miércoles, 2 de marzo de 2016

NOVELAS DE SIDI-IFNI (2): LAS CONSTELACIONES INDIFERENTES de JORGE OMAR VIERA

VIERA, Jorge Omar: Las constelaciones indiferentes (Editorial Funambulista. Las Rozas  2015. 358 páginas + 2 hojas).

  
La última aportación al imaginario de Ifni en la novela española, por el momento,  se la debemos a Jorge Omar Viera, escritor de origen argentino y de destino ambulatorio. Una de sus residencias estuvo en Marruecos y allí pudo encontrar inspiración para Las constelaciones indiferentes (2015)[1], título que tomó en préstamo de unos versos de Michel Houellebecq. Al autor no le importa la fidelidad histórica ni tampoco es fiel a la geografía. Ifni es un escenario fingido, una escusa perfecta para situar los sentimientos del aislado personaje. Sitúa al territorio español en el Sus, nombre administrativo de la región actual de Marruecos, pero nunca en la época se identificaba a Ifni con tal río que quedaba más al norte. Ni tampoco era un desierto de arena como nos lo hace ver. Pero eso no significa que el autor no sepa historia y geografía, de hecho dedica páginas a recordar el pasado de Santa Cruz, los escritos de García Figueras y de Viera Clavijo o las aventuras del británico Glas. Sino que no le interesaba un relato de minuciosa reconstrucción histórica. Lo que le importa es el cafard o deterioro psíquico de un militar desplazado, solo y asombrado porque lo que creía un destino privilegiado se convierte en un destierro infinito. Es un tema recurrente en la novela colonial, pero no está agotado porque los vericuetos del alma son siempre un buen arguemnto para la ficción. La contraportada nos enseña que la novela tiene ecos de Buzatti y de Bowles, y efectivamente recuerda a El desierto de los tártaros en algunos de sus episodios. También a otros autores que novelaron la depresión africana como Pierre Loti o Ennio Flaiano.

   Viera, como decimos, exagera la soledad y el apartamiento de Sidi Ifni hasta hacerla irreconocible. En algunas páginas da señales cierta de localización, como la inevitable mención a La suerte loca que era un restaurante punto de encuentro de soldados en el servicio militar y que gusta mucho a los novelistas posteriores. Pero el lugar maldito, situado en tierra de nadie, alejado y hostil no es reconocible sino imaginable. Deriva hacia operaciones militares que nunca tuvieron lugar ¿Cómo se sostiene la autoridad en el desierto? ¿Existe alguna regla, alguna pauta que sigan tanto los dromedarios como los escorpiones o las dunas o los ciempiés o los nómadas? (página 95), se pregunta el teniente coronel Laplace como interrogándose por el significado de su absurda misión iniciada con la ilusión con que se aborda lo importante y que pronto cae en la decepción del apartamiento, tal vez preterición profesional. Y va cayendo en la melancolía de los tristes, de los que no encuentran sentido a lo que hacen. Lo que le lleva a recordar los años pasados y felices, la infancia, la juventud en el norte de España en un paisaje tan distinto. Y con eso pasan las páginas de la novela, entre imágenes sentimentales y ansiedad vital. La rememoración de sus días en Asturias, enmarcados en los conflictos sociales que van desde la revolución de 1934 hasta la Guerra Civil.
   Laplace es un hombre atribulado y sus tribulaciones constituyen e argumento central del libro, intimista y psicológico. Por eso, a veces Ifni es una parte esencial y diferenciadora del relato y otras parece un lugar cualquiera sustituible por otro. La novela no tiene una estructura unitaria ni una escritura uniforme. Es, sin duda, una aportación distinta a la novela colonial hispanoafricana. La novela se agranda con aportaciones diversas: la vida de Franco, la ocupación de Ifni, la política internacional. La place se hace intermitente. El lector pierde el hilo principal para volver a recuperarlo páginas mediante. Todo ello porque la historia la va contando el periodista que encuentra, en la época actual, los papeles del militar y los va interpretando/desenmarañando según los avatares de su vida personal. Laplace ve que su destino especial es solo un destierro y que el que lo llevó hasta allí con la promesa de una buena carrera –el mismísimo Franco- lo engañó inexplicablemente. Y se veía encerrado, impotente para salir de la trampa. El engaño inexplicable del dictador amigo sirve de ejemplo para explicar la dictadura.
Quietud, óleo de Rafael Pellicer (Medalla de Honor en la II Exposición de Pintores de África 1952)
   Laplace sufre la transformación final, casi milagrosa, en un viaje al Sus. Hay un cambio radical en su manera de pensar y en sus afectos políticos. El territorio lo ha transformado sin darse cuenta. El mundo se le abrió desde un agujero. Pero al final le falta algo que redondee el relato.





