viernes, 15 de julio de 2016

MÁS SOBRE MARRUECOS EN LA NOVELA BREVE (3): ESTAMPAS MARROQUÍES de JOSÉ MORALES DÍAZ, MARHABÁ de GABRIEL CASTRO y OJOS DE OLIVO Y LAS ADELFAS DE ANNUAL de FEDERICO VILLALOBOS.


VIDAL, Buenaventura L.: El sacrificio de toda una vida (Nuestra Novela nº 10. Madrid 1925. 61 páginas)
   Novela en la que algunas páginas discurren en Marruecos, protagonizadas por un legionario, aunque el asunto central sea otro

MORALES DÍAZ, José: Estampas marroquíes (Vida Médica. Madrid 1933. 64 páginas).
   Morales Díaz publicó un librito en el que recogía dos narraciones orales, de las que los juglares recitaban en los zocos y tanto admiraron a los curiosos españoles como ahora a los turistas de viaje organizado. A las que añadió un prólogo-evocación de estas actuaciones populares marroquíes. La introducción que titula Alef lila u lila (Mil y una noches), la fecha en Mallorca en 1921. Los dos relatos transcritos se titulan La romería de Sidi Mbarec a la que pone fecha en el mismo año y lugar que el prólogo. Y Iama Thassiats. Leyenda poemática cuya redacción sitúa en Tetuán en 1916. El librito es una curiosidad para los interesados en la tradición oral marroquí, aunque desconocemos el grado de fidelidad de lo escrito hacia lo escuchado.

CASTRO ENRÍQUEZ, Gabriel: Marhabá (Editora Marroquí. Tetuán 1941. 14 páginas).
   Marhabá (Bienvenido) es un relato de exaltación del moro combatiente que el militar interventor Gabriel Castro publicó en Tetuán poco después de acabada la Guerra Civil. Una evocación de la vida rural de Marruecos y sus gentes y un canto agradecido a los que contribuyeron a la victoria de Franco.

VILLALOBOS GOYARROLA, Federico Alonso: Ojos de olivo y las adelfas de Annual (Universidad. Granada 1995. Páginas 9-20).
   Relato con el que el autor ganó el Premio García Lorca en 1994. El autor nació en 1966 en León y se dedica al periodismo y la escritura. A pesar del título, las referencias a Annual son circunstanciales. Es autor también de El sueño colonial. Las guerras de España en África (2004).


miércoles, 13 de julio de 2016

MÁS SOBRE MARRUECOS EN LA NOVELA BREVE (2): EN LA GUERRA de COLOMBINE, LOS HOMBRES DE HIERRO de CRISTÓBAL DE CASTRO, MEMORIAS DE UN LEGIONARIO de JUAN FERRAGUT y POR ENCIMA DEL ODIO de ÁNGEL VERGEL.

“COLOMBINE”  BURGOS, Carmen de: En la guerra (El Cuento Semanal nº 148. Madrid 1909. 20 páginas. Ilustraciones de Agustín; “Cuentos” Sempere y cía. Valencia  1918; “La flor de la playa y otras novelas cortas” Castalia-Instituto de la Mujer. Madrid 1989. Edición de Concepción Núñez Rey).
   Carmen de Burgos (1867-19312) firmaba, entre otros, con el seudónimo de Colombine. Fue una mujer libre, avanzada. Separada legalmente de su primer marido, compartió vida con ramón Gómez de la Serna. Maestra, prefirió la escritura y el periodismo. Viajó mucho, algo inusual para una mujer en la época y su gusto por la aventura la llevó a Melilla en 1909 para seguir la guerra para Heraldo de Madrid. Fue muy criticada por sus compañeros, no sin algo de machismo, que la tildaban de llevar una vida festiva alejada del frente. Lo cual, que a lo mejor es cierto, no la distinguía del resto de los periodistas que tomaron Melilla, sin acercarse al campo de batalla y tomando las noticias de los cafés y los mentideros oficiales. La llamada “harka de los murmuradores”. Esto tampoco es extraño. Las noticias completas de las campañas se obtenían de los oficiales de estado mayor de la Comandancia de la plaza. En el frente apenas se podía seguir una acción determinada. En la guerra es una de las pocas novelas sobre la campaña de 1909. Es un relato sobre la vida en Melilla durante la guerra. Quizás no sea una escritora de primera fila, desde el punto de vista literario, pero este relato es mejor que la mayoría de los que se publicó en la época y tiene una visión más amplia de los conflictos.
Ilustración de Agustín para En la guerra



CASTRO, Cristóbal de: Los hombres de hierro (La Novela Mundial nº 91. Madrid 1923. 60 páginas. Ilustraciones de Barbero).
   De Castsro ofrece algunas originalidades en su relato. En encuentro de un veterano de la guerra de 1893 con el novato que acude a la de 1921, y que desaparece en combate. El padre que acude a Melilla en busca del hijo personalizando el drama de los familiares de los combatientes.

Dibujo de Barbero
   FERRAGUT, Juan: Memorias de un legionario (La Novela de Noche nº 41. Madrid 1921 y reimpresión de 1925; S.p.).
   Julián Fernández Piñero fue un legionario aventurero que dejó la Legión cuando la guerra se encauzó a favor de las tropas españolas en Marruecos. Usó el seudónimo de Juan Ferragut para no descubrir su verdadera identidad y su situación militar, pero los hechos que contaba demostraban claramente que estaba describiendo situaciones reales vividas por el autor. Publicó sus memorias del momento en Nuevo Mundo, después como novela breve y más tarde amplió a novela larga (que ya reseñaremos). Fue también autor de La misma sangre publicada en 1921 en La Novela Semanal también sobre los hechos sangrientos de Annual. Una vez que dejó La legión, siguió escribiendo novelas cortas con el mismo seudónimo.

