jueves, 12 de agosto de 2021

NOVELAS DEL FIN DEL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS (4): CIEGAS ESPERANZAS de ALEJANDRO GÁNDARA

 GÁNDARA, Alejandro: Ciegas esperanzas (Destino. Áncora y Delfín. Barcelona 1992. 235 páginas; Destino. Destinolibro. Barcelona 1994. 234 páginas; Planeta-De Agostini. Barcelona 1999. 2156 páginas: Tomo XVI de Premios Nada. Planeta 1992 con La soledad era esto de Juan José Millás y Los otros días de Alfredo Conde. 528 páginas).

 

   Ciegas esperanzas en una buena novela, bien escrita, que aborda problemas esenciales de la persona y lo hace de sumiendo al lector en un universo extraño y confundiéndolo a propósito con el tiempo, el lugar y la persona misma en la vida o la muerte. Con ella ganó el Premio Nadar el 1992 y, al dar la noticia, el diario El País señalaba que era la recreación del mito de Tobías y el ángel (https://elpais.com/diario/1992/01/07/cultura/694738801_850215.html). No sé hasta qué punto el autor tuvo presente este mito al escribir, quizás fuera solo una manera de abordar la libre determinación del humano ante la vida. Como las circunstancias impulsan al joven a tomar decisiones, en el momento crucial de la existencia, que tal vez no fueran ni las queridas ni las mejores. Y un final un tanto confuso que culmina el segundo plano de la novela, una guerra imaginaria en la que se ve involucrado el protagonista –Martín- y que supone un ejemplo máximo de como las circunstancias se imponen a la voluntad. Y la realidad frente a ilusiones, la perspectiva de futuro frente a la comodidad o el deseo del instante. Y la realidad puede: Cuando Martín ha empezado a ser cualquier cosa y también cuando Martín ha sido despojado de lo que quiere ser (página 89).



   La novela se desarrolla en Larache, en el final de Protectorado español. Ciudad que sirve para situar los personajes y la acción en la parte más realista de la novela, las relaciones entre personas de distinta cultura y la explosión de nacionalismo ante la independencia.



   Pero la novela podría suceder en cualquier otra parte porque al autor no le interesa ni el ambiente marroquí ni la experiencia del Protectorado; o solo le interesa en un último aspecto: Porque su ciudad acababa siendo el cuerpo en el que se metía (página 111).

   Al no ser una novela de ambiente colonial, hay poco que comentar. El autor solo hace algunas referencias: Tenemos niños magrebíes y niños españoles en la escuela pero, nosotros solo damos una clase de educación. Los niños españoles no saben leer ni escribir en árabe y los magrebíes tienen que olvidar lo que aprenden en su casa y lo que ven en su propia tierra para poder ser como nosotros. Es un error. Si están juntos, hay que aprovechar que estén juntos (página 80).


 

 

miércoles, 11 de agosto de 2021

NOVELA GRÁFICA HISPANOAFRICANA (8): LA PAGA DEL SOLDADO de ANTONIO HERNÁNDEZ PALACIOS

 HERNÁNDEZ PALACIOS, Antonio: La paga del soldado (Ponent Mon. S. l. 2018. Dossier histórico de José Manuel Guerrero Acosta y César Labarta Rodríguez-Maribona).

 

   Se recogen en este libro los cinco episodios sobre la guerra de 1909 en Marruecos que Palacios publicó en la revista Trinca en 1972. Esta revista juvenil surgió en 1970, en la editorial Doncel que tenía una línea franquista y duró unos tres años. Pero supuso una gran iniciativa para el comic español, se editó por primera vez una revista parecida a las francesas o belgas de comics y dio la oportunidad a grandes dibujantes de empezar su carrera y ofrecer cierta continuidad. Algunos de ellos fueron muy importantes en la historia de este tipo de formato en España como Víctor de la Fuente, Carlos Giménez o el propio Hernández Palacios. Dibujantes y guionistas que más tarde, liberados del corsé ideológico que imponía la publicación, escribirían y dibujarían historias más críticas o que abordaban la Guerra Civil desde otra perspectiva.







   Antonio Hernández Palacios (nacido en Madrid en 1921) creó para esta revista series que ya son míticas como El Cid o Manos Kelly. Dentro de la línea patriota que el Frente de Juventudes imponía en la revista, Palacios creó la serie La paga del soldado, publicada en 1972, en los números 41, 46, 48, 50 y 60. Reunidos y publicados en 2018 por la editorial Ponent Mon. En este libro se añade un interesante estudio histórico de J. M. Acosta y C. Labarta para situar al lector en los hechos y ponerle a tanto de quién fue el autor y sus circunstancias. Este título hace referencia a episodios ocurridos durante la campaña de 1909 en los alrededores de Melilla. Y entre sus características destaca la fidelidad histórica y la documentación del dibujante y guionista que conocía bien el asunto militar pues fue soldado republicano en la Guerra Civil y participó en Rusia con la División Azul.



