miércoles, 11 de mayo de 2016

LAS NOVELAS DEL FIN DE SAHARA ESPAÑOL (5): LLORA LA HIENA EN EL SÁHARA de FRANCISCO BAUTISTA GUTIÉRREZ

BAUTISTA GUTIÉRREZ, Francisco: Llora la hiena en el Sáhara. (Ed. United PC. Usa 2014. 169 pp).
        - Despertar en las dunas del Sahara (Autor/Amazon. 2018. s.p.)


   Francisco Bautista es un escritor que publica habitualmente en formato digital. Algunos de sus libros pueden ser adquiridos en papel en las páginas de venta de libros on line.

   Llora la hiena en el Sáhara es un relato intimista de uno de los últimos soldados españoles que hacía la mili en la colonia y es testigo de la lucha primera de los guerrilleros saharauis. Unas veces patrullando con las tropas españolas, otras viajando con su amigo Alej, nos muestra algunas características de la vida nómada y de las dificultades del desierto. Son sensaciones que se desgranan sin que lleve un hilo argumental claro, sin que el lector tenga noticia del momento exacto en que se produjeron, ni siquiera si existe un relato cronológicamente ordenado o no.
   El contraste entre dos maneras de ver el mundo, entre la visión idealista de los independentistas y  es escepticismo de los últimos españoles. La Marcha verde, el Polisario; la sociedad colonial que se deshace. Un relato de la confusión y la guerra.
Mora, óleo de Genaro Lahuerta

   Pero el contraste con los españoles es menor que con los nuevos invasores marroquíes que se ejemplifica en una sórdida historia de violaciones, torturas y muertes. El relato se va decantando hacia el homenaje a los resistentes saharauis de primera hora frente al ejército invasor procedente del Norte. Con desgarro, dureza, a veces ternura y sin ocultar las simpatías.
   De igual época trata Despertar en las dunas del Sahara, esta vez los acontecimientos se narran a través de un joven.

viernes, 29 de abril de 2016

LAS NOVELAS DE MALABO (1): TRES MODOS DE VIVIR y LOS QUE NO SE VAN de JOSÉ MARÍA VILÁ.

VILÁ, José María: - Tres modos de vivir (Autor. Barcelona 1958. 253 páginas).
-          Los que no se van (Autor. Barcelona 1967. 222 páginas).
   He de reconocer que a mí me gustan las dos novelas de José María Vilá sobre el final de la época española de Guinea. Aunque de la primera a la segunda hay una evolución, Vilá supone una visión distinta de la sociedad guineana. Quizás no sean novelas rotundas desde el punto de vista literario, en algunos momentos son flojas, pero resultan auténticas y se puede comprender mejor un modo de vida (o tres, si nos quedamos con la advertencia del título, o seis o siete, si nos fiamos del argumento). Vilá trata de reflejar la manera corriente de discurrir de los habitantes de Santa Isabel, sus relaciones entre ellos y con los naturales del país, las leyes y costumbres laborales, los motivos de la emigración colonial, etc. En sus novelas se puede entender mejor la mentalidad colonial de los españoles, henchida de paternalismo y superioridad hacia lo que se denominaba “el moreno”, en un intento hipócrita de superar la discriminación al “negro”.
   José María Vilá había publicado libros antes de volcarse en la realidad guineana, alternando el castellano y el catalán. Algunos ensayos como Los soviets (1927), Els primers moviments socials a Catalunya (1935) o Sistemas de organización y doctrinas (De los gremios al nacionalsindicalismo) (1940). Y un par de libros de ficción, uno de relatos Basea 1900 (1955) y la novela La ciutat malalta (1956). Como consecuencia de sus estancias en Guinea, publicó una serie de artículos en La Vanguardia de Barcelona en los que hablaba de costumbres locales.

   Vilá llegó a Guinea como visitante, aprovechando que su hijo trabajaba allí. De este primer contacto a finales de los 50 del siglo pasado, tuvo conocimiento de la mentalidad del trabajador español y de la vida de los empleados y finqueros. Pero su visión se amplió cuando el hijo se casó con una mujer guineana y sus nietos fueron mulatos. Esta singularidad no la tenían los otros novelistas españoles de la época y le abrió el concepto de sociedad colonial. Era una época de auge económico en la colonia y en la que, además, ya se presumía el final de la dependencia. Las relaciones con los guineanos se habían suavizado, sin que supusiera igualdad. Pero disminuyeron los malos tratos y el absoluto desprecio racial; aunque continuaron las creencias de supremacía y poder cultural y económico del europeo sobre el africano, y ciertas normas de segregación como el lugar a ocupar en los cines o la prohibición de entrada a sitios como el Casino de Santa Isabel para los naturales de la colonia.