VERGEL, Ángel: Por encima del odio (La Novela Levantina nº 8. La Unión 1921. 20 páginas).
  Típica novela legionaria de  amor y guerra, heroísmo y recompensa, que poco aporta  a la historia del género.


martes, 12 de julio de 2016

MÁS SOBRE MARRUECOS EN LA NOVELA BREVE (1): EL CAMILLERO DE LA LEGIÓN de CARLOS MICÓ, EL SARGENTO CARADURA de S. MONTES VALENTÍN, LAS ÁGUILAS DEL TERCIO de DOMINGO DE ABRIL ALEGRE, VENCER O MORIR de XULÍN DE LLUZA y CUANDO VOLVIÓ EL PRISIONERO de JOSÉ ANDRÉS VÁZQUEZ.

   La atracción del Protectorado sobre el escritor español del primer cuarto del siglo XX fue muy grande. Y continuó algunos años después, perdiendo fuerza después de la independencia del país. El lugar, y el singular estatuto político, proporcionaron a los autores temas de renovación argumental y estética. La guerra les dio un sinfín de posibilidades narrativas, incluso a los menos imaginativos. Los personajes diferentes, la mezcla de costumbres, las razas distintas que era un argumento recurrente, las religiones comparadas y el persistente gusto exotista que trataban de trasladar al lector como una esencia del misterio o la intriga. Uno de los vehículos más populares fue la novela corta que llegaba a los lectores periódicamente y se leía por hábito semanal o quincenalmente. Vamos a dar un breve repaso a algunos de los relatos que no hemos mencionado en otras entradas.

MICÓ, Carlos: El camillero de La legión (Madrid 1922. La Novela de Hoy nº 22. Sucesores de Rivadeneyra. 61 páginas. Ilustraciones de Varela de Seijas).
                         - La sed (Madrid 1923. Editorial Gráfica. La Novela Gráfica nº 30. sp).
   Micó (Filipinas 1886- Madrid 1982) era un personaje curioso, suboficial de La Legión y miembro de la sociedad teosófica. Fue director del semanario Los Aliados, publicación aliadófila que apareció durante la I Guerra Mundial.  Noveló algo de su historia personal y de sus inquietudes espirituales en dos novelas breves, Lupo, sargento y El camillero de La Legión. La novela comienza con una entrevista que Artemio Precioso, director de la colección, hace al autor y que nos sitúa en su trayectoria vital. Es una típica novela legionaria, centrada en la vida de un soldado en el cuartel y en el frente, elogio de la bravura y la camaradería. Fue autor de un libro de recuerdos legionarios, Los caballeros de La Legión (1922). La sed (1923) es una incursión en el exotismo y el amor irrefrenable por la mujer mora.

Dibujo de Varela de Seijas para El camillero de La legión.

ABRIL ALEGRE, Domingo de: Las águilas del Tercio (Madrid 1923. El Libro del Día nº 8. 32 páginas).
-          En Xauen se ha puesto el sol o la retirada de Jenofonte. (Madrid 1923? El libro del Día nº 12 . 30 páginas).
   Domingo de Alegre publicó en su colección El Libro del día dos relatos breves sobre el Marruecos español. Las dos llevan como subtítulo El drama de Marruecos entre bastidores y el autor confiesa que solo es responsable de la recopilación de los recuerdos auténticos de legionarios que, además, son autores de las ilustraciones.

VÁZQUEZ, José Andrés: Cuando volvió el prisionero (Sevilla 1923. La Novela del día. 30 páginas. Ilustraciones de Martínez de León).
   En esta novela el escritor sevillano aprovecha la guerra marroquí para desarrollas una historia de fatalidad en un pueblo andaluz. Sin mucha originalidad, aprovecha como otros el asunto bélico de ultramar.
MONTES VALENTÍN, S.: El sargento caradura (Madrid 1928. La Novela Nueva nº 4. Tipografía Colón.59 páginas. Ilustraciones de Santaballa).
   El sargento caradura es otra novela más de costumbres militares –Larache 1926, final de la campaña-, posiblemente de recuerdos de un militar destinado en Marruecos. Y aderezados por el inevitable amor de cristiano y mora.

Dibujo de Santaballa para El sargento caradura
LLUZA, Xulín de: Vencer o morir. Relatos de los novios de la muerte (Oviedo 1970. La Nueva España. s.p.).
   El seudónimo encubre la personalidad de Julio Gómez, antiguo legionario que se dedicó a escribir en bable o asturianu relatos y teatro costumbristas. En 1970 utilizó el castellano para novelar brevemente el episodio del blocao de la muerte, hecho conocido que marcó el inicio de la leyenda de los legionarios como mártires de la patria.

viernes, 8 de julio de 2016

GUINEA ESPAÑOLA Y LA ESCUELA: HISTORIA DE UNA MAESTRA de JOSEFINA R. ALDECOA.



ALDECOA, Josefina R.: Historia de una maestra (Anagrama. Barcelona 1990. 232 páginas; Círculo de Lectores. Barcelona 1991. 205 páginas; Compactos Anagrama. Barcelona 1996. 129 páginas; Aguilar. Crisol. Madrid 2004. 498 páginas; Alfaguara. Barcelona 2006. 225 páginas; Punto de Lectura. Madrid 2007. 237 páginas; Debolsillo. Barcelona 2016. 236 páginas).