  Son cinco episodios de cuatro planchas cada uno y en color. No es un comic de línea blanda. Los dibujos son realistas, cargados de detalles, muy precisos en cuanto a los escenarios, el detalle de las acciones militares descritas, vestuarios, armamentos, vehículos, etc. La escasez de espacio para historias que cada una de ellas daba para un libro entero, obligaba a cierto abigarramiento en los textos. No obstante, no afecta a la claridad del dibujo. Los episodios, según el orden de aparición, fueron: Sidi Ahmed el Hach (sobre los tenientes Royo y Guiloche), Zoco el Hach (sobre el cabo Noval), Taxdirt (la carga de coronel Cavalcanti), Beni Bu Ifrur (con el capitán Ripoll de protagonista) y Nador (versado sobre la hazaña del centinela Luis Jiménez).

   El conjunto de estas historietas y los apuntes históricos, fotos y documentos que se han añadido, hacen que el libro sea muy interesante para los aficionados tanto al comic como a la historia de los españoles en Marruecos.

 

jueves, 15 de julio de 2021

NOVELAS DE LOS JUDÍOS DE MARRUECOS (2): EL MAZAL DE LOS POBRES de ELIE BENCHETRIT

 BENCHETRIT, Elie: El mazal de los pobres (Hebraica ediciones. Madrid 2017. 232 páginas. Prólogo de Shlomo Ben Ami).

 

   Lo primero que llama la atención en esta novela es un prólogo muy bien escrito por el que fuera embajador de Israel en Madrid, y luego ministro de Asuntos Exteriores, Shlomo Ben Ami que nació en Tánger. No es una simple presentación ni unas palabras de compromiso, como se acostumbra en este tipo de prólogos. Es un honrado recuerdo de la infancia en la ciudad, de las carencias de las familias modestas, de la educación y de la emigración. Un prólogo que sitúa perfectamente la acción y la mentalidad de la novela porque, como señala Ben Ami: Uno de los muchos méritos del autor es el haber sabido rescatar la realidad de la jaula de la imaginación y la nostalgia por el paraíso perdido (el prólogo no lleva las páginas numeradas). Y, efectivamente, la literatura de los judíos marroquíes está repleta de nostalgia, aunque no sé si lo perdido era el paraíso. Elie Benchetrit es uno de los muchos judíos de Tánger que salió de la ciudad para vivir en Europa y Canadá pero que no puede olvidar sus años de niño en Marruecos.


   La nostalgia corre el riesgo de convertirse en melancolía. O de idealizar el territorio de la infancia como si en la primera época de vida solo habitara la felicidad. El autor lo sabe y trata de vitarlo; lo reconoce en párrafos que explican el sentido de la novela: Quedan solamente voces, voces que van llegando de la lejanía y que me esfuerzo en oír lo que dicen, y, cuando no lo entiendo, invento algo. En esta ciudad que he dejado atrás hace muchísimos años, está uno obligado a inventar el pasado y olvidar el futuro; en cuanto al presente me pregunto varias veces si no lo dejamos pasar a propósito sin haberlo conocido (página 73). Los recuerdos no solo son selectivos, si no que alimentan el rencor o el amor. El autor continúa: No llegó a definir este lugar, en el que sin embargo creo que he vivido momentos maravillosos y otros más tristes… Quisiera abandonar mi proyecto de recuperar memorias para describirlas en lo que se convertiría quizás en un falso testimonio producto de mi imaginación (página 73).



   El mazal es la buena suerte. Ya desde el título Benchetrit hace un homenaje a la jaquetía que hablaban los judíos de Marruecos. A veces muy difícil de entender para el lector español actual, por lo que añade un glosario al final. Porque el idioma era una de las características principales de este grupo humano que fue abandonando, poco a poco pero sin pausa, el país. Y la novela incide en esa otra característica que es el éxodo de la comunidad a Israel –la patria idealizada- o a otros países en mejor situación económica y social. Por tanto, es una novela de recuerdos juveniles de una comunidad casi desaparecida por la emigración masiva,  la novela de la pérdida de una manera de vivir y de sentir, de hacer las cosas. El final de la tradición secular completada en unos meses, quizás unos pocos años para abordar la incertidumbre de una nueva vida en un lugar distinto pero con la esperanza de mejorar. ¿Qué es lo que queda de aquellas personas, costumbres, relaciones? La literatura que embellece los anhelos y los sueños. La novela se acaba con la marcha, no nos dice nada de los éxitos o fracasos posteriores.