viernes, 26 de febrero de 2016

NOVELAS DEL BOSQUE DE RÍO MUNI (2): AYÚDAME TÚ de CORÍN TELLADO

TELLADO, Corín: Ayúdame tú. (Rollán. Madrid 1966. 128 páginas; Selecciones Rollán. Madrid 1972. 128 páginas; Barcelona 1977. Editorial Bruguera. Colección Corinto nº 571. 96 páginas).
   Esta novela podía haber tenido encaje en las entradas dedicadas a novela popular o novela femenina, pero la personalidad de la escritora y su significado en la España de los años sesenta y setenta del siglo XX, merecen una atención especial. La autora nació en Asturias en 1927 y allí murió en 2009. Empezó a escribir en 1949 y es autora de más de cinco mil novelas. Se le puede aplicar el verso de Lope de Vega: más de cien en horas veinticuatro. Traducida a  treinta idiomas, es el escritor español más leído después de Cervantes. Empezó a escribir por necesidad económica, pero ya era una lectora voraz de novela y una persona con capacidad para crear literatura. Su éxito fue tal, que además de novelas, se hicieron fotonovelas, seriales radiofónicos y guiones cinematográficos basados en sus relatos. La técnica narrativa es sencilla: libros de unas cien páginas, fáciles de  leer, con mucho diálogo y párrafos cortos para rellenar más hojas (cobraban por obra entregada) y llenas de acción. Novelas para leer en una siesta, en los ratos muertos, sin complicaciones. Las novelas románticas, de las que Tellado era la reina, estaban dirigidas al público femenino y las del oeste, donde destacó marcial Lafuente Estefanía, al lector masculino. Eran baratas y, además, se cambiaban en los kioskos (los libros leídos por nuevos más una pequeña cantidad de dinero). Esto, y la falta de otras distracciones, hicieron que el género fuera enormemente popular en España y la América hispana.

   Tellado sabe crear los personajes y las situaciones con pocas líneas pero, por la abundancia de producción, aunque el esquema era parecido, necesitaba darles originalidad mediante paisajes, situaciones o personajes distintos. Por eso en 1966 decide situar la acción de una de sus novelas en la Guinea Española, en algún lugar de la selva de Río Muni, en una serrería. Un joven médico español acepta el trabajo en la colonia con el objetivo de ahorrar dinero para luego establecerse en Madrid. Tellado nunca estuvo en Guinea y sus referencias a la zona son vagas, pero cae en algunos errores propios del desconocimiento del lugar.
Foto de Corín Tellado tomada de su página web
   Corín Tellado era una mujer de moral conservadora. Tenía la costumbre de colocar personajes extranjeros para los que tenían dudosa moralidad, eran malos o tenía cierta permisividad sexual. En esta novela el dueño de la serrería es extranjero, como lo es la joven huérfana del médico anterior sobre la que se construye la historia desde el punto de vista femenino. Con un médico joven y una huérfana que aún no llega a los veinte años, ya pueden suponer como se va a desarrollar la historia a pesar de los contratiempos y las dificultades impuestas por el empresario amargado y duro.
Portada de Pitarch para la revista África de septiembre de 1929
  Aunque la relación entre ambos discurre por caminos castos y absurdos, el final –como era de esperar- es feliz. El trasunto colonial es tratado con ligereza y las apariciones de indígenas son descritas con la mentalidad colonial habitual. 

   La novela es como cualquier otra novela de la autora, sin especial relevancia. Una curiosidad en la literatura colonial.


lunes, 22 de febrero de 2016

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (2): ISAAC MUÑOZ (y segunda Parte)

MUÑOZ, Isaac:
-          Un héroe del Mogreb (Casa Editorial Garnier hermanos. París  1913. 187 páginas).
-          Esmeralda de Oriente (Librería de la Viuda de Gregorio Pueyo. Madrid 1914. 715 páginas).


   Un héroe del Mogreb no aporta nada nuevo a la novelística de Isaac Muñoz. Se trata de la reedición de La fiesta de la sangre pero en una edición más cuidada. Un libro muy bien editado, muy bonito y muy difícil de encontrar.

   Esmeralda de Oriente es la ampliación de la novela corta Bajo el sol del desierto publicada el mismo año en la colección El Libro Popular. Se trata del relato en primera persona de un viajero enamorado o fascinado, como es habitual en el autor, por una belleza israelita que habitaba en el territorio del Sus. Es la novela de la pasión irrefrenable, irracional y azarosa. La pasión como algo irremediable y sutil: Solos, en el extraño salón de tonos indecisos, sentimos que los deseos surgían en nuestra sangre insinuantes y fatales (página 18). El amor distinto, cruel tal vez, en las sobras de Tánger: Y parecía que una agorera voz nocturna, nos suscitara un deseo turbulento y ciego de amarnos cruelmente, con un amor hecho de desesperaciones y de ansia de destrucción (Página 19).

   Los personajes masculinos de Muñoz son trágicos, pasionales, irredentos. No se encuentran seres comunes. Es más dulce con los caracteres femeninos pero, en ocasiones, sin negarles la culpa de las desgracias de los hombres. Muñoz presenta a las mujeres con simpatía, como seres inquietantes que transforman al hombre de fiera en manso. La existencia de sus personajes es trágica como su sentimiento, parafraseando a Unamuno. Están fatalmente marcados por el destino. Lo explica en un largo párrafo: Cuando se ha llegado a las más sutiles vibraciones de tortura, cuando la perspectiva de la felicidad y hasta la vida misma, la vida que es ímpetu, alegría, renovación, esperanza, han desaparecido para siempre; cuando el alma ulcerada, sangrante, ha sentido todas las ferocidades del sufrimiento; cuando una agonía de alucinado es nuestra obsesión constante, el frío y el terror de todas nuestras horas; cuando tenemos la desgarradora, la implacable convicción de que la tierra no nos dará jamás un rincón florido y fresco, ni un manantial de salud que apague nuestra fiebre, acaba por experimentarse en la exaltación sobrehumana de nuestro tormento un placer monstruoso, maldito, y desearíamos abrir más y más nuestras heridas, clavar nuestras uñas en la carne lacerada, retorcer despiadadamente nuestra alma, prolongar espantosamente nuestro martirio, sabiendo que nos sacrificábamos horrible, estérilmente, ante ese arcángel, trágicamente bello como la muerte y como el odio, que es la fatalidad (pp.55-56).