   En Tres modos de vivir, primero de los dos libros guineanos de Vilá, se recogen algunos de los tópicos de la literatura colonial, aunque dulcificados. Aparece la colonia como lugar de redención o, al menos de oportunidad. Frente a las dificultades de ascenso en la metrópoli donde había poca permeabilidad entre clases sociales, la colonia significaba una ocasión de mejora para las clases bajas o económicamente menos pudientes. Esto dio lugar al mito del colono esforzado y triunfador tan propio de las novelas argelinas. Y observamos también el reflejo literario del trato al guineano en sus variantes: desde el despótico maltratador hasta el paternalista comprensivo, con la inclusión de un nuevo modelo de colonial que era el padre de hijo mulato reconocido (algo incomprensible unas décadas atrás).
    Esta novela comienza con ambiente de plantación, de manera similar a las de Liberata Masoliver, Bautista Velarde o López Izquierdo. Pero Vilá tiene el acierto de desviar la atención hacia el ambiente urbano de Malabo (la Santa Isabel colonial). Ya no era la época de los primeros concesionaros de terrenos públicos sino la de los españoles empleados, funcionarios, militares y los que buscaban abrirse paso en la vida mediante el esfuerzo personal. Alguno de ellos con la voluntad de prosperar con un negocio propio. Era el caso de Pedro Selvaclara, uno de los protagonistas. Es el prototipo de luchador, pero las cosas no son fáciles. Ganar dinero no es algo rápido, la mayoría de los empleados se conforman con el buen pasar colonial. Quiere montar un taller de carpintería (oficio al que se dedicó el hijo de Vilá, que murió asesinado), pero conseguir el capital para comprar la maquinaria era arduo. No había crédito como lo hubo en otros tiempos para los concesionarios de fincas. Notará el desarraigo que se convertirá en un doble desarraigo (en Guinea y en su pueblo cuando vuelve): - Te está resultando duro comprobar que ya no tienes familia, o la tienes a medias. A los coloniales nos pasa algo parecido a los pájaros. Los padres cuidan puntualmente a los hijos, pero cuando han aprendido a volar, los olvidan, y ellos se olvidan de los padres y de los hermanos que con ellos nacieron (página 93), le dice un personaje a otro. El colonial soltero no conoce mujeres europeas porque las que hay en la colonia están casi todas casadas. Se divierte con las naturales del país, pero aspira a casarse con una europea blanca. El racismo cotidiano se expresa con esas ideas. Muchas veces las bodas son precipitadas, aprovechando una licencia o haciéndolo por poderes, con mujeres a las que apenas conocen y llevan a un mundo ignoto para ellas y que pueden acabar en un conflicto matrimonial irremediable.
   Frente a Pedro Selvaclara está su amigo el Tigre, mecánico que prefiere vivir sin complicaciones, que no aspira a mejorar sino a llevar una vida parecida a la de los bubis. Personaje clave en la vida colonial que representa a lo que los españoles llamaban un “anegrado” de manera despectiva. Y la constante intervención de dos finqueros ejemplos de la vida mercantil y de la riqueza guineana. Uno de ellos padre mulato reconocido, figura clave del conflicto interracial permanente en toda colonia africana. El mulato Pascual representa la exclusión de las dos sociedades y tiene una visión mucho más crítica de las cosas. Lo dice el personaje:
-          Me dice el corazón que muchos europeos vuelan sobre Fernando Poo con los mismos sentimientos que esos cuervos.
   Y Selvaclara, imbuido ya de la característica mentalidad colonial, aprovechado de las ventajas que tiene n los coloniales, entre ellas el sexo fácil inimaginable en España, le responde:
-          Es la influencia del ambiente… Yo vine aquí sin pensar en nada de todo esto y pasé algunos meses sin ocuparme de las indígenas. Me parecían repelentes. Luego, el tiempo y el ambiente lo cambiaron todo. Comprendí que las mujeres negras no daban ninguna importancia  a estas cosas y, sin darme cuenta, hice lo mismo que los demás.
-          Los blancos tiene obligación de conceder a estas cosas su verdadera importancia –arguyó Pascual, sin levantar la mirada.
-          Es difícil hacerte comprender nuestra situación –replicó Pedro-. Como todos los blancos que venimos a Fernando Poo, yo encontré aquí un modo de vida que no podía cambiar por otro. Ya te he dicho que todo pasa por culpa del ambiente.
-          El que han creado los forasteros; blanco o negros. (páginas 126-127)
   Vilá va narrando situaciones con la riqueza de muchos personajes distintos pero representativos de las distintas clases de coloniales. Los personajes locales son secundarios, interesa la vida colonial de los españoles de Guinea. No hay una acción clara, un argumento bien marcado; es el lento discurrir de la vida del protagonista. Ni siquiera tenemos una conciencia clara del tiempo que ha transcurrido en cada capítulo.  Es un relato costumbrista de la vida colonial en el que no rechaza la crítica a cierta mentalidad generalizada, como la vertida en las páginas 182 y 183 que reproducimos. La vida es difícil incluso en Guinea. El esfuerzo es mucho y no todo se consigue. Culmina con un final trágico y con la idea de que el la pequeña sociedad colonial española de acaban reproduciendo los esquemas de la sociedad metropolitana. Lo que hace reflexionar a Pedro Selvaclara: Todos los blancos de Fernando Poo deben cumplir una función necesaria a la comunidad europea; la que mejor les cuadre (página 250) y resume los tres modos de vivir:… la que adoptó tu padre y que mosén Ángel llamaría “de a Dios rogando y con el mazo dando”, la de la mayoría de los europeos, que es la de ir tirando, como hacen don ramón y sus colaboradores, y la de los braceros (páginas 252-253).


   Nueve años después de Tres modos de vivir, apareció su segunda novela guineana: Los que no se van. En 1967 ya todo el mundo sabía cuál iba a ser el destino del país y procuraban adaptarse al futuro inevitable. Quizás de ahí el título. La novela comienza con un hecho histórico, el incendio que destruyó el mercado indígena de Malabo y que originó una grave crisis en las familias de vendedores. El protagonista sigue siendo Pedro Selvaclara, convertido en un colonial de buena posición económica e integrado en la pequeña sociedad española de Guinea. Han pasado ocho años de la anterior y, aunque los personajes siguen, las cosas han cambiado mucho en la colonia. La crisis económica que supuso el incendio del mercado se unía a una crisis de seguridad en el futuro. Los guineanos eran conscientes de la independencia y se preparaban para ella. No imaginaban lo que iba a pasar con Macías. Los europeos desconfiaban de la capacidad de los nativos para asumir la carga del nuevo Estado sin tutela. Quizás Vilá no tuvo suficiente visión para comprender que en esto podía estar la originalidad de  su nueva novela y pasa sin mucha profundidad, centrándolo todo en el personaje Daniel que asume el papel de bubi sobradamente preparado y que es visto por Pedro –también por el autor- con escepticismo.