   Es el relato de un gran cambio enmarcado en una ciudad que sufrió también un gran cambio. Tánger, en este libro, es parcial pero real. No hace falta artificios de escritor que no la conoce. En el Tánger internacional convivían varias culturas, religiones y clase sociales, pero con poca mezcla. Los judíos pobres no solían relacionarse con los cristianos, pero tampoco con los judíos ricos. Habitaban el mismo universo con escasa relación. En esto, la novela refleja parte de una vida perdida. Escrita con sencillez pero con entusiasmo, con respeto a la verdad íntima, es una lectura agradable y evocadora.

miércoles, 7 de julio de 2021

NOVELA GRÁFICA HISPANOAFRICANA (7): L’OR EL LE SANG de BEDOUEL, MERWAN, DEFRANCE y NURY

 L’OR ET LE SANG.

Guion de Maurin Defrance y Fabien Nury. Dibujos de Fabien Bedouel y Merwan.

4 tomos:

I-                   L’appel du large (Ed. 12 Bis. Tournai 2009. 56 páginas).

II-                 Inch’Alla (Ed. 12 Bis. Tournai 2010. 56 páginas).

III-              Les princes du djebel (Ed. 12Bis. Tournai 2012. 56 páginas).

IV-              Khalil (Ed. Glénat. Grenoble 2014. 64 páginas + 4 hojas)

 


 

   Los autores, basados en una idea de Defrance, han creado una serie en cuatro episodios. Se trata de las peripecias de dos aventureros entre Europa y África, con una historia interesante y que mantiene el interés y la intriga mientras muestra las peripecias de dos combatientes en la I Guerra Mundial que acaban en el Rif de Abd el Krim. Estos libros han sido traducidos a varios idiomas, los dos primeros también al español.



   El primero de los episodios nos pone en antecedentes, presenta a los personajes principales, muestra los antecedentes desde las trincheras de la Gran Guerra al contrabando mediterráneo y deja el argumento centrado para que se desarrolle en los siguientes. En el segundo llegan a Tánger, pasan a Melilla y el Rif. La historia es atractiva, es un buen guion de comic que mantiene la atención con un dibujo claro y poco texto. Pero se ven fallos de ambientación tanto en las imágenes de Melilla o Tánger como en la de los campamentos españoles, los poblados rifeños o los uniformes militares. En el tercero se adentran en el Rif rebelde, hacen más complicado el argumento con nuevas acciones y personajes pero queda claro que la fidelidad histórica no es el objeto de los autores, más interesados en crear un par de tipos atractivos, uno tomado por el romanticismo de la aventura y el otro  movido por el deseo del dinero. El cuarto tomo, de desenlace, es el que muestra más errores históricos. La ambientación es falsa, los aduares y ciudades no recuerdan a las reales. El modo de combatir es falso. La intervención francesa es un disparate.



   Se trata de una historia de aventureros en un país casi imaginario con personajes como Abd el Krim, Franco o El Raisuni alejados de sus perfiles reales. Por tanto, hay que leerlos con la precaución de separar la ficción que muestran los autores de lo que pasó en realidad, aunque haya un fondo coincidente.

 





lunes, 28 de junio de 2021

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (29): TRIBUTO DE SANGRE de MIGUEL ÁNGEL SANDOYA

 SANDOYA, Miguel Ángel: Tributo de sangre (Bohodón ediciones. Tres Cantos 2014. 220 páginas. Ilustraciones de Ana Vidal Rodríguez).

 

   Con motivo del centenario del Desastre de Annual, siguen apareciendo publicaciones para ofrecer perspectivas nuevas o interpretaciones distintas de lo sucedido. Nunca se ha escrito todo sobre una cuestión, aunque sea mucho lo publicado. Así Jorge M. Reverte deja su obra póstuma  El vuelo de los buitres, que es una muy buena aproximación a los hechos. Y Daniel Macías Fernández coordina un trabajo de varios autores con el título de A cien años de Annual.



   Una perspectiva diferente es la que plantea la novela Tributo de sangre de Miguel Ángel Bedoya, publicada hace siete años. Y lo es no por la temática, ni por la orientación del argumento, ni por el estilo; si no por estar dirigida al lector juvenil. El autor es profesor de instituto y de Didáctica de la Historia en el máster de Formación de Profesores. Y confiese en la solapa que usa la novela histórica como recurso en sus clases. Así que concibió una novela pedagógica para ayudar al lector a situarse en la época y en los hechos. Una actividad atractiva para jóvenes en los que hay que incentivar el conocimiento de la historia. Es autor de un libro sobre este asunto: Motivar con novelas históricas juveniles en Secundaria (CCS. Madrid 2017). Con la novela pretende un acercamiento a los hechos por parte de ese público menos habituado, una visión antimilitarista en la que los soldados procedentes de las clases bajas eran los que mayor tributo de sangre, usando la expresión del general Mola, pagaban.