   Josefina Rodríguez Álvarez, que firmaba Aldecoa por el que fue su marido Ignacio Aldecoa, fallecido prematuramente, publicó en 1990 una novela de éxito que tiene una parte dedicada a la colonia de Guinea: Historia de una maestra. La novela, primera de una trilogía, se continuaría con las novelas Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997). Está escrita como homenaje a la labor callada, insistente y poco reconocida de las maestras rurales desde los años de la II República. Puede ser la historia de la madre de la autora y de otras muchas maestras más. La historia de una generación de pedagogas que creyeron en la labor de enseñar a los niños españoles de las zonas más deprimidas. Desde los montes de León –donde la autora nació en 1926- hasta los confines coloniales. Creyendo que la labor callada y persistente de enseñar las primeras letras y reglas debía estar imbuida de un ejercicio vocacional de transformación de personas, de transmitir valores y sentimientos de estima que hiciera a las personas –desde pequeñas, más críticas, más exigentes y más suficientes. Se enseñaba el valor de la dignidad humana.
Josefina R. Aldecoa
   Es cierto que la autora no conocía Guinea (murió en 2011 a los 85 años de edad), y que el relato  está inspirado en conversaciones y lecturas. En el recuerdo de su madre. Si se examina detalladamente se pueden observar algunos errores y situaciones anacrónicas. No es una novela histórica, ni busca la fidelidad de los hechos de manera absoluta, sino la visión de una maestra en la Guinea de finales de los años 20 del siglo XX. Por esto, la novela merece un comentario especial. Porque supo romper la tradición de las novelas sobre Guinea, novelas de bosque y plantación, pintoresquistas, relatos de un mundo de hombres y de relaciones interraciales. Ya Liberata Masoliver puso el protagonismo en la mujer, pero era una mujer en una situación provisional, sustituta del marido. Aldecoa  pone el punto de vista en una mujer sola, joven e independiente. En esos años, las únicas mujeres solas que podían acudir a la colonia eran, precisamente, las maestras. Lo que las colocaba en una situación muy especial y podían observar el mundo alrededor con una mirada distinta. La maestra llega a una población del continente que puede ser Bata, aunque no diga el nombre. Era el centro de curiosidad. Su sensibilidad y su manera de ver la colonia eran distintas. No era una colonial pura, ni un funcionario con poder en el gobierno y sobre los colonizados. Era una maestra cuya ocupación consistía en formar a los niños guineanos, intentar hacerlos adultos exigentes.

   La escuela en la colonia había pasado de los misioneros protestantes, los primeros que las crearon, a los misioneros católicos españoles. Los jesuitas primero, y los claretianos después tuvieron el monopolio de la enseñanza. Eran buenos agentes de colonización, imprescindibles incluso antes que los militares. Llegaban a todas partes y enseñaban el idioma y el respeto a la madre patria y sus instituciones según el criterio de orden público colonial. Facilitaban el gobierno y el control. En cierta manera, eran órganos del Estado y como tales cobraban de los presupuestos. Daban y exigían. Tenían conflictos de intereses con los gobernadores. En algunas épocas (por ejemplo, tras la revolución de 1868) el Estado creó escuelas no religiosas en consonancia con la laicidad oficial. En otras, como la época de Franco, la educación de los religiosos convivía con la estatal aunque el Estado fuera confesional. Estos temas fueron estudiados en época colonial por Heriberto Ramón Álvarez Historia de la acción cultural en Guinea Española (1948), que fue el inspector de educación en la etapa del gobernador Bonelli. Ambos creyeron que era la hora de formar a los guineanos para la inevitable independencia y se esforzaron en crear una estructura de educación pensada para la formación de las nuevas clases dirigentes. Tuvieron muchos problemas al chocar con la mentalidad colonial tradicional. Posteriormente ha sido objetos de libros del catedrático Olegario Negrín Fajardo en Historia de la educación en Guinea Ecuatorial (1993).


   









   Josefina Aldecoa dedica pocas páginas a Guinea, unas treinta. Son recuerdos desperdigados de una mujer que sufre la soledad, la incomprensión y hasta los intentos de abuso. No son los recuerdos de la autora, sino lo que oyó contar. Son memorias familiares transmitidas y recogidas desde el cariño. Retrato de una mujer de hace mucho tiempo que vivió en una situación insólita y difícil. Seguramente muy difícil en esa época: El tiempo que pasé en Guinea fue un tiempo de soledad. Era un mundo de hombres, la mayoría también solitarios. Un mundo duro de lucha y sacrificio para conseguir el único fin que parecía tener claro: el dinero. Plantadores, comerciantes, funcionarios, negociantes, todos llegaban a la Colonia dispuestos a regresar con dinero. Esta meta no implicaba necesariamente que los blancos coloniales fueran unos malvados. Pero sí suponía en ellos un comportamiento áspero, poco dado a valorar matices y a aceptar sensiblerías (página 69 de la 1ª edición). Su visión de las cosas contrastaba con la dominante en el territorio. Su concepto de la enseñanza no era el que usaba: La Misión tenía unas cincuenta internas adultas que vivían con tres monjas y una hermosa iglesia atendida por un sacerdote. Me cuesta trabajo identificarme con la innegable labor de las monjas. Las internas aprenden oficios; salen de su condición de analfabetas desnutridas y son educadas en la religión católica. Es verdad. Pero ya entonces creía yo más en la justicia que en la caridad. Respetaba la labor de las monjas pero no era mi labor. Educación, cultura, libertad de acción, de elección, de decisión. Y lo primero de todo, condiciones de vida dignas, alimentos, higiene, sanidad (página 70).