   Para Muñoz el amor es fuente de tragedia. Hasta en los momentos más álgidos, parece como señal de un futuro malo. Como si la muerte estuviera siempre al final, irremediablemente próxima. O como si la felicidad es solo fugaz, inconstante.
   Isaac Muñoz es un autor muy original, distinto a los demás. Influenciado por la estética modernista pero con un alejamiento de lo común. Su fascinación por ambientes exóticos, por situaciones irreales entre lo onírico y lo fantaseado, le lleva a crear escenarios y personajes personales e historias donde el escenario es casi todo. Esta originalidad lo hace trascendente al paso del tiempo. Y es donde el lector encuentra la novedad después de un siglo.
Artículo publicado en La Esfera nº 115 de 11 de marzo de 1916


viernes, 12 de febrero de 2016

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (2): ISAAC MUÑOZ (Primera Parte)

MUÑOZ, Isaac:
-          La fiesta de la sangre. (Pueyo. Madrid 1909. 209 páginas + 1 hoja).
-          Lejana y perdida (Imprenta Helénica. Madrid 1913. 171 páginas + 2 hojas).

   Isaac Muñoz es un escritor especial, entre los raros o los calificados de culto. Un hombre ajeno a las modas literarias y al gusto popular. De una sensibilidad distinta, optó por una estética al margen de las corrientes imperantes. Con algo de modernista y algo de extravagante. El poeta Luis Antonio de Villena, que le dedicó algunos artículos, lo tilda de  exquisito orfebre de la prosa  en su artículo Isaac Muñoz, voluptuosidad:

   Poco se sabía de la vida del escritor hasta que la profesora granadina Amelina Correa le dedicó un libro imprescindible: Isaac Muñoz (1881-1925). Recuperación de un escritor finisecular (Granada 1996), algunos artículos y la edición de las novelas La serpiente de Egipto, Vida o Voluptuosidad. Gracias a sus investigaciones sabemos que nació en Granada en 1881, aunque de familia castellana de Tendilla. Murió en Madrid en 1925. Era hijo de un militar que estuvo destinado en Ceuta y eso le acercó al mundo –en aquella época todavía muy desconocido- de Marruecos. Cursó estudios de Derecho y de Filosofía y Letras, carrera que terminó y que le sirvió para opositar al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios. En sus primeras novelas, en las que todavía no desarrolla su tendencia orientalista aunque ya va marcando su estilo estético, aparecen ambientes castellanos o andaluces: Miniaturas (1898), Colores grises (1898), Vida (1904), Voluptuosidad (1906), Morena y trágica (1908), Libro de las victorias (1908) o Alma infanzona (1910).

   En sus obras muestra un alejamiento estético de la realidad, del lugar donde le tocó vivir. No parece gustarle la sociedad estrecha de sus días. Posiblemente tampoco la época y se evade en ensoñaciones distantes en el tiempo y el espacio. Su amigo Villaespesa le dedica unos versos que comienzan así: Tarde llegaste al mundo. Tu sueño odia el reposo;/ amas el fasto antiguo, la guerra y el amor/ y cruzas por la vida callado y desdeñoso/ igual que un desterrado y noble emperador. Esta abstracción de la realidad le lleva a fabular con el Oriente más imaginado que nunca. Le atrae el mundo de Egipto o Mesopotamia, y escribe La serpiente de Egipto o Los ojos de Astarté (1911) que cambió de título en la segunda edición de 1912: Ambigua y cruel. Y ese mismo interés exotista le lleva a interesarse por Marruecos, que ya conocía desde la infancia, y por la nueva mirada colonialista de los europeos hacia el país. Su pensamiento colonial (o colonista, como él lo denomina), su pasión vital y la experiencia viajera lo refleja e los artículos que publicará en Heraldo de Madrid entre los años 1911 y 1919 y, en menor número, en La Esfera o La Ilustración Mundial.



   Los artículos publicados en las publicaciones periódicas fueron luego recopilados en varios libros: La agonía del Mogreb (1912), Política colonista (1912), La corte de Tetuán (1913) y El país de los cherifes (1913). En ellos expone su doctrina colonial con una ingenuidad propia de los que creían en la empresa benefactora sin pararse a examinar los abusos de la posición de poder. También abordaba cuestiones de política internacional, las campañas contra el Raisuni o el momento d elos judíos sefarditas que habitaban el Magreb y que era un asunto de especial interés para el autor. A los que hay que añadir un relato breve de viajes: Por tierras de Yebala (1913). Y una novela corta a la que ya nos referimos en otra entrada: Bajo el sol del desierto (1914).