   Por tanto, el autor trata de explicar con amenidad como accedían los jóvenes al servicio militar, cómo se podía pagar para librarse, cómo eran los viajes y la vida cuartelera y cómo, por azar, algunos acabaron en una guerra cruel en territorio africano. Y narra de manera clara, pero sin caer en simplicidades estilísticas, lo que fue la campaña de 1921 para que el lector joven acceda a estos hechos. En su novela hay un poco de todo lo que fue la guerra del Rif: Melilla, marcha, campamento, blocao, cautiverio y huida. El sufrimiento del soldado y la postura del moro. Tiene un trasfondo histórico veraz, se nota que ha habido una buena labor de documentación. Y enlaza con la literatura canónica del Desastre, con guiños en el texto a Sender, Barea, Lorenzo Silva o Manuel Leguineche. Si el autor tenía como misión apoyar la enseñanza de la historia, debía hacer una novela fiel a los sucesos pero sin ser exhaustivo queriendo contralo todo, y sin resultar aburrido lo que provocaría la deserción del lector. Creo que Sandoya ha medido muy bien la intensidad y el contenido del relato.




 

jueves, 10 de junio de 2021

CUENTOS DEL MARRUECOS ESPAÑOL (4)

 Hay muchos relatos, cuentos, narraciones breves que transcurren en Marruecos y tienen un trasfondo colonial. Es muy difícil mencionarlos todos, pero algunos de poseen circunstancias que los hacen reseñables en este blog. Vamos a recordar algunos y los libros en los que aparecen:

 

CEGARRA SALCEDO, Andrés: Sombras (Editorial Levante. La Unión. 1919. 148 páginas).

   Cegarra Salcedo fue un escritor nacido en La Unión (Murcia) en 1894 y muerto en 1928.  A los dieciséis años fundó la revista literaria Juventud y  en 1918 la editorial Levante con Pedro García Valdés. En esa editorial, en una edición cuidada, publicó en 1919 el libro de cuentos Sombras, de los que el primero está dedicado a Marruecos y lleva por título En la noche africana.  Una evocación con final trágico en una noche de guardia en campo africano.

 


MAIRSE, Gastón: Cuantos de amor y de guerra (Tipografía Hispano-Americana. Bilbao 1945. 163 páginas + 1 hoja).

   Un libro muy cuidado de edición aunque editado por el autor. Buen papel, buena composición. Colección de relatos de postguerra escritos por un combatiente, aunque no tienen como trasfondo la Guerra Civil española sino la II Guerra Mundial o América. El penúltimo de los trece cuentos lleva por título Tangit y se desarrolla en Tánger. Mairse en un escritor elegante que evoca situaciones, un poco melancólico. Quiere crear un ambiente y unos personajes que se desenvuelven sin que haya un argumento completo. El Tánger de Mairse es el de los musulmanes entre los que el narrador es aceptado. Es un cuento de amor.

 


ALONSO ALCALDE, Manuel: Esos que pasan. Y la muerte (Editorial Rocas. Colección Leopoldo Alas. Barcelona 1961. 167 páginas + 1 hoja).

   Este escritor vallisoletano nacido en 1919 y muerto en 1990 fue jurídico militar y vivió en Ceuta veinte años. Tuvo un conocimiento de Marruecos por su proximidad geográfica y, seguramente, por su profesión. En su colección de cuentos Esos que pasan. Y la muerte, dedica uno de ellos a Marruecos: La riada situada en 1957 en Tetuán. Una sencilla historia de cuatro páginas.

 


FERNÁNDEZ CUBAS, Cristina: El vendedor de sombras (Argos Vergara. Col. El Dragón Rojo. Barcelona 1982. 24 páginas. Ilustraciones de Monserrat Clavé).

   Dedicado especialmente al lector más joven, este cuento de Cristina Fernández Cubas, muy bien ilustrado por Monserrat Clavé, nos lleva a un Tetuán de leyenda con una historia con moraleja.



Continuará

jueves, 27 de mayo de 2021

NOVELAS DEL DESASTRE DE ANNUAL (28): FUEGO SOBRE IGUERIBEN de DAVID GÓMEZ.

 GÓMEZ, David: Fuego sobre Igueriben (Almuzara. Córdoba 2021. 322 páginas).