   La mujer trató de adaptarse al medio, pero no lo comprendía. No le gustaba el sistema social impuesto. Las diferencias marcadas por los coloniales, sobre todo frente a los indígenas aunque no solo, no son comprendidas por la joven idealista. Una mirada crítica, a pesar de la brevedad. Es cierto que Historia de una maestra no es una novela sobre Guinea porque las páginas ultramarinas son apenas un episodio. Pero es cierto que la autora exploró otro camino en la forma de contar las cosas coloniales.




jueves, 30 de junio de 2016

LAS NOVELAS DE TÁNGER (5): ME QUEDÉ EN TÁNGER de LUIS MOLINOS y EL BESO DE HERMES…TÁNGER de DOLORES ABATI.

MOLINOS, Luis: Me quedé en Tánger (Autoedición. Impresión bajo demanda en Amazón. 2013. 317 páginas).
ABATI, Dolores: El beso de Hermes… Tánger (Autoedición. Impreso bajo demanda en Polonia 2013. 72 páginas).

   La fascinación por lo que fue Tánger en la época internacional lleva a algunos de sus antiguos habitantes a desgranar recuerdos de manera novelada. Dentro de la abundante literatura memorialística colonial, este es un apartado de creciente importancia. De los hechos narrados se pueden deducir los detalles de la vida ciudadana. Aunque gran parte de este tipo de novelas sean sólo recuerdos domésticos, sucesos familiares y anécdotas enlazadas.

   Molinos construye una novela con la sucesión de episodios que van desde finales del siglo XIX hasta después de la independencia de Marruecos. Escrita en primera persona, quiere transmitir la evolución de la ciudad según la evolución del protagonista. Algo común entre los escritores fascinados por lo que vivieron. Libro ameno aunque no profundiza mucho en las situaciones para que se compliquen con las páginas. Pasa por los sucesos cronológicamente y los unen los personajes que se repiten en distintas edades. Puede entenderse que algunos personajes son reales según los recuerdos del autor, otros ficticios y otros una mezcla de ambos. En los hechos, también intuimos algo parecido. Algunas son anécdotas familiares, otras sirven para presentar personajes históricos como Raisuni, Silvestre, Bu Hamara o Abd el Krim. Memorias en ocasiones; en otras se intuye el préstamo literario como la narración del Desastre de Annual y la huida del protagonista que recuerda relatos conocidos. La ciudad cobra su internacionalidad y la pierde. Llega la independencia y el autor permanece. La ciudad tiene su propia biografía y tal vez Molinos quiso ser uno de sus biógrafos.

   Dolores Abati ha utilizado el mismo sistema de autoedición para presentar un relato más intimista en el que la ciudad es sólo el marco de las relaciones personales. Sólo el escenario de la primera parte y el recuerdo persistente en los dos protagonistas.



martes, 21 de junio de 2016

CONGRESO SOBRE HISTORIA MILITAR Y NOVELA HISTÓRICA

Actas de II Congreso Internacional de Historia Militar (Ministerio de Defensa. Madrid 2016. Libro electrónico. Impresión bajo demanda).



   Entre el 27 y el 29 de mayo de 2015 se celebró en la Universidad de La Rioja el II Congreso de Historia Militar. Esta vez dedicado a la novela histórica. Ahora se han publicado las actas que pueden adquirirse a través de la página web del Ministerio de Defensa:
    Como dice Enrique Martínez Ruiz en la Introducción: estoy convencido de que la lectura de este volumen será gratificante para todo aquel que decida dedicarle unas horas, pues no solo va a encontrar una variada exposición de temas, enfoques y perspectivas que en muchos casos le resultarán de gran novedad, sino que también tendrá suficientes argumentos para que él mismo pueda hacer sus propias ponderaciones sobre la utilidad de la novela histórica de temática militar y su relación con la Historia.
  Las Actas están divididas en cuatro secciones: 1 Historia Antigua y Medieval, 2 Historia Moderna, 3 Historia Contemporánea y 4 Historia del Presente. Y en las dos últimas hay aportaciones relacionadas con la novela colonial hispanoafricana. Son las siguientes:
·        Lucas Canteras Zubieta: Un esbozo del imaginario colonial marroquí a través de la literatura: de Alarcón a Sender.
·         Rocío Velasco de Castro:  Las campañas de Marruecos en la novela La Ruta de Arturo Barea. 
·        María Gajate Bajo:  Manuel Fernández Silvestre: luces y sombras de un militar muy novelesco. 
·        Enrique Gudín de la Lama: La aviación en la narrativa de la guerra del Rif.  
·        José Luis Rodríguez Jiménez:  La respuesta española a la Marcha Verde marroquí sobre el Sahara Occidental.  

·        Julián Delgado Aguado: El sueño del desierto del Sahara en la literatura española.   

jueves, 9 de junio de 2016

NOVELAS DE LA GUERRA DE IFNI-SAHARA (3): SMARA. HISTORIA DE UNA ILUSIÓN de FERNANDO MATA.

MATA, Fernando: Smara. Historia de una ilusión (Simancas ediciones. Valladolid 1997. 377 páginas. Fotografías).

   Mata fue uno de esos militares que eligieron un destino difícil al salir de la Academia. La vocación militar y el deseo lógico de hacer carrera brillante, llevaba a buscar destino en las unidades más laboriosas, entre las que se encontraban las unidades de Tropas Nómadas del Sahara español. Teniente inexperto, se vio sirviendo en una compañía de guarnición en Smara que en esos años era un lugar remoto y de difícil acceso y comunicación. La experiencia es rica y el autor, que luego dejó el Ejército por alguna decepción no explicada en el libro, entendió que era novelable. Aunque calificar Smara de novela es arriesgado aunque no disparatado. Es un libro a medio camino entre los recuerdos y la ficción, recuerdos novelados y novela testimonio. Con más valor en el primero de los campos que en el segundo. Tampoco es propiamente una novela sobre la guerra; pero por las noticias que da de ella y por la visión de lo que ocurrió después, sin que el territorio estuviera totalmente pacificado, la incluimos en este apartado.