   La novela discurre, como la anterior, pero con una acción más marcada. Hay más argumentos paralelos, lo que otorga más matices a los personajes. Pero plantea novedades con respecto a la primera. Por un lado, se muestra una especie de revisión de la acción colonial en la vida de los españoles. Una reflexión sobre si valió la pena la aventura para los que la iniciaron. Como es natural, hay de todo. Pero, frente al triunfalismo, Vilá deja reflejado el fracaso de algunos; económico, o personal por la dificultad de las relaciones familiares, la deserción de mujeres europeas, la difícil convivencia con nativas y con los hijos extramatrimoniales. Santa Isabel y Bata no sientan a las esposas que uno trae de Europa. Se aburren. Sienten añoranza y una grave congoja por el porvenir de sus hijos. Aquí no pueden educarlos como en la Península (página 154), dice uno de los personajes. Por otra parte, surge con fuerza el orgullo nacional de los guineanos que se sacuden la humillación del colonialismo. Y por otro, los habitantes africanos de Nigeria, Camerún, etc. que llegaron a Fernando Poo y se establecieron en Malabo. Con una existencia donde la magia tenía todavía una importancia capital, de la que da cuenta la novela, y que hablan utilizando el pichinglis (broken english). Así el mosaico costumbrista iniciado en Tres modos de vivir se completa con nuevas visiones de las sociedades interpuestas.
   Pero el hecho diferencial en la narrativa de Vilá, que ya trató Cabanellas de manera muy diferente, es la posible boda de un europeo y una bubi. No estaba prohibido por la ley porque desde la provincialización todos eran iguales, pero seguía siendo visto por la sociedad colonial como algo negativo, impropio de un blanco normal, un signo de degeneración social. Algún valiente dio el primer paso para legalizar las relaciones que hasta entonces habían sido de abuso del hombre europeo sobre la mujer africana. Antes lo dio otro valiente que se atrevió a reconocer los hijos mulatos extramatrimoniales. La mentalidad iba cambiando, pero no tan deprisa. En el mundo de los coloniales existía una escala de valores raciales; un personaje lo explica: Si todavía me espera la que fue mi novia, estaré obligado a casarme, pero ella no tiene por qué admitir en nuestra casa a estos hijos multaos.  Yo pregunto, ¿es justo que la obligue a soportar la presencia constante de unos hijos míos que no son hijos suyos? ¿Es justo que tenga que cuidarlos? Puedo colocarlos en algún colegio, pero no de por vida. La disyuntiva es clara, o los abandono, o bien los sumo a la familia; no hay otro sendero y los dos son injustos. Y hay otra cosa peor, si me caso y los tenemos en el nuevo hogar, habrá dos clases de hijos….  (página 202). Y cuando Pedro Selvaclara le hace ver que es responsable por haber tenido hijos: Los hijos son antes que las novias (página 203), el interlocutor responde: Mi compromiso con la novia es anterior a mi venida a Fernando Poo, y no lo rompimos (página 203). En este conflicto habitual se resumen muchas de las diferencias y problemas del vivir colonial que surgen con mucha más fuerza cuando se vislumbra la independencia y los europeos tienen que optar por marcharse o por quedarse en la tierra que probablemente quieren pero a cambio de modificar sustancialmente su visión de las cosas. La novela acaba en ese momento, tal vez la faltara al autor completar su obra con otra sobre los primeros años de independencia.


lunes, 11 de abril de 2016

LAS NOVELAS DE TÁNGER (4): LA EMPERATRIZ DE TÁNGER de SERGIO BARCE

BARCE, Sergio: La emperatriz de Tánger (Málaga 2015. Ediciones del Genal. 174 páginas + 2 hojas).

   Sergio Barce nació en Larache, donde pasó sus primeros años. Vive en Málaga y mantiene una actividad literaria fecunda y muy relacionada con Marruecos. Es autor de El jardín de las Hespérides (2000), Últimas noticias de Larache (2004), Una sirena se ahogó en Larache (2011) o Paseando por el Zoco Chico (2014), entre otras. Mantiene su propio blog: https://sergiobarce.wordpress.com/ . Su última novela, por el momento, es La emperatriz de Tánger (2015). En la que cambia su escenario larachense por el tangerino, y la época actual de sus otras novelas por la colonial.

   El Tánger literario es una ciudad inventada. Más recreada que real y en mayor medida que otras ciudades de gran atracción para los narradores. El Tánger literario que reflejan las novelas es una ciudad fantástica, fuera del tiempo, llena de personajes límite: escritores, borrachos, prostitutas, artistas al por menor, tramposos y tahúres, banqueros, contrabandistas… Como si no hubiera nadie normal en un decorado de lujo, corrupción y servidumbre. Como si en Tánger no hubiera existido una mayoría de población convencional compuesta por diligentes padres de familia, camareros anodinos, taxistas con apuros económicos, empleados y funcionarios, peluqueros, guardias municipales o músicos de orquesta que se levantaban y acostaban cada día con la misma rutina. Pero estas personas normales no dan para literatura, son aburridos seres que aparecen como figurantes o secundarios en las escenas de la vida tangerina según la literatura. La ciudad en sí misma, por su singularidad internacional, suela acabar siendo la protagonista de la acción más que los personajes. Si, además, se trata de una novela negra según los cánones americanos del género la inclusión de seres marginales o extraordinarios está más justificada. Y la novela de Barce va por esos derroteros.

    Pero no significa que sea una mala novela Tampoco es de ésas que ya parece que hayamos leído, ni el conjunto de tópicos ordenados. Al contrario, resulta una novela interesante y bien medida en ritmo y extensión. Bien escrita. Sin renunciar al uso de lo anteriormente dicho, construye una historia de perdedores situados en la ciudad de los desterrados con habilidad y atracción. Un retablo de personajes desvalidos, débiles o de baja autoestima como el protagonista Augusto Cobos, escritor, que deambula por las páginas en un continuo estado de embriaguez lo que no obsta para que lleve una promiscua vida sexual con mujeres igual de desvalidas. Esos personajes inseguros generan, en las páginas de la novela de Barce, un sentimiento de cariño. Como en toda novela negra, hay un muerto y una situación extraña en la que Cobos se ve implicado. El alcohol sin embargo sí le afecta a la memoria, le hizo olvidar unos hechos y la recuperación de ese tiempo en blanco es el eje del argumento. Aunque, insisto, lo más importante de la novela es el escenario y los personajes.
Barce, de la solapa de la novela.
   La intriga se va desenvolviendo sin grandes sorpresas, en relaciones de decadencia humana, pero sin que pierda la fuerza narrativa. El desenlace sostiene la atención y deja un buen sabor de boca.


   

miércoles, 30 de marzo de 2016

LAS NOVELAS DE MELILLA (3): EL PORVENIR DEL OLVIDO de ÁNGEL CASTRO MAESTRO

CASTRO MAESTRO, Ángel: El porvenir del olvido (Hebraica ediciones. Madrid 2009. 305 páginas + 2 hojas).