 

   Igueriben era una posición avanzada de Annual en 1921. En julio fue atacada por los rifeños, que ya habían destruido otra de las posiciones avanzadas (Abarrán), y fue tomada sin que pudieran llegar socorros a defenderla. Fue la primera ficha en caer en la Comandancia de Melilla y la que sirvió de advertencia. Tanto supuso que Silvestre, al ver el estado de la rebelión en la zona, decidió convocar un consejo de guerra para abandonar Annual. Con ello se dio lugar al desastre ya conocido. Por tanto, lo sucedido en Igueriben fu de una gran trascendencia en los sucesos de hace cien años.

   David Gómez retoma el asunto en una sencilla novela en la que sitúa de protagonista a un periodista imaginario. Este protagonista nos hace de observador de los hechos con lo que constituye una novela-reportaje. La función del oficio lo explica uno de los personajes: Este oficio es difícil “Niño”, sucio en ocasiones y lleno de canallas, pero… En cambio te permite una cosa que no todo hijo de vecino puede hacer; influir sobre miles de personas, atemorizar a os políticos y poderosos, pero, sobre todo, contar al mundo lo que pasa a tu alrededor, lo que ves, la realidad que te rodea (página 43). Consigue el reportero introducirse en el campamento cuando llega el comandante Benítez. Antes había estado en Melilla y sus conversaciones-entrevistas con los militares protagonistas de los sucesos sitúan al lector de una manera fácil ante lo que iba a suceder. Pero esta primera parte es la que tiene menos fuerza, no ayuda a crear la tensión del resto de la novela. En la página 69 el protagonista llega a Annual y, tras una noche, pasa a Igueriben y comienza el verdadero relato de lo sucedido en la posición.



Plano de la posición. De libro de Casado

   No es la primera vez que se novela este episodio. Ya comenté las novelas Tiempos de amor y muerte. El infierno de Igueriben de Fernández Barallobre  http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/search/label/Fern%C3%A1ndez%20Barallobre y Doce balas de cañón. El sitio de Igueriben de Martínez Simancas. http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/search/label/Mart%C3%ADnez%20Simancas

   Todo relato sobre Igueriben, incluido el de David Gómez, tienen una deuda con el libro del único oficial superviviente de la posición: Igueriben (1923) de Luis Casado Escudero, crónica en la que se detalla la vida en el lugar, el asedio, la lucha constante, el miedo y la desesperanza y el desenlace.

   El comienzo es flojo, poco interesante. El autor ha dedicado un exceso de páginas a poner al lector en antecedentes. Sin ritmo, sin tensión, sin personajes que den al relato una atracción especial.

   Pero al llegar a Igueriben las cosas cambian. La narración, que cuenta los hechos conocidos con muy pocas añadiduras, alcanza otro ritmo. Escribe con detalles lo que pasaba dentro de la posición situada, los ataques, el aislamiento de los soldados españoles que resistían el asedio sin posibilidades de recibir ayudas, la sed, el hambre, la enfermedad… Todo ello con soltura, con precisión. David Gómez escribe una novela de un género que es muy poco habitual en España, la novela bélica. Los hechos se anteponen a los personajes porque, a fin de cuentas, lo soldados en un parapeto presentan muy pocas características diferenciadoras. El lector va metiéndose poco a poco, como los mismos soldados, en la situación. Pasa por la incertidumbre, el miedo, la desesperanza, el hambre y la sed, el abandono material y la angustia ante un final cierto.

   Eso hace que esta novela sea una lectura recomendable para, desde la ficción, conocer el comienzo de los hechos que llevaron al derrumbamiento del Ejército español en el Rif hace cien años.

 

 

Monumento al comandante Benítez en Málaga

 



sábado, 8 de mayo de 2021

MARRUECOS EN LA NOVELA LEGIONARIA (10): LA CONQUISTA DE ALHUCEMAS de JUAN BAUTISTA ROS ANDREU

 

ROS ANDREU, Juan Bautista: La conquista de Alhucemas o En el Tercio está el amor (Las Palmas 1932. Tipografía La Provincia. 328 páginas + 5 hojas).


   La conquista de Alhucemas es uno de los primeros relatos sobre La Legión y uno de las novelas coloniales más difíciles de conseguir en la actualidad, tal vez porque se publicó en Las Palmas. Según leemos en el libro Periodistas canarios. Siglos XVIII-XX (La Laguna 2005) de Eliseo Izquierdo, Ros Andreu fue un periodista valenciano nacido en 1893 en Torrente. Pero su vida periodística la desarrolló en Canarias, donde fue redactor de La Provincia en 1928, de Acción entre 1930 y 1935, de Falange entre 1939 y 1945, director del diario católico El Defensor de Canarias en 1933 y de la efímera revista Triana en 1946. Murió en Torrente en 1966. Era un hombre de ideas falangistas y franquistas. La novela es fruto de sus experiencias personales como legionario.




