fuera un episodio de incompetencia. Pero los autores creen en el fatalismo, en lo irremediable de la situación: 29 de julio de 1921. El general de brigada don Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, Barón de Casa Davalillo, ha entrado en Monte Arruit con 900 hombres. Es un 29 de julio. En Monte Arruit hay ahora 3.000 sobrevivientes de la catástrofe. Y la muerte no se ha detenido. Está allí, delante de ellos, pavorosa e insaciable (página 433). Y con eso se llega a un final amargo que, en definitiva, fue el final amargo de los sucesos de julio de 1921 en el Rif.

   La novela es un buen ejemplo de novela bélica. Los autores volvieron a dar alguna noticias sobre Marruecos en la siguiente novela de la serie: La Dictadura.

viernes, 18 de septiembre de 2015

NOVELAS DE PLANTACIÓN EN LA GUINEA ESPAÑOLA (2): FANG EYEYÁ de GERMÁN BAUTISTA VELARDE.

BAUTISTA VELARDE, Germán: Fang Eyeyá (Gráficas Barragán. Madrid 1950. 285 páginas).

   Germán Bautista García-Velarde es uno de los ejemplos de ocasionales de Guinea que han dejado obra escrita. Este periodista había nacido en Las Palmas en 1912 y murió en Madrid en 1988. Empezó su carrera en Buenos Aires (allí publicaría su primera novela Venerables papanatas), regresó a España y es nombrado corresponsal de la agencia americana Foreing News Service.  Ejerció la críitica teatral en La Estafeta Literaria, Solidaridad Nacional y Barcelona Teatral. Llegó a Guinea para documentarse sobre el terreno con el objeto de  filmar varias películas para Hermic Films. Decidió quedarse una larga temporada en la colonia española. Envió crónicas guineanas al ABC, al diario Madrid y a El Español. También publicó en la revista África.

   El autor comprendió que la selva guineana y sus habitantes formaban un mundo distinto, atractivo para un libro y desconocido para el público español. Con ese deseo de contar sus experiencias y la intuición de originalidad en el escenario, publicó la novela. Esta novela tiene varios paralelismos con Efún de Liberata Masoliver que se publicará cinco años después. Parte de una visión tradicional de la sociedad y, dentro de la moral convencional de la época, incluyen algunos episodios de escándalo social. Ambos autores ven Guinea como una tierra de regeneración tras un fracaso, algo muy propio de la mentalidad colonialista de siglos anteriores. No cuestionan en ningún momento el sistema racista de castas en que se estructuraba la sociedad colonial guineana.
Germán Bautista Velarde
   Bautista Velarde no era un colonial, era un turista. A principios del siglo XX hubo una importante polémica literaria en Francia sobre literatura colonial. Algunos autores franco-argelinos señalaban que solo pueden escribir literatura colonial los que habitaban en las colonias. Evidentemente, esto era una boutade. Pero detrás de esta afirmación se encerraba algo importante: Los autores nacidos y que habitaban las colonias comprendían de manera natural el fenómeno colonial; los que iban de viaje, sólo veían algunos aspectos llamativos de la cuestión. A los primeros se les puede achacar su distanciamiento del indígena y su manera de vivir. A los segundos se les puede reconocer que atisbaban comportamiento extraños que los coloniales veían como naturales. En conclusión, unos y otros ayudan a comprender la situación con visiones parciales más o menos acertadas.
   Como digo, Bautista Velarde fue un viajero al que fascinó la Guinea Española. Por eso plasmó en su novela –no es un caso único- algunos hechos pintorescos, llamativos o folklóricos que los viajeros entendían como distintos y dignos de ser contados. Por eso en estas novelas es imprescindible una cacería, un balele, un adepto a la secta bwetí, la tumba que comunicaba en la selva a golpe de tan tan, una aventura erótica con mujeres locales, el peligro de la selva, el contacto con jefes de tribu, etcétera. Y nuestro autor no se sustrae a ello.
   Autor que asume sin crítica los estereotipos de la mentalidad colonial. Desde el principio lo deja claro. Los europeos llegaban a Guinea con lo misión civilizadora de introducir al africano en la economía europea y llevarle hábitos de trabajo: Necesitaban blancos, pero hombres duros y aventureros que supieran sacar el máximo rendimiento de los indígenas (página 23). Eran hombres providenciales en un mundo primitivo y resabiado donde la voluntad y el músculo libraban su más formidable encuentro (página 27), sin ningún pudor describe su mentalidad (la de muchos de los colonos) respecto al país: la vuelta a lo primitivo, el fantástico retroceso a una sociedad estacionada en la edad de hierro; una sociedad elemental y caprichosa, sin sentido ético, apegada aún a la selvática ley de la costumbre fundada en las más ancestrales supersticiones y en los más violentos instintos (página 51). Con estas palabras, el autor no engaña sobre su visión al novelar. Han pasado sesenta y cinco años desde la publicación pero es fácil comprender que incluso  entonces -1950- se podía ver de otra manera la vida de los guineanos.