  Ángel Castro nació en Melilla en 1956, donde vive. Profesor y coordinador de actividades culturales de la UNED de su ciudad, cargo en el que consigue dar a conocer las novedades culturales sobre la ciudad. Escritor de relatos y de artículos en los diarios locales. El porvenir del olvido es su primera novela. En ella se asoma a la ciudad africana desde dos perspectivas y tres tiempos distintos. Por un lado, es la visión del crecimiento de la misma que tuvo lugar como consecuencia de la acción bélica en Marruecos a primeros del siglo pasado. En ese sentido sería una continuadora tardía de los primeros relatos de la emigración de Carcaño Más y Berenguer. Por otro lado, y de manera más relevante, es la historia de los judíos en Melilla simbolizada en una sola familia.  Argumento muy interesante que ya había sido abordado por Severiano Gil pero que merece todavía más ficción.

   Melilla es una ciudad española donde existe una comunidad hebrea organizada desde hace más de un siglo. Parece una singularidad, y lo es aunque no debería serlo. Los judíos fueron expulsados de España en el siglo XV, asentándose en el norte de África muchas comunidades de sefarditas. Con el tiempo, atraídos por la vida europea de la ciudad española, algunos fueron llegando a Melilla y se instalaron en ella. Jesús Salafranca lo recuerda en su libro Historia de la población judía de Melilla desde su conquista por España hasta 1936 (Editorial Algazara. Málaga 1995). Como en todas las comunidades, a unos sonrió la fortuna y a otros no. En algunas ocasiones, como la guerra de 1893, sufrieron el acoso acusados de vender armas al enemigo. En otras ocasiones fueron recibidos en Melilla cuando su vida corría peligro en Marruecos. Uno de esos episodios –en los años en que el Roghi Bu Hamara imponía sus reales en el norte del país- sirve de entrada el protagonista de la saga familiar que se presenta en tres momentos: 1903 con la llegada de Jayim, huyendo de los rebeldes, su acogida, enamoramiento y matrimonio, y su integración en la sociedad; la posguerra española con el protagonismo de su hija Luna; y la actualidad representada por el nieto David.


   Castro ha escrito una novela muy emotiva en la que los melillenses podrán reconocer sitios y personas. Un relato donde la ciudad que aparece de fondo es la protagonista; creándose y recreándose en los distintos instantes y en los tiempos diferentes. Y utiliza, además, un argumento novedoso como es la comunidad judía. El lento discurrir de la vida y las tradiciones seculares, las relaciones internas y externas de los hebreos en país cristiano y el modo de desenvolverse, establecen el ritmo de la novela que, por otro lado, no es constante.


   La tercera parte es la más corta y, aparentemente, la más precipitada. Pero no creo que sea un descuido del autor o una urgencia de finalizar. En la época actual el heredero de la saga rompe bruscamente con la tradición, con las costumbres, con la vida religiosa. Algo que es común a los cristianos. Y se va deshaciendo –o transformándose- el cemento de la comunidad. En ello hay una nostalgia pero también el inevitable signo del cambio permanente. La tercera parte no muestra la emoción sentimental de los tiempos pasados ni la dificultad en la lucha por la subsistencia. La ciudad cambia internamente, los hombres se adaptan a las nuevas maneras de vivir.


   Un relato minucioso y realista de Melilla.

viernes, 11 de marzo de 2016

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (9): EL DUQUE DE AYER de EL CABALLERO AUDAZ

CARRETERO NOVILLO, José María “EL CABALLERO AUDAZ”: El duque de ayer (Ediciones ECA. Madrid 1942. 309 páginas + 1 hoja. Portada de Penagos; Editorial Tesoro. Madrid 1963. 213 páginas. Portada de Jano).

  Curioso escritor este Caballero Audaz. José María Carretero Novillo (Montilla 1888-Madrid 1951) empezó a usar el seudónimo por su dedicación a la novela galante, género erótico de gran éxito en España antes de la Guerra Civil del que fue uno de los mejores representantes. Autor de: La bien pagada (1920), La sin ventura (1921), Los celos viven (1924) y La ciudad de los brazos abiertos (1926). Podía haberse quedado en esto pero, como solía ocurrirle a los escritores profesionales de su generación, tocó todos los géneros. Era una manera de ganar dinero: Novela, teatro…. Carretero fue un excelente periodista en La Esfera, Heraldo de Madrid, Nuevo Mundo (del que fue director)… Destacó como entrevistador, legando a personajes célebres de todo el mundo. Se ganaba la confianza del entrevistado y conseguía sacarle muchas confesiones interesantes.  El profesor de la Universidad de Sevilla Antonio López Hidalgo publicó Las entrevistas periodísticas de José María Carretero (1999), un buen estudio con selección de algunas de ellas. También fue un buen crítico taurino y autor de obras como El libro de los toreros. De Joselito a Manolete (1947) o las novelas El traje de Luces (1944) y su continuación Juan de Dios Lucena (1944).

   Hombre que evolucionó hacia el extremismo derechista, muy defensor de la dictadura de Primo de Rivera, lo que le llevó a escribir El novelista que vendió su patria (1924), una feroz diatriba contra Blasco Ibáñez. Más tarde, cuando ya era un autor de éxito y tenía su propia editorial, escribió una serie de panfletos apoyando al bando de Franco en la Guerra Civil que agrupaba bajo el nombre genérico de La revolución de los patibularios, que fueron seis tomos publicados entre 1939 y 1940.
José María Carretero
   El duque de ayer (1942) es una novela sencilla en la que se refiere, en parte, a la situación en Marruecos. El Caballero Audaz tiene una técnica simple pero eficaz. Presenta bien a los personajes y desarrolla la acción con un hilo argumental sin complicaciones, lineal y cronológicamente ordenado. Perfecto para su público. El duque de Villaluz y marqués de Dos Hermanas es el típico aristócrata libertino, juerguista, infiel, pero noble en el fondo. Un estereotipo de la novela sicalíptica. La vida le lleva a un callejón sin salida: Está entrampado sin remedio, en un duelo ha herido de gravedad al rival y su mujer le deja harta de sus aventuras amorosas. Contrito, hastiado y solo, se arrepiente de la vida vacua que llevaba y toma una decisión radical: alistarse en La Legión, remedio muy a lo Beau Geste y que estaba entre los tópicos legionarios.