   Su primera novela relacionada con Marruecos es La fiesta de la sangre, que se publicó en Madrid en 1909. En ella Muñoz nos abre a su universo particular concentrado en el imaginado Beni-Nuar. Y en él coloca a hombres distintos, a gente de otro tiempo y lugar aunque sea un lugar inexistente y un tiempo que nunca sucedió. Aunque la novela nos hable de Anyera y el campo exterior de Ceuta y de las confrontaciones que pusieron fin al reinado de Abdelaziz. Su mezcla de austeridad y religión, erotismo sublime, vida apasionada y la muerte siempre presente. Con el estilo que le hará famoso: los párrafos cortos, el punto y aparte, un exceso de imágenes y calificativos, una recargada prosa y un sentimiento poético de la novela. La fiesta de la sangre, como el título indica, es la crónica de la crueldad, de la lucha entre hermanos, la violencia sin canon y la brutal venganza del hombre: un bello gesto implacable de dios bárbaro y vengativo (página 14). El protagonista Hamido es un combatiente idealizado, del moro valiente del que luego hablará en los artículos de Heraldo de Madrid cuando las luchas de El Raisuni contra todos. La sangre festiva de la cofradía de loa aissauas, y la sangre trágica de las venganzas de las fracciones que luchan en el campo marroquí. La muerte y el amor, como señales inequívocas del autor. A diferencia de otras novelas suyas, en esta es más fácilmente identificable la época de los sucesos y el lugar, sin que Muñoz se ajuste a ninguna norma de fidelidad histórica.
   Su segunda novela es Lejana y perdida (1913). Se puede encontrar en versión digital gracias a la Biblioteca Virtual de Andalucía: http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/catalogo_imagenes/imagen.cmd?path=1002396&posicion=1
El relato está plagado de descripciones de un oasis sahariano, se supone que al sur de Marruecos. El autor, como hará siempre en sus novelas, trata de crear una atmósfera en la que el lector llegue a un lugar exótico, imaginario, donde las cosas son de otra manera y las convenciones sociales españolas de la época se tornan en una libertad ideal. En Muñoz, el Oriente está más imaginado que nunca. Sus lugares son tan irreales que no han existido ni en el pasado ni en el presente. Recrea los lugares según su imaginario deseo, con personas que se mueven según los criterios reprimidos por el autor en la España de principios del XX. Muñoz busca en la imaginación el sitio de la libertad y la tolerancia sexual, de la religión apartada y de una especie de anarquía política. Y para ello recrea Egipto, Siria o Marruecos. Ya sabe de sobra que en esos países las cosas no son como las cuenta, pero necesita un escenario y, por el desconocimiento generalizado de las tierras orientales, le sirve para sus fantasías y sus poéticas evocaciones.
Isaac Muñoz
   En el aire había como un secreto impenetrable y angustioso de amor, de pasión salvaje y escondida (página 19). Todo el país era un inmenso lugar donde los españoles iban  a poder realizar sus sueños eróticos. Una idea muy extendida en la mentalidad colonial masculina que, además en el caso de Isaac Muñoz, derivaba hacia deseos menos convencionales o excluidos. Al sueño del harén y la excusa: Los bárbaros de Europa no comprenderán jamás toda la gracia, toda la gentileza, toda la dulce sabiduría, toda la purísima elegancia, todo el ágil ímpetu, todo el ardiente sueño que esconden las almas árabes bajo las negras pupilas vedadas de lejanía y tristeza. Y el Islam morirá sin que las carniceras razas de Occidente, hayan adivinado su fabuloso tesoro de poesía (página 29).

   El paraíso árabe de la novela está amenazado de desaparición. La evocación del pasado feliz se contrapone el cruel presente del momento. El refugio del hombre solo,  del que huye del pasado, del que reniega de la vida agitada anterior para abrazar la quietud, de la pasión a la tranquilidad, incomprendido, diferente que encuentra la paz en la soledad: … yo he conocido la alegría salvaje y única de sentirme solo en la tierra, he saboreado como un bálsamo la paz de la sombra después del vértigo enloquecedor de la luz… (página 49). En la novela no faltan, como es el estilo del autor, las evocaciones de sexo, el amor incontrolado y desinhibido en lo que el autor define como  el tigre que vive oculto en mi sangre, rugió una vez más, feroz y salvaje (pagina 79). El tigre que informa los relatos de Muñoz. Lento, cadencioso, reiterativo, el relato erótico repite el estado de ánimo del atribulado protagonista. A pesar de su estado presente, al parecer bueno, siente melancolía por el pasado, por la vida en otra parte como si el sino fuera nomadear y por la mujer de antaño lejana y perdida. En Muñoz el final será siempre la muerte o el de deseo de morir.



lunes, 1 de febrero de 2016

LAS NOVELAS DE TANGER (3): TANGERINA de JAVIER VALENZUELA.

VALENZUELA, Javier: Tangerina (Martínez Roca. Madrid 2015. 324 páginas).
   Valenzuela es un periodista que conoce bien Marruecos y que, como tantos otros, ha sentido la fascinación de Tánger que tiene como fruto esta novela. Tal vez el título es poco imaginativo, pero sirve perfectamente para encuadrar los hechos y es fácil de encontrar en los buscadores para los que quieren libros sobre la ciudad. Tangerina es una novela en dos tiempos, presente y pasado, y en ambos hay un recorrido extenso por la ciudad: sus calles, sus gentes, su vida.