   Velarde asumió los prejuicios coloniales que los residentes en Guinea debieron transmitirle. Su visión del español esforzado que trata de civilizar a unos salvajes indolentes y su visión de la mujer indígena persiguiendo al europeo protector, responde a esa visión colonial. En realidad, al autor no le parece importar eso mucho. No hace una crítica de las costumbres coloniales ni las plasma más allá de dar una visión folklórico-exotista de Guinea como escenario original de una novela. Lo que le interesa al autor es la figura del español expatriado y protagonista del relato, Marcos. En él resumen la figura típica de la literatura colonial del hombre atormentado por algún problema grave en la metrópoli que toma la colonia como lugar de redención. O, simplemente, como lugar donde rehacer un camino torcido o no deseado; un lugar en el que recuperar la posición en la vida, la autoestima o el reconocimiento. La colonia se convertía así en el hogar de tipos raros, hombres duros llenos de rencores o complejos, sujetos con un pasado oscuro o personas que luchaban contra sí mismas. Esto entroncaría con la filosofía de las colonias penitenciarias ya elaborada por Edward Gibbon Wakefield en el siglo XIX. Los hombres que se enfrentan a sí mismos metáfora de su enfrentamiento a la tierra hostil: Era emocionante comprobar día a día el triunfo del hombre sobre las resistencias milenarias de la gran selva, que iba siendo despojada de toda su belleza majestuosa, pero indómita y negativa (páginas 227-228). El sacrifico era la penitencia que, cumplida, redimía al hombre y premiaba al trabajador.
   En esto, la novela colonial sirve para falsear la realidad colonial. En cierta manera, se desarrolla como algunos western cinematográficos. La realidad inventada supera –en el imaginario colectivo- a la realidad. En la colonia guineana lo que había, ante todo, eran hombres que trataban de ganarse la vida lo mejor y más abundante posible. Y, tal vez, lo que une la ficción con la realidad eran ciertas tensiones sexuales derivadas de la falta de mujeres europeas y las relaciones libres con las mujeres guineanas.


   Se trata de una novela correctamente escrita, sencilla pero entretenida. Y, sobre todo, estamos ante un ejemplo canónico de mentalidad colonial.

viernes, 11 de septiembre de 2015

BIBLIOGRAFÍA SOBRE LA NOVELA COLONIAL ESPAÑOLA EN ÁFRICA

GARDOQUI, José de: Literatura colonial (Burgos 1925. Imprenta de Rafael Y. de Aldecoa. 63 páginas).
   El comandante de Estrado Mayor José de Gardoquí era autor de varias obras africanistas firmadas con seudónimos, por ejemplo la que publicó como Comandante X.Y.: La espada rota. Impresiones de campaña en Marruecos (1921-1922) (Burgos 1922). Literatura colonial fue una conferencia pronunciada en el teatro Principal de Burgos el 14 de noviembre de 1925, a iniciativa del Ateneo de esa ciudad. Tuvo la intuición temprana de ver la importancia de esta materia pero es un trabajo muy amplio y poco definido.

LÓPEZ GARCÍA, David: El blocao y el oriente (Murcia 1994. Universidad de Murcia. 122 páginas).
   López García tuvo el acierto de ser el primero en publicar una visión general de la literatura española sobre el Marruecos colonial. Un libro cuidado aunque un tanto breve para la magnitud del estudio. López García, quizás motivado por el asunto, es autor también de una novela sobre Raisuni.