   Pero no es original del todo. La segunda parte de la novela ya la había publicado letra por letra, como novela corta, con el título de El héroe de La Legión en 1921 dentro de la colección La Novela Semanal, de la que fue uno de los impulsores. La tercera parte de la novela la consagra el autor a la vida castrense del duque convertido en caballero legionario. En la página 217 entramos en el Marruecos español en guerra. Las estampas de campamento le permiten presentar a una variedad de tipos extravagantes, pues en el Tercio no había nadie normal, entre los que va a discurrir la vida militar del duque soldado. Todo sucede en 1921 cuando la posición de Abarrán se hallaba sitiada y a punto de caer. Si El héroe de La Legión fue una de las primeras novelas legionarias, las que contribuyeron a crear la leyenda patriótica del Tercio como regimientos de gentes que despreciaban la vida y se sacrificaban por la patria, El duque de ayer incide en esa línea aunque en su fecha de publicación -1942- la leyenda del cuerpo ya estaba consolidad y quizás engrandecida en exceso tras la pacificación del Marruecos español y la Guerra Civil.

   Los años de guerra eran propicios para las novelas de heroísmo. Con el paso del tiempo, El duque de ayer ha quedado como un ejemplo rancio de literatura moralista  en la que La Legión aparece como vehículo de redención personal. Una novela simple, algo folletinesca y prescindible.


miércoles, 2 de marzo de 2016

NOVELAS DE SIDI-IFNI (2): LAS CONSTELACIONES INDIFERENTES de JORGE OMAR VIERA

VIERA, Jorge Omar: Las constelaciones indiferentes (Editorial Funambulista. Las Rozas  2015. 358 páginas + 2 hojas).

  
La última aportación al imaginario de Ifni en la novela española, por el momento,  se la debemos a Jorge Omar Viera, escritor de origen argentino y de destino ambulatorio. Una de sus residencias estuvo en Marruecos y allí pudo encontrar inspiración para Las constelaciones indiferentes (2015)[1], título que tomó en préstamo de unos versos de Michel Houellebecq. Al autor no le importa la fidelidad histórica ni tampoco es fiel a la geografía. Ifni es un escenario fingido, una escusa perfecta para situar los sentimientos del aislado personaje. Sitúa al territorio español en el Sus, nombre administrativo de la región actual de Marruecos, pero nunca en la época se identificaba a Ifni con tal río que quedaba más al norte. Ni tampoco era un desierto de arena como nos lo hace ver. Pero eso no significa que el autor no sepa historia y geografía, de hecho dedica páginas a recordar el pasado de Santa Cruz, los escritos de García Figueras y de Viera Clavijo o las aventuras del británico Glas. Sino que no le interesaba un relato de minuciosa reconstrucción histórica. Lo que le importa es el cafard o deterioro psíquico de un militar desplazado, solo y asombrado porque lo que creía un destino privilegiado se convierte en un destierro infinito. Es un tema recurrente en la novela colonial, pero no está agotado porque los vericuetos del alma son siempre un buen arguemnto para la ficción. La contraportada nos enseña que la novela tiene ecos de Buzatti y de Bowles, y efectivamente recuerda a El desierto de los tártaros en algunos de sus episodios. También a otros autores que novelaron la depresión africana como Pierre Loti o Ennio Flaiano.

   Viera, como decimos, exagera la soledad y el apartamiento de Sidi Ifni hasta hacerla irreconocible. En algunas páginas da señales cierta de localización, como la inevitable mención a La suerte loca que era un restaurante punto de encuentro de soldados en el servicio militar y que gusta mucho a los novelistas posteriores. Pero el lugar maldito, situado en tierra de nadie, alejado y hostil no es reconocible sino imaginable. Deriva hacia operaciones militares que nunca tuvieron lugar ¿Cómo se sostiene la autoridad en el desierto? ¿Existe alguna regla, alguna pauta que sigan tanto los dromedarios como los escorpiones o las dunas o los ciempiés o los nómadas? (página 95), se pregunta el teniente coronel Laplace como interrogándose por el significado de su absurda misión iniciada con la ilusión con que se aborda lo importante y que pronto cae en la decepción del apartamiento, tal vez preterición profesional. Y va cayendo en la melancolía de los tristes, de los que no encuentran sentido a lo que hacen. Lo que le lleva a recordar los años pasados y felices, la infancia, la juventud en el norte de España en un paisaje tan distinto. Y con eso pasan las páginas de la novela, entre imágenes sentimentales y ansiedad vital. La rememoración de sus días en Asturias, enmarcados en los conflictos sociales que van desde la revolución de 1934 hasta la Guerra Civil.
   Laplace es un hombre atribulado y sus tribulaciones constituyen e argumento central del libro, intimista y psicológico. Por eso, a veces Ifni es una parte esencial y diferenciadora del relato y otras parece un lugar cualquiera sustituible por otro. La novela no tiene una estructura unitaria ni una escritura uniforme. Es, sin duda, una aportación distinta a la novela colonial hispanoafricana. La novela se agranda con aportaciones diversas: la vida de Franco, la ocupación de Ifni, la política internacional. La place se hace intermitente. El lector pierde el hilo principal para volver a recuperarlo páginas mediante. Todo ello porque la historia la va contando el periodista que encuentra, en la época actual, los papeles del militar y los va interpretando/desenmarañando según los avatares de su vida personal. Laplace ve que su destino especial es solo un destierro y que el que lo llevó hasta allí con la promesa de una buena carrera –el mismísimo Franco- lo engañó inexplicablemente. Y se veía encerrado, impotente para salir de la trampa. El engaño inexplicable del dictador amigo sirve de ejemplo para explicar la dictadura.
Quietud, óleo de Rafael Pellicer (Medalla de Honor en la II Exposición de Pintores de África 1952)
   Laplace sufre la transformación final, casi milagrosa, en un viaje al Sus. Hay un cambio radical en su manera de pensar y en sus afectos políticos. El territorio lo ha transformado sin darse cuenta. El mundo se le abrió desde un agujero. Pero al final le falta algo que redondee el relato.