   El protagonista es un profesor del Instituto Cervantes en la ciudad marroquí que se ve envuelto en una trama oscura cuando un amigo suyo es detenido. Es un inicio clásico de thriller. Pero los padres de este profesor vivieron en Tánger cuando era ciudad internacional. Estos elementos le sirven para mostrar el contraste de una época y otra. Y, como decimos, para enseñar al lector la atractiva ciudad, presente e histórica,  para lo que se vale de la aparición de personajes reales como Chukri (al que hará coprotagonista en la indagación), Bowles, Ángel Vázquez…., y la cita de los que visitaron y vivieron allí durante los mejores años de la opulencia. Tánger era y es un lugar de retiro, a veces de huída, de mejora…, o –como dice el autor en la página 59- donde van los europeos a encontrarse consigo mismos. Pero tampoco conviene idealizar mucho la ciudad. El brillo de la ciudad internacional escondía muchas desigualdades, delitos, apariencias sin sustento, fraudes: Resulta que aquel Tánger internacional era más maquillaje que cuerpo, más decorado que guión, más labia que acción (página 67). Pero apariencia o fulgor, todavía desprende una ilusión extraordinaria que se convierte en admiración.
Ilustración de Mizziano para la portada de la revista ÁFRICA de diciembre de 1929
   Quizás por ese afán del novelista de homenajear a la ciudad, la acción se vuelve débil, pierde brío, aparece y desaparece. Valenzuela es un hombre de referencias literarias que encuentra en cada rincón una relación con algo que pasó o con algún antiguo visitante o residente. La historia de la ciudad se vuelve recurrente, a veces se repite. Parece que le falta una buena relación entre el presente y el pasado, entre el argumento policíaco y los recuerdos.
Javier Valenzuela

   La solución final está contada por los personajes, no surge de la acción. El secreto del protagonista, que es el secreto de la madre, parece un poco forzado. La novela es, ante todo, una biografía de la ciudad en los últimos años. Y como tal hay que leerla.

viernes, 22 de enero de 2016

NOVELAS DE CEUTA (2): EL ASESINATO DEL INTÉRPRETE de MANUEL LERÍA ORTIZ DE SARACHO

LERÍA ORTIZ DE SARACHO, Manuel: El asesinato del intérprete (1790-1792)  (Ceuta 2001. Ciudad Autónoma-Archivo Central 217 páginas + 1 hoja).

   Lería Ortiz de Saracho es un general de intervención, nacido en Ceuta en 1922, y conocido por ciertas publicaciones sobre la ciudad de Ceuta que, en 2001, publicó una novela sobre el asedio de la ciudad a finales del siglo XVIII. El autor, que conoce bien la historia de este episodio, prefiere recrearlo a manera de novela histórica usando como protagonista al que fu teniente coronel del Regimiento Fijo de Ceuta Juan Barcelar. Era éste un hombre distinto, interesado por los que se vivía tras la frontera y conocedor de la lengua árabe. Era el intérprete al que se refiere el título. Es una relación quincenal, escrita en primera persona, de los acontecimientos. Muy fiel a lo que pasó aunque con algunas aportaciones puramente imaginativas. La cantidad de noticias sobre la historia, la ciudad y la guerra hace que, en ocasiones la novela pierda el carácter de tal y rompa un ritmo iniciado. El libro, se puede entender –y leer- también como un relato de historia y es un  atractivo añadido (para los interesados en la ciudad).


   En abril de 1790 es nombrado sultán Mulay al Yacid. Lo eleva al trono la guardia negra, en sustitución de su padre que mantenía una relación amistosa con España. El nuevo soberano no va a seguir esa política. Quiere revisar el tratado vigente con España, no reconoce los límites de Ceuta, expulsa a los franciscanos y, al final, decreta el cerco de la ciudad española. La novela es el detallado relato de lo que sucedió, con muy pocas aportaciones más, con una nómina de personajes que corresponde a los principales actores de la situación. Un retablo de hombres en situaciones difíciles, de las empresas iniciadas y de las características del aislamiento. Con un lenguaje directo, sin adornos literarios y sin alejarse de acta cronológica de lo vivido. No fueron días de especial sufrimiento, el protagonista lo relata así (como pista de la intención del autor): Cojo la pluma esta fresca mañana de final de noviembre, con la idea de hacer un resumen ajustado y conciso de los sucesos de los últimos veinte días pero, la verdad, no atino con el tratamiento apropiado. Me pregunto ¿estamos en guerra o vivimos unas fiestas? Es cierto que sufrimos un asedio y que nuestras salidas por tierra están bloqueadas; es cierto que tenemos un ejército numeroso enfrente, que nos sigue –nos consta- con su artillado y pertrechos. Cierto lo de la tregua y no hay tiros ni cañonazos, y que la tregua depende de la salida del embajador Ben Otomán para Madrid (página 113). Esta ironía del autor sobre unos hechos que, lejos de ser dramáticos, se convirtió en un entretenimiento: Aquí, en Ceuta, seguimos viviendo un asedio. Le llaman un asedio, pero más parece una comedia de enredo y diversión que un hecho bélico de los que cuentan los libros de Historia (página 171). Pero por las páginas vas desfilando los personajes históricos de la época, de España y Marruecos. Los grandes y los pequeños protagonistas, las dificultades de la negociación y los vericuetos de la diplomacia. La guerra no estalla hasta agosto de 1791. Y en ese momento concluye la acción y la novela.

viernes, 15 de enero de 2016

UNA NOVELA SOBRE LOS PRIMEROS TIEMPOS EN CABO JUBY: LA MEHAL-LA de NIKO ROA CILLA.

ROA CILLA, Niko: La Mehal-la (De Librum Tremens. Madrid 2015. 679 páginas).