ESSOUNANI, Driss: De Madrid a Tetuán. Una tendencia narrativa antibélica sobre Marruecos (1905-1980) (Madrid 2000. Comunidad de Madrid- Consejería de Cultura. 426 páginas).
  Este libro es también fruto de una tesis doctoral dirigida por Enrique Baena en la Universidad de Málaga. Aunque este libro apenas estudia en profundidad unas veinticinco obra, algunas de ellas no de ficción, tiene un valor añadido al tratarse de la visión de un marroquí.

VARGAS GONZÁLEZ, Alejandro: La guerra de Marruecos en la literatura (Málaga 2001. Editorial Algazara. 68 páginas).
   Libro dedicado, como casi todos los que tocan esta materia, sólo a Marruecos y, especialmente, a la guerra. Es un breve resumen de lo que se escribió, un panorama que no pretendía ser exhaustivo.

LÓPEZ BARRANCO, Juan José: El Rif en armas. La narrativa española sobre la guerra de Marruecos (1859-2005) (Madrid 2006. Marenostrum. 395 páginas).
 Excelente trabajo producto de una tesis doctoral limitado por tratarse sólo de narrativa bélica y de Marruecos. Quizás sea el estudio más detallado y profundo de literatura colonial hispanomarroquí.

  
CARRASCO GONZÁLEZ, Antonio: Historia de la novela colonial hispanoafricana (Madrid 2009. SIAL. 393 páginas).




martes, 1 de septiembre de 2015

NOVELA ERÓTICA Y MARRUECOS: CUENTOS GALANTES DE MARRUECOS de CHEIKH NARAOUI y MARIQUITA CAUTIVA DE LOS MOROS de EDUARDO CORBIN.

GARCÉS GARCÍA, J. M.: La prisionera atropellada (Imprenta Layetana. La Novela del día nº 117. Barcelona 1921. 30 páginas)
MARDELEY, Jorge de: Los pecados de Claudina en tierra de moros (Prensa Moderna. Colección Imperio. Madrid s.a. 163 páginas. Portada de Ribas. Ilustraciones de F. Ros)
CHEIKH NARAOUI: Cuentos galantes de Marruecos (Madrid 192? La Novela Picaresca nº 9. Editorial Flérida. S.p. Portada de Loygorri).
CORBIN, Eduardo: Mariquita cautiva de los moros. (Madrid 1925. La Novela Exquisita nº 17. 52 páginas. Ilustraciones de Mirko).

   En el imaginario colonial tenía gran importancia las relaciones inter raciales. Tal vez fuera uno de los atractivos que se concedían los colonos expatriados. Las relaciones fáciles, muchas veces impuestas por la situación de superioridad, el abuso. Pero también una concepto de sensualidad distinta, a lo mejor idealizada. Los españoles que acudían a África se sentían llamados a la experiencia nueva, liberados de las reglas sociales estrictas de la sociedad católica. Esto dio lugar a historias de todo tipo, desde el amor a la decepción.
   No es de extrañar, por tanto, que la literatura también se fijara en este aspecto. Es uno de los argumentos más manidos y peor tratados en general. Hay mucho de exotismo y de irrealidad. Mucho deseo lúbrico mal disfrazado de enamoramiento. Como en tantos otros aspectos, los novelistas ocasionales no supieron profundizar en el hecho.
   Si a esto añadimos una moda en los años veinte del siglo XX de literatura erótica, pues encontramos resultados curiosos. Los relatos galantes, pícaros o sicalípticos hoy  parecen ingenuos y sin capacidad de escandalizar. En su momento supusieron una novedad. En lo que se refiere a Marruecos encontramos algunos ejemplos.
   La prisionera atropellada, publicada en el año del Desastre de Annual en una colección típicamente galante.
   De semejante tipo es Los pecados de Claudina en tierra de moros firmada por Jorge de Mardeley que también suena a pseudónimo. Novela un poco más extensa que las anteriores y menos evidente en sus escenas eróticas, que se desarrolla entre Tánger y Rabat.