viernes, 26 de febrero de 2016

NOVELAS DEL BOSQUE DE RÍO MUNI (2): AYÚDAME TÚ de CORÍN TELLADO

TELLADO, Corín: Ayúdame tú. (Rollán. Madrid 1966. 128 páginas; Selecciones Rollán. Madrid 1972. 128 páginas; Barcelona 1977. Editorial Bruguera. Colección Corinto nº 571. 96 páginas).
   Esta novela podía haber tenido encaje en las entradas dedicadas a novela popular o novela femenina, pero la personalidad de la escritora y su significado en la España de los años sesenta y setenta del siglo XX, merecen una atención especial. La autora nació en Asturias en 1927 y allí murió en 2009. Empezó a escribir en 1949 y es autora de más de cinco mil novelas. Se le puede aplicar el verso de Lope de Vega: más de cien en horas veinticuatro. Traducida a  treinta idiomas, es el escritor español más leído después de Cervantes. Empezó a escribir por necesidad económica, pero ya era una lectora voraz de novela y una persona con capacidad para crear literatura. Su éxito fue tal, que además de novelas, se hicieron fotonovelas, seriales radiofónicos y guiones cinematográficos basados en sus relatos. La técnica narrativa es sencilla: libros de unas cien páginas, fáciles de  leer, con mucho diálogo y párrafos cortos para rellenar más hojas (cobraban por obra entregada) y llenas de acción. Novelas para leer en una siesta, en los ratos muertos, sin complicaciones. Las novelas románticas, de las que Tellado era la reina, estaban dirigidas al público femenino y las del oeste, donde destacó marcial Lafuente Estefanía, al lector masculino. Eran baratas y, además, se cambiaban en los kioskos (los libros leídos por nuevos más una pequeña cantidad de dinero). Esto, y la falta de otras distracciones, hicieron que el género fuera enormemente popular en España y la América hispana.

   Tellado sabe crear los personajes y las situaciones con pocas líneas pero, por la abundancia de producción, aunque el esquema era parecido, necesitaba darles originalidad mediante paisajes, situaciones o personajes distintos. Por eso en 1966 decide situar la acción de una de sus novelas en la Guinea Española, en algún lugar de la selva de Río Muni, en una serrería. Un joven médico español acepta el trabajo en la colonia con el objetivo de ahorrar dinero para luego establecerse en Madrid. Tellado nunca estuvo en Guinea y sus referencias a la zona son vagas, pero cae en algunos errores propios del desconocimiento del lugar.
Foto de Corín Tellado tomada de su página web
   Corín Tellado era una mujer de moral conservadora. Tenía la costumbre de colocar personajes extranjeros para los que tenían dudosa moralidad, eran malos o tenía cierta permisividad sexual. En esta novela el dueño de la serrería es extranjero, como lo es la joven huérfana del médico anterior sobre la que se construye la historia desde el punto de vista femenino. Con un médico joven y una huérfana que aún no llega a los veinte años, ya pueden suponer como se va a desarrollar la historia a pesar de los contratiempos y las dificultades impuestas por el empresario amargado y duro.
Portada de Pitarch para la revista África de septiembre de 1929
  Aunque la relación entre ambos discurre por caminos castos y absurdos, el final –como era de esperar- es feliz. El trasunto colonial es tratado con ligereza y las apariciones de indígenas son descritas con la mentalidad colonial habitual. 

   La novela es como cualquier otra novela de la autora, sin especial relevancia. Una curiosidad en la literatura colonial.


lunes, 22 de febrero de 2016

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (2): ISAAC MUÑOZ (y segunda Parte)

MUÑOZ, Isaac:
-          Un héroe del Mogreb (Casa Editorial Garnier hermanos. París  1913. 187 páginas).
-          Esmeralda de Oriente (Librería de la Viuda de Gregorio Pueyo. Madrid 1914. 715 páginas).


   Un héroe del Mogreb no aporta nada nuevo a la novelística de Isaac Muñoz. Se trata de la reedición de La fiesta de la sangre pero en una edición más cuidada. Un libro muy bien editado, muy bonito y muy difícil de encontrar.

   Esmeralda de Oriente es la ampliación de la novela corta Bajo el sol del desierto publicada el mismo año en la colección El Libro Popular. Se trata del relato en primera persona de un viajero enamorado o fascinado, como es habitual en el autor, por una belleza israelita que habitaba en el territorio del Sus. Es la novela de la pasión irrefrenable, irracional y azarosa. La pasión como algo irremediable y sutil: Solos, en el extraño salón de tonos indecisos, sentimos que los deseos surgían en nuestra sangre insinuantes y fatales (página 18). El amor distinto, cruel tal vez, en las sobras de Tánger: Y parecía que una agorera voz nocturna, nos suscitara un deseo turbulento y ciego de amarnos cruelmente, con un amor hecho de desesperaciones y de ansia de destrucción (Página 19).

   Los personajes masculinos de Muñoz son trágicos, pasionales, irredentos. No se encuentran seres comunes. Es más dulce con los caracteres femeninos pero, en ocasiones, sin negarles la culpa de las desgracias de los hombres. Muñoz presenta a las mujeres con simpatía, como seres inquietantes que transforman al hombre de fiera en manso. La existencia de sus personajes es trágica como su sentimiento, parafraseando a Unamuno. Están fatalmente marcados por el destino. Lo explica en un largo párrafo: Cuando se ha llegado a las más sutiles vibraciones de tortura, cuando la perspectiva de la felicidad y hasta la vida misma, la vida que es ímpetu, alegría, renovación, esperanza, han desaparecido para siempre; cuando el alma ulcerada, sangrante, ha sentido todas las ferocidades del sufrimiento; cuando una agonía de alucinado es nuestra obsesión constante, el frío y el terror de todas nuestras horas; cuando tenemos la desgarradora, la implacable convicción de que la tierra no nos dará jamás un rincón florido y fresco, ni un manantial de salud que apague nuestra fiebre, acaba por experimentarse en la exaltación sobrehumana de nuestro tormento un placer monstruoso, maldito, y desearíamos abrir más y más nuestras heridas, clavar nuestras uñas en la carne lacerada, retorcer despiadadamente nuestra alma, prolongar espantosamente nuestro martirio, sabiendo que nos sacrificábamos horrible, estérilmente, ante ese arcángel, trágicamente bello como la muerte y como el odio, que es la fatalidad (pp.55-56).