   El libro es un ameno relato de la vida cuartelera en Smara y de las misiones de la Tropas Nómadas de la época en el desierto. Las conversaciones del teniente bisoño (el propio autor) con los militares veteranos (auténticos aunque con los nombres cambiados, seguramente identificables para los militares) sirven para introducir al lector en sucesos históricos como la guerra de 1957 y las acciones armadas posteriores, organizadas por el yeich taharir desde Marruecos. El autor no da fechas exactas de la acción, pero teniendo en cuenta que se trataba de un teniente de la XIV promoción de la Academia de Zaragoza como confiesa en el prólogo, los hechos suceden en 1959 ó 1960. Era los años en los que aparecían expediciones científicas en el territorio, buscando el petróleo que se sospechaba existía en el subsuelo. Los trabajos de investigación eran presa fácil para los revoltosos y obligaba a una constante labor de protección de los militares españoles. Las tropas nómadas vigilaban las fronteras, perseguían las bandas marroquíes y trataban de controlar un espacio inmenso con pocos medios.

   La novela gana en intensidad a medida que pasan los capítulos. Las escenas de vida militar en el desierto están llenas de noticias curiosas, interesante, sobre el modo de vida, las costumbres, las relaciones. El lector tendrá que familiarizarse con el nombre de las tribus saharauis, con sus rivalidades. Pero está contado con sencilla amenidad.




jueves, 2 de junio de 2016

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (10): LA TRAGEDIA DEL CUOTA de FRANCISCO HERNÁNDEZ MIR.

HERNÁNDEZ MIR, Francisco: La tragedia del cuota (Una escuela de ciudadanos). (Pueyo. Madrid 1922. 181 paginas; CIAP. Madrid 1923. 181 páginas + 2 hojas. Prólogo de Manuel Machado).
   Francisco Hernández Mir fue lo que se denominaba un periodista de raza. Uno de los pioneros de la crónica bélica en España y un atento seguidor de todo lo relacionado con Marruecos. Había nacido en Sevilla en 1871 y murió en Madrid en 1956. Muy joven empezó a escribir. En 1893 acude a Melilla para seguir la guerra de Margallo, quizás sea esta ocasión la que señala el nacimiento del reporterismo de guerra español. Entonces era enviado de El Porvenir sevillano y sus crónicas las recogió en un libro: Farrucos y gallinas (1894) http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000089918&page=1 .


Fue director de varios diarios sevillanos: El Noticiero Sevillano a finales del siglo XIX, El Progreso hasta 1907, y en 1908 se convierte en editor de El Combate que sólo duró un año. En 1919 está en Madrid trabajando para El Liberal, pero vuelve a Sevilla para dirigir La Monarquía en 1920. Acudió también a la guerra de 1909 y publicó las correspondientes crónicas, aunque no las recopiló en libro. Al estallar la guerra del Rif en 1921, es enviado por el periódico madrileño La Libertad para seguir los hechos. De esta experiencia surgieron decenas de crónicas que recopiló en varios libros: Del desastre al fracaso: un mando funesto (1922); y los cuatro volúmenes de Del desastre a la victoria (1922-1926) I Ante las hordas del Rif; II Del Rif a Yebala; III Alianza contra el Rif; IV El Rif por España (1926). Más tarde completaría su obra marroquí con La dictadura en Marruecos: al margen de una farsa (1930).  Durante la II República se afilió al Partido Republicano Radical y fue gobernador civil de Albacete y Almería durante la etapa lerrouxista.

   Sus vivencias africanas lo empujaron a escribir una novela ambientada en Marruecos durante la guerra contra Abd el Krim. Su protagonista es un soldado de cuota en la versión de aquella época. Es decir, no el que se libraba del servicio militar mediante una redención a metálico sino el que, mediante pago, podía reducir el tiempo de permanencia en filas y elegir el destino. Sistema vigente hasta la Guerra Civil. La incorporación el Ejército de estos hombres, provenientes de familias acomodadas, produjo algunos efectos intangibles que Hernández Mir quiere reflejar. En primer lugar, los oficiales y –sobre todo- los suboficiales iban a moderar el maltrato y el abuso en presencia de hijos de familias influyentes. En segundo lugar, la universalización de la prestación hizo convivir a conscriptos de distintas extracciones sociales y procedencias geográficas, lo que permitió un conocimiento mejor de la realidad del país. Aunque esto, como está claro, dependía de la sensibilidad de cada quién. Estas ideas, propias de un reformista republicano moderado, son las que subyacen en la novela de Hernández Mir. No se trata de una gran obra literaria, sino de una obra pedagógica. El autor aprovecha la difusión popular de la novela para lanzar su visión del asunto. No era un anticolonialista, ni un antimilitarista furibundo; pero entendió que muchos de los peores aspectos de la tragedia se debieron a la improvisación, la negligencia y el abuso. El ejército igualaba a todos en el nivel de miseria de los campamentos del frente y el autor subtitula su novela: Una escuela de ciudadanos.