  Los Cuentos galantes de Marruecos, firmados por un falso cheikh seudónimo de no sabemos quién, es una recopilación de historias árabes tomadas de aquí y allá, populares o adaptadas, anacrónicas, que pudieran hacer creer que el Rif no se diferenciaba mucho del Bagdad califal. Se trata de ocho breves cuentos con la característica común de que la mujer engaña al marido y que el presunto compilador, en el prólogo, sintetiza así: Las mujeres tienen a su disposición una cantidad tal de trucos que no hay que soñar en poder enumerarlos. Serían capaces de montar un elefante sobre las espaldas de una hormiga y aún les sobraría sitio.

   La novelita de Eduardo Corbin (suponemos que era también seudónimo), es un extravagante relato sobre las fantasías de una adolescente que se hacen realidad. La joven pobre que vivirá del sexo. El rapto que la convierte en favorita de un harem, un nuevo rapto, el rescate, el misterio de Tánger y la sordidez del prostíbulo de Xauen, todo muy forzado para elaborar un argumento de suave erotismo y mucha exageración.
Dibujo de Mirko para Mariquita cautiva de los moros

   Dos muestras más del exacerbado exotismo colonial literario.

viernes, 21 de agosto de 2015

NOVELAS DE LA GUERRA DE IFNI-SAHARA (2): HUMO Y ESTRELLAS de BENJAMÍN AMO.

AMO, Benjamín: Humo y estrellas. Sidi Ifni, la guerra ignorada (Murcia 2002. Editorial Náusica. 121 páginas; ¿Murcia? ¿Leipzig? ¿2009? Editorial Nemira. Amazon Distribution. 154 páginas).



   El autor, nacido en Murcia en 1980, ejerce el periodismo en la radio murciana y en revistas, y es aficionado a los misterios como desvela su propia página web: http://www.benjaminamo.com/. Muy joven publicó su primera novela Humo y estrellas, dedicada a la colonia española de Ifni. Es un relato sencillo en el que un periodista, algo decepcionado de la profesión, conoce por azar a un veterano de Sidi Ifni que le cuenta la historia. La primera parte es una sucesión de hechos de mili, parecidos a los que podemos contar cualquiera de los que pasamos por el servicio militar obligatorio. Pero el autor, por la edad, no pasó por ese trance y le puede resultar curioso. En este caso, la mili la hizo el protagonista en Ifni en 1957 con todos los problemas de esa época en ese lugar: malas comunicaciones, escasez de agua y alimentos, malas condiciones de vida para la tropa e, inevitablemente, la guerra.

   La segunda parte es una narración parcial de la guerra. La vida de un soldado de reemplazo en la ciudad sitiada y en las posiciones que la defendían. El miedo, la incertidumbre, la incomprensión. Termina con unas noticias de lo que pasó en la guerra conocidas después.
   El relato es el simple recuerdo de un soldado. El lector tiene la impresión de que el autor conoció a un protagonista que le contó la mili y lo reproduce sin añadir nada. Es una visión personal y reducida.
   Quizás no sea una novela propiamente dicha, aunque el autor la define como tal. Le falta acción, personajes, argumentos paralelos, imaginación. Más bien puede encuadrarse en la serie de memorias personales que algunos protagonistas de la guerra están publicando recientemente. Por ejemplo, Memorias de Ifni. De Asturias a África  de José Luis Moreno Pieiga (Gijón 1996), Sidi Ifni’57. Impresiones de un movilizado (Valls 2002) de Josep M. Contijoch, Memòria d’Ifni (Girona 2008) de Pius Pujades y Memorias de Sidi Ifni (2015) de Ricardo Ugarte. O el más amplio de Manuel Jorques Ortiz Historias secretas de Ifni: hablan los soldados (2011).








miércoles, 12 de agosto de 2015

ESCRITORES GUINEANOS Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA (1): A PESAR DE TODO de MARCIAL DOUGAN y EN EL LAPSO DE UNA TERNURA de JOSÉ FERNANDO SIALE DJANGANY.

DOUGAN, Marcial: A pesar de todo (Ediciones Carena. Barcelona 2014. 228 páginas).
SIALE DJANGANY, José Fernando: En el lapso de una ternura (Ediciones Carena. Barcelona 2011. 176 páginas + 1 hoja).