   El autor fue legionario y nos lega un testimonio que resulta largo como novela y como libro de recuerdos. Este tipo de narración, en la que el autor quiere volcar todos sus conocimientos inmediatos sobre la situación, sobre el cuerpo militar, sobre las operaciones y lo que las antecedía, hace que se calibre mal lo importante y lo que no lo es. El testimonio de lo vivido se sobrepone a la necesidad de que exista una acción constante, una cierta intriga, más allá del reportaje de campamento y batalla. Pero, además, pronto abandona el escritor lo testimonial, lo histórico, para centrarse en una historia de amor un tanto inverosímil. Este es el principal defecto de Ros Andreu como novelista (creo que solo escribió este libro). Porque el detalle en la descripción de las operaciones es lo mejor del libro porque nos muestra el modo de combatir de la época y la manera de actuar de La Legión, pero es la menor parte. A la novela le falta ritmo e intriga y le sobran momentos muertos de tedio en el campamento. Quiere ser fiel a lo que vivió pero muchos momentos carecen de interés.

   El relato habla de las peripecias de una bandera de La Legión en el momento anterior al desembarco de Alhucemas. Comienza con la llegada de los nuevos reclutas al campamento de Dar Riffien, y su inmediata salida al campo de batalla.

   A principios de 1924, las tropas españolas quedaron sitiadas en Xauen. La situación era delicada y faltaban provisiones. Las huestes de Abd el Krim mandaba en las montañas de Beni Aros. El 29 de septiembre de ese año, las columnas españolas lograron entrar en la ciudad y los legionarios sitiados se sintieron invadidos de alegría y esperanza de que la guerra acabara pronto. Pero fue un reflejo falso. El mando tenía decidido el abandono de la plaza y la concentración de tropas en Tetuán y los alrededores, en una maniobra táctica que asegurara el control de la capital hasta que se pudiera desembarcar en Alhucemas. Se iban a iniciar unas jornadas sangrientas y de una dureza parecida a la retirada de Annual. Tarea dificilísima que costaría la vida de muchos hombres si no se atendía a la táctica de guerra especialísima para las retiradas, particularmente en territorio africano (página 103). Porque el enemigo conocía los planes españoles y estaba preparado para impedirlos: Los rebeldes…, se concentraron en los puntos estratégicos por donde necesariamente habían de pasar las tropas españolas (página 103). Y esa situación es la que prepara el autor para cantar la epopeya legionaria. Pero a la novela le falta emoción en los momentos dramáticos, no consigue trasmitir la tensión del momento de la batalla, que el autor debía de conocer bien por haberlo sufrido en sus carnes. Tiene un exceso de reflexiones y de conversaciones.



   La novela es cambiante, de ritmo cortado, mal estructurada y aburrida. Hay algo de exotismo, de amores con prostituta, de relaciones homosexuales y de activismo marxista. Todo ello se dio en las filas del Tercio, pero el autor lo introduce en el relato a capón, sin seguir una línea argumental clara, rompiendo el esquema de novela bélica y creando un libro que pierde el interés y resulta aburrido. Ros Andreu es más periodista que novelista, es mejor en el reportaje de guerra que en la trama de ficción. Las páginas de combate en los montes rifeños, si tener una especial emoción, son las las más auténticas, las vividas, las realistas. En ellas están los recuerdos del escritor y la emoción que siente por haber pertenecido a un cuerpo heroico en los momentos más peligroso de la guerra.  

   Publicada en 1932, siete años después de los hechos finales del relato. Esta distancia le quita emoción y trata de sustituirla por intrigas novelesca de poca tensión. Despacha en pocas líneas aspectos como las prácticas de desembarco en Dar Riffien, por ejemplo, y se alarga en una historia melancólica del protagonista en la que nunca se avanza. Y termina con un final forzado y ya desligado totalmente del desembarco que le da título.

 

 

 

 

domingo, 28 de marzo de 2021

LAS NOVELAS DE TÁNGER (20): ÚLTIMAS NOCHES DEL EDIFICIO SAN FRANCISCO de BLANCA RIESTRA

 

RIESTRA, Blanca: Últimas noches del edificio San Francisco (Algaida. Sevilla 2020. 338 páginas).

   Con esta novela Blanca Riestra ganó el premio Ateneo de Sevilla en 2020. La autora es gallega pero se confiesa tangerina en la dedicatoria. Es doctora en filología, profesora; por su profesión y su dedicación, y por la temática de sus novelas, es una apasionada de la literatura. Probablemente eso la llevo a Tánger para contar la historia de una pandilla de escritores.