   Para Muñoz el amor es fuente de tragedia. Hasta en los momentos más álgidos, parece como señal de un futuro malo. Como si la muerte estuviera siempre al final, irremediablemente próxima. O como si la felicidad es solo fugaz, inconstante.
   Isaac Muñoz es un autor muy original, distinto a los demás. Influenciado por la estética modernista pero con un alejamiento de lo común. Su fascinación por ambientes exóticos, por situaciones irreales entre lo onírico y lo fantaseado, le lleva a crear escenarios y personajes personales e historias donde el escenario es casi todo. Esta originalidad lo hace trascendente al paso del tiempo. Y es donde el lector encuentra la novedad después de un siglo.
Artículo publicado en La Esfera nº 115 de 11 de marzo de 1916


viernes, 12 de febrero de 2016

NOVELA EXOTISTA Y MARRUECOS (2): ISAAC MUÑOZ (Primera Parte)

MUÑOZ, Isaac:
-          La fiesta de la sangre. (Pueyo. Madrid 1909. 209 páginas + 1 hoja).
-          Lejana y perdida (Imprenta Helénica. Madrid 1913. 171 páginas + 2 hojas).

   Isaac Muñoz es un escritor especial, entre los raros o los calificados de culto. Un hombre ajeno a las modas literarias y al gusto popular. De una sensibilidad distinta, optó por una estética al margen de las corrientes imperantes. Con algo de modernista y algo de extravagante. El poeta Luis Antonio de Villena, que le dedicó algunos artículos, lo tilda de  exquisito orfebre de la prosa  en su artículo Isaac Muñoz, voluptuosidad:

   Poco se sabía de la vida del escritor hasta que la profesora granadina Amelina Correa le dedicó un libro imprescindible: Isaac Muñoz (1881-1925). Recuperación de un escritor finisecular (Granada 1996), algunos artículos y la edición de las novelas La serpiente de Egipto, Vida o Voluptuosidad. Gracias a sus investigaciones sabemos que nació en Granada en 1881, aunque de familia castellana de Tendilla. Murió en Madrid en 1925. Era hijo de un militar que estuvo destinado en Ceuta y eso le acercó al mundo –en aquella época todavía muy desconocido- de Marruecos. Cursó estudios de Derecho y de Filosofía y Letras, carrera que terminó y que le sirvió para opositar al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios. En sus primeras novelas, en las que todavía no desarrolla su tendencia orientalista aunque ya va marcando su estilo estético, aparecen ambientes castellanos o andaluces: Miniaturas (1898), Colores grises (1898), Vida (1904), Voluptuosidad (1906), Morena y trágica (1908), Libro de las victorias (1908) o Alma infanzona (1910).

   En sus obras muestra un alejamiento estético de la realidad, del lugar donde le tocó vivir. No parece gustarle la sociedad estrecha de sus días. Posiblemente tampoco la época y se evade en ensoñaciones distantes en el tiempo y el espacio. Su amigo Villaespesa le dedica unos versos que comienzan así: Tarde llegaste al mundo. Tu sueño odia el reposo;/ amas el fasto antiguo, la guerra y el amor/ y cruzas por la vida callado y desdeñoso/ igual que un desterrado y noble emperador. Esta abstracción de la realidad le lleva a fabular con el Oriente más imaginado que nunca. Le atrae el mundo de Egipto o Mesopotamia, y escribe La serpiente de Egipto o Los ojos de Astarté (1911) que cambió de título en la segunda edición de 1912: Ambigua y cruel. Y ese mismo interés exotista le lleva a interesarse por Marruecos, que ya conocía desde la infancia, y por la nueva mirada colonialista de los europeos hacia el país. Su pensamiento colonial (o colonista, como él lo denomina), su pasión vital y la experiencia viajera lo refleja e los artículos que publicará en Heraldo de Madrid entre los años 1911 y 1919 y, en menor número, en La Esfera o La Ilustración Mundial.



   Los artículos publicados en las publicaciones periódicas fueron luego recopilados en varios libros: La agonía del Mogreb (1912), Política colonista (1912), La corte de Tetuán (1913) y El país de los cherifes (1913). En ellos expone su doctrina colonial con una ingenuidad propia de los que creían en la empresa benefactora sin pararse a examinar los abusos de la posición de poder. También abordaba cuestiones de política internacional, las campañas contra el Raisuni o el momento d elos judíos sefarditas que habitaban el Magreb y que era un asunto de especial interés para el autor. A los que hay que añadir un relato breve de viajes: Por tierras de Yebala (1913). Y una novela corta a la que ya nos referimos en otra entrada: Bajo el sol del desierto (1914).