   El cuota protagonista -Pepín Gómez de la Riva- es un pollo bien hijo de senador vitalicio de los que hizo fortuna con la corrupción de las contratas. Su padre le paga el dinero correspondiente y accede a un regimiento de guarnición en Madrid que le permitía seguir llevando la vida muelle que acostumbraba. Los sucesos de Melilla obligan a que el regimiento se una a la fuerza expedicionaria y el conscripto, como todos los demás, se ve embarcado rumbo a la guerra: …faltaba gente para completar los cuadros y hubo que apelar a todos los que en la lista figuraban, nutriendo así con retazos de un regimiento un batallón incompleto, sin acémilas, sin ametralladoras, casi sin fusiles, y desde luego con gentes que apenas sabían disponerse a recibir instrucción para manejarlos. Fue un crimen enviar a la guerra soldados sin noción de lo más elemental para hacer frente a enemigo tan duro; pero como lo esencial era dar al país la sensación de que se hacía un esfuerzo proporcionando a la cuantía del agravio, se cometió ese delito de lesa patria y se hizo una vez más la comedia lamentable (páginas 23-24).
 Ante las hordas del Rif
Del Rif a Yebala
   Escrita con la facilidad de cronista, rápido en los detalles y sin mucho fondo, el libro es ante todo un alegato moralista. Unas escenas de cuartel, blocao y campamento en las que se combina la crítica de la imprecisión y el abandono con la esperanza regeneradora del sufrimiento del soldado. Los regimientos se agrupan en Tetuán antes de salir al frente; los soldados conocen los rigores de la escasez y el sufrimiento de la falta de preparación. La batalla descrita sin emoción, sin protagonismos. Los personajes adocenados como anónimos figurantes. El cuota es herido en el campo de batalla, nada grave. Pero la herida le llevará a conocer el sufrimiento de los hospitales de sangre y la recuperación se complica con infecciones y parásitos adquiridos en los centros sanitarios. Lo que no mataba el moro, lo remataba el contagio hospitalario. La regeneración la impone las rudas condiciones de la milicia; tanto a los hombres si esperanza que llegaban al Tercio como a los señoritos ajenos a la realidad social que son obligados a acudir a la guerra a pesar de su condición de cuotas. El final es una moraleja, la apertura del cuota a la vida real. Una novela simple y literariamente decepcionante pero que muestra una manera de pensar de ciertos autores reformistas.
Alianza contra el Rif


El Rif por España

miércoles, 11 de mayo de 2016

LAS NOVELAS DEL FIN DE SAHARA ESPAÑOL (5): LLORA LA HIENA EN EL SÁHARA de FRANCISCO BAUTISTA GUTIÉRREZ

BAUTISTA GUTIÉRREZ, Francisco: Llora la hiena en el Sáhara. (Ed. United PC. Usa 2014. 169 pp).
        - Despertar en las dunas del Sahara (Autor/Amazon. 2018. s.p.)


   Francisco Bautista es un escritor que publica habitualmente en formato digital. Algunos de sus libros pueden ser adquiridos en papel en las páginas de venta de libros on line.

   Llora la hiena en el Sáhara es un relato intimista de uno de los últimos soldados españoles que hacía la mili en la colonia y es testigo de la lucha primera de los guerrilleros saharauis. Unas veces patrullando con las tropas españolas, otras viajando con su amigo Alej, nos muestra algunas características de la vida nómada y de las dificultades del desierto. Son sensaciones que se desgranan sin que lleve un hilo argumental claro, sin que el lector tenga noticia del momento exacto en que se produjeron, ni siquiera si existe un relato cronológicamente ordenado o no.
   El contraste entre dos maneras de ver el mundo, entre la visión idealista de los independentistas y  es escepticismo de los últimos españoles. La Marcha verde, el Polisario; la sociedad colonial que se deshace. Un relato de la confusión y la guerra.
Mora, óleo de Genaro Lahuerta

   Pero el contraste con los españoles es menor que con los nuevos invasores marroquíes que se ejemplifica en una sórdida historia de violaciones, torturas y muertes. El relato se va decantando hacia el homenaje a los resistentes saharauis de primera hora frente al ejército invasor procedente del Norte. Con desgarro, dureza, a veces ternura y sin ocultar las simpatías.
   De igual época trata Despertar en las dunas del Sahara, esta vez los acontecimientos se narran a través de un joven.

viernes, 29 de abril de 2016

LAS NOVELAS DE MALABO (1): TRES MODOS DE VIVIR y LOS QUE NO SE VAN de JOSÉ MARÍA VILÁ.

VILÁ, José María: - Tres modos de vivir (Autor. Barcelona 1958. 253 páginas).
-          Los que no se van (Autor. Barcelona 1967. 222 páginas).
   He de reconocer que a mí me gustan las dos novelas de José María Vilá sobre el final de la época española de Guinea. Aunque de la primera a la segunda hay una evolución, Vilá supone una visión distinta de la sociedad guineana. Quizás no sean novelas rotundas desde el punto de vista literario, en algunos momentos son flojas, pero resultan auténticas y se puede comprender mejor un modo de vida (o tres, si nos quedamos con la advertencia del título, o seis o siete, si nos fiamos del argumento). Vilá trata de reflejar la manera corriente de discurrir de los habitantes de Santa Isabel, sus relaciones entre ellos y con los naturales del país, las leyes y costumbres laborales, los motivos de la emigración colonial, etc. En sus novelas se puede entender mejor la mentalidad colonial de los españoles, henchida de paternalismo y superioridad hacia lo que se denominaba “el moreno”, en un intento hipócrita de superar la discriminación al “negro”.
   José María Vilá había publicado libros antes de volcarse en la realidad guineana, alternando el castellano y el catalán. Algunos ensayos como Los soviets (1927), Els primers moviments socials a Catalunya (1935) o Sistemas de organización y doctrinas (De los gremios al nacionalsindicalismo) (1940). Y un par de libros de ficción, uno de relatos Basea 1900 (1955) y la novela La ciutat malalta (1956). Como consecuencia de sus estancias en Guinea, publicó una serie de artículos en La Vanguardia de Barcelona en los que hablaba de costumbres locales.