   Roa ha tenido el olfato de recuperar para la novela un asunto muy olvidado en la historia de España en África: la ocupación de Ifni por Capaz en 1933. Y aprovecha el argumento principal para narrar las peripecias de la Mehal-la que lo acompañó y su estancia en Cabo Juby. La cesión a España del territorio de la antigua Santa Cruz de Mar Pequeña estaba reconocido por el sultán en el Tratado de Wad Ras de 1860. Pero el tratado no situaba el lugar, lo dejó a un acto convenido posterior. El sultán fue retrasando la resolución, Francia no quería que españa ocupara una porción de su Protectorado y en españa no había mucho interés por posesiones africanas. Al final, el momento propicio fue en los años 1933 y 1934, cuando los franceses (que representaban al Estado de Marruecos protegido) y los españoles optaron por Sidi Ifni y su hinterland. Como se trataba de concretar una cesión de soberanía, no podía hacer por un acto violento equivalente a la conquista, y hubo que pactar con los habitantes del lugar. Y, para culminar el procedimiento paccionado y con intervención del sultán, se utilizaron las tropas jalifianas representadas en la Mehal-la tetuaní. La narración de algunos de estos hechos se basa en el informe del general Asensio Torrado que el autor encontró entre los papeles de García Figueras. Después se documento bien y largo sobre los hechos. Y, por último, creó personajes de ficción para contraponerlos a los reales. El resultado es una larga novela-reportaje, muy minuciosa en detalles en detrimento de la acción, perfectamente válida para conocer cómo se vivió en el desierto español, entretenida y llena de sorpresas. No es una novela de acción, de aventuras o de intriga bélica; es una novela de situaciones militares que el autor conoce bien. No sólo por la investigación previa, sino que al ser hijo de militar –y haber llegado a cabo de La legión en la mili- conoce el vocabulario, la mecánica cuartelera y los entresijos de la vida castrense.

    Los hechos históricos son reales aunque los detalles sean ficticios. Tampoco son reales los principales personajes. El teniente Fabián Gálvez, que al comienzo de la novela era general y visitó a Asensio en Nueva York, es una mezcla de Capaz, Gándara, Río de Oro, Bullón, Guarner, Clemente Mulero y otros pioneros de las Tropas Nómadas españolas. De todos toma el novelista. Pero su contraprotagonista, el neurótico y arbitrario capitán Canle también tiene algo de todos ellos cuando su parte negativa no aflora.

   Según se avanza en la lectura, la ficción elimina a lo histórico. El autor continúa con su importante labor de reconstrucción de la vida colonial en Cabo Juby, y recrea con especial detalle las circunstancias de la vida militar en la reducida guarnición africana. Pero la locura (tal vez producido por el cafard tan querido por los escritores africanistas franceses) de Canle, locura obsesiva provocada también por los celos y que le lleva a un duro castigo a los miembros de la mehal-la olvidada. Esta parte ficticia, conclusión del viaje que se inició en Tetuán, es lo que hace al libro más novela y donde el autor demuestra su habilidad para describir el cambio en la personalidad del militar. Concluye con un final bien resuelto.
Niko Roa

   En todo caso, el libro merece ser recomendado por su investigación de la situación en un lugar y una época casi olvidada.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (1): PEDRO Y MAXIMILIANO RAIDA.

RAIDA, Pedro y Maximiliano:
-         Aires moghrebinos. Tipografía de El Mercantil Sevillano. Sevilla 1908, 80 páginas.
-         Regeneración. Trozos de vida árabe. Tipografía de El Mercantil Sevillano. Sevilla 1909. 132 páginas.
-         De la morería. Tipografía de El Mercantil Sevillano. Sevilla 1909. 99 páginas.
-         Venganza riffeña. Pueyo. Madrid 1910. 157 páginas + 1 hoja.

  Los hermanos Raida tenían afición a la escritura. Tres de ellos publicaron cuentos y poemas,  aunque fue Pedro el que alcanzó mayor renombre. Guilis Pastor, en la crítica que hace a la novela Venganza riffeña  en La Nación Militar de 12 de febrero de 1910, nos dice que eran nacidos en Austria pero que adoptaron el idioma español para escribir. No obstante, en las biografías de Pedro se nos dice que nace en Sevilla en 1890. Y   Miguel Ángel Buil Pueyo en su libro Gregorio Pueyo(1860-1913), librero y editor  nos indica que nació en Mogador en 1888 y murió en León en 1962. Quizás este nacimiento marroquí explique mejor su inclinación literaria por el exotismo magrebí. Fue éste un poeta de vanguardia, perteneciente al grupo Ultra que se formó en Sevilla con Garfias, Cansinos-Assens, Adriano del Valle, Pedro Luis de Gálvez  y otros.

   Los Raida, como le ocurre a Isaac Muñoz, combinan un cierto vanguardismo literario con una rancia visión exotista de Marruecos. En realidad, les importaba más crear un escenario nuevo donde colocar sus argumentos que mostrar la realidad del país. Son, usando la expresión de Said, autores del oriente imaginado. Tal vez estaban imbuidos de una mentalidad que trascendía las ideologías y que, de buena fe, creían que era posible que un pueblo ayudara a otro imponiendo su poder y que de esa imposición se sacaran beneficios para todos. Los Raida, sin embargo, son más realistas que Muñoz y llegan a unir costumbrismo regionalista (colonial) con una estética vanguardista sin excesos.