   La novela colonial española sobre Guinea es, en gran medida, imaginaria. Los autores que escribieron durante la etapa colonial no vivieron en Guinea (Masoliver) o la visitaron ocasionalmente (Valverde). Los que vivieron allí, salvo José María Vilá, no escribieron sobre la vida colonial sino más bien sobre el bosque (como Aranzadi). Los escritores contemporáneos que abordan el tema no conocieron la Guinea colonial. Se escribe en base a recuerdos familiares, investigaciones históricas, lecturas, charlas… Literariamente no es nada negativo, la imaginación es en definitiva la esencia de la novela. Pero históricamente sólo nos muestra una parte de la cuestión, una visión parcial de los conflictos. Los escritores guineanos que ahora abordan el asunto caen en algo similar. Los únicos guineanos que escribieron en la época –Evita y Jones- no abordaron directamente la cuestión colonial y, además, eran escritores “tutelados” por los españoles. Los nuevos novelistas del país, por edad, no llegaron a habitar Guinea en la etapa española y deben basarse en fuentes indirectas, entre ellas –muy especialmente- en las conversaciones y tradición oral que está impregnada del sentimiento del comunicante y contaminada por errores y falta de objetividad. Desde el punto de vista literario, nada objetable.

   Dougan es un fernandino guineano que estudió y trabaja en España donde lleva más de treinta años, un español y guineano a la vez. A pesar de todo es su segunda novela. Y en ella se asoma a uno de los argumentos más polémicos e interesantes de la etapa colonial, las relaciones sexuales entre colonos y guineanas y la filiación surgida de éstas. Quizás el tabú más oculto de la actuación española junto con la recluta obligatoria de trabajadores fang. La atracción sexual interracial es algo normal. A veces se exacerba, como en el caso de las colonias donde el contacto era real y frecuente. En la España mojigata imbuida de moral católica, de rechazo a las relaciones prematrimoniales y de considerar virtuosa a la mujer virgen, las relaciones con colonizadas eran uno de los grandes atractivos de la vida en las colonias para el hombre. Esto ya lo puso de manifiesto Gustau Nerin en su controvertido ensayo Guinea Ecuatorial, historia en blanco y negro (1998). En el que, lo mismo que en la novela, se abordaba el abuso de los españoles sobre las guineanas. También lo usaron los novelistas españoles (la última Luz Gabás en Palmeras en la nieve), aunque suponiendo siempre el consentimiento.
Marcial Dougan
     Pero el tema es más complejo, no puede reducirse a solo esa premisa y su consecuencia fundamental: la filiación no deseada o no reconocida. Porque habría que dilucidar cuántas de esas relaciones sí que fueron consentidas; si hubo violencia, temor reverencial, engaños o abuso de situación. Si estas situaciones se daban también en la península, por ejemplo en los cortijos del sur. Y si la violencia y el abuso estaban también presentes en las relaciones entre guineanos donde –además- aún regía el matrimonio concertado por las familias con mujeres casi niñas o la poligamia.
   Dougan establece una premisa: …sería interesante y determinante que expertos, no solo jurídicos, sino también antropólogos, psicólogos, historiadores y políticos se pronunciasen sobre si la supremacía racial, social, laboral y económica reinante entonces en las colonias era, por sí sola, suficiente para anular la voluntad de las nativas frente a los colonos. Aspecto imprescindible y determinante para equiparar los hechos con la violencia necesaria para establecer una relación de esclavitud (página 10). Este párrafo resume la determinación de uno de los protagonistas de investigar el tema. Y la narración de situaciones sufridas forma la base argumental del libro. Juan, el protagonista, inicia una investigación entre mujeres que vivieron la colonia y fueron madres de mulatos. Su intención era saber si estas situaciones eran masivas y si podría considerarse un crimen contra la humanidad. ¡Enorme esfuerzo!