   De todos los Tánger posibles que cabían en la ciudad internacional, la autora se fija en el de los artistas, bohemios, escritores más o menos malditos, genios pretendidos, etcétera. Es un aspecto fascinante de los últimos tiempos del Estatuto y primeros de la independencia. Un conglomerado de personajes reales que merecen ser de ficción por su riqueza, complejidad, interés en su persona y en su obra. Tal vez lo menos interesante sea su obra. Se ha hecho mención a esta sociedad en algunos relatos, incluso en los escritos por los protagonistas. Pero ahora Riestra lo pone como centro de una novela. Y nos advierte desde el principio de la condición de sus criaturas: Más que una ciudad, Tánger es una especie de hospital de degradación del espíritu. Casi nadie de los que aquí ve desearía regresar. Porque ninguno encajaría ya en sus sociedades de origen (página 28). Puede darse la vuelta a la afirmación y decir que nunca encajaron en sus sociedades de origen y por eso se fueron a Tánger. Porque eran personas distintas, peculiares, ajenos al rebaño y a las convenciones.  Posiblemente gente atormentada en mayor o menor medida que pensaban que huyendo de su ciudad iban a poder huir de sí mismos.  Y en Tánger formaron una de las distintas burbujas que existían en la ciudad. Una pequeña comunidad de extraños dentro de una ciudad en la que convivían muchas comunidades distintas con pocos lazos de comunicación. Persona interesante convertidos en grandes personajes de una gran novela.

   No estaban todavía en la era de la globalización, el oriente quedaba al alcance de la mano. Podían divertirse bien sin los límites sociales de sus países. Vivir era barato: la casa, la comida, la droga, el sexo… Una manera de vivir que la autora centra en Bowles, un escritor exotista, turista permanente, que nunca llegó a integrarse en el mundo magrebí ni a comprenderlo, pero que contaba historias coloniales que gustaban al lector occidental de la época. Un colonial excéntrico, pero colonial a la postre. Nunca tuvo la profundidad de otros escritores, Montherlant por ejemplo, que llevaban las mismas pretensiones cuando acudieron al norte de África.

   Pero no es solo la novela de unos seres raros en una ciudad rara. Hay un intento de explicar la vida de la ciudad decadente. La protagonista de la novela es la ciudad misma en la que se sitúan algunos personajes extranjeros y unos pocos locales, reales y de ficción, para comprender lo que era Tánger. Y un plano íntimo que acaba siendo principal, el de la vida de la protagonista Carmen que recuerda mucho a Laforet aunque no sea ella misma. «A Carmen Laforet no la quise poner con su nombre, porque me parece problemático y tiene familia. Su recreación se ha basado en textos y testimonios reales, pero la recreo y la hago actuar a través de un personaje de ficción inspirado en ella», decía Riestra en ABC el 1 de diciembre de 2020, en una entrevista tras ganar el premio: https://sevilla.abc.es/cultura/libros/sevi-blanca-riestra-recrea-tanger-festivo-bowles-novela-ganadora-ateneo-sevilla-202012011403_noticia.html  A esto hay que añadir una nota final explicatoria llena de humor inteligente.

   La autora usa los nombres y esconde los apellidos, pero no hace nada para impedir la identificación. Paul y Jane Bowles son imprescindibles en el relato de Tánger literario. A Emilio Sanz de Soto lo convierta en narrador de la segunda parte. En menor medida, Burroughs o Chukri. Ese mosaico social, la aparición de muchos personajes en la acción que implica una dificultad narrativa, y el protagonismo de la ciudad especial, nos lleva a lo mejor de la literatura tangerina, a Ángel Vázquez (también personaje). Pero recuerda algunas novelas de Naguib Mahfuz, salvando las distancias no solo geográficas entre Tánger y El Cairo.

   La autora no es tan joven ni tan bisoña para que su fascinación personal por la literatura le estropee una buena novela. Ha sabido huir del relato apasionado de lectora ansiosa de literatura y ha creado un panorama que demuestra dos cosas. Primero que ha hecho literatura en estado puro, huyendo de los tópicos de siempre y de los relatos donde la intriga -bien amañada por artesanos de la narración- atrapa al lector sin ningún fondo. Y segundo, que Tánger no es un tema agotado en la novela. La ciudad concebida como zona extraterritorial, extratemporal va decayendo a la vez que asistimos a la decadencia física de los personajes cuyo modo de vida no tiene más extensión. Entonces supe que todos éramos demonios y estábamos en el infierno (página 251). Es una novela de personajes, de situaciones que cambian en un buen ritmo, un mosaico en el que coloca a cada ser dentro del cuadro del que formaban parte. Deslizando su historia personal en el mismo tobogán descendente de la ciudad. Al final, ellos eran los que sobraban en la ciudad. Uno de los personajes marroquíes lo dice: …creéis que nosotros somos las comparsas de vuestras existencias y no se os ocurre que quizás seáis vosotros las comparsas de las nuestras (página 332).