   Vilá llegó a Guinea como visitante, aprovechando que su hijo trabajaba allí. De este primer contacto a finales de los 50 del siglo pasado, tuvo conocimiento de la mentalidad del trabajador español y de la vida de los empleados y finqueros. Pero su visión se amplió cuando el hijo se casó con una mujer guineana y sus nietos fueron mulatos. Esta singularidad no la tenían los otros novelistas españoles de la época y le abrió el concepto de sociedad colonial. Era una época de auge económico en la colonia y en la que, además, ya se presumía el final de la dependencia. Las relaciones con los guineanos se habían suavizado, sin que supusiera igualdad. Pero disminuyeron los malos tratos y el absoluto desprecio racial; aunque continuaron las creencias de supremacía y poder cultural y económico del europeo sobre el africano, y ciertas normas de segregación como el lugar a ocupar en los cines o la prohibición de entrada a sitios como el Casino de Santa Isabel para los naturales de la colonia.

   En Tres modos de vivir, primero de los dos libros guineanos de Vilá, se recogen algunos de los tópicos de la literatura colonial, aunque dulcificados. Aparece la colonia como lugar de redención o, al menos de oportunidad. Frente a las dificultades de ascenso en la metrópoli donde había poca permeabilidad entre clases sociales, la colonia significaba una ocasión de mejora para las clases bajas o económicamente menos pudientes. Esto dio lugar al mito del colono esforzado y triunfador tan propio de las novelas argelinas. Y observamos también el reflejo literario del trato al guineano en sus variantes: desde el despótico maltratador hasta el paternalista comprensivo, con la inclusión de un nuevo modelo de colonial que era el padre de hijo mulato reconocido (algo incomprensible unas décadas atrás).
    Esta novela comienza con ambiente de plantación, de manera similar a las de Liberata Masoliver, Bautista Velarde o López Izquierdo. Pero Vilá tiene el acierto de desviar la atención hacia el ambiente urbano de Malabo (la Santa Isabel colonial). Ya no era la época de los primeros concesionaros de terrenos públicos sino la de los españoles empleados, funcionarios, militares y los que buscaban abrirse paso en la vida mediante el esfuerzo personal. Alguno de ellos con la voluntad de prosperar con un negocio propio. Era el caso de Pedro Selvaclara, uno de los protagonistas. Es el prototipo de luchador, pero las cosas no son fáciles. Ganar dinero no es algo rápido, la mayoría de los empleados se conforman con el buen pasar colonial. Quiere montar un taller de carpintería (oficio al que se dedicó el hijo de Vilá, que murió asesinado), pero conseguir el capital para comprar la maquinaria era arduo. No había crédito como lo hubo en otros tiempos para los concesionarios de fincas. Notará el desarraigo que se convertirá en un doble desarraigo (en Guinea y en su pueblo cuando vuelve): - Te está resultando duro comprobar que ya no tienes familia, o la tienes a medias. A los coloniales nos pasa algo parecido a los pájaros. Los padres cuidan puntualmente a los hijos, pero cuando han aprendido a volar, los olvidan, y ellos se olvidan de los padres y de los hermanos que con ellos nacieron (página 93), le dice un personaje a otro. El colonial soltero no conoce mujeres europeas porque las que hay en la colonia están casi todas casadas. Se divierte con las naturales del país, pero aspira a casarse con una europea blanca. El racismo cotidiano se expresa con esas ideas. Muchas veces las bodas son precipitadas, aprovechando una licencia o haciéndolo por poderes, con mujeres a las que apenas conocen y llevan a un mundo ignoto para ellas y que pueden acabar en un conflicto matrimonial irremediable.
   Frente a Pedro Selvaclara está su amigo el Tigre, mecánico que prefiere vivir sin complicaciones, que no aspira a mejorar sino a llevar una vida parecida a la de los bubis. Personaje clave en la vida colonial que representa a lo que los españoles llamaban un “anegrado” de manera despectiva. Y la constante intervención de dos finqueros ejemplos de la vida mercantil y de la riqueza guineana. Uno de ellos padre mulato reconocido, figura clave del conflicto interracial permanente en toda colonia africana. El mulato Pascual representa la exclusión de las dos sociedades y tiene una visión mucho más crítica de las cosas. Lo dice el personaje:
-          Me dice el corazón que muchos europeos vuelan sobre Fernando Poo con los mismos sentimientos que esos cuervos.
   Y Selvaclara, imbuido ya de la característica mentalidad colonial, aprovechado de las ventajas que tiene n los coloniales, entre ellas el sexo fácil inimaginable en España, le responde:
-          Es la influencia del ambiente… Yo vine aquí sin pensar en nada de todo esto y pasé algunos meses sin ocuparme de las indígenas. Me parecían repelentes. Luego, el tiempo y el ambiente lo cambiaron todo. Comprendí que las mujeres negras no daban ninguna importancia  a estas cosas y, sin darme cuenta, hice lo mismo que los demás.
-          Los blancos tiene obligación de conceder a estas cosas su verdadera importancia –arguyó Pascual, sin levantar la mirada.
-          Es difícil hacerte comprender nuestra situación –replicó Pedro-. Como todos los blancos que venimos a Fernando Poo, yo encontré aquí un modo de vida que no podía cambiar por otro. Ya te he dicho que todo pasa por culpa del ambiente.
-          El que han creado los forasteros; blanco o negros. (páginas 126-127)
   Vilá va narrando situaciones con la riqueza de muchos personajes distintos pero representativos de las distintas clases de coloniales. Los personajes locales son secundarios, interesa la vida colonial de los españoles de Guinea. No hay una acción clara, un argumento bien marcado; es el lento discurrir de la vida del protagonista. Ni siquiera tenemos una conciencia clara del tiempo que ha transcurrido en cada capítulo.  Es un relato costumbrista de la vida colonial en el que no rechaza la crítica a cierta mentalidad generalizada, como la vertida en las páginas 182 y 183 que reproducimos. La vida es difícil incluso en Guinea. El esfuerzo es mucho y no todo se consigue. Culmina con un final trágico y con la idea de que el la pequeña sociedad colonial española de acaban reproduciendo los esquemas de la sociedad metropolitana. Lo que hace reflexionar a Pedro Selvaclara: Todos los blancos de Fernando Poo deben cumplir una función necesaria a la comunidad europea; la que mejor les cuadre (página 250) y resume los tres modos de vivir:… la que adoptó tu padre y que mosén Ángel llamaría “de a Dios rogando y con el mazo dando”, la de la mayoría de los europeos, que es la de ir tirando, como hacen don ramón y sus colaboradores, y la de los braceros (páginas 252-253).