   Más allá de la ambición inicial del argumento, existe en el autor un deseo de plantear los hechos y dar a conocer la situación. Las colonias partían de un hecho abusivo: la diferencia entre razas y la postergación de los indígenas legal, social y usualmente. Esto favorecía la arbitrariedad en todos los aspectos. La concreción en actos dependía de la voluntad, la personalidad o bondad/maldad del ejecutante (colono). El incidir en un aspecto negativo no implica incluir en él a todos los coloniales que pisaron Guinea Ecuatorial. A veces estos relatos resultan más polémicos de lo que debieran por generalizar lo que el autor sólo quiere reflejar.
   La técnica narrativa es la del investigador que realiza entrevistas para hacerse una idea de lo que pasó y ver si se ajusta a su hipótesis inicial. La novela no se va por las ramas, es muy concreta y directa. Añade puntos de vista subjetivos  a la narración del autor. Y termina con un final deliberadamente fallido. El investigador opta por no continuar por razones que no debemos desvelar para conservar el interés por el argumento. En todo caso, los sentimientos personales y las complicaciones de cada situación personal están detrás de ello.  Pero concluye: Confío en que este sea solo un peldaño, que otros continúen colocando más peldaños hasta formar la escalera que conduzca como mínimo al restablecimiento de la honra de muchísimas mujeres guineanas en particular y africanas en general que fueron forzadas sexualmente, tal vez no físicamente, pero sí por encontrarse en inferioridad social, laboral, política y económica (página 228).
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   José Fernando Siale es un autor guineano residente en Guinea, lo que lejos de ser una redundancia resulta hoy día algo poco frecuente. Según sus datos en la web www.casafrica.com : Este autor forma parte del grupo de autores de Malabo que desde la década de los años noventa han promovido el renacimiento de la literatura ecuatoguineana escrita en español. Una de las señas de identidad de estos escritores, y particularmente de Siale, es la reivindicación y la afirmación de su adscripción euro-africanista, libre de consideraciones políticas y de sentimientos de desarraigo o exclusión. Destacan entre sus obras las novelas Cenizas de Kalabó y Termes (2000) y Autorretrato con un infiel (2007), y los relatos breves de La revuelta de los disfraces (2003). Y la página de la editorial carena, que publica algunos de sus relatos, nos completa la biografía con otras breves notas: nació en Santa Isabel (actual Malabo, en Guinea Ecuatorial) en junio de 1961. Jurista de formación, cursó estudios universitarios en Francia. Posteriormente, diplomado por la Escuela Nacional de la Magistratura de Francia. Además, es escritor e instrumentista musical. Como autor literario, forma parte del grupo de autores de Malabo, con una visión renacentista de la literatura ecuatoguineana escrita en español, en un estilo histórico-realista en el que a menudo interviene la metáfora, los entes y los milagros. Exactamente como lo vive la gente de su tierra.
José F. Siale
  En el lapso de una ternura es una colección de cuentos sobre Guinea Ecuatorial en la que aborda el periodo colonial y el actual. El escritor usa la ironía como estilo, el humor ácido y un ingenioso sistema de enmascarar las verdaderas identidades de algunos personajes. Puede el lector jugar a adivinar quién se esconde tras el nombre, a lo mejor encuentra las claves navegando en internet. Original es también la falsa bibliografía que añade al final. Tiene un lenguaje muy personal, rico, a veces críptico y lleno de referencias enmascaradas alunas de las cuales son muy difíciles de identificar para el lector no guineano. Crea un universo en el que lo real y lo mágico se superponen, establece anacronismos y combina los hechos y los personajes para componer un mosaico de la sociedad guineana en el periodo final de la colonización española.

   El autor no quiere, al menos en este libro, trazar una crítica realista de la sociedad colonial en su faceta completa (colonos y colonizados), sino que desarrolla relatos imaginativos en los que enmarca personajes que pueden ser reales. No obstante, hay un buen ejemplo de lo que fue la vida colonial representado en el abuso del colono y la resistencia pasiva de los nativos en el cuento Desandando la vanidad, el pobre Arturo dos Santos. Una bonita fábula sobre la imposición colonial, las relaciones informales y el poder tradicional local frente a la autoridad impuesta. El comerciante colonial desprecia a los habitantes del pueblo y éstos, como venganza, dejan de comprarle, lo consideran invisible y le obligan a pedir clemencia.