   Su pasión literaria marroquí se comprime en cuatro libritos de cuentos y una comedia (Con ella pagó el sultán -1910-).  Evocan un Marruecos bárbaro muy del gusto de la época y se recrean en novelar situaciones como la venganza o la exclusión de la mujer. Los moros son fanáticos y supersticiosos, viven en una sociedad alejada de la civilización y tiene un acendrado instinto cruel para, según los Raida, relacionarse. Tienen tendencia al el diálogo, y en varios de los libros aparecen lo que llamaban bocetos de comedia. Su única novela larga de la serie, Regeneración, es un relato dialogado. Su visión es caduca, colorista pero despreciativa, fuertemente impregnada por el sentido de alteridad y superioridad.  No todos los cuentos tienen un trasfondo colonial, los autores prefieren sustraerse de esta circunstancia para sumergirse en las “costumbres árabes” sin contaminar. Pero no desdeñan las referencias coloniales. En el libro De la morería, el segundo de los cuentos se titula La fotografía y es un ejemplo claro del pensamiento y estética literarias de estos dos autores. En él se narra las peripecias de un europeo en Tánger para conseguir una fotografía de un marroquí. La contraposición de los avances técnicos, simbolizados en una cámara, y el atraso marroquí, que huían de ser retratados,  es el esquema de las constantes conmiseraciones de los exotistas literarios.
Mercado de Tánger. Óleo de Enrique Simonet Lombardo
   Hoy casi nadie se acuerda de Pedro y Maximiliano Raida y su modo de narra ha quedado anticuado. Pero era una moda propia de la época que tuvo un amplio reflejo en las revistas literarias e ilustradas.


lunes, 21 de diciembre de 2015

NOVELAS DE PLANTACIÓN EN LA GUINEA ESPAÑOLA (3): MANTO VERDE BAJO EL SOL de V. LÓPEZ IZQUIERDO.

LÓPEZ IZQUIERDO, Vicente: Manto verde bajo el sol (Valencia 1973. Autor. Imprenta J. Domenech. 290 páginas + 2 hojas).

   El autor ordena recuerdos cinco años después de la independencia y escribe una novela de plantación. Advierte en la fotografía que abre el libro: Sus imparciales relatos novelados, no denigran al negro, ni ensalzan tampoco al blanco; humanizan por igual a las dos razas, en los conceptos respectivos de las cosas. Porque virtudes y defectos humanos, fueron siempre sinónimo de la especie. Con esa sintaxis singular y un tanto confusa, se empeña en describir la vida colonial pintando a dos personajes contrapuestos: El marido, empleado de confianza en una finca; y su mujer, con la que se casó por poderes, que acaba de llegar y trata de comprender un mundo distinto y desigual. El hombre que conoce y aprovecha las ventajas coloniales, y la mujer que no se adapta a las diferencias. El tercer personaje en cuestión jefe y primo del marido, Isidro Montilla responde al estereotipo de colonial embrutecido que justifica todo el sistema de abuso y a la sociedad racista y explotadora. Los conflictos entre ellos tratan de revelar la vida en la plantación sin ahorrarse humillaciones, castigos físicos y diferencias de trato. A veces con escenas duras en las que las mujeres blancas sufren también el desprecio machista.

   El autor no es un gran prosista. En muchas de las novelas coloniales, el mérito es más sociológico que literario. López Izquierdo tiene la originalidad de plantear las tensiones coloniales entre blancos, más que entre blanco y negros. Las relaciones no siempre fáciles entre propietario y trabajadores, y la tensión sexual soterrada entre unos y las mujeres de los otros. En la Guinea Española no había mujeres europeas solteras, o eran muy pocas. El deseo de los españoles se conformaba con las indígenas, engañadas, prostituidas o atraídas por una vida fácil y falsa. Pero los adulterios consumados y los impulsos reprimidos debieron existir mucho más de lo que la historia doméstica general de los colonos nos ha hecho llegar. Las escenas entre el propietario de la finca, el primo y empleado y la mujer de éste tienen una notable fuerza. La sociedad colonial era muy reducida en personas y corta de miras, casi todos pertenecían al mismo sector y no daba para mucha variedad. Estaban todos pendientes de los demás. Y la jerarquía entre los jefes y los empleados coloniales afectaba a la vida familiar y social.
Vicente López Izquierdo
   La novela se publicó en 1973. El país era ya independiente aunque en España estaba sometido al silencio de “materia reservada”. Pero la mentalidad iba cambiando, la colonización había casi desaparecido de África. Ese cambio en la manera de pensar se refleja en esta novela. No es un relato de la gloria de la raza hispana civilizando la selva, pero tampoco es un alegato anticolonialista. Ni es un elogio al esfuerzo titánico del colono, pero tampoco una defensa a ultranza del indígena. Leída hoy, sirve para ver cómo se iban cambiando las mentalidades. La obra plantea situaciones de violencia y abuso que eran inéditas en la literatura sobre colonias españolas en África. No le importa levantar tabúes. El castigo físico y las relaciones sexuales con las indígenas aparecen sin tapujos. Y, aunque el ritmo no es muy vivo y la tensión decae, tiene ese mérito innegable.


   La novela tiene, en fin, el mérito de plantear estas cuestiones que no habían sido tratadas en la literatura anterior (salvo en las novelas de plantación y, quizás, en José María Vilá).

jueves, 3 de diciembre de 2015

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (8): KÁBILA de FERNANDO GONZÁLEZ.