   Nueve años después de Tres modos de vivir, apareció su segunda novela guineana: Los que no se van. En 1967 ya todo el mundo sabía cuál iba a ser el destino del país y procuraban adaptarse al futuro inevitable. Quizás de ahí el título. La novela comienza con un hecho histórico, el incendio que destruyó el mercado indígena de Malabo y que originó una grave crisis en las familias de vendedores. El protagonista sigue siendo Pedro Selvaclara, convertido en un colonial de buena posición económica e integrado en la pequeña sociedad española de Guinea. Han pasado ocho años de la anterior y, aunque los personajes siguen, las cosas han cambiado mucho en la colonia. La crisis económica que supuso el incendio del mercado se unía a una crisis de seguridad en el futuro. Los guineanos eran conscientes de la independencia y se preparaban para ella. No imaginaban lo que iba a pasar con Macías. Los europeos desconfiaban de la capacidad de los nativos para asumir la carga del nuevo Estado sin tutela. Quizás Vilá no tuvo suficiente visión para comprender que en esto podía estar la originalidad de  su nueva novela y pasa sin mucha profundidad, centrándolo todo en el personaje Daniel que asume el papel de bubi sobradamente preparado y que es visto por Pedro –también por el autor- con escepticismo.

   La novela discurre, como la anterior, pero con una acción más marcada. Hay más argumentos paralelos, lo que otorga más matices a los personajes. Pero plantea novedades con respecto a la primera. Por un lado, se muestra una especie de revisión de la acción colonial en la vida de los españoles. Una reflexión sobre si valió la pena la aventura para los que la iniciaron. Como es natural, hay de todo. Pero, frente al triunfalismo, Vilá deja reflejado el fracaso de algunos; económico, o personal por la dificultad de las relaciones familiares, la deserción de mujeres europeas, la difícil convivencia con nativas y con los hijos extramatrimoniales. Santa Isabel y Bata no sientan a las esposas que uno trae de Europa. Se aburren. Sienten añoranza y una grave congoja por el porvenir de sus hijos. Aquí no pueden educarlos como en la Península (página 154), dice uno de los personajes. Por otra parte, surge con fuerza el orgullo nacional de los guineanos que se sacuden la humillación del colonialismo. Y por otro, los habitantes africanos de Nigeria, Camerún, etc. que llegaron a Fernando Poo y se establecieron en Malabo. Con una existencia donde la magia tenía todavía una importancia capital, de la que da cuenta la novela, y que hablan utilizando el pichinglis (broken english). Así el mosaico costumbrista iniciado en Tres modos de vivir se completa con nuevas visiones de las sociedades interpuestas.
   Pero el hecho diferencial en la narrativa de Vilá, que ya trató Cabanellas de manera muy diferente, es la posible boda de un europeo y una bubi. No estaba prohibido por la ley porque desde la provincialización todos eran iguales, pero seguía siendo visto por la sociedad colonial como algo negativo, impropio de un blanco normal, un signo de degeneración social. Algún valiente dio el primer paso para legalizar las relaciones que hasta entonces habían sido de abuso del hombre europeo sobre la mujer africana. Antes lo dio otro valiente que se atrevió a reconocer los hijos mulatos extramatrimoniales. La mentalidad iba cambiando, pero no tan deprisa. En el mundo de los coloniales existía una escala de valores raciales; un personaje lo explica: Si todavía me espera la que fue mi novia, estaré obligado a casarme, pero ella no tiene por qué admitir en nuestra casa a estos hijos multaos.  Yo pregunto, ¿es justo que la obligue a soportar la presencia constante de unos hijos míos que no son hijos suyos? ¿Es justo que tenga que cuidarlos? Puedo colocarlos en algún colegio, pero no de por vida. La disyuntiva es clara, o los abandono, o bien los sumo a la familia; no hay otro sendero y los dos son injustos. Y hay otra cosa peor, si me caso y los tenemos en el nuevo hogar, habrá dos clases de hijos….  (página 202). Y cuando Pedro Selvaclara le hace ver que es responsable por haber tenido hijos: Los hijos son antes que las novias (página 203), el interlocutor responde: Mi compromiso con la novia es anterior a mi venida a Fernando Poo, y no lo rompimos (página 203). En este conflicto habitual se resumen muchas de las diferencias y problemas del vivir colonial que surgen con mucha más fuerza cuando se vislumbra la independencia y los europeos tienen que optar por marcharse o por quedarse en la tierra que probablemente quieren pero a cambio de modificar sustancialmente su visión de las cosas. La novela acaba en ese momento, tal vez la faltara al autor completar su obra con otra sobre los primeros años de independencia.