   Por último, constatar que cada vez hay mejor literatura en Guinea Ecuatorial.

miércoles, 15 de julio de 2015

MARRUECOS EN LAS NOVELAS DE RAFAEL LÓPEZ RIENDA

Al hablar de Marruecos en la colección Los contemporáneos, ya hicimos referencia a dos novelas de López Rienda. Ahora completamos su bibliografía colonial con sus otras aportaciones.

   López Rienda es un personaje singular en el Marruecos de la época, incluso ha sido personaje en alguna novela de Cazorla Pietro. Huérfano de padre, se alista como voluntario en el Ejército como manera de subsistencia. Pero su inteligencia y su facilidad en las letras hacen que, unido a los méritos de guerra, ascienda a sargento. Pero en él subyace una vocación literaria y periodística que le empuja a la escritura más que a las armas. Seguramente, de no morir tan joven (16 de septiembre de 1928), hubiera acabado dejando el Ejército español. Había nacido en Granada en mayo de 1897 y a los dieciséis años ya estaba en la Caballería de Larache.

   Pronto empezó a colaborar en El Sol como corresponsal, y en los diarios de Marruecos y Melilla. Fue director de Ecos de Arcila, Diario Marroquí de Larache y El Eco de Tetuán. Es autor de algunos de los libros de actualidad marroquí más consultados: El escándalo del millón de Larache (1922), en el que desentraña la corrupción militar de la época aprovechando un célebre caso; Frente al fracaso, Raisuni. De Silvestre a Burguete (1923), criticando la vacilante política española con El Raisuni que, según el autor, llevó a la catástrofe y  Del Uarga a Alhucemas. Abd el Krim contra Francia (1925), recopilación de crónicas periodísticas sobre el final de la campaña.


   
   De su amistad con el escritor Benjamín Jarnés, al que conoció cuando hacía la mili en Larache resultó la obra de teatro El héroe de la Legión (1925). Posiblemente Jarnés influyera mucho en la manera de escribir de López Rienda.

   Además fue uno de los pioneros del cine colonial español como guionista, productor y director. Participó en el rodaje de Alma rifeña de Buchs en 1922, adaptó su novela Águilas de acero o Los misterios de Tánger (1926) dirigida por Florían Rey, y dirigió Los héroes de la Legión (1927).
Resumen del argumento de la película
   Una buena noticia biográfica es la que escriben Juan Domínguez Lasierra y José Marqués López en el nº 68-69 de la revista Turia.
   Rafael López Rienda publicó las siguientes novelas breves de tema marroquí:
-          Águilas de acero. Novela de la guerra (La novela de hoy nº 226. Madrid 10 de septiembre de 1926. 64 páginas. Ilustraciones de Quintanilla). Una sencilla historia de aviadores militares, Tánger, misterio, espionaje y atracción femenina.

-          Juan León, legionario (Los héroes de La legión). (Imprenta de Zoila Ascasíbar. Madrid 1927. 60 páginas. Ilustraciones de Garran). Que podía pasar por una novela de tópicos legionarios pero que es, en realidad, la biografía escondida de su amigo el poeta granadino Juan Jesús León.

-          Luna en el desierto (La novela de hoy nº 334. Madrid 5 de octubre de 1928. 62 páginas. Ilustraciones de Quintanilla). Aventuras de legionarios franceses.

-          Bajo el sol africano (La novela regional nº 1. Granada 1925. 28 páginas).


   Además de las dos novelas cortas que ya mencionamos en el comentario sobre Marruecos en Los Contemporáneos:
-          Tánger, pequeño Montecarlo (Madrid 22 de mayo de 1924. Los Contemporáneos nº 800).

-          Mi legionario (Madrid 25 de septiembre de 1924. Los Contemporáneos nº 818).


   López Rienda presenta la singularidad de que casi toda su obra se desarrolla en el Protectorado, algo que sólo ocurre en el caso de Luis A. de Vega. Sin embargo, debido quizás a su prematura muerte, lo que escribió era sólo el inicio de una carrera. Le falta una novela larga donde desarrollar situaciones y personajes con mayor intensidad, donde combinar los aspectos militares con la vida civil que él conocía como habitante de Larache. Hoy nos queda la curiosidad de ser un escritor vinculado al africanismo español y a la visión idealista de una situación controvertida.