GONZÁLEZ, Fernando: Kábila (Debate. Madrid 1980. 299 páginas + 1 hoja).
   Este escritor y periodista gallego nacido en 1939 y muerto en Madrid en 1980, llegó a ser redactor jefe de Informaciones y, posteriormente, se incorporó a El País al crearse éste. Colaboró en numerosas publicaciones escritas y en la radio. Su interés por la historia lo llevó a fundar y participar en el consejo de redacción de la revista Historia Internacional. En ésta publicó algunos artículos sobre Marruecos. En esta materia es autor del libro Liturgias para un caudillo (1977), sobre el origen africanista de Franco. Y la novela Kábila.

   Si la aparición de El desastre de Annual de Ricardo Fernández de la Reguera y Susana March en 1968 supuso, con matices, el renacimiento de la línea patriótica en el ciclo de Annual, Kábila en 1980 fue el resurgimiento de la línea crítica en la misma materia argumental.
   Fernando González se atreve con el argumento de una manera muy arriesgada. Se enfrenta a narrar desde el punto de vista del rifeño. El escritor español que intenta comprender al rifeño corre el riesgo de fracasar porque, por mucho conocimiento que se tenga de los hechos, los lugares y la mentalidad, no es del todo rifeño y no puede llegar a comprender todas las motivaciones. Si bien quiere exponer los hechos desde una perspectiva distinta, puede caer en el mito del rifeño imaginado más que en el rifeño real. Otro peligro es que idealice en exceso al combatiente marroquí y su causa. Quizás, como suele ocurrir en estos casos, el riesgo es el mérito del escritor, su originalidad.

   La vida del rifeño era difícil y se complicaba con la guerra. Los kabileños obedecían a la autoridad tradicional que los llevaba a la guerra contra el español invasor. Era una guerra desigual en la que obtuvieron un triunfo sorprendente y desproporcionado en Annual. Los rifeños se hinchan de orgullo, son espoleados por los líderes y viven una ensoñación de la que les advierte Chumitsa, la prostituta: Os creéis que aquí acaban los españoles, no sabéis nada. Pueden morir más, muchos más, y sin embargo llegarán al Rif, lo tendrán. Saben orden. Vosotros no sabéis nada. Ellos llegarán, marcando el paso, con uniforme, uno a uno. No sabéis nada, Ahmed (página 78). Sólo le faltó añadir a la profecía que el jefe que los llevó a la victoria huiría cuando llegara la derrota, abandonando a las huestes a su suerte. El ritmo de la novela es lento, aunque se mezclan episodios diversos, acciones distantes en la geografía y hechos militares que necesitan de un conocimiento previo para situarlos. Para el autor importa el sentir del rifeño en su lucha por la vida en la que la ocasión de morir es una vicisitud más. Y lo hace en dos momentos: Uno, cuando se enfrenta a los españoles y obtienen las primeras victorias; otro, cuando son derrotados y tiene n que unirse al enemigo para poder sobrevivir.
   La vida es dura en la tierra marroquí. En cualquier caso, el pobre lucha siempre por la subsistencia. Y que el lector establezca los paralelismos que quiera con la situación española; seguramente el autor tuvo esa intención. En algún momento, cuando Abd el Krim vence en Annual, creen que las cosas cambiarán. Pronto se darán cuenta de que su existencia está fatalmente destinada a la sumisión y la miseria. Antes luchaba contra los españoles, después se alista en su ejército. Hay algo de humillación que tratarán de vencer con el arma de los débiles: la venganza. Pero ésta no siempre llega y puede dar paso al abandono morol. La derrota está presente: Nadie sabe ganar una guerra. El orgullo, la soberbia, son compañeros inseparables del vencedor, camina poseído de su triunfo y en el fondo añora que la lucha no continúe, pues se ha acostumbrado al trato despótico y las justificaciones tácticas. Me sentía como un ave que no ha podido seguir la emigración: temía las miradas de los ancianos (página 140), decía el protagonista. Y añadía: Entonces aún buscaba la venganza, la rebka. Pero mis horas desgarradas, de rifeño vencido, nunca fueron advertidas por los españoles, acostumbrados a incluir entre los moros a todo aquel que en el norte de África no es cristiano ni hebreo. Hubo momentos de amarguera y humillación, solo conocidos por los que, tras perder un ideal, intentan reemprender su vida ente los triunfadores, nuevos ricos de la guerra. El que lo ha vivido lo sabe, hermano (página 141).
Fernando González
   González quiere mostrar un Rif demasiado seco y hambriento, como justificando la guerra por el pan. Es demasiado sórdido el retrato de sus gentes. Los españoles arrasan la tierra del hambre con facilidad pero no la mejoran.
   La novela da un salto en el tiempo, al final, para concluir con el último episodio de las relaciones de guerra entre españoles y rifeños, la Guerra Civil. El protagonista combate con los Regulares. Han pasado los años, se ha aquietado y sometido a las circunstancias de la vida. Tal vez con fatalismo, tal vez con escepticismo. Reflexiona: Al final, se puede decir de Ben Haki: nació en la kábila de los Beni-Tuzin, luchó por su pueblo, perdió, sirvió a los vencedores humillándose hasta el punto más bajo, y ahora, cuando su vida no tiene ilusión, cuando la fe ya no es un débil refugio que en momentos de tristeza sirve para cobijarle, ahora, obedeciendo a una parte de los que un día hollaron la kábila, mata a los hermanos de éstos (página 256).
Óleo de Cruz Herrera de ambiente marroquí
  Kábila es una novela triste, realista. En el momento de su publicación tuvo repercusión y buenas críticas por atreverse con el punto de vista del otro. También estudios como el de Elmar Schmidt:
   Luego se olvidó. Pero merece una relectura.