 

 

 

jueves, 11 de marzo de 2021

MARRUECOS EN LA NOVELA LEGIONARIA (9): MEMORIAS DEL LEGIONARIO JUAN FERRAGUT de JULIÁN FERNÁNDEZ PIÑERO

 

FERNÁNDEZ PIÑERO, Julián: Memorias del legionario Juan Ferragut (Mundo Latino. Madrid s.a. 217 páginas).

 

   Julián Fernández Piñero fue un periodista catalán muerto en 1974. En 1921 el director de Nuevo Mundo, que era José María Carretero “El Cabalero Audaz”, le propuso que escribiera unas crónicas de la guerra de Marruecos simulando ser un legionario en el frente y así surgió el personaje Juan Ferragut. El general Salom, en su Biblioteca legionaria, indica que las crónicas de publicaron desde agosto de 1921 a febrero de 1922. Al principio, nadie sabía quién era ese legionario y se hicieron conjeturas sobre su personalidad. Incluso hubo quién fingió serlo. El misterio quedó al descubierto al publicarse esta novela, posiblemente en 1922. Tanto éxito tuvo que el autor usó ese seudónimo para sus siguientes novelas.

   Las memorias de Ferragut tienen antecedentes. En 1921 publicó esta misma novela en la colección La Novela de Noche, más reducida y con el seudónimo. Ya comentada: http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/2016/07/mas-sobre-marruecos-en-la-novela-breve_13.html Y ese mismo año, en diciembre, publicó La misma sangre en La Novela Semanal, también con seudónimo y que añade en la que nos ocupa a partir de la página 141. Hablamos de ella en http://novela-colonial-hispanoafricana.blogspot.com/2013/09/el-desastre-de-annual-en-la-novela_18.html Fernández Piñero no era un corresponsal en el frente o en Melilla. Las crónicas que forman la novela las escribía, como señala José Francés en el prólogo, en la redacción de Nuevo Mundo. Pero la exactitud de los detalles nos indica que no eran fruto solo de su imaginación sino que estaban basadas en lecturas de los periódicos de la época.



   Memorias del legionario Juan Ferragut es la misma que Memorias de un legionario. Un relato construido por préstamos de los periodistas corresponsales y con una historia conocida: la participación de La Legión en los hechos que sucedieron al Desastre de Annual, desde que llegó para garantizar la defensa de Melilla y la  reconquista del territorio perdido. No es la mejor novela legionaria, pero sí una de las primeras. Fernández Piñero tuvo dos méritos principales: Uno, comprender el carácter épico de los acontecimientos protagonizados por el Tercio; dos, comprender el valor literario de la nueva unidad de Infantería. Vio que en el espíritu legionario, en el elemento humano variopinto, en las cotas de heroísmo y desprecio a la vida en la guerra y en el historial de acciones, había material literario. Hay que tener en cuenta que en 1922 ya se habían publicado las primeras novelas de P. C. Wren y que desde 1909 estaban traducidas al español. Ese modelo de novela inspira, en mayor o menor medida, las novelas legionarias españolas.

   La novela está escrita en forma de diario que comienza el 12 de agosto de 1921 y termina el 28 de enero del año siguiente. No es solo la plasmación de las crónicas de guerra, sino que incluye personajes y anécdotas, reales o no, de lo que el autor entendía que era el ambiente legionario de los primeros días. No lo hizo mal porque, incluso entre los militares, se pensó que era un legionario de verdad en el campo de batalla quien escribía el diario. Es la narración emocionada de una campaña, del impulso guerrero que busca la venganza, de un sentimiento patriótico sin atisbo de crítica, de elogios al mando y a la manera de llevar a cabo la reconquista del territorio. En enero de 1922, cuando todavía quedaba mucho por batallar, Fernández Piñero se debió de cansar del legionario y de sus crónicas y dio por terminado el relato.

   Escribía: Cuando estas líneas se publiquen yo ya seré un hombre fuera de la ley. Juan Ferragut habrá desaparecido. ¿Muerto? No. Juan Ferragut era el nombre supuesto de un hombre que ha amado y ha sufrido mucho; que se acercó a la Muerte en una última y desesperada esperanza y que ya en los linderos de toda negación ha vuelto a la vida por el milagro fecundo del amor (página 134). Al héroe lo vuelve desertor y termina la novela que hubiera podido continuar hasta 1925 o más. Ferragut no murió porque, como se dijo antes, fue el seudónimo habitual del escritor.