   Su primera novela relacionada con Marruecos es La fiesta de la sangre, que se publicó en Madrid en 1909. En ella Muñoz nos abre a su universo particular concentrado en el imaginado Beni-Nuar. Y en él coloca a hombres distintos, a gente de otro tiempo y lugar aunque sea un lugar inexistente y un tiempo que nunca sucedió. Aunque la novela nos hable de Anyera y el campo exterior de Ceuta y de las confrontaciones que pusieron fin al reinado de Abdelaziz. Su mezcla de austeridad y religión, erotismo sublime, vida apasionada y la muerte siempre presente. Con el estilo que le hará famoso: los párrafos cortos, el punto y aparte, un exceso de imágenes y calificativos, una recargada prosa y un sentimiento poético de la novela. La fiesta de la sangre, como el título indica, es la crónica de la crueldad, de la lucha entre hermanos, la violencia sin canon y la brutal venganza del hombre: un bello gesto implacable de dios bárbaro y vengativo (página 14). El protagonista Hamido es un combatiente idealizado, del moro valiente del que luego hablará en los artículos de Heraldo de Madrid cuando las luchas de El Raisuni contra todos. La sangre festiva de la cofradía de loa aissauas, y la sangre trágica de las venganzas de las fracciones que luchan en el campo marroquí. La muerte y el amor, como señales inequívocas del autor. A diferencia de otras novelas suyas, en esta es más fácilmente identificable la época de los sucesos y el lugar, sin que Muñoz se ajuste a ninguna norma de fidelidad histórica.
   Su segunda novela es Lejana y perdida (1913). Se puede encontrar en versión digital gracias a la Biblioteca Virtual de Andalucía: http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/catalogo_imagenes/imagen.cmd?path=1002396&posicion=1
El relato está plagado de descripciones de un oasis sahariano, se supone que al sur de Marruecos. El autor, como hará siempre en sus novelas, trata de crear una atmósfera en la que el lector llegue a un lugar exótico, imaginario, donde las cosas son de otra manera y las convenciones sociales españolas de la época se tornan en una libertad ideal. En Muñoz, el Oriente está más imaginado que nunca. Sus lugares son tan irreales que no han existido ni en el pasado ni en el presente. Recrea los lugares según su imaginario deseo, con personas que se mueven según los criterios reprimidos por el autor en la España de principios del XX. Muñoz busca en la imaginación el sitio de la libertad y la tolerancia sexual, de la religión apartada y de una especie de anarquía política. Y para ello recrea Egipto, Siria o Marruecos. Ya sabe de sobra que en esos países las cosas no son como las cuenta, pero necesita un escenario y, por el desconocimiento generalizado de las tierras orientales, le sirve para sus fantasías y sus poéticas evocaciones.
Isaac Muñoz
   En el aire había como un secreto impenetrable y angustioso de amor, de pasión salvaje y escondida (página 19). Todo el país era un inmenso lugar donde los españoles iban  a poder realizar sus sueños eróticos. Una idea muy extendida en la mentalidad colonial masculina que, además en el caso de Isaac Muñoz, derivaba hacia deseos menos convencionales o excluidos. Al sueño del harén y la excusa: Los bárbaros de Europa no comprenderán jamás toda la gracia, toda la gentileza, toda la dulce sabiduría, toda la purísima elegancia, todo el ágil ímpetu, todo el ardiente sueño que esconden las almas árabes bajo las negras pupilas vedadas de lejanía y tristeza. Y el Islam morirá sin que las carniceras razas de Occidente, hayan adivinado su fabuloso tesoro de poesía (página 29).

   El paraíso árabe de la novela está amenazado de desaparición. La evocación del pasado feliz se contrapone el cruel presente del momento. El refugio del hombre solo,  del que huye del pasado, del que reniega de la vida agitada anterior para abrazar la quietud, de la pasión a la tranquilidad, incomprendido, diferente que encuentra la paz en la soledad: … yo he conocido la alegría salvaje y única de sentirme solo en la tierra, he saboreado como un bálsamo la paz de la sombra después del vértigo enloquecedor de la luz… (página 49). En la novela no faltan, como es el estilo del autor, las evocaciones de sexo, el amor incontrolado y desinhibido en lo que el autor define como  el tigre que vive oculto en mi sangre, rugió una vez más, feroz y salvaje (pagina 79). El tigre que informa los relatos de Muñoz. Lento, cadencioso, reiterativo, el relato erótico repite el estado de ánimo del atribulado protagonista. A pesar de su estado presente, al parecer bueno, siente melancolía por el pasado, por la vida en otra parte como si el sino fuera nomadear y por la mujer de antaño lejana y perdida. En Muñoz el final será siempre la muerte o el de deseo de morir.



lunes, 1 de febrero de 2016

LAS NOVELAS DE TANGER (3): TANGERINA de JAVIER VALENZUELA.

VALENZUELA, Javier: Tangerina (Martínez Roca. Madrid 2015. 324 páginas).
   Valenzuela es un periodista que conoce bien Marruecos y que, como tantos otros, ha sentido la fascinación de Tánger que tiene como fruto esta novela. Tal vez el título es poco imaginativo, pero sirve perfectamente para encuadrar los hechos y es fácil de encontrar en los buscadores para los que quieren libros sobre la ciudad. Tangerina es una novela en dos tiempos, presente y pasado, y en ambos hay un recorrido extenso por la ciudad: sus calles, sus gentes, su vida.

   El protagonista es un profesor del Instituto Cervantes en la ciudad marroquí que se ve envuelto en una trama oscura cuando un amigo suyo es detenido. Es un inicio clásico de thriller. Pero los padres de este profesor vivieron en Tánger cuando era ciudad internacional. Estos elementos le sirven para mostrar el contraste de una época y otra. Y, como decimos, para enseñar al lector la atractiva ciudad, presente e histórica,  para lo que se vale de la aparición de personajes reales como Chukri (al que hará coprotagonista en la indagación), Bowles, Ángel Vázquez…., y la cita de los que visitaron y vivieron allí durante los mejores años de la opulencia. Tánger era y es un lugar de retiro, a veces de huída, de mejora…, o –como dice el autor en la página 59- donde van los europeos a encontrarse consigo mismos. Pero tampoco conviene idealizar mucho la ciudad. El brillo de la ciudad internacional escondía muchas desigualdades, delitos, apariencias sin sustento, fraudes: Resulta que aquel Tánger internacional era más maquillaje que cuerpo, más decorado que guión, más labia que acción (página 67). Pero apariencia o fulgor, todavía desprende una ilusión extraordinaria que se convierte en admiración.
Ilustración de Mizziano para la portada de la revista ÁFRICA de diciembre de 1929
   Quizás por ese afán del novelista de homenajear a la ciudad, la acción se vuelve débil, pierde brío, aparece y desaparece. Valenzuela es un hombre de referencias literarias que encuentra en cada rincón una relación con algo que pasó o con algún antiguo visitante o residente. La historia de la ciudad se vuelve recurrente, a veces se repite. Parece que le falta una buena relación entre el presente y el pasado, entre el argumento policíaco y los recuerdos.
Javier Valenzuela

   La solución final está contada por los personajes, no surge de la acción. El secreto del protagonista, que es el secreto de la madre, parece un poco forzado. La novela es, ante todo, una biografía de la ciudad en los últimos años. Y como tal hay que leerla.